El Chullachaqui es un ser cambiaformas del bosque amazónico peruano, contado sobre todo en San Martín y Loreto.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Chullachaqui?
Ubicación
Loreto y San Martín, Perú
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-3.744, -73.252
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Chullachaqui?
Su nombre es quechua: el vocabulario de González Holguín de 1608 glosa chaqui como «pie o la pierna» y chhulla como cosa «sin compañera entre cosas pareadas», y es el mismo diccionario que registra chulla ñaui para el tuerto y chhulla maqui para el manco de una mano. El ser toma la apariencia que quiere, la de un amigo, un pariente, un ave, un chanchito, un árbol, un arroyo, y se lleva monte adentro a quien lo sigue; solo lo delatan sus pies desparejados. Qué pie, sin embargo, no está zanjado: Francisco Izquierdo Ríos imprimió el defecto en el pie derecho en 1939 y en el izquierdo en 1952 y 1975, y es su última versión la que hoy repite todo el mundo. El nombre llegó a la imprenta en 1939, en su Ande y Selva y en la revista pulp estadounidense Short Stories del 10 de septiembre. El Chullachaqui es además un conjunto de árboles —chullachaqui caspi, blanco y colorado— usados en la medicina vegetal amazónica. Ninguna de las listas que lo incluyen entre los críptidos propone un animal detrás; A Silent Invasion, de Debra S. Marshall, lo imprimió en una de ellas en 2014, y la Wikipedia en español lo clasificó como críptido en marzo de 2018.
Un Chullachaqui tallado, fotografiado el 18 de marzo de 2018 en los jardines de Los Paucares Inn, un hotel de Iquitos. Es estatuaria decorativa hecha para el visitante, no una representación tradicional: la tradición oral que documenta esta ficha no tiene imagen del ser, porque lo describe por sus huellas y no por su cara. El mismo editor de Wikipedia que hizo esta fotografía añadió, tres días después, la ficha que clasificó por primera vez al Chullachaqui como críptido.
Imagen:
LLs · CC BY-SA 4.0
¿Cuál es la historia de Chullachaqui?
El Chullachaqui es un ser del bosque amazónico peruano que se cuenta sobre todo en San Martín y en Loreto. No es un animal escondido y nunca se ha propuesto que lo sea. Es un cambiaformas, y de lo que hablan de verdad los relatos es de una prueba de reconocimiento: tome la figura que tome —un amigo, un pariente, un ave, un chancho, un árbol, un arroyo—, los pies lo delatan, porque no le hacen juego.
El nombre es quechua y, cosa rara en este catálogo, la etimología puede comprobarse en una fuente primaria en lugar de repetirse. En el Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua Qquichua o del Inca de Diego González Holguín (Lima, 1608) están las dos piezas, por separado. «Chaqui» se glosa «Pie o la pierna». «Chhulla» tiene dos entradas: «Vna cosa sin compañera entre cosas pareadas» y «Candelero, vinagera cossa desigual que no viene con otra o no corresponde en tamaño, o en proporcion», que es, palabra por palabra, el defecto del Chullachaqui. Una tercera entrada, «Chulla chulla, o chacu chacu», se glosa sin más «Lo desigual». El vocabulario de 1608 trae además el mismo molde con otras partes del cuerpo: «Chulla ñaui. El de vn ojo no mas, o el tuerto», «Chhulla rinri. El de vna oreja», «Chhulla maqui. El manco de vna mano», «Chhulla çapato. El vn çapato de dos». Chulla + parte del cuerpo = el que tiene una desparejada. Lo que NO está en el vocabulario de 1608 es el compuesto: una búsqueda sobre el texto digitalizado completo devuelve cero apariciones de «chulla chaqui», mientras devuelve las cuatro entradas de control anteriores y «Chaqui. Pie o la pierna». Los morfemas y el molde son quechua cuzqueño colonial; el nombre lexicalizado de la criatura no está registrado ahí.
Eso importa porque Loreto y San Martín no son tierra de quechua cuzqueño: las variedades locales son quechua de la selva (Lamas, Napo). Nécker Salazar Mejía, de la Universidad Nacional Federico Villarreal, aborda el asunto de frente en su estudio de 2019 sobre la recopilación de Arguedas e Izquierdo Ríos: varios nombres amazónicos de lugares y de seres son quechuas por el contacto histórico entre pueblos andinos y amazónicos. Y glosa el nombre exactamente como lo hacía nuestra ficha —«del quechua «chulla», 'desigual', y «chaki», 'pie'»—, de modo que la glosa no es nuestra ni es inventada: es de un investigador con nombre y encaja con 1608.
Los relatos tienen rastro de autor, y ese rastro se da la vuelta. Francisco Izquierdo Ríos, nacido en Saposoa (San Martín), imprimió al Chullachaqui al menos tres veces, y sus propias versiones sucesivas se contradicen justo en el detalle que todo el mundo repite. En Ande y Selva (Lima, 1939), relato 32, cierra así: «cuando el chullachaqui se transforma en gente siempre tiene una imperfección: la de su pie derecho, que es mucho más pequeño que el izquierdo» — el pie chico es el DERECHO. En la novela En la tierra de los árboles (1952) ya se ha mudado: «su pie izquierdo es chiquito, como de criatura recién nacida, como un bola de cerdas o bien como pata de jaguar». Y en Pueblo y bosque. Folklore amazónico (1975), la versión que hoy cita todo el mundo, queda fijado: «el izquierdo puede ser chiquito como pie de criatura recién nacida, como bola de caucho o cerdoza, como pata de tigre o como una raíz de árbol, mientras el derecho es de tamaño normal». Nadie falsificó nada. El autor se reimprimió a sí mismo y ganó la última impresión. Todo lo que viene detrás —incluida la versión anterior de esta ficha— heredó el pie de 1975 sin saber que había habido otro.
El texto de 1939 es además donde están los informantes con nombre, que son justo los que las reescrituras posteriores borran: una tía, «Una viejecita eximia relatadora de cuentos de Selva»; un abuelo, Nico, a quien se le apareció en la chacra con la figura de su compadre y que aconsejaba amenazarlo con el machete y hablarle fuerte, y que añadía que al desaparecer deja «un denso olor a chivo»; y un don Pascual, que lo distinguía del diablo cristiano y decía que sale en «sitios pesados» y que dice «siempre palabras incomprensibles i gangosas».
La impresión peruana de mayor alcance es Mitos, leyendas y cuentos peruanos, la recopilación que José María Arguedas e Izquierdo Ríos armaron con textos enviados por maestros rurales y publicaron en 1947. Lleva cuatro narraciones del Chullachaqui y —esto es lo que nuestra ficha había borrado— cada una va acreditada al preceptor que la recogió: «El cazador y el Chullachaqui» (San Martín), recogido por el preceptor Teófilo Peña; «El Chullachaqui» (San Martín), recogido por la preceptora Angélica Reá; un segundo «El Chullachaqui», de Loreto; y «Los chanchitos», también de Loreto. En el relato del cazador las huellas se leen «la derecha, de pie humano; y la izquierda, de pata de tigre». En el relato sanmartinense, una joven que pesca en el riachuelo Cumbaza es invitada a seguir camino por «un caballero cojo, pero bien vestido» y queda retenida ocho días en una cueva. En el loretano, dos hermanos salen a cazar y a uno se le junta un doble del otro, al que descubre porque «los pies de su acompañante eran desiguales: el pie izquierdo más pequeño y con uñas a manera de garras de tigre».
Y hay un segundo Chullachaqui entero que se había caído de esta ficha: también es un conjunto de árboles. En el Amazonian Ethnobotanical Dictionary de James A. Duke y Rodolfo Vásquez (1994), página 230, «Chullachaqui caspi» es Remijia peruviana Standl. (Rubiaceae) —«los niños de Iquitos lo beben en luna nueva para hacerse fuertes»—, mientras que «Chullachaqui blanco» es Pourouma ovata Trecul y «Chullachaqui colorado», una Tovomita sp. En el vegetalismo de la zona de Iquitos son plantas maestras: The Jaguar that Roams the Mind, de Robert Tindall (2008), llama al chullachaqui caspi «planta curativa y maestra», y la colección etnobotánica Plants, Health and Healing (2010) registra a un palero que había «estudiado» la medicina del árbol hembra de chullachaki caspi. En la zona de Iquitos, por tanto, el nombre es también el de una medicina vegetal.
Cronología: los hechos documentados de Chullachaqui
1608Se imprime en Lima el vocabulario quechua de Diego González Holguín. Glosa «Chaqui» como «Pie o la pierna» y «Chhulla» como «Vna cosa sin compañera entre cosas pareadas» y como «cossa desigual que no viene con otra o no corresponde en tamaño, o en proporcion», y registra el patrón productivo chulla ñaui (tuerto), chhulla rinri (de una oreja), chhulla maqui (manco de una mano), chhulla çapato (un zapato de dos). El compuesto chulla chaqui no figura entre sus entradas: cero apariciones en el texto digitalizado completo, frente a esos cuatro controles.
1930Paul C. Standley describe Remijia peruviana como especie nueva en Studies of American Plants (Field Museum of Natural History, Botany 8: 156), y consigna los nombres vulgares «cascarilla» y «collar lisa». «Chullachaqui» no aparece en el volumen.
1936Woods of Northeastern Peru, de Llewelyn Williams, cataloga maderas amazónicas con sus nombres vulgares de la zona de Iquitos, Remijia peruviana entre ellas. Una búsqueda de texto completo en el volumen devuelve cero coincidencias de «chullachaqui»; los controles en el mismo volumen y el mismo día dan 7 para «Remijia», 177 para «caspi» y 141 para «Iquitos».
1939Francisco Izquierdo Ríos publica Ande y Selva (Lima). El relato 32, páginas 104-112, es la aparición impresa más antigua del Chullachaqui que hemos podido fechar. Nombra a sus informantes —una tía descrita como «una viejecita eximia relatadora de cuentos de Selva», un abuelo Nico, un don Pascual— y termina: «cuando el chullachaqui se transforma en gente siempre tiene una imperfección: la de su pie derecho, que es mucho más pequeño que el izquierdo». El pie pequeño es el DERECHO.
1941La novela El mundo es ancho y ajeno, de Ciro Alegría, incluye un episodio del Chullachaqui construido en torno a Nara y el cacique Coranke, que explica el canto lastimero de un ave de la selva: «Y ello se debe al maleficio de Chullachaqui». La criatura de Alegría es «el genio malo de la selva»; ahoga a los caucheros en lagunas y ríos y los extravía. Nada se dice de pies desiguales.
1947José María Arguedas e Izquierdo Ríos publican Mitos, leyendas y cuentos peruanos, armado con textos enviados por maestros rurales. Lleva cuatro narraciones del Chullachaqui, cada una acreditada a quien la recogió: «El cazador y el Chullachaqui» (San Martín), del preceptor Teófilo Peña; «El Chullachaqui» (San Martín), de la preceptora Angélica Reá; un segundo «El Chullachaqui», de Loreto; y «Los chanchitos», de Loreto. Esos maestros con nombre son la fuente que nuestra ficha anterior había borrado.
1948Harriet de Onís incluye el episodio del Chullachaqui en The Golden Land, su antología de folclore latinoamericano en la literatura, con una nota que dice «Reprinted from Broad and Alien Is the World». El pasaje conserva su autor pero cambia de estante: un capítulo de una novela de 1941 pasa a estar archivado como folclore.
1949Milton Rugoff reimprime el mismo pasaje traducido en A Harvest of World Folk Tales, reeditado en 1968 y, como The Penguin Book of World Folk Tales, en 1977. Por esa cadena —novela, traducción, antología, edición de bolsillo— la mayoría de los lectores en inglés conocen al Chullachaqui como cuento popular anónimo y no como una página de Ciro Alegría.
1952En la novela En la tierra de los árboles, página 79, Izquierdo Ríos imprime el defecto al revés: «su pie izquierdo es chiquito, como de criatura recién nacida, como un bola de cerdas o bien como pata de jaguar». Entre sus propios libros de 1939 y 1952 el pie pequeño ha cambiado de lado, sin comentario alguno.
1975Pueblo y bosque. Folklore amazónico, páginas 50-51, fija la versión canónica: «Chullachaqui, en quechua, significa 'pies desiguales'», el pie izquierdo pequeño «como pie de criatura recién nacida, como bola de caucho o cerdoza, como pata de tigre o como una raíz de árbol, mientras el derecho es de tamaño normal», y «las gentes creen ver las huellas de sus pies en el barro de los caminos». Es la versión que ha copiado toda reescritura posterior, la nuestra incluida.
1994El Amazonian Ethnobotanical Dictionary de James A. Duke y Rodolfo Vásquez, página 230, registra el Chullachaqui botánico: «Remijia peruviana Standl. Rubiaceae. 'Chullachaqui caspi'. Los niños de Iquitos lo beben en luna nueva para hacerse fuertes», más «Chullachaqui blanco» (Pourouma ovata Trecul) y «Chullachaqui colorado» (Tovomita sp.). Toda esta dimensión faltaba en nuestra ficha anterior.
30 de diciembre de 2009Se crea el artículo «Chullachaqui» de la Wikipedia en español, obra del usuario Stuard202020, cuyo resumen de edición cita una página del sitio de trabajos escolares monografias.com. Esa primera versión da otra etimología —«chulla = falso; chaqui = pie», traducida «Falso pie»— y describe un pie humano y otro de animal (venado, sajino, tortuga). No contiene clasificación alguna como críptido.
18-21 de marzo de 2018La conversión, fechada al minuto. El 18 de marzo el usuario de Wikimedia LLs fotografía una estatuilla del Chullachaqui en Los Paucares Inn, Iquitos; el 21 de marzo a las 05:27 UTC ese mismo usuario reescribe el artículo de la Wikipedia en español, sube la fotografía y añade una ficha de criatura cuyo campo «grupo» dice «Críptido» y cuyo «subgrupo» dice «Criatura terrestre», y remite la etimología a un diccionario kichwa del Ministerio de Educación del Ecuador de 2009. En esa edición la Wikipedia en español clasificó al Chullachaqui como críptido; un libro en inglés sobre ovnis, A Silent Invasion de Debra S. Marshall (2014), ya lo había puesto entre las criaturas de la criptozoología. Esa fotografía es la que lleva esta ficha.
2019Nécker Salazar Mejía, de la Universidad Nacional Federico Villarreal, publica «Seres imaginarios y motivos de la literatura oral en Mitos, leyendas y cuentos peruanos» en el Boletín de Literatura Oral 9, páginas 223-248, donde analiza los cuatro relatos del Chullachaqui de la recopilación de 1947 y glosa el nombre «del quechua «chulla», 'desigual', y «chaki», 'pie'». Es la investigación con nombre propio que nuestro texto anterior había disuelto en «los estudios de literatura oral amazónica».
¿Hay una explicación racional para Chullachaqui?
El Chullachaqui aparece en listas de críptidos, y ninguna de esas listas propone un animal detrás.
Eso se puede medir. Una búsqueda de texto completo en los libros de Internet Archive, hecha el 25 de septiembre de 2026, encuentra «chullachaqui» en el mismo volumen que «cryptid» tres veces: A Silent Invasion, de Debra S. Marshall (Schiffer, 2014), un libro sobre alienígenas y ovnis cuya sección de criptozoología lo nombra en una ristra de otros —«Champ, Ebu Gogo, Batutu, Aswang, Barmanou, Chullachaqui, Batsquatch, Dover Demon, Jersey Devil, Mothman»—; el reglamento del vigésimo aniversario del juego de rol Changeling: The Dreaming (2017), y una recopilación paranormal subida en 2023. La misma búsqueda con «mapinguari» y «cryptid», hecha ese día, devuelve 25 volúmenes. En Cryptid Wiki, el mayor catálogo aficionado de críptidos, buscar «chullachaqui» no devuelve artículo alguno, y «mapinguari» devuelve una entrada completa que argumenta Megatherium y «Slothfoot». La Wikipedia en inglés llama al Chullachaqui «a mythical forest creature», una criatura mítica del bosque.
En la Wikipedia en español la etiqueta llega con una sola edición. El 21 de marzo de 2018 el artículo fue reescrito por el usuario LLs, que añadió una ficha de criatura cuyo parámetro «grupo» dice «Críptido» y cuyo «subgrupo» dice «Criatura terrestre». Antes de esa edición el artículo —creado el 30 de diciembre de 2009 por el usuario Stuard202020 a partir de una página del sitio de trabajos escolares monografias.com— no contenía tal clasificación, y daba además otra etimología distinta: «chulla = falso; chaqui = pie», «Falso pie». Esa misma edición de 2018 colgó la fotografía de una estatuilla, tomada tres días antes, que es la que usa esta propia ficha. En español la clasificación fue un campo de taxonomía en una plantilla, metido en dos guardados separados por nueve segundos; en inglés, la lista de Marshall ya había impreso el nombre entre los críptidos cuatro años antes.
Tampoco hay nada estable que clasificar. El único rasgo físico con el que podría trabajar un zoólogo, el pie desparejado, es justo el dato en el que las fuentes se contradicen, y la contradicción es interna a un solo autor: pie derecho más pequeño en Izquierdo Ríos 1939, pie izquierdo más pequeño en los libros de 1952 y 1975 del mismo hombre.
Lo que sí contienen los relatos es un núcleo reconocible y nada extraordinario: la selva densa y visualmente uniforme desorienta a quien se sale de las trochas conocidas, y los niños y los cazadores solos son exactamente quienes corren riesgo. Los textos de 1947 muestran además cómo sale la víctima. En el relato de San Martín un cura bendice los caminos y los cerros, y en el de Loreto el joven hace la señal de la cruz e implora a Dios. Ni curandero, ni ayahuasca, ni humo de tabaco. La afirmación, repetida por blogs de viajes y presente en la versión anterior de los datos de origen de esta ficha, de que librarse de un Chullachaqui exige un ritual con ayahuasca falta en la recopilación de la que esos blogs acaban dependiendo. Y el texto de 1939 registra un coste real que las versiones amables suprimen: un joven de la Selva Alta mató a su propio padre creyendo que era el Chullachaqui.
La fecha del nombre impreso tiene un límite inferior. La impresión peruana más antigua localizada es Izquierdo Ríos, Ande y Selva, 1939, leída a través de la transcripción de Gonzalo Espino Relucé; la novela de Ciro Alegría viene detrás, en 1941. En el corpus de texto completo de Internet Archive, consultado el 25 de septiembre de 2026 con chullachaqui, chulla chaqui y chullachaki, el documento más antiguo que es lo que dice su fecha es la revista pulp estadounidense Short Stories del 10 de septiembre de 1939, cuyo texto trae «Chulla Chaqui-cuna's cries», los gritos de los chullachaqui. Tres documentos que el catálogo fecha antes están mal fechados: un ejemplar de la novela de Alegría registrado como de 1900, un libro titulado El caballo rojo (1980) registrado como de 1908 y un libro infantil quebequés de 2008 registrado bajo una carpeta de mariposas de 1926. La botánica amazónica del Field Museum de aquellos años no trae chullachaqui: la palabra da cero coincidencias en Woods of Northeastern Peru de Llewelyn Williams (1936) y en Studies of American Plants de Standley (1930), donde se describió por primera vez Remijia peruviana; el árbol que después llevaría ese nombre en Duke (1994) aparece allí con otros nombres vulgares. Controles en esos mismos volúmenes y el mismo día: «Remijia» 7 y 3 coincidencias, «caspi» 177, «Iquitos» 141. Esas impresiones de 1939 fechan el nombre en papel, y una creencia oral puede ser anterior a su primera impresión.
Por último, fundir al Chullachaqui con el Curupira es un error real y rastreable. El Curupira brasileño, impreso ya en 1560, tiene los pies vueltos del revés, de modo que sus huellas llevan al cazador en dirección equivocada. Los pies del Chullachaqui son desiguales, de modo que sus huellas revelan que no es humano. Las páginas derivadas en inglés que atribuyen al Chullachaqui un «pie vuelto hacia atrás» —la fórmula estaba en el registro de origen con el que se construyó esta ficha— han fundido los dos.
¿Se puede visitar Chullachaqui?
El Chullachaqui no tiene un lugar fijo: los relatos recogidos en San Martín y Loreto lo ponen en las trochas del monte, en las chacras y junto a las quebradas. La chincheta de esta ficha, en -3.7437, -73.2516, está en el jirón Putumayo, en el centro de Iquitos, a un kilómetro al noroeste de la Plaza de Armas, y representa a Loreto, el segundo de los dos departamentos del campo de región de la ficha.
La fotografía de esta ficha muestra una estatuilla tallada en Los Paucares Inn, un alojamiento que OpenStreetMap sitúa en la carretera Iquitos–Nauta, a unos 29 km al suroeste de la Plaza de Armas. Wikimedia Commons la registra como tomada el 18 de marzo de 2018 y subida por el usuario LLs el 21 de marzo de 2018 con licencia CC BY-SA 4.0. Es una talla decorativa de un alojamiento turístico; el sombrero, el rostro y las proporciones son cosa del tallista.
El Complejo Turístico de Quistococha rodea la laguna del mismo nombre, a unos 12 km en línea recta al suroeste de la Plaza de Armas. El artículo de la Wikipedia en español le da 369 hectáreas de bosque, un museo de taxidermia de fauna amazónica, un zoológico, un vivero y una playa artificial de arena blanca llamada Tunchi Playa. Jorge G. Mori fotografió en marzo de 2006 un mural de «El Chullachaqui» en su zoológico, y la foto está en Wikimedia Commons, en dominio público, desde enero de 2008.
Los relatos de San Martín tienen geografía real. El Cumbaza, el riachuelo donde pescaba la joven de la recopilación de 1947, pasa junto a Tarapoto y Lamas, y Saposoa, el pueblo de Izquierdo Ríos, está en ese mismo departamento.
El nombre lo lleva también una planta. The Jaguar that Roams the Mind (2008), de Robert Tindall, describe el chullachaqui caspi como «una planta curativa y maestra», y el Amazonian Ethnobotanical Dictionary de Duke y Vásquez (1994) le dedica una entrada en la página 230. Ninguno de los dos libros es una fuente clínica, y esta ficha los cita solo por el nombre.
Para leer en lugar de viajar: el vocabulario de González Holguín de 1608 es de dominio público y se descarga libremente; el estudio de Salazar Mejía de 2019 está en acceso abierto en Dialnet; en la recopilación de Arguedas e Izquierdo Ríos de 1947 se puede buscar a texto completo a través de Open Library; Ande y Selva (1939) y Pueblo y bosque (1975) de Izquierdo Ríos se leen aquí a través de la transcripción de Gonzalo Espino Relucé, que da libro y página de cada cita.
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