Peuchén es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Chile (Mapuche), CL. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Peuchén?
Ubicación
Chile (Mapuche), CL
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-38.7, -72.6
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Peuchén?
El pihuicheñ mapuche —impreso como pihuychen, piguchén, piuchén y, sólo tarde y rara vez, peuchén— es una serpiente alada que silba al volar y bebe la sangre de personas y animales dormidos. Su mención fechable más antigua es una entrada de diccionario de 1765; la duda más antigua que se conserva es un chiste que Bernardo Havestadt hizo en latín en 1777, cuando añadió que también se muere el que no lo ve, puesto que no lo ha visto nadie. El primer naturalista que lo describió, Juan Ignacio Molina, lo archivó en 1788 entre los animales que carecen de autenticidad suficiente para ser clasificados, y dijo que no hace mal a nadie y que come insectos. La explicación del murciélago vampiro no es moderna ni anónima: la imprimió Claudio Gay en 1847 y, en el mismo párrafo, situó el límite austral del animal en los 32 y 33 grados, unos quinientos kilómetros al norte de la Araucanía, que es donde se recogió la versión mapuche. Tomás Guevara anotó el pihuicheñ como ser de la selva que era tabú mirar y como antepasado que reivindicaba un linaje de Cholchol.
La criatura que esta ficha archiva como Peuchén está impresa desde 1765 y, durante casi todo ese tiempo, nadie la llamó Peuchén.
El punto fijo más antiguo es una entrada de diccionario. Andrés Febrés, en su Arte de la lengua general del Reyno de Chile (Lima, 1765), registra pihuychen y lo despacha en un renglón: culebra que dicen vuela cuando silba, y el que la ve se muere. La entrada salió con errata, colocada entre pihuen y pilon con las letras trastocadas —Rodolfo Lenz lo advirtió en 1910 y corrigió la lectura—, pero ahí está, y ahí empieza el expediente.
Doce años después el jesuita westfaliano Bernardo Havestadt copió la glosa en su Chilidúgú (1777) y luego hizo algo que ninguno de sus sucesores hizo: contestarla. «Pihuichen, coluber, anguis, serpens volatilis, quem qui videt, vel audit sibilare, moritur; addo et qui non videt, uti visus est nemini»: serpiente voladora, el que la ve o la oye silbar se muere; y añado —dice— que también el que no la ve, puesto que no la ha visto nadie. El escepticismo más antiguo que se conserva sobre el pihuichén es un chiste de un misionero en latín, en 1777.
El primer naturalista que lo describió no describió un monstruo. Juan Ignacio Molina metió el Piguchén en la edición española de su Compendio (Madrid, 1788, pp. 306-307) dentro de una lista explícita de animales que sólo había oído nombrar y que «carecen de la autenticidad suficiente para ser colocadas en los órdenes del reyno animal». Su bicho es un cuadrúpedo alado del tamaño y la figura del conejo casero, cubierto de pelo fino color canela, con el hocico aguzado, los ojos grandes, redondos y resplandecientes, las orejas casi invisibles, las alas membranosas y la cola ancha en la punta como la de los peces; silba como las culebras, alza el vuelo como las perdices, habita en los huecos de los árboles, sólo sale de noche y «no hace mal a nadie sino es a los insectos, que le sirven de pasto». El piguchén de Molina es un murciélago insectívoro con un rumor pegado encima.
La sangre entró por el registro popular, no por el sabio, y el sabio respondió deprisa. En 1838 George Waterhouse describió Desmodus d'orbignyi sobre un ejemplar cogido en Coquimbo; quien lo cogió viajaba con Charles Darwin, que contó el episodio en su Journal of Researches (1845): en un vivac cerca de Coquimbo un caballo se puso inquieto, su criado le pasó la mano por la cruz a oscuras «y capturó al vampiro». Nueve años más tarde Claudio Gay, en el tomo I de la Zoología de su Historia física y política de Chile (1847), sacó la conclusión que desde entonces repite todo el mundo sin saber de quién es: la vida nocturna y el carácter sanguinario del murciélago «han dado sin duda origen a la historia fabulosa del famoso Piuchen». En el mismo párrafo Gay dijo dónde vive el murciélago —«las provincias del norte y particularmente en la de Coquimbo»— y añadió el límite que aquí importa: «creemos que no ha de pasar del sur más de los 32 y 33 grados».
Para entonces la palabra ya se alejaba del animal. El Diccionario de chilenismos de Zorobabel Rodríguez (1875) recoge piguchén en Chile central como nombre de una taberna de mala muerte. En febrero de 1904, un corresponsal que firmaba José Silvestre publicó en El Obrero de Ovalle una descripción del Piuchén con pico y alas de loro, cuerpo de sapo y cola de culebrón, que anuncia su presencia con tres silbidos, se ahuyenta colocándole en alto banderas blancas o silbándole en una botella, y no hace daño en las majadas de cabras blancas.
El expediente mapuche es otro documento. Tomás Guevara, en Psicolojía del pueblo araucano (1908), pone el pihuicheñ en primer lugar entre los mitos de origen totémico que habitan la selva: serpiente alada que silba y vuela de noche, que en los días de gran calor se adhiere a la corteza de los árboles y deja en ella un rastro de sangre, que bebe la sangre de personas y animales dormidos y que, al envejecer, se transforma en un pájaro del tamaño de un gallo. Dos detalles de Guevara valen más que la descripción. Anota que un linaje de Cholchol decía descender del pihuicheñ, y lo clasifica como tabú: nadie intentaba mirarlo cuando se sospechaba que estuviera en algún paraje. Guevara además lo dibujó: es la figura 42, número 1, la culebra de alas membranosas y sin plumas que ilustra esta ficha.
Julio Vicuña Cifuentes recogió el resto. Sus seis versiones de informantes ya estaban impresas en 1910, en los Estudios de folk-lore chileno que llevó al Congreso Científico Internacional Americano de Buenos Aires; los Mitos y supersticiones de 1915 las reimprimen literalmente como capítulo XXIX y les añaden las notas comparativas. Las seis vienen de Talagante, Melipilla, Coinco, Vichuquén, Quella y Coihueco de Chillán: todas de Chile central, a cientos de kilómetros al norte de la Araucanía. El diccionario de Lenz (art. 1077) cataloga las grafías —pihuichén, piuchén en el centro, piruchén en el norte, piguchén— y su suplemento añade peuchén, con interrogante, para Ñuble. Francisco J. Cavada encontró en Chiloé (1914) que la palabra ya no nombraba un animal: allí piguchén es un estado, la degeneración en que cae un ser, y el candidato a brujo que no adelanta en «el arte» y al que el aquelarre arroja a un río caudaloso sale de él convertido en piguchén. Por último, el Diccionario araucano-español de Félix José de Augusta (1916) aportó la etimología que las populares nunca dan: piwichen, probablemente compuesto de piwn, secarse o enjutarse, y che, gente. El que seca a la gente.
Cronología: los hechos documentados de Peuchén
1765Andrés Febrés imprime la mención fechable más antigua de la criatura, en el vocabulario de su Arte de la lengua general del Reyno de Chile (Lima): pihuychen, culebra que dicen vuela cuando silba, y el que la ve se muere. La entrada sale con errata; Lenz localizó y corrigió el fallo en 1910.
1777Bernardo Havestadt repite la glosa en su Chilidúgú y añade la primera duda registrada: el que lo ve o lo oye silbar se muere, «addo et qui non videt, uti visus est nemini»; y también el que no lo ve, puesto que no lo ha visto nadie.
1788Sale en Madrid la edición española del Compendio de Molina. Coloca el Piguchén entre los animales que «carecen de la autenticidad suficiente para ser colocadas en los órdenes del reyno animal», describe un bicho peludo, de alas membranosas y del tamaño de un conejo que habita en los huecos de los árboles, y afirma que «no hace mal a nadie sino es a los insectos, que le sirven de pasto».
1838George Waterhouse describe Desmodus d'orbignyi en el volumen de mamíferos de la Zoology of the Voyage of the Beagle, con Coquimbo (Chile) como localidad tipo. El Mammals of Chile de Osgood recoge un siglo después la referencia y la localidad.
1845Charles Darwin publica la captura en su Journal of Researches: vivaqueando cerca de Coquimbo, su criado notó inquieto a un caballo, le pasó la mano por la cruz a oscuras «y capturó al vampiro». Por la mañana la picadura estaba algo hinchada; tres días después montaron el caballo sin consecuencias.
1847Claudio Gay publica el tomo I de la Zoología de su Historia física y política de Chile. Propone la explicación que aún se repite —la vida nocturna y el carácter sanguinario del murciélago «han dado sin duda origen a la historia fabulosa del famoso Piuchen»— y en el mismo párrafo fija el límite austral del animal en «los 32 y 33 grados».
1875Zorobabel Rodríguez registra en su Diccionario de chilenismos que en Chile central se llama piguchen a una taberna de mala muerte, el mismo sentido que timbunche tiene en el norte. El nombre ha empezado a despegarse del animal.
19 de febrero de 1904El Obrero, de Ovalle, publica «Algo de mitología zoológica en Ovalle», de José Silvestre: el Piuchén tiene pico y alas de loro, cuerpo de sapo y cola de culebrón, anuncia su presencia con tres silbidos, se ahuyenta con banderas blancas en alto o silbándole en una botella, y respeta las majadas de cabras blancas. Vicuña Cifuentes reprodujo el pasaje en 1915.
1908Tomás Guevara publica Psicolojía del pueblo araucano. Describe el pihuicheñ como serpiente alada de origen totémico (p. 321), lo dibuja en la figura 42, número 1, anota que era tabú mirarlo (p. 228) y consigna que un linaje de Cholchol decía descender de él (pp. 15-16).
junio de 1910Las seis versiones de informantes del Piguchén de Vicuña Cifuentes ya están impresas, en los Estudios de folk-lore chileno que llevó al Congreso Científico Internacional Americano de Buenos Aires (§ 12, pp. 29-31). Los seis informantes son de Chile central: Talagante, Melipilla, Coinco, Vichuquén, Quella y Coihueco de Chillán.
1910Rodolfo Lenz cierra su Diccionario etimolójico. El artículo 1077 cataloga las grafías —pihuichén, piuchén en el centro, piruchén en el norte, piguchén—, corrige la errata de Febrés, llama pia fraus a la inocuidad que afirmaba Molina y remite a Gay para la base real del mito. El suplemento añade peuchén, con interrogante, para Ñuble.
1914Francisco J. Cavada informa desde Chiloé de que allí piguchén no nombra animal alguno, sino un estado: la degeneración en que cae un ser. El gallo que ha puesto el huevo del basilisco queda piguchén, y también el aprendiz de brujo a quien el aquelarre, declarándolo inútil, arroja a un río caudaloso. Su glosario encabeza la entrada como Peuchen.
1915Mitos y supersticiones reimprime literalmente como capítulo XXIX (pp. 80-82) las seis versiones de 1910 y les añade el aparato comparativo. En las notas de la página 339, Ricardo E. Latcham afirma que el Piuchén es un vampiro, que Darwin obtuvo el ejemplar en Coquimbo y que Waterhouse lo describió: la misma identificación que Gay había publicado sesenta y ocho años antes.
1916El Diccionario araucano-español de Félix José de Augusta da la etimología: piwichen, probablemente compuesto de piwn, secarse o enjutarse, y che, gente. Liga el ser a las visiones de las machi, no a los kalku, y su propia entrada de kalku registra kalkuln, calificar de brujo a alguien.
1943Wilfred H. Osgood publica The Mammals of Chile para el Field Museum. Su ficha de Desmodus rotundus d'orbignyi resuelve la distribución en una línea: sólo se conoce «el Chile central, desde Coquimbo hasta las inmediaciones de Valparaíso».
11 de agosto de 2026Comprobado en GBIF para esta reescritura: 49 registros de Desmodus rotundus en Chile, el más austral georreferenciado a 33,97° S y ninguno entre los 37° S y los 45° S. Control con la misma consulta para murciélagos que sí están en esa franja: Myotis chiloensis 88, Histiotus montanus 50, Lasiurus varius 35 y Tadarida brasiliensis 29.
¿Hay una explicación racional para Peuchén?
La frase que esta ficha llevaba —que los escépticos modernos atribuyen los ataques a mordeduras de murciélago vampiro— está mal dos veces, y los dos errores valen más que la afirmación.
Ni es moderna ni es anónima. La identificación es de Claudio Gay y se imprimió en 1847, en el tomo I de la Zoología de su Historia física y política de Chile. Gay la construyó sobre la descripción que Waterhouse hizo en 1838 de un murciélago capturado en Coquimbo durante el viaje del Beagle, y la escribió sin rodeos: la vida nocturna y el carácter sanguinario del animal «han dado sin duda origen a la historia fabulosa del famoso Piuchen». Lenz la repitió en 1910 con la referencia a Gay delante; Ricardo E. Latcham la repitió en 1915 invocando a Darwin por su nombre; Augusta la repitió en 1916 como suposición. Atribuírsela a unos «escépticos modernos» sin nombre supone equivocar la fecha en siglo y tres cuartos y borrar a las cuatro personas que efectivamente lo dijeron.
Y está en el sitio equivocado. Gay, en el mismo párrafo en que propuso la explicación, trazó el límite austral del murciélago: «creemos que no ha de pasar del sur más de los 32 y 33 grados». Osgood es todavía más tajante en The Mammals of Chile (1943): de Desmodus rotundus d'orbignyi sólo se conoce «el Chile central, desde Coquimbo hasta las inmediaciones de Valparaíso». Lo hemos comprobado contra datos de presencia actuales. GBIF guarda 49 registros de Desmodus rotundus para Chile; el más austral con coordenadas está a 33,97° S y no hay ni uno entre los 37° S y los 45° S, la franja en la que cae la Araucanía. Ese cero sólo significa algo al lado de un control, así que hicimos la misma consulta con cuatro murciélagos que sí viven allí: Myotis chiloensis devuelve 88 registros en esa franja, Histiotus montanus 50, Lasiurus varius 35 y Tadarida brasiliensis 29. El vampiro es el único que falta, y falta por unos 500 kilómetros.
Las dos cosas encajan en cuanto uno mira de dónde eran los informantes de Vicuña Cifuentes. Sus seis versiones vienen de Talagante, Melipilla, Coinco, Vichuquén, Quella y Coihueco de Chillán: Chile central, dentro del área que Gay dibujó. La explicación de Gay se hizo para ese piguchén, el del campo huaso, y para ese es razonable: él mismo dice haber observado con frecuencia grandes manchas de sangre en el lomo de caballos y mulas. Deja de funcionar en cuanto la criatura se traslada al sur, al pihuicheñ mapuche. Lo que esta ficha había hecho, sin darse cuenta, era importar una explicación desde seis grados de latitud más arriba.
Sobreviven además dos objeciones más antiguas. Molina, el primer naturalista que lo imprimió, dijo en 1788 que no hace mal a nadie y que come insectos, y lo archivó entre los animales que «carecen de la autenticidad suficiente» para ser clasificados; Lenz, leyendo el mismo pasaje en 1910, llamó a esa inocuidad una pia fraus de Molina. Havestadt había llegado antes y más breve, en 1777: también se muere el que no lo ve, puesto que no lo ha visto nadie. Y el material chilote de Cavada disuelve la pregunta por otro lado: allí piguchén no es un animal sino un estado, en lo que queda el gallo colorado después de poner el huevo del basilisco o el aprendiz de brujo fracasado después de que lo arrojen al río.
No hemos encontrado ninguna identificación publicada de las dos señales físicas que registran las fuentes: el excremento rojo que chorrea de los árboles frondosos (Melipilla, en Vicuña) y el rastro de sangre que queda en la corteza en los días de calor (Guevara). Preferimos dejarlas sin explicar antes que suponerla.
Una corrección más. Llamar a los kalku «hechiceros que controlan al Peuchén» no lo sostiene el expediente clásico. Guevara sí describe a los calcu como dueños de espíritus dañinos, capaces de someter a los wekufe a su voluntad, pero clasifica el pihuicheñ en otro sitio: ser totémico de la selva, tabú de mirar, y antepasado que reivindicaba un linaje de Cholchol; Augusta, por su parte, lo liga a las visiones de las machi. La propia entrada de Augusta muestra qué clase de palabra es kalku: junto a «brujo, hechicero» registra kalkuln, calificar de brujo a alguien, y kalkuluwn, tratarse de brujos unos a otros. El estudio de Oriol Ambrogio sobre las acusaciones coloniales de brujería (Ethnohistory, 2021) llega a lo mismo desde los archivos: kalku era una acusación que se lanzaba contra el vecino y que funcionaba como instrumento político, no un gremio que guardase monstruos.
¿Se puede visitar Peuchén?
No hay nada que visitar. El pihuichén no tiene cueva, ni laguna, ni monumento; las coordenadas de esta ficha apuntan al centro de la Araucanía sólo porque ahí recogió Guevara su versión, y no deben leerse como un lugar de avistamiento.
Lo que sí se puede hacer es leer el expediente. Todas las fuentes citadas aquí están libres de derechos y accesibles en línea. Los Mitos y supersticiones (1915) de Vicuña Cifuentes están catalogados y descargables en Memoria Chilena, la biblioteca digital de la Biblioteca Nacional de Chile: el capítulo XXIX va de la página 80 a la 82 y las notas comparativas están en la 339. La primera impresión de 1910, la Psicolojía del pueblo araucano de Guevara con su figura 42, el diccionario de Lenz, Chiloé y los chilotes de Cavada, el Diccionario araucano-español de Augusta, el Compendio de Molina de 1788, el Chilidúgú de Havestadt y la Zoología de Gay están escaneados en archive.org, y cada uno lleva su enlace en las referencias. Leer seguidas las seis versiones de Vicuña cuesta diez minutos y aporta más al asunto que cualquier excursión.
Para el contexto mapuche hay dos museos públicos, los dos del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural y los dos merecen el rodeo. El Museo Regional de La Araucanía está en Alemania 084, Temuco, en la casa Thiers, y publica en su web un recorrido virtual para quien no pueda llegar. El Museo Mapuche de Cañete Juan Cayupi Huechicura se levanta sobre nueve hectáreas en el Camino Contulmo s/n, a tres kilómetros al sur de Cañete, en la Región del Biobío; sus salas permanentes tratan la ruka, el palin y las piedras de poder, y exhibe el wampo rescatado del lago Lanalhue. Los horarios y las entradas de ambos cambian con la temporada y con la programación patrimonial: conviene mirar sus sitios oficiales, enlazados abajo, antes de ponerse en camino.
Cholchol, la comunidad cuyo linaje anotó Guevara como descendiente del pihuicheñ, existe: desde 2004 es comuna propia de La Araucanía, a unos treinta kilómetros al noroeste de Temuco. Es un pueblo corriente, con su municipalidad y su web, no una atracción folclórica, y allí no hay ningún hito de nada de lo que cuenta esta ficha. Vaya como quien visita un pueblo, o no vaya; pero no vaya a buscar la culebra.
💬 Testimonios de campo (0)
Aún no hay testimonios. Añade el primero.
Añade tu testimonio
🔒 Entra para dejar un testimonio