📜 LEYENDA · EXP. Nº0270 ACTIVO

La maldición de Tutankamón

La maldición de Tutankamón la fabricó un grupo de periodistas al que habían dejado fuera de la noticia.

¿De dónde viene la leyenda de La maldición de Tutankamón?

Ubicación
Valley of the Kings, Luxor, Egipto
Tipo de leyenda
Maldición
Coordenadas
25.74, 32.601
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de La maldición de Tutankamón?

El 4 de noviembre de 1922 los obreros egipcios de Howard Carter, dirigidos por el rais Ahmed Gerigar, descubrieron un escalón tallado en el Valle de los Reyes, y en tres semanas una excavación provincial estancada era la mayor noticia del planeta. Entonces, en enero de 1923, lord Carnarvon vendió los derechos informativos a un solo periódico: The Times de Londres pagó 5.000 libras por adelantado y le dejó la mayor parte de los beneficios de la reventa, de modo que el resto de corresponsales en Luxor —la prensa egipcia incluida, trabajando en suelo egipcio— tenía que comprarle a un rival británico la noticia del mayor hallazgo de Egipto, con horas de retraso. Sin poder contar la tumba, contaron lo que la rodeaba. Las maldiciones que imprimieron los periódicos se reescribieron a partir de textos inocuos: una línea que dice «yo soy el que impide que la arena bloquee la cámara secreta», y las fórmulas del Libro de los Muertos del santuario dorado de la cámara funeraria, escritas para asegurar la vida eterna del rey. Y cuando Mark Nelson pasó las cifras de supervivencia por un estudio de cohortes en el BMJ en 2002, los 25 expuestos habían muerto a una edad media de 70 años frente a 75 los no expuestos: una diferencia sin ninguna significación.
La maldición de Tutankamón, Valley of the Kings, Luxor, Egipto
Imagen: Jerzy Strzelecki · CC BY-SA 3.0

¿Cuál es la historia de La maldición de Tutankamón?

La maldición de Tutankamón tiene autor documentado, y quien lo señaló fue Howard Carter. El 4 de noviembre de 1922, los obreros egipcios de Carter, a las órdenes del rais Ahmed Gerigar, dejaron al descubierto un escalón tallado entre los escombros del Valle de los Reyes. En tres semanas el escalón era una escalera, la escalera una puerta sellada, y una excavación de provincias estancada era la mayor noticia del planeta. Los corresponsales de los grandes diarios de Europa y América acamparon a la puerta de la tumba. Entonces lord Carnarvon, que llevaba años financiando el yacimiento sin ver un duro, tomó la decisión que le echó encima a la prensa. En enero de 1923 vendió los derechos informativos a una sola cabecera: The Times de Londres le pagó 5.000 libras por adelantado y le dejó tres cuartas partes de los beneficios de revender la historia al resto del mundo. A partir de ahí, cualquier otro periodista en Luxor —también la prensa egipcia, que trabajaba en su propio país— tenía que comprarle a un competidor británico, con horas de retraso, la noticia del mayor hallazgo de Egipto. Necesitaban algo que The Times no tuviera en propiedad. Como no podían contar la tumba, contaron lo que la rodeaba. Entre los excluidos estaba Arthur Weigall, antiguo inspector general de Antigüedades del Alto Egipto reconvertido en corresponsal del Daily Mail, que conocía el país lo bastante como para que la atmósfera pareciera una prueba. Empezaron a publicarse presagios: el canario de Carnarvon devorado por una cobra el día en que se abrió la tumba, advertencias antiguas contra quien rompiera un sello. En marzo de 1923 la novelista superventas Marie Corelli escribió al New York World que «el castigo más terrible persigue a todo intruso temerario en una tumba sellada», citando un libro rarísimo que decía poseer. Tres semanas después, el 5 de abril de 1923, Carnarvon murió en El Cairo. Se había abierto al afeitarse la picadura infectada de un mosquito; aquello derivó en septicemia y luego en neumonía. En un ciclo informativo normal eso es una esquela. En aquel fue una confirmación. Arthur Conan Doyle, ya entregado al espiritismo, declaró que la muerte podía ser obra de un «elemental maligno», al que definió como «una cosa artificial, construida»; el australiano The Argus dio por hecha la influencia funesta del faraón muerto. Esa misma cobertura borró a quienes habían encontrado la tumba: los capataces y peones egipcios de Carter aparecen sin parar en las fotografías de Harry Burton y casi nunca en los pies de foto. Semanas después de que Weigall muriera, en enero de 1934, Carter escribió desde Luxor en una carta privada: «La “maldición de Tutankamón” fue invención suya».

Cronología: los hechos documentados de La maldición de Tutankamón

  1. 4 de noviembre de 1922 Los obreros egipcios de la excavación de Howard Carter, dirigidos por el rais Ahmed Gerigar, descubren el primer escalón tallado de la escalera que baja a la KV62. La prensa mundial empieza a concentrarse en Luxor.
  2. Enero de 1923 Lord Carnarvon vende los derechos informativos mundiales a The Times de Londres por 5.000 libras más tres cuartas partes de los beneficios de la reventa, y deja fuera a todos los corresponsales rivales, incluida la prensa egipcia.
  3. Marzo de 1923 La novelista Marie Corelli escribe al New York World que «el castigo más terrible persigue a todo intruso temerario en una tumba sellada», citando un libro rarísimo que dice poseer. Se publica semanas antes de que Carnarvon enferme.
  4. 5 de abril de 1923 Carnarvon muere en El Cairo de septicemia y neumonía tras abrirse al afeitarse la picadura infectada de un mosquito. La prensa excluida tiene su confirmación.
  5. Abril de 1923 Arthur Conan Doyle declara a la prensa que la muerte puede ser obra de un «elemental maligno»; el australiano The Argus da por hecha la influencia funesta del faraón muerto. Empiezan a circular relatos imposibles de comprobar —las luces de El Cairo apagándose, el perro de Carnarvon muriendo en Inglaterra—, uno de ellos atribuido a su hijo, que estaba entonces en la India.
  6. 21 de enero de 1934 Semanas después de la muerte de Weigall, Carter escribe desde Luxor a Helen Ionides: «La “maldición de Tutankamón” fue invención suya. Nacida del despecho, una especie de venganza». La carta salió a subasta en 2026.
  7. 1939 Howard Carter muere, dieciséis años después de entrar en la cámara funeraria. El hombre más expuesto a la supuesta maldición sobrevivió a casi todos los que escribieron sobre ella.
  8. Diciembre de 2002 Mark Nelson publica en el BMJ un estudio de cohorte histórica: de 44 occidentales identificados en los registros de Carter, los 25 expuestos murieron a una edad media de 70 años frente a 75 los no expuestos. No aparece ningún efecto sobre la supervivencia.
  9. Enero de 2019 El Getty Conservation Institute y las autoridades egipcias de antigüedades cierran una década de trabajo en la KV62. Se confirma que las manchas marrones de las pinturas son de origen microbiológico, pero están muertas y no han variado desde los años veinte, lo que resta fuerza a la idea de un peligro fúngico vivo en la tumba.

¿Hay una explicación racional para La maldición de Tutankamón?

Las maldiciones impresas en 1923 se fabricaron con textos que dicen otra cosa. El egiptólogo David P. Silverman, citado por Joshua J. Mark, rastrea dos. Un «texto inocuo inscrito en el enlucido de barro ante el santuario de Anubis, en el Tesoro», «yo soy el que impide que la arena bloquee la cámara secreta», llegó a los periódicos como «…mataré a todos los que crucen este umbral hacia los sagrados recintos del rey real que vive para siempre». La inscripción del gran santuario dorado de la cámara funeraria se publicó como «quienes entren en esta tumba sagrada serán visitados veloces por las alas de la muerte», y el veredicto de Silverman es que «los textos de este santuario proceden del Libro de los Muertos, una colección de fórmulas destinadas a asegurar la vida eterna, no a acortarla». Los números tampoco ayudan. En diciembre de 2002 el médico Mark Nelson publicó en el BMJ un estudio de cohorte histórica: con los registros del propio Carter identificó a 44 occidentales presentes en Egipto durante la excavación. Veinticinco estuvieron en alguna de las cuatro aperturas decisivas, la primera el 17 de febrero de 1923. Murieron a una edad media de 70 años frente a 75 los no expuestos (P=0,87); supervivencia tras la exposición, 20,8 años frente a 28,9 (P=0,95). La probabilidad de morir en los diez años siguientes salió 1,38 (IC 95 %: 0,20-9,6), tan ancha que no dice nada. Carter, que abrió la tumba, vivió hasta 1939. Las listas de víctimas solo cuentan muertos: sumaban a cualquiera relacionable con la tumba que falleciera y nunca restaban supervivientes. La hipótesis de los hongos es más seria, pero sin demostrar. Aspergillus flavus y A. niger son patógenos reales, de esporas resistentes, capaces de matar a inmunodeprimidos. En la propia tumba, lo que se ha encontrado es el residuo de microbios muertos. Las manchas marrones de las pinturas de la cámara funeraria ya estaban allí cuando Carter entró en 1923, según el Getty Conservation Institute, que encargó su análisis al laboratorio de Ralph Mitchell en Harvard. En 2011 el laboratorio informó de que contenían melaninas, «subproductos característicos del metabolismo de hongos (y a veces de bacterias)», sin ningún organismo vivo asociado a ellas, y concluyó que «los microbios que causaron las manchas están muertos». Cuando el Getty y el Ministerio de Antigüedades egipcio cerraron en enero de 2019 su década de trabajo, The Art Newspaper contó que las pruebas de ADN y los análisis químicos indicaban que las manchas eran de origen microbiológico pero estaban muertas, y que fotografías de los años veinte ampliadas mostraban que las zonas oscuras no se habían extendido. Carnarvon murió de una septicemia: se había abierto al afeitarse una picadura de mosquito, que se le infectó.

¿Se puede visitar La maldición de Tutankamón?

La KV62 está en el Valle de los Reyes, orilla oeste de Luxor. El Ministerio de Turismo y Antigüedades da el mismo horario para el valle y para la tumba, de 06:00 a 17:00 los siete días, y los cobra por separado: el valle a 750 EGP el adulto extranjero y 375 EGP el estudiante extranjero; la tumba de Tutankamón cuesta 700 y 350 EGP. Los egipcios pagan 60 y 40 EGP por esas dos mismas entradas (egymonuments.gov.eg, consultado el 9 de septiembre de 2026). La cámara está casi vacía. The Art Newspaper, al informar del cierre de la década de trabajos del Getty Conservation Institute en enero de 2019, escribió que la tumba "houses only a few objects including the mummy of Tutankhamen, a sarcophagus and a gilded wooden coffin". La página del proyecto del Getty enumera lo que aquella década dejó puesto: pasarelas de visita nuevas, barreras de protección, iluminación, ventilación, señalización. Y anota que "a visitor carrying capacity was established and a visitation policy crafted to avoid overcrowding in the tomb". Las manchas marrones de las pinturas de la cámara funeraria siguen ahí: el equipo de la excavación las anotó en 1923 y su naturaleza y su origen, en palabras del Getty, "have never been fully ascertained". La página ministerial de la tumba cifra en unos 5.000 los objetos hallados apilados dentro. El Gran Museo Egipcio de Guiza tiene galerías propias de Tutankamón, y su web oficial de entradas —la única, según ella misma— dice que el billete "includes access to the Tutankhamun Galleries, Main Galleries, Grand Hall, Grand Stairs, Khufu's Boats Museum, commercial area and exterior gardens". Esas galerías abren a las 09:00 todos los días. Cierran a las 18:00 domingos, lunes, martes, jueves, viernes; miércoles y sábados cierran a las 21:00, con último acceso una hora antes del cierre. Los billetes llevan una hora de entrada que no limita la duración de la visita; son de un solo acceso y sin devolución. La fotografía personal está prohibida en zonas señaladas de las galerías de Tutankamón (visit-gem.com, consultado el 9 de septiembre de 2026).

Fuentes consultadas

  1. Howard Carter, «Howard Carter Autograph Letter Signed on "The 'Tutankhamun Curse'" (Luxor, 21 January 1934, to Helen Ionides)» — RR Auction, lot description and transcription, 2026 archivo
  2. All About History Team, «The Facts Behind the Curse of Tutankhamun: Fake News from Beyond the Grave» — All About History, 2017 web
  3. Joshua J. Mark, «The Mummy's Curse: Tutankhamun's Tomb & the Modern-Day Media» — World History Encyclopedia, 2017 web
  4. Mark R. Nelson, «The mummy's curse: historical cohort study» — BMJ 325(7378):1482-1484, 2002 académico
  5. Christina Riggs, «Photographing Tutankhamun: Photo-Objects and the Archival Afterlives of Colonial Archaeology» — Max Planck Research Library, Photo-Objects, 2019 académico
  6. Nancy Kenney, «Getty wraps up conservation effort at King Tutankhamen's tomb» — The Art Newspaper, 2019 hemeroteca
  7. Caroline Perry (SEAS Communications), «Tut, tut! Microbial growth in pharaoh's tomb suggests burial was a rush job» — Harvard Gazette, 8 June 2011, 2011 web
  8. Getty Conservation Institute, «Scientific Investigation to Understand Issues in the Tomb (Conservation and Management of the Tomb of Tutankhamen)» — getty.edu, project page, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 29/07/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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