Nahuelito es el supuesto animal de cuello largo del lago Nahuel Huapi, en los Andes argentinos, y es uno de los pocos críptidos cuya biografía entera se puede fechar.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Nahuelito?
Ubicación
Río Negro / Neuquén, Argentina
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-40.92, -71.521
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Nahuelito?
El nombre no es antiguo: se lo puso el periodista barilochense Carlos Bustos hacia la década de 1970, y es el diminutivo del lago —nahuel es voz mapuche y significa tigre o yaguareté—, no de una criatura indígena. El plesiosaurio tampoco salió de un testigo: cuando en 1922 Clemente Onelli, director del zoológico de Buenos Aires, anunció que buscaría un animal misterioso en la Patagonia, iba tras el perezoso gigante viviente de Florentino Ameghino, y el 15 de marzo declaró a la Associated Press que plesiosaurio era «un seudónimo que le han dado los periódicos y que se ha pegado». Y el avistamiento tampoco fue aquí: Martin Sheffield lo situó en una laguna somera del Hoyo de Epuyén, en Chubut, a cientos de kilómetros al sur. El Nahuel Huapi heredó el monstruo porque la expedición se alojó tres semanas en Bariloche, y Bariloche lo remató en el carnaval de febrero de 1923 con una carroza mecánica. La tradición mapuche del agua existe y es anterior, pero es otra: se llama el Cuero.
Un dibujo a lápiz; no es la foto de nada. Lo que dibuja es el cuello largo y la silueta de plesiosaurio, es decir, la forma que le dio la prensa en marzo de 1922 y que Clemente Onelli desmintió públicamente ese mismo mes, cuando declaró a la Associated Press que «plesiosaurio» era «un seudónimo que le han puesto los periódicos y que se le ha quedado». No existe ninguna imagen de época del caso. La fotografía que de verdad le correspondería a esta ficha es la de Rafael Soriani de la carroza de carnaval de febrero de 1923, en el Museo de la Patagonia.
Imagen:
Carnby · CC BY-SA 4.0
¿Cuál es la historia de Nahuelito?
El Nahuel Huapi no tenía monstruo hasta que se lo trajeron. Para entender de dónde salió hay que empezar veinticuatro años antes y a mil quinientos kilómetros de allí.
En 1898 Francisco P. Moreno trajo a La Plata un fragmento de cuero momificado de milodonte hallado en la Cueva del Milodón, en Última Esperanza. La pieza estuvo en el museo apenas una semana, camino de la Zoological Society of London, y en ese hueco Florentino Ameghino —enfrentado con Moreno— consiguió un recorte y se apresuró a publicar. La frescura aparente del cuero le pareció prueba de que el animal había muerto hacía poco: lo bautizó Neomylodon listai y sostuvo que el perezoso gigante seguía vivo en la Patagonia. Europa y Buenos Aires se electrizaron y salieron expediciones a cazarlo. Ninguna encontró nada. Ameghino, entretanto, siguió alimentando el asunto: hablaba del Jemmich, «que los tehuelches conocen muy bien, pero cuyas historias siempre se han tomado como fábulas», y lo situaba en madrigueras a orillas de los lagos patagónicos. Ahí empezó la mutación que lo explica todo: mezclado con la mitología de los pueblos originarios, el perezoso terrestre de 1898 se fue volviendo, en la imaginación pública, un animal de hábitos acuáticos.
En 1922 llegó el segundo empujón. Clemente Onelli, director del Jardín Zoológico de Buenos Aires, recibió la carta de Martin Sheffield, un estadounidense avecindado en la zona de Epuyén, que decía haber visto un animal de cuello de cisne. Onelli iba tras el desdentado de Ameghino —en las instrucciones que publicó La Nación el 24 de marzo pedía buscar «un desdentado muy afín, si no es el mismo, al Criptoterio doméstico»—, pero un subtítulo de periódico hizo el resto. El 15 de marzo, ante la Associated Press, Onelli lo dijo con todas las letras: «Plesiosaurio es un seudónimo que le han dado los periódicos y que se ha pegado», y sostuvo que se trataba de un edentado emparentado con el que Ramón Lista había baleado en 1890.
La expedición partió de Buenos Aires el 23 de marzo. El grueso salió de Neuquén en automóvil el 26 y llegó al lago Nahuel Huapi el 30 de marzo. Y ahí se quedó casi tres semanas, recorriendo sitios cercanos a Bariloche, entre ellos el lago Correntoso. El 8 de abril el ingeniero Emilio Frey estaba en Buenos Aires por la creación del Parque Nacional del Sud, germen del futuro Parque Nacional Nahuel Huapi. Solo el 17 de abril salió la comisión completa hacia el Hoyo de Epuyén a buscar a Sheffield; llegó al sitio del avistaje el 20 y encontró a la mujer y los hijos, porque el propio Sheffield convalecía en un pueblo cercano a Esquel. Batieron la laguna somera contigua al puesto de caza, hasta con una balsa. El domingo 23 de abril Frey hizo estallar once cartuchos de dinamita en el agua. No salió nada. El 25 la agencia cablegrafió desde Cholila que la expedición volvía con las manos vacías, y esa misma noche Onelli explicaba en Buenos Aires que el lago batido no era el que Sheffield había señalado.
Mientras tanto, los teletipos hacían su trabajo. En abril de 1922, un boletín de la National Geographic Society que se reprodujo en decenas de periódicos estadounidenses presentaba «uno de los más conocidos lagos andinos de la Argentina, el Nahuel Huapi», y remataba: «es en esta región de lagos intermontanos donde las expediciones científicas buscarán las extrañas criaturas que se dice haber visto allí». El mismo mes, Charles Wellington Furlong publicaba en el Sunday Star de Washington un largo reportaje que fijaba la franja de los avistamientos patagónicos entre los 52 grados sur y el lago Nahuel Huapi. La batida estaba en Chubut; el nombre que se imprimía era el del lago con hoteles. Y no era casual: en enero de 1924, un despacho fechado en Buenos Aires anunciaba que el Nahuel Huapi «se abrirá pronto al turismo cómodo», con dos hoteles de Bariloche en obras y excursiones semanales a punto de inaugurarse.
El monstruo se quedó igualmente en Bariloche, y hubo dos motivos. Uno: el 6 de abril de 1922, con la noticia ya dando la vuelta al mundo, el Toronto Globe publicó sin firma «Local Man Lays Claim To Having Caught Sight Of Gigantic Plesiosaur», donde un empleado canadiense contaba que en 1910 él y su hijo, que vivían en el Nahuel Huapi, habían visto un animal extraño navegando el lago. Dos: en el carnaval del lunes 12 y el martes 13 de febrero de 1923 desfiló por Bariloche la comparsa «El Plesiosauro». Su idóneo era Primo Capraro, aserradero y vecino acaudalado, amigo de Onelli y de su misma colectividad italiana. Sobre el chasis de un camión Ford, con maderas y arpillera, montaron un plesiosaurio gigante con movimiento mecánico; lo acompañaban a pie unos aviadores, unos periodistas y «Don Clemente» con una jeringa, escoltados por Capraro disfrazado de Martín Fierro a caballo. Rafael Soriani lo fotografió en la calle Mitre esquina Villegas, frente al Banco Nación. La prensa italiana de Buenos Aires tituló «Il plesiosauro e' catturato». Era una burla, y funcionó como publicidad. La carroza se reutilizó en carnavales siguientes hasta arder en el incendio de los galpones del aserradero de Capraro.
Onelli murió el 20 de octubre de 1924 y el asunto se durmió. El nombre llegó mucho después: «Nahuelito» se lo puso al plesiosaurio del lago el periodista barilochense Carlos Bustos, hacia la década de 1970. Cuarenta y ocho años después de la cacería.
Cronología: los hechos documentados de Nahuelito
1898Llega al Museo de La Plata un fragmento de cuero momificado de milodonte de la Cueva del Milodón. Florentino Ameghino consigue un recorte, lo bautiza Neomylodon listai y sostiene que el perezoso gigante sigue vivo en la Patagonia, lo que desata dos décadas de cacerías fallidas.
1916Félix José de Augusta publica su diccionario araucano-español, donde registra nawel como «el tigre», wapi como «la isla» y seres míticos del agua como la kaikai filu, medio serpiente y medio caballo. Ninguno es un reptil de cuello largo de lago.
9 de marzo de 1922Frederic B. Loomis, geólogo del Amherst College, declara a la Associated Press que un plesiosaurio «no podía existir en agua dulce», que lo visto sería probablemente una anaconda y que en la región de los lagos patagónicos «nunca oyó ni un indicio» del animal entre comerciantes y viajeros locales.
15 de marzo de 1922Clemente Onelli declara a la Associated Press en Buenos Aires que «plesiosaurio es un seudónimo que le han dado los periódicos y que se ha pegado». En realidad buscaba el edentado superviviente de Ameghino, no un reptil marino.
22 de marzo de 1922Emilio Frey escribe a Onelli desde Bariloche que los vecinos del lago Correntoso han visto varias veces un animal grande en el agua al que llaman «el Cuero» y comparan con un pulpo de mar. Es el registro fechado más antiguo de una criatura lacustre en el Nahuel Huapi, y no es un plesiosaurio.
30 de marzo – 17 de abril de 1922La expedición llega al lago Nahuel Huapi y pasa casi tres semanas recorriendo sitios cercanos a Bariloche antes de salir hacia la laguna de Sheffield, en Chubut. Así heredó el lago un monstruo que nunca se había denunciado allí.
6 de abril de 1922El Toronto Globe publica sin firma «Local Man Lays Claim To Having Caught Sight Of Gigantic Plesiosaur», donde un empleado canadiense recuerda que en 1910 él y su hijo, que vivían en el Nahuel Huapi, vieron un animal extraño desde el lago. Llegó después de la noticia, no antes.
23-25 de abril de 1922El domingo 23 de abril, Emilio Frey hace estallar once cartuchos de dinamita en la laguna cercana a Esquel. No sale nada. El 25 la agencia informa desde Cholila de que la cacería ha terminado; esa noche Onelli declara que el lago batido no era el que Sheffield había señalado.
12-13 de febrero de 1923En el carnaval de Bariloche desfila la comparsa «El Plesiosauro», con un plesiosaurio mecánico montado sobre el chasis de un camión Ford, encabezada por el aserradero Primo Capraro y burlándose de Onelli. Rafael Soriani lo fotografía en la calle Mitre. La broma fijó la criatura a este lago para siempre.
20 de octubre de 1924Muere Clemente Onelli y se abandona la búsqueda del «cuadrúpedo misterioso» patagónico. La historia original se olvida; lo que sobrevive es el plesiosaurio que inventó la prensa.
8 de abril de 1934Se crea el Parque Nacional Nahuel Huapi sobre las tierras donadas por Francisco P. Moreno en 1903, a partir del Parque Nacional del Sud que Frey tramitaba en Buenos Aires en abril de 1922. El primer tren llega a Bariloche el 5 de mayo de 1934 y empieza el turismo de masas.
Hacia la década de 1970El periodista barilochense Carlos Bustos acuña el nombre «Nahuelito» para el plesiosaurio del lago: un diminutivo castellano del propio lago, cuarenta y ocho años después de la cacería. El nombre es lo más joven de toda la historia.
Agosto de 2023Se viraliza en Bariloche un vídeo de una figura oscura grabada desde el acceso a Piedras Blancas. La explicación más comentada allí no es un monstruo, sino un hombre haciendo stand up paddle.
¿Hay una explicación racional para Nahuelito?
La objeción científica es contemporánea del caso y tiene nombre. El 9 de marzo de 1922, en un despacho de la Associated Press fechado en Amherst, Frederic B. Loomis, geólogo del Amherst College, que había dirigido en 1911 la última campaña de fósiles de esa institución en la Patagonia, dijo que el plesiosaurio era una forma marina y «no podía existir en agua dulce», que sus restos se han hallado casi todos en Europa y ninguno en la Patagonia, y que «si se vio algo, tuvo que ser la cabeza y el cuello largo de alguna serpiente de agua, probablemente la anaconda, común en esa región». Loomis añadió el dato que más pesa aquí: había hablado con los muchos comerciantes y viajeros de esa región de lagos y «nunca oyó ni un indicio» de la existencia del animal, y el libro en que John Bell Hatcher describió tres años de exploración por los lagos Argentino, San Martín y Viedma no lo menciona ni una vez.
Eso vale contra el plesiosaurio, no contra la tradición, y conviene no confundirlos. La tradición existe y es anterior. El 22 de marzo de 1922, antes de que ningún periódico lo contara, el propio Emilio Frey escribió a Onelli desde Bariloche que los vecinos del lago Correntoso habían visto varias veces en el agua un animal grande que desaparecía, que lo llamaban «el Cuero» y que se parecía a un pulpo de mar. La antropóloga Ana Albornoz lo describía así en 2023: un cuero vacuno que flota en lagos y ríos y que tiene ganchos con los que se lleva gente y ganado a fondo, un ente cuya raíz está en los huecufes, los espíritus maléficos de la cosmovisión mapuche. Y en el diccionario que Félix José de Augusta publicó en 1916, seis años antes de todo esto, ya figuran seres de agua bien documentados: la kaikai filu, «animal mitológico, medio serpiente y medio caballo, que suponen estar en el fondo del mar y cuya voz se parece al relincho de caballo», y el piwichen, de cuerpo cilíndrico de culebra al que le crecen alas. Ninguno es un reptil de cuello largo en un lago. La conclusión no es que la tradición sea falsa, sino que es otra: existe un ser del agua en esa cultura, y no es este.
Hasta el nombre lo delata. En el mismo diccionario de 1916, nawel es «el tigre» y wapi «la isla»: Nahuel Huapi significa isla del tigre, y «Nahuelito» es el diminutivo del lago, como Nessie lo es del Ness. La comparación con Escocia, por cierto, va al revés de como suele contarse: el plesiosaurio de agua dulce patagónico es de 1922 y el monstruo del lago Ness no se hizo célebre hasta 1933.
De pruebas materiales no hay ninguna. A 14 de agosto de 2026 no consta ningún hueso, tejido ni fotografía sometidos a un análisis publicado, y el único estudio con revisión por pares dedicado al origen de la leyenda, el de Perez y colaboradores en 2024, no recoge ninguno. El patrón se repite: aparece una imagen sin autor identificable ni original examinable, y se apaga. En agosto de 2023, cuando un vídeo grabado desde el acceso a Piedras Blancas mostró una figura oscura en el agua y se viralizó, la hipótesis más comentada en Bariloche no fue el monstruo: fue un hombre haciendo stand up paddle.
¿Se puede visitar Nahuelito?
El pin de esta ficha, en 40,9203° S y 71,521° O, cae en el sector de la isla Victoria del lago Nahuel Huapi, 5,8 km al norte exacto de Puerto Anchorena y a unos 30 km al noroeste del Centro Cívico de Bariloche, dentro del departamento Los Lagos de Neuquén. Ningún avistamiento de la ficha está ligado a ese punto: representa al lago, que comparten las dos provincias del campo de región, Río Negro y Neuquén.
El lago queda dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Su antecesor, el Parque Nacional del Sud, se creó el 8 de abril de 1922 sobre las tierras que Francisco P. Moreno había ofrecido en 1903, mientras Emilio Frey hacía esas gestiones en Buenos Aires y la prensa lo daba por cazador de plesiosaurios; la ley 12.103, del 29 de septiembre de 1934, lo convirtió en Parque Nacional Nahuel Huapi. La ciudad base es San Carlos de Bariloche, en Río Negro, y la puerta de la orilla norte es Villa La Angostura, en Neuquén.
El animal tiene ya imagen pública en la orilla. El Cordillerano informó el 18 de julio de 2026 de que estaba terminado un Nahuelito tallado en uno de los pinos talados en la Costanera de Bariloche, dentro de un proyecto municipal para convertir esos troncos en esculturas.
La página de tarifas del parque, consultada el 23 de septiembre de 2026, fija 35.000 pesos la tarifa general, 15.000 los residentes nacionales, 12.000 los estudiantes y 8.000 los residentes provinciales. Entre quienes entran gratis están los jubilados y pensionados, los niños de hasta seis años, las personas con discapacidad y su acompañante y los veteranos de Malvinas. El cobro se hace en el área Mascardi, camino al cerro Tronador; en Puerto Pañuelo, para las excursiones lacustres al bosque de arrayanes, la isla Victoria y Puerto Blest; y en la entrada de la península de Quetrihué. El segundo día en el mismo portal cuesta la mitad, y el pase se puede comprar por anticipado en línea.
Las navegaciones desde Puerto Pañuelo hacia la isla Victoria y el bosque de arrayanes de Quetrihué las operan empresas privadas y se pagan aparte de la entrada. En este lago pasó la partida de Frey casi tres semanas desde el 30 de marzo de 1922, trabajando en puntos cercanos a Bariloche y en el lago Correntoso antes de salir hacia Epuyén.
El Museo de la Patagonia «Francisco P. Moreno», en el Centro Cívico de Bariloche, depende del parque nacional. Según la página que el parque le dedica, consultada el 23 de septiembre de 2026, abre de lunes a viernes de 9:00 a 12:00 y de 14:00 a 17:00, atiende en el +54 294 442-2309 y tiene una biblioteca, la Biblioteca Perito Moreno, con unos 3.500 libros y catálogo en línea. El negativo original de la foto de Rafael Soriani de la carroza del plesiosaurio de 1923 lo guardaba, según El Cordillerano en noviembre de 2019, su nieto Carlos Soriani. La intendencia del parque está en la avenida San Martín 24 de Bariloche, teléfono +54 294 442-3111, y su web publica alertas meteorológicas y cierres de senderos.
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