📜 LEYENDA · EXP. Nº0270 ACTIVO

La Patasola

En las montañas y los montes del Tolima y la zona cafetera colombiana se habla de la Patasola, un ser de una sola pierna.

¿De dónde viene la leyenda de La Patasola?

Ubicación
Tolima, Colombia
Tipo de leyenda
Leyenda de criatura
Coordenadas
4.439, -75.232
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de La Patasola?

Casi todo lo que internet cuenta de ella resulta ser reciente. El texto fechado más antiguo que se cita sobre ella es el capítulo I de la novela La marquesa de Yolombó, de Tomás Carrasquilla, publicada por entregas desde 1926, y allí el Patasola es masculino, no seduce a nadie, no tiene biografía, revienta frutales, cercas y techos con una pezuña hendida y, remata Carrasquilla, no se conoce contra que le valga. Un periódico de Manizales la empleó en 1931 para burlarse de las rondas nocturnas liberales en el pueblo cafetero de Fresno; una revista de Pasto la puso en 1938 entre los seres que salen al anochecer en el Tolima. Las historias de origen, entre ellas la de la mujer infiel asesinada por su marido, solo aparecen en las fuentes citadas desde 2005, en compilaciones y artículos de enciclopedia que se contradicen entre sí. Lo que sí tiene vida larga es más pequeño: el ojeo que echa, los grillos que mete en los oídos y una oración protectora que nadie logra terminar.
La Patasola, Tolima, Colombia
Ilustración de Rafael Yockteng, 2004. Wikimedia Commons la marca como dominio público citando una web ya desaparecida; la licencia está pendiente de revisión. Imagen: Rafael Yockteng · Public domain

¿Cuál es la historia de La Patasola?

Empecemos por la palabra, porque la palabra es más vieja y más llana que el monstruo. En el español rural colombiano patasola significa saltar a la pata coja. Así la usa de principio a fin Juegos y diversiones, de Célico Caycedo, un cuadernillo que Acción Cultural Popular imprimió en Bogotá para las escuelas campesinas y radiofónicas: en el juego del avión el jugador «salta al cuadro 2 y al 3 en patasola o pata de gallo (levantando un pie)», y entre las penitencias del final está «andar en patacoja o patasola o pategallo». El texto fechado más antiguo de los que se citan aquí en el que el nombre designa a un ser es el capítulo I de La marquesa de Yolombó, de Tomás Carrasquilla, que el periódico medellinense Colombia empezó a publicar por entregas en 1926. Y trae una sorpresa: la Patasola de Carrasquilla no es una mujer. Es masculino, y no seduce a nadie: «Aquí habita el Patasola, que, disparándose del monte, en tres zancadas, desgaja los frutales, rompe cercos, hunde techos y cuanto topa, con su única pezuña, hendida como la de un marrano babilónico. No se conoce contra que le valga». Ni belleza, ni adulterio, ni sangre. Una cosa con pezuña que revienta frutales, cercas y techos y, en la última frase, contra la que no vale nada. Esa última frase importa, porque es la que la leyenda pierde después. El pasaje está dentro de un catálogo de los espíritus de un real de minas antioqueño del siglo XVIII —los ilusiones, el Patasola, la Madremonte, el Patetarro (un gigantón con una sola pierna de carne y un trozo de guadua en el muslo mocho) y el invisible Bracamonte— y Carrasquilla dice de dónde cree que vienen: «Los terribles genios del África no dejan en paz a los negros, arrancados de su suelo por los civilizados, cazadores de hombres. Con los barcos negreros han atravesado el Atlántico Océano… a oír sus nombres traducidos al castellano, a mezclarse con las deidades indígenas». En el pasaje la Patasola no tiene pasado humano. Las dos apariciones fechadas que siguen son periodísticas, y las dos están en la prensa histórica digitalizada de la Biblioteca Luis Ángel Arango. El 14 de septiembre de 1931 el diario conservador La Patria, de Manizales, publicó una «Crónica del Fresno» —Fresno es un pueblo cafetero del norte del Tolima— fechada el día 6 y firmada solo «Corresponsal». Entre sus sumarios figura «Los espantos de la patasola». El corresponsal ha averiguado por qué los liberales del pueblo rondaban de noche armados de escopetas y peinillas durante las inscripciones electorales, y ofrece su explicación: han visto «la PATASOLA que sube por el camino de La Sierra», que toma chocolate en una casa, cena en otra, hace una visita por la calle de las carnicerías y va a dormir a casa de un jefe liberal; «es fama que la Patasola pasea la población a altas horas de la noche», y los hombres armados son su «guardia de honor». La pieza es una broma, y la broma es la prueba: en 1931 un periódico de Caldas montó un chiste de partido sobre la Patasola y lo imprimió sin una línea que explicara quién era. Siete años después reaparece en una revista del otro extremo del país. Idearium, mensual publicada en Pasto, saca en su número 8, del 1 de enero de 1938, el ensayo de Cesáreo Rocha Castilla «El San Juan en el Tolima» (págs. 367-375), una descripción larga y cariñosa de las fiestas de junio en el llano tolimense —La Chamba, Coyaima, el Saldaña, Chenche, Yaguará—. Cae la noche sobre la descabezada del gallo y la cabalgata, y Rocha Castilla enumera lo que sale con ella: «sale de un bosquecillo la madremonte, y en el peñón está el poira, y trisca por las lomas la patasola, y vuela bajito la candileja, y sale mandingas a hacer diabluras». Trisca: brinca, retoza. Es un renglón de una lista nocturna, sin biografía y sin crimen. Después viene un hueco: en 1942 el Ministerio de Educación colombiano hizo una Encuesta Folclórica Nacional y pidió a los maestros que anotaran lo que se creía en sus pueblos; se conservan 286 respuestas, y el Patronato Colombiano de Artes y Ciencias tiene digitalizado un conjunto de ellas, ocho del Tolima. Dos son de Honda, a orillas del Magdalena. La del Centro de Estudios Pedagógicos, remitida el 19 de octubre de 1942 por Salomón Rengifo Reina y firmada por quince maestros, tiene un apartado titulado «BRUJERÍA Y ADIVINACIÓN» que enumera una docena de agüeros —el colibrí que anuncia visita, la mariposa negra que anuncia muerte, el anillo colgado de un hilo que adivina el sexo de la criatura— y sentencia: «La superstición poco se conoce, y aunque se nombran muchos agüeros en realidad la mayoría de la gente no los toma en serio». Ni Patasola, ni Madremonte, ni Mohán. La segunda respuesta de Honda, la de las escuelas ambulantes, es aún más seca: bajo el mismo epígrafe un maestro escribió a máquina cuatro palabras, «No exite ninguna superstición», y alguien que leyó el legajo en Bogotá anotó al margen, a lápiz: «¡Qué raro!». De la biografía —la adúltera, el hacha, la sangre—, la versión fechada más antigua de las que se citan aquí es el artículo de Alexander Prieto Osorno en Rinconete, la revista digital del Instituto Cervantes, del 25 de octubre de 2005, y da dos orígenes incompatibles entre sí: una mujer hermosa y «extremadamente perversa» a la que la comunidad le amputa una pierna con un hacha, y una hija que maldice a su madre mientras parte la leña hasta que «el Diablo le tuerce el hacha» y se corta ella misma la pierna. En ninguno de los dos hay marido. El marido llega con el artículo de la Wikipedia en español, donde mata al patrón y le corta la pierna a su mujer de un machetazo; el artículo en inglés da tres orígenes, pone el hacha en el segundo, el de una tentadora mutilada por aquellos a quienes había dañado, y en el tercero, el de la esposa infiel, un marido que la asesina. Lo que sí tiene vida documental continuada es más pequeño y más raro: el ojeo. Prieto Osorno imprime la oración protectora —«Yo, como si, / pero como ya se ve… / Patasola, no hagas mal / que en el monte está tu bien»— y añade que el miedo siempre ha impedido a las víctimas terminarla. El mismo complejo aparece en trabajo de campo: un estudio de 2024 sobre las leyendas de Ibagué, de Néstor Guarnizo Sánchez y otros, en la revista Modulema, describe a una mujer rubia de una sola pierna que «se desplaza rápidamente con un vuelo de bruja», a la que los campesinos recurren para meter miedo a los niños y hacerlos obedecer, y que puede «retorcer sus ojos o introducir grillos en sus oídos»; la defensa es «la oración del monte», que —anotan— se olvida justo cuando hace falta. Los grillos en los oídos y una oración que nadie logra acabar son cosas extrañas de inventar dos veces. En Ibagué las leyendas viven hoy en la escuela y en la fiesta de junio. El estudio de Modulema de 2024 recoge que los vecinos asocian la enseñanza de los mitos sobre todo a colegios, universidades y al Festival Folclórico Colombiano, con sus comparsas y carrozas, y que los encuestados propusieron desfiles con carrozas alusivas a los mitos locales para promoverlos. La lista de Rocha Castilla de 1938 también se escribió sobre las fiestas de San Juan.

Cronología: los hechos documentados de La Patasola

  1. 1926-1928 Tomás Carrasquilla empieza a publicar por entregas «La marquesa de Yolombó» en el periódico medellinense «Colombia». El capítulo I contiene la descripción fechada más antigua del ser de las que cita esta ficha, y es masculina: «Aquí habita el Patasola… con su única pezuña, hendida como la de un marrano babilónico. No se conoce contra que le valga». Ni mujer, ni adulterio, ni sangre — y ningún remedio.
  2. 14 de septiembre de 1931 El diario conservador «La Patria», de Manizales, publica una «Crónica del Fresno», del norte del Tolima, fechada el 6 de septiembre y firmada «Corresponsal», con el sumario «Los espantos de la patasola». Se burla de los liberales que rondan armados de noche diciendo que han visto «la PATASOLA que sube por el camino de La Sierra» y que los hombres armados son su «guardia de honor». Es el uso fechado más antiguo del nombre para el ser en la prensa colombiana que cita esta ficha.
  3. 1 de enero de 1938 «Idearium», mensual publicada en Pasto, imprime el ensayo de Cesáreo Rocha Castilla «El San Juan en el Tolima» (págs. 367-375). Al describir el anochecer en el llano tolimense enumera lo que sale: «sale de un bosquecillo la madremonte, y en el peñón está el poira, y trisca por las lomas la patasola, y vuela bajito la candileja, y sale mandingas a hacer diabluras». Aquí no tiene historia, solo un puesto en la lista.
  4. 19 de octubre de 1942 La encuesta folclórica nacional llega a Honda, en el Tolima. La respuesta del Centro de Estudios Pedagógicos, firmada por quince maestros, enumera una docena de agüeros y concluye que «la superstición poco se conoce»; una segunda respuesta de Honda, la de las escuelas ambulantes, contesta al epígrafe «Brujería y adivinación» con cuatro palabras, «No exite ninguna superstición», junto a las cuales un lector en Bogotá anotó a lápiz «¡Qué raro!». Ninguna nombra a la Patasola.
  5. h. 1950 (y reedición de 1976) Acción Cultural Popular publica «Juegos y diversiones», de Célico Caycedo, para las escuelas campesinas. Usa «patasola» en todo el libro en su sentido corriente —saltar a la pata coja— en el juego del avión y en la lista de penitencias: «andar en patacoja o patasola o pategallo». El catálogo advierte de que la fecha de 1950 es aproximada.
  6. 25 de octubre de 2005 Alexander Prieto Osorno publica «Bestiario latinoamericano (III). La Patasola» en Rinconete, la revista digital del Instituto Cervantes. Da dos orígenes incompatibles —una comunidad que amputa con un hacha la pierna de una mujer «perversa» y una hija a la que el Diablo le tuerce el hacha—, imprime la oración protectora y cita a Carrasquilla cortando la frase que dice que contra él no vale nada.
  7. 14 de octubre de 2006 y 8 de agosto de 2009 El artículo de la Wikipedia en español se crea el 14 de octubre de 2006 y lo vacía siete minutos después un administrador con la nota «Copyvio encontrado». Se reinicia el 8 de agosto de 2009 con el resumen de edición «comienzo art con material desde wiki :en»: el texto español nace como traducción del inglés. El origen del marido y el machete que hoy se imprime allí desciende de ese reinicio.
  8. 12 de diciembre de 2024 Néstor Guarnizo Sánchez, Fabio Lizcano Prada, Robert Gutiérrez Ortiz y Misael Ariza Rodríguez publican en la revista Modulema un estudio de las leyendas de Ibagué. Su Patasola es rubia, de una sola pierna, vuela «con un vuelo de bruja», sirve para meter miedo a los niños y provoca grillos en los oídos y ojos torcidos; la defensa es «la oración del monte», que se olvida justo cuando hace falta. No hay adulterio ni marido.

¿Hay una explicación racional para La Patasola?

Aquí no hay nada que medir con instrumentos. Nadie aporta una fotografía, un molde de la pezuña ni un ejemplar, y el ser nunca se ha propuesto como animal por describir —lo cual merece decirse, porque esa conversión sí les ha ocurrido a otras figuras de una sola pierna—. El escepticismo honesto sobre la Patasola es documental, y corta en dos direcciones. Contra el relato moderno: su elemento más citado, la adúltera asesinada, es el que tiene el rastro de papel más corto. Los tres textos fechados más antiguos que se citan aquí —Carrasquilla en 1926, La Patria en 1931, Idearium en 1938— no le dan origen ninguno, y el de Carrasquilla ni siquiera es femenino. Las versiones que aportan un motivo son tardías e incompatibles entre sí (una comunidad con un hacha, una hija y el Diablo, un marido con un machete). El marco vampírico también tiene domicilio: el artículo de la Wikipedia en inglés respalda su «vampire-like lust for human flesh and blood» con Vampire Legends and Myths, un compendio divulgativo de 2012, y el artículo en español sostiene una de sus frases con un enlace a un foro chileno de bodas. La cadena también pierde una frase. Cuando Rinconete cita a Carrasquilla se detiene una frase antes y deja fuera «No se conoce contra que le valga», y en el párrafo siguiente afirma, en nombre de la tradición oral, que «sólo hay una forma para protegerse»: aprenderse de memoria una oración. La frase suprimida es justo la que desmiente lo que se afirma. Contra el exceso de sospecha: el complejo del ojeo no lo inventó internet. Los grillos en los oídos, los ojos torcidos y una oración protectora que nadie consigue terminar aparecen en un artículo del Instituto Cervantes de 2005 y otra vez en un estudio universitario de campo sobre Ibagué de 2024, y son demasiado concretos y demasiado inútiles para ser un copiar y pegar. Sobre la antigüedad, el artículo de Rinconete de 2005 dice que el mito «prosperó en la segunda mitad del siglo xix y comienzos del siglo xx» con la colonización de los bosques del centro de Colombia, y no cita documento alguno para esa datación. Las señales medibles apuntan más tarde: en el corpus español de Google Books la cadena patasola está plana en cero antes de los años veinte salvo dos años sueltos, 1834 y 1846; la vecina madremonte registra por primera vez en 1926, mientras que mohán, voz colonial, está ahí desde 1818. Es evidencia débil: ese corpus pesa mucho hacia lo impreso en España y representa mal lo impreso en Colombia, así que lo que muestra es una ausencia de letra impresa temprana en los libros que contiene. Las propias búsquedas dejan dos datos más: patasola es palabra corriente para saltar a la pata coja, de modo que los aciertos son ruidosos, y la única coincidencia anterior a 1920 en 987 números de prensa colombiana digitalizada (La Organización, Medellín, 2 de noviembre de 1910, «hasta el Patasola alcanza copa») es el apodo de un cojo en una fiesta. El barrido cubrió 16,8 millones de palabras; en la misma pasada madremonte, mohán y duende dieron 33 apariciones en 29 números, así que la búsqueda funcionaba. El resultado negativo más interesante es el de la encuesta de 1942. Un programa nacional montado para recoger exactamente este material preguntó a los maestros de Honda, en el Tolima, qué se creía en su pueblo, y recibió «la superstición poco se conoce» de una escuela y «No exite ninguna superstición» de otra. No prueba que allí no se conociera a la Patasola —Honda es puerto fluvial y plaza comercial, la carta de remisión dice que la localidad no tiene ninguna costumbre notable, y las dos respuestas suenan a gente instruida negándose a confesar supersticiones—. Pero recuerda que la creencia vivía en el monte y entre gente que no era la que rellenaba formularios del ministerio, y que los mapas seguros sobre «de dónde viene el mito» se apoyan en muy poco archivo.

¿Se puede visitar La Patasola?

La chincheta de esta página está en 4,4389° N, 75,2322° O, dentro del casco urbano de Ibagué, unos 3,5 km al oeste del punto que da para la ciudad la Wikipedia en español. Ibagué es la capital del Tolima, el departamento que más se nombra como territorio de la Patasola, y el monte por el que se dice que anda son fincas y bosques de propiedad privada. No existe placa, museo ni sendero en ninguna parte. La fecha fija de Ibagué es el Festival Folclórico Colombiano. La web del propio festival describe un desfile de San Juan el 24 de junio con carrozas monumentales dedicadas a los seres de la región: el Mohán, la Patasola, la Madremonte, la Llorona y los Tunjos. Ese desfile no aparece en la programación oficial de la 52.ª edición, publicada por el diario ibaguereño El Nuevo Día. Sitúa el festival entre el 29 de mayo y el 29 de junio de 2026, concentra la semana central entre el 22 y el 28 de junio y da el «Desfile de San Pedro (10:00 a.m.)» el día 28. Comprobado el 11 de septiembre de 2026, la portada del festival no publica programación fechada de ningún desfile de San Juan. Es la misma fiesta de junio que describía Cesáreo Rocha Castilla en 1938 cuando puso a la Patasola entre lo que sale al anochecer. El resto del itinerario es de archivo y gratuito. La Hemeroteca Digital Histórica de la Biblioteca Luis Ángel Arango tiene completos La Patria de 1931 e Idearium de 1938, con imágenes de página y texto buscable; la Biblioteca Nacional de Colombia publica el texto íntegro de La marquesa de Yolombó con licencia Creative Commons; y el Patronato Colombiano de Artes y Ciencias ha subido en PDF los cuestionarios conservados de la Encuesta Folclórica Nacional de 1942, ordenados por departamento y municipio, ocho de ellos del Tolima. Esos cuestionarios son escaneos sin capa de texto, así que no admiten búsqueda alguna, y buena parte están manuscritos. Fresno y Honda quedan los dos en la carretera entre Manizales y el Magdalena, y los dos salen en los documentos de arriba. Uno es la crónica de prensa fechada en Fresno el 6 de septiembre de 1931, que el periódico sumarió como «Los espantos de la patasola»; el otro son los cuestionarios de 1942 remitidos desde Honda, en uno de los cuales un funcionario del ministerio escribió «¡Qué raro!» al margen. Ninguno de los dos pueblos conmemora nada de esto.

Fuentes consultadas

  1. Tomás Carrasquilla, «La marquesa de Yolombó, capítulo I (pasaje de los genios del monte: el Patasola, la Madremonte, el Patetarro, el Bracamonte)» — Serializada en el periódico Colombia (Medellín) desde 1926; edición digital íntegra de la Biblioteca Nacional de Colombia, Bogotá, 2015 (ISBN 978-958-8959-01-6), licencia Creative Commons, 1926 libro
  2. «Corresponsal», ««Crónica del Fresno» (sumario: «Los espantos de la patasola»), corresponsal anónimo, fechada en Fresno el 6 de septiembre de 1931» — La Patria, Manizales, año 11, núm. 2723, 14 de septiembre de 1931 — leído en la Hemeroteca Digital Histórica de la Biblioteca Luis Ángel Arango, 1931 hemeroteca
  3. Cesáreo Rocha Castilla, ««El San Juan en el Tolima», págs. 367-375» — Idearium: revista mensual, Pasto, núm. 8, 1 de enero de 1938 — leído en la Hemeroteca Digital Histórica de la Biblioteca Luis Ángel Arango, 1938 hemeroteca
  4. Maestros de Honda, Tolima; Ministerio de Educación Nacional, «Encuesta Folclórica Nacional de 1942: dos cuestionarios del municipio de Honda (Tolima) — el del Centro de Estudios Pedagógicos, remitido el 19 de octubre de 1942 por Salomón Rengifo Reina, y el de las escuelas ambulantes» — Colección digitalizada del Patronato Colombiano de Artes y Ciencias (286 respuestas conservadas entre el Patronato y el Archivo General de la Nación; ocho del Tolima). PDFs de imagen sin capa de texto, 1942 archivo
  5. Célico Caycedo, «Juegos y diversiones (Biblioteca del Campesino, Colección Alegría): «patasola» como saltar a la pata coja, en el juego del avión y en las penitencias» — Acción Cultural Popular / Editora Dosmil, Bogotá, [h. 1950] y reedición de 1976 — fecha de 1950 marcada como aproximada por el catálogo, 1950 libro
  6. Alexander Prieto Osorno, «Bestiario latinoamericano (III). La Patasola» — Rinconete, Centro Virtual Cervantes, Instituto Cervantes, 25 de octubre de 2005, 2005 web
  7. Néstor Andrés Guarnizo Sánchez, Fabio Andrés Lizcano Prada, Robert Gutiérrez Ortiz y Misael Fernando Ariza Rodríguez, «Patrimonio cultural: un estudio integral de las leyendas del Tolima en la ciudad de Ibagué, Modulema 8, art. 7, págs. 122-146» — MODULEMA. Revista Científica sobre Diversidad Cultural, Universidad de Granada, 12 de diciembre de 2024, 2024 académico
  8. Wikipedia en español (consultado vía la API de MediaWiki), «Historial de ediciones y texto actual del artículo «Patasola» de la Wikipedia en español (creación y borrado por copyvio el 14 de octubre de 2006; reinicio el 8 de agosto de 2009 «con material desde wiki :en»)» — es.wikipedia.org, historial de 432 revisiones consultado el 16 de agosto de 2026, 2026 web
  9. Google Books Ngram Viewer, «Curva de frecuencia de «patasola», «madremonte» y «mohán» en el corpus español (es-2019), 1800-2022» — Consultado el 16 de agosto de 2026. Corpus muy escorado hacia lo impreso en España; sirve como indicio de ausencia de letra impresa temprana, no como prueba, 2026 web
  10. Festival Folclórico Colombiano / Alcaldía de Ibagué, «Festival Folclórico Colombiano de Ibagué: desfile de San Juan del 24 de junio, con carrozas del Mohán, la Patasola, la Madremonte, la Llorona y los Tunjos» — Programación oficial de la 52.ª edición, junio de 2026, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

Tu veredicto, agente: Yo también lo vi 0 Creíble 0 Dudoso 0

💬 Testimonios de campo (0)

Aún no hay testimonios. Añade el primero.

Añade tu testimonio

🔒 Entra para dejar un testimonio