🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº0555 ACTIVO

Nguruvilu

Nguruvilu es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de La Araucanía y Neuquén, CL. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a Nguruvilu?

Ubicación
La Araucanía y Neuquén, CL
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-38.7, -72.6
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es Nguruvilu?

El Nguruvilu o zorro-culebra es un ser acuático de la tradición mapuche, ligado a los vados y remolinos de los ríos de La Araucanía y del Neuquén. Su nombre compone ngürü, zorro, y vilu, culebra: etimología que Rodolfo Lenz toma del jesuita Andrés Febrés (1765) y que Gómez de Vidaurre ya había explicado él mismo. La mención impresa más antigua no es la de Vidaurre, sino la de Juan Ignacio Molina, publicada en Bolonia en 1782, que advierte que las descripciones nunca coinciden y que el animal probablemente solo exista en la imaginación. Tres narradores mapuches lo dejaron por escrito. Melivilu, de Maquehue, contó el raudal donde volcaban las canoas hasta que un nadador le cortó la cola, dentada como un serrucho, y el paso mortal en el que un machi pagado se sumergió y salió con un animalito como perro en los brazos. Pichun Viejo, de Galvarino, vio uno al alba en el río Quillén, acicalándose en un pedregal —cabeza de gato, cola larga, ojos azules—, y dijo sin rodeos lo que era: ngen ko, dueño del agua. En la Argentina, Nahuelpi describió un animal pequeño, de pecho blanco y cola larga, al que su gente daba de comer y rezaba antes de cruzar, y añadió que, cuando lo quieren nombrar, no le dicen zorro-víbora sino dueño del agua.
Nguruvilu — ilustración
No es una ilustración sino una fuente primaria: la figura 42, n.º 4 de la página 323 de la «Psicolojía del pueblo araucano» de Tomás Guevara (Santiago, 1908), dibujada para acompañar la descripción que recogió de sus informantes mapuches de Maquehue y Galvarino. Lo que enseña zanja una discrepancia del propio Guevara —cuatro patas, cabeza de gato y cola espesa de zorro, sin serpiente y sin uña—: concuerda con su texto de 1908 y contradice el suyo de 1900. Imagen: Tomás Guevara Silva (1865–1935) · Public domain

¿Cuál es la historia de Nguruvilu?

La etimología de esta ficha se le atribuía a Rodolfo Lenz. Lenz la da, pero no la reclama, y su entrada ni siquiera está donde uno la buscaría: es la número 965, con el lema ÑIRIVILO, en las páginas 534-535 del Diccionario etimolójico de las voces chilenas derivadas de lenguas indíjenas americanas. La definición ocupa una línea —«según la creencia popular un animal fabuloso que vive en las aguas i hace daño a los que se bañan», recogida en el centro y el sur de Chile— y para la palabra misma Lenz remite a una gramática jesuita de 1765. Andrés Febrés traduce gürü por «Zorra mediana» y vilu por «culebra, i las lombrices, víboras i otras cosas así»; las dos entradas están en su vocabulario y allí se leen. Lo que aporta Lenz es el archivo, no la etimología. Y la traducción es todavía más antigua: Felipe Gómez de Vidaurre ya había escrito «guruvilo — zorra-culebra» en la misma frase que Lenz copia. Cada grafía es el resguardo del camino por el que llegó la palabra. Vidaurre escribió guruvilo; Carvallo —Vicente Carvallo y Goyeneche, a quien Lenz cita solo como «Carvallo 96 i 124»—, guerovilu; Juan Ignacio Molina, imprimiendo en italiano en Bolonia, guruvilu; Benjamín Vicuña Mackenna, en 1877, curuvilu, forma que Lenz descarta sin rodeos: «Es errónea la forma curuvilu usada por B. Vicuña M.». El lema de Lenz es ñirivílo, con ñirivilu y guruvilo como variantes. Tomás Guevara usa ngúrúvilu, guirivilu y, como título de un cuento, ngirifilu: tres grafías dentro de un mismo libro. Robert Lehmann-Nitsche, tomando el dictado de un hablante mapuche en la Argentina, escribe nürüfilu, con efe. Josef von Siemiradzki, en alemán y en 1898, imprimió Nervelu. Solo Julio Vicuña Cifuentes explica su elección: en 1915 anotó que en la primera edición había puesto «Guirivilu o Nirivilu», «formas más etimológicas», y que ahora prefería «Guirivilo o Nirivilo», «por ser las más populares». Esta ficha decía que la mención escrita más antigua era la de Vidaurre, «hacia 1789», porque es la más antigua que cita Lenz. No es la más antigua que hay. Molina imprimió la palabra en 1782, siete años antes; en la traducción inglesa de 1808, página 162, cuenta que los indios dicen que en ciertos lagos de Chile vive un animal de tamaño monstruoso al que llaman guruvilu, el zorro-serpiente; que creen que devora hombres y por eso «nunca se bañan en esos lagos»; que las descripciones de su tamaño y su forma casi nunca coinciden; y que «es probable, sin embargo, que este animal no tenga otra existencia que la que le da la imaginación de esta gente». El manuscrito de Vidaurre, escrito en el mismo destierro italiano, no se publicó hasta 1889, cuando José Toribio Medina lo sacó en la Colección de historiadores de Chile: un siglo entre la redacción y la imprenta. Lo que Lenz cita como I:240 es ese libro de 1889: «animal monstruoso de algunas lagunas del reino. Los araucanos dicen que se traga los hombres. No concuerdan sobre su figura. Quien lo hace largo como una serpiente, con la cabeza de zorra; quien cuasi circular como un cuero de vaca estendido; yo dudo mucho de la existencia de tal animal». Los dos jesuitas dudaban del animal. Esa duda es lo primero que soltaron los autores posteriores. Guevara lo describió dos veces y cambió de opinión entre una y otra. En «Historia de la civilización de Araucanía», tomo I, página 230, es «otro monstruo semejante en su aspecto a un gato, armado de una uña agudísima en la cola… Para envolverlos, se estira como una culebra», y añade la frase que explica la creencia entera: «Cualquier accidente desgraciado que le sucede en el agua al indio, lo atribuye a este ser sobrenatural». Ocho años más tarde, en «Psicolojía del pueblo araucano» (1908), página 322, ya es «de cuerpo delgado i pequeño, cabeza de gato i cola de zorro estremadamente larga. Frecuenta los pasos i remansos de los rios, i con la cola enreda a los hombres i los animales, los arrastra al fondo i les bebe la sangre». Entre las dos versiones desaparecen la uña y la culebra, llegan la cola de zorro y la sangre, y la frase explicativa se muda a otro mito. La versión de 1908 es la que obtuvo dibujo: la figura 42, número 4, de la lámina de la página 323, que es la ilustración de esta página. Muestra un animal de cuatro patas, cabeza de gato y cola espesa y peluda de zorro. Ni serpiente, ni remolino, ni uña. Concuerda con el texto de 1908 y desmiente el de 1900. Lo que dijeron los informantes mapuches de Guevara no es lo que Guevara resumió, y merecen citarse con su nombre. Melivilu, de Maquehue, le dio dos relatos. En el primero (página 335), en un raudal siempre se daban vuelta las canoas; a un hombre que nadaba bien lo tomó un animal con la cola, «lo apretó i lo clavó», y él le cortó la cola con el cuchillo y se la llevó: «La cola tenia como dos varas… era como serrucho, tenia como clavos, donde tomaba, no largaba; tenia los ganchos para adelante. Por eso ninguno escapaba. Desde entonces no se dio vuelta ninguna canoa». Y añade, de su cosecha: «El animal tiene color de zorro; es chico i la cola, bien larga». El color de zorro es suyo, no de la descripción impresa de Guevara, que habla de cola de zorro. En el segundo (páginas 351-352), un paso malo ahogaba a casi todos los que lo cruzaban; un machi hombre se ofreció, si le pagaban muy bien, a matar al animal del paso; le llevaron dos caballos muy gordos y estribos y freno de plata; entró con el agua por la rodilla hasta un remolino, se sumió y apareció «con un animalito como perro en los brazos», sacó el cuchillo y le dijo: «Si matas mas jente, yo te corto». Y «el remolino antes del año desapareció i quedó el paso mui bajo». Pichun Viejo, de Galvarino, dio el único avistamiento en primera persona (página 358): de madrugada, con niebla, a caballo, en el río Quillén, lo vio dormido en un pedregal encima de la barranca —«Tenia la cabeza chica como gato, cola larga, ojos azules»—, y el animal despertó, «comenzó a lamerse el cuerpo», advirtió que lo miraban y saltó al agua. Y entonces Pichun lo clasifica: «Estos son ñenco (ngenco; dueño del agua)». Dueño del agua. Añade que a los que se bañan los toma un remolino y les tira para abajo con la cola, que «les come los talones i bebe la sangre», y que «cuando está afuera no tiene fuerza». Guevara anotó además, sin reparar en lo que eso le hacía a su propio capítulo, que Ngürüvilu era nombre de persona. En la página 68: «el padre de la familia Vilu de Maquehue, en Temuco, se llamó Melivilu i sus hijos tuvieron los nombres de Ngürüvilu (culebra zorro), Painevilu (culebra celeste), Melivilu (cuatro culebras)». En su capítulo inicial sobre totemismo (páginas 12-15) enumera «Guirivilu, animal mitolójico» entre los nombres de clan, junto a Nahuel (tigre) y Quilquil (buho), dice que la familia Vilu residía en Maquehue «desde tiempo inmemorial» y señala que algunos clanes se creían descendientes de espíritus míticos, «como el de Pihuicheñ (en Cholchol) i Guirivilu (ngürüvilu), diversos lugares de este nombre». El informante que le dio dos de los tres relatos era el cabeza de ese linaje, y uno de sus hijos llevaba el nombre. El expediente argentino es aún mejor, y existe únicamente por una cacería de críptido. En 1899 Florentino Ameghino anunció un perezoso gigante superviviente en la Patagonia, el Neomylodon Listai; el Daily Express mandó una expedición; en enero de 1901 André Tournouër contó a la Academia de París que había visto vivo al animal misterioso, dentro del agua. Carlos Ameghino comunicó que los indios llamaban erefilu a un animal acuático desconocido. Lehmann-Nitsche, del Museo de La Plata, le llevó la palabra a su colaborador mapuche Nahuelpi, que en el acto le dijo que se trataría de ngürüfilu, el zorro-víbora, y le explicó la fonética que había producido aquel «ere». Nahuelpi escribió entonces todo lo que sabía, en mapudungun, y lo tradujo él mismo; Lehmann-Nitsche imprimió la versión castellana «tal cual él la hizo, sin hacer ninguna corrección», bajo el título «Historia del zorro-víbora referida por el indio Nahuelpi» (Revista del Museo de La Plata, X, 1902, páginas 277-278). Nahuelpi describe la ofrenda —una masa de harina de trigo fermentada llamada chafis, que se rocía a gotas con un manojo de paja, y un toro pequeño y blanco carneado en la orilla de un lago cordillerano—, el ruego, «¡Padre, dueño del agua, háganos el servicio de no hacernos mal, pecho blanco!», el animal, «Es pequeño, el pecho y panza blanco, la cola es larga», y al hombre llamado Salva que se rió del rezo en un paso del Limay cerca del Fuerte Roca y perdió en mitad del agua toda su tropilla de caballos. Y cierra el tercer texto con la frase que decide esta ficha entera: «Cuando lo quieren nombrar no le dicen zorro-víbora sino dueño del agua». Las notas del propio Lehmann-Nitsche sitúan el lago en el Aluminé, en Neuquén, y a Nahuelpi allí de muchacho de unos ocho años, cuando su gente, bajo el cacique Keupü, fue desalojada de la Argentina y tuvo que cruzarlo.

Cronología: los hechos documentados de Nguruvilu

  1. 1765 Andrés Febrés imprime en Lima su «Arte de la lengua general del reyno de Chile». Su vocabulario traduce gürü por «Zorra mediana» y vilu por «culebra, i las lombrices, víboras i otras cosas así». Son las dos entradas en las que se apoya toda etimología posterior del nombre, incluida la que esta ficha atribuía a Lenz.
  2. 1782 Juan Ignacio Molina publica en Bolonia su historia natural de Chile. Contiene la aparición impresa más antigua de la palabra: los indios dicen que en ciertos lagos hay un animal de tamaño monstruoso «al que llaman guruvilu, el zorro-serpiente», que por eso nunca se bañan en esos lagos, que las descripciones de su tamaño y su forma casi nunca coinciden y que probablemente el animal «no tenga otra existencia que la que le da la imaginación de esta gente». Este dato sustituye a lo que esta ficha afirmaba: que la mención escrita más antigua era la de Vidaurre.
  3. h. 1789 (manuscrito) Felipe Gómez de Vidaurre termina, en el destierro italiano, la historia que contiene la frase más citada sobre esta criatura: «guruvilo — zorra-culebra… yo dudo mucho de la existencia de tal animal». Es fecha de redacción, no de publicación. El libro tardará un siglo en imprimirse.
  4. 1877 Benjamín Vicuña Mackenna, escribiendo sobre la laguna pantanosa de Viña del Mar, identifica el pulpo gigante de Victor Hugo con una criatura «que los indios de Chile llamaban curuvilu». Lenz recogerá la forma solo para rechazarla: «Es errónea la forma curuvilu usada por B. Vicuña M.».
  5. 1889 José Toribio Medina publica por fin a Vidaurre en la Colección de historiadores de Chile. Todo lo que los autores posteriores citan como «Vidaurre» les llega por esta edición, un siglo después de escrito; la referencia de página está en disputa: Lenz y Latcham dan I:240, y Vicuña Cifuentes, 246.
  6. 1898 Josef von Siemiradzki, en las Mittheilungen der Anthropologischen Gesellschaft in Wien, imprime el nombre como «Nervelu» y convierte a la criatura acuática en un espíritu malo con forma de gran pájaro de pico y uñas de acero que persigue a los traidores en la guerra y aparece en el desierto en forma de tromba terrestre. Deniker lo repetirá ante un público amplio en París en 1900. Lehmann-Nitsche cita a los dos para desmarcarse de ellos.
  7. junio-julio de 1899 Florentino Ameghino anuncia en «La Pirámide», de La Plata, el Neomylodon Listai, «un sobreviviente actual de los Megaterios de la antigua Pampa». La cacería que sigue —una expedición del Daily Express y André Tournouër contando a la Academia de París, en enero de 1901, que había visto vivo al animal dentro del agua— es lo que arrastrará al zorro-culebra mapuche a la zoología internacional.
  8. 1900 Tomás Guevara, en «Historia de la civilización de Araucanía», tomo I, página 230, da su primera descripción: un monstruo semejante a un gato «armado de una uña agudísima en la cola» que «para envolverlos, se estira como una culebra», y añade la frase clave: «Cualquier accidente desgraciado que le sucede en el agua al indio, lo atribuye a este ser sobrenatural». La uña y la culebra habrán desaparecido de su siguiente descripción.
  9. 1902 (pp. 277-278) Robert Lehmann-Nitsche imprime, en la Revista del Museo de La Plata, la «Historia del zorro-víbora referida por el indio Nahuelpi»: cinco textos escritos en mapudungun por Nahuelpi y traducidos por él mismo, publicados «tal cual él la hizo, sin hacer ninguna corrección». Describen la ofrenda de chafis, el ruego «¡Padre, dueño del agua… pecho blanco!», un animal pequeño, de cola larga y vientre blanco nadando en un lago cordillerano, el ahogamiento de la tropilla de Salva en un paso del Limay y la frase que reencuadra el caso entero: «Cuando lo quieren nombrar no le dicen zorro-víbora sino dueño del agua».
  10. 1902 (p. 279) En el mismo trabajo, Lehmann-Nitsche hace explícita la conversión zoológica: «He ahí, pues, una pregunta: ¿qué animal será este zorro-víbora? No hay otra contestación que: la lutra. Y, según la literatura, debe tratarse de la Lutra felina Mol.», y añade: «Quizás algún día se encontrará otra lutra más grande en los lagos tan poco explorados de la Patagonia». Estaba disolviendo un críptido, el Grypotherium, y en una frase plantaba otro.
  11. 1908 (pp. 322-323) Guevara publica «Psicolojía del pueblo araucano». La página 322 da la descripción canónica —cuerpo delgado y pequeño, cabeza de gato, cola de zorro extremadamente larga, enreda con la cola, arrastra al fondo y bebe la sangre— con una nota al pie que informa de que Lehmann-Nitsche cree que la criatura es la Lutra felina. El dibujo de la lámina contigua, figura 42 número 4 de la página 323, es la imagen de esta ficha, y muestra un animal de cuatro patas con la cola peluda: ni serpiente ni uña.
  12. 1908 (pp. 335, 351-352, 358) El mismo libro imprime los tres relatos con el nombre de sus narradores. Melivilu, de Maquehue, cuenta el raudal donde volcaban las canoas y la cola cortada a cuchillo, «como serrucho… tenia los ganchos para adelante», tras lo cual no volvió a volcar ninguna; y el vado en el que un machi pagado se sumergió y salió «con un animalito como perro en los brazos», después de lo cual «el remolino antes del año desapareció i quedó el paso mui bajo». Pichun Viejo, de Galvarino, da el único avistamiento en primera persona, en el río Quillén, y añade: «Estos son ñenco (ngenco; dueño del agua)».
  13. 1908 (la nutria) Oldfield Thomas describe Lutra provocax, el huillín, la nutria de río de agua dulce del sur de Chile y la Argentina. Es la especie que encaja con todas las descripciones de testigos de esta ficha, y no existía en la literatura científica cuando Lehmann-Nitsche eligió, seis años antes y «según la literatura», la única nutria que sí estaba en ella.
  14. 1910 Rodolfo Lenz completa su «Diccionario etimolójico». La entrada 965, páginas 534-535, va bajo el lema ÑIRIVILO, define a la criatura en una sola línea, enumera las variantes con el autor de cada una, rechaza como errónea la forma curuvilu de Vicuña Mackenna y deriva el compuesto no de sí mismo, sino de Febrés.
  15. 1915 (pp. 65-66) Julio Vicuña Cifuentes publica el capítulo XXI, «El Guirivilo». Da dos variantes orales —de Coínco, un «zorro del agua» de cola muy larga que se venga de quien le tira piedras; de Coihueco de Chillán, un animal de cuerpo de perro que vive en los ríos y que, las pocas veces que sale, «tirita como si estuviera muriéndose de frío»—, reproduce a Guevara, a Vidaurre y a Vicuña Mackenna, y deja constancia de que había cambiado deliberadamente su propia grafía desde la primera edición.
  16. 1923 Ricardo E. Latcham publica «La historia natural en los mitos araucanos» y enuncia el programa sin rodeos: «todos, o casi todos ellos han tenido su fundamento en alguna especie conocida». Refuta a Lehmann-Nitsche con nombre y apellido —el mito de la nutria marina tiene otro nombre, el chinchimén—, propone en su lugar el monito del monte, un marsupial arborícola de treinta gramos, cita a Vidaurre con una cláusula que es de Molina y corta la cita justo antes de la duda del propio Vidaurre.
  17. 2018 El estudio FIPA dirigido por Gonzalo Medina Vogel y María Macarena Barros Lama, de la Universidad Andrés Bello, cuenta aproximadamente quince huillines en los ríos Toltén y Allipén de La Araucanía y establece que esa cuenca es el límite norte de la distribución actual de la especie. En el conjunto del país el huillín ha quedado en cerca del diez por ciento de su distribución original en agua dulce, y desapareció de los lagos Colico, Caburga y Villarrica entre 1920 y 1960.

¿Hay una explicación racional para Nguruvilu?

La lectura naturalista del ngürüvilu no la aportan los escépticos. La aportan quienes lo describieron, y es de un detalle poco común. Pichun Viejo vio el suyo al amanecer, fuera del agua, en un pedregal, acicalándose —«comenzó a lamerse el cuerpo»—, con la cabeza chica como de gato, la cola larga y los ojos azules; saltó al agua en cuanto se supo mirado; y fuera del agua, dijo, no tiene fuerza. La gente de Nahuelpi vio el suyo nadando: «Es pequeño, el pecho y panza blanco, la cola es larga», y le hablaban llamándolo pecho blanco. Vicuña Cifuentes recogió en Coihueco de Chillán una variante en la que tiene el cuerpo parecido al del perro y la cola muy larga, «vive en los ríos, y cuando sale del agua, lo que hace pocas veces, tirita como si estuviera muriéndose de frío». Tres testigos, separados por seiscientos kilómetros y una frontera, describen un mustélido acuático: un animal que sale a asolearse, se acicala sin parar, es torpe en tierra y tiene la cola larga y el pecho y el vientre claros. Hay una especie que encaja exactamente, y vivía en estos ríos. El huillín, Lontra provocax, es una nutria de río de 1,1 a 1,3 metros incluida la cola (de 38 a 45 centímetros) y de 6 a 15 kilos, con «un pelaje aterciopelado café oscuro en la parte superior y más blanquecina en la zona ventral», solitaria salvo en la reproducción, que come peces y crustáceos de agua dulce. La ficha oficial de clasificación de especies del Ministerio del Medio Ambiente chileno recoge entre sus nombres vernáculos «tigre del agua» y, en aonikenk, yem'chen: justamente la palabra patagónica que Lehmann-Nitsche había catalogado en 1902 como uno de los nombres del animal «misterioso». La identificación que él hizo figura hoy en la ficha oficial de la especie. Aun así se equivocó de especie, y el motivo es una fecha. En 1902, en la página 279, se preguntó «¿qué animal será este zorro-víbora?» y contestó: «No hay otra contestación que: la lutra. Y, según la literatura, debe tratarse de la Lutra felina Mol.». Según la literatura, lo dice dos veces. La nutria de agua dulce de estos ríos no estaba en la literatura: Lontra provocax no fue descrita hasta que Oldfield Thomas la nombró en 1908, seis años después y el mismo año en que Guevara imprimió el dibujo. La única nutria disponible en letra impresa era la Lutra felina de Molina, el chungungo, que vive exclusivamente en el litoral rocoso marino. Ricardo E. Latcham lo dijo en 1923 y lo dijo con nombre y apellido: «Lehmann Nitsche opina que el ngüruvilu es la Lutra felina, Mol., pero está equivocado, porque el mito formado alrededor de dicha nutria lleva otro nombre» —el mito de la nutria marina es el chinchimén o ñullñull, otro ser—. Latcham acertó en la objeción y erró en su propio candidato: propuso el monito del monte, Dromiciops, «llamado por los araucanos huenuquique, ratón del cielo, o ngüruvilu». Es un marsupial arborícola y nocturno de las quilantales, de hasta 26 centímetros incluida la cola y de 16 a 31 gramos. No entra en los ríos y no puede ahogar a un jinete. Latcham es, además, donde la conversión zoológica queda dicha en voz alta, y conviene citarla porque es la premisa que esta ficha había heredado. Su trabajo de 1923 abre así: a primera vista estos mitos nada tienen que ver con la fauna verdadera y existente, «pero examinando más a fondo la cuestión, puede convencerse que todos, o casi todos ellos han tenido su fundamento en alguna especie conocida, desfigurada posteriormente por la imaginación supersticiosa de los naturales». Todo mito ha de ser una especie; el trabajo consiste en nombrarla. En esa misma página cita a Vidaurre I:240 con una cláusula que Vidaurre no tiene —«por lo que ellos se abstienen de bañarse en las lagunas», que es la frase de Molina— y corta la cita justo antes de «yo dudo mucho de la existencia de tal animal». Lenz y Vicuña Cifuentes transcriben el pasaje completo y ninguno de los dos trae la cláusula del baño. Latcham fundió a los dos jesuitas y se dejó fuera la duda de ambos. El material escéptico más concreto de esta ficha es hidrológico, y lo pusieron los propios narradores. Los dos cuentos de Melivilu terminan con el peligro desapareciendo físicamente: tras la visita del machi, «el remolino antes del año desapareció i quedó el paso mui bajo»; tras el corte de la cola, «desde entonces no se dio vuelta ninguna canoa». Son ríos de lecho de grava que mueven sus cauces: una poza de socavación en un vado se colmata, un raudal se desplaza, y un paso que mataba gente deja de matarla. Los relatos son crónicas fechadas de eso, contadas con el único vocabulario disponible. Guevara lo había escrito con todas las letras en 1900 a propósito del ngürüvilu —cualquier accidente desgraciado que le sucede en el agua al indio se atribuye a este ser— y en 1908 mudó la frase a otra criatura. Una afirmación moderna muy repetida es una inversión de Guevara y hay que retirarla. El artículo de la Wikipedia en inglés sostiene que los nguruvilus «hacen que el agua sea somera a ambos lados del vado, para animar a la gente a cruzarlo haciéndolo parecer seguro», y describe a un kalku —un brujo, lo contrario de una machi— zambulléndose a atrapar al bicho. El pasaje arrastra una marca de «cita requerida» desde febrero de 2025 y nunca se ha dado una fuente, porque no la hay: en Guevara el vado somero no es la trampa, sino la cura, el estado al que llega el paso una vez ido el peligro, y quien entra es un machi al que pagan con caballos y plata. El otro detalle repetido del mismo artículo, la uña en la punta de la cola, es real pero está mal archivado: pertenece a la descripción de Guevara de 1900, no a la de 1908. Tres límites, dichos sin adornos. Con las fuentes leídas aquí no se ha podido establecer si el texto castellano que Medina publicó en 1889 es una traducción de un original italiano o la edición de un manuscrito en español; tampoco está zanjada la fecha de ese manuscrito, que la bibliografía antigua da como 1789 y su editor académico más reciente como 1782. Si el texto es una traducción, la duda célebre —«yo dudo mucho de la existencia de tal animal»— no la ha cotejado nunca con las palabras del propio Vidaurre nadie de cuantos la citan, y esta ficha tampoco. El libro de Vidaurre no está en los corpus de texto completo consultables: la búsqueda de «dudo mucho de la existencia de tal animal» devuelve dos resultados, Vicuña Cifuentes y Lenz, y ninguno del propio Vidaurre, mientras que las búsquedas de control en el mismo corpus devuelven resultados con normalidad. Todo lo que aquí se le atribuye está, por tanto, citado de segunda mano, a partir de tres transcripciones independientes que coinciden entre sí y discrepan de la de Latcham. Y la página que da Lenz (I:240) no coincide con la que da Vicuña Cifuentes (246); Latcham da 240. Eso no ha quedado resuelto.

¿Se puede visitar Nguruvilu?

El Nguruvilu no tiene dirección, y en esta ficha no hay monumento, vitrina de museo ni sitio señalizado en ninguna parte. Lo que hay es una lista corta y precisa de lugares nombrados por personas entrevistadas entre 1902 y 1908, y un animal que todavía se puede ver, con suerte y con cuidado. Los lugares chilenos están todos en La Araucanía y son territorio mapuche vivo, no atracciones. El avistamiento de Pichun Viejo fue en el río Quillén, comuna de Galvarino, a unos 60 kilómetros al noroeste de Temuco; el Quillén desagua en el Cholchol, que se junta con el Cautín para formar el Imperial. Los dos relatos de Melivilu vienen de Maquehue, en la ribera del Cautín opuesta a Temuco, en lo que hoy es la comuna de Padre Las Casas; Maquehue es en este momento el centro de un conflicto largo y no resuelto por la tierra y por el aeropuerto levantado en ella, y no es un sitio al que presentarse a buscar folclore. Cholchol, que Guevara señala como asiento del clan Pihuicheñ, es comuna propia, 30 kilómetros al oeste de Temuco. Si quiere oír algo de esto de boca mapuche, hágalo a través de una comunidad que ofrezca turismo mapuche y en sus términos: el ngen ko forma parte de una religión que se practica, no de un decorado. La mitad argentina del expediente está en el lago Aluminé, provincia del Neuquén, al borde del Parque Nacional Lanín —el «Alumuní de los pehuenches, que por corrupción se llama en español Aluminé» de Nahuelpi— y en un paso del río Limay «cerca del Fuerte Roca». Ese cruce ya no se comporta como entonces: el Limay inferior está regulado desde la represa de El Chocón, cuya primera turbina entró en servicio el 22 de diciembre de 1972 y cuyo objetivo principal declarado es precisamente la regulación del caudal. El remolino que Salva desoyó es hoy un hecho de ingeniería, no de río. Lo que de verdad merece un viaje es el huillín. La cuenca del Toltén y el Allipén, justo al sur de Temuco, es el límite norte de la distribución actual de la especie en Chile continental, y el estudio FIPA de 2018 dirigido por Gonzalo Medina Vogel y María Macarena Barros Lama, de la Universidad Andrés Bello, contó aproximadamente quince animales en esos dos ríos. En el conjunto del país el huillín ha quedado reducido a cerca del diez por ciento de su distribución original en agua dulce. Desapareció de los lagos Colico, Caburga y Villarrica entre 1920 y 1960, y hacia 1880 todavía llegaba por el norte hasta el río Cachapoal. Está clasificado En Peligro. Las amenazas que enumera el estudio son el visón americano invasor, los perros y gatos sueltos, la remoción de la vegetación ribereña, la alteración de riberas y cauces, la acuicultura y los patógenos. En la práctica eso significa: mirar de lejos y desde la orilla, no seguir a un animal que ha salido del agua, llevar los perros atados y fuera del río, y avisar de los avistamientos a CONAF o a Sernapesca antes que a las redes sociales. El agua misma merece el aviso que le dio el folclore. Son ríos fríos, rápidos y de lecho de grava, cuya profundidad cambia con la estación y después de cada crecida; los vados de estos relatos mataban gente, las canoas se daban vuelta en los raudales y los caballos se ahogaban debajo de sus jinetes. No hay socorristas. Cruce por los puentes y no por los vados; no juzgue un cauce por el aspecto que tenía el año pasado; y trate un remanso quieto y oscuro al pie de un raudal exactamente como dijeron tres generaciones de narradores que era: el peor sitio para meterse en el agua.

Fuentes consultadas

  1. Tomás Guevara, «Psicolojía del pueblo araucano — Ngúrúvilu, p. 322 y fig. 42 n.º 4 (lámina, p. 323); «Cuento del ngirifilu», de Melivilu de Maquehue, p. 335; «Cuento de un ngúrúvilu», del mismo, pp. 351-352; «Un guirivilu (ngúrúvilu)», de Pichun Viejo de Galvarino, p. 358; onomástica de la familia Vilu de Maquehue, p. 68; totemismo, pp. 12-15» — Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1908 libro
  2. Tomás Guevara, «Historia de la civilización de Araucanía, tomo I — descripción del Ngúrúvilu, p. 230 («una uña agudísima en la cola», «se estira como una culebra»)» — Imprenta Cervantes, Santiago de Chile (Biblioteca Nacional de Chile, MC0076092), 1900 libro
  3. Robert Lehmann-Nitsche, «La pretendida existencia actual del Grypotherium. Supersticiones araucanas referentes a la lutra y al tigre — «Historia del zorro-víbora referida por el indio Nahuelpi», pp. 277-278; la identificación con la lutra, p. 279; ñen-ko y ñen-mapú, p. 280» — Revista del Museo de La Plata, tomo X, pp. 271-281, 1902 académico
  4. Rodolfo Lenz, «Diccionario etimolójico de las voces chilenas derivadas de lenguas indíjenas americanas — entrada 965 «ÑIRIVILO», pp. 534-535 (definición, variantes, cita de Vidaurre I:240, rechazo de «curuvilu» y etimología por Febrés); entrada 964 «ÑIRRE», sobre gürü/ñiri, zorra» — Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1910 libro
  5. Julio Vicuña Cifuentes, «Mitos y supersticiones recogidos de la tradición oral chilena — cap. XXI «El Guirivilo», pp. 65-66: variantes de Coínco y de Coihueco de Chillán, cita de Guevara Historia I:230, cita de Vidaurre p. 246, y nota sobre el cambio de grafía respecto de la primera edición» — Imprenta Universitaria, Santiago de Chile, 1915 libro
  6. Ricardo E. Latcham, «La historia natural en los mitos araucanos — el ngüruvilu, pp. 130-132: el programa («todos, o casi todos ellos han tenido su fundamento en alguna especie conocida»), la refutación de Lehmann-Nitsche, la propuesta del monito del monte y la cita alterada de Vidaurre» — Revista Chilena de Historia Natural, 1923 académico
  7. Juan Ignacio Molina, «The Geographical, Natural and Civil History of Chili, vol. I, p. 162 — «an animal of a monstrous size, which they call guruvilu, or the fox-serpent» (traducción inglesa de 1808 del Saggio publicado en Bolonia en 1782)» — I. Riley, Middletown, Connecticut, 1808 libro
  8. Andrés Febrés, «Arte de la lengua general del reyno de Chile, con un diálogo chileno-hispano — vocabulario: «Gürü. Zorra mediana» y «Culebra — vilu»» — Calle de la Encarnación, Lima, 1765 libro
  9. Ministerio del Medio Ambiente de Chile, «Ficha de especie clasificada: Lontra provocax (Thomas, 1908), huillín — nombres vernáculos («tigre del agua», yem'chen en aoniken), pelaje «café oscuro en la parte superior y más blanquecina en la zona ventral», medidas, dieta y distribución actual desde el Cautín-Toltén al sur; extinción en los lagos Colico, Caburga y Villarrica entre 1920 y 1960» — Proceso de Clasificación de Especies, ficha P07, 2019 informe
  10. María Macarena Barros Lama y Gonzalo Medina Vogel (eds.), «Distribución, abundancia y riesgos para la conservación del huillín (Lontra provocax) en la cuenca del río Allipén y Toltén, IX Región de La Araucanía. Fase I — informe final, proyecto FIPA 2018-28 (aproximadamente quince huillines; el 10 % de la distribución original en agua dulce; amenazas: visón americano, perros y gatos, remoción de vegetación ribereña, acuicultura y patógenos)» — Universidad Andrés Bello, para el Fondo de Investigación Pesquera y de Acuicultura (SUBPESCA), 2018 informe
  11. Ministerio del Medio Ambiente de Chile, «Ficha de especie clasificada: Dromiciops glirioides (Thomas, 1894), monito del monte — marsupial arborícola de los bosques templados lluviosos, hasta 26 cm de longitud total (la cola es casi la mitad) y de 16 a 31 g de peso; sinonimia Dromiciops australis, el candidato zoológico propuesto por Latcham en 1923» — Proceso de Clasificación de Especies, ficha P07, 2019 informe
  12. Wikipedia contributors, «Nguruvilu — artículo de la Wikipedia en inglés; el pasaje sobre los vados hechos someros para atraer a la gente y sobre el kalku lleva la marca «citation needed» desde febrero de 2025, y no tiene apoyo en Guevara, donde el vado somero es el resultado de la cura y quien interviene es un machi» — Wikipedia, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 14/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

Tu veredicto, agente: Yo también lo vi 0 Creíble 0 Dudoso 0

💬 Testimonios de campo (0)

Aún no hay testimonios. Añade el primero.

Añade tu testimonio

🔒 Entra para dejar un testimonio