Yacumama es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Bajo Huallaga, Loreto, PE. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Yacumama?
Ubicación
Bajo Huallaga, Loreto, PE
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-5.9, -76.1
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Yacumama?
Yacumama, «madre de las aguas» en quechua, es la serpiente inmensa que guarda las cochas y los ríos lentos de la Amazonía peruana. Las dos mitades del nombre están impresas en un vocabulario limeño de 1586, y el registro detallado más antiguo de la creencia no es criptozoológico: el 29 de agosto de 1851, en el bajo Huallaga aguas abajo de Yurimaguas, el oficial de la Armada estadounidense William Lewis Herndon escribió que allí se tenía a las cochas por guardadas por una serpiente capaz de levantar una tempestad que volcaba las canoas, y que los bogas que entraban en una cocha desconocida soplaban cuernos hasta que ella respondía. Herndon empalmó a continuación el relato que un misionero italiano escribió en 1845 sobre una serpiente muerta en otro río, el Pastaza; y en esa costura es donde un espíritu empieza a convertirse en espécimen. Quienes sostienen la creencia mantienen separadas ambas cosas: el diccionario kukama-kukamiria de 2015 archiva la yacumama entre los seres espirituales y a la anaconda, Eunectes murinus, entre los reptiles. La mayor anaconda medida jamás tiene 5,21 m. El nombre no se pegó a un candidato zoológico hasta 2009.
«La Yacumama y el pescador mezquino», escultura pública fotografiada por Layza Gonzales el 23 de septiembre de 2022. Está en Pucallpa, región de Ucayali, a unos 485 km del tramo del bajo Huallaga donde Herndon escribió el pasaje sobre el que se levanta esta ficha. Es una obra cívica moderna, no la representación de nada que nadie dijera haber visto.
Imagen:
Layza Gonzales · CC BY-SA 4.0
¿Cuál es la historia de Yacumama?
El nombre es un compuesto quechua y es mucho más antiguo que cualquier cosa avistada bajo él. Las dos mitades están impresas en el Arte, y vocabulario en la lengua general del Perú llamada Quichua, y en la lengua española que Antonio Ricardo sacó en Lima en 1586: mama, glosado allí como «madre generalmente, que parió», y yacu, agua, que la mitad castellano-quechua del mismo libro da en aguar alguna cosa (yacuchani) y en anegar (yacun). La etimología que esta página ha impreso siempre no es, por tanto, invención nuestra: se comprueba morfema a morfema en un diccionario fechado, 267 años antes de que ningún explorador escribiera el compuesto en la Amazonía.
El registro detallado más antiguo de la creencia en inglés no es criptozoológico, y conviene leerlo con un mapa delante, porque durante años esta página tuvo el río equivocado.
El 29 de agosto de 1851 el teniente William Lewis Herndon, de la Armada estadounidense, bajaba por el curso bajo del Huallaga, aguas abajo de Yurimaguas, y no remontaba el Ucayali. Había entrado en lo que él llamó el país de las cochas, donde las lagunas bordean el río y se comunican con él por caños que se secan en vaciante, y escribió esto (el original es inglés; la traducción es nuestra, y más abajo se verá por qué eso importa en este caso concreto):
«Muchas de estas cochas están, según las tradiciones de los indios, guardadas por una serpiente inmensa, capaz de levantar en la cocha tal tempestad que vuelca sus canoas, e inmediatamente se traga a la gente. La llaman en la "Lengua Inga" "Yacu Mama", o madre de las aguas; y los indios nunca entran en una cocha que no conozcan sin armar un estruendo destemplado con sus cuernos, que se dice que la serpiente responde, avisándoles así de su presencia».
Es la página 169 de Exploration of the Valley of the Amazon, primera parte, impresa en Washington en 1853 por Robert Armstrong, impresor público, y el titulillo de esa página dice literalmente THE YACU MAMA. Herndon no nombra ningún pueblo. La «Lengua Inga» es sencillamente como se llamaba al quechua en el siglo XIX: el mismo idioma que el vocabulario de 1586 llama «la lengua general del Perú llamada Quichua».
Y entonces Herndon hace lo que marcó todo lo que vino después. «Nunca vi yo mismo al animal —escribe—, pero daré una descripción de él escrita por el padre Manuel Castrucci de Vernazza, en una relación de su misión a los jíbaros y záparos del río Pastaza, hecha en 1845». Lo que sigue no habla de la yacumama en absoluto. Es el relato de un franciscano italiano sobre una serpiente que mató desde su propia canoa en otro río y en otra cuenca, presentado como ejercicio de teología natural: el animal «confunde, intimida e infunde respeto en el corazón del hombre más osado» y «tan grande es la fuerza de su inspiración, que atrae con el aliento a cualquier cuadrúpedo o ave que pase a su lado, de veinte a cincuenta yardas de distancia». Herndon pegó en un solo párrafo una creencia y un espécimen, y todos los relatos posteriores heredaron la costura sin verla.
Además lo tradujo mal, y dejó la prueba en la página. Castrucci escribía en español y medía en varas; Herndon convirtió vara en «yard» una por una. La vara castellana mide 0,8359 m y la yarda 0,9144. La serpiente de Castrucci tenía quince varas, es decir unos 12,5 m, no los 13,7 que sugiere el inglés de Herndon, y «two yards of thickness» es dos varas de grosor, alrededor de 1,67 m. Herndon notó que algo fallaba —«dos yardas de grosor apenas es creíble», escribió, y se puso a discutir con el español del cura sobre grosor y diámetro—, pero corrigió la verosimilitud, no la unidad. El mismo volumen fecha además la misión de Castrucci dos veces: en 1845 junto a la serpiente y en 1846 cien páginas antes, donde Herndon cita al mismo fraile a propósito de unos parásitos del ganado cerca de Moyobamba.
Qué es la creencia de verdad lo tienen impreso desde 2015 quienes la sostienen. El Diccionario kukama-kukamiria / castellano que Rosa Vallejos Yopán y Rosa Amías Murayari compilaron para el FORMABIAP y AIDESEP recoge parana mama —«yacumama o purawa, madre de las boas, madre del agua»— y uni mama, «madre del agua, también conocido como purawa, o en castellano amazónico como yacumama». Atención a la fórmula: yacumama queda archivado como castellano regional. Los kukama-kukamiria no son quechuahablantes; su lengua es de familia tupí-guaraní, y sus palabras propias son parana mama, uni mama y purawa. El diccionario añade que los chamanes la llaman hacia la medianoche, que su cuerpo es negro y que vive en el fondo y sube a respirar.
Y la archiva en la categoría «Seres espirituales», junto al yacuruna y al muiwatsu, madre de la boa. La anaconda tiene entrada aparte, iwirati tsukuri, «la serpiente más grande de la amazonía, Eunectes murinus», archivada en «Reptiles». Palabra distinta, categoría distinta, mismo libro, mismos hablantes. Roxani Rivas Ruiz, que hace trabajo de campo entre los kukama-kukamiria desde 1991, levantó sobre esa misma lectura las 547 páginas de La serpiente, madre del agua (PUCP y CAAAP, Lima, 2022): la serpiente como figura central del chamanismo acuático, en tríada identitaria con el río y el chamán. No un animal grande pendiente de describir.
Cronología: los hechos documentados de Yacumama
1586Antonio Ricardo imprime en Lima el Arte, y vocabulario en la lengua general del Perú llamada Quichua. Glosa mama como «madre generalmente, que parió» y da yacu para agua. Las dos mitades del nombre quedan atestiguadas por escrito 267 años antes de que la serpiente llegue a una página en inglés.
1845 (fechado 1846 en otro punto del mismo libro)El padre Manuel Castrucci de Vernazza, franciscano italiano, escribe una relación de su misión a los jíbaros y záparos del Pastaza en la que cuenta haber matado desde su canoa una serpiente de dos varas de grosor y quince de largo, y le atribuye atraer a sus presas con el aliento. La relación habla del Pastaza y no usa nunca la palabra yacumama.
29 de agosto de 1851El teniente William Lewis Herndon, bajando el Huallaga por debajo de Yurimaguas, anota que allí se tiene por creencia que las cochas están guardadas por una serpiente inmensa llamada Yacu Mama en la «Lengua Inga», y que los bogas que entran en una cocha desconocida soplan cuernos hasta que ella responde. No nombra ningún pueblo y no menciona el Ucayali en relación con ello.
1853Se imprime en Washington, por Robert Armstrong, impresor público, la primera parte de Exploration of the Valley of the Amazon. En las páginas 168-169, bajo el titulillo THE YACU MAMA, Herndon empalma su nota sobre la creencia con la descripción que Castrucci hizo en 1845 de una serpiente muerta, convierte varas en yardas una por una y añade su propio veredicto: «Sin duda el padre topó con una boa constrictor y la mató; pero dos yardas de grosor apenas es creíble».
Enero de 1907Percy Fawcett afirma haber matado una anaconda de 62 pies en el río Abunã. No la llama yacumama. El relato solo llega a imprenta en 1953, montado a partir de sus diarios por su hijo Brian, y desde entonces hay críticos que sugieren que el editor añadió color y quizá longitud.
1907The Nuttall Encyclopaedia, dirigida en Londres por James Wood, comprime a Herndon en cuarenta y cinco palabras. Suprime a Herndon, a Castrucci, el Pastaza y la etimología; llama «marino» al ser; traslada el aliento aspirador de Castrucci a la serpiente de las cochas y lo estira a «cien yardas»; y convierte la entrada en canoa en un indio solo que va a bañarse. Esta es la versión que de verdad han leído casi todos los autores posteriores.
2 de mayo de 2009Mike Warner y su hijo Greg, de Hillhall, cerca de Lisburn, anuncian que unas imágenes aéreas tomadas en una expedición de doce días en marzo han captado una serpiente de 40 m de largo y 2 de ancho, «conocida por las tribus indígenas como Yacumama o Boa Negra». Es el momento en que el nombre queda pegado a un candidato zoológico. En noviembre proponen que sachamama, yacumama y minhocão son un mismo animal excavador.
12 de junio de 2009Jon Downes y Richard Freeman, del Centre for Fortean Zoology, publican su valoración de las fotografías de los Warner: «discrepamos por completo de sus conclusiones y creemos que estas fotografías no muestran más que una formación natural de barro o arena». El rechazo viene de dentro de la criptozoología y deja claro que la buena fe de los Warner no está en cuestión.
2015Rosa Vallejos Yopán y Rosa Amías Murayari publican el Diccionario kukama-kukamiria / castellano para el FORMABIAP y AIDESEP. Archiva parana mama y uni mama —«yacumama o purawa»— en «Seres espirituales», y la anaconda, iwirati tsukuri, Eunectes murinus, en «Reptiles»: palabras distintas, categorías distintas, y yacumama consignada como castellano regional y no como palabra kukama.
2022Roxani Rivas Ruiz publica La serpiente, madre del agua (PUCP y CAAAP, Lima, 547 páginas), levantado sobre trabajo de campo entre los kukama-kukamiria desde 1991. Trata a la serpiente como figura central del chamanismo acuático, en tríada identitaria con el río y el chamán: una institución religiosa, no una especie pendiente de describir.
Febrero de 2024Un artículo en Diversity firmado también por Jesús A. Rivas parte en dos la anaconda verde y bautiza Eunectes akayima, del Orinoco. El mayor ejemplar efectivamente medido en el programa de campo de Rivas, que ha manipulado alrededor de mil anacondas silvestres desde 1992, sigue siendo una hembra de 5,21 m y 97,5 kg: una cifra que no se ha movido.
¿Hay una explicación racional para Yacumama?
Esta ficha no es un caso que se caiga por falta de pruebas. Es un ser espiritual convertido en animal, y la conversión tiene nombres y fechas.
Empecemos por nuestro propio error, porque es el control más limpio. Esta página dijo durante años que Herndon recogió la tradición entre los indígenas del Ucayali. No fue así. La palabra Ucayali aparece 115 veces en la primera parte de su informe —la búsqueda funciona perfectamente—, pero ninguna de esas apariciones es el pasaje de la serpiente. Las siete más cercanas hablan del comercio de la sal, de la ruta a Sarayacu, del viaje anual por sal y de una canoa de conibos que pasó remando aquel 29 de agosto. El texto de Herndon dice solo «las tradiciones de los indios», y está en el bajo Huallaga (71 menciones), aguas abajo de Yurimaguas (14). La serpiente de Castrucci se mató en el Pastaza. 115 aciertos para el término y cero para la afirmación: el Ucayali era nuestro, no suyo.
1907, la primera compresión.The Nuttall Encyclopædia, dirigida por James Wood en Londres, redujo a Herndon a cuarenta y cinco palabras: «Yacu-mama, monstruo marino fabuloso, del que se dice que frecuenta las lagunas del Amazonas y que sorbe y se traga cuanto se le pone a menos de cien yardas; antes de bañarse en una laguna donde teme su presencia, el indio toca un cuerno, cuyo efecto es hacerla revelarse si está allí». Puesta al lado de Herndon, daña de cuatro maneras a la vez. Resta a Herndon, a Castrucci, el Pastaza, la Lengua Inga, la etimología y el propio escepticismo de Herndon. Inventa la palabra marino, y convierte a un ser de cochas y ríos en un monstruo de mar. Funde la serpiente que levanta tempestades de Herndon con el aliento aspirador de Castrucci, que era de otro animal y de otro río, y de paso infla su alcance de «veinte a cincuenta yardas» a cien. E invierte la práctica: los indígenas de Herndon soplan cuernos al entrar en canoa en una cocha desconocida; el indio único de Nuttall toca uno antes de darse un baño.
El eslabón sigue funcionando, y es reciente. El artículo de la Wikipedia en inglés, un esbozo de cuatro frases, cita esa entrada de 1907 y la reproduce como «sorbía cualquier ser vivo que pasara a 100 pasos» y con un «cuerno de caracola». Ni pasos ni caracola están en la fuente que cita. Mientras tanto, una capa de enciclopedias de granja de contenidos y de redacción automática ha trasladado la creencia al Ucayali, al Purús y a la laguna de Yarinacocha, y una de ellas afirma que el nombre es guaraní. Es quechua. Ese traslado es el origen más probable del error que arrastraba esta página.
2 de mayo de 2009, la conversión propiamente dicha. Mike Warner, de Hillhall, cerca de Lisburn (Irlanda del Norte), y su hijo Greg anunciaron, tras una expedición de doce días en marzo de 2009, que unas imágenes aéreas habían captado una serpiente de 40 m de largo y 2 de ancho, de color pardo oscuro, «conocida por las tribus indígenas como Yacumama o Boa Negra». Declararon unas 700 fotografías y cinco horas de vídeo, y llevaron el material al Gobierno peruano, a la National Geographic Society y a la Queen's University de Belfast. En noviembre de 2009 publicaron lo que llamaron la primera «zanja» fotografiada, de 20 por 5 metros, y propusieron que sachamama, yacumama y minhocão son un mismo animal excavador: tres tradiciones distintas fundidas en un solo espécimen.
El rechazo vino de dentro de la criptozoología. El 12 de junio de 2009, Jon Downes y Richard Freeman, del Centre for Fortean Zoology, escribieron que «discrepamos por completo de sus conclusiones y creemos que estas fotografías no muestran más que una formación natural de barro o arena», y Freeman añadió que la supuesta cabeza «a mí me parece un banco de arena o un pegote de barro». Dejaron claro que no ponían en duda la buena fe de los Warner.
El animal medido, con fecha. A agosto de 2026, la mayor anaconda verde efectivamente medida y registrada sigue siendo una hembra de 5,21 m y 97,5 kg, del programa de campo que Jesús A. Rivas dirige desde 1992 y en el que se han manipulado alrededor de mil anacondas silvestres. Nada que se acerque a los 12,5 m de Castrucci, a los 62 pies de Fawcett o a los 40 m de Warner ha sido nunca pesado, desollado ni depositado en colección. Dos cosas han cambiado, y conviene decirlas en vez de dejar pudrirse una negación: en febrero de 2024 un artículo en Diversity firmado también por Rivas partió la anaconda verde en dos especies y añadió Eunectes akayima, del Orinoco; y el Guinness World Records, que tiene a Rivas de asesor, sigue consignando como anecdótica, no verificada, la hembra de 8,45 m abatida en Brasil hacia 1960. Entre la serpiente más grande que alguien ha puesto en una báscula y la yacumama más pequeña que alguien ha reivindicado hay un factor de dos.
La anaconda de 62 pies que Percy Fawcett dijo haber matado en el río Abunã en enero de 1907 es el ancla habitual de todo esto, y conviene fijarse en cómo nos llega: no de Fawcett, desaparecido en 1925, sino de Exploration Fawcett, montado a partir de sus diarios por su hijo Brian y publicado en 1953. Hay críticos que han sugerido que Brian añadió color, y quizá algún pie. Sea como fuere, el texto que todo el mundo cita pasó por un editor con interés en la historia. Y Fawcett nunca llamó yacumama a su serpiente. Nadie lo hizo, por escrito, hasta que en 2009 un criptozoólogo necesitó un nombre para una imagen de satélite.
¿Se puede visitar Yacumama?
No hay sitio que visitar, y decirlo es la información útil. Las coordenadas de esta ficha —4,2° S, 73,3° O— son números redondos plantados en mitad de Loreto: son una región, no un lugar. Las cochas de las que hablaba Herndon son un tramo del bajo Huallaga aguas abajo de Yurimaguas, y hoy tienen exactamente el mismo aspecto que cualquier otra cocha de ese río.
Lo que sí existe es el país, y merece el viaje por sus propios méritos.
Iquitos, capital de Loreto y la ciudad más grande del mundo sin carretera que llegue a ella, solo se alcanza por avión o por río. Hay vuelos diarios desde Lima, unas dos horas; la lancha desde Yurimaguas, bajando el Huallaga y el Marañón, tarda de dos a tres días y navega la misma agua que Herndon. Pucallpa, en el departamento vecino de Ucayali, es el caso contrario: es el final de la Carretera Federico Basadre desde Lima, unos 780 km, entre 18 y 20 horas de autobús o una hora de avión. A diez kilómetros de Pucallpa está la laguna de Yarinacocha, la cocha que la literatura popular moderna —no Herndon— señala como casa de la yacumama.
La fotografía de esta ficha no es de una serpiente. Es una escultura, subida a Wikimedia Commons por Layza Gonzales con licencia CC BY-SA 4.0 y fotografiada el 23 de septiembre de 2022 en 8°22′38″ S, 74°33′44″ O; es decir, en Pucallpa, departamento de Ucayali, a unos 480 km de las coordenadas de esta entrada. Representa a la yacumama envolviendo al pescador mezquino para darle una lección, un relato sobre la madre de la cocha que le niega el pescado al codicioso y que se cuenta por todo Loreto y Ucayali. Es una buena foto de arte público amazónico contemporáneo. No es la foto de un lugar donde pasara nada.
Dónde leer las fuentes. Todo el material primario de esta ficha es gratuito. La primera parte de Exploration of the Valley of the Amazon, de Herndon, está en Internet Archive y en el Proyecto Gutenberg; la yacumama está en las páginas 168-169. El vocabulario limeño de 1586 y su reimpresión de 1614 están los dos en Internet Archive, digitalizados por la John Carter Brown Library. El Diccionario kukama-kukamiria / castellano de Vallejos y Amías (2015, 312 páginas) se descarga libremente. Lo único que no es gratis es el libro que más importa: Roxani Rivas Ruiz, La serpiente, madre del agua (PUCP y CAAAP, Lima, 2022, 547 páginas, ISBN 978-612-317-819-2), a la venta en papel y en digital.
Un aviso. Las agencias de Iquitos y de Pucallpa venden excursiones con tema de yacumama. Cómprense como folclore y como viaje fluvial, que es lo que valen, y no como una posibilidad de ver al animal. Las anacondas verdes son reales, abundan en estas aguas, son de verdad peligrosas de manipular y lo sensato es dejarlas en paz; y la mayor que alguien ha medido jamás no llenaría ni un tercio de la escultura de Pucallpa.
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