👻 LUGAR EMBRUJADO · EXP. Nº9475
ACTIVO
Catacumbas de los Capuchinos
Catacumbas de los Capuchinos es un lugar reputado como embrujado en Sicily, IT. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Catacumbas de los Capuchinos?
- Ubicación
- Sicily, IT
- Tipo
- Cementerio
- Coordenadas
- 38.112, 13.341
- Testimonios
- 0
- Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Catacumbas de los Capuchinos está embrujado?
Bajo el monasterio capuchino de Palermo, en Sicilia, las Catacumbas de los Capuchinos exhiben más de mil doscientos cuerpos momificados —la cifra de «ocho mil» que circula por internet confunde a los enterrados durante siglos con los expuestos hoy—. La tradición no empezó por voluntad de conservar a nadie: al vaciar la fosa vieja en 1599, los frailes encontraron cuarenta y cinco cuerpos incorruptos, y el primero depositado en el cementerio nuevo fue el hermano Silvestro da Gubbio. Después vinieron los palermitanos acomodados, que pagaban por estar allí. La mayoría son momificaciones naturales —desecación, vinagre, relleno de paja—, no embalsamamientos. El cementerio cerró en 1880 y solo admitió dos cuerpos más por excepción: el último es Rosalia Lombardo, muerta el 6 de diciembre de 1920 sin cumplir los dos años, cuya conservación asombrosa le valió el apodo de «la Bella Durmiente». Se le atribuye una fórmula del embalsamador Alfredo Salafia, pero conviene decir que el asunto sigue en disputa en revistas científicas: no existe escrito de Salafia diciendo que la embalsamara él, ni se le ha tomado nunca una muestra que lo confirme.
¿Cuál es la historia de Catacumbas de los Capuchinos?
Las Catacumbas de los Capuchinos de Palermo no son una casa encantada. Son un cementerio que nunca cerró la puerta al público, y lo más útil que uno puede saber antes de bajar la escalera es que casi todos los que están de pie en esos pasillos son el pariente de alguien, colocados ahí a propósito, con nombre y apellidos, con el consentimiento de la familia y pagados por ella.
Los frailes se instalaron en la iglesia de Santa Maria della Pace en 1534 y enterraban a sus muertos en una fosa común que se abría como una cisterna bajo el altar de Santa Ana: bajaban los cuerpos envueltos en una sábana. Hacia 1597 la fosa se había quedado pequeña y empezaron a excavar un cementerio mayor detrás del altar mayor, en la toba blanda que hay bajo el convento. Dos años después estaba listo. Al trasladar los restos de sus hermanos de la fosa vieja a la nueva se encontraron con que cuarenta y cinco cuerpos no se habían corrompido. Los frailes lo interpretaron como un signo del favor divino y, en lugar de volver a enterrarlos, los pusieron de pie en nichos a lo largo del primer corredor. La literatura científica considera aquella exhumación el hecho fundacional de toda la tradición. El material de visita de las propias catacumbas añade un dato que conviene tener: el primer cuerpo depositado deliberadamente en el cementerio nuevo fue el de fray Silvestro da Gubbio, todavía expuesto con un cartel que recuerda la fecha, 16 de octubre de 1599.
Lo que vino después no era embalsamamiento: era desecación, industrializada. El cuerpo se llevaba al colatoio, una sala de escurrido, se tendía sobre tubos de terracota para que soltara los líquidos y la sala se cerraba durante cerca de un año. El cadáver salía deshidratado, se sacaba al aire libre, se lavaba con vinagre, se vestía con su mejor ropa y, en muchos casos, se rellenaba de paja y estopa para que mantuviera la forma. La piel adquiría el color y la consistencia del cuero. En años de epidemia los frailes añadían baños de cal, y la guía de las propias catacumbas atribuye a un baño de arsénico la momia sorprendentemente coloreada de Antonio Prestigiacomo. Solo una minoría de los cuerpos recibió tratamiento antropogénico, con evisceración o inyección química.
El cementerio privado de una orden de frailes se convirtió en algo muy distinto cuando estos empezaron a admitir seglares. Desde 1783 podía entrar quien pudiera pagar el tratamiento, y el lugar se volvió un callejero de la sociedad palermitana ordenado por categorías: un corredor para los capuchinos con su sayal, otro para los sacerdotes con sus ornamentos, otro para los profesionales —médicos, abogados, pintores, oficiales—, uno para los hombres, otro para las mujeres con vestidos bordados y cofias de encaje, una capilla para las vírgenes, otra para los niños y un corredor que agrupa familias enteras. El objetivo no era exhibir. Era acceder. Bajo el culto decimonónico a las ánimas del purgatorio, conservar al muerto mantenía viva su identidad social y lo convertía en una entidad protectora; los parientes bajaban a visitarlo, a hablarle, a pedirle salud y suerte.
La magnitud de esa costumbre se subestima con facilidad. Los libros de difuntos que guarda la biblioteca del convento capuchino, revisados por el Capuchin Catacombs Children Project, registran unos 9.300 menores enterrados en las catacumbas solo entre 1819 y 1856, cifra abultada por las epidemias de cólera que mataron a más de 24.000 personas en Palermo entre 1826 y 1849. De ese enorme número, los investigadores calculan que lo que queda hoy en la cripta es en torno al 1,7 % de esa porción de los niños muertos de Palermo. A los niños se los veneraba como angioletti, angelitos, mediadores entre los vivos y el más allá; pero el estudio concluyó que lo que decidía si un niño era momificado no era su edad, ni su salud, ni la piedad de nadie. Era el dinero de la familia.
A los de fuera aquello les resultaba insoportable. Guy de Maupassant contó la visita en La Vie errante (1890): una fotografía del sitio a la venta en la calle y un palermitano que, cuando preguntó qué era eso, le respondió que no fuera a ver semejante horror, que era una cosa espantosa y salvaje que por suerte no tardaría en desaparecer. Fue igualmente. Anotó los cartones colgados del cuello con el nombre y la fecha —1880, 1881, 1882—, los ataúdes de cristal de los niños con la fotografía del niño vivo colgada junto al cadáver, los pobres amontonados bajo un tragaluz envueltos en tela negra, los curas con ornamentos dorados y la birreta resbalándoles hasta la nariz, escena que llamó el carnaval de la muerte. Y anotó las dos cosas que hoy ninguna guía cuenta: que las familias pagaban una cuota anual por mantener a su muerto en la pared y que, si dejaban de pagar, se le enterraba sin más; y que de vez en cuando caía una cabeza al suelo porque los ratones habían roído las ataduras del cuello.
El cementerio se cerró en 1880. Después se admitieron dos cuerpos por excepción: Giovanni Paterniti, diputado y vicecónsul de Estados Unidos, muerto el 1 de mayo de 1911, y, en diciembre de 1920, una niña que no había cumplido aún los dos años llamada Rosalia Lombardo.
Cronología: los hechos documentados de Catacumbas de los Capuchinos
- 1534 Los frailes capuchinos se establecen en Palermo, en la iglesia de Santa Maria della Pace, y entierran a sus muertos en una fosa común que se abre como una cisterna bajo el altar de Santa Ana, según la web de visita de las propias catacumbas.
- 1597 La fosa se llena y los frailes empiezan a excavar un cementerio mayor en la toba, detrás del altar mayor. Dos años después está listo.
- 1599 Al trasladar los restos de sus hermanos al nuevo cementerio, los frailes encuentran cuarenta y cinco cuerpos momificados de forma natural, lo interpretan como un signo de Dios y los colocan en nichos en lugar de volver a enterrarlos. Los primeros cuerpos se depositan en las catacumbas ese año; la web de visita nombra a fray Silvestro da Gubbio, con fecha de 16 de octubre de 1599.
- 1783 Los frailes abren el cementerio a todo el que pueda pagar el tratamiento, y la cripta privada de una orden se convierte en un callejero de la sociedad palermitana repartido en corredores por sexo, profesión y condición. Los menores se depositan allí desde 1787.
- 1826-1849 Las epidemias de cólera matan a más de 24.000 personas en Palermo. Los libros de difuntos del convento correspondientes a 1819-1856 registran unos 9.300 enterramientos de menores en las catacumbas; los investigadores calculan que hoy solo queda representado en la cripta en torno al 1,7 % de ese grupo.
- 1880 El cementerio deja de admitir enterramientos. Por esas fechas lo visita Guy de Maupassant, que lo describe en La Vie errante (1890): los cartones con nombre y fecha colgados del cuello, la cuota anual que pagaban las familias por mantener expuesto a su muerto, los ataúdes de cristal de los niños con la fotografía del niño vivo al lado y las cabezas que caían al suelo porque los ratones habían roído las ataduras del cuello.
- 1911 Giovanni Paterniti, diputado y vicecónsul de Estados Unidos, muere el 1 de mayo y es admitido por excepción en el cementerio ya cerrado, embalsamado por Alfredo Salafia. El 16 de noviembre de ese mismo año la empresa de Salafia registra en Nueva York la marca del Perfection Fluid, sin revelar la fórmula.
- 6 de diciembre de 1920 Rosalia Lombardo muere en Palermo poco antes de cumplir dos años y se convierte en una de las últimas personas admitidas en las catacumbas. La causa se ha dado como bronconeumonía, neumonía, gripe o difteria; nunca se ha hecho una prueba molecular.
- h. 1927-1933 Alfredo Salafia escribe, y deja inédito, el manuscrito palermitano Nuovo metodo speciale per la conservazione del cadavere umano intero allo stato permanentemente fresco. Muere en 1933.
- Febrero de 2007 Di Cristina, Gaziano y Magrì describen la existencia y el contenido de las memorias manuscritas de Salafia en el libro La Dimora delle Anime, dos años antes de que se anunciara el redescubrimiento, prioridad en la que insistirá luego el equipo crítico. El Sicily Mummy Project arranca también en 2007.
- 2009 Piombino-Mascali, Aufderheide, Johnson-Williams y Zink publican «The Salafia method rediscovered» en Virchows Archiv, citando el manuscrito inédito de Palermo. La fórmula publicada es glicerina, formalina saturada con sulfato y cloruro de zinc y una solución alcohólica saturada de ácido salicílico.
- 2013 Coinciden dos estudios el mismo año. Una tomografía de cuerpo entero de Rosalia, realizada en diciembre de 2010 dentro de su ataúd sellado de tapa de cristal y con solo la cabeza visible sobre una sábana, encuentra sus órganos internos notablemente conservados. Y un estudio microbiológico de las catacumbas registra concentraciones de esporas fúngicas superiores a 2.000 por metro cúbico en algunas zonas, clasificadas como riesgo potencial para la salud de los visitantes.
- 2019 Se construye para Rosalia Lombardo una vitrina patentada de atmósfera controlada pasiva, desarrollada con el instituto nacional italiano de metrología. Fotografías publicadas por un equipo crítico muestran los primeros signos de oxidación en su rostro ya en febrero de 2008.
- 2021-2023 El Capuchin Catacombs Children Project radiografía in situ 43 momias de menores, mientras un segundo equipo publica una serie de artículos que discuten la atribución del embalsamamiento de Rosalia a Salafia y corrigen un error de conversión de galones a litros presente en toda la bibliografía en inglés. Piombino-Mascali y Zink responden en 2023 defendiendo la atribución y advirtiendo de que más muestreo dañaría la momia de forma irreversible.
- 2024 Se publica en Frontiers in Medicine el estudio de los «angioletti»: siguen expuestos al menos 1.284 cuerpos momificados y esqueletizados, 163 de ellos menores, y lo que decidía si un niño era momificado era la riqueza y la posición de la familia, no su edad ni su salud.
¿Hay una explicación racional para Catacumbas de los Capuchinos?
Aquí hay poco que desmentir en el sentido habitual: nadie en la literatura científica sostiene que las catacumbas estén encantadas, y los frailes jamás las han vendido así. Lo que hay, en cambio, es un puñado de cifras y una historia célebre que casi toda la divulgación —incluido nuestro propio resumen anterior de esta ficha— cuenta mal.
El número de cuerpos está inflado seis veces. La cifra que se repite en todas partes, y que repetíamos nosotros, es de unos 8.000. Ninguna fuente que hayamos podido leer la sostiene. El Capuchin Catacombs Children Project, que tuvo acceso exclusivo a la colección, afirma que siguen expuestos al menos 1.284 cuerpos momificados y esqueletizados, de los cuales 163 son menores. El estudio microbiológico del sitio de 2013 habla de «más de mil ochocientos» cuerpos expuestos en los corredores o guardados en ataúdes. El reportaje de National Geographic de 2013 sobre el Sicily Mummy Project dice que Rosalia Lombardo «yace con otros 1.251»; A. A. Gill, en la misma revista en 2009, decía «aproximadamente 2.000». El rango real va de unos 1.250 a unos 2.000 según se cuenten o no los restos en ataúd. De dónde salen las decenas de miles no es ningún misterio: solo los libros de difuntos de 1819 a 1856 registran unos 9.300 enterramientos de menores. Allí se enterró a miles. Allí siguen en pie unos mil quinientos. Son dos frases distintas.
La mayoría no son momias embalsamadas. Son cuerpos desecados espontáneamente: secados en una sala cerrada, lavados con vinagre y vestidos. El embalsamamiento químico en Palermo es la excepción, no la regla.
Y el caso más famoso no es un misterio resuelto. Esta parte conviene leerla despacio, porque es una polémica viva en revistas con revisión por pares y en los dos bandos hay científicos publicados.
La versión conocida dice así: Rosalia Lombardo fue embalsamada en 1920 por Alfredo Salafia, que murió en 1933 llevándose su fórmula a la tumba, hasta que el antropólogo Dario Piombino-Mascali localizó a sus herederos y encontró la receta en unas memorias manuscritas. Esas memorias existen. Se citan en la nota de 2009 que anunció el hallazgo, en Virchows Archiv, como Nuovo metodo speciale per la conservazione del cadavere umano intero allo stato permanentemente fresco, manuscrito inédito escrito en Palermo hacia 1927-1933, y la fórmula publicada a partir de él es glicerina, formalina saturada con sulfato y cloruro de zinc y una solución alcohólica saturada de ácido salicílico.
Desde 2021, un segundo equipo —Raffaella Bianucci, Francesco Galassi, Andreas Nerlich, Luca Sineo y colaboradores, agrupados en el Human Embalming Project— ha publicado una serie de artículos que discuten casi todos los eslabones de esa cadena. Sus objeciones, tomadas del artículo de 2022 en el Italian Journal of Anatomy and Embryology, son concretas y comprobables: la existencia y el contenido de las memorias ya se habían descrito en febrero de 2007, dos años antes del anuncio, en el libro La Dimora delle Anime, de Di Cristina, Gaziano y Magrì; solo se han publicado extractos; no existe ninguna revisión independiente y completa del manuscrito; nunca se ha aportado un escrito de Salafia que diga que él embalsamó a Rosalia; jamás se ha tomado de su cuerpo, su ropa o su ataúd una biopsia, un frotis ni una muestra toxicológica, de modo que no hay prueba química de que fuera el Perfection Fluid lo que la conservó; y ninguna reproducción experimental del fluido ha funcionado hasta ahora. Añaden que un egiptólogo polaco, Andrzej Niwiński, ya había descrito una inyección de cera líquida en el embalsamamiento de Rosalia en un trabajo publicado en 1981, treinta años antes, tras leerlo en un folleto de las propias catacumbas.
En una continuación de 2023, ese mismo equipo demostró un error aritmético que atraviesa toda la bibliografía en inglés sobre Salafia: la cifra de 15 galones estadounidenses —57 litros— inyectados en un solo cadáver. Si se traduce con cuidado el extracto italiano de las memorias, argumentan, Salafia habla de al menos siete litros, es decir, 1,85 galones. Cincuenta y siete litros metidos en un cuerpo de 59 kilos sin drenar la sangre lo habrían hinchado y le habrían reventado el sistema vascular.
Piombino-Mascali y Albert Zink respondieron ese mismo año en Anthropologischer Anzeiger sosteniendo que la atribución a Salafia se apoya en un libro, dos documentos inéditos, la memoria familiar y la tradición de la comunidad capuchina de Palermo, más indicios indirectos coherentes con el manuscrito, y que el muestreo adicional que reclaman sus críticos dañaría de forma irreversible la conservación de la momia. Ahí sigue el asunto. El resumen honesto no es «el misterio se resolvió en 2009». Es: se recuperó y se publicó una fórmula, es muy probable que sea la que se usó, y nunca se ha confirmado químicamente sobre la propia Rosalia.
La causa de la muerte es igual de blanda. El artículo de tomografía de 2013 dice que «según se informa, murió de bronconeumonía»; la prensa repite neumonía; sus propios parientes, según el equipo crítico, hablaban de gripe o de difteria. No se ha hecho ninguna prueba molecular. Tampoco tenía dos años cumplidos: murió el 6 de diciembre de 1920, poco antes de su segundo cumpleaños.
Sobre el vídeo en el que abre los ojos. No hemos encontrado esa explicación en ninguna fuente que hayamos podido leer, así que no se la vamos a atribuir a nadie. Lo que sí podemos documentar es esto. A. A. Gill, mirándola para National Geographic en 2009, escribió que «tiene los ojos cerrados, las pestañas perfectamente conservadas». El estudio de tomografía de 2013 se hizo con ella dentro de su ataúd original sellado, de tapa de cristal, con solo la cabeza visible por encima de una sábana, y no describe movimiento de ninguna clase. Desde 2019 está dentro de una vitrina patentada de atmósfera controlada pasiva construida expresamente para ella. Una niña bajo dos láminas de cristal, fotografiada desde ángulos distintos y con luz cambiante por millones de teléfonos, produce fotogramas que no coinciden. La niña, no.
Lo que sí está cambiando es el deterioro. El equipo crítico publicó fotografías que muestran los primeros signos de oxidación en el rostro de Rosalia ya en febrero de 2008, y sostiene que el proceso ha seguido avanzando deprisa pese a la vitrina nueva. Al cuerpo del propio hermano de Salafia, Ernesto Salafia Maggio, embalsamado por él en 1914 y guardado en la misma cripta, se le rompió la tapa de cristal del ataúd en algún momento anterior a 2008; nunca se repuso, entraron agua e insectos y la mitad inferior del cuerpo se ha esqueletizado. Y esa «quietud opresiva» que los visitantes describen en los corredores profundos tiene un componente medible: el estudio de 2013 encontró concentraciones de esporas fúngicas superiores a 2.000 esporas por metro cúbico en algunas zonas, un nivel que sus autores clasifican como riesgo potencial para la salud de los visitantes, además de bacterias halófilas colonizando los muros y moho abundante sobre las propias momias. Maupassant, en 1890, le echaba la culpa a los ratones. Tampoco iba desencaminado.
¿Se puede visitar Catacumbas de los Capuchinos?
Las catacumbas están en la Piazza Cappuccini 1, 90129 Palermo, bajo el convento y la iglesia de Santa Maria della Pace, teléfono +39 091 652 7389. La plaza hace además de aparcamiento. Desde Palermo Centrale se llega en los autobuses 109 o 318 hasta Piazza Indipendenza y desde allí con el 327 o andando quince minutos por la via Cappuccini, girando a la derecha en el primer cruce hacia la via Pindemonte; en metro, bajarse en Palazzo Reale-Orleans, cruzar Piazza Indipendenza y hacer el mismo recorrido.
Horarios y precios, según la web de visita de las propias catacumbas consultada en julio de 2026: de 9:00 a 12:30 (último acceso 12:10) y de 15:00 a 17:30 (último acceso 17:10). Entrada 5 euros la general y 3 euros la reducida; para grupos se recomienda reservar por teléfono. Un aviso que conviene tomarse en serio: las páginas en italiano de esa web dan como días de apertura de lunes a domingo y las páginas en inglés dan de lunes a sábado, y la web arrastra además otras cifras desfasadas. Llame antes de montar un domingo alrededor de la visita. Como comprobación del precio, NBC News citaba en enero de 2022 el equivalente a 3,40 dólares, así que la entrada sigue siendo barata.
Está prohibido hacer fotos. También grabar vídeo y también tocar nada. La web lo dice sin rodeos y da dos motivos: la conservación de las momias y el cumplimiento de requisitos bioéticos. No es una norma de tienda de recuerdos y merece la pena entenderla antes de molestarse. El equipo que estudia estos restos ha publicado su marco ético en el American Journal of Biological Anthropology: la ley italiana trata a las momias como res extra commercium, cosas fuera del comercio; las momias infantiles del reciente proyecto de radiografías se anonimizaron tras números de código precisamente para que ningún niño concreto pudiera identificarse en las imágenes publicadas; y los investigadores defienden expresamente relatos «anclados en la autenticidad» y en contra del sensacionalismo. Rosalia Lombardo es la excepción deliberada a esa anonimización, porque ocultar su nombre no engañaría a nadie y porque la atención que atrae es lo que financia su conservación: así se pagó su vitrina climatizada.
Rosalia está al fondo del primer corredor, en la capilla de Santa Rosalia, entre otros dos ataúdes de niñas. Se le ve la cabeza y el pelo; el resto está bajo una sábana, y así ha estado también durante todo el trabajo científico sobre ella.
Un aviso práctico que no da nadie, y que está publicado. Esto es una cripta subterránea cerrada con un problema documentado de calidad del aire. El estudio microbiológico de 2013 encontró concentraciones de esporas fúngicas superiores a 2.000 esporas por metro cúbico en algunas zonas, un nivel que sus autores consideran obligado clasificar como riesgo potencial para la salud del visitante, y señaló que las normas italianas de control del clima interior en espacios patrimoniales no se habían aplicado allí. Para la mayoría de la gente eso no significa más que cuarenta minutos de olor a cerrado. Si tiene asma, alergia seria a los hongos, inmunosupresión o está embarazada, téngalo en cuenta. Ahí abajo hace fresco y hay humedad en cualquier estación: lleve una capa de ropa.
Y por último, el tono. Es suelo consagrado anexo a una casa religiosa en activo, no una atracción, y durante mucho tiempo la gente de las paredes tuvo familias que bajaban a hablar con ellos. Lo mejor que se puede llevar es la conciencia de que cada uno de ellos eligió estar ahí, o lo eligió por él alguien que lo quería y podía pagarlo.
Fuentes consultadas
- Kirsty Squires, Mark Viner, Wendy Hoban, Robert Loynes, Katherine van Schaik, Dario Piombino-Mascali, «The 'angioletti' of Palermo: the health and development of mummified non-adults in late modern Palermo, Sicily (1787-1880 CE)» — Frontiers in Medicine 11: 1443291, 2024 académico
- Guadalupe Piñar, Dario Piombino-Mascali, Frank Maixner, Albert R. Zink, Katja Sterflinger, «Microbial survey of the mummies from the Capuchin Catacombs of Palermo, Italy: biodeterioration risk and contamination of the indoor air» — FEMS Microbiology Ecology 86(2): 341-356, 2013 académico
- Guy de Maupassant, «La Vie errante, chapter 'La Sicile', pp. 66-73 (Paris: Paul Ollendorff; edition consulted 1899)» — Paul Ollendorff, Paris, 1890 libro
- Dario Piombino-Mascali, Arthur C. Aufderheide, Melissa Johnson-Williams, Albert R. Zink, «The Salafia method rediscovered (citing Salafia's unpublished Palermo manuscript 'Nuovo metodo speciale per la conservazione del cadavere umano intero allo stato permanentemente fresco', c. 1927-1933)» — Virchows Archiv 454(3): 355-357, 2009 académico
- Stephanie Panzer, Heather Gill-Frerking, Wilfried Rosendahl, Albert R. Zink, Dario Piombino-Mascali, «Multidetector CT investigation of the mummy of Rosalia Lombardo (1918-1920)» — Annals of Anatomy 195(5): 401-408, 2013 académico
- Raffaella Bianucci, Francesco M. Galassi, Tiziana Lanza, Grazia Mattutino, Andreas G. Nerlich, «What lies behind the embalmed body of Rosalia Lombardo (1918-1920)?» — Italian Journal of Anatomy and Embryology 126(1): 5-13, 2022 académico
- Raffaella Bianucci, Simon T. Donell, Francesco M. Galassi, Tiziana Lanza, Grazia Mattutino, Andreas G. Nerlich, Luca Sineo, «The Salafia embalming formula: do it well or don't do it at all» — Italian Journal of Anatomy and Embryology 127(1): 7-11, 2023 académico
- Dario Piombino-Mascali, Albert R. Zink, «Alfredo Salafia's handwritten memoir and the embalming of Rosalia Lombardo: a commentary» — Anthropologischer Anzeiger 80(1): 113-118, 2023 académico
- Dario Piombino-Mascali, Kirsty Squires, Albert R. Zink, «Ethical challenges in the bioanthropological and biomedical investigation of Sicilian mummies - past experience and future pathways» — American Journal of Biological Anthropology 186(1): e24946, 2025 académico
- Marco Samadelli, Albert R. Zink, Graziella Roselli, Serena Gabrielli, Shahin Tabandeh, Vito Fernicola, «Development of passive controlled atmosphere display cases for the conservation of cultural assets (the case built for the mummy of Rosalia Lombardo, Palermo)» — Journal of Cultural Heritage, 2019 académico
- A. A. Gill, «Where the Dead Don't Sleep (National Geographic magazine, February 2009 issue)» — National Geographic, 2009 web
- Jeremy Berlin, «Sicilian Mummies Bring Centuries to Life (30 January 2013)» — National Geographic, 2013 web
- Nicoletta Lanese, «Child mummies in Sicily's Capuchin Catacombs to be X-rayed (5 January 2022)» — Live Science, 2022 web
- Yuliya Talmazan, «Sicily's child mummies are a mystery. Scientists want to learn their stories. (5 January 2022)» — NBC News, 2022 web
- Catacombe dei Cappuccini di Palermo, «Catacombe dei Cappuccini di Palermo - visitor site: origins, history, mummification techniques, corridors, opening hours, admission, rules and access (consulted July 2026)» — catacombepalermo.it / palermocatacombs.com, 2026 web
Ficha revisada por V. Serrano el 31/07/2026 · Cómo verificamos el contenido
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