📜 LEYENDA · EXP. Nº3657
ACTIVO
Cantuña y la iglesia de San Francisco
Cantuña y la iglesia de San Francisco es una leyenda de Quito, EC —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.
¿De dónde viene la leyenda de Cantuña y la iglesia de San Francisco?
- Ubicación
- Quito, EC
- Tipo de leyenda
- Cuento popular
- Coordenadas
- -0.22, -78.516
- Testimonios
- 0
- Última actualización
UBICACIÓN
¿Cuál es la leyenda de Cantuña y la iglesia de San Francisco?
La leyenda más conocida de Quito cuenta que un indígena llamado Cantuña, incapaz de terminar a tiempo el atrio de San Francisco, vendió su alma al diablo a cambio de una noche de trabajo de una cuadrilla de demonios, y que después escondió una piedra para que al amanecer la obra quedara incompleta y el pacto sin valor. El problema es que el relato es joven y los documentos son viejos. Ninguna de las dos versiones escritas más antiguas tiene contrato, ni plazo, ni piedra escondida: el franciscano Juan de Santa Gertrudis, que escribe hacia 1757-1767, hace que Cantuña entregue su alma solo a cambio de tres días de aviso de su propia muerte, y el jesuita Juan de Velasco, en 1789, lo hace inventarse el pacto ante el tribunal para mantener a los jueces lejos del tesoro de Atahualpa. Velasco lo llama «una célebre ficción» e insiste en que Cantuña fue buen cristiano todo el tiempo. Los archivos, mientras tanto, atribuyen la capilla que lleva su nombre a una cofradía indígena que la levantaba en la década de 1580, la iglesia de al lado a maestros de obra que trabajan en los años 1610 y 1620, y al propio Cantuña el oficio del hierro, con una lápida de 1669 todavía empotrada en el muro del claustro.
¿Cuál es la historia de Cantuña y la iglesia de San Francisco?
Hay dos hombres llamados Cantuña y solo uno está en los archivos.
El documentado fue Francisco Cantuña, herrero y cerrajero indígena del pueblo de Sangolquí, al sureste de Quito, activo en la ciudad en la segunda mitad del siglo XVII. El museo de los propios franciscanos lo describe sin rastro de azufre: un «herrero prodigioso en la ciudad de Quito del s. XVII», «un indígena original del pueblo de Sangolquí» y uno de los principales mecenas de una capilla que ya existía mucho antes de que él la dotara. Compró el derecho a asiento y sepultura dentro de ella y pagó misas cantadas, y en una generación ya nadie llamaba al edificio de otra manera. El nombre de la puerta es el de un donante, no el de un constructor.
A los documentos se les puede poner un objeto al lado. En el muro este del claustro principal del convento, a pocos metros de la entrada del museo Fray Pedro Gocial, hay empotrada una lápida: «Ésta es la sepultura de Francisco Cantuña y sus herederos. Año de 1669». Ese es el año en que se aseguró la tumba, no el año en que la ocupó. La prensa ecuatoriana, citando al genealogista Fernando Jurado Noboa, fecha el 6 de febrero de 1696 una puerta de hierro que entregó para la portería del convento: un hombre del metal al final de la obra, no un contratista al principio.
Y el edificio tiene autor, o más bien varios, y todos con nombre. La historiadora del arte Susan Verdi Webster vació los archivos notariales y franciscanos para Quito, ciudad de maestros (2012) y encontró que la capilla que hoy llamamos de Cantuña es la pieza más antigua que se conserva de todo el conjunto franciscano: una petición del Archivo General de Indias registra que hacia 1585-1587 la recién constituida Cofradía de la Vera Cruz de los Naturales —la hermandad indígena del convento, distinta de la de los españoles— levantaba su propia capilla en una esquina del primer claustro, «muy sumptuosa y de mucha autoridad y costa». La iglesia actual y su fachada, demuestra Webster contra la cronología heredada, son de la segunda y la tercera década del siglo XVII, con el cantero portugués Gaspar de Borjes contratado en 1618 como «maestro arquitecto». Y un documento franciscano da los nombres de quienes hicieron la obra: la pareja indígena de padre e hijo Jorge de la Cruz y Francisco Morocho, responsables de «la hechura desta iglesia y capilla mayor y coro de San Fran[cis]co», en lo que trabajaron «mas de veinte años». A Jorge de la Cruz lo habían llevado a Quito desde Guaclachiri en la década de 1540, pasando por Lima, donde aprendió a construir las casas de los españoles. Hasta la famosa escalinata cóncava-convexa de delante de la iglesia tiene explicación: reproduce un diseño de Bramante grabado en las ediciones españolas del Tercero y cuarto libro de arquitectura de Serlio.
La leyenda, mientras tanto, llegó por etapas, y todas las etapas se pueden fechar.
El relato escrito más antiguo que se ha rastreado lo dejó el franciscano mallorquín Juan de Santa Gertrudis, que recorrió América del Sur entre 1757 y 1767; su manuscrito se quedó en Palma y no se imprimió hasta 1956, en Bogotá. Su Cantuña sí firma un pacto, pero con una cláusula rara: una cédula «escrita de sangre propia y propia mano, con la condición que lo había de avisar tres días antes de su muerte». Lo que compra son tres días de aviso de su propia muerte. Santa Gertrudis recoge además el rumor de que los demonios labraron la mayor parte de las piedras de la capilla.
La versión que hizo célebre a Cantuña es la de Juan de Velasco, escrita en 1789 e impresa en Quito a partir de 1841, y no es una historia de diablos. «El año de 1574 murió Cantuña», empieza, y con su muerte «se declaró el gran misterio» de los tesoros de Atahualpa y Huayna Cápac, escondidos por Rumiñahui. Cantuña era el hijo pequeño de Hualca, uno de los hombres de Rumiñahui; aplastado bajo una casa en llamas y dado por muerto, sobrevivió deforme, lo recogió un capitán español y años después le devolvió el favor con oro incaico sacado de un sótano secreto provisto de instrumentos de fundición. Llevado ante un tribunal para explicar su caudal, declaró que había entregado su alma al demonio firmando con la sangre de sus venas. Aquello, escribe Velasco, fue «una célebre ficción», y funcionó porque «los españoles de aquel tiempo creían firmemente que los indianos tenían trato familiar con el demonio». Los frailes hacían cola para exorcizarlo; él se reía de ellos y seguía repartiendo limosnas, porque «en realidad era buen cristiano, y sumamente devoto de los Dolores de la Santísima Virgen».
O sea que ninguna de las dos versiones escritas más antiguas tiene contrato de obra, ni ejército de demonios levantando un atrio en una noche, ni piedra escondida al canto del gallo. Esas tres cosas llegan juntas y llegan tarde. Rina Artieda les dedicó un libro entero (Universidad Andina Simón Bolívar, 2020): lee el relato que hoy aprende cualquier escolar quiteño como una adaptación del siglo XX de una leyenda europea, difundida por un periodista, que convirtió al Cantuña astuto y reivindicado de Velasco en un subordinado. El periodismo cultural ecuatoriano que ha reseñado su trabajo identifica a ese periodista como Luis Aníbal Sánchez y fecha la refundición en 1947. Ni el texto completo de Artieda ni el libro de Sánchez han podido abrirse para esta página, así que ese último eslabón se da bajo su autoridad y no bajo la mía.
Cronología: los hechos documentados de Cantuña y la iglesia de San Francisco
- h. 1585-1587 Una petición del Archivo General de Indias registra que la recién constituida Cofradía de la Vera Cruz de los Naturales levanta su propia capilla en una esquina del primer claustro, «muy sumptuosa y de mucha autoridad y costa». Webster la identifica con la capilla que después se llamó de Cantuña y con la pieza más antigua que se conserva de todo el conjunto franciscano.
- 1618 Los franciscanos renuevan el contrato del cantero portugués Gaspar de Borjes como «maestro arquitecto» de sus obras. Un documento franciscano acredita al padre y al hijo indígenas Jorge de la Cruz y Francisco Morocho «la hechura desta iglesia y capilla mayor y coro de San Fran[cis]co», en la que trabajaron «mas de veinte años».
- 1669 La fecha grabada en la lápida del claustro principal del convento: «Ésta es la sepultura de Francisco Cantuña y sus herederos. Año de 1669». Es la prueba más dura del caso y sitúa al personaje noventa y cinco años después de la fecha que Velasco da para su muerte.
- 6 de febrero de 1696 El genealogista Fernando Jurado Noboa, citado por Infobae, fecha en este día la puerta de hierro que Cantuña entregó para la portería del convento. Su oficio documentado es el metal, no la cantería.
- h. 1757-1767, impreso en 1956 Juan de Santa Gertrudis escribe las páginas de «Maravillas de la naturaleza» en las que la cédula de Cantuña le compra tres días de aviso de su propia muerte y los demonios labran las piedras de la capilla. El manuscrito se queda en Palma de Mallorca hasta que Bogotá lo imprime en 1956. Ni contrato, ni plazo, ni piedra escondida.
- 1789 (impreso desde 1841) Velasco termina su «Historia del Reino de Quito». Su Cantuña inventa el pacto ante el tribunal para proteger el tesoro de Atahualpa —«una célebre ficción»— y es buen cristiano todo el tiempo, devoto de la Virgen de los Dolores. El libro empieza a imprimirse en Quito en 1841, y antes los tomos segundo y tercero.
- 1947 (atribuida) La refundición con contrato de obra, plazo al amanecer y piedra escondida se fecha en este año y se atribuye al periodista Luis Aníbal Sánchez, según el periodismo cultural ecuatoriano que reseña la investigación de Rina Artieda. Ni el libro ni el texto completo de Artieda han podido consultarse para esta entrada.
- Julio de 2010 Susan Verdi Webster publica «The Devil and the Dolorosa» en «The Americas», separando al artesano del siglo XVII de la leyenda y señalando que el relato publicado más antiguo ya presenta el pacto como un engaño deliberado.
- Mayo de 2012 «Quito, ciudad de maestros», de Webster, fecha la iglesia y la fachada actuales en los años 1610 y 1620 contra la cronología heredada del siglo XVI, y devuelve los nombres de los maestros indígenas que la construyeron.
- 2020 Rina Artieda publica «Cantuña: historia y leyenda, palabra y poder» en la Universidad Andina Simón Bolívar y lee la versión moderna como una reescritura hegemónica de la versión reivindicativa de Velasco.
¿Hay una explicación racional para Cantuña y la iglesia de San Francisco?
Empecemos por la aritmética, porque el relato falla en las fechas antes de que haga falta discutir nada sobrenatural. La capilla que lleva el nombre de Cantuña la construyó y la terminó la Cofradía indígena de la Vera Cruz de los Naturales en la década de 1580. La iglesia y la fachada que tiene al lado son obra de los años 1610 y 1620. El hombre de los archivos compraba sepultura dentro de esa capilla en 1669 y todavía forjaba hierro para el convento en 1696. El Cantuña de Velasco, por su parte, muere en 1574. Se elija el Cantuña que se elija, o llega ochenta años tarde para haber construido la capilla o cuarenta años pronto para haber construido la iglesia, y la escalinata del atrio está copiada de un tratado de arquitectura impreso.
El segundo problema es a quién se borra. La leyenda regala una noche de trabajo a unos demonios; el archivo franciscano entrega más de veinte años de esa obra a Jorge de la Cruz y a su hijo Francisco Morocho, maestros constructores indígenas formados en la escuela del propio convento. Un relato que sustituye a artesanos andinos con nombre y apellidos por el diablo está haciendo algo, y no es recordarlos.
La prueba física es inestable, como suelen serlo las pruebas nacidas después del relato. Los guías señalan sitios distintos y el punto que más se enseña no es un hueco en el enlosado: una web ecuatoriana de leyendas afirma sin rodeos que «esta piedra no viene a ser más que un desagüe», a la izquierda de la fachada de la iglesia. Infobae recoge la creencia complementaria de que, si algún día se colocara la piedra, el edificio se vendría abajo, lo que deja la prueba fuera de comprobación para siempre. En el sitio no hay ningún cartel que señale esa piedra.
El argumento tampoco es local. Un diablo que levanta una obra en una sola noche a cambio de un alma y se queda sin cobrar porque al canto del gallo falta un detalle es de los argumentos más viajados de Europa: los folcloristas clasifican los relatos del puente del diablo como tipo ATU 1191, y la leyenda del acueducto de Segovia acaba exactamente con la misma piedra de menos. En ese parecido se apoya el estudio de Artieda.
Y por último, sin adornos: la fuente más antigua ya dice que el pacto era falso. Velasco no cuenta un milagro, sino a un hombre aprovechando el prejuicio de sus jueces para mantenerlos lejos del oro de Atahualpa. La página de historia que los propios franciscanos dedican a la capilla habla del herrero, de la cofradía y de los enterramientos, y no menciona ni el pacto ni la piedra.
¿Se puede visitar Cantuña y la iglesia de San Francisco?
La iglesia y convento de San Francisco ocupan el lado oeste de la plaza de San Francisco, en el centro histórico de Quito, en Cuenca 477 y Sucre. La plaza y el atrio escalonado de delante de la fachada son espacio público a cualquier hora, y es en el atrio donde se supone que falta la piedra: la parte gratuita de la visita es justo la parte de la que habla la leyenda.
La iglesia es parroquia en activo y suele abrirse gratis fuera de los oficios, de lunes a sábado y aproximadamente de 09:00 a 17:30, con misas de domingo a varias horas. Conviene confirmarlo antes de ir: aquí los horarios se mueven con las obras de restauración y con el calendario litúrgico.
La visita de pago es el Museo Franciscano Fray Pedro Gocial, dentro del convento. El sistema municipal de museos de Quito lo da abierto de lunes a domingo de 09:00 a 17:00, con entrada para ecuatorianos de 4 USD (adultos), 2 USD (estudiantes y tercera edad) y 1 USD (niños), y 6 USD para extranjeros; el teléfono que publica es (02) 295 2911. Precios y horarios están consultados en agosto de 2026 y conviene volver a comprobarlos. La entrada da acceso a siete salas de exposición, al coro, a las torres y a los claustros, y es en los claustros donde está la lápida de Cantuña de 1669, empotrada en el muro este del claustro principal a pocos metros de la puerta del museo. Es lo único de esta página que se puede ir a tocar con la mano.
La capilla de Cantuña se abre en el extremo sur del atrio y guarda el retablo mayor de Bernardo de Legarda; el acceso varía y muchas veces se hace por el recorrido del convento y no por su propia puerta. Quito está a unos 2.850 m de altitud: hay que llegar con calma. La plaza es concurrida, desigual y, al caer la tarde, terreno de carteristas.
Fuentes consultadas
- Juan de Velasco, «Historia del Reino de Quito en la América Meridional. Tomo III: Historia Moderna (§6, pp. 62-64)» — Quito: Imprenta del Gobierno (escrita en 1789; la impresión comenzó en 1841 y los tomos II y III salieron antes), 1789 libro
- Susan Verdi Webster, «Quito, ciudad de maestros: arquitectos, edificios y urbanismo en el largo siglo XVII (cap. 3, pp. 59-105)» — Quito: Ediciones Abya-Yala / Universidad Central del Ecuador / Comisión Fulbright, mayo de 2012, ISBN 978-9942-09-070-6, 2012 libro
- Susan Verdi Webster, «The Devil and the Dolorosa: History and Legend in Quito's Capilla de Cantuña» — The Americas, vol. 67, n.º 1, pp. 1-30 (consultado el resumen; el texto completo está tras muro de pago), 2010 académico
- Juan de Santa Gertrudis, «Maravillas de la naturaleza» — Bogotá: Biblioteca de la Presidencia de Colombia, n.os 28-29 (escrita h. 1757-1767; citada aquí por la transcripción de Fabara Espín 2023), 1956 libro
- Jorge Gonzalo Fabara Espín, «La persistencia mítica de Cantuña: un ensayo interpretativo a través de los estudios del imaginario» — Kipus. Revista Andina de Letras y Estudios Culturales, n.º 54, pp. 79-97, 2023 académico
- Rina Artieda Velástegui, «Cantuña: historia y leyenda, palabra y poder. Versiones de dominación y reivindicación» — Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, 110 pp. (consultado el resumen de la editorial; el PDF del repositorio devuelve 403), 2020 libro
- Centro Virtual Cervantes, Instituto Cervantes, «Quito. 15. Capilla de Cantuña» — Ciudades Patrimonio de la Humanidad (transcribe la lápida de 1669), 2026 web
- Museo San Francisco de Quito, «Historia Capilla de Cantuña» — Sitio oficial del convento franciscano de San Francisco de Quito, 2026 web
- Redacción Infobae, «¿Una iglesia construida en un pacto con el diablo?: la leyenda que pervive en Ecuador» — Infobae, 3 de diciembre de 2022 (cita al genealogista Fernando Jurado Noboa), 2022 hemeroteca
- Sistema de Museos y Centros Culturales de Quito, «Museo Franciscano Fray Pedro Gocial» — Municipio del Distrito Metropolitano de Quito (horarios y tarifas consultados en agosto de 2026), 2026 web
Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido
📎 Fuente: Enigma Atlas
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