📜 LEYENDA · EXP. Nº0270
ACTIVO
El Dorado
El Dorado es una leyenda de Lake Guatavita, Cundinamarca, CO —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.
¿De dónde viene la leyenda de El Dorado?
- Ubicación
- Lake Guatavita, Cundinamarca, CO
- Tipo de leyenda
- Tesoro perdido
- Coordenadas
- 4.978, -73.777
- Testimonios
- 0
- Última actualización
UBICACIÓN
¿Cuál es la leyenda de El Dorado?
El Dorado no empezó siendo una ciudad, sino un hombre: un ritual muisca en el que un cacique recién elegido se cubría de polvo de oro y, sobre una balsa, arrojaba ofrendas de oro y esmeraldas a las aguas sagradas de la laguna de Guatavita, en el altiplano de la actual Colombia. Los conquistadores españoles que oyeron fragmentos del rito lo transformaron, a lo largo del siglo XVI, en el mito de todo un reino de oro escondido en algún lugar del interior de Sudamérica. La leyenda desató algunas de las expediciones más desastrosas de la época colonial, arrastrando a hombres como Gonzalo Jiménez de Quesada y, más tarde, sir Walter Raleigh, hasta lo más profundo del Amazonas y los Andes en busca de una ciudad que nunca existió. Se intentó incluso, en repetidas ocasiones, drenar la laguna de Guatavita para alcanzar el tesoro que se creía en su fondo. Aunque jamás se halló ninguna ciudad de oro, las ofrendas recuperadas de las lagunas andinas son reales, y El Dorado perdura como el arquetipo del tesoro inalcanzable: símbolo de codicia, obsesión y de hasta dónde es capaz de llegar la gente persiguiendo el rumor del oro.
¿Cuál es la historia de El Dorado?
El Dorado no fue nunca una ciudad. Fue un hombre.
En el altiplano cundiboyacense, en la actual Colombia, vivían los muiscas: agricultores, tejedores, comerciantes de sal y esmeraldas, orfebres extraordinarios que no tenían minas de oro propias. El metal les llegaba por trueque desde tierras bajas, y precisamente por eso entregarlo a una laguna era el gesto más caro que podían hacer. Las lagunas de la cordillera no eran paisaje: eran puntos de contacto con otros niveles del cosmos.
La descripción más detallada del rito la escribió hacia 1636 Juan Rodríguez Freyle en «El Carnero», que no se imprimió hasta 1859. Freyle no lo vio: cuenta que se lo relató el sobrino del último cacique de Guatavita. Según él, el heredero del cacicazgo debía ayunar seis años «metido en una cueva», sin mujeres, «ni comer carne, sal ni ají». El día de la investidura «se hacia una gran balsa de juncos», con cuatro braseros encendidos quemando moque, y al heredero «lo untaban con una tierra pegajosa i lo espolvoreaban con oro en polvo i molido». A los pies le ponían «un gran montón de oro i esmeraldas» para que lo ofreciese. Y a continuación Freyle escribe la frase que resume cuatro siglos de destrucción: «De esta ceremonia se tomó aquel nombre tan celebrado del Dorado, que tantas vidas ha costado i haciendas».
Antes que él, hacia 1541, entre los españoles de Quito ya corría el relato de un señor que se cubría de polvo de oro cada mañana y lo lavaba cada noche; Gonzalo Fernández de Oviedo lo recogió en su «Historia general y natural de las Indias». Entonces «el dorado» seguía designando a una persona.
La transformación en ciudad fue europea y bastante simple. Como resumió el crítico Jonathan McAloon a propósito de la exposición del British Museum de 2013, los conquistadores oyeron aquellas historias y se convencieron de que quien podía permitirse tirar tanto oro al agua debía de haber construido una ciudad entera con él. A partir de ahí, El Dorado empezó a moverse por el mapa. Jiménez de Quesada, que había alcanzado el altiplano muisca en 1537, salió de nuevo en 1569 hacia los Llanos y fracasó. Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana lo buscaron desde Quito en 1541 y acabaron descendiendo el Amazonas por accidente. El alemán Felipe de Utre murió decapitado en Venezuela en 1546 al volver de buscarlo. Walter Raleigh lo llamó Manoa, lo persiguió en 1595 y en 1617, y fue ejecutado en Londres en 1618. Ninguna de esas expediciones se sostuvo sola: todas se movieron sobre miles de indígenas obligados a cargar, guiar y morir en ellas.
Cronología: los hechos documentados de El Dorado
- 1537 Gonzalo Jiménez de Quesada alcanza el altiplano muisca en una expedición en busca de oro y da con la laguna de Guatavita.
- Hacia 1541 Entre los españoles de Quito circula el relato de un señor que se cubre a diario de polvo de oro. Gonzalo Fernández de Oviedo lo recoge en su «Historia general y natural de las Indias»: en esta fase «el dorado» sigue siendo un hombre, no un lugar.
- Hacia 1580 Antonio de Sepúlveda corta el borde del cráter para vaciar la laguna de Guatavita. Aparecen algunos objetos de oro en la orilla que queda al descubierto, pero un derrumbe frena la obra antes de que se vacíe.
- Hacia 1636 Juan Rodríguez Freyle escribe «El Carnero» en Santa Fe y da la primera descripción detallada del rito de investidura —el ayuno de seis años, la balsa de juncos, la tierra pegajosa y el oro en polvo—, y afirma sin rodeos que de esa ceremonia salió el célebre nombre del Dorado. El libro no se imprime hasta 1859.
- 1898 El ingeniero inglés Hartley Knowles funda una compañía para explotar la laguna, con bomba de vapor. Lo recuperado acaba subastándose en Sotheby's de Londres por 500 guineas.
- 1909 Contractor Limited excava un túnel para drenar la laguna. El fondo queda al descubierto, pero el lodo se cuece al sol hasta endurecerse como cemento y la obra se abandona; la laguna vuelve a llenarse.
- 1965 Las autoridades colombianas protegen la laguna y ponen fin a la busca de tesoros en el lugar.
- 1969 Cruz María Dimaté halla la balsa muisca dentro de una vasija de cerámica en una cueva de Pasca, al sur de Bogotá; no en Guatavita. Fundida de una sola pieza a la cera perdida y de 19,5 cm de largo, muestra un cacique central rodeado de diez figuras sobre una balsa. El Banco de la República la adquiere ese mismo año.
- 2024 Juan Pablo Quintero-Guzmán publica en «Latin American Antiquity» los resultados de una prospección de 2009 en el entorno de la laguna de Guatavita, y concluye que el lugar fue un santuario de ofrendas rituales a pequeña escala y no el escenario de las ceremonias espectaculares que describen los cronistas.
¿Hay una explicación racional para El Dorado?
Lo que sostiene la arqueología es más modesto —y más interesante— que lo que cuentan las crónicas.
En 2024 el arqueólogo Juan Pablo Quintero-Guzmán publicó en «Latin American Antiquity» una prospección hecha en 2009 en torno a la laguna de Guatavita. Su conclusión: el lugar funcionó como un santuario de ofrendas rituales a pequeña escala, no como escenario de celebraciones multitudinarias. El material recuperado apunta a una devoción sostenida y discreta, lejos de la ceremonia deslumbrante de los cronistas.
Conviene recordar cómo nos llegó: Rodríguez Freyle escribió un siglo después de la conquista, de oídas y sobre un rito que ya no se practicaba. No lo invalida, pero lo convierte en testimonio de segunda mano, no en observación.
De la ciudad de oro no hay nada: ni un muro, ni un plano, ni un hallazgo. Es una construcción del deseo europeo, el paso lógico y equivocado de «hay gente que arroja oro al agua» a «debe de existir una ciudad de oro».
Y la laguna es la mejor prueba. Hubo intentos de vaciarla desde 1545, con muchos trabajadores indígenas muertos. Hacia 1580 Antonio de Sepúlveda cortó el borde del cráter y bajó el nivel, pero un derrumbe frenó la obra; aparecieron algunos objetos en la orilla. En 1898 el ingeniero inglés Hartley Knowles montó una compañía con bomba de vapor y en 1909 se excavó un túnel: el fondo quedó casi seco y el lodo se coció al sol como cemento. Lo recuperado se subastó en Sotheby's de Londres por 500 guineas. Cuatro siglos de excavaciones para eso.
Un apunte final, porque el error se repite: la balsa muisca del Museo del Oro no salió de Guatavita. Apareció en 1969 dentro de una vasija, en una cueva de Pasca. Corrobora que el rito existió; no prueba nada sobre esa laguna.
¿Se puede visitar El Dorado?
Dos sitios que ver, y conviene hacer los dos.
La laguna de Guatavita está a unos 75 km al norte de Bogotá, entre los municipios de Sesquilé y Guatavita, a 3.000-3.100 metros. Abre de martes a domingo de 9:00 a 16:00 y cierra los lunes salvo festivo. El acceso está regulado: se entra en grupos con guía, en un recorrido de 90 minutos a dos horas por un sendero empinado. Las tarifas de 2026 publicadas por operadores locales oscilan entre 18.000 y 21.500 COP para colombianos y entre 25.500 y 31.000 COP para extranjeros; lleva efectivo y llega temprano los fines de semana, porque el aforo es limitado. Está prohibido bañarse. Está protegida desde 1965, cuando Colombia frenó la busca de tesoros. Avisos prácticos: la altitud se nota, llueve sin aviso, el sendero resbala y el calzado importa. El pueblo antiguo de Guatavita quedó bajo el embalse de Tominé en 1967; el que se visita hoy es Guatavita La Nueva.
El Museo del Oro está en Bogotá, en el parque Santander, carrera 6 con calle 16. Abre de martes a sábado de 9:00 a 19:00 y domingos y festivos de 10:00 a 17:00; cierra los lunes. La entrada cuesta unos pocos miles de pesos y los domingos es gratuita, pero varía por categoría: conviene comprobarla en la web del Banco de la República. La balsa muisca se expone en la sala «La ofrenda». Es pequeña —menos de veinte centímetros— y está sola en su vitrina: no busques una pieza monumental.
Fuentes consultadas
- Juan Rodríguez Freyle, «Conquista i descubrimiento del nuevo reino de Granada… (El Carnero)» — Imprenta de Pizano i Pérez, Bogotá, 1859 libro
- Juan Pablo Quintero-Guzmán, «El Dorado Offerings in Lake Guatavita: A Muisca Ritual Archaeological Site» — Latin American Antiquity, vol. 35, n.º 2, 2024 académico
- Museo del Oro / Enciclopedia del Banco de la República, «Balsa muisca» — Banco de la República de Colombia, 2026 archivo
- Stephen Hide, «A legend that lives on» — The City Paper Bogotá, 2014 hemeroteca
- Jonathan McAloon, «Lost Gold: Beyond El Dorado at the British Museum» — Apollo Magazine, 2013 hemeroteca
- Mark Cartwright, «El Dorado» — World History Encyclopedia, 2014 web
Ficha revisada por V. Serrano el 29/07/2026 · Cómo verificamos el contenido
📎 Fuente: Enigma Atlas
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