Trauco es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Chiloé, CL. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Trauco?
Ubicación
Chiloé, CL
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-42.45, -73.75
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Trauco?
El trauco es un ser del bosque del archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile: bajo, contrahecho, vestido de quilineja, con los pies convertidos en muñones informes, el rostro vuelto hacia la espalda y una mirada capaz de dejar a alguien con el cuello torcido. Llega tarde a la imprenta. La mención más antigua localizada para esta ficha es un párrafo del Chiloé de Darío Cavada (Ancud, 1896), donde no hay seducción ni hacha de piedra y donde el trauco es también la Fiura, no su marido. El relato más completo es el del sacerdote Francisco J. Cavada, en Chiloé y los chilotes (1914), que escribió en latín lo relativo al sexo y culpó a las muchachas de inventarlo. En la página 97 escribió además la frase sobre la que descansa toda la leyenda moderna: la superstición, dice, asegura la impunidad de las culpables. No es un eufemismo que convenga conservar. Los clínicos e investigadores chilenos que lo han estudiado después —en el hospital de Ancud y en trabajo de campo de 2025— sostienen que lo que aquel relato encubría era incesto y violación, y que protegía al agresor.
El trauco llega al papel tarde, por una cadena de hombres muy corta, y casi todo lo célebre que se cuenta de él se puede fechar.
La mención impresa más antigua localizada para esta ficha es un solo párrafo del Chiloé de Darío Cavada, publicado en Ancud en 1896. Se conserva porque dos personas lo copiaron: Rodolfo Lenz, que cita «Cavad. 65» en el artículo 1376 de su Diccionario etimolójico, y Julio Vicuña Cifuentes, que lo reproduce con la marca «(D. Cavada, Chiloé)». Ese párrafo es la semilla de la imagen moderna, y conviene citarlo por lo que no dice: «El Trauco es un monstruo de figura repugnante y perversa índole: se le llama también Fiura (figura) por su horrible fealdad. Vive en los árboles y viste de quilineja... Tiene el rostro vuelto hacia la espalda, y el poder de su fatídica mirada es tanto, que basta a producir la deformación del cuerpo del individuo en quien se fija». Ni seducción, ni embarazos, ni hacha de piedra. Un ser que vive en los árboles, viste de la enredadera con que los isleños tejen cestos y tuerce el cuerpo de quien mira.
Y en ese primer texto es también la misma criatura que la Fiura. No su marido: ella.
La ausencia de al lado informa tanto como la presencia. La Psicolojía del pueblo araucano de Tomás Guevara (1908) dedica un capítulo entero a los seres míticos mapuches —chonchón, colocolo, invunche, pihuichén, trelquehuecufe— y no nombra al trauco ni una vez. Tampoco lo recoge el Diccionario araucano-español de Félix José de Augusta (1916), que sí registra añchimallen, wekufü y chonchón. La única acepción continental que da Lenz, de la frontera araucana, es desarmantemente suave: «personaje mítico, especie del duende del bosque que ayuda a recojer frutillas a la niñas que le gustan». El duende de los carteles turísticos es chilote, y muy concretamente chilote.
El retrato completo viene de un solo hombre y de un solo libro. Francisco J. Cavada, sacerdote y filólogo chilote, abrió su capítulo de Chiloé y los chilotes (Santiago, 1914, pp. 96-99) con una queja: «Son bien deficientes las noticias que de este mito nos dan los mitólogos nacionales. Ninguno de ellos nos dice nada sobre sus instintos lascivos... Mucho nos servirán para llenar esos vacíos las siguientes informaciones que a fuerza de paciencia y constancia hemos podido recoger entre nuestros campesinos». Lo que puso entonces por escrito sigue siendo, un siglo después, la descripción más completa que hay impresa: el sombrero cónico de quilineja, los pies «sin talón ni dedos» convertidos en muñones informes, la mirada que mata o deja a la víctima «con el cuello torcido y sentenciada a morir antes del año», los nombres Fiura, Huelli y Pompón del monte, que «más propiamente son insultos de que se vale el vulgo para alejar al monstruo», y catorce defensas contra él, desde un escapulario con barbas de cabro hasta echarle un puñado de arena para que se entretenga contando los granos.
Y entonces Cavada se pasó al latín, como hacían los escritores de su tiempo cuando el asunto era el sexo. Dos frases sostienen casi toda la leyenda moderna del trauco, y una de ellas es su veredicto sobre las mujeres: «Sunt feminae quae noctu a monstro opprimuntur: quis vero usque adeo insaniat ut tam vafris puellis fidem habeat? Nonne talia fingunt ut parentum iram effugiant?» —Hay mujeres a las que el monstruo asalta de noche; pero ¿quién estaría tan loco como para dar crédito a muchachas tan taimadas? ¿No inventan esas cosas para escapar de la ira de sus padres?—. De la Thrauca, «llamada también huella», solo dice que el varón que sueña con ella yacerá con un varón; su propio glosario define huelli como un insulto que significa sodomita, de modo que la contrapartida femenina entra en el expediente como un insulto antes que como un personaje.
Vicuña Cifuentes reunió el resto. Su entrada apareció primero en 1910 (Estudios de folk-lore chileno, § 14, p. 32) y otra vez, ampliada, como capítulo XXXVI del libro de 1915, pp. 87-92. Fue honrado sobre lo poco que tenía de campo: «No he logrado recoger sobre este mito otras informaciones orales que las precedentes». Eran dos. De Valdivia, un viejo con apariencia de niño. Y de Castro, la frase sobre la que se ha construido todo lo demás: «¡Cuidado con el Trauco!, dicen las madres a sus hijas cuando las envían a la compra, lejos de casa, y con el Trauco se disculpan ellas siempre que les ocurre alguna novedad, de esas que no pueden quedar ocultas».
Cronología: los hechos documentados de Trauco
1896Darío Cavada publica Chiloé en Ancud. En la página 65 está el párrafo que funda la imagen moderna: un monstruo repugnante «al que se llama también Fiura (figura) por su horrible fealdad», que vive en los árboles, viste de quilineja, tiene el rostro vuelto hacia la espalda y deforma con la mirada el cuerpo de aquel en quien se fija. Es la mención impresa más antigua localizada para esta ficha, y en ella no hay seducción, ni embarazos, ni hacha. Se conserva porque la copiaron Lenz y Vicuña Cifuentes.
1908Tomás Guevara dedica el capítulo XIV de la Psicolojía del pueblo araucano a los seres míticos mapuches —chonchón, colocolo, invunche, pihuichén, trelquehuecufe— y no nombra al trauco ni una vez. Una búsqueda sobre el volumen entero no devuelve ninguna ocurrencia, frente a veintinueve de los demás seres: el silencio es real y no un fallo de búsqueda.
1904-1910Rodolfo Lenz archiva el trauco en el artículo 1376 de su Diccionario etimolójico, junto a «trauque» y «trauquinto», el trueque y el socio con quien se trueca, y hace derivar todo el artículo del thavcüun de Febrés, «el contrato de permuta». Registra además una segunda acepción continental, de la frontera araucana: un duende del bosque «que ayuda a recojer frutillas a la niñas que le gustan».
1910Julio Vicuña Cifuentes imprime por primera vez su entrada del trauco, como § 14 en la página 32 de los Estudios de folk-lore chileno: cinco años antes del libro de 1915 al que suele atribuirse. Consta del párrafo de Darío Cavada, la glosa fronteriza de Lenz y un informante de Valdivia que lo describió como un viejo con apariencia de niño y creía que era brujo.
1914Francisco J. Cavada publica el relato más completo que se haya impreso, en Chiloé y los chilotes, pp. 96-99, recogido «a fuerza de paciencia y constancia» entre los campesinos chilotes porque, se queja, los mitólogos nacionales no habían dicho nada de los instintos lascivos de la criatura. Da el sombrero de quilineja, los pies convertidos en muñones sin dedos, la mirada de basilisco, catorce defensas contra él y, en latín, su propia opinión de que las muchachas mienten.
1914 (p. 97)En esas mismas páginas escribe Cavada la frase sobre la que descansa toda la leyenda moderna: «El Thrauco desflora a las doncellas que vagan por la montaña: superstición funesta que no pocas veces asegura la impunidad de las culpables, dando así alas al vicio y a la licencia». La lectura se ha comprobado aquí contra la imagen de la página. Explica además él mismo los hachazos del trauco: son el eco de las hachas de los labradores.
1915Vicuña Cifuentes reedita la entrada, ampliada, como capítulo XXXVI de Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena, pp. 87-92. Reconoce que no logró recoger más material oral que dos informaciones, e imprime la de Castro sobre la que descansa todo lo posterior: las madres avisan a sus hijas del Trauco «y con el Trauco se disculpan ellas siempre que les ocurre alguna novedad, de esas que no pueden quedar ocultas». Al reproducir a Cavada imprime «la impunidad de los culpables» donde Cavada había escrito «las».
1916Se imprime en Santiago el Diccionario araucano-español de Félix José de Augusta. No tiene entrada para trauco, aunque sí registra añchimallen, wekufü y chonchón; las formas más próximas son trawən, «juntarse, reunirse», y trawa, «la piel». Cualquier etimología mapuche hay que construirla con raíces así, y por eso tanto la conjetura de Lenz como la lectura moderna de «encuentro de las aguas» siguen siendo conjeturas.
1998Renato Cárdenas Álvarez publica El libro de la mitología, un léxico de la tradición oral chilota. Su entrada del trauco añade el detalle que nadie imprimió en 1914 ni en 1915: «un hombre pequeño, de rasgos grotescos y figura contrahecha que porta una hachita de piedra en sus manos». Su Fiura es ya un ser aparte, «mujer pequeña, de extraordinaria fealdad, que aparece como acompañante del Trauco», recogida en Huillinco y Cucao.
2001Jacobo Numhauser, psiquiatra y jefe de la unidad de salud mental del Hospital de Ancud, publica «Cultura e integración: vigencia del mito del trauco a propósito de una casuística clínica por incestos en Chiloé» en la Revista de Psiquiatría y Salud Mental, 18(4), pp. 208-217. El artículo no se ha podido conseguir para esta ficha; la referencia se da tal como él mismo la cita en 2006.
2006Numhauser y la psicóloga clínica Paula Soto publican en la Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría la serie que hay detrás de aquel artículo: cincuenta y nueve mujeres atendidas a lo largo de cinco años en el Hospital de Ancud en las que el abuso sexual sufrido había sido de tipo incestuoso. El trabajo va sobre los terapeutas, no sobre el mito, pero es lo que pone una cifra en el terreno sobre el que se levantaba el trauco.
23 de febrero de 2009Se fotografía la figura que encabeza esta ficha en el «Rincón mitológico» del Parque Municipal de Castro: un maniquí moderno de arpillera y sombrero de paja, con una hachita de piedra en una mano y un palo grueso en la otra. Los dos objetos vienen del registro oral del siglo XX; ninguno está en Cavada ni en Vicuña Cifuentes.
9 de enero de 2024Se fotografía para Wikimedia Commons un Trauco tallado en la Plaza de Armas de Ancud, atribuido al escultor ancuditano Ramón Pérez, «Moncho». Fotografías anteriores sitúan la misma estatua allí en julio de 2009 y en febrero de 2012. Ese mismo mes se registran otros dos traucos tallados, en una vereda de Castro y en las Cascadas de Tocoihue, comuna de Dalcahue.
3 de julio de 2025Se estrena en el Centro Cultural CEINA de Santiago el musical Trauko, el encuentro de las aguas. Su productor, Gabriel Troncoso, fecha la idea en un grupo de teatro universitario de 1998 y cuenta que el guion se rehízo tras varios viajes a Chiloé y trabajo con el antropólogo Renato Cárdenas.
2026Dominique González Zamora y Gloria Baigorrotegui publican en Pucara una comparación del Trauco con el Boto brasileño, levantada sobre testimonios orales recogidos en Ancud en septiembre de 2025. Señalan que los relatos en voz masculina describen «un poder de sujeción en las mujeres para violarlas y dejarlas embarazadas», y citan a una isleña que dice que la figura servía para justificar los abusos.
¿Hay una explicación racional para Trauco?
Aquí no hay ningún avistamiento que desmontar y nadie presenta una fotografía. Lo que hay que explicar es para qué servía el relato, y en eso las fuentes más antiguas son insólitamente claras.
Empecemos por lo inofensivo. Cavada enumera entre las maneras en que el trauco se manifiesta una que él mismo explica, en la misma frase: a veces «se muestra repitiendo, en son de fisga, las voces o gritos o golpes de hacha de los labradores, a quienes es difícil convencer de la verdadera causa de estas repercusiones del sonido». El eco burlón de un hacha en el monte es el trauco. Cavada, en 1914, ya le está diciendo a su lector que es un eco y que no le van a creer. La mirada tampoco es propia: dice que la del trauco mata «como la del basilisco» y que muere si lo avistan primero, que es exactamente la regla del basilisco, y dedica una sección entera del libro a esos paralelos clásicos. El otro oficio del trauco es médico. Sus maleficios, en la lista del propio Cavada, son las jorobas, la parálisis facial, el tullimiento o dislocación de los huesos, el tortícolis y el amanecer con el cuerpo decaído. Antes que un seductor fue una explicación para el cuerpo torcido y para la cara que deja de funcionar de la noche a la mañana.
Y ahora lo difícil, que hay que decir sin eufemismos porque las fuentes lo dicen sin eufemismos. La idea de que el trauco era una tapadera para los embarazos fuera del matrimonio no es crítica folclórica moderna: está en la página 97 de Cavada, 1914: «El Thrauco desflora a las doncellas que vagan por la montaña: superstición funesta que no pocas veces asegura la impunidad de las culpables, dando así alas al vicio y a la licencia». Léase con la frase latina al lado y la postura de Cavada queda clara: las mujeres mienten, y la creencia les permite salir impunes. Culpa a las muchachas.
Un detalle de transmisión merece quedar anotado, porque cambia la frase. Vicuña Cifuentes reproduce esa misma línea en 1915, p. 90, con una letra distinta: «la impunidad de los culpables». Las dos lecturas se han comprobado aquí contra las imágenes de página, no contra el OCR. Cavada escribió «las», en femenino; Vicuña imprimió «los». Fuera cosa de un cajista o de un editor, el efecto es que desde 1915 el culpable de la frase más citada sobre el trauco queda sin marca de género y puede leerse como el hombre.
Esa lectura es la que han seguido investigadores chilenos, y está documentada. Jacobo Numhauser, jefe de la unidad de salud mental del Hospital de Ancud, reunió a lo largo de cinco años de consulta en Chiloé una serie de cincuenta y nueve mujeres víctimas de abuso sexual de tipo incestuoso, publicada con Paula Soto en la Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría en 2006; cuatro años antes había publicado la casuística bajo un título que dice el resto: «Cultura e integración: vigencia del mito del trauco a propósito de una casuística clínica por incestos en Chiloé». El artículo de 2006 lo he leído; el de 2001 solo he podido verificarlo como cita dentro de aquel, así que doy el título y no su argumento. Más recientemente, Dominique González Zamora y Gloria Baigorrotegui, con testimonios orales recogidos en Ancud en septiembre de 2025, escriben que en el material sobre el Trauco «aparecen cosmovivencias de voces masculinas que aluden a un poder de sujeción en las mujeres para violarlas y dejarlas embarazadas», y citan a una isleña que dice que el relato servía «pah justificar los abusos».
El límite honrado es que nada de esto es una medición. No existe una serie histórica publicada de violaciones o incestos en Chiloé contra la que contrastar la creencia; hay una casuística clínica de un solo hospital y dos estudios cualitativos. Lo que sí puede afirmarse con los documentos en la mano es más estrecho y bastante duro ya: un sacerdote chilote escribió en 1914 que la superstición aseguraba la impunidad de alguien, y quienes lo han mirado después con método clínico y etnográfico sostienen que ese alguien era el agresor.
¿Se puede visitar Trauco?
Chiloé no es un parque temático y el trauco no es su mascota, digan lo que digan los escaparates de Castro. Conviene separar dos cosas: los lugares donde se escribieron las fuentes y los lugares donde hoy la figura está expuesta al público.
La institución que visitar es el Museo Regional de Ancud, del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, en Libertad 370, Ancud, en el extremo norte de la Isla Grande. La entrada es liberada. Abre de martes a sábado: de martes a jueves de 10:00 a 17:30 y los viernes de 10:00 a 16:30 todo el año; los sábados, de 10:00 a 16:00 en enero y febrero y de 10:00 a 14:00 de marzo a diciembre. Teléfono +56 65 250 4780. Se permite fotografiar sin flash; no se puede entrar con comida ni con mascotas. Ancud es además la ciudad donde trabajó Francisco J. Cavada y donde se reunió, en el hospital, la casuística clínica de la que se habla más arriba.
Las tallas son fáciles de encontrar y conviene tratarlas por lo que son: artesanía chilota contemporánea, casi siempre con autor. En la Plaza de Armas de Ancud hay un Trauco del escultor ancuditano Ramón Pérez, conocido en la ciudad como Moncho; está fotografiado allí en julio de 2009, en febrero de 2012 y en enero de 2024. En Castro, una figura del Trauco ocupa el «Rincón mitológico» del Parque Municipal, fotografiada en febrero de 2009, y es la que encabeza esta ficha; hay un segundo Trauco tallado en una vereda del centro de Castro, junto al quiosco municipal de información turística y en la misma manzana que el camahueto tallado, fotografiado en enero de 2024 en 42°28'56"S 73°45'37"O. Un tercero se fotografió en enero de 2024 en las Cascadas de Tocoihue, comuna de Dalcahue, en 42°18'20"S 73°26'08"O; ese está en un recinto de gestión privada, así que conviene comprobar horarios y precios antes de ir.
Ancud y Castro están en la Isla Grande de Chiloé, a la que se llega desde Puerto Montt por la Ruta 5 Sur cruzando el canal de Chacao; Castro queda unos noventa kilómetros al sur de Ancud por la misma ruta.
Y una cuestión de modales. La mitología chilota es cultura viva, y el trauco en concreto es un relato sobre violencia sexual en comunidades pequeñas donde siguen viviendo los descendientes de todos los implicados. Pedirle a un desconocido que «te cuente lo del trauco» para entretenerse no es lo mismo que que te lo cuenten. Si lo que se quiere es la tradición, las fuentes están libres, completas y en línea: Cavada 1914, Vicuña Cifuentes 1910 y 1915 y el diccionario de Lenz están libres de derechos, y la recopilación de Renato Cárdenas de 1998 está catalogada en la Biblioteca Nacional Digital de Chile. Y si lo que se quiere es ver qué está haciendo hoy la isla con la figura, el musical Trauko, el encuentro de las aguas, trabajado desde 1998 con el antropólogo chilote Renato Cárdenas, se estrenó en Santiago el 3 de julio de 2025.
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