📜 LEYENDA · EXP. Nº0270
ACTIVO
La Sayona
La Sayona es una leyenda de Los Llanos, Barinas, VE —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.
¿De dónde viene la leyenda de La Sayona?
- Ubicación
- Los Llanos, Barinas, VE
- Tipo de leyenda
- Historia de fantasmas
- Coordenadas
- 8.623, -70.207
- Testimonios
- 0
- Última actualización
UBICACIÓN
¿Cuál es la leyenda de La Sayona?
En los Llanos de Venezuela se cuenta que la Sayona le sale de noche al hombre que anda de parranda: una mujer alta y hermosa, de pelo largo, que lo invita a seguirla por un camino solitario y que, cuando él se acerca, le enseña unos colmillos enormes. Esa escena lleva impresa desde abril de 1919, cuando Rómulo Gallegos la metió en un cuento; y en 1919 no tenía biografía: ni nombre, ni marido, ni madre, ni maldición. La historia de la mujer celosa llega mucho más tarde, y ninguna versión registrada coincide con otra en quién murió. El censo nacional de patrimonio recoge cuatro incompatibles entre sí —en una quema el rancho con su hijo dentro mientras el marido está preso; en otra la condena Dios y no su madre— y ninguna de las ocho fichas oficiales que hemos barrido cuenta lo que contábamos nosotros. El nombre viene de la prenda, la saya, y los estudiosos del llano llaman a la Sayona y a la Llorona la misma cosa. Hasta hay una Sayona que acabó detenida: en Achaguas, una vecina se disfrazaba de ella durante los apagones nocturnos, hasta que unos jóvenes la descubrieron.
¿Cuál es la historia de La Sayona?
La Sayona se cuenta como si viniera de la Colonia. Lo que se puede leer con una fecha delante empieza mucho después, y no empieza por su biografía: empieza por sus dientes.
Primero fue el vestido. En su glosario del habla venezolana, Lisandro Alvarado (1858-1929) anota la entrada «SAYÓN. Saya» y la atribuye a Miguel Carmona, «Diccionario indo-hispano, o venezolano-español» (Caracas, 1858-1859): a mediados del siglo XIX, «sayón» era en Venezuela una prenda, no un verdugo. Siglo y medio después, el I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano sigue explicando el nombre por ahí: la aparecida va «vestida con una túnica o saya larga, de ahí su nombre» (ficha «Sayona, leyenda», municipios Biruaca y Pedro Camejo, estado Apure).
La mención impresa más antigua que he podido leer entera es de abril de 1919. Es un cuento de Rómulo Gallegos, «Pegujal», publicado en la revista caraqueña Actualidades y fechado al pie «Caracas, abril de 1919». Al describir la noche del llano escribe: «la inquietante noche de las tierras malditas […] en cuya negrura fosforecen los espantosos dientes de la sayona que aguarda al nocherniego en la orilla del camino y lo invita a seguirla». Eso es todo lo que hay en 1919: unos dientes, un camino y una invitación. Ni nombre propio, ni marido, ni madre, ni incendio, ni maldición.
Alvarado le dio entrada propia poco después y tampoco supo contarle una vida: «La Sayona es una visión nocturna que fingen la imaginación popular y la leyenda, al par de otras que perduran en el folklore venezolano». Para documentarla echó mano de dos pasajes literarios: el de Gallegos que acabo de citar y otro que abrevia «A. Carias, Jacinto», obra que no he conseguido identificar. Alvarado murió el 10 de abril de 1929 y ese volumen no se imprimió hasta 1955, en las Obras completas que editó el Ministerio de Educación. Un lexicógrafo que apuntaba todo lo que sabía de una voz sabía de la Sayona que asusta de noche; no sabía quién había sido.
La biografía llega tarde, y llega con nombres propios. El relato completo más antiguo que he podido fechar está en un registro oficial: la ficha «Sayona de las montañas y sabanas» del I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano, municipios Páez y Rómulo Gallegos del estado Apure. Allí la mujer se llama Casilda; su hombre, Severiano, es parrandero; y el vecino que la pretende tiene apodo, Burro Tesero. Severiano mata sin querer a la negra Timotea en un baile y el comisario del pueblo se lo lleva preso. Aprovechando la ausencia del marido, Burro Tesero le dice a Casilda que Severiano se entiende con su propia madre. A la mañana siguiente, cuando la madre llega con el café de todos los días, Casilda prende candela al rancho con el hijo dentro y atraviesa a su madre con un cuchillo tres veces. La madre maldice antes de morir: «Me has quitado la vida Casilda. Me has quitado la vida Sayona; le has quitado la vida a tu propia madre que te trajo al mundo. ¡Maldita serás toda la vida! Sin Dios y sin Santa María andarás por todo el mundo en busca de los hombres mujeriegos para aliviar tus pecados […] Permita Dios que así sea». Entonces le brotan los colmillos.
Aquí está lo que nuestra ficha anterior había perdido. Nosotros contábamos que quemó la casa «con su esposo dentro». En el registro el marido está en la cárcel: quien arde es el hijo. No es un adorno. Es la pieza que enlaza a la Sayona con la Llorona, y los estudiosos del llano las tratan como la misma figura. Edgar Colmenares del Valle —el filólogo que editó el «Diario de un llanero» de Antonio José Torrealba, el baquiano que guio a Gallegos por Apure en 1927— la describe en «En el espejo de la memoria» (Barinas, 2000, p. 61), citado por Jenny González Muñoz, como «una mujer maligna, de rostro aparentemente hermoso, pero con grandes colmillos, que recorre de madrugada las calles de los pueblos llaneros, gritando y llorando con un niño muerto entre sus brazos». Al quitarle el hijo, nuestro resumen le había quitado el llanto.
Esa versión larga no es de un solo pueblo: el mismo texto, casi palabra por palabra, está registrado también en el municipio Barinas, y allí trae detalles que en la de Apure no aparecen. La mujer se presenta «de cabellera rubia», hace creer al hombre que vive sola para que la acompañe hasta su casa y, ya dentro, empieza a desvestirse mientras el cuerpo se le va convirtiendo «en una calavera con cara de sapo»; le teme «en demasía a la cruz de palma bendita y a los rezos»; y «cada hombre que asusta le quita un pecado de encima». Ese último detalle es el que cierra la maldición: la madre la condenó a buscar mujeriegos «para aliviar tus pecados», y aquí se explica cómo se alivian.
Y hay una tercera versión, más corta, registrada en otros tres municipios de Barinas —Obispos, el par Cruz Paredes-Arismendi y el par Rojas-Sosa—: «La Sayona es un relato originario de los Llanos y data de la época colonial. Se dice que es la historia de una mujer muy celosa que mató a su marido y a su mamá, pensando que éstos tenían un romance. Su madre, en la agonía de muerte, la maldijo diciéndole: Sayona serás para siempre y en nombre de Dios, que así sea». Ese párrafo es, salvo comas, el mismo que se publicó en Wikipedia en español el 13 de noviembre de 2008. El volumen de Obispos lleva impreso el rótulo del censo «2004-2007», anterior al artículo; el de Cruz Paredes-Arismendi, «2004-2010», posterior. No puedo decir quién copió a quién, y esa es la conclusión honrada: no son tres testimonios independientes, es un solo texto que circula, y una parte de lo que parece tradición registrada es un párrafo fotocopiado.
Y ninguna versión registrada coincide con otra en quién murió. El capítulo que Carmen Pérez Montero dedicó a la Sayona en el estado Portuguesa se abre con un resumen suyo, sin informante detrás, y dice otra cosa: «era una mujer muy bonita, pero muy celosa, extremadamente celosa, y por sospechas de infidelidad mató a su marido»; solo el marido. Y sale «vestida con una saya blanca». Detrás vienen los testimonios en primera persona, cada uno encabezado por el nombre de quien lo cuenta —Juan Francisco Tovar, Francisco Ignacio Pérez, Antonio «Toñito» Angulo de 42 años, Tomasa Pérez de 85—, y ninguno de ellos cuenta el origen: cuentan encuentros. El glosario llanero de Erics Blanco (2024) dice lo contrario: «una mujer que por celos mató a su propia madre»; solo la madre. La primera versión del artículo de Wikipedia en español, del 13 de noviembre de 2008, mata a los dos y no le pone nombre a nadie, con una maldición distinta: «Sayona serás para siempre, y en nombre de Dios, que así sea». El nombre «Melissa» que llevaba nuestra ficha no aparece en ninguna de estas fuentes.
Y todavía hay una cuarta, en el municipio Pedraza, que no se parece a ninguna de las otras: «se trataba de una mujer malvada que por celos asesinó a su marido y mató a sus hijos. Como castigo, Dios la condenó a ser espantosa y a deambular por las calles de noche suplicando el perdón». Aquí no hay madre, no hay puñaladas y no hay maldición materna: el que condena es Dios, y lo que ella hace de noche no es cazar hombres, es pedir perdón. Cuatro versiones registradas por el mismo censo, en el mismo llano, y ninguna coincide con otra en quién murió ni en quién maldijo.
Lo que sí se repite a lo largo de un siglo entero es corto y es siempre lo mismo: una mujer hermosa, alta, de pelo largo, en un camino solitario y de noche; una invitación; y, cuando el hombre se acerca, los colmillos. Y un destinatario: el parrandero, el mujeriego, el que anda fuera de casa a horas en que no se debe andar.
Cronología: los hechos documentados de La Sayona
- 1858-1859 El Diccionario indo-hispano, o venezolano-español de Miguel Carmona (Caracas) registra la voz venezolana «sayón» con el significado llano de «saya», la falda o prenda larga. Lisandro Alvarado se lo atribuye así en su propio glosario. La prenda que le da nombre al espanto está documentada décadas antes de que ningún texto describa al espanto.
- abril de 1919 Rómulo Gallegos publica el cuento «Pegujal» en la revista caraqueña Actualidades. En un pasaje sobre la noche del llano escribe de «los espantosos dientes de la sayona que aguarda al nocherniego en la orilla del camino y lo invita a seguirla». Es la mención impresa más antigua que he podido leer entera, y no contiene ningún relato de origen.
- antes del 10 de abril de 1929 Muere Lisandro Alvarado en Valencia. Entre sus papeles inéditos está la entrada SAYONA: «La Sayona es una visión nocturna que fingen la imaginación popular y la leyenda». La documenta con dos citas literarias y no le atribuye nombre, ni crimen, ni maldición. El volumen no se imprimirá hasta 1955.
- 1955 El Ministerio de Educación imprime la segunda parte de los Glosarios del bajo español en Venezuela de Alvarado como volumen III de sus Obras completas. La entrada SAYONA sale a la luz por primera vez, veintiséis años después de la muerte de su autor.
- 1973 En Achaguas (Apure), Cadafe empieza a suministrar energía eléctrica las veinticuatro horas. El censo de patrimonio registra que hasta entonces el pueblo convivió con una mujer que se disfrazaba de La Sayona en cuanto se apagaba la planta a las diez de la noche, y a la que un grupo de jóvenes acabó descubriendo y apresando.
- 2000 Edgar Colmenares del Valle publica «En el espejo de la memoria» (Barinas). Trata «La Sayona o la Llorona» como una sola figura: un rostro hermoso con grandes colmillos que recorre de madrugada las calles de los pueblos llaneros «gritando y llorando con un niño muerto entre sus brazos». El niño muerto es el detalle que la mayoría de las versiones deja caer.
- 2004-2007 El I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano registra la ficha «Sayona de las montañas y sabanas» para los municipios Páez y Rómulo Gallegos del estado Apure. Es la versión completa más antigua que se puede fechar: Casilda, Severiano preso, el vecino Burro Tesero, el rancho quemado con el hijo dentro, la madre apuñalada tres veces y la maldición citada a la letra.
- 13 de noviembre de 2008 Un usuario crea el artículo «La Sayona» en la Wikipedia en español. Su versión del origen mata al marido y a la madre, no le pone nombre a nadie y da la maldición como «Sayona serás para siempre, y en nombre de Dios, que así sea». El mismo párrafo, casi literal, está registrado en dos municipios del estado Barinas dentro del censo de patrimonio; el volumen de Obispos lleva el rótulo «2004-2007», anterior a este artículo. No he podido establecer quién copió a quién.
- 2014 La Fundación Empresas Polar publica «Mitos y leyendas del estado Portuguesa», de Carmen Pérez Montero, una recopilación de testimonios con informantes identificados por nombre y edad. Ninguno de los cuatro relatos de la Sayona cuenta su origen: dan una saya blanca, colmillos largos, «los ojos en candela» y encuentros de camino. El único origen del capítulo está en el resumen de la propia compiladora, y allí la mujer mata a su marido y a nadie más.
- 2024 El «Vocabulario coloquial del llanero» de Erics Blanco, hecho a partir de entrevistas a campesinos y cultores llaneros, la define como «una mujer que por celos mató a su propia madre» y añade que la leyenda «no es originaria del Llano, ya que en España, en México y otros pueblos iberoamericanos también la tienen».
¿Hay una explicación racional para La Sayona?
La explicación mejor documentada no la ha puesto un escéptico de fuera: está en el propio registro estatal, con pueblo, con mecanismo y con fecha de caducidad.
En Achaguas (Apure) la planta eléctrica del pueblo daba luz desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche, y antes de pararse avisaba tres veces, cada cinco minutos, con tres apagones rápidos, para que la gente se metiera en casa. El Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano registra que en esas horas sin luz «se crearon muchas anécdotas, como es el caso de la mujer que se disfrazaba como La Sayona después que [a]pagaban la luz de la planta. Durante mucho tiempo los pobladores se mantuvieron preocupados por la existencia de este fantasma, hasta que fue descubierta por un grupo de jóvenes quienes se dieron cuenta que era una trama, logrando apresar a quien hacía de La Sayona». Y da el final: «Así vivió la población de Achaguas hasta el año 1973 cuando Cadafe suministró de forma permanente la energía eléctrica al poblado las 24 horas del día». Un espanto con horario de apagón, una impostora detenida y una fecha en que se acabó al llegar la luz.
Y no es el único caso registrado de Sayona desmontada. En La Unión, municipio Cruz Paredes (Barinas), el catálogo recoge de Benito Pérez Flores que tres vecinos del pueblo —Sebastián Herrera, Manuel Valdez y Rafael Muñoz— se dedicaron durante años a asustar a la gente: después de beber, hacían con unos cachos de ganado «un extraño sonido» parecido a un llanto de tristeza que se asociaba con el de la Sayona. El prefecto del lugar salía a buscar el origen del ruido acompañado de un policía «porque estaban convencidos de que no existía tal espanto», y acabó pillándolos el día que bebieron de más.
Conviene decir también cuánto se ha mirado. He barrido trece volúmenes municipales del censo de patrimonio de los estados Apure y Barinas, unas 718.000 palabras: la Sayona sale 33 veces, en nueve de los trece volúmenes, y en cuatro no sale ni una. Hay ocho fichas dedicadas a ella y seis traen relato de origen, repartidas en cuatro versiones incompatibles. El que contaba nuestra ficha —quemar la casa con el marido dentro— no está en ninguna de las ocho. Control positivo del mismo barrido, para descartar que el problema fuera mi búsqueda y no el corpus: «Silbón» sale 41 veces y «Llorona», 22.
El segundo argumento es de cronología, y se mide. En 1919 el relato no tenía biografía; en el glosario que Alvarado dejó escrito antes de morir en 1929 tampoco. La historia de la mujer celosa, con nombres propios y maldición literal, no la he encontrado impresa hasta los años dos mil. Eso no demuestra que nadie la contara antes —una búsqueda en textos impresos no alcanza a lo que se dice en voz alta—, pero sí que la aparición viajó sola durante décadas y que la biografía se le añadió después.
El tercero es que las versiones no se ponen de acuerdo en lo esencial. En el censo de Apure la mujer quema a su hijo y apuñala a su madre, y el marido está preso. En Portuguesa mata al marido. En Pedraza mata al marido y a sus hijos, y quien la condena es Dios. En el glosario de Erics Blanco mata solo a la madre. En Wikipedia mata a los dos y no se llama de ninguna manera. Un relato que no consigue sostener quién murió no es el recuerdo de un suceso: es una explicación que se le ha ido poniendo a una aparición que ya existía.
Hay además dos voces que la sacan del llano. Erics Blanco, que compiló su vocabulario entrevistando a campesinos y cultores llaneros, escribe sin rodeos: «Esta leyenda no es originaria del Llano, ya que en España, en México y otros pueblos iberoamericanos también la tienen». Y en su mismo glosario la Llorona aparece como «creencia de la llanura traída por los conquistadores españoles», con la coletilla «en el llano es conocida como la Sayona». Colmenares del Valle y González Muñoz las nombran juntas, «La Sayona o la Llorona». Son opiniones de especialistas, no una demostración: las doy con nombre para que se puedan discutir.
Queda lo que la leyenda hace, que es lo menos misterioso y lo más comprobable. En los testimonios de Portuguesa la Sayona no aparece nunca a cualquiera: le sale al hombre «galante y enamorado» que va solo de noche, al que da la cola a una desconocida, al que presume de que no le tiene miedo. La suegra del cuento de Wikipedia lo dice mejor que cualquier análisis: «¡Ay mijito, tú como que le estás montando los cuernos a mi hija!». En una sabana donde el peligro nocturno es real, el relato regula quién sale, con quién y a qué hora.
Un último aviso honesto sobre los límites de todo esto. Nada de lo anterior sirve para negar que alguien viera algo: los testimonios recogidos son de personas con nombre y edad que cuentan lo que les pasó. Lo que se puede sostener con documentos es más modesto y más interesante: que el nombre viene de una prenda, que los dientes están impresos desde 1919, que la biografía llegó mucho más tarde y en versiones incompatibles, y que en un pueblo de Apure hubo una Sayona a la que se pudo detener.
¿Se puede visitar La Sayona?
No hay ningún sitio que visitar, y conviene decirlo antes que nada. La Sayona no tiene casa, ni tumba, ni santuario: es un espanto de camino. La chincheta de nuestro mapa señala la ciudad de Barinas por convención, para poder colocarla en el llano; no marca un lugar donde ocurra la historia.
Los registros oficiales sí la localizan, y en varios sitios a la vez. El I Censo del Patrimonio Cultural Venezolano la sitúa «en las afueras del poblado de Sabanas de Bagazú», municipio Biruaca (Apure); en las montañas de San Camilo, municipios Páez y Rómulo Gallegos, donde se les aparece a los peones que llevan ganado hacia San Cristóbal; y como creencia de todo el municipio San Fernando. Los testimonios que Carmen Pérez Montero recogió en Portuguesa la ponen en la quebrada de Araure, en el sitio llamado Los Palmares y en la carretera vieja hacia San Carlos. Ninguno de esos puntos es un monumento: son caminos.
Lo que sí se puede consultar, y gratis, son los documentos. Los volúmenes municipales del Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano están completos en PDF; el capítulo «La Sayona» del libro de Pérez Montero se descarga suelto de la biblioteca digital de la Fundación Empresas Polar; los Glosarios de Lisandro Alvarado están en la Biblioteca Nacional de Venezuela; el «Vocabulario coloquial del llanero» de Erics Blanco lo publica en abierto la Fundación Editorial El perro y la rana; y «Pegujal», el cuento de Gallegos de 1919, se lee entero en dos bibliotecas digitales distintas. Es una leyenda que se estudia mejor desde el ordenador que sobre el terreno.
Si aun así se quiere ir al llano, el aviso es serio y no es nuestro. El Ministerio de Asuntos Exteriores de España recomienda no viajar a Venezuela a menos que sea necesario, señala las zonas fronterizas con Colombia —Apure entre ellas— por la actuación de guerrillas, y desaconseja expresamente viajar por el interior del país de noche. Es, literalmente, la hora y el sitio de la Sayona (recomendación consultada el 16 de agosto de 2026).
Sobre la fotografía de esta ficha: es una escultura moderna de la Sayona al aire libre, no una pieza histórica. La ficha de Wikimedia Commons la describe como «Estatua de la Sayona en los llanos venezolanos», la firma el usuario Neotours, está fechada el 1 de enero de 2007 y se subió el 5 de julio de 2019 con licencia CC BY-SA 4.0. No he podido confirmar en qué localidad está, así que la damos por lo que es: una imagen del personaje, no un lugar al que ir.
Fuentes consultadas
- Rómulo Gallegos, «Pegujal» — Actualidades (Caracas), 1919 hemeroteca
- Lisandro Alvarado, «Glosarios del bajo español en Venezuela, segunda parte: neologismos y arcaísmos (Obras completas, vol. III)» — Ministerio de Educación, Caracas, 1955 libro
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2007: municipios Páez y Rómulo Gallegos, estado Apure» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2007 informe
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano: municipio San Fernando, estado Apure» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2005 informe
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2008: municipios Achaguas y Muñoz, estado Apure» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2008 informe
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2007: municipios Biruaca y Pedro Camejo, estado Apure» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2007 informe
- Carmen Pérez Montero, «Mitos y leyendas del estado Portuguesa» — Fundación Empresas Polar, Caracas, 2014 libro
- Jenny González Muñoz, «Los espantos de la sabana: leyendas y religiosidad de los Llanos venezolanos» — Horizonte, vol. 11, n.º 30, pp. 572-592, 2013 académico
- Erics Blanco, «Vocabulario coloquial del llanero. De uso en faenas, cantos y diversiones» — Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2024 libro
- Wikipedia en español, «La Sayona (primera versión del artículo, 13 de noviembre de 2008)» — Wikimedia Foundation, 2008 web
- Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, «Recomendaciones de viaje: Venezuela» — Gobierno de España, 2026 web
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2006: municipio Barinas, estado Barinas» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2006 informe
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2010: municipios Cruz Paredes y Arismendi, estado Barinas» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2010 informe
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2007: municipio Obispos, estado Barinas» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2007 informe
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2006: municipio Pedraza, estado Barinas» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2006 informe
- Instituto del Patrimonio Cultural, «Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2010: municipios Rojas y Sosa, estado Barinas» — Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2010 informe
Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido
📎 Fuente: Enigma Atlas
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