Baba Yagá y Vasilisa la Hermosa es una leyenda de RU —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.
¿De dónde viene la leyenda de Baba Yagá y Vasilisa la Hermosa?
Ubicación
RU
Tipo de leyenda
Cuento popular
Coordenadas
56.0, 38.0
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Cuál es la leyenda de Baba Yagá y Vasilisa la Hermosa?
Afanásiev imprimió «Vasilisa la Hermosa» en el cuarto cuaderno de sus Cuentos populares rusos en 1858, como cuento n.º 44 —el 104 en las ediciones modernas—. La mujer de un mercader muere cuando su hija tiene ocho años y le deja una muñeca «junto con la bendición materna»: dale de comer y pídele consejo. La madrastra apaga el fuego de la casa y manda a Vasilisa al bosque a pedirle lumbre a Baba Yagá. Tres jinetes la adelantan —blanco, rojo y negro: el día claro, el sol rojo y la noche oscura de la bruja—. En el texto de Afanásiev la isba no se sostiene sobre nada llamativo; lo monstruoso es el portón, con piernas humanas por postes, manos por cerrojos y una boca dentada por cerradura, bajo una cerca de huesos coronada de calaveras. Es la muñeca, y no Vasilisa, quien hace el trabajo imposible de separar el trigo de la neguilla y la amapola de la tierra. Cuando le preguntan cómo lo consigue, Vasilisa responde «me ayuda la bendición de mi madre», y eso es justo lo que la expulsa: con una calavera ardiendo clavada en un palo, que deja hechas carbón a la madrastra y a las hermanastras. El cuento no acaba ahí: el último tercio la lleva a la ciudad, a un telar y al zar.
Vasilisa lleva a casa la calavera encendida a través del bosque. Lámina de Iván Bilibin, dibujada entre 1899 y 1900 para la edición de San Petersburgo de 1900. Este ejemplar procede de los Russian Wonder Tales de Post Wheeler (1912), la misma traducción que puso por primera vez las patas de gallina a la isba de Baba Yagá, que el texto de Afanásiev de este cuento no tiene.
Imagen:
Ivan Bilibin · Public domain
¿Cuál es la historia de Baba Yagá y Vasilisa la Hermosa?
Afanásiev imprimió «Vasilisa la Hermosa» en el cuarto cuaderno de sus Narodnye russkie skazki (Cuentos populares rusos), como cuento n.º 44 —así lo citó W. R. S. Ralston en 1873, y ése era su número antes de que las ediciones académicas modernas lo renumeraran como 104—. Los ocho cuadernos los publicó en Moscú el editor Kozmá Soldatiónkov entre 1855 y 1863; el cuarto está fechado en 1858, con una segunda tirada en 1860. Afanásiev era archivero más que recolector de campo: la mayor parte de su corpus le llegó ya puesta por escrito, desde los fondos manuscritos de la Sociedad Geográfica Rusa y desde los papeles del lexicógrafo Vladímir Dal.
El texto ruso ronda las 2.500 palabras y conviene leerlo en vez de recordarlo, porque la versión que circula no es exactamente ésa. Un mercader, doce años casado, tiene una sola hija. Cuando la madre muere, Vasilisa tiene ocho años, y la moribunda saca de debajo de la ropa de cama una muñeca: «junto con la bendición materna te dejo esta muñeca; llévala siempre contigo y no se la enseñes a nadie, y cuando te sobrevenga alguna desgracia, dale de comer y pídele consejo». El padre se vuelve a casar, la madrastra traslada la casa al borde de un bosque espeso, una noche de otoño apagan las velas y a Vasilisa la empujan por la puerta a pedirle fuego a Baba Yagá.
Tres jinetes la adelantan en el camino: uno blanco sobre caballo blanco, y empieza a clarear; uno rojo sobre caballo rojo, y sale el sol; uno negro sobre caballo negro que llega al portón y desaparece, y cae la noche. Lo que encuentra en el claro es el pasaje que nuestra propia ficha había perdido. «Una cerca alrededor de la isba hecha de huesos humanos; en la cerca sobresalen calaveras humanas, con ojos; en lugar de postes del portón, piernas humanas; en lugar de cerrojos, manos; en lugar de cerradura, una boca con dientes afilados.» La isba, en cambio, es sencillamente una isba puesta en un claro. En este cuento no se sostiene sobre patas de gallina ni gira.
Baba Yagá sale del bosque montada en un mortero, arreando con la mano del mortero y borrando su rastro con una escoba. Impone dos tareas: limpiar un cuarto de trigo de su chernushka —la neguilla, una semilla negra que la nota de Wikisource glosa como planta herbácea— y después limpiar una medida de amapola de la tierra que alguien le ha mezclado, grano a grano. Vasilisa no hace ninguna de las dos. Le da de comer a la muñeca, la muñeca dice «la mañana es más sabia que la tarde», y por la mañana el trabajo está hecho y la muñeca está sacando los últimos granos negros del trigo, dejándole a ella sólo cocinar. Cuando Baba Yagá lo revisa, llama a «mis fieles servidores, amigos de mi corazón» y aparecen tres pares de manos que agarran el trigo y se lo llevan a moler; la noche siguiente vuelven a prensar el aceite de la amapola.
Entonces las dos se interrogan, y ahí está el gozne del cuento. Vasilisa pregunta por los tres jinetes y le responden: «Ése es mi día claro», «ése es mi sol rojo», «ésa es mi noche oscura: todos son mis siervos fieles». Se acuerda de los tres pares de manos y se calla, y Baba Yagá lo aprueba: «Está bien que preguntes sólo por lo que viste fuera del patio y no dentro. No me gusta sacar la basura de mi isba, y a los demasiado curiosos me los como.» Después le toca preguntar a ella. ¿Cómo consigue hacer el trabajo? «Me ayuda la bendición de mi madre», contesta Vasilisa —y esa respuesta es lo que la expulsa—: «¡Ah, conque es eso! Lárgate de aquí, hija bendita. No me hacen falta los benditos.» La saca a rastras de la habitación y la empuja fuera del portón, y Baba Yagá descuelga de la cerca una calavera con los ojos ardiendo, la clava en un palo y se la entrega: «aquí tienes fuego para las hijas de tu madrastra; para eso te mandaron.»
Los ojos de la calavera queman a la madrastra y a las dos hermanastras hasta dejarlas carbón al llegar la mañana, y a Vasilisa no la tocan. El cuento no termina ahí, y aproximadamente el último tercio del texto ruso es lo que viene después: entierra la calavera, cierra la casa con llave, se va a la ciudad y se hospeda en casa de una anciana sin familia; pide lino, hila un hilo fino como un cabello, manda hacer un telar, teje una tela tan fina que pasa por el ojo de una aguja; la anciana se la lleva al zar de regalo, no aparece costurera capaz de cortarla, Vasilisa cose una docena de camisas, el zar manda llamar a quien las hizo, la ve y se casa con ella. Su padre vuelve y se queda a vivir con ella, ella acoge a la anciana en su casa, y la muñeca la llevó en el bolsillo hasta el fin de sus días.
Cronología: los hechos documentados de Baba Yagá y Vasilisa la Hermosa
1858Sale en Moscú el cuarto cuaderno de los Narodnye russkie skazki de Afanásiev, publicado por Kozmá Soldatiónkov, con «Vasilisa la Hermosa» como cuento n.º 44; una segunda tirada de ese cuaderno sigue en 1860. Ralston lo cita por ese número en 1873. Las ediciones académicas modernas lo renumeran como 104.
1873W. R. S. Ralston publica «Vasilissa the Fair» en Russian Folk-Tales, citando «Afanasief, iv. No. 44». Traduce fielmente el portón de piernas, brazos y dientes humanos y no le pone patas de gallina a la isba —mientras usa «fowl's legs» cuatro veces en ese mismo libro para otros cuentos—. Después corta en el incendio de la madrastra e imprime el resto como resumen entre corchetes, explicando en nota que lo que sigue «es inferior en interés dramático».
1900 (dibujos de 1899-1900)La Expedición para la Confección de Papeles del Estado, en San Petersburgo, publica la Vasilisa Prekrásnaya ilustrada por Iván Bilibin; en 1902 sale una tirada en cromolitografía de 32,5 por 25,5 cm. La lámina más conocida del ciclo es la de esta página: Vasilisa en el bosque nocturno con la calavera clavada en un palo.
1912Post Wheeler, entonces secretario de la embajada estadounidense en San Petersburgo, publica Russian Wonder Tales con doce láminas de Bilibin usadas «con permiso especial». Su «Wassilissa the Beautiful» es la primera versión inglesa que dice que la cabaña «se alzaba sobre sus patas de gallina», tres veces, y suprime los brazos que hacían de cerrojos. Ésa es la redacción que llegó a los resúmenes posteriores, y la lámina enfrentada a su página 50 es la imagen que lleva esta ficha.
16 de agosto de 2026Esta ficha se rehace contra el texto ruso y las dos traducciones inglesas. Buscar en el cuento n.º 104 la fórmula de las patas de gallina devuelve cero, frente a otros catorce cuentos de Afanásiev que la llevan en el mismo índice y la misma pasada. Se retira la afirmación, se restituyen las piernas, los brazos y la boca dentada del portón, se le devuelven las tareas a la muñeca que de verdad las hace y se recupera el último tercio del cuento: la tela, el zar y la boda.
¿Hay una explicación racional para Baba Yagá y Vasilisa la Hermosa?
Aquí no hay nada sobrenatural que dirimir: esto es un cuento maravilloso, y lo dice en sus cuatro primeras palabras. Lo que sí se puede comprobar es el texto, y las comprobaciones son baratas y le salieron mal a la versión que esta página traía antes.
La isba sobre patas de gallina no está en este cuento. Buscar en el texto ruso del n.º 104 las raíces kúrih / kurínyh nózhkah devuelve cero. Ese cero está controlado: el mismo índice de búsqueda, pasado sobre la misma colección en la misma tanda, devuelve otros catorce cuentos de Afanásiev que sí contienen la fórmula —doce con kúrih nózhkah, entre ellos «Gusi-lébedi», «Teréshechka», «La plumita de Finist» y el cuento titulado precisamente «Baba Yagá», y dos más con kurínyh nózhkah—. O sea que Afanásiev tiene la isba con patas de gallina a espuertas; sencillamente no la pone en esta historia, donde las piernas del portón de Baba Yagá son humanas.
De las dos versiones inglesas sale el mismo resultado, y además fecha el error. Ralston tradujo el cuento de cerca en 1873 y conservó la cerca entera —«en lugar de postes del portón había piernas de hombre; en lugar de cerrojos, brazos»— mientras empleaba la expresión «fowl's legs» cuatro veces en ese mismo volumen para otros cuentos de Baba Yagá: la distinción era deliberada. La traducción de Post Wheeler de 1912 es donde entran las patas de gallina: «la mísera cabaña se alzaba sobre sus patas de gallina», tres veces. Wheeler además pierde sin decirlo los brazos que hacían de cerrojos, rebaja las piernas humanas a «huesos de pies humanos» usados como bisagras y convierte la boca dentada en «huesos de mandíbula». Nuestro texto heredó las patas de gallina de Wheeler y luego añadió algo que no está en ninguno de los dos traductores: que la isba gira.
El final que falta también tiene autor, y se explicó por escrito. Ralston detuvo su traducción justo en el momento en que arden la madrastra y las hermanastras, y puso el resto entre corchetes y en cuerpo menor con esta nota: «Interrumpo aquí la narración, porque lo que sigue es inferior en interés dramático y temo rebajar la admiración del lector por uno de los mejores cuentos populares que conozco.» Es una decisión firmada y fechada en 1873 de amputar el último tercio del cuento, y desde entonces los resúmenes en inglés terminan en las cenizas. El nuestro también.
Una corrección más, y va en sentido contrario. Que la muñeca represente la bendición materna no es una glosa que hayan añadido narradores posteriores: la bendición está enunciada dos veces dentro del texto de Afanásiev, una por la madre moribunda que lega la muñeca «junto con la bendición materna» y otra por la propia Vasilisa, cuya respuesta «me ayuda la bendición de mi madre» es justo la frase que la echa de la casa. Atribuirlo en vago a «los narradores de toda Rusia» convertía un punto de la trama en sabiduría popular y le quitaba al lector el único sitio donde podía ir a comprobarlo. La muñeca ya había dado que hablar en 1873, cuando Ralston le dedicó varias páginas señalando que en el original se llama kukla y comparándola con una variante pequeñorrusa en la que la madre muerta sale de su tumba para aconsejar a su hija.
¿Se puede visitar Baba Yagá y Vasilisa la Hermosa?
No hay nada que visitar, y eso no es una limitación de esta ficha sino algo que declara la propia fuente. El texto de Afanásiev empieza «v nékotorom tsárstve» —«en cierto reino»—, la fórmula de apertura habitual de la skazka rusa, cuya función entera es negarse a decir dónde. En las 2.500 palabras no se nombra ninguna provincia, ningún río, ninguna ciudad ni ningún bosque. Cualquier punto de un mapa asociado a este cuento es una conjetura editorial, incluido el que esta página ha venido arrastrando.
Lo que sí se puede visitar es el texto, y está entero y gratis. El original ruso del n.º 104 está transcrito íntegro en Wikisource en ruso a partir de la edición académica moderna, con la nota que identifica la chernushka. La traducción de Ralston de 1873, «Vasilissa the Fair», está en Russian Folk-Tales, páginas 150 a 158, escaneada en el Internet Archive; conviene leerla con el resumen entre corchetes del final, que es adonde fue a parar la segunda mitad del cuento. La traducción de Post Wheeler de 1912, «Wassilissa the Beautiful», está en las páginas 27 a 54 de Russian Wonder Tales, también en el Internet Archive, y es el libro del que procede la ilustración de esta página.
Esa ilustración es de Iván Bilibin, del ciclo que dibujó para Vasilisa Prekrásnaya en 1899-1900 y que la Expedición para la Confección de Papeles del Estado, en San Petersburgo, publicó como cuaderno ilustrado, primero en 1900 y de nuevo en 1902, en cromolitografía y a 32,5 por 25,5 cm. Muestra a Vasilisa en el bosque nocturno sosteniendo la calavera clavada en el palo, con los ojos lanzando haces de luz, las estacas coronadas de calaveras alrededor y, al fondo, la ventana iluminada de la isba. El volumen de Wheeler de 1912 reproduce doce de esas láminas y declara en su índice de ilustraciones que proceden de la serie de la Expedición y que se usan «con permiso especial»; ésta va enfrentada a su página 50. Los originales se conservan en colecciones públicas rusas y las láminas hace mucho que están en dominio público.
💬 Testimonios de campo (0)
Aún no hay testimonios. Añade el primero.
Añade tu testimonio
🔒 Entra para dejar un testimonio