🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº6501 ACTIVO

El Cuero

El Cuero es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Chile central y sur, CL. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a El Cuero?

Ubicación
Chile central y sur, CL
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-38.8, -72.6
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es El Cuero?

El cuero es un ser acuático de la tradición mapuche y chilena, descrito como un pulpo con las dimensiones y el aspecto de un cuero de vacuno perfectamente estirado, orlado de garras por todo el contorno, que envuelve lo que entra en el agua y se lo lleva al fondo. Su nombre en mapudungun, trülke wekufü, une trəlke, «cuero, pellejo», con wekufe: no un monstruo, sino la categoría de agencia dañina que está detrás de la enfermedad y la desgracia, y que Rodolfo Lenz definió como «más bien una fuerza que una persona». Juan Ignacio Molina recogió la creencia en 1782 y anotó que por su causa los indios no se bañaban nunca en esos lagos, y que el animal probablemente solo existía en su imaginación. Tomás Guevara fijó la descripción y el dibujo en 1908, imprimió el testimonio de dos informantes mapuche con nombre —Manqueo, del río Quepe, y Lorenzo Manquián, de Cholchol— y, en el mismo párrafo, dio la explicación: el que se hunde y no vuelve a salir, enredado en árboles sumergidos o en lechos fangosos, «ha sido tomado por el trelquehuecufe». Julio Vicuña Cifuentes reunió tres variantes orales en 1915, en Talagante, Buin con Coihueco de Chillán y Concepción.

¿Cuál es la historia de El Cuero?

La criatura tiene nombre en mapudungun, y el nombre es lo primero que conviene no estropear. El Diccionario araucano-español de Félix José de Augusta (1916) traduce trəlke como «el cuero, pellejo» y wekufü como «el diablo; el flechazo del demonio», ese palito o pelo que la machi finge extraer del cuerpo del enfermo. Trülke wekufü no significa, pues, «la piel del monstruo», sino algo más parecido a «el cuero del wekufe». Y la segunda mitad del compuesto no es un monstruo. Rodolfo Lenz, en el Diccionario etimolójico de las voces chilenas (entrada 609), define huecúvu como «un ser mítico de los mapuches, especie de jénio del mal, de quien provienen enfermedades i otras desgracias», y añade la frase decisiva: «Es mas bien una fuerza que una persona». El wekufe es una categoría de agencia dañina dentro de la cosmovisión mapuche —la razón por la que ocurren la enfermedad, el accidente y la desgracia—, y el cuero es una de las formas que esa agencia toma en el agua. El escueto «el diablo» de Augusta es la taquigrafía de un misionero capuchino, no una traducción. El rastro impreso más antiguo es un desmentido. El jesuita Juan Ignacio Molina, en la historia natural de Chile que publicó desde el destierro italiano en 1782, habló de un animal de tamaño monstruoso que los indios decían que vivía en ciertos lagos y llamaban guruvilu, el zorro-culebra: creen que devora a los hombres «y por eso no se bañan nunca en esos lagos», pero las descripciones de su tamaño y su forma casi nunca coinciden: unos le dan cuerpo de serpiente y cabeza de zorro; otros lo hacen circular, semejante a un cuero de buey hinchado. El veredicto de Molina, en la traducción inglesa de 1808, p. 162: «es probable, sin embargo, que este animal no tenga otra existencia que la que le da la imaginación de esta gente». Su contemporáneo Felipe Gómez de Vidaurre escribió casi lo mismo: unos lo hacen largo como una serpiente, con cabeza de zorra, «quién cuasi circular como un cuero de vaca extendido; yo dudo mucho de la existencia de tal animal». El cuero y el zorro-culebra vinieron enredados desde la primera página en que aparecieron, y los folcloristas llevan desde entonces separándolos. El registro sistemático es un siglo posterior y se debe a dos hombres. Tomás Guevara, en Psicolojía del pueblo araucano (1908), fijó la descripción y además la dibujó: «Trelquehuecufe (cuero huecuve) llaman los indios a un pulpo de las dimensiones de una piel de ternero, armado de garras en todo su alrededor. Habita en las honduras de los rios i lagunas, donde toma a los hombres i animales que atraviesan o se bañan en esos parajes i los mata por medio de una contracción irresistible». Su lámina —Fig. 42, número 5, junto al pihuicheñ, el chonchón, el colocolo, el ngürüvilu y el huaillepeñ— es el origen de casi todos los dibujos posteriores: un cuero plano orlado de garras por todo el contorno. Lo que de verdad vale de Guevara es que imprimió las palabras de sus informantes y sus nombres. De Manqueo, del río Quepe: «En el rio Quepe hai un remanso. Un mapuche fué a bañarse ahí. Se tiró al agua. Inmediatamente se sumerjió. No salió mas. Cuatro días lo buscaron. Imposible hallarlo. Hallan pronto a otros ahogados. Entónces todos dijeron: 'Hai trelquehuecufe'. Nadie se ha bañado mas en esa laguna». De Lorenzo Manquián, de Cholchol, un avistamiento en primera persona: bajó una tarde a la orilla del río y vio en un pedregal «una cosa como cuero de ternero, color café, con pintas blanquizcas», rodeada de uñas; huyó a su casa, volvió con su padre y ya no estaba. Esos dos relatos, con esos dos nombres, son lo más parecido a un testimonio directo que conserva el expediente. Y están impresos dentro de un libro cuyos capítulos de encuadre describen a los mapuche como una raza inferior de intelectualidad esterilizada. El testimonio es de ellos; el desprecio es del etnógrafo, y conviene decirlo en voz alta. Siete años después, Julio Vicuña Cifuentes reunió el lado chileno-castellano en Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena (1915). El capítulo XI, «El Cuero», ocupa dos páginas y da tres variantes orales, cada una con el lugar en que se recogió. De Talagante: un pulpo con las dimensiones y el aspecto del pellejo de un vacuno perfectamente estirado, «las orillas están guarnecidas de innumerables ojos, y en la parte que parece ser la cabeza, tiene cuatro más de mayor tamaño». De Buin y Coihueco de Chillán: el mismo animal, con fuerza para arrastrar al fondo caballo y caballero a la vez, y al que se caza echándole al agua un trozo de quisco para que lo envuelva y se destroce solo con las espinas. De Concepción: un monstruo del Bío-Bío cuyo «origen fué un cuero de asno que botaron al río, donde cobró vida y se desarrolló». Vicuña anota en una línea «Es mito de origen araucano» y reproduce después a Cavada sobre Chiloé, donde se le llama la Manta y es «el terror de los niños que se bañan», y la entrada del diccionario de Lenz, que lo define como «animal fabuloso de la mitolojía chilena que vive en el agua i hace daño a los que pasan o se bañan». Si se completa el mapa, el bicho resulta casi nacional. Lenz lo recogió en Ñuble y, en su segundo suplemento, en Los Ángeles y en la Frontera. Bernardo Gotschlich, levantando el catastro de Llanquihue y Valdivia para el Boletín del Museo Nacional de Chile en 1913, anotó «el telquehuécuve, un ser parecido a la jibia» —una jibia, no un pulpo—. Benjamín Vicuña Mackenna dio cuenta de uno en la laguna pantanosa de Viña del Mar en 1877. José Silvestre lo describió con el nombre de Huecú en el periódico ovallino El Obrero en 1904, seiscientos kilómetros más al norte. De Coquimbo a Chiloé, allí donde había agua que la gente cruzaba o en la que se bañaba, había un cuero esperando dentro.

Cronología: los hechos documentados de El Cuero

  1. 1782 Juan Ignacio Molina publica en Bolonia su historia natural de Chile. Cuenta que los indios dicen que en ciertos lagos vive un animal monstruoso, el guruvilu, que por eso «no se bañan nunca en esos lagos», que algunos lo describen circular y semejante a un cuero de buey hinchado, y que probablemente «no tenga otra existencia que la que le da la imaginación de esta gente». El tabú queda registrado antes que la anatomía.
  2. marzo de 1867 Rodolfo Amando Philippi presenta a la Facultad de Ciencias Físicas su comentario crítico sobre los animales descritos por Molina. En la página 788 glosa la segunda descripción como «una raya inmensa o Manta» y respalda el veredicto de Molina de «una existencia imajinaria». La idea, muy repetida, de que un zoólogo propuso la raya es una mala lectura: la raya es la paráfrasis que hace Philippi de un dicho ajeno, y su propia conclusión es que la criatura es imaginaria.
  3. 1877 Benjamín Vicuña Mackenna da cuenta de cueros en la laguna pantanosa de Viña del Mar que se tragan a los incautos «envolviéndolos como en una sábana», y los identifica con el pulpo gigante de Victor Hugo. Vicuña Cifuentes archivará después el pasaje no bajo «Cuero», sino bajo «Guirivilo», señal de hasta qué punto se habían confundido los dos seres.
  4. 19 de febrero de 1904 José Silvestre publica «Algo de mitología zoológica en Ovalle» en el periódico ovallino El Obrero y describe el Huecú como un animal «en forma de cuero de cabra» que se asolea en la superficie del agua. Su frase más útil es la explicativa: «Siempre que se ahogan las personas, bañándose, dice el populacho que "lo aplanó" el Huecú». Es la afirmación fechada más antigua de que la creencia funcionaba como explicación de los ahogamientos.
  5. 2 de noviembre de 1905 Tomás Guevara publica la variante «trelquehuecúve» en el diario santiaguino La Lei. Lenz anota la fecha y la forma en el segundo suplemento de su diccionario como confirmación de la etimología mapuche que había propuesto, y reconoce que sigue sin estar seguro de dónde cae el acento.
  6. 1908 Tomás Guevara publica «Psicolojía del pueblo araucano». La página 322 da la descripción canónica —un pulpo del tamaño de una piel de ternero «armado de garras en todo su alrededor»— y el dibujo de la lámina contigua (Fig. 42, n.º 5) se convierte en la imagen estándar. En el mismo párrafo Guevara aporta la explicación racional: el que se hunde y no vuelve a salir, enredado en árboles sumergidos o en lechos fangosos, «ha sido tomado por el trelquehuecufe».
  7. 1908 (pp. 362-363) El mismo libro imprime dos testimonios con el nombre de sus narradores. Manqueo, del río Quepe, cuenta el caso de un hombre que se tiró a un remanso, se hundió en el acto y no apareció en cuatro días, «cuando a los demás ahogados se los halla pronto»; después nadie volvió a bañarse allí. Lorenzo Manquián, de Cholchol, cuenta que vio en un pedregal «una cosa como cuero de ternero, color café, con pintas blanquizcas» rodeada de uñas, y que huyó. Son los únicos testigos con nombre de todo el expediente.
  8. diciembre de 1913 El catastro de Llanquihue y Valdivia de Bernardo Gotschlich aparece en el Boletín del Museo Nacional de Chile. En la página 451 anota entre los monstruos «el telquehuécuve, un ser parecido a la jibia»: una jibia, no un pulpo. Es la atestiguación documentada más próxima a la región de los lagos del sur.
  9. 1915 Julio Vicuña Cifuentes publica «Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena». El capítulo XI, «El Cuero» (pp. 38-39), reúne tres variantes orales y localiza cada una: Talagante, Buin junto con Coihueco de Chillán, y Concepción, en el Bío-Bío. Lo llama «mito de origen araucano» y reproduce a Cavada, a Guevara y a Lenz. Ni Villarrica, ni Ranco, ni Panguipulli aparecen en ningún punto del capítulo.
  10. 1916 Se imprime en Santiago el «Diccionario araucano-español» de Félix José de Augusta. Sus entradas fijan el compuesto que hay detrás del nombre castellano: trəlke, «el cuero, pellejo»; wekufü, «el diablo; el flechazo del demonio»; lafken, «mar o lago»; y, significativamente, el adjetivo laf, «plano, llano». Cualquier glosa del nombre de la criatura tiene que pasar por estas entradas o es una conjetura.

¿Hay una explicación racional para El Cuero?

Conviene empezar por la explicación tentadora, porque se cae limpiamente. Un animal plano, más o menos circular, que se queda en el fondo, tiene el color de la arena y lleva el borde armado de púas o de garras suena exactamente a una raya, y rayas de agua dulce sí las hay en Sudamérica. Aquí no. La familia Potamotrygonidae reúne unas cuarenta especies válidas y su área de distribución son las cuencas que desaguan al Atlántico: Amazonas, Orinoco, Paraná-Paraguay, Uruguay. Ninguna cruza los Andes. El listado de FishBase de peces registrados en aguas continentales chilenas recoge unas setenta especies repartidas en una docena de órdenes y no incluye un solo pez cartilaginoso: ni tiburones, ni rayas, ni tollos. Las rayas chilenas son marinas, y los lagos araucanos desaguan al Pacífico por ríos cortos y de fuerte pendiente. Sea lo que sea lo que ha pisado un bañista en el lago Ranco, no era una raya. La misma objeción hunde al pulpo y a la jibia a los que echan mano Vicuña Cifuentes, Guevara y Gotschlich: también son animales de mar, que es justo por lo que el lexicógrafo Manuel Antonio Román, al fichar la expresión «cuero del agua» en 1916, dio por fábula un pulpo de agua dulce que ataca a las personas y lo atribuyó a una especie marina. La lectura naturalista que sí aguanta no es moderna ni la inventaron los escépticos. Guevara la dejó escrita en su propia descripción de 1908, justo detrás de la frase sobre la contracción irresistible: «Mapuche que al caer a una profundidad se hunde i no aparece a la superficie, por quedar enredado en árboles sumerjidos o en lechos fangosos, ha sido tomado por el trelquehuecufe». Un cuerpo que se va al fondo y no vuelve a salir, porque ha quedado enganchado en troncos sumergidos o hundido en el limo, «lo tomó» el cuero. Vuelva a leerse el testimonio de Manqueo con eso delante y deja de ser una historia de monstruos: un hombre se tiró al agua, se hundió en el acto y no lo hallaron en cuatro días, cuando a los demás ahogados se los encuentra pronto. Lo que la comunidad estaba explicando no era un avistamiento. Era un cuerpo que no salía a flote. El mismo mecanismo está en la página ovallina de 1904, seiscientos kilómetros al norte: «Siempre que se ahogan las personas, bañándose, dice el populacho que "lo aplanó" el Huecú». Y el elemento más antiguo de todos, el de Molina en 1782, no es una descripción sino una conducta: por eso no se bañan nunca en esos lagos. El tabú está documentado antes que la anatomía. Queda entonces una creencia haciendo un trabajo perfectamente racional sobre un peligro perfectamente real. Son lagos hondos, fríos y de origen glaciar al pie de volcanes activos, con caídas bruscas de fondo a pocos metros de la orilla y sin socorristas fuera de un puñado de playas urbanas en enero y febrero. El Observatorio Mundial de la Salud de la OMS situó la tasa chilena de mortalidad por ahogamiento, estandarizada por edad, en 3,1 por 100.000 en 2004, y desglosada por sexos en 5,7 en hombres frente a 0,6 en mujeres: casi diez a uno. Esa asimetría es exactamente el reparto de papeles del folclore: en Guevara, en Vicuña y en Cavada las víctimas son hombres a caballo, hombres bañándose, animales bebiendo en la orilla y niños sin vigilancia. Un relato que mantiene lejos del agua honda justamente a esa gente no es un fallo del razonamiento. Es una evaluación de riesgo barata, portátil y bastante certera, y lo único que tiene mal es la forma de la cosa que te mata.

¿Se puede visitar El Cuero?

Una advertencia honrada antes de lo práctico: ninguna de las fuentes leídas para esta ficha vincula al cuero con los lagos Villarrica, Ranco o Panguipulli por su nombre. Los recopiladores lo situaron en Talagante, Buin, Coihueco de Chillán, el Bío-Bío a la altura de Concepción, Ñuble, Los Ángeles, Ovalle, Viña del Mar y todo Chiloé, y las atestiguaciones documentadas más cercanas a la zona de los lagos son el catastro de Llanquihue y Valdivia de Gotschlich (1913) y los dos informantes de Guevara, en el río Quepe y en Cholchol, ambos cerca de Temuco. Lo que se puede visitar en la región de los lagos es el paisaje y las comunidades mapuche vivas, no el domicilio de un monstruo. Los tres lagos quedan a uno y otro lado del límite regional. A Villarrica y Pucón (La Araucanía) se llega desde Temuco, la ciudad con aeropuerto más próxima, por la Ruta 5 Sur y después la Ruta 199; CONAF cifra en 135 km la distancia de Temuco al Parque Nacional Huerquehue. A Panguipulli y al lago Ranco (Los Ríos) se llega desde Valdivia u Osorno. El Parque Nacional Villarrica abarca 53.460 hectáreas en las comunas de Villarrica, Pucón, Curarrehue y Panguipulli y forma parte de la Reserva de la Biosfera Araucarias de la Unesco; su sector Rucapillán está a 8 km de Pucón por el camino al volcán. Al Parque Nacional Huerquehue, 12.500 hectáreas de araucarias y lagunas de montaña, solo se accede por el camino de Pucón a Caburgua con desvío en Paillaco, con los últimos 8 km sin pavimentar, y cierra los lunes por mantenimiento. A la Reserva Nacional Mocho-Choshuenco, en las comunas de Panguipulli, Futrono y Los Lagos, se llega desde Valdivia bordeando el lago Panguipulli hasta el pueblo de Choshuenco por la Ruta 230; hay tres buses diarios desde Panguipulli, con el último regreso a las 19:00. La oficina de CONAF en Panguipulli está en Carlos Acharán 263, teléfono +56 63 231 1025. Hay que comprobarlo antes de ir, porque estos parques cierran. Las entradas y los horarios vigentes se venden únicamente en el portal oficial pasesparques.cl. A 11 de agosto de 2026, el Parque Nacional Villarrica y el Parque Nacional Huerquehue estaban cerrados al público por temporal; el acceso a Mocho-Choshuenco desde Choshuenco exigía vehículo 4×4 con cadenas; los senderos de glaciar de Villarrica estaban cerrados del 25 de julio al 31 de diciembre de 2026; y regía una alerta nacional por influenza aviar de alta patogenicidad en las áreas protegidas. Está prohibido hacer fuego y los drones necesitan autorización. El agua merece el aviso que da la propia historia. Son lagos de origen glaciar, hondos y fríos todo el año, con caídas de fondo bruscas; el viento se levanta por la tarde y solo hay vigilancia en pleno verano y en las playas urbanas. Báñese en playas con socorrista, no pierda de vista a los niños y trate las ensenadas quietas y oscuras como lo que el folclore dijo siempre que eran: el peor sitio para meterse. Y si visita comunidades mapuche que ofrecen turismo en Curarrehue, Panguipulli o el lago Ranco, hágalo en sus términos: el wekufe forma parte de una religión viva, no de un decorado.

Fuentes consultadas

  1. Julio Vicuña Cifuentes, «Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena, cap. XI «El Cuero», pp. 38-39 y notas comparativas pp. 335-336» — Imprenta Universitaria, Santiago de Chile, 1915 libro
  2. Tomás Guevara, «Psicolojía del pueblo araucano (descripción del trelquehuecufe, p. 322 y fig. 42; testimonios de Manqueo y Lorenzo Manquián, pp. 362-363)» — Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1908 libro
  3. Rodolfo Lenz, «Diccionario etimolójico de las voces chilenas derivadas de lenguas indíjenas americanas (entrada 466 «Chueiquehuecú», p. 323; entrada 609 «Huecuvu»; Suplemento II, p. 868)» — Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910 libro
  4. Félix José de Augusta, «Diccionario araucano-español (entradas trəlke, wekufü, lafken, laf)» — Imprenta Universitaria, Santiago de Chile, 1916 libro
  5. Rodolfo Amando Philippi, «Zoolojía. Comentario crítico sobre los animales descritos por Molina (p. 788)» — Anales de la Universidad de Chile, vol. 29, pp. 775-802, 1867 académico
  6. Juan Ignacio Molina, «The Geographical, Natural and Civil History of Chili, vol. I, p. 162 (traducción inglesa del Saggio de 1782)» — I. Riley, Middletown, Connecticut, 1808 libro
  7. Bernardo Gotschlich, «Llanquihue i Valdivia — Etnolojía (p. 451)» — Boletín del Museo Nacional de Chile, tomo VI, 1913 académico
  8. R. Froese y D. Pauly (eds.), «Country checklist: freshwater fishes reported from Chile (unas 70 especies, ningún condrictio) y familia Potamotrygonidae (40 especies válidas, cuencas atlánticas)» — FishBase, 2026 web
  9. Organización Mundial de la Salud, «Age-standardized death rates, drownings, per 100 000 — Chile (3,1 en total; 5,7 hombres y 0,6 mujeres, 2004)» — Global Health Observatory, indicador SA_0000001441, 2004 informe
  10. CONAF, «Parque Nacional Villarrica — acceso, sectores, avisos y cierres vigentes» — Corporación Nacional Forestal, Chile, 2026 web
  11. CONAF, «Parque Nacional Huerquehue — acceso, superficie y cierres vigentes» — Corporación Nacional Forestal, Chile, 2026 web
  12. CONAF, «Reserva Nacional Mocho-Choshuenco — comunas, accesos, buses y condiciones de camino» — Corporación Nacional Forestal, Chile, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 11/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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