📜 LEYENDA · EXP. Nº0270 ACTIVO

El Pombero

El Pombero es el ser más conocido del folclore paraguayo —el primero en creencia y el primero en avistamientos declarados en un sondeo de 2020 con 4.015 respuestas— y el único cuyo nombre se puede rastrear hasta un oficio documentado.

¿De dónde viene la leyenda de El Pombero?

Ubicación
Región guaraní, Asunción, Paraguay
Tipo de leyenda
Leyenda de criatura
Coordenadas
-25.264, -57.576
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de El Pombero?

En 1639, el jesuita Antonio Ruiz de Montoya, escribiendo contra las razias esclavistas sobre las reducciones, registró a los agentes indígenas de los negreros de San Pablo, «a quien en lengua Portuguessa llaman Pomberos, y en nuestro Castellano Palomeros»: hombres que se movían de noche, conocían el terreno, trataban en hachas y tabaco y se llevaban criaturas. Y añade que ese mismo tráfico empleaba pomberos en Angola. El ser aparece impreso mucho más tarde. Una de las primeras descripciones de campo se recogió en Corrientes y se imprimió en 1917: un hombre alto y delgado, con un sombrero de paja enorme, guardián de los pájaros a la hora de la siesta, que se lleva a los muchachos que los cazan, silba como pájaro, exige que se hable de él en voz baja y cobra en tabaco dejado de noche fuera de la puerta. Las versiones paraguayas modernas conservan el sombrero y lo hacen bajo, fornido y peludo. No es un dios guaraní antiguo; es algo más raro.
El Pombero, Región guaraní, Asunción, Paraguay
Figura de museo rotulada «POMBERO», fotografiada en Paraguay en 2007. No se ha podido confirmar en qué museo está; es una pieza expositiva, no un retrato salido de la tradición. Imagen: Patty P · Public domain

¿Cuál es la historia de El Pombero?

El Pombero tiene algo que casi ningún ser de su especie puede ofrecer: la primera aparición impresa de su nombre está fechada, se puede leer en el original y no describe a un espíritu. Describe a unos hombres. En 1639 el jesuita Antonio Ruiz de Montoya publicó en Madrid su «Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las provincias del Paraguay, Paraná, Uruguay y Tape», escrita para ponerla ante la corte española como denuncia de las razias esclavistas contra las reducciones. En el párrafo dedicado a la reducción de Jesús María cuenta cómo el padre Cristóbal de Mendoza tuvo noticia de unos tupís «que son vanqueros, o caxeros de los vecinos de S. Pablo, a quien en lengua Portuguessa llaman Pomberos, y en nuestro Castellano Palomeros, a la similitud de los palomos diestros en recoger, y hurtar palomas de otros palomares: los naturales los llaman Mu, que quiere decir, los contratantes» (grafía de la impresión de 1639; la reimpresión de 1892, que es la que suele citarse, trae «banqueros o cajeros» y «palomas en otros palomares»). Eran agentes indígenas al servicio de los cazadores de esclavos de San Pablo. Sigue Montoya: se reparten las comarcas y cada uno tiene «su aduar, y mesa de cambio, para comprar Indios, mugeres, y niños»; desde las villas de la costa del Brasil les mandan hachas, machetes, cuchillos, herramientas, vestidos viejos, sombreros y «mil buxerías, para la compra de almas». Más adelante, en el mismo libro, la palabra vuelve como símil del robo —«lo que los Pomberos, o palomos ladrones, que trae a su palomar el despojo»— y el índice del volumen recoge la entrada «Muerte procuran dar los Indios Pomberos... a un Padre». Montoya añade además una línea que casi nadie cita: «estos Pomberos los ay también en Angola al tragín de negros». Montoya hacía venir la palabra de «pomba», paloma, y de ahí su glosa castellana «palomeros». El lingüista Germán de Granda, que estudió el español del Paraguay, tiene esa etimología por equivocada: el étimo antiguo sería Mpumbu, un topónimo de base bantú que nombraba tres comarcas de mercadeo en el actual territorio de Angola, y «pombeiro», en portugués del Brasil, es el emisario encargado de conseguir esclavos por cuenta de un mercader. El inciso del propio Montoya sobre Angola, escrito en 1639 sin ninguna intención etimológica, cae justo donde la lectura de Granda lo sitúa. Una de las primeras descripciones de campo del ser viene de Corrientes. Se la comunicó al naturalista argentino Juan B. Ambrosetti el agrimensor nacional Juan Queirel, y se imprimió en el volumen póstumo «Supersticiones y leyendas» (Buenos Aires, 1917), parte de una serie folclórica que Ambrosetti había empezado a publicar en 1893 en la «Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires» a partir, dice él, de libretas de viaje llenadas unos veinticinco años antes. «El Pombero o Cuarahú-Yára es un hombre alto y delgado, que lleva un grandísimo sombrero de paja, y una caña en la mano»: alto y flaco, con un sombrero enorme y un bastón. Recorre los bosques a la siesta «cuidando de todos los pájaros, pues es su protector», y se lleva a los muchachos a los que sorprende cazándolos, «de modo que las criaturas, por temor de él, no se alejan de los ranchos y sus padres pueden dormir tranquilamente la siesta». La leyenda tiene un oficio, y el oficio es guardar niños. En el Chaco, añade Ambrosetti, es un compañero invisible con el que se puede hacer trato y que entonces librará de peligros a su amigo, y que puede aparecerse en forma de indio, de tronco o de camalote. Silba como pájaro; de él hay que hablar poco y en voz baja; y de noche se le deja tabaco fuera del rancho. La versión paraguaya moderna, tal como la cuenta Dionisio González Torres, conserva el sombrero y le da la vuelta al cuerpo: «un hombre, feo, más bien bajo, fornido, retacón, moreno, con manos y pies velludos», andrajoso, con sombrero de paja y una bolsa al hombro. Se le dejan tabaco, miel y una botella de caña, y se le atribuyen embarazos de mujeres cuyo hijo nace parecido a él. Entre una y otra, Eloy Fariña Núñez escribió en 1926 que es «casi siempre un hombre alto, velludo, cubierto con un gran sombrero de paja», que arrebata a los niños que se aventuran en la selva durante la siesta. El sombrero de paja está en las tres descripciones; la estatura solo se invierte en la de 1998. En el mismo pasaje Fariña Núñez lo llamó «el más popular de los duendes guaraníes», y en 2020 una encuesta de 4.015 personas lo situó el primero entre doce mitos paraguayos.

Cronología: los hechos documentados de El Pombero

  1. 1629-1632 Las razias bandeirantes sobre el Guairá despueblan la región: unas 60.000 personas sacadas de las reducciones jesuíticas y de las encomiendas españolas en cuatro años, según la cifra de Bartomeu Melià que recoge Domingo Aguilera. Los hombres que exploraban por delante de esas razias eran los pomberos.
  2. 1639 Antonio Ruiz de Montoya imprime en Madrid la «Conquista espiritual». Al describir la reducción de Jesús María registra a unos agentes tupís de los vecinos de San Pablo «a quien en lengua Portuguessa llaman Pomberos, y en nuestro Castellano Palomeros», añade que los propios guaraníes los llamaban «Mu», los contratantes, y anota que ese mismo tráfico emplea pomberos en Angola. La palabra nombra a hombres vivos.
  3. 1889 Daniel Granada publica en Montevideo el «Vocabulario rioplatense razonado». Registra «bombero» como «Explorador del campo enemigo. Espía» y anota que antes designaba al indio explorador.
  4. 1893 Juan B. Ambrosetti empieza a publicar sus «Materiales para el estudio del folk-lore misionero» en la «Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires» (t. I, entrega V, págs. 129-160), primera entrega de la serie en la que después aparecerá el capítulo del Pombero. Sus libretas de viaje, escribe, se habían llenado unos veinticinco años antes de la reimpresión de 1917.
  5. 1917 «Supersticiones y leyendas» sale póstumo en Buenos Aires —Ambrosetti había muerto el 28 de mayo de ese año— con el capítulo V de su segunda parte dedicado a «El Pombero o Cuarahú-Yára (Dueño del Sol)». La descripción, atribuida al agrimensor nacional Juan Queirel y a Corrientes, es la de un hombre alto y delgado con un sombrero de paja enorme y una caña en la mano, protector de los pájaros a la hora de la siesta, compañero invisible en el Chaco con el que se hacen tratos, pagado con tabaco dejado de noche fuera del rancho. Ambrosetti lo archiva entre los «fantasmas de la selva misionera» y lo llama una modificación del Jasy Jateré.
  6. 1926 El escritor paraguayo Eloy Fariña Núñez publica en Buenos Aires «Conceptos estéticos (Mitos guaraníes)» y llama al Pombero «el más popular de los duendes guaraníes». En el mismo pasaje lo describe como casi siempre un hombre alto, velludo, con un gran sombrero de paja, que arrebata a los niños que se aventuran en la selva durante la siesta, y anota que en el Paraguay el Pombero había pasado a significar también espía o escucha.
  7. 1948 Alfred Métraux publica «The Guaraní» en el volumen 3 del Handbook of South American Indians. En 28 páginas sobre religión, chamanismo y mitología guaraníes el Pombero no se menciona ni una vez, mientras que la creencia en «los dueños o protectores de los animales, las plantas, los árboles, los lugares de agua y los vientos» queda registrada por entero. La función es indígena; el nombre no.
  8. 1961 Paulo de Carvalho Neto publica «Folklore del Paraguay. Sistemática analítica», el primer estudio del tema hecho con rigor académico. Cuenta 24 personajes míticos vigentes en el Paraguay, encabeza la lista con el Pombero y le dedica las páginas 91-98, describiéndolo como «un hombre petiso, lleno de pelos» con invisibilidad, ubicuidad, camuflaje, intangibilidad y levitación; y se queja, una y otra vez, de los plagios y las invenciones literarias de los recopiladores anteriores.
  9. 1998 La compilación «Mitos y leyendas del Paraguay» de Francisco Pérez-Maricevich (Asunción, El Lector) imprime la versión de Dionisio González Torres de «El mito del Pombero o de Karaí-Pyharé»: bajo, fornido, retacón, moreno, con manos y pies velludos, andrajoso, con sombrero de paja y una bolsa al hombro, pagado con tabaco, miel y una botella de caña, y culpado de embarazos. El sombrero es el de Ambrosetti; la estatura es la contraria a la de Ambrosetti.
  10. 14 de agosto - 30 de septiembre de 2020 La Fundación Tapé Avirú realiza en línea el «Primer sondeo sobre personajes mitológicos del Paraguay». Responden 4.015 personas de los diecisiete departamentos y de Asunción a cuatro preguntas sobre doce seres. Publicado por Domingo A. Aguilera Jiménez en 2023: el 63,9 % cree en uno o más, el 48,7 % dice haber visto o sentido a alguno, y el Pombero es el primero tanto en creencia como en experiencia declarada.

¿Hay una explicación racional para El Pombero?

Lo que sí se puede contrastar con documentos es la idea de que el Pombero sea un antiguo espíritu guaraní de la naturaleza. La síntesis de Alfred Métraux «The Guaraní», en el volumen 3 del Handbook of South American Indians (1948), recorre en 28 páginas la religión, el chamanismo y la mitología de apapocúva, mbyá, pañ y kainguá, y no menciona al Pombero. En el texto extraído el 6 de octubre de 2026 del PDF de etnolinguistica.org, unas 12.400 palabras, «Pombero» y «pombeiro» no aparecen ninguna vez, mientras que «forest» aparece 8 veces y «spirit» 5. Lo que Métraux sí registra, siguiendo a Nimuendajú, es el complejo por el que se suele tomar al Pombero: los kainguá «se sienten rodeados de espíritus o demonios, que aparecen con forma humana o animal. Son los dueños o los protectores de los animales, las plantas, los árboles, los lugares de agua y los vientos. Estos genios, si se los ofende, pueden hacer daño». La función, un dueño del monte, está documentada en la etnografía guaraní; el nombre llega al registro escrito por otro camino. Ese camino es la trata de esclavos, y el texto de 1639 lo dice él mismo: los agentes tupís de los negreros de San Pablo que describe Montoya son aquellos «a quien en lengua Portuguessa llaman Pomberos». Germán de Granda, tal como lo cita Domingo Aguilera, da al portugués brasileño pombeiro el sentido de «agente o emisario encargado de obtener esclavos para el tráfico comercial de los mismos por cuenta de un mercader». El castellano rioplatense tenía una palabra casi homófona con un sentido vecino: el «Vocabulario rioplatense razonado» de Daniel Granada (Montevideo, 1889) define bombero como «Explorador del campo enemigo. Espía», con la nota «Antiguamente llamaban bombero al indio espía ó explorador». Y en 1926 Eloy Fariña Núñez escribió que el Pombero «se trasformó, a su vez, en el Paraguay, en espía o "escucha"», y que hubo un regimiento Pombero en la guerra de la Triple Alianza. La descripción física es la parte menos estable. En el repertorio de Paulo de Carvalho Neto, tal como lo cita Aguilera, los pies al revés son de otro ser, el Kurupi: «un duende petiso, feo, bronceado, con ojos negros y melena, pies al revés, desnudo y con un miembro desproporcionado». El sombrero de paja y la caña que el informante de Ambrosetti le dio al Pombero son, en ese mismo repertorio, del Jasy Jateré, «un enano rubio, bonito, que anda cubierto con un sombrero de paja, y lleva un bastón mágico de oro en la mano», y el propio Ambrosetti archivó al Pombero como «una modificación» del Jasy Jateré. Fariña Núñez lo identificó con otra figura más, el Cuarahy-Yara, «todo rojo y cubierto con un gigantesco sombrero de paja». El informante de Ambrosetti lo hizo alto y delgado; Fariña Núñez, alto y velludo; Dionisio González Torres, bajo y fornido. La cronología que sostienen los documentos es corta. La palabra está impresa en 1639, para unos hombres. El ser ya está impreso en 1917, en una descripción procedente de Corrientes, y en 1926 Fariña Núñez lo llama «el más popular de los duendes guaraníes». Aguilera argumenta el paso de lo uno a lo otro: las razias de los cazadores de esclavos, que merodeaban las reducciones «sobre todo de noche, con tácticas y códigos de ocultamiento», explican a su juicio «la transfiguración del cazador de esclavos al mito», y la mayoría de sus rasgos, escribe, se conservan en los hábitos que Carvalho Neto registra para el ser moderno. El artículo apoya ese argumento en el parecido y no cita ningún documento que registre el cambio. La creencia está viva. En el sondeo en línea de la Fundación Tapé Avirú, abierto del 14 de agosto al 30 de septiembre de 2020 y respondido por 4.015 personas de los diecisiete departamentos del Paraguay más Asunción, un 63,9 % dijo creer en uno o más de doce seres míticos y un 48,7 % dijo haber visto o sentido a alguno. Desglosado por personaje, el Pombero quedó el primero tanto en número de creyentes como en número de quienes declaran una experiencia de primera mano.

¿Se puede visitar El Pombero?

No hay lugar que visitar, porque la historia no tiene escenario. El Pombero pertenece al campo entero: el Paraguay, las provincias argentinas de Corrientes, Misiones y Formosa y las zonas brasileñas colindantes. La chincheta de nuestro mapa señala Asunción por convención, y la tradición no sitúa nada allí. Lo más parecido a una parada física es el Museo Mitológico Ramón Elías, sobre la ruta PY02 Mcal. Estigarribia, en Capiatá, a unos veinte kilómetros al este de Asunción camino de Ciudad del Este y con autobuses frecuentes por ese trayecto. Es un museo privado fundado por el escultor y coleccionista Ramón Elías; hoy lo regenta su hija Elsa Elías, que hace ella misma las visitas guiadas. El diario asunceno ABC Color publicaba el 2 de enero de 2024 un horario de martes a sábado de 09:00 a 12:00 y de 15:00 a 17:00, domingos y feriados de 09:00 a 12:00, con teléfono de reservas 0983 152428 y el museo en el kilómetro 19. El también asunceno Crónica lo situaba el 27 de julio de 2026 en el kilómetro 21. Abría de lunes a sábado en esos mismos dos turnos y los domingos y feriados de 09:00 a 12:00; la entrada costaba 15.000 guaraníes para adultos y 10.000 para niños. La sala de mitología está montada sobre el canon de Narciso R. Colmán: los siete hijos de Tau y Keraná. Entre las trece figuras que nombra ABC Color —Teju Jagua, Mbói Tu'ĩ, Moñái, Jasy Jateré, Kurupi, Ao Ao, Luisõ, Kuarahy Ra'y, Pajé, Malavisión, Mbói Jagua, Yagua Ru y Plata Yvyguy— falta el Pombero. Los documentos son gratis e inmediatos. La «Conquista espiritual» de Montoya de 1639 está en línea, escaneada entera en su edición de Madrid, en la Biblioteca Digital Curt Nimuendajú; «Supersticiones y leyendas» de Ambrosetti es un PDF libre en Wikimedia Commons, con el Pombero en el capítulo V de su segunda parte; el capítulo guaraní de Métraux de 1948 está también en la biblioteca Nimuendajú; y el artículo de Domingo Aguilera de 2023, con los resultados completos del sondeo, es de acceso abierto en SciELO Argentina. «Folklore del Paraguay» (1961), de Paulo de Carvalho Neto, que sigue siendo el estudio sistemático de estas figuras, está descatalogado, y para esta ficha no se ha podido consultar un ejemplar. En el campo paraguayo y correntino el Pombero se toma en serio. La tradición avisa contra silbar de noche y contra hablar de él en voz alta, y el tabaco dejado sobre un poste del alambrado es la buena educación de toda la vida.

Fuentes consultadas

  1. Antonio Ruiz de Montoya, S. I., «Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Iesus, en las prouincias del Paraguay, Parana, Vruguay, y Tape» — Madrid: Imprenta del Reyno — scan of the 1639 first edition (Biblioteca Brasiliana Guita e José Mindlin), read as full text; the pombero passages are in the section on the reduction of Jesús María, in a later simile, and in the index entry 'Pomberos', 1639 libro
  2. Juan B. Ambrosetti, «Supersticiones y leyendas: región misionera, valles calchaquíes, las Pampas» — Buenos Aires: La Cultura Argentina (posthumous, introduction by Salvador Debenedetti). Part II, chapter V, 'El Pombero o Cuarahú-Yára (Dueño del Sol)', pp. 97-98. Material communicated by the national surveyor Juan Queirel; the series had begun in the Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires in 1893, 1917 libro
  3. Alfred Métraux, «The Guaraní» — Handbook of South American Indians, vol. 3: The Tropical Forest Tribes (Julian H. Steward, ed.), Bureau of American Ethnology Bulletin 143, Washington, pp. 69-94, 1948 académico
  4. Domingo A. Aguilera Jiménez, «Personajes mitológicos conocidos en Paraguay. Un estado de la cuestión a partir de un sondeo en línea» — Revista del Museo de Antropología (IDACOR-CONICET / Universidad Nacional de Córdoba), vol. 16, no. 1, pp. 155-168. Our source for the 2020 survey figures and for the citations of Paulo de Carvalho Neto (1961), Germán de Granda (1988) and Bartomeu Melià (1988), none of which we have been able to consult directly, 2023 académico
  5. Daniel Granada, «Vocabulario rioplatense razonado» — Montevideo — entries 'Bombear' and 'Bombero'; no entry for 'Pombero'. Read as full text (about 107,000 words) in the copy digitised by Anaforas, Universidad de la República, 1889 libro
  6. Dionisio M. González Torres, «El mito del Pombero o de Karaí-Pyharé» — In Francisco Pérez-Maricevich (comp.), Mitos y leyendas del Paraguay, Asunción: El Lector, 187 pp. Read in the transcription published by Portal Guaraní; the printed volume was not consulted, 1998 libro
  7. Lucía González, «Turismo interno: Museo Mitológico de Capiatá, excelente opción para vacaciones» — ABC Color, Asunción, 2 January 2024 — address, opening hours, telephone, rooms and the list of thirteen named mythological figures on display, 2024 hemeroteca
  8. Eloy Fariña Núñez, «Conceptos estéticos. Mitos guaraníes» — Buenos Aires: Talleres gráficos M. Pastor — the Pombero passage ('el más popular de los duendes guaraníes', 'casi siempre un hombre alto, velludo, cubierto con un gran sombrero de paja', his later sense of 'espía o escucha' in Paraguay and the 'regimiento Pombero' of the war of the Triple Alliance); University of North Carolina copy, read as full text, 1926 libro

Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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