📜 LEYENDA · EXP. Nº3657 ACTIVO

La Pincoya, espíritu del mar chilote

La Pincoya, espíritu del mar chilote es una leyenda de Chiloé, CL —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.

¿De dónde viene la leyenda de La Pincoya, espíritu del mar chilote?

Ubicación
Chiloé, CL
Tipo de leyenda
Mito
Coordenadas
-41.87, -73.829
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de La Pincoya, espíritu del mar chilote?

En Chiloé la Pincoya es la dueña de los mariscales, no una sirena, y el relato impreso más antiguo que tiene —dos páginas de Francisco J. Cavada en 1914— dedica un párrafo a decirlo: «Algunos confunden la Pincoya con la Serena (Sirena); pero sin razón». La Pincoya de Cavada no baila ni está sola. Trabaja con el Pincoy, su esposo, sembrando mariscos en la arena con la cara vuelta hacia el mar; cuando la vuelve hacia el monte los bancos se secan, y abandona el paraje que se pesca con demasiada frecuencia. Los isleños iban a buscar a la pareja en sus embarcaciones y debían llevar niñas de genio alegre, porque «los Pincoyes gozan de un constante buen humor». La rubia que baila en la arena vestida de algas, hija del Millalobo y de la humana Huenchula, que lleva a los marineros ahogados al buque fantasma Caleuche, es una figura posterior y fechable: es la de Bernardo Quintana Mansilla, de Chiloé mitológico, 1972, y en 2019 la Unión Astronómica Internacional la recitaba al bautizar una estrella. Detrás de las dos hay un rito que casi nadie cuenta: la rogativa marina, en la que un especialista llama cuatro veces a la Pincoya y siembra la playa con linaza, y después se prohíbe mariscar allí.

¿Cuál es la historia de La Pincoya, espíritu del mar chilote?

La Pincoya llega tarde a la imprenta, por una cadena de cuatro hombres, y casi todo lo que hoy circula sobre ella se puede fechar en uno de ellos. El testimonio impreso más antiguo que he podido fechar son dos páginas de Chiloé y los chilotes, de Francisco J. Cavada (Santiago, Imprenta Universitaria, 1914, pp. 101-102). Cavada, sacerdote y filólogo chilote, la coloca en su capítulo de «Mitos», entre la Voladora y el Piuchén, y lo que describe no es una doncella marina solitaria. Es una pareja: «La Pincoya es una especie de nereida o hada del mar, que, en compañía del Pincoy, su esposo, atrae abundancia de peces y mariscos hacia el sitio o paraje del mar donde ambos habitan». No baila: siembra. «Para llamar la abundancia, la Pincoya siembra en la arena algunos mariscos cuidando de tener la cara vuelta hacia el mar. Cuando quiere que los mariscos empiecen a escasear o a hacer ngal, le basta volver el rostro hacia el monte». Y los isleños no leen un presagio de brazos cruzados: van a buscarla. «Algunos suelen ir a buscar en sus embarcaciones a estos hechiceros, para llevarlos a otros sitios adonde se quiere llamar la abundancia; pero es preciso que vayan en compañía de los hombres algunas niñas de genio alegre y risueño, porque los Pincoyes gozan de un constante buen humor. Ambos son rucios y de buen parecer». Y el castigo no cae sobre quien se burla, sino sobre quien esquilma: «cuando los pescadores pescan con mucha frecuencia en un solo paraje, la Pincoya se enoja y abandona aquellos lugares, que luego quedan estériles». Cavada dedica además un párrafo a desmentir justamente la estampa que hoy imprime medio internet: «Algunos confunden la Pincoya con la Serena (Sirena); pero sin razón». La dorada y abundosa cabellera, el peine de oro, el espejo y los pozos de agua lechosa son de la Serena, no de la Pincoya. No fue del todo coherente: dieciséis páginas antes, enumerando paralelos clásicos, había escrito «nuestras Serenas (sirenas) o pincoyas» como si fueran lo mismo. Julio Vicuña Cifuentes reimprimió el pasaje como capítulo XXX de sus Mitos y supersticiones (1915), literalmente, con el crédito «(F. J. Cavada, Chiloé y los chilotes, 101-102)». No tenía material oral propio sobre ella: sus Estudios de folk-lore chileno de 1910 recorren veintiún mitos chilenos numerados, con el Caleuche y el Trauco entre ellos, y la Pincoya no aparece en el volumen. Lo que sí añadió fueron dos paréntesis dentro de la cita —«hacer gnal (secarse en la concha)» y «rucios (rubios)»—, y el segundo es la bisagra pequeña sobre la que gira la rubia moderna. El árbol genealógico que todo el mundo repite es más joven y tiene autor. Bernardo Quintana Mansilla, médico nacido en Achao, publicó Chiloé mitológico en 1972; el Ministerio de Educación lo aceptó como texto de estudio, y es su Pincoya —hija del Millalobo y de la humana Huenchula, hermana del Pincoy y de la Sirena chilota, bailando en la arena, semivestida de algas, llevando al Caleuche a los chilotes ahogados— la que hoy reproducen las enciclopedias, los folletos turísticos y la Unión Astronómica Internacional. Ninguno de esos cuatro rasgos está en Cavada ni en Vicuña. Renato Cárdenas, que cita a Quintana en la página 138 de El libro de la mitología (1998), deja ver dónde se injertó la genealogía: sobre otra leyenda distinta del propio Cavada, la de la laguna de Cucao (pp. 90-91), en la que a una joven se le aparece «el Millalobo o sea el lobo de oro», vuelve al año con una criatura en el regazo y su madre la destapa —y entonces el niño se convierte en una estrella que desaparece y la madre se arroja a la laguna gritando «¡Cucao! ¡Cucao!». En Cavada ese niño no es la Pincoya. En una versión que Cárdenas recogió en 1992 de José Antonio Panichini, de Cucao, el nieto es el peguchen. Y la forma escrita más antigua de ese relato, un texto jesuita del siglo XVIII fechado en 1766, no tiene Millalobo ninguno: tiene un huecubú, una muchacha llamada Cucao y una explicación de cómo se abrió la laguna.

Cronología: los hechos documentados de La Pincoya, espíritu del mar chilote

  1. 1766 La forma escrita más antigua de la leyenda de la laguna de Cucao, un pasaje jesuita del siglo XVIII que Walter Hanisch citó en 1982 y que reproduce Cárdenas: a una muchacha indígena llamada Cucao se la lleva un huecubú, y cuando su madre la reprende el huecubú, enojado, derriba varios cerros y forma la laguna para que la madre no pueda volver a mirar. No hay Millalobo, ni Pincoya, ni Caleuche. Solo lo he leído en la cita de Cárdenas, no en el original.
  2. 1904-1910 Rodolfo Lenz publica por fascículos su Diccionario etimolójico. Está lleno de voces chilotas —el artículo 1094, pilluntiar, va marcado [Chiloé], y el 1376 es el del trauco—, pero la serie numerada corre 1095 PINATRA, 1096 PINGO, 1097 PINGOPINGO, 1098 PINGUA, 1099 PÍNGUERA, 1100 PININ, sin salto y sin entrada para pincoy ni pincoya, que es justo donde caerían.
  3. 1910 Julio Vicuña Cifuentes imprime veintiún mitos chilenos numerados en Estudios de folk-lore chileno. Primera serie: Mitos. El Caleuche aparece doce veces en el volumen, el Trauco es el § 14 y el Piguchén el § 12; la Pincoya no está.
  4. 1914 (pp. 101-102) Francisco J. Cavada publica el relato más antiguo de la Pincoya que he podido fechar. Es la mitad de una pareja —«en compañía del Pincoy, su esposo»—, siembra mariscos en la arena con la cara vuelta hacia el mar y vuelve el rostro hacia el monte para traer escasez, los isleños van a buscarlos en sus embarcaciones y han de llevar niñas de genio alegre, y ella abandona los parajes que se pescan con demasiada frecuencia, que quedan estériles. Los dos, escribe, son «rucios y de buen parecer».
  5. 1914 (p. 102) En esa misma página Cavada advierte contra la estampa que acabaría ganando: «Algunos confunden la Pincoya con la Serena (Sirena); pero sin razón». La dorada cabellera peinada con peine de oro, el espejo y los pozos lechosos son de la Serena. No es coherente del todo: en la página 86, enumerando paralelos clásicos, ya había escrito «nuestras Serenas (sirenas) o pincoyas» como si fueran el mismo ser.
  6. 1915 Vicuña Cifuentes reimprime a Cavada literalmente como capítulo XXX de Mitos y supersticiones, con crédito a las páginas 101-102, y añade dos glosas suyas dentro de las comillas: «hacer gnal (secarse en la concha)» y «rucios (rubios)». En el capítulo vecino reconoce por escrito que antes de leer a Cavada había juzgado que la leyenda de las sirenas no tenía arraigo en la tradición chilena, y que ese pasaje le hizo cambiar de opinión.
  7. Años cuarenta En una comunidad del sur de Chiloé donde se hicieron ceremonias de ngillatun en la década de 1940 se dejaban ofrendas al Caleuche y a la pincoya, y no en el mismo sitio: la comida del Caleuche se llevaba a una playa abierta al golfo Corcovado, mientras que la ofrenda a la pincoya y a la sirena se depositaba en una piedra cercana al corral de pesca, dentro del estero. Recogido de Rosa Chiguay, sector Estero.
  8. 1972 Bernardo Quintana Mansilla, médico nacido en Achao, publica Chiloé mitológico, que el Ministerio de Educación aceptaría después como texto de estudio. Su Pincoya es hija del Millalobo y de la humana Huenchula, hermana del Pincoy y de la Sirena chilota, de larga cabellera dorada, semivestida de algas, que baila en la playa y lleva con sus hermanos al Caleuche a los chilotes ahogados. Ninguno de esos cinco rasgos está en Cavada 1914 ni en Vicuña 1915.
  9. 1992 José Antonio Panichini, de Cucao, da a Renato Cárdenas la versión de su familia sobre la laguna. Aquí el nieto que la Vieja destapa no es la Pincoya, sino el peguchén; la hija baja al mar gritando «¡Cucaucuí!» y suben al alto los lobos, entre chicos y grandes, a visitar a la Vieja: «eran los paisanos de la hija».
  10. 1998 Cárdenas imprime el rito, que es la parte que las versiones populares tiran. Doña Domitila Cuyul, de Chadmo, Maestra de Paz, describe la rogativa marina y la siembra de mariscos y da la invocación en mapudungun-veliche; el Curioso salomea en la orilla y se detiene cuatro veces para llamar a la Pincoya antes de regar la playa con semillas de linaza. Citando a Quintana en la página 138, Cárdenas añade que ella se acerca transformada en una diminuta pancora, que se la transporta sobre un cojín de lamilla y se la alimenta con resina de quina, linaza y trozos de cancato, y que entonces se prohíbe sacar nada de esas aguas durante un tiempo. En la página 8 rechaza la lectura simbólica: «la Pincoya no simboliza la fertilidad de mares y playas; ella es en sí misma la fertilidad de ese hábitat marino».
  11. 2009 Sergio Mansilla Torres publica en Convergencia un estudio de lo que el mercado ha hecho con el mito chilote, con un glosario final en el que el presagio va del revés: «Cuando lo hace mirando hacia la costa habrá abundancia de peces y mariscos; si mira en dirección opuesta habrá escasez», lo contrario de Cavada 1914 y de Cárdenas 1998. La misma entrada consigna que hoy se la imagina «con fenotipo europeo».
  12. 2013 Un ave marina descrita en las aguas entre Puerto Montt y el canal de Chacao recibe su nombre: Oceanites pincoyae, la golondrina de mar Pincoya, publicada en The Auk a partir de una hembra capturada en el mar en el seno de Reloncaví el 19 de febrero de 2011 y de otras once aves capturadas, examinadas y liberadas.
  13. 2019 En la campaña NameExoWorlds de la Unión Astronómica Internacional, Chile llama «Pincoya» a la estrella HD 164604 y «Caleuche» a su planeta. La tabla oficial de nombres aprobados la glosa como «un espíritu femenino del agua de la mitología del sur de Chile que se dice que lleva a los marineros ahogados al Caleuche para que puedan vivir en el más allá»: la síntesis de Quintana de 1972, impresa por un organismo internacional sin fecha ni autor al lado.
  14. 2022 David Núñez publica «El sustrato indígena de los seres mitológicos de Chiloé» para el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, donde lee a la pincoya como un ngen' —un dueño-guardián— del espacio intermareal en el que se marisca, y cita a Rosa Chiguay, de la isla Caylin (2013): «La pincoya es la dueña de los mariscos, y la sirena es la dueña de los pescados». Sobre la idea moderna de que traslada a los ahogados es tajante: «la pincoya y el millalobo no parecen tener agencia en el reclutamiento de personas».

¿Hay una explicación racional para La Pincoya, espíritu del mar chilote?

Aquí no hay nada que desmontar, porque nadie alega un avistamiento. La Pincoya no es un informe: es una dueña. El antropólogo David Núñez, en un trabajo de 2022 para el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, sostiene que pertenece a la categoría mapuche de ngen', el dueño o guardián de un espacio o una especie, y cita a Rosa Chiguay, de la isla Caylin (2013): «La pincoya es la dueña de los mariscos, y la sirena es la dueña de los pescados». Leída así no simboliza la marea: es la persona a quien la marea pertenece, y el rito es una negociación con una vecina. Lo que sí se puede comprobar es el papeleo, y sale mal parada la versión que circula. El Diccionario etimolójico de Rodolfo Lenz, publicado por fascículos entre 1904 y 1910 y lleno de voces chilotas —el artículo 1094, pilluntiar, va marcado [Chiloé]; el 1376 es el del trauco—, corre 1095 PINATRA, 1096 PINGO, 1097 PINGOPINGO, 1098 PINGUA, 1099 PÍNGUERA, 1100 PININ, sin salto en la numeración y sin ningún artículo donde tendrían que caer pincoy o pincoya. La recopilación de Vicuña Cifuentes de 1910 trae el Caleuche doce veces y la Pincoya ninguna. El Diccionario de chilenismos de Zorobabel Rodríguez (1875) tampoco la tiene, pero tampoco tiene el trauco ni el camahueto, así que su silencio no prueba nada y no lo cuento. Frente a eso, la afirmación de que los folcloristas chilenos la registraron «ya en el siglo XIX» no tiene detrás nada que yo haya podido encontrar. Merece la pena nombrar dos deformaciones, porque ocurrieron impresas y en sitios respetables. En 2009 el crítico chilote Sergio Mansilla Torres publicó en la revista Convergencia un glosario que invierte el presagio de Cavada —«Cuando lo hace mirando hacia la costa habrá abundancia de peces y mariscos; si mira en dirección opuesta habrá escasez»—, exactamente al revés de 1914 y de Cárdenas 1998. La misma entrada observa, con puntería, que hoy se la imagina «con fenotipo europeo». Y en 2019 la Unión Astronómica Internacional, al dar su nombre a la estrella HD 164604 y el del Caleuche a su planeta, la glosó como el espíritu «que lleva a los marineros ahogados al Caleuche para que puedan vivir en el más allá»: la síntesis de Quintana de 1972, ratificada por un organismo internacional, en un texto sin fecha y sin autor. Cárdenas vio pronto el mecanismo. En la página 8 de su libro de 1998 se queja de que el mercado ha empezado a producir «aberraciones, tales como brujas volando en escobas o pincoyas que son sirenas», y a continuación rechaza el resumen cómodo al que se agarra cualquier página derivada: «la Pincoya no simboliza la fertilidad de mares y playas; ella es en sí misma la fertilidad de ese hábitat marino». Núñez añade una corrección etnográfica seca a la afirmación moderna más repetida: «la pincoya y el millalobo no parecen tener agencia en el reclutamiento de personas».

¿Se puede visitar La Pincoya, espíritu del mar chilote?

No hay un lugar de la Pincoya. No tiene santuario, ni cueva, ni casa, y los ritos que recogió Cárdenas —la rogativa marina, la siembra de mariscos, la ofrenda dejada en una piedra junto al corral de pesca— son privados, locales y no se escenifican para visitantes. Quien viaje a Chiloé a «verla» va a mirar esculturas y vitrinas, y conviene decirlo antes de salir. Ancud, donde está clavada esta ficha, es la base práctica. El Museo Regional de Ancud (Libertad 370, del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural) conserva la colección Cestería de Chiloé, en la que los seres mitológicos, la Pincoya entre ellos, están tejidos en fibra vegetal; una pieza de esa colección ilustra el estudio de Núñez de 2022. La entrada es liberada. Según publica el propio museo para 2026, abre de martes a jueves de 10:00 a 17:30 y los viernes de 10:00 a 16:30 durante todo el año; los sábados, de 10:00 a 16:00 en enero y febrero y de 10:00 a 14:00 de marzo a diciembre. Cierra domingos y lunes. No se puede comer ni beber dentro, no se tocan las piezas y se fotografía sin flash. A dos cuadras, la Plaza de Armas de Ancud reúne un conjunto de figuras de seres mitológicos chilotes —Trauco, Pincoya, Ten Ten Vilú, Cai Cai Vilú, la Viuda y el Invunche— talladas en cancagua, la piedra blanda de la zona, por el escultor autodidacta ancuditano Ramón Pérez, «Moncho». En Wikimedia Commons hay una fotografía de la figura de la Pincoya tomada el 22 de julio de 2009. La plaza se remodeló en diciembre de 2011 y sus piezas se han movido antes —el Caicai-Vilú volvió a la plaza en marzo de 2013 tras estar retirado—, así que conviene comprobarlo al llegar: la página municipal de turismo confirma que la plaza sigue teniendo esculturas mitológicas, pero no las enumera. Oficina de turismo de Ancud: [email protected], +56 65 2487304. El otro sitio que justifica el viaje es Cucao, en la vertiente del Pacífico, al que se llega por carretera desde Chonchi y Castro. Su laguna es el escenario de la leyenda de 1766 sobre la que después se injertó la genealogía moderna de la Pincoya, y está en el acceso Cucao del Parque Nacional Chiloé. El acceso lo gestiona CONAF y sus tarifas y horarios cambian de temporada en temporada: confírmalos con CONAF y no con una guía.

Fuentes consultadas

  1. Francisco J. Cavada, «Chiloé y los chilotes — «La Pincoya», pp. 101-102; «La laguna de Cucao», pp. 90-91; analogías con la mitología clásica § 10, p. 86; glosario, arts. «Pincoy» y «Pincoya», pp. 390-391» — Imprenta Universitaria, Santiago de Chile, 1914 libro
  2. Julio Vicuña Cifuentes, «Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena — cap. XXX «La Pincoya», p. 83 (reimpresión literal de Cavada, con dos glosas añadidas entre paréntesis); cap. XXXV «Las Sirenas», pp. 85-87» — Imprenta Universitaria, Santiago de Chile, 1915 libro
  3. Julio Vicuña Cifuentes, «Estudios de folk-lore chileno: mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral. Primera serie: Mitos — veintiún mitos numerados; el Caleuche y el Trauco entre ellos; sin ninguna mención de la Pincoya en todo el volumen» — Santiago de Chile, 1910 libro
  4. Rodolfo Lenz, «Diccionario etimolójico de las voces chilenas derivadas de lenguas indíjenas americanas — arts. 1093-1100 (PILLUDÉN, PILLUNTIAR [Chiloé], PINATRA, PINGO, PINGOPINGO, PINGUA, PÍNGUERA, PININ): la serie no salta y no hay artículo para pincoy ni pincoya» — Imprenta Cervantes, Santiago (publicado por fascículos, 1904-1910), 1910 libro
  5. Renato Cárdenas Álvarez, «El libro de la mitología: historias, leyendas y creencias mágicas obtenidas de la tradición oral — arts. Pincoy y Pincoya (pp. 103-104), la rogativa marina y el origen de la Pincoya (pp. 104-107, citando a Quintana p. 138), Millalobo y la laguna de Cucao (pp. 89-91, con el texto jesuita de 1766 vía Hanisch 1982 y la versión de José Antonio Panichini de 1992), arts. Luche y Linaza, y el rechazo de la lectura simbólica (p. 8)» — Editorial Ateli, Punta Arenas (Biblioteca Nacional de Chile, MC0008652), 1998 libro
  6. David Núñez, «El sustrato indígena de los seres mitológicos de Chiloé — la pincoya como ngen' del intermareal; testimonios de Rosa Chiguay (isla Caylin, 2013) y sobre las ofrendas de los ngillatun de los años cuarenta; colección Cestería de Chiloé del Museo Regional de Ancud» — Proyecto Bajo la Lupa, Subdirección de Investigación, Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, 2022 académico
  7. Sergio Mansilla Torres, «Mutaciones culturales de Chiloé: los mitos y las leyendas en la modernidad neoliberal isleña — glosario final, s.v. «Pincoya» (el presagio invertido y el «fenotipo europeo»)» — Convergencia. Revista de Ciencias Sociales, vol. 16, núm. 51, 2009 académico
  8. Peter Harrison, Michel Sallaberry, Chris P. Gaskin, Karen A. Baird, Álvaro Jaramillo y otros, «A new storm-petrel species from Chile — descripción de Oceanites pincoyae a partir de una hembra capturada en el seno de Reloncaví el 19 de febrero de 2011» — The Auk, 130(1), pp. 180-191, 2013 académico
  9. International Astronomical Union, «IAU100 NameExoWorlds — Approved Names (tabla oficial): Chile, HD 164604 «Pincoya» y su planeta «Caleuche», con el texto explicativo de la Unión Astronómica Internacional» — IAU100 NameExoWorlds, 2019 informe
  10. Bernardo Quintana Mansilla, ««La Pincoya», entrada del libro Chiloé mitológico (1.ª ed. 1972) reproducida en el sitio oficial de la obra — no he consultado el impreso: uso esta reproducción y las citas de Cárdenas 1998 (p. 138)» — chiloemitologico.cl, 1972 web
  11. Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, «Planifica tu visita — Museo Regional de Ancud (dirección, horarios de verano e invierno, entrada liberada y normas de sala)» — Museo Regional de Ancud, 2026 web
  12. Paul Lowry, «File:La Pincoya.jpg — escultura de la Pincoya en la Plaza de Armas de Ancud, fotografiada el 22 de julio de 2009 por Paul Lowry (CC BY 2.0)» — Wikimedia Commons, 2009 web

Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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