🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº9046 ACTIVO

Kraken

Kraken es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Norwegian Sea, NO. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a Kraken?

Ubicación
Norwegian Sea, NO
Fecha del avistamiento
01/01/1752
Coordenadas
66.0, 4.0
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es Kraken?

El Kraken es un monstruo marino legendario del folclore escandinavo, imaginado como una criatura colosal y tentacular capaz de arrastrar barcos enteros hacia las profundidades del mar de Noruega. Las sagas nórdicas y relatos escandinavos posteriores lo describían casi como una entidad del tamaño de una isla, cuya aparición en superficie podía generar remolinos y tragarse barcos enteros, mezclando el miedo marinero a las profundidades con peligros reales. La descripción definitiva llegó en 1752, cuando el obispo y naturalista noruego Erik Pontoppidan publicó su "Historia Natural de Noruega", donde escribió que los marineros confundían su ancho lomo con "una serie de pequeñas islas" que emergían de golpe en aguas tranquilas. Es probable que la leyenda se nutriera de encuentros con calamares gigantes, cuyo tamaño descomunal y cuyos cadáveres, avistados en pocas ocasiones, debieron de parecer monstruosos a marineros que vivieron siglos antes de que la biología marina documentara la especie. Con el tiempo el Kraken pasó del folclore marinero a la literatura y la cultura popular europeas, símbolo de la inmensidad indómita del océano más que criatura rastreada científicamente.
Kraken — ilustración
Imagen: Pierre Denys de Montfort (1766–1820) / Étienne Claude Voysard (1746–1812.) · Public domain

¿Cuál es la historia de Kraken?

El kraken es la única ficha de este atlas que tiene final. No un desmentido: una respuesta. Su capa más antigua es nórdica y no tiene forma de calamar. El Konungs skuggsjá —el «Espejo del rey», escrito en Noruega hacia 1250 como manual de instrucción para un príncipe— describe el hafgufa: un pez tan enorme que se le confundía con una isla y que se alimentaba regurgitando una papilla con la que atraía bancos de peces hacia sus fauces abiertas. En la saga islandesa de Örvar-Oddr, una tripulación navega entre lo que cree dos rocas y resultan ser las mandíbulas de la criatura. Ninguno de los dos textos emplea la palabra kraken. Rodrigo Salvador y Barbara Tomotani, que reconstruyeron la genealogía en 2014, insisten en que hafgufa, lyngbakr y kraken nacieron como monstruos distintos y autores posteriores los fundieron en uno solo. La palabra sí es noruega: krake, en forma determinada kraken, de una raíz que significa algo torcido y deforme, la imagen de un tronco ganchudo. Se convirtió en afirmación científica en 1735, cuando Linneo incluyó Microcosmus marinus en la primera edición del Systema naturae. Nunca había visto ninguno; en la Fauna Suecica (1746) lo llamó un monstruo singular de los mares de Noruega, y lo retiró de las ediciones siguientes. Después llegó quien fijó la leyenda. Erik Pontoppidan, obispo luterano de Bergen, publicó Det første Forsøg paa Norges naturlige Historie en 1752-53; la traducción inglesa de Andreas Berthelson salió en Londres en 1755. Pontoppidan no escribía ficción: hacía historia natural, y recogía testimonios de pescadores como un naturalista recoge ejemplares. Su kraken es redondo, plano y lleno de brazos; su lomo, al emerger, puede confundirse con un rosario de islotes, lo bastante ancho para que un regimiento maniobre encima; los pescadores fondean sobre él a propósito, porque allí la pesca es extraordinaria; y al hundirse arrastra consigo un remolino. Anota además que tiñe el mar con un chorro de líquido oscuro: el único detalle que un lector de hoy reconoce al instante. Porque había un animal. En diciembre de 1853 el zoólogo danés Japetus Steenstrup consiguió el pico de un cefalópodo enorme varado en Jutlandia y, en 1857, en una nota de cuatro páginas para el congreso de naturalistas escandinavos, le puso nombre: Architeuthis dux. El calamar gigante dejó de ser un rumor y pasó a ser una especie. Durante casi siglo y medio, todo lo que se supo de Architeuthis vino de cadáveres: varamientos, picos extraídos de estómagos de cachalote, el medio manto destrozado que la cañonera francesa Alecton subió a bordo frente a Tenerife en noviembre de 1861. Nadie lo había visto vivo. Eso terminó a las 09:15 del 30 de septiembre de 2004.

Cronología: los hechos documentados de Kraken

  1. h. 1250 El Konungs skuggsjá noruego (el «Espejo del rey») describe el hafgufa, un pez al que se confunde con una isla y que regurgita una papilla para atraer peces hacia su boca. La saga islandesa de Örvar-Oddr cuenta algo parecido. Ninguno emplea la palabra kraken ni describe un cefalópodo.
  2. 1735 Linneo incluye Microcosmus marinus en la primera edición del Systema naturae y da al kraken un nombre científico. En la Fauna Suecica (1746) lo llama un monstruo singular de los mares de Noruega, reconoce no haberlo visto nunca y lo retira de las ediciones posteriores.
  3. 1752-53 Erik Pontoppidan, obispo de Bergen, publica Det første Forsøg paa Norges naturlige Historie. Su kraken es redondo, plano y lleno de brazos, se confunde con un rosario de islas, los pescadores noruegos faenan sobre él a propósito, arrastra un remolino al hundirse y tiñe el agua de líquido oscuro. La traducción inglesa de Andreas Berthelson aparece en Londres en 1755.
  4. Diciembre de 1853 Japetus Steenstrup consigue el pico de un cefalópodo enorme varado en la costa danesa. Es la prueba física sobre la que se sostendrá la descripción científica.
  5. 1857 Steenstrup publica «Oplysninger om Atlanterhavets colossale Blæksprutter» y nombra Architeuthis dux. El kraken deja de ser folclore y pasa a ser una especie con descripción tipo: el momento en que un críptido quedó resuelto.
  6. 30 de noviembre de 1861 El buque francés Alecton arponea cerca de Tenerife, en Canarias, un calamar de unos 7,5 m. El cuerpo se rompe al intentar izarlo y solo se recupera la parte posterior del manto, pero el fragmento es real y lo ven oficiales de una armada.
  7. Década de 1870 Una serie de ejemplares llega a la costa de Terranova. El reverendo Moses Harvey consigue calamares de los pescadores locales y fotografía uno antes de enviarlo a naturalistas de Connecticut; entre el material hay un tentáculo de unos seis metros, cortado a un animal que, según los pescadores, se les había echado encima de la barca.
  8. 30 de septiembre de 2004 A las 09:15, en 26°57,3'N 142°16,8'E frente a las islas Ogasawara, un aparejo con cámara y cebo bajado por Tsunemi Kubodera y Kyoichi Mori fotografía a 900 m de profundidad un calamar gigante vivo. Se registran más de 550 imágenes a lo largo de unas cuatro horas; el animal se libera dejando atrás un tentáculo de 5,5 m que confirma un ejemplar de más de 8 m. Las fotos muestran un cazador activo, no el animal a la deriva que se suponía.
  9. 2008 El Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa expone un calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni) capturado en el mar de Ross. Sigue siendo el único calamar colosal expuesto al público en el mundo.

¿Hay una explicación racional para Kraken?

Aquí el escepticismo funciona al revés de lo habitual. El kraken es el mejor argumento que tiene todo este expediente: un monstruo que resultó ser un animal. Lo que no es, es un permiso para leer cualquier relato marinero antiguo como si fuera un calamar. Casi nada de lo que cuenta Pontoppidan encaja con Architeuthis. Un lomo por el que puede desfilar un regimiento, una isla que se sumerge en un remolino, una criatura sobre la que fondean varios barcos: eso es el hafgufa, el pez-isla de los bestiarios medievales, y Salvador y Tomotani advierten de que identificar esas tradiciones con el calamar gigante es un movimiento retrospectivo, hecho después de 1857 por gente que ya sabía qué buscaba. La tinta es lo único del texto de Pontoppidan que un cefalópodo podría haber firmado. Las cifras tampoco aguantan. No se conocen mantos de calamar gigante que superen los 2,25 m, y las longitudes totales medidas en reposo tras la muerte se estiman en unos 12-13 m en hembras y 10 m en machos; el especialista Steve O'Shea demostró que las medidas mayores que circulan se obtuvieron estirando los dos tentáculos de caza como gomas. El comportamiento es directamente una invención: no hay un solo caso documentado de un calamar gigante hundiendo un barco, ni atacándolo. La depredación va en sentido contrario: son los cachalotes los que se los comen, y buena parte de lo que la ciencia sabe procede de picos recuperados en sus estómagos. Y el nombre sigue atrayendo mala ciencia. En 2011 el geólogo Mark McMenamin propuso un «kraken triásico» que habría matado ictiosaurios y colocado sus vértebras formando un dibujo; los paleontólogos respondieron que los esqueletos al derrumbarse y las corrientes hacen eso solos, y que ese patrón no se ha observado en ningún otro yacimiento.

¿Se puede visitar Kraken?

No hay ningún «lugar del kraken» que visitar. Hay una lista corta de sitios donde plantarse delante del animal. El Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa, en 55 Cable Street, Wellington, tiene el único calamar colosal expuesto al público en todo el mundo: un Mesonychoteuthis hamiltoni capturado en el mar de Ross, uno de los tres ejemplares que conserva el museo. Abre a diario de 10:00 a 18:00 salvo Navidad; la entrada es gratuita para quien reside en Nueva Zelanda y cuesta 35 dólares neozelandeses para extranjeros a partir de 16 años. El Natural History Museum de Londres guarda a «Archie», una hembra de 8,62 m capturada en 2004, en un tanque de nueve metros del Darwin Centre, donde está desde el 1 de marzo de 2006; la colección en alcohol se ve en visitas guiadas, conviene comprobar disponibilidad antes de ir. El National Museum of Natural History del Smithsonian, en Washington, expone dos Architeuthis, una hembra de unos 13 m y un macho de unos 6 m, y la entrada es gratuita. Dos avisos. No hemos podido confirmar ningún calamar gigante en exposición permanente en Noruega, la costa del propio kraken; lo más parecido a una peregrinación es el Museo Universitario de Bergen (Villaveien 1A), ciudad de la que Pontoppidan fue obispo. Y el Museo del Calamar Gigante de Luarca (Asturias), que llegó a tener la mayor colección de ejemplares del mundo, perdió casi toda en el temporal de febrero de 2014: comprueba su situación antes de viajar.

Fuentes consultadas

  1. Erich Pontoppidan (trans. Andreas Berthelson), «The Natural History of Norway, in Two Parts» — A. Linde, London — English translation of Det første Forsøg paa Norges naturlige Historie (1752-53), 1755 libro
  2. Japetus Steenstrup, «Oplysninger om Atlanterhavets colossale Blæksprutter (original description of Architeuthis dux)» — Forhandlinger ved de Skandinaviske Naturforskeres Møde, 7 (1856): 182-185 — record consulted in the World Register of Marine Species, 1857 académico
  3. Tsunemi Kubodera and Kyoichi Mori, «First-ever observations of a live giant squid in the wild» — Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, vol. 272, no. 1581, pp. 2583-2586, 2005 académico
  4. Rodrigo B. Salvador and Barbara M. Tomotani, «The Kraken: when myth encounters science» — História, Ciências, Saúde-Manguinhos, vol. 21, no. 3, pp. 971-1002, 2014 académico
  5. Riley Black, «The Giant Squid: Dragon of the Deep» — Smithsonian Magazine, 2011 hemeroteca
  6. Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa, «Colossal squid» — Collections and visitor information, Wellington, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 29/07/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Folclore (curado)

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