Poltergeist de Rosenheim es un lugar reputado como embrujado en Bavaria, DE. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Poltergeist de Rosenheim?
Ubicación
Bavaria, DE
Tipo
Casa / mansión
Coordenadas
47.854, 12.13
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Poltergeist de Rosenheim está embrujado?
En el otoño de 1967, el despacho del abogado Sigmund Adam, en la Königstraße 13 de Rosenheim (Alta Baviera), se convirtió en el caso de poltergeist con más aparatos de medida de la historia alemana. Los tubos fluorescentes se desenroscaban de sus casquillos, las bombillas reventaban, los automáticos saltaban sin que el circuito se sobrecargara, los cuadros giraban sobre sus ganchos, y el teléfono marcaba el 0119, el servicio horario, hasta cincuenta veces al día sin que nadie tocara el disco. Los servicios municipales precintaron registradores en el circuito; la Deutsche Bundespost registró las llamadas y concluyó que se hacían desde dentro del despacho; dos físicos del Instituto Max Planck de Física del Plasma, Friedbert Karger y Gerhard Zicha, llevaron un osciloscopio y comprobaron que el registrador escribía subidas de tensión que la red no estaba dando. Hans Bender, del instituto de Friburgo, concluyó que las alteraciones seguían a una aprendiza de 19 años, Annemarie Schaberl, y lo llamó psicocinesis espontánea. Dos años después, un ilusionista vienés publicaba el hallazgo de hilos de nailon y una porra de goma en ese mismo despacho. Este expediente separa lo que midieron los aparatos de lo que se dedujo de ello, pone nombre a los escépticos en lugar de esconderlos tras un «los críticos dijeron», y sigue a la joven del centro del caso, que siempre ha negado tener poder alguno.
¿Cuál es la historia de Poltergeist de Rosenheim?
Sigmund Adam llevaba un bufete provinciano corriente en la Königstraße 13 de Rosenheim, ciudad a orillas del Inn a unos sesenta kilómetros al sureste de Múnich. Lo que hizo famoso su despacho es que durante casi tres meses fue una de las habitaciones con más aparatos de medida de toda la República Federal.
Empezó por el teléfono. En el verano de 1967, según el propio informe de Hans Bender, los cuatro aparatos de la centralita Siemens del despacho sonaban a la vez, las conversaciones se cortaban y las facturas subieron a una altura inusual. La Fernmeldeamt —la oficina local de la Deutsche Bundespost— desmontó la instalación Siemens y dejó un único aparato de prueba de Correos con contador. Los registros del control automático de llamadas mostraron entonces algo muy concreto: se marcaba el 0119, el servicio horario, cuatro o cinco veces por minuto, y algunos días cuarenta o cincuenta veces seguidas. El episodio más limpio tiene fecha. El 19 de octubre de 1967 el asesor fiscal Dr. Schmidt permaneció en el despacho de 17:35 a 17:55 y firmó, antes de marcharse, una declaración escrita de que nadie había hablado por el único teléfono presente. En esos veinte minutos el control automático registró unas veinte marcaciones del 0119. La Fernmeldeamt repasó sistemáticamente todas las fuentes de avería que se le ocurrieron y concluyó que la marcación tenía que haberse producido dentro del despacho.
Todo el mundo seguía suponiendo una causa eléctrica. El 16 de noviembre de 1967 la oficina de verificación de los servicios municipales de Rosenheim, dirigida por el ayudante de dirección Paul Brunner —después director de la empresa—, instaló en el circuito registradores permanentes de tensión e intensidad, los precintó y pidió al personal que anotara cualquier anomalía. Las tiras se llenaron de desviaciones. El informe de revisión de los servicios municipales del 21 de diciembre de 1967 describe uno de los primeros días de prueba: el lunes 20 de noviembre a las 7:30, tras un fuerte estallido, un tubo fluorescente se salió de su casquillo en el despacho del jefe y se hizo añicos, el registrador escribió dos desviaciones a fondo de escala de hasta unos 50 amperios, y los fusibles del circuito no habían saltado, que era justo lo que nadie sabía explicar.
La compañía eléctrica fue descartándose a sí misma. Se cambiaron los fluorescentes por portalámparas normales y las bombillas empezaron a estallar; se tendió un cable directo hasta el centro de transformación para excluir el cable de calle, la acometida y la columna montante, y no cambió nada; el 30 de noviembre las lámparas empezaron a oscilar con fuerza, encendidas o apagadas, delante de los propios revisores de la empresa, que comprobaron y descartaron las vibraciones de los pisos superiores y del tráfico. A finales de noviembre las dos cadenas de televisión alemanas habían emitido reportajes que terminaban con la misma pregunta abierta: ¿anomalía técnica o daños intencionados?
Esa era la situación con la que se encontró Bender el 1 de diciembre de 1967, cuando llegó con dos colaboradores del Institut für Grenzgebiete der Psychologie und Psychohygiene de Friburgo. En un día advirtió lo que los técnicos habían visto sin sacar conclusiones: las desviaciones solo aparecían en horario de oficina y arrancaban con especial fuerza cuando entraban las dos chicas que trabajaban allí, la aprendiza de 19 años Annemarie Schaberl y su compañera de 17, a la que su informe llama solo Gustel H. La policía criminal ya estaba en el caso, porque Adam había presentado denuncia contra persona desconocida.
Del 6 al 8 de diciembre, dos físicos del Instituto Max Planck de Física del Plasma en Múnich-Garching, Friedbert Karger y Gerhard Zicha, montaron en el despacho un equipo de cuatro canales: un osciloscopio de memoria Tektronix 549, una sonda de potencial, una sonda de campo magnético Hewlett-Packard y un micrófono de cristal, todo apuntando al registrador. El 8 de diciembre, entre las 16:30 y las 17:48, el registrador produjo unas quince desviaciones fuertes mientras ellos estaban al lado, y la base de tiempos del osciloscopio no se disparó ni una sola vez, lo que significaba que la tensión de red no había subido en realidad. Después fueron eliminando una a una la inyección de radiofrecuencia (probada con un emisor de 100 vatios y 10 MHz aplicado a los propios bornes de entrada del registrador), las descargas de condensador, los campos magnéticos estáticos, el infrasonido y el ultrasonido y la manipulación mecánica: el registrador estaba bajo una tapa de cristal, bloqueado mecánicamente contra hilos, y ellos a medio metro. Más tarde la eléctrica alimentó la entrada del registrador con una pila de 1,5 voltios en lugar de la red, y las desviaciones siguieron apareciendo.
Después del trabajo con el osciloscopio el caso cambió de naturaleza. Empezaron a moverse los cuadros. La declaración de Brunner en el informe de revisión cuenta que estaba a un metro de un cuadro de flores cuando Adam entró en la sala, y que lo vio girar unos 320 grados a izquierdas hasta que el alambre se enredó en el gancho; el revisor A. Mayr, presente en el mismo instante, lo confirmó, y el maestro electricista Friedinger y el aprendiz Meng vieron lo mismo al día siguiente. El hijo de Adam llegó a grabar un giro de 320 grados con un magnetoscopio AMPEX.
El final fue rápido. Tras las vacaciones de Navidad, Schaberl estaba formalmente de permiso, pero siguió apareciendo entre el 5 y el 17 de enero de 1968; se había identificado con la pelea de su jefe contra el rumor que corría por Rosenheim de que todo lo montaban sus hijos. En esas dos semanas un archivador de unos 175 kilos se separó unos 30 centímetros de la pared delante del profesor de física P. Büchel SJ, se abrieron cajones solos, cayeron cuadros y calendarios, y tanto Schaberl como la empleada sentada enfrente sufrieron una presión en oídos opuestos con un enrojecimiento que bajaba hasta el cuello, que un médico llamado a verlo diagnosticó como hiperemia. Un equipo de Friburgo dirigido por un médico se la llevó al instituto para someterla a pruebas psicodiagnósticas. Dejó el despacho aquel mismo mes y los fenómenos cesaron.
Cronología: los hechos documentados de Poltergeist de Rosenheim
Verano de 1967Empiezan las averías telefónicas en el bufete de Sigmund Adam: los cuatro aparatos de la centralita Siemens suenan a la vez, las conversaciones se cortan y las facturas suben a una altura inusual. El informe de Bender sitúa aquí el arranque del caso, no en las lámparas.
19 de octubre de 1967El asesor fiscal Dr. Schmidt permanece en el despacho de 17:35 a 17:55 y firma una declaración escrita de que nadie habló por el único teléfono presente. En esos veinte minutos el control automático de la Bundespost registra unas veinte marcaciones del 0119, el servicio horario. Es el episodio mejor documentado de todo el caso.
16 de noviembre de 1967La oficina de verificación de los servicios municipales de Rosenheim, dirigida por el ayudante de dirección Paul Brunner, instala en el circuito registradores precintados de tensión e intensidad y pide al personal que anote cada anomalía.
20 de noviembre de 1967A las 7:30 un tubo fluorescente se sale del casquillo tras un fuerte estallido y se hace añicos. El registrador escribe dos desviaciones a fondo de escala de hasta unos 50 amperios, pero los fusibles del circuito no saltan: el detalle que el informe de revisión del 21 de diciembre califica de inexplicable.
30 de noviembre de 1967Las lámparas empiezan a oscilar con fuerza, encendidas o apagadas, delante de los propios revisores de la compañía. Se comprueban y descartan las vibraciones de los pisos superiores y del tráfico. Un cable directo hasta el centro de transformación ya había descartado la red de suministro.
1 de diciembre de 1967Hans Bender llega del instituto de Friburgo con dos colaboradores, días después de que las dos cadenas de televisión alemanas hayan emitido reportajes sobre el caso. Observa que las desviaciones solo se dan en horario de oficina y se intensifican cuando entran la aprendiza de 19 años Annemarie Schaberl y su compañera de 17.
6-8 de diciembre de 1967Friedbert Karger y Gerhard Zicha, del Instituto Max Planck de Física del Plasma, montan un equipo de cuatro canales en el despacho. El 8 de diciembre, entre las 16:30 y las 17:48, el registrador produce unas quince desviaciones fuertes con ellos al lado y la base de tiempos del osciloscopio no se dispara ni una vez: prueba de que la tensión de red no había subido. Van descartando radiofrecuencia, campos magnéticos, ultrasonidos y manipulación mecánica.
18 de diciembre de 1967Durante un parte telefónico a Friburgo la conexión se corta cuatro veces y el revisor Mayr tiene que rearmar cada vez los cuatro automáticos. El instituto conserva la cinta, en la que el testigo describe además cuadros que giran y se agitan.
5-17 de enero de 1968Formalmente de permiso pero sin dejar de aparecer, Schaberl está presente en el pico del caso: un archivador de unos 175 kilos se separa unos 30 centímetros de la pared delante del profesor de física P. Büchel SJ, se abren cajones solos, y tanto ella como una compañera desarrollan un enrojecimiento del cuello que un médico diagnostica como hiperemia. Un equipo de Friburgo dirigido por un médico se la lleva al instituto a hacerle pruebas psicodiagnósticas.
Enero de 1968Schaberl deja el bufete y los fenómenos cesan. Bender escribe que hubo incidentes breves en su casa y probablemente en un segundo despacho; Hans Joachim Bogen afirma en 1982 que en su nuevo puesto no ocurrió nunca nada. Ella ha negado siempre tener ningún poder.
1969El ilusionista Albin Neumann («Allan»), con Herbert Schiff y Gert Gunther Kramer, publica Falsche Geister – Echte Schwindler: hilos de nailon en una lámpara, un tubo de gas y un plato de pared, y una porra de goma detrás de un armario que reproducía los golpes. Adam responde que la porra era para defenderse.
10 de abril de 1970Die Zeit informa bajo el titular «¿Fantasmas o nailon?» de que se ha denegado la medida cautelar solicitada por Adam contra el libro. El caso vuelve a los tribunales, no al laboratorio.
1986Piet Hein Hoebens sostiene en Science Confronts the Paranormal, de Kendrick Frazier, que nunca se publicó un informe completo de la investigación —Bender lo había anunciado en 1968— y que Bender omitió que un policía sorprendió a Schaberl haciendo trampa. Herbert Schäfer repite el reproche en 1994.
2013Una entrevista televisiva con Schaberl, citada por la sección de historia de Der Spiegel y por la asociación escéptica alemana GWUP, recoge su postura medio siglo después: «Soy una persona completamente normal, con un cerebro normal que piensa con normalidad. No tengo poderes, créanme. Tuvo que ser otra cosa».
¿Hay una explicación racional para Poltergeist de Rosenheim?
El caso se suele resumir con un «los críticos dijeron que la investigación fue chapucera». Eso es justo lo que no conviene hacer aquí, porque los críticos tienen nombre, fecha y número de página.
El primero y más dañino llegó en 1969. El ilusionista vienés Albin Neumann, que actuaba como Allan, recorrió el despacho con Herbert Schiff y Gert Gunther Kramer y publicó el resultado en Falsche Geister – Echte Schwindler. Describieron hilos de nailon atados a una lámpara oscilante, a un tubo de gas y al soporte de alambre de un plato de pared al que se había visto «saltar», y una porra de goma detrás de un armario con la que se reproducían los golpes dando contra la pared: la asistenta lo confirmó, y las sospechosas marcas negras del yeso se reproducían igual. La respuesta de Adam, recogida entonces, fue que guardaba la porra para defenderse. Pidió una medida cautelar para impedir la publicación del libro; el tribunal se la denegó, y Alexander Adrion contó la vista en Die Zeit el 10 de abril de 1970 bajo el título «¿Fantasmas o nailon?».
Hans Joachim Bogen (Magie ohne Illusionen, 1982) añadió los mecanismos prosaicos: un aparato de rayos X en el mismo edificio, o cortocircuitos provocados a propósito, bastarían para los fenómenos eléctricos, y una bombilla caliente rociada con líquido revienta con estruendo. Bogen contradice además a Bender en un dato que pesa más que todos los trucos: Bender escribió que hubo fenómenos breves en casa de la familia de Schaberl y probablemente en el segundo bufete donde quería terminar su aprendizaje; Bogen afirma sin matices que en su nuevo puesto de trabajo no ocurrió nunca nada.
El ataque en lengua inglesa es el capítulo de Piet Hein Hoebens en Science Confronts the Paranormal, de Kendrick Frazier (1986), y hace dos acusaciones. Una es documental: nunca se publicó un informe completo de la investigación, así que nadie puede comprobar cómo se excluyeron las causas naturales. El propio Bender anunció en su artículo de 1968 que el material completo saldría en forma de libro como suplemento de la revista; todo indica que nunca salió. La otra es concreta: que Bender omitió de su relato que un policía sorprendió a Schaberl haciendo trampa. El criminólogo Herbert Schäfer repite el reproche en Poltergeister und Professoren (1994, p. 278), y el físico John Taylor (Science and the Supernatural, 1980) concluyó que las lecturas del registrador eran probablemente fraudulentas y el caso, una mezcla de expectativa, alucinación y engaño. No todos los parapsicólogos lo dan por zanjado: Walter von Lucadou ha sostenido que al menos uno de los hilos de nailon hallados en el despacho pertenecía al montaje de prueba de los propios investigadores.
Y hay un argumento escéptico que sale del propio artículo de Bender, que es precisamente el que nuestra ficha anterior consiguió poner del revés. Nunca fue un caso de manipulación de la línea telefónica: la Fernmeldeamt revisó la línea y los aparatos y concluyó lo contrario, que alguien o algo marcaba desde dentro del despacho. Bender sabía lo que eso implicaba. Estudió con especialistas en telefonía cómo tendría que actuar una fuerza psicocinética para marcar el 0119 sin mover el disco, y escribió que debería presionar determinados muelles en intervalos de milisegundos concretos, guiada por «una inteligencia que dispone de conocimientos técnicos precisos». Leído como física, es una afirmación extraordinaria. Leído como la descripción de lo que una chica de diecinueve años, aburrida e infeliz, con acceso al único teléfono de la sala, puede hacer con un dedo sobre la horquilla, no lo es en absoluto. Nada de lo publicado permite decidir cuál de las dos cosas fue, y contra ella nunca se presentó cargo alguno.
¿Se puede visitar Poltergeist de Rosenheim?
No hay nada que visitar, y decirlo claramente es más útil que disimularlo.
La Königstraße 13 de Rosenheim es un edificio privado del centro, de uso residencial y comercial corriente. El bufete de Sigmund Adam desapareció hace décadas, no hay placa, ni exposición, ni acceso de ningún tipo, y quienes viven y trabajan hoy allí no tienen relación alguna con lo que pasó en 1967. Fotografiar un portal desde la acera es una cosa; llamar al timbre es acoso. Trátese como una dirección por la que se pasa de largo.
Lo que sí se puede consultar es el archivo, y además es gratis. Los dos informes primarios del caso —el relato preliminar de Bender y la investigación física de Karger y Zicha, publicados uno detrás de otro en el volumen 11 de la Zeitschrift für Parapsychologie und Grenzgebiete der Psychologie de 1968— están digitalizados página a página por la biblioteca universitaria de Friburgo y se leen enteros en internet, con texto OCR, sin coste. Casi nada de lo que se ha escrito sobre Rosenheim en inglés se remonta a ellos. El Institut für Grenzgebiete der Psychologie und Psychohygiene, que fundó Bender, sigue funcionando en Friburgo de Brisgovia.
Rosenheim merece el viaje por otros motivos y es fácil de alcanzar: está en la línea principal Múnich-Salzburgo y de la estación al casco antiguo hay unos doce minutos a pie. El Städtisches Museum, instalado en el Mittertor, la puerta medieval de la ciudad en Ludwigsplatz 26, abre de martes a domingo de 12:00 a 17:00 y cuesta 6 €, reducida 4 €, con entrada libre para menores de 22 años; por las características del edificio no es del todo accesible, y el personal pide que se avise con antelación. El Ausstellungszentrum Lokschuppen, en Rathausstraße 24, antiguo taller ferroviario convertido en sala de exposiciones, abre a diario de 10:00 a 17:00, lunes incluidos, y cobra 19,50 € los adultos y 8 € los niños de 5 a 17 años y los estudiantes; su muestra actual, Römer – Gesichter eines Weltreiches, va del 20 de marzo de 2026 al 1 de agosto de 2027. La Königstraße queda a pocos minutos andando de los dos.
Albin Neumann (Allan), Herbert Schiff and Gert Gunther Kramer, «Falsche Geister – Echte Schwindler. Geisterjagd durch drei Jahrhunderte» — Zsolnay, Vienna, 1969
libro
John Taylor, «Science and the Supernatural: An Investigation of Paranormal Phenomena» — Temple Smith, London, pp. 107–108, 1980
libro
Hans Joachim Bogen, «Magie ohne Illusionen» — Aurum Verlag, Freiburg, 1982
libro
Piet Hein Hoebens, «Sense and Nonsense in Parapsychology» — In Kendrick Frazier (ed.), Science Confronts the Paranormal, Prometheus Books, pp. 28–42, 1986
libro
Herbert Schäfer, «Poltergeister und Professoren. Über den Zustand der Parapsychologie» — Schäfer, Bremen, p. 278, 1994
libro
💬 Testimonios de campo (0)
Aún no hay testimonios. Añade el primero.
Añade tu testimonio
🔒 Entra para dejar un testimonio