Imbunche es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Quicaví, Chiloé, CL. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Imbunche?
Ubicación
Quicaví, Chiloé, CL
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-42.26, -73.35
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Imbunche?
El imbunche es el ser deforme que la tradición chilota sitúa dentro de las cuevas de los brujos, sobre todo la de Quicaví. Su rastro escrito es largo y no concuerda consigo mismo. El jesuita Andrés Febrés definió la palabra en Lima en 1765 como aquel a quien los brujos crían desde chiquito en sus cuevas para consultarlo, y Bernhard Havestadt añadió en 1777 que al niño, aún de pecho, le cosían los ojos, la boca y el ano. Francisco J. Cavada dio en 1914 la versión de Chiloé: la cara vuelta hacia la espalda y una pierna pegada por detrás al pescuezo y, contra lo que se creía, un consultor de los brujos y no el jefe del aquelarre. Otros informantes de la época lo llamaban cabro, enano o directamente camahueto. En 1880 el intendente de Chiloé hizo recoger a los brujos del archipiélago y juzgarlos en Ancud, y uno de los procesados, el agricultor Mateo Coñuecar, declaró haber visto un Ibunche en la cueva de Quicaví: un hombre adulto llevado allí por la fuerza. La Corte de Apelaciones absolvió a todos los reos en 1881. José Donoso levantó sobre esta figura El obsceno pájaro de la noche en 1970, y así la palabra salió al mundo.
Para tratarse de una leyenda oral, el imbunche deja un rastro escrito insólitamente largo, y los documentos más antiguos de ese rastro son diccionarios escritos por misioneros.
El jesuita Andrés Febrés, cuyo Arte de la lengua general del reyno de Chile se imprimió en Lima en 1765, lo definió así en su vocabulario: «ivunche. Los que consultan los brujos en sus cuevas, donde los crían desde chiquitos para sus hechicerías o encantos; a esto llaman las indias ivüm coñi». El elemento del que lo hace derivar, ivüm, lo define como «animales pequeños cuadrúpedos, o monstruos». Doce años después el jesuita alemán Bernhard Havestadt imprimió en Münster su Chilidúgu y dejó la versión completa, en latín: se dice entre los indios que sus hechiceros crían en cierta cueva una especie de hombres a los que, siendo aún de pecho, les cosen los ojos, la boca y el ano, de modo que al crecer degeneran en otra figura y otra apariencia; y que estos son sus Consejeros y Consultores, a los que van a pedir consejo reunidos en sus cuevas, «que llaman renu». No he manejado los originales de 1765 y 1777: ambos pasajes están transcritos literalmente, con página y párrafo, por Rodolfo Lenz en el artículo 667 de su diccionario etimolójico y por Julio Vicuña Cifuentes, cada uno por su cuenta.
Dos detalles de la frase de Havestadt los confirma después todo el expediente. El primero es la palabra renu: cuando fray Félix José de Augusta publicó su diccionario araucano-español en 1916 registró renü como «cueva subterránea en que se forman los hechiceros» y renü-ruka como «casa subterránea, guarida de los hechiceros». El segundo es para qué sirve la criatura. En las fuentes del siglo XVIII es un consultor, no un portero.
Y entonces la palabra apareció en una causa criminal, y ahí esta ficha cambia de forma.
En 1880 el intendente de Chiloé, don Luis Martiniano Rodríguez, ordenó a las autoridades subalternas del archipiélago que en un día señalado hicieran una recogida de todos los brujos y los remitieran a Ancud «con todos sus trebejos, hierbas» y demás objetos que debían servir de cuerpo de delito. Lo que el proceso dejó al descubierto fue La Recta Provincia, una sociedad de sanadores a los que el pueblo llamaba «médicos de la tierra», con sus propios reyes, cabildos, jueces y sentencias escritas. Copias del expediente las sacó del juzgado de Ancud don Román Espech, que se las obsequió al historiador Benjamín Vicuña Mackenna; el médico Pedro Lautaro Ferrer las imprimió en 1904 en su Historia general de la medicina en Chile.
Interrogado en Ancud el 26 de marzo de 1880, Mateo Coñuecar —setenta años, agricultor de Teman, que no sabía leer ni escribir— describió la cueva de Quicaví como «una casa subterránea» construida por los propios indígenas, enmaderada por dentro, con una mesa, cuatro sillas principales y tres bancos de madera, con la puerta cubierta de una capa de tierra y cerrada con una chapa que tenía «llave de alquimia». Veinte años antes le habían ordenado llevar allí carne. Al abrirse la puerta, dijo, salieron de dentro dos seres completamente desfigurados: uno «se parecía a un chivato porque también se arrastraba», y el otro «era un hombre desnudo y con barba y pelo completamente blancos y que le llegaban a la mitad del cuerpo». A este último lo conocían con el nombre de Ibunche y a aquel con el de Chivato. Aparentaban unos cincuenta años. Según él no habían nacido en ese papel: se reunía el consejo y determinaba las personas que debían ser el Ibunche y el Chivato, «y aun cuando ellos no quisieran, los tomaban por la fuerza y los encerraban en la cueva». Contó que los mantenían con carne de chivato, de cabrito y de niños difuntos robados en el panteón, que les daban a beber agua de picochihuín y que, una vez convencidos sus captores de que ya no se escaparían, les permitían salir de noche a dar brincos y gritos en la pampa. En el consejo al que asistió, «el Chivato y el Ibunche estaban ahí sin tomar parte en nada» y los hacían colocarse a la entrada. No volvió a verlos ni supo qué fue de ellos.
La descripción chilota que hoy es la conocida viene de otra rama. El Chiloé de Darío Cavada (Ancud, 1896) hacía del imbunche el brujo que preside el aquelarre. Francisco J. Cavada, en Chiloé y los chilotes (1914, pp. 99-100), lo contradijo: un ser deforme y contrahecho, «que lleva la cara vuelta hacia la espalda, y que anda sobre una pierna por tener la otra pegada por detrás al pescuezo o a la nuca»; y «no es el jefe del aquelarre como ordinariamente se cree», sino «una especie de consultor de los demás brujos y de instrumento para sus venganzas o maleficios», encerrado en la «Casa Grande», es decir en la cueva de Quicaví, y sacado a azotes cuando lo necesitan, dando por el camino unos chivateos que aterran a los vecinos. Cavada anota también que se hace de un niño, deformándolo desde sus primeros meses con descoyunturas y torcimientos, y que se le llama además Vuta o Vuta-macho.
En el continente la misma palabra significaba otra cosa. Los informantes del propio Vicuña Cifuentes le dieron tres versiones: en Talagante los brujos roban niños varones de seis meses a un año y les obstruyen todos los agujeros naturales del cuerpo, y los imbunches sirven «para custodiar los entierros», los tesoros que sus dueños ya muertos dejaron ocultos bajo tierra; en Melipilla los tapan «dejándolos parejos»; en Coihueco de Chillán «les cosen todos los portillos del cuerpo y luego los echan desnudos a los pajonales». Ninguno de esos informantes menciona cueva alguna.
Cronología: los hechos documentados de Imbunche
1765El jesuita Andrés Febrés imprime en Lima su Arte de la lengua general del reyno de Chile. Su vocabulario define ivunche como «los que consultan los brujos en sus cuevas, donde los crían desde chiquitos para sus hechicerías o encantos», e ivüm como «animales pequeños cuadrúpedos, o monstruos». Es la mención más antigua localizada para esta ficha, y en ella no hay ni cueva custodiada ni niño mutilado.
1777Se imprime en Münster, en Westfalia, el Chilidúgu de Bernhard Havestadt. En un párrafo latino cuenta que los hechiceros crían en una cueva una especie de hombres a los que, aún de pecho, les cosen los ojos, la boca y el ano, de modo que al crecer degeneran en otra figura, y que esos son los consejeros a los que consultan en las cuevas «que llaman renu». Lenz y Vicuña Cifuentes transcriben el pasaje entero cada uno por su lado.
23 de marzo de 1880El intendente de Chiloé, Luis Martiniano Rodríguez, hace recoger en un solo día a los brujos del archipiélago y remitirlos a Ancud con sus hierbas y trebejos como cuerpo de delito. La prisión de Mateo Coñuecar se cuenta después desde esta fecha. En una carta al presidente Domingo Santa María, Rodríguez escribe que persigue «cerca de 100 personas en la provincia».
26 de marzo de 1880Mateo Coñuecar declara en Ancud. Describe la cueva de Quicaví como una casa subterránea con una mesa, cuatro sillas principales y tres bancos, y cuenta que veinte años antes vio dentro dos seres desfigurados, el Ibunche y el Chivato: hombres hechos, de unos cincuenta años, designados por el consejo y tomados por la fuerza, mantenidos con carne de cabrito y con cuerpos de niños robados del panteón. Es el único relato de primera mano sobre un imbunche en todo el expediente.
2 de marzo de 1881El juez letrado de Ancud, Beytía, dicta sentencia contra nueve procesados por asociación ilícita y estafa: Mateo Coñuecar a tres años, Cristino y Aurora Quinchén y Juan Esteban Carimonei a quinientos cuarenta y un días, Domingo Coñuecar y Juan Ignacio Uribe a un año, y otros tres al tiempo ya cumplido. Los absuelve del homicidio por envenenamiento por no constar el cuerpo del delito.
24 de mayo de 1881La Corte de Apelaciones de Concepción revoca la sentencia de Ancud y absuelve a todos los reos: no consta que la asociación se formara contra el orden social, no consta el cuerpo del delito en los envenenamientos, y las pequeñas dádivas que recibieron Aurora Quinchén y otros lo fueron en remuneración de sus servicios como curanderos. El ministro Escobar vota en contra. El fallo se publica en la Gaceta de los Tribunales de 1881.
1896El Chiloé de Darío Cavada, publicado en Ancud, describe al Imbunche o Buta como el brujo que preside el aquelarre, con la cara vuelta hacia atrás y una pierna adherida a la espalda, y llama a su voz «formidable y aterradora». Vicuña Cifuentes reproduce esa versión como la tradición chilota en 1910.
1904El médico Pedro Lautaro Ferrer imprime las declaraciones de Ancud en su Historia general de la medicina en Chile, a partir de las copias que sacó del juzgado don Román Espech y que obsequió a Benjamín Vicuña Mackenna. Sin ese libro, el imbunche no tendría documentación primaria de ninguna clase.
1904-1910El artículo 667 del Diccionario etimolójico de Rodolfo Lenz da cuatro acepciones de imbunche, y la criatura chilota es solo la tercera; la primera es sencillamente «maleficio, encantamiento diabólico». Lenz hace derivar la palabra del ivüm de Febrés más che, «hombre», y cita entero el latín de Havestadt.
1910Julio Vicuña Cifuentes imprime por primera vez su entrada del imbunche, en las páginas 26-29 de Estudios de folk-lore chileno: cinco años antes del libro al que suele atribuirse. Ya trae sus tres informantes del continente, el pasaje de Havestadt y el extracto de las declaraciones de 1880, junto con su veredicto de que ni Ferrer ni el folleto Los brujos de Chiloé (1908) especifican qué papel desempeñaba el imbunche.
1914Francisco J. Cavada, en Chiloé y los chilotes (pp. 99-100), corrige el relato recibido: el Invunche «no es el jefe del aquelarre como ordinariamente se cree», sino un consultor de los brujos e instrumento de sus venganzas, encerrado en la «Casa Grande» —la cueva de Quicaví— y sacado a azotes. Escribe la palabra con v por razones etimológicas, contra otros autores.
1915El ampliado Mitos y supersticiones dedica al imbunche el capítulo XXIII, pp. 68-72. Entre las versiones que Vicuña Cifuentes añade ahora está el Vocabulario de Cañas, que recoge que unos tienen al ivunche por un enano deforme, otros por un cabro que come carne humana y otros «que es el Camahueto, y que tiene, en consecuencia, figura de ternero».
1916El Diccionario araucano-español de fray Félix José de Augusta registra renü como «cueva subterránea en que se forman los hechiceros» y renü-ruka como «casa subterránea, guarida de los hechiceros»: exactamente la expresión que Mateo Coñuecar había usado en Ancud treinta y seis años antes para la cueva de Quicaví. El diccionario no trae entrada para ivunche.
1970José Donoso publica El obsceno pájaro de la noche en Seix Barral, Barcelona. El imbunche es la imagen que gobierna la novela —«Todo cosido, los ojos, la boca, el culo, el sexo cosido»— y la versión que emplea es la de los misioneros del siglo XVIII, no la chilota. Traducido al inglés en 1973 y nunca descatalogado desde entonces, el libro es la razón de que la palabra viajara fuera de Chile.
22 de febrero de 2012Se fotografía para Wikimedia Commons una escultura pública del Invunche instalada en la Plaza de Armas de Ancud. Es una obra municipal reciente y representa la versión moderna y compuesta de la criatura, no el ser que describe el expediente de 1880.
¿Hay una explicación racional para Imbunche?
Lo más útil de esta leyenda es que puede cotejarse con un expediente judicial, y el expediente no dice lo que dice la versión popular.
Vicuña Cifuentes lo dejó impreso él mismo, dos veces. Después de leer la edición que Ferrer hizo de las declaraciones de 1880 y un folleto titulado Los brujos de Chiloé (Santiago, 1908) que parecía contener más o menos completas las declaraciones de los principales reos, concluyó sin rodeos: «En ninguna de estas publicaciones se encuentra especificado el papel que desempeña el Imbunche». El Ibunche del expediente no es un niño mutilado. Es un adulto, de unos cincuenta años al parecer, elegido por un consejo y tomado por la fuerza, encerrado en una habitación subterránea y soltado de noche. Eso es un relato de cautiverio, y ya es bastante duro sin necesidad de la cirugía.
La cirugía pertenece a la tradición, y la tradición se contradice casi en cada punto. ¿Es el imbunche el jefe del aquelarre? Darío Cavada dijo que sí en 1896 y Vicuña Cifuentes lo repitió en 1910; Francisco J. Cavada dijo que no en 1914, y nombró la creencia que estaba corrigiendo. ¿Custodia una cueva? Solo en Chiloé: en el continente custodia entierros, o no custodia nada. ¿Es siquiera humano? El Vocabulario de Cañas, citado por Vicuña Cifuentes en 1915, recoge tres lecturas seguidas: un hombre enano y deforme, un cabro que se alimenta de carne humana y, textualmente, «Afirman, por otra parte, que es el Camahueto, y que tiene, en consecuencia, figura de ternero». Tres criaturas incompatibles con un mismo nombre, en la misma página.
Frente a eso, el compuesto moderno está llamativamente fijado: el primogénito, la pierna derecha quebrada y doblada sobre la espalda, la lengua hendida a los tres meses, el ungüento que hace salir pelo, la piel que se vuelve azul, la leche de gata negra. No he podido documentar esa lista. Febrés y Havestadt describen los orificios del cuerpo cosidos, y nada más. Francisco J. Cavada da la pierna torcida y la cara vuelta hacia atrás, y ninguna lengua. El artículo 667 de Lenz da cuatro acepciones de la palabra, y la criatura chilota es solo la tercera. La receta moderna completa aparece en artículos de enciclopedia y páginas de mitología que no citan fuente alguna, y esta ficha arrastraba su propia variante —lengua partida, un brazo fundido al hombro, el cuerpo sellado con grasa animal— que no está en ninguna de las obras leídas aquí. No he conseguido fijar en qué momento entró en la imprenta; lo que sí puede afirmarse es que no está en los compiladores del siglo XIX.
Hay un hilo que sí se puede fechar, y es literario. El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso (Seix Barral, Barcelona, 1970), está construido sobre el imbunche: la pesadilla del narrador, envuelto, atado y clausurado, recorre el libro entero, y la forma que la novela usa es la de los misioneros del siglo XVIII —«El imbunche. Todo cosido, los ojos, la boca, el culo, el sexo cosido»— y no la pierna quebrada chilota. Traducida al inglés en 1973 y reimpresa desde entonces sin interrupción, la novela llevó la palabra a lectores que no abrirán jamás a Cavada, y es la razón de que una pieza del folclore de Chiloé tenga entrada en obras generales de referencia literaria. Es el patrón con el que este sitio tropieza una y otra vez: un libro del siglo XX se convierte en el canal por el que se transmite un relato antiguo, y la versión del libro empieza a contarse como si fuera la inmemorial.
En cuanto al juicio, conviene hacer las cuentas, porque las cifras sueltas que circulan no las resisten. Rodríguez escribió al presidente Domingo Santa María que perseguía «cerca de 100 personas en la provincia»; la redada se llevó por delante, sin distinguir, a cargos de la Recta Provincia, machis y curanderos, y a la mayoría se la liberó antes del final. El 2 de marzo de 1881 el juez letrado de Ancud, Beytía, condenó a nueve hombres y mujeres por asociación ilícita y estafa —a Mateo Coñuecar a tres años contados desde su detención el 23 de marzo de 1880; a Cristino y Aurora Quinchén y a Juan Esteban Carimonei a quinientos cuarenta y un días; a Domingo Coñuecar y a Juan Ignacio Uribe a un año; y a Desiderio Quinchén, José María Chiguai y Santiago Rain al tiempo ya cumplido— y los absolvió del homicidio por envenenamiento por no constar el cuerpo del delito. El 24 de mayo de 1881 la Corte de Apelaciones de Concepción revocó esa sentencia y los absolvió a todos: no constaba que la asociación se hubiera formado para atentar contra el orden social, no constaba la existencia del cuerpo del delito en los envenenamientos, y las pequeñas dádivas que recibieron Aurora Quinchén y otros lo fueron «en remuneración de sus servicios como curanderos». Un ministro, el señor Escobar, votó en contra. Al final no se condenó a nadie por nada.
¿Se puede visitar Imbunche?
Quicaví es un lugar real con gente viviendo en él, y lo primero útil que hay que decir es que no hay ninguna cueva que visitar. No existe una entrada señalizada ni abierta de la Casa Grande; el terreno está habitado y trabajado; y los brujos del expediente de 1880 fueron isleños que acabaron en la cárcel. Presentarse allí a buscar una cueva de brujos no es una actividad turística, y nadie en Quemchi le debe una al visitante.
Quicaví es un caserío costero de la comuna de Quemchi, en la provincia de Chiloé, Región de Los Lagos, en la costa nororiental de la Isla Grande, al que se llega por la Ruta W-179, sin pavimentar, desde el camino que baja por la costa oriental. Quemchi, la capital comunal, tenía 8.352 habitantes en el censo de 2017 y se anuncia como «la comuna de los mil paisajes», expresión del escritor Francisco Coloane, que nació allí. En el propio Quicaví hay alojamiento modesto. Tenaún y Dalcahue, ambos nombrados en las declaraciones de 1880 como puntos de la Recta Provincia, quedan más al sur por esa misma costa.
Ancud, en el extremo norte de la isla, es donde se siguió el juicio y donde está el material. El Museo Regional de Ancud, del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, está en Libertad 370 y la entrada es liberada. Abre de martes a sábado: de martes a jueves de 10:00 a 17:30 y los viernes de 10:00 a 16:30 todo el año; los sábados, de 10:00 a 16:00 en enero y febrero y de 10:00 a 14:00 de marzo a diciembre. Teléfono +56 65 250 4780. El expediente no está expuesto: las copias que sacó Román Espech para Vicuña Mackenna se conservan en Santiago, en el Archivo Nacional y en la Biblioteca Nacional. En la Plaza de Armas de Ancud hay una escultura pública del Invunche, fotografiada allí en febrero de 2012; es una obra municipal de las últimas décadas, no una pieza antigua, y representa la versión moderna.
La visita más barata es la que hace esta ficha a las fuentes, y es la que recomienda. Ferrer (1904), Lenz (1904-1910), Vicuña Cifuentes (1910 y 1915), Francisco J. Cavada (1914) y Augusta (1916) están libres de derechos y se leen completos en línea. La declaración de Coñuecar ocupa unas pocas páginas. Cualquiera puede cotejar esta ficha con ella en una tarde.
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