Nachzehrer es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Norte de Alemania, DE. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Nachzehrer?
Ubicación
Norte de Alemania, DE
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
52.75, 10.87
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Nachzehrer?
El Nachzehrer del folclore del norte de Alemania es un cadáver que consume y que, al consumir, arrastra tras de sí a los vivos. El nombre es nach («después») más zehren («consumirse»), no Nacht, «noche»: la idea es que el muerto sigue comiendo, royendo su propio sudario y su propia carne dentro de la tumba cerrada, mientras sus parientes enferman y mueren uno a uno. La creencia es más antigua que la palabra. En las Tischreden de Lutero, impresas en 1566, un párroco cuenta que una mujer enterrada se come a sí misma en la tumba mientras muere la aldea entera, y Lutero lo llama engaño del diablo. En 1728 el clérigo luterano Michael Ranft reunió los remedios en su libro latino De masticatione mortuorum in tumulis: una piedra y una moneda puestas en la boca para que el cadáver mordiera eso; un cuello de lienzo atado sobre la boca en Dresde; y, durante una peste en Leópolis en 1572, una mujer desenterrada, hallada desnuda y decapitada con una laya de dos dientes. Ranft achacaba el sudario roído a las serpientes y los ratones, y luego admitía que eso no explicaba nada de las muertes. La palabra aparece por primera vez en la Altmark, junto a Salzwedel, en 1843; en 2013 se excavó en Schleswig-Holstein a un niño enterrado antes de 1651 con una piedra encajada entre las mandíbulas.
¿Cuál es la historia de Nachzehrer?
El Nachzehrer no es una criatura de la noche. La palabra se forma con nach («después») y zehren («consumir», «desgastar»), y describe un mecanismo más que un monstruo: el muerto consume dentro de la tumba cerrada y, al consumir, arrastra tras de sí a los vivos. El verbo que usan de verdad las fuentes es nachziehen, «tirar de alguien detrás»; la versión pálida de la misma idea es nachsterben, «morir después». El Deutsches Wörterbuch de los hermanos Grimm no llegó a dedicarle entrada: en el tomo de la N (1889) lematiza una veintena de vecinos alfabéticos, entre ellos rarezas como nachzechlein o nachzemmeln, y ahí no hay Nachzehrer. La palabra vive en las colecciones de folclore, no en el diccionario de referencia.
La creencia es mucho más antigua que la palabra. El testimonio fechado más antiguo es de Martín Lutero. En las Tischreden reunidas por Johannes Aurifaber e impresas en 1566, bajo el epígrafe «Wunderbarliche Historie vom Teufel der die Leut betrug und würgte», un párroco escribe a Georg Rörer, en Wittenberg: una mujer había muerto en su aldea y, ya enterrada, «fresse sie sich selbst im Grabe» —se estaba comiendo a sí misma en la tumba— y casi toda la aldea había muerto. La respuesta de Lutero fue tajante: «das ist des Teufels betriegerey und boßheit; wenn sie es nicht gleubeten, so schadete es jnen nicht» (es engaño y maldad del diablo; si no lo creyeran, no les haría daño). Lo que los seguía matando, dijo, era su superstición.
Antes que el nombre del muerto llegó el nombre del ruido. En 1679 Philipp Rohr defendió en Leipzig una Dissertatio historico-philosophica de masticatione mortuorum, «sobre la masticación de los muertos». En 1725 un joven sajón, Michael Ranft, tomó el mismo asunto para su propia disertación de Leipzig, defendida el 27 de septiembre con Christian Gottfried Cleemann como respondiente; en 1728 la amplió hasta convertirla en libro, De masticatione mortuorum in tumulis, liber singularis (Leipzig, Augustus Martinus). Su portada lleva un subtítulo alemán, «oder von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern», y por eso se la confunde a menudo con una edición alemana; el texto está entero en latín. La versión alemana de verdad, el Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern, salió en Leipzig en 1734, cuando Ranft ya firmaba como diácono de Nebra.
En el libro de 1728 están reunidos los remedios. En el § LIX Ranft cita a Christian Friedrich Garmann: antes de cerrar la boca del cadáver, «lapidem et nummum ponunt in ore, ut si in sepulchro mordere incipiat, lapidem et nummum inveniat et morsis satietur» (le ponen en la boca una piedra y una moneda, para que, si empieza a morder en el sepulcro, encuentre la piedra y la moneda y se sacie mordiéndolas). Añade a Georg Rollenhagen como segundo testigo de que en su tiempo, en muchos lugares de Sajonia, se metía a los difuntos una moneda y un guijarro en la boca. En el § LVII recoge otro apaño distinto: «Dresdae linteum seu collare solent firmiter affigere mortuis», en Dresde suelen sujetar firmemente a los muertos un lienzo o un cuello de tela, y por ninguna otra razón que cerrarles la ocasión de masticar.
Cuando la prevención fallaba, se abría la tumba. En el § LVI Ranft transmite, tomándolo del capítulo sobre la plica polonica del médico paduano Ercole Sassonia, un caso de 1572: la peste asolaba toda Polonia; el cuerpo de una mujer de la aldea de Rzeszów fue enterrado en el arrabal de Leópolis, junto a la iglesia de la Exaltación de la Cruz; la peste empezó entonces a cebarse en las casas vecinas; los encargados del funeral sospecharon que la mujer había sido bruja; desenterraron el cadáver y lo hallaron desnudo, de lo que todos dedujeron que se había devorado la ropa; le cortaron la cabeza con un bipalium, una laya de dos dientes, volvieron a enterrarla y la peste cesó. Ranft está informando de segunda mano, 156 años después, de algo que no vio.
La geografía que suele acompañar a la palabra es el corredor de la Baja Sajonia oriental. Adalbert Kuhn imprimió el uso más antiguo que he podido fechar: el relato 30 de sus Märkische Sagen und Märchen (1843), recogido de viva voz en los alrededores de Diesdorf, en la Altmark, cerca de Salzwedel. Sus informantes atribuían una racha de muertes en una familia a que al primer difunto no se le había puesto el Zehrpfennig en la boca, o a que no se le había quitado el nombre de la camisa; lo desenterraron, vieron que ya se había comido la ropa y, «porque no hay contra el nachzehren otro remedio que cortarle el pescuezo al muerto», el más valiente cogió una laya y lo hizo: y oyeron con claridad al Nachzehrer chillar como un lechón. Georg Schambach y Wilhelm Müller registraron en 1855 la versión hannoveriana, más desdibujada, del anbraweln; el artículo de Paul Geiger en el Handwörterbuch des deutschen Aberglaubens (1934/35) apoya en la Braunschweiger Volkskunde de Richard Andree su material de Brunswick, y en colecciones de Prusia Occidental y de los casubios de la bahía de Gdansk su material más denso: muertos que se comen el sudario, luego su propia carne, y que salen después a desangrar a sus parientes. Pero la creencia no se limita a ese corredor: Nachzehrerglauben in Mitteleuropa, de Thomas Schürmann (1990), cartografía menciones escritas por toda Europa central, más espesas en las décadas en torno a 1600 y sobre todo en territorios protestantes, y hay estudios propios de ella en el Eifel y en la comarca de Tréveris.
Cronología: los hechos documentados de Nachzehrer
1566Johannes Aurifaber imprime las Tischreden de Lutero. Bajo el epígrafe «Wunderbarliche Historie vom Teufel der die Leut betrug und würgte», un párroco comunica a Georg Rörer que una mujer enterrada se come a sí misma en la tumba y que ha muerto casi toda la aldea. Lutero responde que es engaño del diablo y que, si no lo creyeran, no les haría daño. Es la mención fechada más antigua de la creencia que he podido anclar a un texto.
1572 (según se relata)El episodio que Ranft transmitiría después tomándolo de Ercole Sassonia: durante una peste en toda Polonia, una mujer de Rzeszów enterrada en el arrabal de Leópolis es desenterrada, hallada desnuda, se supone que se ha devorado la ropa y la decapitan con una laya de dos dientes. El relato llega a la imprenta a través del capítulo de un médico sobre la plica polonica y es de segunda mano.
1679Philipp Rohr defiende en Leipzig la Dissertatio historico-philosophica de masticatione mortuorum, el primer tratamiento académico de los muertos masticadores y la obra que más se confunde con la de Ranft.
27 de septiembre de 1725Michael Ranft preside en Leipzig su propia disertación sobre el asunto, con Christian Gottfried Cleemann, de Chemnitz, como respondiente, impresa por Breitkopf.
1728Ranft amplía la disertación hasta convertirla en De masticatione mortuorum in tumulis, liber singularis (Leipzig, Augustus Martinus), en latín pese a su portada bilingüe. Ahí reúne los remedios: la piedra y la moneda en la boca, citadas de Garmann y confirmadas para Sajonia por Rollenhagen; el cuello de lienzo atado al muerto en Dresde; y la decapitación del cadáver sospechoso.
1734Ranft, ya diácono de Nebra, publica la versión alemana, Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern (Leipzig, Teubner). Es un libro distinto de las ediciones latinas de 1725 y 1728.
1843Adalbert Kuhn imprime el relato 30, «Die Nachzehrer», en sus Märkische Sagen und Märchen, recogido de viva voz cerca de Diesdorf, en la Altmark, junto a Salzwedel: el Zehrpfennig que faltaba, el nombre dejado en la camisa, el cadáver exhumado que se había comido la ropa, el pescuezo cortado con una laya, el chillido de lechón. Es el uso impreso más antiguo de la palabra que he podido fechar.
1934/35El artículo «Nachzehrer», de Paul Geiger, aparece en el tomo 6 del Handwörterbuch des deutschen Aberglaubens, columnas 812 a 823; sigue siendo el repaso más completo de los indicios, las causas y los remedios, y el lugar donde se reúnen los materiales de Brunswick y de Prusia Occidental.
2010Nuzzolese y Borrini publican en el Journal of Forensic Sciences el estudio forense de una mujer excavada en los terrenos de apestados del Lazzaretto Nuovo, en Venecia, con un ladrillo encajado en la boca abierta, y argumentan por tafonomía que la colocación fue deliberada.
2014Dos publicaciones coinciden el mismo año: Wehner y Grüneberg-Wehner dan a conocer al niño de Jellenbek, enterrado antes de 1651 con una cuña de piedra de campo encajada entre las mandíbulas y excavado por Kiel en 2013; y Gregoricka y su equipo demuestran en PLOS ONE que los seis enterramientos apotropaicos de Drawsko, en Polonia, de unos 285, eran de gente local y no de forasteros.
¿Hay una explicación racional para Nachzehrer?
Los hechos físicos que hay detrás de la creencia se conocen bien, y en parte ya se conocían entonces. Un cuerpo en una fosa poco profunda se hincha con los gases de la descomposición; los labios y las encías se retraen, de modo que los dientes parecen haber crecido; y la presión expulsa por la boca y la nariz un líquido oscuro de purga que mancha y pudre el lienzo que cubre la cara. Se abre la tumba y aparece un cadáver hinchado, con los labios enrojecidos, la boca ensangrentada y el sudario roído justo donde lo roería una boca. Berg, Rolle y Seemann, en Der Archäologe und der Tod (1981), atribuyen a esos mismos gases el famoso chasquido: en las fosas poco profundas de la época podía oírse desde la superficie. Primero llegó el ruido; el muerto que lo hacía se dedujo después.
Ranft es un escéptico más complicado de lo que suele contarse, y aquí importa el tercer peldaño de la comprobación. Desmonta el prodigio, sí: en las tumbas viven serpientes que comen carroña (§ XXXVIII, con el Eclesiástico y Wolfgang Franzius); los ratones roen sudarios, y cita dos casos concretos, el de una mujer de una villa de Bohemia en 1345, que según el Theatrum tragicum de Harsdörffer se había tragado medio sudario, y el de un cadáver exhumado cerca de Leipzig en 1672 de cuya boca el verdugo sacó una cinta larga (§ XLII). También rechaza la idea recibida —que Rohr había aceptado— de que solo mastican los cadáveres de mujer, y rechaza la explicación demonológica que se daba de ella: «Nos non videmus, cur Diabolus inprimis mulieres diffamet» (§ XLV). Y sobre la peste es genuinamente moderno (§ XLVI): la causa no hay que buscarla en la peste misma, escribe, la peste solo dio la ocasión, porque los cuerpos se quedan sin exequias en regla y los sepultureros trabajan día y noche en los cementerios y viven entre los muertos. Pero luego dice algo que casi siempre se omite al resumirlo: en el § XLIII admite que ninguna de sus explicaciones animales toca el fenómeno que de verdad importa, «nil enim causae hic se sistit, quod viventibus mortem contrahat» (aquí no se presenta causa alguna que traiga la muerte a los vivos). Y su respuesta a eso (§ LV) no es natural en absoluto: la achaca a una magica quaedam imaginationis operatio, una operación mágica de la imaginación del moribundo sobre los supervivientes, y su receta (§ LX) es una reconciliación sincera con quien se está muriendo, para que se duerma con el corazón apaciguado. Ranft derribó al cadáver masticador y puso en su lugar una teoría oculta de la imaginación.
La arqueología es hoy el terreno más firme, y es también donde toca la cautela. En 2013 el Instituto de Prehistoria de Kiel excavó el interior de la iglesia de Santa Catalina de la parroquia de Jellenbek (Schwedeneck, distrito de Rendsburg-Eckernförde) y halló, junto al arco del coro, la tumba de un niño de en torno a un año, fechada antes de 1651 por una losa con inscripción que la cortaba, con un canto rodado de campo en forma de cuña, de unos 12 por 5 por 8 cm, encajado de punta entre el maxilar y la mandíbula. La paleopatología mostró meningitis, un hematoma epidural, escorbuto infantil y tuberculosis. Donat Wehner y Katja Grüneberg-Wehner lo publicaron en 2014 como probable caso de Nachzehrerabwehr y argumentaron contra el accidente: la piedra no habría alcanzado esa posición al desprenderse sola, y no había ningún otro canto en el relleno de la fosa. Recogen además la objeción de Sebastian Brather de que no toda piedra en una tumba es intencionada, y citan un caso en St. Lamberti de Luneburgo donde la posición de los huesos demuestra que la piedra se colocó sobre un cuerpo ya esqueletizado. Se conocen enterramientos comparables, con piedra o ladrillo entre las mandíbulas, en Plovdiv (Bulgaria) y Kamień Pomorski (Polonia), y en los terrenos de apestados del Lazzaretto Nuovo de Venecia se excavó a una mujer con un ladrillo encajado en la boca, publicada por Nuzzolese y Borrini en 2010. El vínculo con las epidemias se ha puesto a prueba en vez de darse por supuesto: en Drawsko, en el noroeste de Polonia, seis de unos 285 enterramientos de los siglos XVII y XVIII llevaban una hoz sobre la garganta o el abdomen, o una piedra bajo la barbilla, y los isótopos de estroncio publicados por Gregoricka y su equipo en 2014 mostraron que los sospechosos eran gente local, no forasteros: eso apunta menos a la xenofobia que a quien moría primero en un brote.
¿Se puede visitar Nachzehrer?
No hay ningún lugar del Nachzehrer que visitar. Esto es una creencia, y lo que de verdad se puede examinar son documentos y tumbas excavadas, casi todos en línea y gratis.
El libro latino de Ranft de 1728, De masticatione mortuorum in tumulis, liber singularis, está digitalizado íntegro en archive.org (identificador bub_gb_Y5U5AAAAcAAJ), igual que su disertación de Leipzig de 1725 (bub_gb_TelaAAAAcAAJ). Los remedios están en el último cuarto del volumen de 1728, §§ LVI a LIX, hacia las páginas 97 a 101; las serpientes y los ratones, en los §§ XXXVIII a XLIII, páginas 40 a 44. Conviene no confundir tres obras distintas: la Dissertatio historico-philosophica de masticatione mortuorum de Philipp Rohr (Leipzig, 1679), la disertación y el libro latinos de Ranft (1725 y 1728) y el Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern, en alemán, de Ranft (Leipzig, Teubner, 1734). Los Märkische Sagen und Märchen de Adalbert Kuhn (1843), relato 30, también están en archive.org, y el artículo de Paul Geiger en el Handwörterbuch ocupa las columnas 812 a 823 del tomo 6 del juego escaneado.
La tumba de Jellenbek no se puede visitar: la iglesia medieval de Santa Catalina, en Schwedeneck, se derribó hacia 1737 por ruina, y el solar lo excavó la Universidad de Kiel en 2013. El informe de excavación, con fotografías de la piedra en la boca del niño, es un PDF gratuito: el número 15 (2014) completo de Arkæologi i Slesvig / Archäologie in Schleswig se descarga desde la web del Institut für Ur- und Frühgeschichte de Kiel, y el artículo va de la página 55 a la 68.
De los sitios comparables, el único realmente abierto al público es el Lazzaretto Nuovo, en la laguna de Venecia, donde se excavó a la mujer del ladrillo en la boca; la isla la gestiona una asociación que ofrece visitas guiadas en días señalados, y se llega en vaporetto desde Fondamente Nove. Conviene confirmar horarios antes de ir, porque son estacionales y no diarios. Drawsko, en Polonia, y Kamień Pomorski son yacimientos, no atracciones turísticas. La iglesia de la Exaltación de la Cruz de Leópolis que aparece en el relato de 1572 que transmite Ranft es una noticia de segunda mano del siglo XVI, no una tumba localizada, y allí no hay nada señalizado.
Si lo que se busca es la cultura material y no el papel, los objetos que hay que localizar en las vitrinas de museos del norte de Alemania y de Polonia son los que describen las fuentes: la moneda en la boca o Totenobolus, el guijarro, la banda de lienzo bajo la barbilla y la hoz atravesada sobre la garganta. Son objetos corrientes, y por eso mismo se usaron.
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