El lobisón —también lobizón, y luisõ en guaraní— es el hombre lobo rioplatense, y su cláusula definitoria es un orden de nacimiento: se dice que el séptimo hijo varón seguido cambia de forma las noches de viernes y merodea cementerios y campos.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Lobizón?
Ubicación
Argentina
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-27.8, -64.3
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Lobizón?
El nombre es un préstamo del portugués lobisomem; el Vocabulario rioplatense razonado de Daniel Granada (1890), repertorio de referencia del habla del Plata en el siglo XIX, no lo registra en ninguna de sus grafías. Uno de los primeros testimonios de campo es el de Juan B. Ambrosetti, recogido en Misiones en la década de 1890 e impreso en 1917: sus informantes describían un animal «parecido al perro y al cerdo, con grandes orejas», y señalaban al vecino sospechoso hasta hacer de él «una especie de paria». Los presidentes argentinos sí apadrinan a los séptimos hijos, según el Decreto 848/73, la Ley 20.843 y el Decreto 1416/2009, y ninguno de esos textos menciona al hombre lobo; el decreto de 1973 no da más motivo que un primer solicitante de nacionalidad rusa en 1907. El vínculo con el lobizón lo hace la prensa local de Coronel Pringles, donde se bautizó aquel primer ahijado.
«Lobisón» es la forma que recoge el Diccionario de americanismos de la ASALE para Paraguay y Argentina, con las variantes «lobizón» y «luisón» y con una etimología escueta: del portugués lobisomem, «hombre lobo». El filólogo paraguayo Domingo Aguilera Jiménez lo incluye entre los 67 lusismos del guaraní paraguayo que estudió en 2022 y precisa la ruta: procede del portugués brasileño lobishomem —así lo consignó antes Germán de Granda—, la Real Academia no admitió «lobisón» hasta el Diccionario usual de 1984, con marca de Argentina, Paraguay y Uruguay, y en guaraní la forma viva no es «lobisón» sino luisõ. El nombre, por tanto, entra por el portugués, y llega tarde a los repertorios: en el Vocabulario rioplatense razonado de Daniel Granada (1890), la obra de referencia del habla del Plata en el siglo XIX, la palabra no aparece en ninguna de sus grafías, mientras que sí figuran gaucho, mate, tapera o ñandubay.
El testimonio de campo más antiguo entre las fuentes de esta ficha es el de Juan Bautista Ambrosetti, director del Museo Etnográfico de Buenos Aires. En «Supersticiones y leyendas» (1917), que recoge notas de viaje de la década de 1890 empezadas a publicar en 1893, Ambrosetti cuenta que oyó la palabra por primera vez en Río Grande do Sul, cantada en portugués por un paisano en un baile: «Ando comprindo o meu fado / En trages de Lobisomé». Al preguntar por su significado en la región misionera le explicaron la regla que sigue vigente: «El ser lobisome es condición fatal del séptimo hijo varón seguido, y si es la séptima hija mujer seguida, será, en vez, bruja». La criatura que le describieron sus informantes no era un lobo, sino «un animal parecido al perro y al cerdo, con grandes orejas que le tapan la cara»; se transformaba los viernes a medianoche, comía inmundicias y criaturas sin bautizar, y quedaba libre si alguien lo hería sin saber quién era. Ambrosetti anotó al pie, sin rodeos, que «esta leyenda es de origen europeo; es lo que en Francia se llama Loup Garou».
La capa guaraní existe, pero no es la que se suele contar. El luisõ es el séptimo hijo de Tau y Keraná en el ciclo de los siete engendros malditos de la mitología guaraní, y la versión que hoy circula procede en gran medida del poema etnogenético «Ñande Ypy Kuéra» de Narciso R. Colmán (Rosicrán). El propio Colmán, en su glosario etimológico, encabeza la entrada «Huiso, huicho, Luisón o Lobisón» y lo describe como señor de la noche que se alimenta de cadáveres en los cementerios: pálido, fétido, de cabellera larga y sucia. No hay lobo ni luna llena. Aguilera explica por qué: en el área guaranítica el personaje europeo se adapta cambiando de animal, y «en lugar de convertirse en hombre-lobo, la persona poseída se convierte aquí en hombre-perro, reemplazándose el cánido europeo por el can, su congénere más común por estas tierras».
El padrinazgo presidencial argentino, en cambio, existe y está en el Boletín Oficial. Lo instituyó el Decreto 848 del 24 de diciembre de 1973, firmado por Juan Domingo Perón, a raíz de un pedido del Gobierno de Tucumán para incluir también a las mujeres —de modo que la extensión a las séptimas hijas es de 1973—. Un proyecto de ley de 1965 en el mismo sentido había caducado sin votarse al clausurarse el Congreso en 1966, según una carta publicada en El Litoral de Santa Fe en 1968. Sus considerandos son el documento clave de toda esta historia: «Que en el año 1907 el entonces Presidente de la Nación, doctor José Figueroa Alcorta, accedió al primer pedido de padrinazgo solicitado por un residente en el país, de nacionalidad rusa». Ni nombres, ni localidad, ni una sola palabra sobre lobizones. El Decreto 143 de 1974 lo adaptó para el caso de una presidenta mujer; la Ley 20.843, sancionada el 28 de septiembre de 1974 y publicada el 10 de diciembre, se limita a garantizar estudios gratuitos a cualquier ahijado presidencial y no menciona a los séptimos hijos, y el Decreto 964/76 reglamentó esas becas. El Decreto 1416, de octubre de 2009, modernizó los requisitos (convivientes, madre o padre solteros, adopción, cultos no católicos) y volvió a fechar la costumbre: «invariablemente desde 1907».
Los nombres propios los aporta la prensa local de Coronel Pringles, y ya estaban impresos en 1968, cuando aquella carta en El Litoral nombró a Enrique Brost como el residente ruso de los siete hijos varones. Según El Orden, el niño José Brost nació allí el 8 de octubre de 1907, séptimo hijo varón del agricultor alemán del Volga Enrique Brost y de Apolonia Holmann, y fue bautizado el 20 de octubre —un domingo— en la parroquia Santa Rosa de Lima, que existía desde 1890. Ofició un cura de apellido Alfonsín, la madrina fue Berta Sieder y al presidente lo representó el comisionado municipal Manuel Gascón; la fiesta se hizo en la vieja municipalidad. Y el mismo diario da el motivo que alegó el padre: continuar «la tradición rusa que establecía que el zar apadrinara a los séptimos hijos varones». La nacionalidad rusa encaja con el decreto de 1973: los alemanes del Volga llegaron a la Argentina con pasaporte ruso. La misma crónica dice además que el padrinazgo del zar protegía a los séptimos hijos de convertirse en lobizones, y es la única fuente de esta ficha que une al hombre lobo con el padrinazgo.
Cronología: los hechos documentados de Lobizón
1890El Vocabulario rioplatense razonado de Daniel Granada, el repertorio de referencia del habla del Plata en el siglo XIX, no registra lobisón, lobizón ni luisón en su segunda edición. El texto digitalizado es rastreable: gaucho, mate y tapera dan resultados; el hombre lobo, ninguno.
desde 1893Juan Bautista Ambrosetti empieza a publicar sus notas folclóricas en la Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires. Él mismo explicará después que el material misionero procede de libretas de viaje escritas unos veinticinco años antes de 1917 y que había permanecido casi inédito.
8 y 20 de octubre de 1907Según el diario El Orden, de Coronel Pringles, José Brost nace el 8 de octubre, séptimo hijo varón de Enrique Brost y Apolonia Holmann, y es bautizado el 20 de octubre —domingo— en la parroquia Santa Rosa de Lima, con el comisionado municipal Manuel Gascón en representación del presidente Figueroa Alcorta. La misma crónica dice que el padre lo pidió para continuar la costumbre zarista rusa.
1917Ambrosetti imprime «El Lobisomé» en Supersticiones y leyendas. Recoge la regla del séptimo hijo varón seguido, la figura de perro y cerdo con orejas enormes, la transformación del viernes a medianoche y el hecho de que los vecinos señalaban al sindicado y hacían de él «una especie de paria». Su nota al pie llama a la leyenda europea, el loup-garou francés.
1929Narciso R. Colmán (Rosicrán) fija el ciclo guaraní en Ñande Ypy Kuéra: el luisõ es el séptimo hijo de Tau y Keraná, señor de la noche que come cadáveres en los cementerios. Su propio glosario encabeza la entrada «Huiso, huicho, Luisón o Lobisón», uniendo la figura guaraní al nombre portugués. La versión castellana digitalizada, hecha por el autor, es posterior: sus preliminares citan méritos suyos hasta 1936.
enero de 1964L. Illis publica «On porphyria and the aetiology of werwolves» en los Proceedings of the Royal Society of Medicine (57:23-26), origen de la explicación por porfiria que la prensa sigue colgándole al lobizón.
24 de diciembre de 1973El Decreto 848/73, firmado por Juan Domingo Perón, instituye el Padrinazgo Presidencial a raíz de un pedido de la provincia de Tucumán para incluir a las mujeres: las séptimas hijas quedan cubiertas desde el primer día. Su considerando afirma que en 1907 el presidente José Figueroa Alcorta accedió al primer pedido, hecho por «un residente en el país, de nacionalidad rusa». No aparece el hombre lobo ni nombre alguno.
28 de septiembre / 10 de diciembre de 1974El Congreso sanciona la Ley 20.843, promulgada el 4 de diciembre y publicada en el Boletín Oficial el 10 de diciembre (número 23.053, página 2). Al contrario de lo que suele escribirse, no habla de séptimos hijos ni de hombres lobo: garantiza estudios primarios, secundarios, universitarios o especiales gratuitos a cualquier apadrinado por el titular del Poder Ejecutivo.
12 de marzo de 1976El Decreto 964/76, firmado por María Estela Martínez de Perón días antes del golpe, reglamenta las becas: importes ajustados al costo de vida, renovación sujeta al rendimiento escolar y solicitudes por la Dirección General de Ceremonial de la Presidencia.
1984La Real Academia Española admite por primera vez «lobisón» en su Diccionario usual, con marca de Argentina, Paraguay y Uruguay, según el repaso que hace Aguilera del Nuevo Tesoro Lexicográfico. La creencia es mucho más antigua que su entrada de diccionario.
1990-2016La vía de la porfiria se desmonta en la literatura médica: Winkler y Anderson describen la «medicalización de un mito» (1990), Cox escribe sobre «otro mito en construcción» (1995) y Maranda y sus colegas vuelven sobre el asunto en JAMA Dermatology (2016).
6 de octubre de 2009El Decreto 1416/2009 moderniza el régimen —convivientes de hecho, madres o padres solteros, hijos adoptivos, cultos no católicos y el nombre Padrinazgo/Madrinazgo— y repite la datación oficial: la tradición se otorga «invariablemente desde 1907».
2022Domingo Aguilera Jiménez incluye lobisón/luisón entre 67 lusismos del guaraní paraguayo y señala la adaptación clave: en el área guaranítica el poseído se convierte en hombre-perro, no en hombre-lobo, «reemplazándose el cánido europeo por el can».
¿Hay una explicación racional para Lobizón?
La explicación médica que se repite tiene autor y fecha: en enero de 1964 el neurólogo L. Illis publicó en los Proceedings of the Royal Society of Medicine el artículo «On porphyria and the aetiology of werwolves», donde propuso la porfiria congénita como raíz de las leyendas europeas de hombres lobo. La idea saltó a la divulgación y la misma maniobra se hizo después con los vampiros, hasta que la literatura médica la revisó con dureza: Winkler y Anderson la llamaron «medicalización de un mito» (1990), Cox tituló su nota «otro mito en construcción» (1995) y Maranda y sus colegas volvieron sobre ello en JAMA Dermatology (2016) como «un mito, sensacionalizado». Nils Metzger (History of Psychiatry, 2013) ha estudiado precisamente ese reflejo de racionalizar médicamente la creencia en hombres lobo desde los procesos de la Edad Moderna.
Para la versión rioplatense hay además un problema, y basta la aritmética para verlo: la regla que define al lobisón es un orden de nacimiento. La porfiria eritropoyética congénita, la única que produce las lesiones cutáneas espectaculares que se invocan, se hereda de forma autosómica recesiva; en una pareja portadora el riesgo es el mismo para el primer hijo que para el séptimo. Ninguna porfiria distingue posiciones en la prole, así que no puede explicar la única cláusula que define al lobisón. Lo mismo vale para la rabia: Juan Gómez-Alonso propuso en Neurology (1998) que la rabia estuvo detrás de la leyenda del vampiro balcánico del siglo XVIII, una hipótesis razonable para ataques y agitación, pero muda ante el séptimo hijo.
Lo que sí está documentado es el coste social, y lo documentó el propio Ambrosetti en 1917: la creencia estaba tan arraigada «que no sólo aseguran haber visto, sino que también, con gran misterio, señalan al individuo sindicado de lobisome, mostrándolo con recelo y hacen de ese hombre una especie de paria». El daño que puede verificarse en este mito es un vecino marcado.
Queda el puente entre el hombre lobo y la presidencia. El padrinazgo presidencial es real y está legislado, y sus textos oficiales dejan fuera al hombre lobo: «lobizón» y «lobisón» no aparecen ni en el Decreto 848/73 ni en la Ley 20.843, el Decreto 964/76 o el Decreto 1416/2009, según los textos de InfoLEG leídos el 28 de septiembre de 2026. Los considerandos de 1973 no dan motivo alguno; solo que el primer pedido lo hizo «un residente en el país, de nacionalidad rusa». El vínculo lo hace la prensa de Coronel Pringles. La crónica de aniversario de El Orden del 20 de octubre de 2020, de donde salen los nombres, abre con la Rusia de los zares como «una de las varias cunas» de la tradición según la cual el séptimo hijo varón «se transforma en lobizón durante las noches de luna llena», y dice que el zar apadrinaba a los séptimos hijos «no sólo para protegerlos del maleficio sino también como premio a quienes dieran siete hijos a la Patria»; para la costumbre zarista no da fuente. Los nombres son anteriores a esa crónica. Una carta publicada en El Litoral de Santa Fe el 24 de enero de 1968 da ya a Enrique Brost, sus siete hijos varones y el consentimiento de Figueroa Alcorta, cita una nota del mismo diario de junio de 1967 y los fundamentos de un proyecto de ley de 1965, y apoya el relato en «constancias que existirían en los archivos de diarios de aquella época». Una búsqueda en el texto del Internet Archive del 28 de septiembre de 2026 no encuentra en los cinco números de Caras y Caretas del 19 de octubre al 16 de noviembre de 1907 ningún Brost ni ningún bautismo en Pringles, aunque Figueroa Alcorta sale en todos; La Prensa del 17 al 29 de octubre de 1907 falta en la colección de ese archivo.
¿Se puede visitar Lobizón?
El lobisón no tiene un sitio, y el lugar argentino ligado a su historia legal es Coronel Pringles, en la provincia de Buenos Aires, a unos 460 km en línea recta al sudoeste de la ciudad de Buenos Aires. El diario local El Orden, en un artículo del 20 de octubre de 2020, sitúa allí el primer padrinazgo presidencial: José Brost, nacido el 8 de octubre de 1907, séptimo hijo varón de Enrique Brost y Apolonia Holmann, fue bautizado el 20 de octubre de 1907 en la iglesia de Santa Rosa de Lima, y la fiesta se celebró en «la antigua municipalidad, hoy auditorio Dardo Rocha». Santa Rosa de Lima es una parroquia con culto.
El Decreto 848/73, en la redacción que le dio el Decreto 1416/2009, permite pedir el padrinazgo a los cónyuges, a los convivientes de hecho o a una madre o un padre solteros que tengan siete hijos varones o siete hijas mujeres, admite que entre ellos haya nacido algún hijo del otro sexo, cuenta a los adoptivos y remite la solicitud a la Secretaría General de la Presidencia de la Nación. Su artículo 3 lo define como el otorgamiento de «una medalla recordatoria», y el artículo 5 establece que «no crea derechos ni beneficios de naturaleza alguna a favor del ahijado/a ni de sus parientes, salvo los establecidos en el marco legal» de la institución. Ese marco incluye la Ley 20.843 de 1974, que asegura a los ahijados la gratuidad de sus estudios; según el Decreto 964/76 reformado en 2009, las becas se solicitan antes del último día hábil de octubre. La página de la beca en argentina.gob.ar, del Ministerio de Capital Humano, consultada el 24 de septiembre de 2026, pide enviar la primera solicitud en forma gratuita por Correo Argentino al «Apartado especial respuesta postal paga N° 1» y las renovaciones por correo electrónico.
La ley está en revisión en el Congreso. La Cámara de Diputados aprobó el 20 de mayo de 2026, por 138 votos contra 96, el proyecto del Gobierno conocido como Ley Hojarasca, y Ámbito informó el 17 de junio de que las comisiones del Senado lo habían dictaminado; el texto deroga la Ley 20.843, aunque los ahijados actuales «podrán optar por seguir manteniendo sus beneficios». El 26 de agosto Letra P informó de que el Senado lo había dejado fuera de su temario y de que no tenía fecha de tratamiento.
Los textos legales se leen íntegros y gratis en InfoLEG y en argentina.gob.ar, y los libros de Ambrosetti (1917), Granada (1890) y Colmán están digitalizados en el Internet Archive.
💬 Testimonios de campo (0)
Aún no hay testimonios. Añade el primero.
Añade tu testimonio
🔒 Entra para dejar un testimonio