Lagarfljótsormur es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Egilsstaðir, East Iceland, IS. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Lagarfljótsormur?
Ubicación
Egilsstaðir, East Iceland, IS
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
65.168, -14.634
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Lagarfljótsormur?
El Lagarfljót es un largo río glaciar del este de Islandia que se ensancha en el lago Lögurinn, junto a Egilsstaðir, y algo dentro de él lleva setecientos años apareciendo en los papeles. El registro más antiguo existe y está fechado: el anal de Skálholt para 1345, impreso por Gustav Storm en 1888, dice que allí se vio una cosa extraña que los hombres supieron viva, a veces como islas grandes y a veces asomando lazadas con canales de agua entre ellas, de muchos cientos de brazas de largo, sin que nunca se le vieran cabeza ni cola, y no menciona ningún gusano. En 1638 el obispo de Skálholt seguía sin tener palabra islandesa para aquello y tomó prestada una noruega. El anillo de oro, el gusano de brezo y los dos finlandeses que lo ataron vienen de unos colegiales de Múlasýsla de 1845, impresos por Jón Árnason en 1862. En 2012 un granjero filmó algo retorciéndose en el hielo bajo la ventana de su cocina: una comisión de la verdad de trece miembros votó siete a cuatro que era el gusano, y una analista residente en Finlandia ya había demostrado que la forma no se movía del sitio.
El Lagarfljót visto desde el noroeste en agosto de 2004, donde el río se abre en bajíos y barras trenzadas antes de ensancharse en el Lögurinn. La fotografía importa por dos razones. La primera es que enseña la materia prima de la descripción más antigua que consta: el anal de Skálholt de 1345 dice que aquella cosa extraña del agua parecía unas veces islas grandes y otras anillos con agua abierta entre ellos, y lo que el valle ofrece a la vista son justamente aguas someras y pálidas cortadas por barras oscuras. La segunda es que ya no se puede repetir: desde el desvío del Jökulsá á Dal en Kárahnjúkar, entre 2007 y 2009, estas aguas bajan pardas y cargadas de limo.
Imagen:
Henna · CC BY-SA 1.0
¿Cuál es la historia de Lagarfljótsormur?
El documento más antiguo existe, está fechado y no dice lo que se le suele hacer decir.
Los Islandske Annaler indtil 1578 que editó Gustav Storm (Christiania, 1888) imprimen nueve anales islandeses en un solo volumen. Solo uno trae algo sobre el Lagarfljót, y lo trae una vez. Bajo el titulillo «V. Skálholts-Annaler (D) 1344-1345», en la página 211, entre el viaje del obispo Ormr y un desprendimiento en Gauldalr (Noruega), se lee esto:
«Syndiz einn undarligr lutr austr j Lagar flioti ok Fliotzdals hæradi, ok vita menn at kvikt var; syndiz stundum sem eyiar storar, enn stundum skytr upp lykkium ok sund i milli, ok margra hundrada fadma langt; engin veit digrleika a því, ok hvarki hefir sezt a því hofud ne spordr, ok því vita menn eigi hvat undra þat var.»
«Se vio una cosa extraña al este, en el Lagarfljót y en Fljótsdalshérað, y saben los hombres que estaba viva. A veces parecía islas grandes, y a veces asoma lazadas con canales de agua entre ellas, y de muchos cientos de brazas de largo. Nadie sabe su grosor, y no se le ha visto ni cabeza ni cola, y por eso no saben los hombres qué prodigio era.»
No hay ningún gusano. No hay serpiente, no hay ormr, no hay nombre de ninguna clase: la entrada habla de «una cosa extraña» y su última cláusula es una renuncia a identificarla. Que el anal de Skálholt sea el único de los nueve que la recoge puede comprobarse sin fiarse de un escaneo, porque Storm indexó su propio volumen. En el Navneregister, en su sitio alfabético entre «Lafransbollinn, Skib» y «Langanes», la entrada dice entera: «Lagarfljót, i Fljótsdalr, mellem Norðmúla- og Suðrmúlasýslur, Ø. 1345 V.» Un año, un anal, ninguna remisión. Una búsqueda a texto completo de ese mismo volumen de 763 páginas devuelve el término «Lagar» exactamente una vez, frente a 54 apariciones de «byskupi» y 99 de «ormr», que en estos anales es casi siempre nombre de varón.
Tres siglos después la cosa seguía sin nombre. Gísli Oddsson, obispo de Skálholt, escribió su De mirabilibus Islandiae en 1638 —él mismo fecha el manuscrito en el capítulo V—. Abre su capítulo de portentos con el Lagarfljót y se atasca de inmediato en el vocabulario: es «angvis-ne an serpens fluviatilis», una culebra de río o quizá una serpiente, de tamaño inmenso, y la llama strandvorm, «nombre tomado de la lengua noruega, aunque aquí bastante inadecuado, porque falta el propio». Un obispo que tenía el islandés por lengua materna, escribiendo en 1638, tuvo que importar una palabra noruega. Fuera lo que fuese lo que los islandeses llamaban entonces a aquello, no era Lagarfljótsormur.
Gísli aporta además, 224 años antes que los folcloristas, tres cosas que después se atribuirían al cuento popular. Primero el augurio: la visión «se cree por lo común que presagia o carestía de grano, o una peste singular, o la muerte de próceres, o cualquier otra cosa». Segundo la anatomía, o más bien su ausencia: «cujus caput et cauda nunqvam visa», cuya cabeza y cola nunca se han visto, que es la cláusula del anal palabra por palabra. Tercero el amarre, que había oído y no se creía: «corre el rumor de que cierto obispo, o algún santurrón exorcista, lo ató allí; lo refiero de pasada como fruslería y como fábula». Y tiene cuidado de señalar que el Lagarfljót tiene más de un inquilino: uno «con forma de foca desacostumbrada y de tamaño monstruoso», otro que presenta «la figura de una raya grandísima, de cantidad inmensa». Sus notas año por año registran avistamientos en diciembre de 1600 con tres lazadas fuera del agua, en 1606 dos días seguidos, uno de un hombre llamado Finni Gíslason, y otro de 1624, cuando «apareció la serpiente en el Lagarfljót de los orientales, y por cierto a muchos, lo cual vulgarmente se tiene por portento».
El mejor documento suelto es una carta, y no es famosa. Jón Árnason la imprimió en 1862 bajo el epígrafe «Skrýmslin í Lagarfljóti», con esta procedencia: carta de Hans Wíum, sýslumaður (alguacil mayor) de Múlasýsla, 1750. Es un informe de magistrado, con lugares y cargos. Pétur, lögsagnari de la parte norte del condado, y otros dos vieron algo desde Ketilsstaðir á Völlum y no pudieron distinguirle forma. Dos hombres vieron ese mismo día, frente a Arneiðarstaðir, una criatura del tamaño de una barca grande de seis remos que subía el río muy deprisa, y toda la gente de Hafursgerði la vio también. Un tercero vio cerca de la orilla algo como una foca cuyo vientre parecía «una raya cuando se la saca del mar». Después, mientras los tres contaban aquello esa noche en Arneiðarstaðir, vieron todos a la vez uno debajo de la granja, de treinta a cuarenta brazas de largo y con un pico alto saliéndole del lomo. «Todos ellos eran hombres veraces y cabales», añade Wíum.
Dos detalles de esa carta importan más que su extensión. Toda la casa de Hrafngerði estuvo mirando «tres jorobas fuera del río, casi un día entero, y había agua entre todas ellas muchos cientos de brazas»: la imagen del anal de 1345, contada como observación fresca cuatro siglos más tarde. Y en la primavera y el verano de 1750, dice Wíum, los monstruos se vieron «en los ríos que bajan al fljót, tres frente a Hrafnkelsstaðir». Hrafnkelsstaðir, en Fljótsdalur, es la granja desde cuya ventana de la cocina filmó Hjörtur E. Kjerúlf en febrero de 2012, y esos ríos son donde filmó. El vídeo de 2012 no puso un monstruo en un sitio nuevo: lo devolvió exactamente adonde un alguacil había puesto tres en 1750.
El texto de Wíum se cierra con un avistamiento de 1819 que se lee como una nota de campo. Se vio primero junto al puente de hielo, en el agua abierta pegada a la orilla frente a Hafursá, a dos o tres teigshæðir —una medida local basada en el largo de una franja de prado— de la orilla, gris, y con la forma «de un caballo puesto de cabeza con la grupa hacia arriba»; no se le vieron patas ni apéndices. Apareció un sábado, subió lentísimo contra la corriente y contra un viento flojo hasta quedar a la altura de Hallormsstaður y desapareció el domingo siguiente. Los testigos van con nombre: el reverendo Gunnlaugur de Hallormsstaður y Hinrik de Hafursá, y muchos más. Uno de ellos quiso dispararle y los demás no le dejaron. Y el relato añade, sin darse cuenta de lo que está regalando: «mientras esto duró, el hielo iba bajando por el río».
La historia del anillo de oro, la que cuentan todas las guías, es más joven que todo lo anterior. Jón Árnason la imprime en I, 638-641 como «Ormurinn í Lagarfljóti», y su línea de procedencia es exacta: «Eptir sögn skólapilta úr Múlasýslu 1845», según el relato de unos colegiales de Múlasýsla, 1845. Una mujer de la ribera del Lagarfljót le regala a su hija ya crecida un anillo de oro; la muchacha pregunta cómo sacarle más provecho; la madre le dice que lo ponga debajo de un gusano de brezo. Oro y gusano van a parar a la caja de los paños de la chica; días después la caja se está descosiendo, y ella la tira entera al río. Traen a dos finlandeses para matarlo y recuperar el oro. Se zambullen, salen enseguida y dicen que no se puede, porque bajo el oro hay un segundo gusano mucho peor que el primero. Así que lo atan con dos ligaduras, una detrás de las aletas y otra en la cola. Ya no puede dañar a nadie, «pero sucede que saca una joroba del lomo, y eso se tiene siempre por anuncio de grandes sucesos cuando se ve, por ejemplo años duros o pérdida de la hierba».
Esa es la cláusula del augurio, en 1862, sobre una sola joroba levantada una vez. Una promesa sobre dos jorobas y el invierno que viene no está en ese texto, ni en ninguno de los anteriores.
El nombre, por su parte, tiene en el siglo XX una carrera documentada que no va de monstruos. En 1905 se botó en el Lögur una lancha de motor de roble, de treinta y un pies, para llevar pasajeros, y se llamó Lagarfljótsormurinn; la revista infantil Unga Ísland la describió en 1907. En 1997 el ayuntamiento de Egilsstaðir convocó un concurso de dibujos del gusano —Múlaþing todavía publicaba en 1998 los que mandaron los vecinos— y prometió medio millón de coronas a quien lograra filmarlo. No lo logró nadie, y la oferta quedó en pie. Se cobró quince años después.
Cronología: los hechos documentados de Lagarfljótsormur
1345La única entrada de anales. El Skálholtsannáll, impreso por Gustav Storm en 1888 en la página 211, registra que «se vio una cosa extraña al este, en el Lagarfljót y en Fljótsdalshérað, y saben los hombres que estaba viva; a veces parecía islas grandes, y a veces asoma lazadas con canales entre ellas, y de muchos cientos de brazas de largo; nadie sabe su grosor, y no se le ha visto ni cabeza ni cola, y por eso no saben los hombres qué prodigio era». No hay gusano, ni serpiente, ni nombre. El índice del propio Storm confirma que la noticia está solo en ese anal.
Diciembre de 1600La miscelánea analística de Gísli Oddsson anota que «se vio aquella enorme serpiente en el río Lagarfljót, con tres lazadas sobresaliendo del agua». Siguen entradas de 1606 (dos días seguidos, tres lazadas), un avistamiento de un hombre llamado Finni Gíslason y otra de 1624: «apareció la serpiente en el Lagarfljót de los orientales, y por cierto a muchos, lo cual vulgarmente se tiene por portento».
1638Gísli Oddsson, obispo de Skálholt, escribe el capítulo VI de De mirabilibus Islandiae. No tiene palabra islandesa para la criatura y toma prestado el noruego strandvorm, «aunque aquí bastante inadecuado, porque falta el propio»; registra los augurios (carestía de grano, peste, muerte de próceres), señala que nunca se le han visto cabeza ni cola, despacha como «fruslerías y fábula» el relato de que un obispo lo ató, y describe otros dos seres en la misma agua, uno con forma de foca monstruosa y otro de raya enorme.
1749-1750 (carta de 1750)Hans Wíum, sýslumaður de Múlasýsla, informa de avistamientos por gente con nombre y cargo: el lögsagnari Pétur en Ketilsstaðir á Völlum; una criatura del tamaño de una barca grande de seis remos frente a Arneiðarstaðir; tres jorobas observadas casi un día entero por la casa de Hrafngerði, «y había agua entre todas ellas muchos cientos de brazas»; y, en la primavera y el verano de 1750, monstruos «en los ríos que bajan al fljót, tres frente a Hrafnkelsstaðir»: la misma granja y las mismas aguas que el vídeo de 2012.
1772Eggert Ólafsson, en el libro de viajes que escribió con Bjarni Pálsson, propone que lo que la gente llama gusano son columnas de vapor. Es la explicación natural más antigua registrada, y no es zoológica. (Tomado aquí de Finnur N. Karlsson 1998; el propio Reise no se ha leído.)
1819Un objeto gris e informe, sin patas ni apéndices, es observado de sábado a domingo subiendo lentísimamente desde Hafursá hasta Hallormsstaður. Testigos con nombre: el reverendo Gunnlaugur de Hallormsstaður y Hinrik de Hafursá. El mismo texto añade que «mientras esto duró, el hielo iba bajando por el río».
1862 (recogido en 1845)Jón Árnason imprime «Ormurinn í Lagarfljóti» en I, 638-641, con esta procedencia: «según el relato de unos colegiales de Múlasýsla, 1845». El anillo de oro bajo un gusano de brezo, la caja de paños que revienta, los dos finlandeses que no pueden matarlo porque bajo el oro hay un segundo gusano, y las dos ligaduras. La cláusula del augurio habla de una sola joroba: «se tiene siempre por anuncio de grandes sucesos cuando se ve, por ejemplo años duros o pérdida de la hierba». La misma página recoge a los escépticos locales, que lo llamaban patraña y citaban a un cura que había cruzado a remo justo por encima del sitio para demostrar que allí no había nada.
1905Una lancha de motor de roble, de treinta y un pies, empieza a hacer travesías regulares por el Lögur y se llama Lagarfljótsormurinn. Durante buena parte del siglo XX, en la prensa islandesa la palabra designa ese barco.
Febrero de 1967Jón Jónsson entrega un informe de once páginas, «Skýrsla um gas í Lagarfljóti og víðar», al departamento geotérmico de la Dirección de Electricidad: la primera investigación técnica del gas que se filtra por el fondo.
1982Helgi Hallgrímsson publica «Undrin í Lagarfljóti. Er Lagarfljótsormurinn gufa?» —¿es vapor el gusano del Lagarfljót?— en Týli 12(1), 13-26, con un mapa en el que los lugares de avistamiento y las emanaciones de gas aparecen señalados juntos. El naturalista más identificado con el Lagarfljót pregunta si el gusano es un gas, no de qué especie es.
1987Halldór Ármannsson y Sigmundur Einarsson entregan «Gas í Lagarfljóti» como informe OS-87035/JHD-09 de Orkustofnun, veinticinco páginas. En julio siguiente, Helgi Hallgrímsson escribe en Austri que el gas «se conoce desde el siglo XIV, es decir, desde hace tanto como el Lagarfljótsormur, que parece indisolublemente ligado a él».
1997El ayuntamiento de Egilsstaðir convoca un concurso de dibujos del gusano y ofrece 500.000 coronas a quien consiga filmarlo. Nadie lo reclama, y el ayuntamiento deja la oferta en pie para el futuro.
Febrero de 2012Hjörtur E. Kjerúlf filma una forma larga y ondulante en el río helado que corre bajo la ventana de su cocina en Hrafnkelsstaðir, en Fljótsdalur —el Jökulsá í Fljótsdal, que alimenta el Lögur, y no el lago—, después de que aquello siguiera allí al terminarse el café. Lleva la cinta a la oficina de RÚV en Egilsstaðir; el informativo nacional la emite; otra persona la sube a YouTube. Kjerúlf nunca lo llama el gusano: «Esto no es en absoluto un montaje mío, eso es ridículo. No es ninguna broma.»
14 de febrero de 2012Benjamin Radford publica el análisis de Miisa McKeown, desde Finlandia, que comparó la posición de la cabeza del objeto con puntos fijos de la orilla a lo largo del vídeo y la encontró inmóvil. Con la cronología del propio Kjerúlf, Radford concluye que ese comportamiento es «completamente compatible con una red de pesca o un trozo de tela costrados de hielo y enganchados en una rama o una piedra bajo el agua, y completamente incompatible con un animal vivo».
17 de agosto de 2012El municipio de Fljótsdalshérað nombra una sannleiksnefnd, «comisión de la verdad», de trece miembros, para dictaminar sobre el vídeo de Kjerúlf y sobre una fotografía presentada por Sigurður Aðalsteinsson, de Vaðbrekka. El alcalde Björn Ingimarsson insiste en que el asunto se toma en serio y añade, riendo, que «lo más probable es que la comisión de la verdad siga trabajando hasta el final del mandato». El vídeo lleva 4,5 millones de visitas.
23 de agosto de 2014La comisión sale de excursión, para debajo de Hafursá á Völlum para otear el agua, interroga a Kjerúlf en Hrafnkelsstaðir y se reúne en Iðavellir. Su acta sostiene que en el río hay «una criatura o un ser que los métodos de la ciencia no han conseguido encontrar». Rechaza la fotografía de Sigurður por once votos contra uno y una papeleta en blanco, y acepta el vídeo de Kjerúlf por siete contra cuatro y dos en blanco. «¡El gusano existe!», dice el presidente, Stefán Bogi Sveinsson, que ya había declarado haber «perdido de vista hace mucho si nombrar esta comisión es broma o es en serio». Kjerúlf cobra las 500.000 coronas y otras 50.000 de la asociación local de turismo.
Octubre de 2017El equipo de rescate Ísólfur remolca la motonave Lagarfljótsormurinn —construida en Rusia en 1992, traída de Suecia en 1999, varada en el puertecillo del transbordador cerca de una década— hasta un punto debajo de la granja Setberg í Fellum. Un plan para convertirla en restaurante de 110 plazas no había conseguido licencia. Ya no navega nada por el Lögur con el nombre del gusano.
4 de octubre de 2020Fljótsdalshérað, el municipio que nombró la comisión y pagó el premio, deja de existir: se fusiona con Seyðisfjörður, Djúpivogur y Borgarfjarðarhreppur para formar Múlaþing. Fljótsdalshreppur, donde está Hrafnkelsstaðir, se queda fuera y sigue siendo un municipio aparte de unos noventa habitantes.
¿Hay una explicación racional para Lagarfljótsormur?
La explicación natural del gusano del Lagarfljót es islandesa, es antigua y nunca ha consistido en que el gusano sea un animal desconocido.
Finnur N. Karlsson trazó su genealogía en Múlaþing 25 (1998), en un artículo cuyo título es una pregunta que ningún criptozoólogo hace: «Uppruni ormsins í Lagarfljóti», el origen del gusano en el Lagarfljót. Empieza con ella: «El Lagarfljótsormur ha dado que pensar a la gente durante siglos; la creencia en él fue general mucho tiempo y su fama grande, dentro y fuera del país. Pero ¿cuándo nació la idea de que el Lagarfljót alberga un gusano?» En la página 37 da la cadena: «Eggert Ólafsson conjeturó, hace 220 años, en su libro de viajes y el de Bjarni Pálsson, que lo que la gente llamaba gusano eran columnas de vapor; Ólafur Davíðsson, en cambio, fue el primero en relacionar el gusano con el gas, en un artículo que escribió hacia el cambio del siglo pasado. Helgi Hallgrímsson ha apuntalado después esa teoría y la ha contrastado con las descripciones de los testigos oculares.» (El artículo de Finnur lo he leído en extractos, mediante la búsqueda a texto completo de timarit.is, no en el impreso; el Reise de Eggert Ólafsson de 1772 no lo he leído en absoluto, y su opinión la tomo aquí de Finnur.)
Son, pues, doscientos cincuenta años de naturalistas islandeses preguntándose qué proceso físico produce las jorobas, y ninguno preguntándose a qué especie pertenecen esas jorobas. El expediente técnico es largo. Jón Jónsson entregó en febrero de 1967 un informe de once páginas sobre el gas del Lagarfljót al departamento geotérmico de la Dirección de Electricidad. Helgi Hallgrímsson publicó «Undrin í Lagarfljóti. Er Lagarfljótsormurinn gufa?» —los prodigios del Lagarfljót: ¿es vapor el Lagarfljótsormur?— en Týli 12(1), 1982, páginas 13-26, y lo continuó con «Bein Lagarfljótsormsins» en el número navideño de Austri de 1987 y «Nýfundin heimild um Lagarfljótsorminn» en Glettingur 1(1) de 1991. Leó Kristjánsson publicó análisis químicos del gas en Týli 13(1) en 1983. Halldór Ármannsson y Sigmundur Einarsson firmaron «Gas í Lagarfljóti» como informe OS-87035/JHD-09 de Orkustofnun, veinticinco páginas, en 1987. Y en 1994-95 Náttúrufræðingurinn reprodujo el mapa que Helgi había hecho en 1982, con los principales lugares donde se ha visto el gusano y los lugares donde se ha encontrado emanación de gas señalados en la misma hoja: es el enunciado más compacto de la hipótesis que nadie ha hecho.
El propio Helgi lo dejó dicho en un periódico en 1988: «Puede decirse que el gas del Lagarfljót se conoce desde el siglo XIV, es decir, desde hace tanto como el Lagarfljótsormur, que parece indisolublemente ligado a él. Los agujeros en el hielo frente a Hreiðarsstaðir, las Nautavakir, ya se conocían cuando se escribió la Fljótsdæla en los siglos XV-XVI, y fueron justamente esos agujeros los que hicieron que se reconociera el gas como tal.» (Helgi publicó después, en Skrudda y en 2005, una monografía sobre el Lagarfljót con un capítulo largo sobre el gusano; no he podido leerla, y nada de lo que aquí se dice se apoya en ella.)
Las fuentes primarias aportan por su cuenta una segunda explicación, y es el hielo a la deriva. El avistamiento de 1819 frente a Hafursá —gris, informe, sin patas ni apéndices, subiendo lentísimamente durante dos días— está registrado junto con esta frase: «mientras esto duró, el hielo iba bajando por el río». A nadie de allí había que explicarle qué aspecto tiene el hielo en esa agua.
Lo cual lleva de un salto a febrero de 2012. Hjörtur E. Kjerúlf vio algo moviéndose en el río desde la ventana de su cocina en Hrafnkelsstaðir, siguió tomándose el café, al terminarlo comprobó que seguía allí y salió con una cámara. Llevó las imágenes a la oficina de RÚV en Egilsstaðir; el informativo nacional las emitió; otra persona las subió a YouTube, donde para aquel agosto llevaba cuatro millones y medio de visitas. Kjerúlf nunca dijo que fuera el gusano y lo aclaró entonces: «Esto no es en absoluto un montaje mío, eso es ridículo. No es ninguna broma.»
El análisis que lo desarmó lleva un nombre. Miisa McKeown, desde Finlandia, tomó capturas de pantalla en distintos momentos del vídeo y comparó la posición de la cabeza del objeto con puntos fijos de la orilla. Explicó a Discovery News por qué se puso a ello: «Estando al menos algo familiarizada con el hielo y con cómo se comportan en el agua los objetos congelados (vivo en Finlandia), no pude evitar que esto me intrigara. El movimiento era lo más fascinante, pero cuando me di cuenta de la velocidad a la que iba el agua pensé que muy bien podía producir ese efecto sobre un objeto flexible atrapado ahí.» El objeto no se mueve. Parece avanzar contra corriente y no avanza. Benjamin Radford, que publicó el resultado el 14 de febrero de 2012, añadió el dato de tiempo que lo remata: la cosa ya se había quedado quieta durante una taza de café y durante el rato que él tardó en ir a por la cámara. «Ese comportamiento es completamente compatible con una red de pesca o un trozo de tela costrados de hielo y enganchados en una rama o una piedra bajo el agua, y completamente incompatible con un animal vivo.»
El veredicto oficial fue en dirección contraria, y los responsables lo dijeron con los ojos abiertos. El 17 de agosto de 2012 el municipio de Fljótsdalshérað nombró una sannleiksnefnd, «comisión de la verdad», de trece miembros, para decidir si Kjerúlf —y Sigurður Aðalsteinsson, de Vaðbrekka, que había mandado una fotografía— se habían ganado el premio que Egilsstaðir ofreció en 1997. El alcalde, Björn Ingimarsson, dijo a Vísir que el asunto se tomaba en serio y añadió, riéndose, que «lo más probable es que la comisión de la verdad siga trabajando hasta el final del mandato». El presidente, Stefán Bogi Sveinsson, declaró el día en que por fin se reunieron: «Hace mucho que perdí de vista si nombrar esta comisión es broma o es en serio, pero nos dieron el encargo de pronunciarnos y terminar el trabajo.» Eran trece porque no se consideró razonable que los comisionados fueran menos que los Jólasveinar, los trece Papá Noeles islandeses.
El 23 de agosto de 2014 la comisión salió de excursión, paró debajo de Hafursá á Völlum para otear el agua —el sitio de 1819—, siguió hasta Hrafnkelsstaðir para interrogar a Kjerúlf y se reunió en el centro social de Iðavellir. Su acta al ayuntamiento, tras repasar «numerosos relatos de testigos fiables», sostiene que en el río hay «una criatura o un ser que los métodos de la ciencia no han conseguido encontrar», y anima a investigarlo más. Después votó dos veces. La fotografía de Sigurður: once en contra, uno a favor, una papeleta en blanco. El vídeo de Kjerúlf: cuatro en contra, dos en blanco, siete a favor. «¡El gusano existe!», dijo el presidente al leer el resultado. Kjerúlf cobró las 500.000 coronas, más 50.000 de la asociación local de turismo por haber promocionado la comarca, y comentó que el dinero era una menudencia al lado de la visita. Siete votos de trece es lo que decía en realidad el dictamen, y conviene anotarlo al lado de los titulares que produjo.
¿Se puede visitar Lagarfljótsormur?
Llegar al agua es fácil y no hay absolutamente nada que reservar. Egilsstaðir, el pueblo del extremo norte, está en la carretera de circunvalación, tiene el aeropuerto de la región y se asienta junto al puente donde el Lögur vuelve a estrecharse en río.
El Lögur —el ensanchamiento lacustre que casi todo el mundo entiende cuando dice Lagarfljót— tiene unos 25 km de largo y lo rodea una carretera acondicionada, la 931, en unos 70 km. Saliendo de Egilsstaðir en sentido antihorario se pasa por Hallormsstaðaskógur, el mayor bosque de Islandia, con el cámping y la playa de Atlavík a la orilla; luego la cabecera del valle, en Fljótsdalur; y de vuelta por el lado oeste, junto al aparcamiento de Hengifoss, desde donde un sendero señalizado de unos 2,5 km sube hasta la cascada de 128 metros. Las granjas que sostienen esta historia están todas en ese circuito y todas son casas particulares: Hafursá y Ketilsstaðir á Völlum en el lado este; Hreiðarsstaðir y Arneiðarstaðir en el oeste; Hrafnkelsstaðir, arriba, en Fljótsdalur. Se miran desde la carretera. No se entra en un corral a preguntar por un monstruo.
Hay dos cosas que el visitante probablemente espera y que no existen. La primera es el barco. Una motonave llamada Lagarfljótsormurinn, construida en Rusia en 1992 y llevada a la comarca desde Suecia en 1999, hizo travesías turísticas entre Egilsstaðir y Atlavík durante los años dos mil y anunciaba salidas «desde Atlavík casi todas las noches a las 21:00». Después pasó cerca de una década varada en el puertecillo del transbordador, en el extremo este del puente del Lagarfljót; un plan para convertirla en restaurante de 110 plazas no consiguió licencia; y en octubre de 2017 el equipo de rescate Ísólfur la remolcó hasta un punto debajo de la granja Setberg í Fellum, donde se crio su dueño. No hay cruceros del gusano.
La segunda es el color del agua. Toda fotografía anterior a 2007, incluida la de esta ficha, muestra una lámina pálida, somera y trenzada, con largas barras oscuras y bajíos dentro: exactamente la materia prima visual de «a veces parecía islas grandes». Desde que la central de Kárahnjúkar entró en servicio en 2007 y se completó en 2009, el río glaciar Jökulsá á Dal se desvía a este sistema y el Lagarfljót arrastra una carga fuerte de limo glaciar. La prensa islandesa y los propios informes ambientales de Landsvirkjun registran las consecuencias: turbidez muy aumentada, menos penetración de la luz, menos producción primaria y hundimiento de la población de salvelino. Vieran lo que vieran allí, el agua en la que pasaba ya no es la que hay.
Lo que sí merece la pena sobre el terreno: recorrer la 931 despacio y parar en los apartaderos frente a Hafursá y frente a Hreiðarsstaðir. Las vakir de Hreiðarsstaðir —las Nautavakir, manchas que nunca se hielan porque por ellas sube gas— son el hecho físico alrededor del cual se construyó toda la explicación natural, y en invierno se ven desde la orilla. No se camina sobre el hielo del lago para asomarse a unos agujeros que existen precisamente porque por ahí sale gas.
El Minjasafn Austurlands, el museo del patrimonio del este de Islandia, está en Laufskógar 1, 700 Egilsstaðir. Consultado en agosto de 2026, abre de 10:00 a 17:00 de lunes a viernes y de 11:00 a 17:00 los sábados entre el 1 de junio y el 31 de agosto, y de 11:00 a 16:00 de martes a viernes el resto del año; adultos 1.800 coronas, menores de 17 gratis, reducida y grupos de diez o más 1.200, audioguía 400. Su programa publicado trata de la historia de la región y no menciona al gusano. Ormsteiti, la fiesta de la cosecha y la cultura que se celebra en Egilsstaðir y su comarca todos los años desde 1993, le debe el nombre y, según su propia ficha, tampoco lo menciona por lo demás; ahora cae en septiembre.
Una nota administrativa, porque el papeleo de esta historia se ha movido. Fljótsdalshérað, el municipio que nombró la comisión de la verdad y pagó el premio, dejó de existir el 4 de octubre de 2020, al fusionarse con Seyðisfjörður, Djúpivogur y Borgarfjarðarhreppur para formar Múlaþing. Fljótsdalshreppur, el pequeño municipio de valle arriba en el que está Hrafnkelsstaðir y que tiene unos noventa habitantes, se quedó fuera de la fusión y sigue existiendo. Las dos cosas importan si uno va a buscar el expediente.
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