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Triángulo de las Bermudas

Triángulo de las Bermudas es un lugar reputado como embrujado. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.

¿Dónde está Triángulo de las Bermudas?

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Otro
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¿Por qué se dice que Triángulo de las Bermudas está embrujado?

El Triángulo de las Bermudas es una región en la parte occidental del Océano Atlántico Norte donde se dice que han desaparecido bajo circunstancias misteriosas un número de aviones y barcos. La cultura popular ha atribuido estas desapariciones a lo paranormal o a la actividad de seres extraterrestres. La evidencia documentada indica que un porcentaje significativo de los incidentes fueron espurios, inexactamente reportados o embellecidos por autores posteriores. Las agencias oficiales afirman que el número y naturaleza de las desapariciones en la región es similar al de cualquier otra área oceánica. La zona es una de las rutas de navegación más transitadas del mundo, con barcos que la cruzan diariamente con destino a puertos de las Américas, Europa y las islas del Caribe. El apodo "Triángulo de las Bermudas" fue acuñado en 1964 por Vincent Gaddis en una revista de aventuras para hombres. El Consejo de Nombres Geográficos de los Estados Unidos no reconoce el Triángulo de las Bermudas como un nombre oficial y no mantiene un archivo oficial sobre el área.
Triángulo de las Bermudas
Imagen: Alphaios · -Majestic- · Public domain

¿Cuál es la historia de Triángulo de las Bermudas?

Las leyendas no suelen tener fecha de nacimiento. Esta sí, y se puede reconstruir casi mes a mes siguiendo una pila de revistas norteamericanas. La cadena arranca el 16 de septiembre de 1950 con un reportaje de agencia firmado por E. V. W. Jones para Associated Press, Sea's Puzzles Still Baffle Men in Pushbutton Age, que los periódicos —entre ellos el Miami Herald— reprodujeron los días siguientes. Dos años después George X. Sand lo amplió en la revista Fate con Sea Mystery at Our Back Door (octubre de 1952). En abril de 1962 la American Legion Magazine publicó The Mystery of the Lost Patrol, de Allan W. Eckert, un relato de la pérdida de cinco aviones de la Marina en 1945 que, según dictaminaría después Larry Kusche, «incluía mensajes ficticios y dramatizados que muchos de los autores posteriores atribuirían al Vuelo 19». Esas llamadas de radio inventadas se siguen citando hoy como si fueran transcripciones. El nombre llegó en febrero de 1964, en la página 29 de Argosy, una revista popular de aventuras para hombres. El artículo era The Deadly Bermuda Triangle, de Vincent H. Gaddis, y su definición era en realidad una instrucción de dibujo: «Trace una línea de Florida a las Bermudas, otra de las Bermudas a Puerto Rico y una tercera de vuelta a Florida pasando por las Bahamas. Dentro de esta zona aproximadamente triangular, conocida como el "Triángulo de las Bermudas", se han producido la mayoría de las desapariciones». Acto seguido Gaddis la ensanchaba: otras, escribía, habían ocurrido en zonas adyacentes al norte y al este en el Atlántico, al sur en el Caribe y al oeste en el Golfo de México, sin precisar hasta dónde llegaban esas zonas adyacentes; y sostenía que las pérdidas superaban «con mucho las leyes del azar», sin explicar cuáles eran esas leyes. A partir de ahí, la bola de nieve. Ivan T. Sanderson integró el triángulo en un esquema mundial de «vórtices infames» en Argosy en agosto de 1968. Richard Winer publicó The Devil's Triangle en Bantam en 1974 y rodó un documental para televisión. Y el 29 de septiembre de 1974 Doubleday sacó The Bermuda Triangle, de Charles Berlitz con J. Manson Valentine, el libro que fijó la leyenda en el gran público. La reseña de Kirkus Reviews lo calificó de fascinante y observó, con sequedad, que las especulaciones de Berlitz sobre civilizaciones perdidas y ovnis resultaban más creíbles que sus capítulos previos sobre los barcos realmente desaparecidos. Debajo de todo eso hay un desastre auténtico, y conviene contarlo desde el expediente y no desde las revistas. La tarde del 5 de diciembre de 1945, cinco bombarderos torpederos TBM Avenger despegaron de la Estación Aeronaval de Fort Lauderdale hacia las 14:10 para volar el Problema de Navegación n.º 1: rumbo 091 durante 56 millas hasta los bajos de Hens and Chickens, media hora de práctica de bombardeo a baja cota, otras 67 millas en 091, después rumbo 346 durante 73 millas y rumbo 241 durante 120 millas de vuelta a casa. El instructor era el teniente Charles Carroll Taylor, USNR, veterano de combate del portaaviones Hancock, con 2.509,3 horas de vuelo, 606 de ellas en Avenger. Los otros cuatro pilotos —uno de la Armada y tres de Infantería de Marina— sumaban unas 300 horas cada uno, unas 60 en ese modelo. Era la primera vez que Taylor dirigía este ejercicio concreto del temario: había llegado de la base de Miami apenas quince días antes. Dos detalles previos al despegue deben figurar en cualquier relato honrado. A los cinco aviones les faltaba el reloj de 24 horas, pieza que los cazadores de recuerdos robaban a menudo; no se consideró motivo para cancelar porque se daba por hecho que cada piloto llevaba su reloj de pulsera. Y Taylor llegó tarde a la reunión previa y pidió al oficial de servicio que buscara a otro instructor, sin dar ninguna razón. No había relevo y se le denegó. El problema empezó hacia las 15:40. El teniente Robert F. Cox, instructor jefe de vuelo, que estaba en el aire sobre el campo con el indicativo FT-74, oyó a alguien preguntar a un alumno la lectura de su compás y al alumno responder: «No sé dónde estamos. Debemos de habernos perdido después del último viraje». Cuando Cox logró contactar, Taylor le dijo: «Mis dos compases están fuera de servicio y estoy intentando encontrar Fort Lauderdale. Estoy sobre tierra, pero es tierra fragmentada. Estoy seguro de que estoy en los Cayos, pero no sé a qué altura y no sé cómo llegar a Fort Lauderdale». No estaba en los Cayos. Estaba en algún punto sobre las Bahamas septentrionales, en dirección contraria. Lo que sigue en la transcripción de la comisión es una divergencia lenta e insoportable. Le indicaron que volara rumbo 270, al oeste, hacia el sol: la instrucción permanente para cualquier avión perdido que saliera de Fort Lauderdale. Convencido de estar al sur de Florida, se negó, porque el oeste lo habría metido en el Golfo de México. Cuando le pidieron cambiar a la frecuencia de salvamento contestó: «No puedo cambiar de frecuencia. Tengo que mantener mis aviones juntos». A dos alumnos se les oyó decir: «Maldita sea, si voláramos al oeste llegaríamos a casa; rumbo oeste, maldita sea». Hacia las 17:50 seis estaciones de radiogoniometría lo situaron en un círculo de 100 millas de radio en torno a los 29 grados norte y 79 grados oeste, muy al norte de las Bahamas; y, como escribió en 2021 el contralmirante Samuel J. Cox, a nadie se le ocurrió radiar esa posición «a ciegas» para que la oyera la formación. La última llamada entrecortada era un plan: «cuando al primer avión le queden menos de diez galones, bajamos todos juntos». El avión de rescate fue una segunda catástrofe, y mejor documentada. El Training 49, un hidroavión PBM-5 Mariner al mando del alférez de navío Walter G. Jeffrey, hizo una llamada rutinaria a las 19:30 tras despegar de la base de Banana River. A las 19:50 el petrolero SS Gaines Mills informó de «llamaradas de 30 metros de altura que ardieron durante diez minutos» y atravesó después una mancha de aceite sin encontrar a nadie; el portaaviones de escolta USS Solomons tenía el aparato en el radar y lo vio desaparecer de la pantalla en ese mismo lugar y a esa misma hora. A los Mariner los llamaban «depósitos voladores de gasolina», y el interrogatorio de la comisión se detuvo largamente en los vapores de combustible y en las normas sobre fumar. Cinco días de búsqueda sobre más de 250.000 millas cuadradas del Atlántico y del Golfo no dieron absolutamente nada: catorce muertos en los Avenger y trece en el Mariner, veintisiete en total.

Cronología: los hechos documentados de Triángulo de las Bermudas

  1. Marzo de 1918 El carbonero USS Cyclops desaparece entre Barbados y Baltimore con 10.800 toneladas de mineral de manganeso. La documentación obtenida de Alemania tras la Primera Guerra Mundial descartaría después los submarinos y las minas: no había ninguno en la zona.
  2. 5 de diciembre de 1945 Se pierden los cinco TBM Avenger del Vuelo 19 en un ejercicio de navegación desde la base de Fort Lauderdale, junto con el PBM Mariner Training 49 enviado a buscarlos. Mueren veintisiete hombres y no se encuentra nada.
  3. 30 de enero de 1948 El avión de línea Star Tiger se pierde en la aproximación a las Bermudas. El Ministerio de Aviación Civil británico lo llama el problema más desconcertante jamás investigado, pero su informe enumera defectos recurrentes sin reparar y vientos de cara que superaban lo previsto.
  4. 16 de septiembre de 1950 Associated Press distribuye Sea's Puzzles Still Baffle Men in Pushbutton Age, de E. V. W. Jones. El propio Gaddis lo citaría después como el primer texto que describió la región como un lugar de desapariciones misteriosas.
  5. Octubre de 1952 George X. Sand amplía la idea en la revista Fate con el título Sea Mystery at Our Back Door.
  6. Abril de 1962 La American Legion Magazine publica The Mystery of the Lost Patrol, de Allan W. Eckert. Kusche lo identifica como el origen de los mensajes de radio dramatizados que los autores posteriores citarían como transcripciones auténticas del Vuelo 19.
  7. Febrero de 1963 El petrolero Marine Sulphur Queen se pierde con 39 hombres. Una comisión marítima de la Guardia Costera registra vientos de fuerza 6 a 11 en las inmediaciones, azufre fundido agitado por la marejada y una ventilación de tanques incapaz de evacuar los gases.
  8. Febrero de 1964 Vincent H. Gaddis publica The Deadly Bermuda Triangle en la página 29 de Argosy y bautiza la zona, definida como tres líneas trazadas entre Florida, las Bermudas y Puerto Rico; acto seguido la extiende a unas «zonas adyacentes» que nunca delimita.
  9. 1965 El artículo de Argosy se convierte en el capítulo 13, The Triangle of Death, del libro de Gaddis Invisible Horizons (Chilton, Filadelfia), que lleva el nombre del quiosco a las bibliotecas.
  10. Agosto de 1968 Ivan T. Sanderson absorbe el triángulo en una retícula mundial de «vórtices infames» en Argosy, el momento en que la historia deja de tratar de un solo trozo del Atlántico.
  11. Junio de 1973 Naval Aviation News publica Lost Patrol, de Michael McDonell, que imprime la versión popular del Vuelo 19 como folclore y a continuación reconstruye el vuelo con el expediente de la comisión de investigación.
  12. Junio de 1974 La revista Sealift, del Mando de Transporte Marítimo Militar, publica Exorcizing the Devil's Triangle, que llama a la mayoría de las explicaciones sobrenaturales «una voluminosa masa de pura patraña» y recuerda que el USS Scorpion, atribuido al triángulo, se hundió cerca de las Azores.
  13. 29 de septiembre de 1974 Doubleday publica The Bermuda Triangle, de Charles Berlitz con J. Manson Valentine, el libro que lleva la leyenda al gran público.
  14. Octubre de 1975 Lawrence David Kusche publica The Bermuda Triangle Mystery—Solved, una auditoría caso por caso levantada sobre documentación original, y concluye que la leyenda es «un misterio fabricado» nacido de una investigación descuidada.
  15. 4 de enero de 2010 El Servicio Oceánico Nacional de la NOAA publica su declaración vigente: ningún mapa oficial delimita el triángulo, el Consejo de Nombres Geográficos de Estados Unidos no lo reconoce y no hay pruebas de que allí desaparezcan más barcos que en cualquier otro sitio.
  16. Noviembre de 2015 Cuarenta años después, Kusche vuelve al caso en Skeptical Inquirer, admite que deseaba que los misterios fueran ciertos porque el primer libro en tapa dura habría sido un superventas y llama al triángulo uno de los fraudes más extendidos jamás perpetrados.
  17. Enero de 2021 El contralmirante Samuel J. Cox, director del Naval History and Heritage Command, reafirma la posición de la Marina: la causa nunca se determinó, nadie radió la posición calculada a la formación perdida y desde luego «no se debió a extraterrestres ni al Triángulo de las Bermudas».

¿Hay una explicación racional para Triángulo de las Bermudas?

La Marina no esperó a los escépticos de fuera. En junio de 1973 Naval Aviation News publicó Lost Patrol, de Michael McDonell, que exponía primero «la versión popular» del Vuelo 19 —las voces confusas, el océano de aspecto extraño, las aguas blancas— y, una vez citada como folclore, reconstruía el vuelo a partir del expediente de la comisión de investigación. En junio de 1974 la revista Sealift, del Mando de Transporte Marítimo Militar, publicó Exorcizing the Devil's Triangle, todavía más rotundo: la mayoría de las explicaciones sobrenaturales, concluía, «no pasan de ser una voluminosa masa de pura patraña, extrapolada hasta el enésimo grado». Una consecuencia incómoda es que aquellos diálogos dramatizados, cuya primera fuente conocida es el artículo de Eckert de 1962, siguen apareciendo en páginas oficiales, incluida la propia síntesis divulgativa del Naval History and Heritage Command. La demolición sistemática llegó en 1975 y desde un flanco inesperado. Lawrence David Kusche era bibliotecario de referencia en la Hayden Library de la Universidad Estatal de Arizona y, a la vez, piloto comercial e instructor de vuelo con varios miles de horas. Los estudiantes le pedían bibliografía sobre el triángulo y no había ninguna, así que empezó a reunirla con una compañera, Deborah Blouin. Después hizo lo que ningún autor anterior había hecho: ir a las fuentes originales. Índices del New York Times y del Times de Londres en microfilm, registros de siniestros de Lloyd's, archivos de la Guardia Costera y de la Marina y, sobre todo, el informe oficial Board of Investigation into five missing TBM airplanes and one PBM airplane. Sobre su motivación fue sincero: «Al principio», escribió en 2015, «esperaba descubrir que los misterios eran ciertos, porque sabía que el primer libro en tapa dura que llegara al mercado sería un enorme superventas». Lo que encontró, caso por caso, fue que el misterio era en buena medida un producto de la copia: «La leyenda del Triángulo de las Bermudas es un misterio fabricado. Nació de una investigación descuidada y fue elaborada y perpetuada por autores que, deliberadamente o sin saberlo, hicieron uso de ideas equivocadas, razonamientos defectuosos y sensacionalismo». Se repiten dos formas de fallo. La primera es geográfica. El velero alemán Freya, hallado desarbolado y sin tripulación en 1902 y contabilizado durante décadas como víctima del triángulo, figura en el registro de naufragios de Lloyd's de 1900-1904 como perdido cerca de Mazatlán, es decir, en el Pacífico, al otro lado de México. El submarino USS Scorpion fue localizado por el USNS Mizar a unas 400 millas al suroeste de las Azores, dato que el artículo del propio Navy en Sealift subraya con cierta impaciencia. Y del carguero japonés Raifuku Maru se suele decir que radió «¡es como una daga! Vengan rápido» sobre un mar en calma en abril de 1925; el relato de época que Kusche reproduce dice que envió «ahora mucho peligro, vengan rápido», escorado treinta grados en un mar montañoso, a 41 grados 43 minutos norte y 61 grados 39 minutos oeste: unas 400 millas de Boston y 700 al norte de las Bermudas, fuera del triángulo de cualquiera. La segunda es el mal tiempo que los narradores omitían. El Marine Sulphur Queen, perdido con 39 hombres en febrero de 1963, fue investigado por una comisión marítima de la Guardia Costera cuyas conclusiones Kusche cita largamente: el SS Texaco California, a unas 40 millas, informó de vientos de fuerza 6 a 11 en la escala Beaufort y de cubiertas barridas por el mar, y la comisión estimó que la carga de azufre fundido se había agitado con la marejada mientras la ventilación de los tanques no lograba evacuar los gases. En el caso del avión de línea Star Tiger, perdido cerca de las Bermudas en enero de 1948, el Ministerio de Aviación Civil británico sí escribió que «jamás se ha presentado a investigación un problema más desconcertante»; pero ese mismo informe, del que Kusche reproduce largos extractos, deja constancia de defectos recurrentes que las revisiones no habían conseguido eliminar y de una ruta en la que los vientos de cara superaban de manera habitual lo previsto, hasta el punto de que otros aparatos del mismo tipo ya habían tenido que desviarse a Gander. Y a veces, sencillamente, debajo no hay nada. Del Ellen Austin y su condenada dotación de presa de 1881, Kusche buscó en el índice del New York Times, en el del Times de Londres, en Lloyd's y en la biblioteca pública de San Juan de Terranova, y leyó The Newfoundlander página a página durante todo 1881 y medio 1882. Nada. Su resumen del patrón es que en varios casos faltan detalles importantes y en otros el incidente entero es ficticio. Los argumentos magnéticos no salen mejor parados. El Proyecto Magnet, descrito una y otra vez como un estudio secreto de la Marina sobre el triángulo, era un levantamiento geomagnético aéreo de alcance mundial; su director, Henry P. Stockard, declaró a Sealift: «Hemos sobrevolado la zona cientos de veces y nunca hemos advertido ninguna perturbación magnética inusual». En cuanto a la línea agónica, aquella en la que el norte magnético y el norte geográfico coinciden, la NOAA reconoce que allí la brújula puede señalar el norte verdadero; pero, como observa Kusche desde su oficio de instructor de vuelo, eso deja la corrección del navegante en cero, lo cual simplifica la cuenta en vez de sabotearla. La postura oficial es inequívoca y no se ha movido. El Servicio Oceánico Nacional de la NOAA afirma que «la Marina y la Guardia Costera de Estados Unidos sostienen que no hay explicaciones sobrenaturales para los desastres en el mar», que ningún mapa oficial delimita las fronteras del triángulo, que el Consejo de Nombres Geográficos de Estados Unidos no lo reconoce ni mantiene expediente alguno sobre la zona, y que «no hay pruebas de que las desapariciones misteriosas ocurran con mayor frecuencia en el Triángulo de las Bermudas que en cualquier otra extensión grande y muy transitada del océano». Nada de esto significa que el Vuelo 19 esté explicado. La comisión de investigación escribió que «no somos capaces siquiera de hacer una conjetura razonable sobre lo que ocurrió», mientras que las fichas de accidente rellenadas entonces anotaron como causa «mala navegación» y como desenlace «perdido por agotamiento de combustible». La comisión concluyó además que «el jefe de la formación llegó a confundirse tan irremediablemente que padeció algo semejante a una aberración mental», un veredicto que la madre de Taylor combatió hasta que la Junta para la Corrección de Expedientes Navales apreció «una injusticia» en su hoja de servicios y la sustituyó por «la causa del accidente sigue siendo desconocida». Kusche, que entrevistó a noventa y dos personas que habían conocido a Taylor, averiguó que el capitán William O. Burch, jefe de la estación aeronaval, había dicho a la familia que en su opinión Taylor confundió los cayos del norte de las Bahamas con los Cayos de Florida. Veintisiete hombres siguen ahí fuera. La palabra honrada para eso es inexplicado, no inexplicable.

¿Se puede visitar Triángulo de las Bermudas?

No hay nada que visitar. Ese es el primer dato práctico sobre el Triángulo de las Bermudas: la NOAA advierte de que ningún mapa oficial delimita sus fronteras y de que el Consejo de Nombres Geográficos de Estados Unidos no lo reconoce, así que no figura en ninguna carta náutica ni tiene hito ni mirador. Quien venda una excursión al triángulo está vendiendo un paseo en barco. Lo que sí se puede visitar es el lugar donde empezó la historia. El Museo de la Estación Aeronaval de Fort Lauderdale, en el 4000 de West Perimeter Road, Fort Lauderdale, Florida 33315, ocupa un edificio superviviente de la base de la que despegó el Vuelo 19, en la esquina suroeste del aeropuerto internacional de Fort Lauderdale-Hollywood. Está inscrito en el Registro Nacional de Lugares Históricos, lo llevan íntegramente voluntarios y abre sábados y domingos de 11:00 a 15:00, cerrado en las fiestas principales, con la última visita guiada a las 14:30; llegar entre las 11:30 y las 14:00 es lo que mejor funciona. La entrada, las visitas y el aparcamiento son gratuitos, con aportación voluntaria, y se agradecen 5 dólares por persona en grupos de más de cinco; los menores de diez años deben ir acompañados. Es accesible en silla de ruedas. El fondo sobre el Vuelo 19 incluye cartas, fotografías, objetos, libros y vídeo, y hay un monumento a la formación en el jardín de mariposas del museo. Teléfono: 954-359-4400. Delante de la puerta hay dos torpedos, que son la referencia que conviene buscar al final de la carretera sinuosa que bordea la pista. Si su plan es salir al agua y no leer sobre ella, la lectura útil es el perfil real de riesgo de la zona. La NOAA enumera los factores que importan: por aquí pasa la mayoría de las tormentas tropicales y huracanes del Atlántico, la Corriente del Golfo provoca cambios de tiempo rápidos y a veces violentos, y las muchas islas del Caribe crean zonas de poca profundidad traicioneras para la navegación. El texto de la Marina de 1974 cita a un capitán retirado de la Guardia Costera, Roy Hutchins, sobre lo que ocurre cuando la Corriente del Golfo —que en su eje empuja al norte a cuatro nudos— choca con vientos fuertes del nordeste: «Las olas rompen y se te viene encima una pared vertical de agua de nueve a doce metros. Si un barco no aguanta quedar completamente sumergido bajo un mar rompiente, no sobrevive». Ese mismo artículo recoge que la Guardia Costera atendió unas 8.000 llamadas de socorro en la zona en un solo año, unas 23 diarias, y que el motivo más frecuente era que a una embarcación pequeña se le acabara el combustible. Ahí está todo el contenido práctico del misterio: vigilar el parte meteorológico, llevar más combustible del que dice el cálculo y fiarse del compás. Es exactamente el consejo que habría salvado al Vuelo 19.

Fuentes consultadas

  1. National Ocean Service, «What is the Bermuda Triangle?» — NOAA, U.S. Department of Commerce, 2010 web
  2. Naval History and Heritage Command, «The Loss of Flight 19» — history.navy.mil, 2024 web
  3. Michael McDonell, «Lost Patrol» — Naval Aviation News, June 1973, 8-16 (NHHC Online Reading Room), 1973 archivo
  4. U.S. Navy / Naval Air Advanced Training Command, «Loss of Flight 19: Official Accident Reports (NAVAIR 339C accident cards)» — NHHC Online Reading Room, 1945 informe
  5. Samuel J. Cox, Director, Naval History and Heritage Command, «H-057-4: The Disappearance of Flight 19 and Training 49, 5 December 1945» — H-Gram 057, 2021 informe
  6. Military Sealift Command, «Exorcizing the Devil's Triangle» — Sealift, no. 6 (June 1974), 11-15 (NHHC Online Reading Room), 1974 archivo
  7. Lawrence David Kusche, «The Bermuda Triangle Mystery—Solved» — Harper & Row; Warner Books paperback, first printing October 1975, 1975 libro
  8. Larry Kusche, «The Bermuda Triangle Mystery Delusion: Looking Back after Forty Years» — Skeptical Inquirer, vol. 39, no. 6 (November/December 2015), 2015 hemeroteca
  9. Kirkus Reviews, «Review of Charles Berlitz, The Bermuda Triangle (Doubleday, 29 September 1974)» — Kirkus Reviews, 1 September 1974, 1974 hemeroteca
  10. Naval Air Station Fort Lauderdale Museum, «Directions, hours and the Flight 19 collection» — nasflmuseum.com, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 31/07/2026 · Cómo verificamos el contenido

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