🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº6501 ACTIVO

Lobizón

Lobizón es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Argentina, AR. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a Lobizón?

Ubicación
Argentina, AR
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-27.8, -64.3
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es Lobizón?

El lobisón —también lobizón, y luisõ en guaraní— es el hombre lobo rioplatense, y su cláusula definitoria no es una enfermedad sino un orden de nacimiento: se dice que el séptimo hijo varón seguido cambia de forma las noches de viernes y merodea cementerios y campos. El nombre es un préstamo del portugués lobisomem; el Vocabulario rioplatense razonado de Daniel Granada (1890), repertorio de referencia del habla del Plata en el siglo XIX, no lo registra en ninguna de sus grafías. El testimonio directo más antiguo que hemos podido leer es el de Juan B. Ambrosetti, recogido en Misiones en la década de 1890 e impreso en 1917: sus informantes no describían un lobo, sino un animal «parecido al perro y al cerdo, con grandes orejas», y señalaban al vecino sospechoso hasta hacer de él «una especie de paria». Los presidentes argentinos sí apadrinan a los séptimos hijos, y la costumbre está legislada —Decreto 848/73, Ley 20.843, Decreto 1416/2009—, pero ningún texto oficial la ata al lobizón: el motivo que consta es una costumbre imperial rusa traída por colonos alemanes del Volga.
Lobizón — ilustración
Imagen: Patty P · Public domain

¿Cuál es la historia de Lobizón?

«Lobisón» es la forma que recoge el Diccionario de americanismos de la ASALE para Paraguay y Argentina, con las variantes «lobizón» y «luisón» y con una etimología escueta: del portugués lobisomem, «hombre lobo». El filólogo paraguayo Domingo Aguilera Jiménez lo incluye entre los 67 lusismos del guaraní paraguayo que estudió en 2022 y precisa la ruta: procede del portugués brasileño lobishomem —así lo consignó antes Germán de Granda—, la Real Academia no admitió «lobisón» hasta el Diccionario usual de 1984, con marca de Argentina, Paraguay y Uruguay, y en guaraní la forma viva no es «lobisón» sino luisõ. El nombre, por tanto, entra por el portugués. Conviene medir lo tarde que llega a los repertorios: en el Vocabulario rioplatense razonado de Daniel Granada (1890), la obra de referencia del habla del Plata en el siglo XIX, la palabra no aparece en ninguna de sus grafías, mientras que sí figuran gaucho, mate, tapera o ñandubay. El testimonio de campo más antiguo que hemos podido leer completo es el de Juan Bautista Ambrosetti, director del Museo Etnográfico de Buenos Aires. En «Supersticiones y leyendas» (1917), que recoge notas de viaje de la década de 1890 empezadas a publicar en 1893, Ambrosetti cuenta que oyó la palabra por primera vez en Río Grande do Sul, cantada en portugués por un paisano en un baile: «Ando comprindo o meu fado / En trages de Lobisomé». Al preguntar por su significado en la región misionera le explicaron la regla que sigue vigente: «El ser lobisome es condición fatal del séptimo hijo varón seguido, y si es la séptima hija mujer seguida, será, en vez, bruja». La criatura que le describieron sus informantes no era un lobo, sino «un animal parecido al perro y al cerdo, con grandes orejas que le tapan la cara»; se transformaba los viernes a medianoche, comía inmundicias y criaturas sin bautizar, y quedaba libre si alguien lo hería sin saber quién era. Ambrosetti anotó al pie, sin rodeos, que «esta leyenda es de origen europeo; es lo que en Francia se llama Loup Garou». La capa guaraní existe, pero no es la que se suele contar. El luisõ es el séptimo hijo de Tau y Keraná en el ciclo de los siete engendros malditos de la mitología guaraní, y la versión que hoy circula procede en gran medida del poema etnogenético «Ñande Ypy Kuéra» de Narciso R. Colmán (Rosicrán). El propio Colmán, en su glosario etimológico, encabeza la entrada «Huiso, huicho, Luisón o Lobisón» y lo describe como señor de la noche que se alimenta de cadáveres en los cementerios: pálido, fétido, de cabellera larga y sucia. No hay lobo ni luna llena. Aguilera explica por qué: en el área guaranítica el personaje europeo se adapta cambiando de animal, y «en lugar de convertirse en hombre-lobo, la persona poseída se convierte aquí en hombre-perro, reemplazándose el cánido europeo por el can, su congénere más común por estas tierras». El padrinazgo presidencial argentino, en cambio, existe y está en el Boletín Oficial. Lo instituyó el Decreto 848 del 24 de diciembre de 1973, firmado por Juan Domingo Perón, a raíz de un pedido del Gobierno de Tucumán para incluir también a las mujeres —de modo que la extensión a las séptimas hijas es de 1973, no posterior—. Sus considerandos son el documento clave de toda esta historia: «Que en el año 1907 el entonces Presidente de la Nación, doctor José Figueroa Alcorta, accedió al primer pedido de padrinazgo solicitado por un residente en el país, de nacionalidad rusa». Ni nombres, ni localidad, ni una sola palabra sobre lobizones. El Decreto 143 de 1974 lo adaptó para el caso de una presidenta mujer; la Ley 20.843, sancionada el 28 de septiembre de 1974 y publicada el 10 de diciembre, no menciona a los séptimos hijos: se limita a garantizar estudios gratuitos a cualquier ahijado presidencial, y el Decreto 964/76 reglamentó esas becas. El Decreto 1416, de octubre de 2009, modernizó los requisitos (convivientes, madre o padre solteros, adopción, cultos no católicos) y volvió a fechar la costumbre: «invariablemente desde 1907». Los nombres propios los aporta la prensa local de Coronel Pringles, no el archivo nacional. Según El Orden, el niño José Brost nació allí el 8 de octubre de 1907, séptimo hijo varón del agricultor alemán del Volga Enrique Brost y de Apolonia Holmann, y fue bautizado el 20 de octubre —un domingo— en la parroquia Santa Rosa de Lima, que existía desde 1890. Ofició un cura de apellido Alfonsín, la madrina fue Berta Sieder y al presidente lo representó el comisionado municipal Manuel Gascón; la fiesta se hizo en la vieja municipalidad. Y el mismo diario da el motivo que alegó el padre: continuar «la tradición rusa que establecía que el zar apadrinara a los séptimos hijos varones». Encaja con el decreto de 1973 —los alemanes del Volga llegaron a la Argentina con pasaporte ruso—, y no encaja con el lobizón.

Cronología: los hechos documentados de Lobizón

  1. 1890 El Vocabulario rioplatense razonado de Daniel Granada, el repertorio de referencia del habla del Plata en el siglo XIX, no registra lobisón, lobizón ni luisón en su segunda edición. El texto digitalizado es rastreable: gaucho, mate y tapera dan resultados; el hombre lobo, ninguno.
  2. desde 1893 Juan Bautista Ambrosetti empieza a publicar sus notas folclóricas en la Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires. Él mismo explicará después que el material misionero procede de libretas de viaje escritas unos veinticinco años antes de 1917 y que había permanecido casi inédito.
  3. 8 y 20 de octubre de 1907 Según el diario El Orden, de Coronel Pringles, José Brost nace el 8 de octubre, séptimo hijo varón de Enrique Brost y Apolonia Holmann, y es bautizado el 20 de octubre —domingo— en la parroquia Santa Rosa de Lima, con el comisionado municipal Manuel Gascón en representación del presidente Figueroa Alcorta. La misma crónica dice que el padre lo pidió para continuar la costumbre zarista rusa.
  4. 1917 Ambrosetti imprime «El Lobisomé» en Supersticiones y leyendas. Recoge la regla del séptimo hijo varón seguido, la figura de perro y cerdo con orejas enormes, la transformación del viernes a medianoche y el hecho de que los vecinos señalaban al sindicado y hacían de él «una especie de paria». Su nota al pie llama a la leyenda europea, el loup-garou francés.
  5. 1929 Narciso R. Colmán (Rosicrán) fija el ciclo guaraní en Ñande Ypy Kuéra: el luisõ es el séptimo hijo de Tau y Keraná, señor de la noche que come cadáveres en los cementerios. Su propio glosario encabeza la entrada «Huiso, huicho, Luisón o Lobisón», uniendo la figura guaraní al nombre portugués. La versión castellana digitalizada, hecha por el autor, es posterior: sus preliminares citan méritos suyos hasta 1936.
  6. enero de 1964 L. Illis publica «On porphyria and the aetiology of werwolves» en los Proceedings of the Royal Society of Medicine (57:23-26), origen de la explicación por porfiria que la prensa sigue colgándole al lobizón.
  7. 24 de diciembre de 1973 El Decreto 848/73, firmado por Juan Domingo Perón, instituye el Padrinazgo Presidencial a raíz de un pedido de la provincia de Tucumán para incluir a las mujeres: las séptimas hijas quedan cubiertas desde el primer día. Su considerando afirma que en 1907 el presidente José Figueroa Alcorta accedió al primer pedido, hecho por «un residente en el país, de nacionalidad rusa». No aparece el hombre lobo ni nombre alguno.
  8. 28 de septiembre / 10 de diciembre de 1974 El Congreso sanciona la Ley 20.843, promulgada el 4 de diciembre y publicada en el Boletín Oficial el 10 de diciembre (número 23.053, página 2). Al contrario de lo que suele escribirse, no habla de séptimos hijos ni de hombres lobo: garantiza estudios primarios, secundarios, universitarios o especiales gratuitos a cualquier apadrinado por el titular del Poder Ejecutivo.
  9. 12 de marzo de 1976 El Decreto 964/76, firmado por María Estela Martínez de Perón días antes del golpe, reglamenta las becas: importes ajustados al costo de vida, renovación sujeta al rendimiento escolar y solicitudes por la Dirección General de Ceremonial de la Presidencia.
  10. 1984 La Real Academia Española admite por primera vez «lobisón» en su Diccionario usual, con marca de Argentina, Paraguay y Uruguay, según el repaso que hace Aguilera del Nuevo Tesoro Lexicográfico. La creencia es mucho más antigua que su entrada de diccionario.
  11. 1990-2016 La vía de la porfiria se desmonta en la literatura médica: Winkler y Anderson describen la «medicalización de un mito» (1990), Cox escribe sobre «otro mito en construcción» (1995) y Maranda y sus colegas vuelven sobre el asunto en JAMA Dermatology (2016).
  12. 6 de octubre de 2009 El Decreto 1416/2009 moderniza el régimen —convivientes de hecho, madres o padres solteros, hijos adoptivos, cultos no católicos y el nombre Padrinazgo/Madrinazgo— y repite la datación oficial: la tradición se otorga «invariablemente desde 1907».
  13. 2022 Domingo Aguilera Jiménez incluye lobisón/luisón entre 67 lusismos del guaraní paraguayo y señala la adaptación clave: en el área guaranítica el poseído se convierte en hombre-perro, no en hombre-lobo, «reemplazándose el cánido europeo por el can».

¿Hay una explicación racional para Lobizón?

La explicación médica que se repite tiene autor y fecha: en enero de 1964 el neurólogo L. Illis publicó en los Proceedings of the Royal Society of Medicine el artículo «On porphyria and the aetiology of werwolves», donde propuso la porfiria congénita como raíz de las leyendas europeas de hombres lobo. La idea saltó a la divulgación y la misma maniobra se hizo después con los vampiros, hasta que la literatura médica la revisó con dureza: Winkler y Anderson la llamaron «medicalización de un mito» (1990), Cox tituló su nota «otro mito en construcción» (1995) y Maranda y sus colegas volvieron sobre ello en JAMA Dermatology (2016) como «un mito, sensacionalizado». Nils Metzger (History of Psychiatry, 2013) ha estudiado precisamente ese reflejo de racionalizar médicamente la creencia en hombres lobo desde los procesos de la Edad Moderna. Para la versión rioplatense hay además un problema que no requiere autoridad ninguna, solo aritmética: aquí la regla no es una enfermedad, es un orden de nacimiento. La porfiria eritropoyética congénita, la única que produce las lesiones cutáneas espectaculares que se invocan, se hereda de forma autosómica recesiva; en una pareja portadora el riesgo es el mismo para el primer hijo que para el séptimo. Ninguna porfiria distingue posiciones en la prole, así que no puede explicar la única cláusula que define al lobisón. Lo mismo vale para la rabia: Juan Gómez-Alonso propuso en Neurology (1998) que la rabia estuvo detrás de la leyenda del vampiro balcánico del siglo XVIII, una hipótesis razonable para ataques y agitación, pero muda ante el séptimo hijo. Lo que sí está documentado es el coste social, y lo documentó el propio Ambrosetti en 1917: la creencia estaba tan arraigada «que no sólo aseguran haber visto, sino que también, con gran misterio, señalan al individuo sindicado de lobisome, mostrándolo con recelo y hacen de ese hombre una especie de paria». Ese es el daño verificable del mito: no una metamorfosis, sino un vecino marcado. Queda el puente que suele darse por hecho y que no sostiene el archivo. El padrinazgo presidencial es real y está legislado, pero ningún texto oficial —ni el decreto fundacional de 1973, ni la ley de 1974, ni el decreto de 2009— menciona al lobizón; el único motivo que consta, tanto en el decreto como en la crónica local de Coronel Pringles, es la costumbre rusa del padrinazgo imperial al séptimo hijo. A fecha de agosto de 2026 no hemos localizado ningún documento de 1907 —ni acta, ni prensa de la época, ni resolución— que respalde los nombres y los detalles del bautismo: la primera mención fechable que hemos podido leer es el decreto de 1973, que no da nombres, y los nombres aparecen en fuentes locales muy posteriores.

¿Se puede visitar Lobizón?

No hay nada que visitar: el lobisón es una creencia, no un lugar, y cualquier página que ofrezca «avistamientos garantizados» está vendiendo humo. Lo que sí se puede recorrer es su rastro documental. En Coronel Pringles (provincia de Buenos Aires, unos 550 km al sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, sobre la ruta nacional 51) siguen en pie la parroquia Santa Rosa de Lima, donde según la crónica local se celebró el bautismo de 1907, y la plaza Juan Pascual Pringles, frente a la cual está la Casa de Cultura, el antiguo edificio municipal donde se hizo la fiesta. El pueblo se visita, además, por las obras art déco del arquitecto Francisco Salamone, declaradas monumentos históricos municipales. La parroquia es un templo en uso: horarios y actos, en la propia parroquia; nosotros no publicamos horarios que no podamos comprobar. El padrinazgo presidencial sigue vigente y se pide por escrito, no por internet ni pagando nada. Según el artículo 2 del Decreto 848/73 en la redacción que le dio el Decreto 1416/2009, pueden pedirlo los cónyuges, los convivientes de hecho o una madre o un padre solteros que tengan siete hijos varones o siete hijas mujeres (se admite algún hijo del otro sexo intercalado, y cuentan los adoptados); el trámite se dirige a la Secretaría General de la Presidencia de la Nación. El padrinazgo consiste en una medalla y en un acto, y el propio decreto aclara que «no crea derechos ni beneficios de naturaleza alguna». La beca de estudio la da aparte la Ley 20.843, con solicitudes antes del último día hábil de octubre. Datos comprobados en agosto de 2026: antes de iniciar el trámite, verifique el texto vigente, porque los organismos cambian de nombre a menudo. Todo el expediente legal es público y gratuito: los decretos y la ley se leen íntegros en InfoLEG y en el Boletín Oficial, y los libros de Ambrosetti (1917), Granada (1890) y Colmán están digitalizados en archive.org. Es, con diferencia, la mejor «excursión» que admite este mito.

Fuentes consultadas

  1. Poder Ejecutivo Nacional (Argentina), «Decreto 848/1973, «Padrinazgo Presidencial. Institúyese» (texto completo)» — InfoLEG / Boletín Oficial, 18-ene-1974, 1973 archivo
  2. Congreso de la Nación Argentina, «Ley 20.843, Padrinazgo Presidencial. Otorgamiento de becas (texto completo)» — InfoLEG / Boletín Oficial n.º 23.053, 10-dic-1974, p. 2, 1974 archivo
  3. Poder Ejecutivo Nacional (Argentina), «Decreto 1416/2009, modificación de los requisitos y alcances del Padrinazgo/Madrinazgo Presidencial» — InfoLEG / Boletín Oficial n.º 31.753, 7-oct-2009, p. 1, 2009 archivo
  4. Juan B. Ambrosetti, «Supersticiones y leyendas: región misionera, valles calchaquíes, las Pampas, cap. VIII «El Lobisomé», pp. 103-105» — La Cultura Argentina, Buenos Aires, 1917 libro
  5. Domingo Adolfo Aguilera Jiménez, «Lusismos en el guaraní paraguayo (en situación de contacto con el español), pp. 94-119 (entrada «lobisón/luisón», p. 106)» — Revista de la Sociedad Científica del Paraguay 27(1), 2022 académico
  6. Asociación de Academias de la Lengua Española, «Diccionario de americanismos, entrada «lobisón»» — ASALE / Santillana, 2010 web
  7. Narciso R. Colmán (Rosicrán), «Ñande Ypy Kuéra (Nuestros antepasados). Poema etnogenético y mitológico, cap. VII y nota etimológica 49» — Versión castellana del autor; ejemplar de la Biblioteca Virtual del Paraguay, 1929 libro
  8. Rogelio Gómez, «Un día como hoy, se celebraba el primer padrinazgo presidencial» — El Orden, Coronel Pringles, 20 de octubre de 2020, 2020 hemeroteca
  9. L. Illis, «On Porphyria and the Aetiology of Werwolves, Proc R Soc Med 57(1):23-26 (PMID 14114172)» — Proceedings of the Royal Society of Medicine, 1964 académico
  10. A. M. Cox, «Porphyria and vampirism: another myth in the making, Postgrad Med J 71(841):643-644 (PMID 7494765); con Winkler y Anderson, «Vampires, porphyria, and the media: medicalization of a myth», Perspect Biol Med, 1990» — Postgraduate Medical Journal, 1995 académico
  11. Daniel Granada, «Vocabulario rioplatense razonado (2.ª ed.) — comprobación por texto completo: sin entrada de lobisón/lobizón/luisón» — Imprenta Rural, Montevideo, 1890 libro
  12. MedlinePlus Genetics, «Porphyria (Frequency, Causes, Inheritance): la porfiria eritropoyética congénita se hereda de forma autosómica recesiva» — U.S. National Library of Medicine, 2020 web
  13. Poder Ejecutivo Nacional (Argentina), «Decreto 964/1976, reglamentación del régimen de becas de la Ley 20.843 (texto actualizado)» — InfoLEG / Boletín Oficial n.º 23.366, 18-mar-1976, p. 2, 1976 archivo
  14. Nils Metzger, «Battling demons with medical authority: werewolves, physicians and rationalization, History of Psychiatry 24(3) (PMID 24573449)» — History of Psychiatry, 2013 académico

Ficha revisada por V. Serrano el 11/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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