🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº6501 ACTIVO

Nahual

Nahual es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Mesoamérica, MX. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a Nahual?

Ubicación
Mesoamérica, MX
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
17.073, -96.727
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es Nahual?

El nahual (o nagual) llega a la cultura popular como «brujo que se convierte en animal», y ese resumen aplasta lo que las fuentes dicen. En la definición náhuatl más antigua, la del Códice florentino, el *nahualli* es un sabio, un consejero y un guardián que «nunca hace daño a la gente»; en la obra de Sahagún, el que se transfigura en animales aparece en una entrada distinta, la del nigromántico. Y Hernando Ruiz de Alarcón, el clérigo de 1629 al que todo el mundo cita como prueba del hombre-jaguar, escribe justo lo contrario: que el vínculo es con un animal asignado al nacer por el signo del día, «y desta manera se escusan las impossibles pensadas transformaciones». Lo que sí está documentado es la persecución: en 1536 el obispo Zumárraga procesó a Martín Ocelotl porque «se ha hecho tigre, león y perro». La distinción de manual entre *tonal* (animal compañero) y *nahual* (brujo transformista) tampoco es un hecho establecido: la monografía de referencia sobre el tema la considera errónea. Es una cosmovisión viva en el México rural y en Guatemala, no un monstruo.
Nahual — ilustración
Imagen: Unknown author · Public domain

¿Cuál es la historia de Nahual?

El nahual no es un monstruo, y ése es el primer error que conviene quitarse de encima. Lo que hoy circula por internet —«brujo que se convierte en animal»— es el residuo de un concepto mesoamericano mucho más preciso, con vocabulario propio, funciones sociales concretas y una relación con la persona que no se parece en nada a un hombre lobo. Y ese concepto sigue vivo: hay comunidades nahuas, otomíes, tzeltales, zapotecas o k'iche's que hablan de él en presente. Decir «el críptido nahual» es tan impreciso como llamar críptido a un santo patrono. La definición más antigua que conservamos en náhuatl no describe a un monstruo: describe a un sabio. El Códice florentino, la obra que fray Bernardino de Sahagún compiló con ancianos y escribanos nahuas y que quedó terminada en 1577, dedica un párrafo al nahualli en su libro X, y lo que dice —en la traducción del antropólogo Roberto Martínez González— es esto: «El nahualli es un tlamatini [sabio], un nonotzale [consejero], alguien en quien se puede confiar. Es serio, respetado, no es sujeto de burlas, no se le sobrepasa. El buen nahualli es un guardián, aquel que guarda algo, es discreto. Es astuto, devoto, útil. Nunca hace daño a la gente.» En el texto castellano de Sahagún, el capítulo IX del libro décimo se titula De los hechizeros y trampistas, y ahí el orden de las cosas es todavía más revelador. La entrada del naoalli dice: «El Naoalli propiamente se llama brujo que de noche espanta á los hombres é chupa á los niños. Al que es curioso de este oficio, bien se le entiende cualquiera cosa de hechizos, y para usar de ellos es agudo y astuto, aprovecha y no daña.» Y el que se transforma en animal es otra entrada distinta, la del nigromántico: «El hombre que tiene pacto con el demonio, se transfigura en diversos animales, y por odio desea muerte á los otros.» Es decir: en la fuente que todo el mundo cita como origen del nahual-transformista, el nahualli y el transformista son dos fichas separadas. ¿Qué hacía entonces un nahualli? Martínez González, que ha revisado el corpus completo, documenta un oficio: curaba (era tlamatini, «el que sabe»), aconsejaba, adivinaba y sobre todo manejaba el tiempo atmosférico —el tlaciuhqui pronosticaba, el teciuhtlazqui apartaba el granizo de las milpas—. En las crónicas indígenas los nanahualtin combaten al servicio de su señor; el Códice florentino cuenta que Motecuhzoma envió nanahualtin y adivinos a la costa de Veracruz a ver qué clase de hombres eran los recién llegados y, si se podía, embrujarlos. Luego llegó la Inquisición, y ahí empieza la deformación. El 21 de noviembre de 1536, en México, fray Juan de Zumárraga abrió proceso contra un indio llamado Martín Ucelo —Ocelotl— porque, según el auto, «ha fecho muchas hechicerías y adivinanzas, y se ha hecho tigre, león y perro, é ha domatizado y domatiza á los naturales de esta Nueva España cosas contra nuestra fee, y ha dicho que es inmortal». El expediente se conserva y se publicó en 1912. Leído entero, lo que aparece no es un monstruo sino un hombre consultado por todos: el corregidor español de Texcoco, Cristóbal de Cisneros, lo mandó llamar para que le curase una yegua y para que averiguase dónde estaba cierto oro robado. El 12 de enero de 1537 Ocelotl declaró que veintisiete años antes Moctezuma lo había tenido preso un año y doce días por haberle mandado avisar «que habían de venir españoles con barbas á esta tierra, la cual había de ser de ellos». La sentencia, del 10 de febrero de 1537, lo condenó a ser paseado en un asno por los tianguis de México y Santiago con voz de pregonero, embarcado en La Veracruz y entregado a los inquisidores de Sevilla «para que allí tenga cárcel perpetua», con pérdida de todos sus bienes. Según Torquemada, citado por Martínez González, la nao se perdió cerca del puerto y nunca más se supo de él. En julio de 1537 le tocó a su hermano Andrés Mixcoatl y a Cristóbal Papalotl: cien azotes cada uno, paseo público, cabeza rapada, un año en el monasterio de Tulancingo y confiscación de bienes. Entre 1536 y 1543 la Inquisición sólo ejecutó a un indígena —el cacique de Texcoco, don Carlos Chichimecatecolotl—, y el escándalo costó el cargo a Zumárraga y llevó a prohibir que el Santo Oficio juzgara a indios. Casi un siglo después, el bachiller Hernando Ruiz de Alarcón, beneficiado de Atenango (en el actual estado de Guerrero), dedicó cinco años a investigar por encargo del arzobispo y publicó en 1629 su Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que oy viuen entre los indios naturales desta Nueua España. Su capítulo primero se titula, sin rodeos, De los brujos nahuales y como puede ser. Ahí escribió la frase que más se le cita —«De todos los casos que he tenido noticia deste genero de brujos nahualles que son differentes de lo que son las brujas de España»— y ahí, también, la conclusión que casi nunca se cita: que el demonio ata al niño recién nacido «al animal, que el dicho niño ha de tener por nahual, que es como dezir por dueño de su natiuidad y señor de sus acciones, o lo que los gentiles llamaban hado», de manera que el niño queda sujeto a todo lo que le pase al animal. Y remata: «Y desta manera se escusan las impossibles pensadas transformaciones.» El extirpador de idolatrías más citado como prueba del nahual transformista negaba la transformación. A finales del siglo XVII, el obispo de Chiapas Núñez de la Vega mandó levantar cárcel eclesiástica «con grillos y cepos» en cada cabecera de pueblo, con rigor mayor «á los dogmatizantes nagualistas». Con la Ilustración el nahualismo dejó de ser cosa del demonio y pasó a ser cosa de ignorantes: hoy, señala Martínez González, en el habla urbana de la Ciudad de México nagual llegó a funcionar como insulto de clase y nagualear como sinónimo de «estafar». Y desde los años sesenta llegó la última capa: Carlos Castaneda, apodado El nagual, que convirtió tonal y nagual en dos polos de la conciencia individual —algo que no figura en ninguna fuente del XVI— y abrió el paso a una industria de «toltequidad» que hoy vende nahualismo sin indígenas dentro.

Cronología: los hechos documentados de Nahual

  1. 21 de noviembre de 1536 En México, fray Juan de Zumárraga abre proceso inquisitorial contra el indio Martín Ucelo (Ocelotl) porque, según el auto cabeza de proceso, «ha fecho muchas hechicerías y adivinanzas, y se ha hecho tigre, león y perro [...] y ha dicho que es inmortal». Es la primera acusación documentada de transformación animal en el archivo del Santo Oficio novohispano.
  2. 12 de enero de 1537 Interrogado, Ocelotl declara que veintisiete años antes Moctezuma lo tuvo preso «un año y doce días» por haberle mandado avisar «que habían de venir españoles con barbas á esta tierra, la cual había de ser de ellos». En el mismo expediente consta que el corregidor español de Texcoco, Cristóbal de Cisneros, lo llamó para curar una yegua y localizar un oro robado.
  3. 10 de febrero de 1537 Sentencia contra Ocelotl: paseo en asno por los tianguis de México y Santiago con pregonero, embarque en La Veracruz y entrega a los inquisidores de Sevilla «para que allí tenga cárcel perpetua», más pérdida de todos sus bienes. Según Torquemada, citado por Martínez González, la nao se perdió cerca del puerto y no se supo más de él.
  4. 10 de julio de 1537 Don Juan, cacique de Xinatepeque, denuncia a Mixcoatl (Andrés) y a otro hermano de Ocelotl por pedir papel, copal y ulli para ceremonias con las que decía detener las lluvias que arruinaban los maizales. Mixcoatl y Cristóbal Papalotl acabarán condenados a cien azotes cada uno, paseo público, cabeza rapada, un año en el monasterio de Tulancingo y confiscación de bienes.
  5. 1577 Queda terminado en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco el Códice florentino, compilado por Sahagún con ancianos y escribanos nahuas. Su libro X define al nahualli como sabio, consejero y guardián que «nunca hace daño a la gente», y coloca al hombre que «se transfigura en diversos animales» en una entrada distinta, la del que tiene pacto con el demonio.
  6. 1585 El Tercer Concilio Provincial Mexicano se queja de la suavidad con que se ha tratado hasta entonces a los indios, que a su juicio «les ha dado ocasión para volver á sus errores y supersticiones con descaro y atrevimiento». La justicia eclesiástica se endurece.
  7. 1629 El bachiller Hernando Ruiz de Alarcón, beneficiado de Atenango (hoy Guerrero), publica su Tratado de las supersticiones tras cinco años de pesquisas por encargo del arzobispo. Su capítulo I, «De los brujos nahuales y como puede ser», afirma que estos brujos «son differentes de lo que son las brujas de España» y concluye que el vínculo es con un animal asignado al nacer: «desta manera se escusan las impossibles pensadas transformaciones».
  8. 1685 En un proceso judicial en territorio zoque, el procurador pregunta a un indígena llamado Pedro Hernández si, estando enfermo, se hallaba atado «en su cuerpo natural o de otro animal que los indios llaman tunal o nagual». Es el documento más antiguo que Martínez González localiza en el que tonal y nagual aparecen ya como equivalentes.
  9. Finales del siglo XVII El obispo de Chiapas Francisco Núñez de la Vega ordena levantar cárcel eclesiástica «con grillos y cepos» en cada cabecera de pueblo, a costa de las fábricas de la Iglesia, para encerrar a los reos supersticiosos y «con rigor mayor á los dogmatizantes nagualistas».
  10. 1894 Daniel G. Brinton propone que nahualli venga de una raíz maya-quiché na', «saber», y difunde la idea de una secta nagualista de resistencia. Eduard Seler objeta que en náhuatl no hay rastro de esa raíz con ese sentido; hoy se considera que el préstamo lingüístico fue del náhuatl a las lenguas mayas, y no al revés.
  11. 1968-1975 Carlos Castaneda, apodado El nagual, publica la serie de libros sobre su supuesto maestro yaqui don Juan Matus y redefine tonal y nagual como dos polos de la conciencia individual, sin relación con la animalidad ni con lo no-humano. Ninguna fuente del siglo XVI recoge ese sentido. De ahí arranca la industria de la «toltequidad» y la superación personal.
  12. 2024 La etnohistoriadora Patricia Gallardo Arias (INAH) publica en Cuicuilco los resultados de diecisiete años de trabajo con los otomíes de la Sierra Otomí-Tepehua (Hidalgo): todos nacen con un animal compañero ligado a su fuerza vital, sólo los especialistas dialogan con él a voluntad, y la transformación ocurre en el sueño y afecta a la sombra (xúdi), mientras «la piel, los huesos y la carne se quedan allí».

¿Hay una explicación racional para Nahual?

Hay cuatro cosas que separar aquí, y la primera no es escéptica sino de respeto. Esto no es un críptido y no se investiga como tal. No hay una población de animales desconocidos que censar ni una fotografía borrosa que analizar. Hay un sistema de creencias vivo, con especialistas rituales reconocidos en sus comunidades, y una historia de cinco siglos de personas encarceladas, azotadas, desterradas y, en algún caso, ejecutadas por practicarlo. Conviene además nombrar quién hizo el aplanamiento, porque no fue anónimo: primero los frailes y los inquisidores del siglo XVI, que metieron todo lo que no era católico en el saco europeo de la bruja; después los americanistas del XIX; y en el último medio siglo la industria del neonahualismo de superación personal. Segunda: la distinción de manual entre tonal y nahual está en disputa, y no la vamos a vender como si fuera un hecho. Es tentadora y la firmaron nombres serios: George Foster en 1944 y Gonzalo Aguirre Beltrán entre 1955 y 1978, que la formuló así: «El nagualismo se refiere a la capacidad que adquieren ciertas personas para abandonar su forma humana y transformarse en animal, mientras en el tonalismo el animal y el individuo coexisten separadamente y sólo están unidos por un destino común.» El problema es que el autor de la monografía de referencia sobre el asunto, Roberto Martínez González (El nahualismo, UNAM, 2011, 650 páginas), la desmonta punto por punto y concluye que «la hipótesis de la confusión entre los conceptos de tonal y nahual es completamente errónea en todos y cada uno de sus fundamentos». Su argumento más difícil de rebatir es empírico: si la idea del animal compañero fuera un invento colonial, debería abundar donde más pesó la cultura mestiza y faltar en las zonas indígenas aisladas, y ocurre exactamente lo contrario. Lo honesto es decir que no sabemos si en época prehispánica tonalli se aplicaba ya a la contraparte animal; lo primero que Martínez González encuentra documentado es un proceso judicial en territorio zoque de 1685, donde el procurador pregunta a un indígena si estaba atado «en su cuerpo natural o de otro animal que los indios llaman tunal o nagual». Tercera: cuando se pregunta a la gente que lo cree, no describe una transformación física. Éste es el dato que más ruido hace contra la versión de internet. La etnohistoriadora Patricia Gallardo Arias (INAH) lleva diecisiete años trabajando con los otomíes de la Sierra Otomí-Tepehua, en Hidalgo, y en un artículo publicado en Cuicuilco en 2024 lo formula sin ambigüedad: lo que viaja es la sombra, el xúdi, y ocurre en sueños, mientras «la piel, los huesos y la carne se quedan allí». En esa comunidad todo el mundo nace con un animal compañero vinculado a su fuerza vital (nzáki); sólo algunos —los bä̌di, los especialistas— pueden dialogar con él a voluntad, y lo que separa al curandero del pǔni (nahual) no es el poder sino el uso que le da. Un relato así no es una afirmación zoológica fallida: es una teoría del sueño, del conocimiento y de la responsabilidad moral. No hay nada que refutar con una cámara. Cuarta: los casos coloniales espectaculares son de segunda mano, todos. Ruiz de Alarcón es la fuente de la que salen las historias que hoy se repiten: el zorro corrido por los vaqueros que muere a la vez que un indio y con sus mismas heridas; el murciélago que entra en la celda de dos dominicos y la anciana que aparece al día siguiente diciendo «pues el murcielago era yo, y quede mui cansada»; el caimán que Simón Gómez mata a arcabuzazos cerca de Acapulco mientras una mujer cae muerta a leguas de allí. Ninguno lo presenció él. Todos empiezan por «anme referido personas fidedignas» o «me refirió el Padre maestro fray Andrés Ximénez». Él sabía que era una debilidad y por eso encadenaba testigos «que no padecen tacha». Súmese el marco: interrogatorios de un extirpador de idolatrías con comisión del arzobispo, donde quien contestaba tenía mucho que perder. Y en el fuero secular el resultado fue el de siempre: por unas cenizas enterradas bajo un altar en Coyuca, el doctor Joan Cano condenó a muerte a varios acusados. Quedan fuera de esta ficha, por no haberse podido sostener, tres cosas que circulan mucho. Que nahualli venga del maya-quiché na', «saber». Lo propuso Daniel Brinton en 1894 y lo repitieron varios autores, pero Eduard Seler ya objetó que en náhuatl no hay rastro de esa raíz con ese sentido, y Martínez González añade que son precisamente los pueblos que trataron con los mexicas los que más usan el término: el préstamo fue en sentido contrario. La reconstrucción que él acepta acerca nahualli a las nociones de «disfraz» y «cobertura», el mismo sentido que hay en nahualtocaitl, los nombres metafóricos que, según Ruiz de Alarcón, usaban los hechiceros para nombrar las semillas en sus conjuros. Que existiera una «secta revolucionaria» de nagualistas coordinada contra el poder colonial. Es una idea del siglo XIX; Martínez González la descarta señalando que los especialistas rituales encabezan revueltas en todas partes, y que si hubiera habido coordinación la sublevación tzeltal de Cancuc de 1712 no habría sido un caso aislado. Y cualquier cosa que empiece por «don Juan Matus». La obra de Castaneda es, en la evaluación de Martínez González, «la invención de una nueva mística que retoma términos autóctonos y los sitúa en un contexto original». Que sus categorías se hayan vuelto la definición popular de nagual dice mucho sobre quién ha tenido el micrófono.

¿Se puede visitar Nahual?

El nahual no tiene dirección postal, y cualquier página que ofrezca «ver un nahual» vende algo. Lo que sí se visita es el contexto, y hay un orden correcto. Empezar por la gente viva, no por las vitrinas de piedra. El Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México tiene dos plantas y casi todo el mundo se queda en la de abajo, la arqueológica. La de arriba es la de etnografía, con salas de pueblos indígenas actuales —incluida la sala Los Nahuas—, y es la que corresponde a este expediente. Está en Av. Paseo de la Reforma y Calzada Gandhi s/n, Chapultepec Polanco (C.P. 11560); abre de martes a domingo de 9:00 a 19:00; la entrada general cuesta 210 pesos y 105 para nacionales y extranjeros residentes, con entrada libre para mayores de 60 con credencial INAPAM, menores de 13, personas con discapacidad y profesores y estudiantes con credencial vigente. Los domingos es gratis para público nacional y residentes. Hay sillas de ruedas sin coste, elevador y salvaescaleras; el guardarropa es gratuito de 9:00 a 17:00 y sólo se entra con bolso pequeño. Metro Auditorio (línea 7) o Chapultepec (línea 1), o Metrobús Antropología (línea 7). Entre el 28 de julio y el 30 de noviembre de 2026 el museo tiene además la exposición temporal Los nahuas. Entre la huasteca y la sierra, en la sala anexa a Textiles. Leer la fuente uno mismo, gratis. El Códice florentino está íntegramente digitalizado y es de acceso libre en el portal del Getty Trust, con el náhuatl y el castellano en paralelo y cerca de 2.500 ilustraciones; el pasaje del nahualli está en el libro X. El manuscrito original salió del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco en 1577 y acabó en la biblioteca de los Medici, en Florencia. Los procesos inquisitoriales de 1536-1537 contra Ocelotl y Mixcoatl se descargan libres en Internet Archive, y el Tratado de Ruiz de Alarcón de 1629 se lee en el tomo VI de los Anales del Museo Nacional de México (1892), también libre. Es una lectura que cambia el tema: son papeles judiciales, con nombres, fechas y penas. El escenario de Ruiz de Alarcón. Su parroquia era Atenango, y las minas de Taxco salen a cada rato en su relato; todo eso queda en el actual estado de Guerrero. La recomendación de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores español para México, actualizada el 24 de julio de 2026, aconseja evitar Acapulco salvo por motivos profesionales y con extrema precaución, y advierte del dengue en Guerrero durante la temporada de lluvias, de mayo a noviembre. La advertencia nombra Acapulco, no Taxco, pero la zona pide informarse antes de moverse. Y una nota de trato. Esto no es turismo de monstruos. En muchas comunidades el nahualismo se habla con cuidado, y las acusaciones de brujería no son folclore inofensivo: tienen consecuencias reales sobre vecinos reales. Ir a un pueblo a preguntar quién es el nahual del lugar no es una travesura simpática. Si hay museo comunitario o guía gestionado por la propia comunidad, ése es el sitio por donde se empieza: la versión que vale es la de quien es dueño de ella.

Fuentes consultadas

  1. Bernardino de Sahagún (ed. Carlos María de Bustamante), «Historia general de las cosas de Nueva España, tomo III, libro X, cap. IX, «De los hechiceros y trampistas» (p. 22) — la definición del naoalli y la entrada separada del nigromántico que se transfigura en animales» — México, Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, 1830 libro
  2. Archivo General de la Nación / Publicaciones del Museo Nacional de México, «Procesos de indios idólatras y hechiceros — procesos inquisitoriales de Zumárraga contra Martín Ucelo (Ocelotl), 1536-1537, y contra Mixcoatl y Papalotl, 1537» — Tip. Guerrero Hnos., México (vol. III de las Publicaciones del AGN), 1912 archivo
  3. Hernando Ruiz de Alarcón, «Tratado de las supersticiones y costumbres gentílicas que oy viuen entre los indios naturales desta Nueua España (1629), cap. I: «De los brujos nahuales y como puede ser» — en Anales del Museo Nacional de México, tomo VI, primera edición» — Imprenta del Museo Nacional, México, 1892 libro
  4. Roberto Martínez González, «El nahualismo — monografía de referencia; etimología de nahualli, crítica de la tesis tonalista de Foster y Aguirre Beltrán, y el capítulo «El nahualismo en evolución» sobre la brujería europea, la Inquisición, Brinton, Castaneda y el neonahualismo» — Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM (Serie Antropológica 19), 650 pp., 2011 libro
  5. Roberto Martínez González, «Sobre la función social del buen nahualli — la definición náhuatl del Códice florentino X 31 y las funciones documentadas: tlamatini, curandero, tlaciuhqui y teciuhtlazqui» — Revista Española de Antropología Americana, vol. 36, núm. 2, pp. 39-63, Universidad Complutense de Madrid, 2006 académico
  6. Patricia Gallardo Arias (Dirección de Etnohistoria, INAH), «Sueño, nahualismo y conocimiento entre los otomíes orientales — etnografía de diecisiete años en la Sierra Otomí-Tepehua (Hidalgo)» — Cuicuilco. Revista de ciencias antropológicas, vol. 31, núm. 90, pp. 115-138, 2024 académico
  7. The J. Paul Getty Trust, «Digital Florentine Codex — edición digital libre del manuscrito de 1577, náhuatl y castellano en paralelo, con el libro X» — florentinecodex.getty.edu, 2026 web
  8. Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), «Museo Nacional de Antropología — información al visitante (horarios, tarifas, accesibilidad) y sala Los Nahuas en la planta de etnografía» — mna.inah.gob.mx, 2026 web
  9. Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, «Recomendaciones de viaje: México — advertencias sobre el estado de Guerrero y el dengue en temporada de lluvias (actualizado 24-07-2026)» — exteriores.gob.es, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 31/07/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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