🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº6501 ACTIVO

Ahuízotl

Ahuízotl es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de México central (azteca), MX. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a Ahuízotl?

Ubicación
México central (azteca), MX
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
19.433, -99.133
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es Ahuízotl?

El ahuízotl no es una pieza de cazador de monstruos, sino un ser de la religión nahua, descrito con detalle en el libro XI del Códice Florentino, la enciclopedia escrita en náhuatl y español en Tlatelolco y terminada en 1577 por Bernardino de Sahagún junto a los sabios nahuas Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, Martín Jacobita y otros. Retratan un animal «de tamaño como un perrillo», negro y liso, de orejas pequeñas y puntiagudas, con las manos «como de mona» y una cola larga rematada en una mano de persona. Habitaba en manantiales y aguas profundas. Agarraba a la gente desde la orilla con la mano de la cola, o la atraía haciendo subir peces y ranas hasta que los pescadores echaban las redes, o llorando junto al agua «como niño». Sus víctimas volvían días después sin ojos, sin dientes y sin uñas, sin herida alguna pero llenas de cardenales. Lo decisivo venía luego: solo los sacerdotes podían tocar ese cuerpo, porque los dioses de la lluvia se habían llevado al ahogado a Tlalocan, y se le enterraba en unas andas adornadas con espadañas, entre flautas, en un oratorio llamado ayauhcalco.
Ahuízotl — ilustración
Imagen: Infrogmation, New Orleans · Public domain

¿Cuál es la historia de Ahuízotl?

El ahuízotl no es un críptido, y tratarlo como tal falsea casi todo. Es un ser de la religión nahua, y casi cuanto sabemos de él procede de un solo documento: el libro XI del Códice Florentino, la enciclopedia del mundo nahua escrita en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco y terminada en 1577. Ese libro suele atribuirse en exclusiva al franciscano Bernardino de Sahagún. No debería. La propia cita del manuscrito que publica el Getty Research Institute nombra a los sabios nahuas que lo hicieron con él: Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, Martín Jacobita, Pedro de San Buenaventura, Diego de Grado, Bonifacio Maximiliano y Mateo Severino, egresados trilingües del colegio, junto a los tlacuiloque que lo pintaron. El pasaje del ahuízotl es tan suyo como de Sahagún. Está en el libro XI, «De las cosas terrestres», capítulo IV, sobre los animales del agua que no son comestibles, párrafo segundo, folios 70v a 73v del manuscrito que hoy se guarda como Ms. Mediceo Palatino 218-20 en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia. La descripción es precisa y física. El animal es «de tamaño como un perrillo», con el pelo corto y lezne, «las orejitas pequeñas y puntiagudas», el cuerpo «negro y muy liso» —«como el hule», dice el náhuatl— y las manos y los pies «como de mona» (la versión náhuatl añade la comparación con el mapache). Y entonces llega el detalle que todo el mundo recuerda: «tiene la cola larga, y en el cabo de la cola una mano, como mano de persona». Dónde vive suele contarse mal. El encabezamiento del párrafo lo sitúa «en los manantiales o venas de las fuentes», y el náhuatl dice que habita en el agua, «en un río o en algún manantial», en cavernas y profundidades acuáticas. Pertenece al agua honda que brota, no específicamente a los lagos de Tenochtitlan. Caza de tres maneras, y el texto las distingue con cuidado. Si alguien llega a la orilla del agua donde habita, lo agarra con la mano de la cola y lo mete debajo. Cuando lleva mucho tiempo sin cazar a nadie, hace subir peces y ranas a la superficie hasta que saltan y bullen, y los pescadores, codiciosos de la pesca, echan allí sus redes, y entonces se lleva a uno. Y si aun así no ha cazado a nadie, sale a la orilla y «comienza a llorar como niño»; quien oye el llanto cree que han abandonado a una criatura, se acerca a mirar y es arrebatado. El cuerpo vuelve. A los pocos días el agua lo echa fuera, y sale «sin ojos y sin dientes y sin uñas», que todo se lo quitó el ahuízotl. No trae ninguna llaga. Está intacto, salvo que aparece «todo lleno de cardenales». Lo que ocurre después es el fondo del asunto, y es justo lo que nuestra versión anterior de esta página omitía por completo. Nadie osaba sacar el cuerpo del agua. Se avisaba a los sacerdotes, y solo ellos podían tocarlo, «porque decían que los demás no eran dignos». El ahogado no había muerto sin más: los tlaloque, los dioses de la lluvia, habían enviado su ánima a Tlalocan. Por eso lo llevaban en andas, con gran veneración, a enterrar a uno de los oratorios que llaman ayauhcalco; adornaban las andas con espadañas e iban tañendo flautas delante del cuerpo. Al seglar que intentara sacarlo le tocaba ahogarse a su vez, o contraer el mal que llamaban coacihuiztli, la gota. Se daban dos razones para una muerte así. O el hombre era bueno de corazón y los tlaloque lo querían en su compañía; o guardaba piedras preciosas, chalchihuitl, que los dioses de la lluvia no querían en manos humanas. Sus parientes se consolaban en lugar de llorarlo: el suyo estaba con los dioses, y gracias a él iban a ser ricos y prósperos. También temían que otro de la familia acabara igual o muriera herido por un rayo, y por eso, dice el texto, «se guardaban mucho de bañarse». El pasaje no termina con una moraleja, sino con una escena. Una vieja que iba por agua cazó uno de estos animales, lo metió en el cántaro, lo tapó con su huipil y lo llevó a enseñárselo a los señores del pueblo. Ellos lo miraron, le dijeron que había pecado al tomarlo, porque era sujeto de los dioses tlaloque y amigo suyo, y le mandaron devolverlo al lugar de donde lo había sacado. El nombre es náhuatl y no significa «perro de agua». El Gran Diccionario Náhuatl de la UNAM lo descompone como ahuitzo-tl: a- de atl, agua, más huitzo, «cosa que tiene espinas», de huitztli, espina. El Vocabulario de Molina de 1571, el primer gran diccionario de la lengua, define auitzotl como «cierto animalejo de agua como perrillo»: una comparación, no una traducción. «Perro de agua» en náhautl literal es otra palabra, aitzcuintli, y los colaboradores de Sahagún la emplean en este mismo capítulo, un párrafo antes, para la nutria. Hubo alguien más que llevó el nombre. Ahuítzotl fue el octavo señor de Tenochtitlan, y el orden va del animal al hombre, no al revés: en la Tira de Tepechpan el glifo que se lee ahuitzotl está compuesto por el signo del agua y una figura de la propia bestia, y la edición de Bustamante de 1829 anota que el octavo rey tomó su nombre del animal, según la costumbre nahua de tomar los nombres de la naturaleza. El libro VIII del mismo códice dice que gobernó dieciocho años y recoge aquello por lo que se le recuerda además de sus conquistas. Por orden suya se abrieron cinco fuentes en términos de Coyoacán y Huitzilopochco —Acuecuéxatl, Tlílatl, Huitzílatl, Xochcáatl y Cóatl— y México se anegó. Al gobernante que llevaba el nombre de lo que vive en los manantiales lo deshicieron cinco de ellos, cuatro años antes de su muerte.

Cronología: los hechos documentados de Ahuízotl

  1. h. 1497 El libro VIII del Códice Florentino registra que México se anegó en tiempos de Ahuítzotl, octavo señor de Tenochtitlan, y por orden suya, tras abrirse cinco fuentes en términos de Coyoacán y Huitzilopochco: Acuecuéxatl, Tlílatl, Huitzílatl, Xochcáatl y Cóatl. El mismo pasaje sitúa la inundación cuatro años antes de su muerte y veintidós antes de la llegada de los españoles, y le atribuye dieciocho años de gobierno. Contando desde 1519 eso daría hacia 1483-1501, que no cuadra con el 1486-1502 que suele citarse hoy; damos la cuenta del propio códice y señalamos la discrepancia en lugar de elegir entre ambas.
  2. 1559-1561 En Tepepulco, Sahagún y sus colaboradores nahuas reúnen los apuntes en náhuatl con imágenes que hoy se conocen como Primeros Memoriales, dentro de los Códices Matritenses. Es la fase de investigación que acabará dando el Códice Florentino.
  3. 1571 El Vocabulario en lengua castellana y mexicana de Alonso de Molina define auitzotl, en el folio 9r, como «cierto animalejo de agua como perrillo». Es la entrada de diccionario más antigua de la palabra, y lo trata como animal, no como espíritu.
  4. 1577 Se termina el Códice Florentino en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. El pasaje del ahuízotl queda en el libro XI, capítulo IV, párrafo segundo, folios 70v-73v, con dos pinturas: el animal a la orilla del agua y un canoero al que están ahogando.
  5. 26 de marzo de 1578 Sahagún escribe al rey Felipe II que acaba de sacar en limpio la obra, «repartidas en doce libros, en cuatro volúmenes», y que se la ha entregado a fray Rodrigo de Sequera. La carta se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla (Audiencia de México, núm. 284) y fecha la salida del manuscrito.
  6. 1580 Sequera vuelve a España con una copia aparte del texto castellano, hallada más tarde en el convento franciscano de Tolosa y conocida desde entonces como Manuscrito de Tolosa. De ahí sale la fecha de 1580 que a veces se le cuelga al códice; no es la del Códice Florentino.
  7. 1829 Carlos María de Bustamante imprime en México el texto español de Sahagún. El ahuízotl ocupa las páginas 205 a 207 del tomo III, y una nota del editor observa que el octavo rey mexica tomó su nombre del animal, «pues acostumbraban los Indios tomarlo de los animales, plantas, aves». El pasaje se puede leer por primera vez fuera de los archivos.
  8. 2000 Alfredo López Austin y Josefina García Quintana publican la tercera edición de su transcripción de la columna española de Sahagún, que es el texto con el que se lee hoy el pasaje en la edición digital.
  9. 2023 El Getty Research Institute publica el Digital Florentine Codex, que pone en línea y gratis el náhuatl, el español de Sahagún y traducciones modernas de cada folio, junto a imágenes en alta resolución. Las dos pinturas del ahuízotl pueden examinarse directamente, por primera vez, desde cualquier sitio.

¿Hay una explicación racional para Ahuízotl?

La dificultad honesta de escribir aquí un apartado escéptico es que la fuente escrita más antigua ya es hostil. El Códice Florentino se hizo en parte para que los frailes reconocieran y extirparan la religión nahua, y la mano de Sahagún asoma en el náhuatl de este mismo pasaje: Anderson y Dibble traducen sus incisos como «así se engañaban», «mirad de qué manera estaban ofuscados» y «¡la villanía de este animalejo!». Ponerse hoy a desmontar el ahuízotl es repetir un gesto de 1577. Vale la pena hacerlo mejor. Lo que el relato hace, en realidad, es explicar los ahogamientos y darles dignidad. Tenochtitlan era una ciudad sobre el agua, se recorría en canoa y se abastecía de manantiales traídos desde tierra firme. Ahogarse era corriente. La segunda pintura del manuscrito, en el folio 71r, muestra precisamente eso: un hombre en el agua revuelta con un brazo alzado y el remo todavía en la mano, su canoa anegada al lado, y el animal cabalgando la ola hacia él. La historia aparta a la gente del agua honda, sí, pero hace más: dice que los ahogados fueron elegidos, que iban a Tlalocan y que sus familias prosperarían. Eso no es un cuento de monstruos. Es una manera de sobrevivir a una muerte. Los detalles físicos son los de un levantamiento real. Un cuerpo que ha pasado días en el agua vuelve sin ojos, sin los tejidos blandos de labios y yemas, sin heridas y amoratado. El relato le pone un autor a ese estado en vez de dejarlo sin sentido. Si detrás hay un animal real es cosa no resuelta entre los especialistas, y fingir lo contrario sería deshonesto. Molina, en 1571, lo registró como un animalejo de agua verdadero. El diccionario de náhuatl clásico de Wimmer glosa ahuitzotl como nutria. La propia nota de Anderson y Dibble a este pasaje sostiene las dos posturas a la vez: cita una identificación como Lutra felina y, en el mismo renglón, la caracterización «animal legendario, que reviste caracteres fantásticos». Las pinturas son la mejor prueba disponible, y apuntan en una dirección. Son dos, en los folios 70v y 71r, y las dos se han examinado a resolución completa para esta ficha. Ambas muestran un mamífero acuático naturalista, pardo y crema, de cuerpo bajo y aire de nutria, con hocico puntiagudo y orejas pequeñas. Y en ninguna de las dos termina la cola en una mano: se afila en una punta corriente. Los pintores, trabajando junto a un texto que describe con todas las letras la mano de la cola, dibujaron un animal que parecen haber conocido.

¿Se puede visitar Ahuízotl?

No hay ningún lugar del ahuízotl que visitar, y lo primero honesto que hay que decir es que su hábitat ha dejado de existir casi por completo. Los lagos y canales que hacían de Tenochtitlan una ciudad sobre el agua se desecaron a lo largo de cuatro siglos. Lo que queda merece la pena de todos modos, y tres sitios de la Ciudad de México reúnen entre ellos el paisaje, la religión y los objetos. Xochimilco, a unos 28 km al sur del centro, es lo último de aquella agua. Está inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco dentro del bien «Centro Histórico de la Ciudad de México y Xochimilco» (referencia 412, inscrito en 1987, criterios ii, iii, iv y v), y la Unesco justifica el criterio (v) diciendo que el paisaje lacustre «constituye el único recuerdo de la ocupación tradicional del suelo en las lagunas de la cuenca de México antes de la conquista española». Se conservan unos 184 km de canales. La alcaldía de Xochimilco fija una tarifa oficial de 750 pesos por hora y por trajinera, con cupo máximo de 18 personas, en diez embarcaderos abiertos los 365 días del año, entre ellos Nativitas, Zacapa, Cuemanco y Puente de Urrutia. La tarifa es por embarcación y por hora, no por persona; la música y la comida se negocian aparte. Se llega en metro hasta Taxqueña (línea 2) y allí se toma el Tren Ligero hasta Xochimilco. La Unesco describe además sin rodeos el estado del humedal: el sistema de chinampas «está gravemente amenazado por la introducción de nueva tecnología agrícola, la extracción excesiva de agua subterránea en la zona, el abandono, la presión urbanística y la contaminación». El Museo del Templo Mayor, en Seminario 8, en el Centro Histórico, es el más pertinente. El Templo Mayor era una pirámide doble y una de sus mitades estaba dedicada a Tláloc, el dios a quien pertenecían los ahogados del ahuízotl. El museo y la zona arqueológica se cubren con el mismo boleto de 100 pesos; abre de martes a domingo de 9:00 a 17:00 y cierra los lunes por mantenimiento. La entrada es gratuita para menores de 13 años, estudiantes, maestros, personas de la tercera edad, pensionados y jubilados con identificación vigente, y los domingos para nacionales y residentes. Metro Zócalo, línea 2. Se puede fotografiar sin flash. El Museo Nacional de Antropología, en Paseo de la Reforma con Calzada Gandhi, en Chapultepec, alberga la sala Mexica. Abre de martes a domingo de 9:00 a 18:00; la entrada general cuesta 210 pesos y 105 para nacionales y extranjeros residentes, gratis los domingos para ambos, y gratis para menores de 13 años, mayores de 60 con INAPAM, estudiantes, maestros y personas con discapacidad. Las estaciones de metro más cercanas son Auditorio (línea 7) y Chapultepec (línea 1), pero el propio museo advierte de que está a unos 1,3 km de ellas; la parada de Metrobús Antropología, de la línea 7, queda más cerca. El códice está en Florencia, en la Biblioteca Medicea Laurenziana, y no se expone al público. Tampoco hace falta: el Digital Florentine Codex del Getty publica gratis todos los folios, con el náhuatl, el español de Sahagún y una traducción moderna en paralelo. El ahuízotl está en el libro XI, folios 70v a 73v, pinturas incluidas.

Fuentes consultadas

  1. Bernardino de Sahagun, Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, Martin Jacobita, Pedro de San Buenaventura, Diego de Grado, Bonifacio Maximiliano, Mateo Severino et al., «Florentine Codex, Book 11 ("Earthly Things"), chapter 4, second paragraph: "Injc vme parrapho... in jtoca Avitzotl", folios 70v-73v» — Ms. Mediceo Palatino 218-20, Biblioteca Medicea Laurenziana, Florence. Read in the Digital Florentine Codex (Getty Research Institute, 2023), which gives the Nahuatl transcription, Sahagun's Spanish, and the Anderson & Dibble and Garcia Garagarza translations, 1577 archivo
  2. Bernardino de Sahagun, Antonio Valeriano, Alonso Vegerano, Martin Jacobita et al., «Florentine Codex, Book 8 ("Kings and Lords"), folio 2r: the eighth ruler of Tenochtitlan, his eighteen-year reign, and the flooding of Mexico after five springs were opened at Coyoacan and Huitzilopochco» — Ms. Mediceo Palatino 218-20, Biblioteca Medicea Laurenziana, Florence. Read in the Digital Florentine Codex (Getty Research Institute, 2023), 1577 archivo
  3. Bernardino de Sahagun; edited by Carlos Maria de Bustamante, «Historia general de las cosas de Nueva Espana, tomo III, libro XI, capitulo IV, parrafo segundo: "De un animalejo llamado avitzotl o Ahuitzotl notablemente monstruoso", pp. 205-207» — Imprenta de Alejandro Valdes, Mexico. Digitised copy consulted in full text, 1829 libro
  4. Alonso de Molina, «Vocabulario en lengua castellana y mexicana, part 2, folio 9r: "Auitzotl: cierto animalejo de agua como perrillo"» — Casa de Antonio de Spinosa, Mexico. Consulted through the Gran Diccionario Nahuatl (UNAM), which also gives the morphological analysis ahuitzo-tl and the entries huitzo ("cosa que tiene espinas") and huitztli ("espina"), 1571 libro
  5. Arthur J. O. Anderson and Charles E. Dibble, «Florentine Codex: General History of the Things of New Spain. Book 11 - Earthly Things (Nahuatl transcription and English translation, with the footnote recording the identification as Lutra felina and as an "animal legendario, que reviste caracteres fantasticos")» — School of American Research / University of Utah Press, Santa Fe, NM; 13 vols., 2nd rev. ed., 1950 libro
  6. Alfredo Lopez Austin and Josefina Garcia Quintana (eds.), «Historia general de las cosas de Nueva Espana (transcription of Sahagun's Spanish column, 3rd ed.)» — Cien de Mexico / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Mexico City, 2000 libro
  7. Manuel Aguilar-Moreno, «The itinerant life of the Florentine Codex: its completion at Tlatelolco in 1577, Sahagun's letter to Felipe II of 26 March 1578 (Audiencia de Mexico no. 284, Archivo General de Indias, Seville), and the Tolosa Manuscript taken to Spain in 1580» — Digital Florentine Codex, edited by Kim N. Richter, Alicia Maria Houtrouw, Kevin Terraciano, Jeanette Peterson, Diana Magaloni and Lisa Sousa. Getty Research Institute, Los Angeles, 2023 académico
  8. UNESCO World Heritage Centre, «Historic Centre of Mexico City and Xochimilco - World Heritage List entry, ref. 412 (criteria ii, iii, iv, v; statement on the chinampa system being "highly threatened")» — UNESCO, Paris. Inscribed 1987, 1987 informe
  9. Instituto Nacional de Antropologia e Historia (INAH), «Museo del Templo Mayor - visitor information, opening hours, admission and the archaeological site» — templomayor.inah.gob.mx, 2026 web
  10. Instituto Nacional de Antropologia e Historia (INAH), «Museo Nacional de Antropologia - visitor information, opening hours and admission» — mna.inah.gob.mx, 2026 web
  11. Alcaldia Xochimilco, Gobierno de la Ciudad de Mexico, «Turismo - costos oficiales de las trajineras y embarcaderos de Xochimilco» — xochimilco.cdmx.gob.mx (consulted 11 August 2026), 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 11/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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