📜 LEYENDA · EXP. Nº0270 ACTIVO

La Espada en la Piedra

La Espada en la Piedra es una leyenda de Glastonbury, Somerset, GB —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.

¿De dónde viene la leyenda de La Espada en la Piedra?

Ubicación
Glastonbury, Somerset, GB
Tipo de leyenda
Cuento popular
Coordenadas
51.144, -2.714
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de La Espada en la Piedra?

A dos autores se les suele atribuir la fijación de esta historia: Godofredo de Monmouth y Thomas Malory. Solo uno de los dos la escribió. La Historia Regum Britanniae de Godofredo, terminada hacia 1136, no tiene espada, ni piedra, ni prueba alguna: los nobles se reúnen en Silchester y piden sin más al arzobispo que consagre al hijo de Uther, cuyo derecho a la corona nadie discute. El relato conservado más antiguo del episodio es el Merlín en prosa atribuido a Robert de Boron, escrito hacia 1200: allí aparece al amanecer un bloque de piedra ante un templo sin nombre, con un yunque de hierro de medio pie encima y unas letras de oro que prometen el reino por elección de Jesucristo. Quien necesita una espada ese día es Kay, no Arturo, y Kay miente sobre cómo la consiguió. Malory, dos siglos y medio después, hizo el yunque de acero, pasó las letras a la hoja y convirtió una elección divina en un derecho de cuna sobre Inglaterra. Nunca se perdió piedra alguna: en la versión más antigua desaparece al final, a propósito. Y la expresión que titula esta ficha no es medieval, es el título de una novela publicada en 1938.

¿Cuál es la historia de La Espada en la Piedra?

Nuestra propia ficha atribuía la fijación de esta leyenda a dos autores: Godofredo de Monmouth y Thomas Malory. Solo uno de los dos la escribió alguna vez. La Historia Regum Britanniae de Godofredo de Monmouth, terminada hacia 1136, es el libro que convirtió a Arturo en una figura de la literatura europea, y en él no hay espada, ni piedra, ni prueba alguna. Su libro noveno abre con la muerte de Uther Pendragón: «la nobleza de varias provincias se reunió en Silchester y propuso a Dubricio, arzobispo de la Ciudad de las Legiones, que consagrase rey a Arturo, hijo de Uther». Arturo tiene quince años. Su paternidad es de dominio público, nadie la discute, y la corona le pertenece, en palabras del propio Godofredo, «por derecho hereditario». Su espada aparece tres capítulos más adelante y viene de otro sitio por completo: Caliburn, «excelente espada hecha en la isla de Avalón». Rastreé la traducción íntegra de J. A. Giles (1848) buscando la escena que describía nuestra ficha. Contiene 134 veces «Arthur», 72 «Uther», 8 «Dubricius» y 73 veces la palabra stone. Anvil (yunque) sale dos veces, y las dos dentro del apellido «d'Anville», en una nota de un editor victoriano sobre los miliarios romanos. En el texto de Godofredo no hay nada. El Roman de Brut de Wace (terminado en 1155) y el Brut inglés de Layamon, una generación posterior, tampoco lo traen: en la traducción de Eugene Mason de ambos, anvil aparece dos veces, y las dos como símil del ruido de los golpes sobre un escudo. El texto más antiguo que he podido leer con el episodio dentro es el Merlín en prosa atribuido a Robert de Boron, escrito hacia el cambio del siglo XII al XIII y conservado dentro de la Estoire de Merlin del ciclo de la Vulgata. H. Oskar Sommer lo editó en 1908 a partir de manuscritos del Museo Británico, y en su francés dice esto. El arzobispo manda a los barones reunidos por Navidad que recen pidiendo una señal. Durante la misa algunos salen del templo, a un descampado, y al romper el día ven «j. perron deuant le monstier si ne porent onques sauoir de quel piere cestoit»: un bloque de piedra delante de la iglesia, y nadie supo nunca de qué piedra era. En su centro hay un yunque de hierro de medio pie de alto, y atravesándolo, una espada hincada hasta la piedra. El arzobispo le echa agua bendita, se agacha y lee unas letras de oro en la piedra: quien saque esta espada «seroit rois de la terre par lelection ihesu crist», será rey de la tierra por elección de Jesucristo. Se pone a diez hombres de bien a custodiarla. Todo lo que nuestra ficha contaba como historia está en ese texto francés, y también todo lo que se le había caído. Kay, hijo de Antor, ha sido armado caballero el día de Todos los Santos anterior. En el barullo del torneo manda a su hermano de crianza a un recado: «ua me querre mespee a lostel», ve a buscarme mi espada a la posada. Arturo no la encuentra, porque la señora de la casa ha guardado bajo llave todas las espadas en su cámara y se ha ido a mirar la pelea. Al volver, pasando por delante del templo, coge la espada del bloque, porque los diez guardianes han corrido a la reyerta. Y entonces Kay miente: se la lleva a Antor y le dice «sire iou serai rois vees ci lespee del peron», señor, yo seré rey, aquí está la espada de la piedra. Antor no le cree y le amenaza con no quererle nunca más si le miente; Kay confiesa «comme cil qui ot grant honte», como quien siente una gran vergüenza. El texto francés también se deshace del objeto que nuestra ficha decía que no se conserva. Tras la coronación en Pentecostés, Arturo levanta la espada del yunque «ausi legierement comme sele ne tenist a nule chose», tan fácilmente como si nada la sujetara, y la deposita en el altar; y cuando se canta la misa y los fieles salen del templo, «si ne virent point le perron, ne ne sorent quil fu deuenus»: no vieron la piedra, y jamás supieron qué había sido de ella. Siete líneas después el autor firma en primera persona. Dos manuscritos —el fr. 747 de la Biblioteca Nacional de Francia y el Additional 32.125 del Museo Británico— cierran la secuencia con «Et ie Robers de Boron qui cest liure retrai»: y yo, Robert de Boron, que cuento este libro. La propia nota de Sommer marca ahí el final de «la parte del Merlín que suele describirse como versión en prosa del poema de Robert de Boron, del que solo se conocen 504 versos». Malory llega dos siglos y medio más tarde. Su colofón fecha el libro en «el noveno año del reinado del rey Eduardo IV» —entre marzo de 1469 y marzo de 1470— y Caxton lo imprimió «en la abadía de Westminster, el último día de julio del año de Nuestro Señor MCCCCLXXXV», el 31 de julio de 1485. Puestos los dos textos en paralelo, los cambios son pocos, deliberados y de consecuencias largas. El yunque francés es de hierro y mide medio pie; el de Malory es «un yunque de acero de un pie de alto». Las letras de oro francesas están en la piedra; Malory las traslada a la espada. Y donde el francés promete al que la saque el reino «por elección de Jesucristo», Malory escribe: «Quien saque esta espada de esta piedra y este yunque es rey por derecho de nacimiento de toda Inglaterra». Una elección divina se convierte en un derecho de cuna, y una tierra sin nombre se convierte en Inglaterra. Malory tampoco le pone lugar al relato. Su piedra está «en la mayor iglesia de Londres, y si era la de San Pablo o no, el libro francés no lo dice». Y su Arturo no la saca una vez. La saca en Año Nuevo, otra vez ante Ector y Kay, otra el día de Reyes, otra por la Candelaria, otra por Pascua y por fin en Pentecostés, porque los barones fueron aplazando el desenlace, y no de asombro: era «gran vergüenza para todos ellos y para el reino verse gobernados por un muchacho de sangre baja». Lo que rompe el bloqueo no es un milagro, es una multitud: en Pentecostés «clamaron a la vez todos los comunes: queremos a Arturo por rey [...] y a quien se oponga, lo mataremos». Hay una cosa más en Malory, y de ella nace una confusión que le ha sobrevivido. En el libro I, capítulo IX —dieciséis capítulos antes de que aparezca la Dama del Lago—, Arturo, en Carlion, «desenvainó su espada Excalibur, y era tan brillante a los ojos de sus enemigos que daba luz como treinta antorchas». Solo en el capítulo XXV, después de que Pellinore le parta la hoja en dos, le lleva Merlín al lago y al brazo vestido de blanca seda. El propio texto de Malory llama Excalibur a la espada de la piedra antes de que Excalibur exista, y desde entonces las dos espadas no han dejado de fundirse en una. Después de Malory el episodio casi desaparece. Tennyson, que hizo más que nadie por convertir a Arturo en historia de sobremesa en la Inglaterra victoriana, lo dejó fuera: sus Idylls of the King nombran a Arturo 255 veces, a Merlín 58 y a Excalibur 14, y no contienen la palabra anvil ni una sola vez. La expresión que da título a nuestra propia ficha no es medieval en absoluto. La espada en la piedra se convirtió en título de libro en 1938, cuando T. H. White publicó su novela; la película de dibujos de Disney llegó en 1963. Es esa película, y no el romance francés, la razón de que esta ficha estuviera ilustrada hasta agosto de 2026 con la fotografía del atrezo de un parque temático.

Cronología: los hechos documentados de La Espada en la Piedra

  1. h. 1136 Godofredo de Monmouth termina la Historia Regum Britanniae. Arturo llega al trono sin prueba de espada alguna: los nobles se reúnen en Silchester y piden al arzobispo Dubricio que consagre a «Arturo, hijo de Uther», que tiene quince años y ostenta la corona «por derecho hereditario». Su espada, Caliburn, está «hecha en la isla de Avalón». En toda la traducción de Giles la palabra «yunque» no aparece ni una vez en el texto de Godofredo.
  2. 1155 Wace termina el Roman de Brut, y una generación después llega el Brut inglés de Layamon. Ninguno de los dos añade el episodio: en la traducción de Eugene Mason de ambas crónicas, «yunque» sale solo dos veces, y las dos como símil de los golpes sobre un escudo.
  3. 3 de diciembre de 1181 Muere Galgano Guidotti en su ermita sobre Chiusdino, cerca de Siena. La espada clavada en la roca de la capilla redonda de Montesiepi es suya, no de Arturo, y es unos veinte años anterior al texto más antiguo que se conserva de la historia británica.
  4. 25 de mayo de 1184 «De incendio Glastoniae». Adam de Domerham anota que el día de san Urbano el fuego consumió el monasterio entero de Glastonbury salvo una cámara con su capilla y el campanario, y destruyó las reliquias y un tesoro de oro, plata, paños, sedas y libros.
  5. h. 1190 Adam de Domerham, cronista de la propia abadía, describe la exhumación: instado una y otra vez a dar mejor acomodo a Arturo, el abad «un día rodeó el lugar con cortinas y mandó cavar». La excavación se hizo a cubierto de las miradas, y los cavadores estaban «casi desesperados» por la profundidad cuando dieron con un ataúd de madera de tamaño asombroso.
  6. 1191 Rodolfo de Coggeshall anota el hallazgo bajo este año y lo cuenta como un accidente: los monjes cavaban la sepultura de un hermano que había deseado yacer allí y dieron con un sarcófago de piedra antiquísimo, con la cruz de plomo puesta encima. Su lectura de la inscripción no lleva reina: «Hic jacet inclitus rex Arturius, in insula Avallonis sepultus».
  7. h. 1193 Giraldo de Gales escribe el relato en el De principis instructione. Dice que Enrique II —muerto desde julio de 1189— había avisado de antemano a los monjes, por boca de un antiguo bardo británico, de que hallarían el cuerpo a dieciséis pies, en un roble ahuecado y no en tumba de piedra, con la cruz de las letras vuelta boca abajo. Da la inscripción nombrando a Ginebra, y dice de la cruz «que también nosotros vimos, pues de hecho la manejamos».
  8. h. 1200 El texto más antiguo que se conserva del episodio: el Merlín en prosa atribuido a Robert de Boron, conservado dentro de la Estoire de Merlin de la Vulgata. La piedra aparece ante un templo sin nombre al amanecer del día de Navidad, con un yunque de hierro de medio pie de alto y letras de oro en la piedra que prometen el reino «por elección de Jesucristo». Kay manda a su hermano de crianza a por una espada, miente sobre cómo la obtuvo y acaba confesando. Tras la coronación, la piedra desaparece. Siete líneas después firma el autor: «Y yo, Robert de Boron, que cuento este libro».
  9. h. 1216 Giraldo de Gales cuenta la historia de Glastonbury por segunda vez, en el Speculum Ecclesiae. Ahora la cruz, ya extraída de la losa, se la muestra el abad Enrique —«la contemplamos y leímos estas letras»— y las cláusulas de la inscripción le salen en otro orden. Veintitantos años después, cita de memoria.
  10. 19 de abril de 1278 Eduardo I y Leonor de Castilla hacen abrir la tumba de Glastonbury al anochecer, sellan los huesos en dos arcas con sus propios sellos y mandan colocar el sepulcro nuevo ante el altar mayor, dejando las cabezas y las rodillas a la vista por fuera «para devoción del pueblo». Adam de Domerham fecha la apertura en martes; el 19 de abril de 1278 fue, en efecto, martes en el calendario juliano.
  11. 1469-1470 El colofón de Malory fecha el libro terminado en «el noveno año del reinado del rey Eduardo IV»: de marzo de 1469 a marzo de 1470. Su yunque es de acero y de un pie de alto, donde el francés es de hierro y de medio pie; sus letras de oro están en la espada y no en la piedra; y la promesa pasa a ser «rey por derecho de nacimiento de toda Inglaterra» en lugar de rey «por elección de Jesucristo».
  12. 31 de julio de 1485 William Caxton imprime Le Morte Darthur «en la abadía de Westminster, el último día de julio del año de Nuestro Señor MCCCCLXXXV». Es el texto en el que arraiga toda reescritura inglesa posterior, incluido el pasaje del libro I capítulo IX en el que Malory llama Excalibur a la espada de la piedra, dieciséis capítulos antes de que la Dama del Lago le entregue Excalibur.
  13. 1859-1885 Tennyson publica los Idylls of the King y deja fuera el episodio. El conjunto de los poemas nombra a Arturo 255 veces, a Merlín 58 y a Excalibur 14, y no contiene ni una sola vez la palabra «yunque». El renacimiento victoriano que convirtió a Arturo en historia de sobremesa en Gran Bretaña lo hizo sin la espada en la piedra.
  14. 1938 T. H. White publica la novela The Sword in the Stone. El título de esta misma ficha es suyo: ningún texto medieval llama así a la historia.
  15. 2001 Un examen de la espada de Montesiepi coordinado por el químico Luigi Garlaschelli, de la Universidad de Pavía, informa de una composición y una tipología de hoja compatibles con finales del siglo XII. El informe de base no he podido leerlo; las reseñas de prensa establecen una fecha, no una mano.
  16. 24 de febrero de 2006 Se toma la fotografía que ilustró esta ficha hasta agosto de 2026. Su propia descripción de fichero dice «Hong Kong China Disneyland sword in the stone», y Wikimedia Commons la archiva en «Fantasyland at Hong Kong Disneyland» y en «The Sword in the Stone (1963 film)». Es el atrezo de un parque temático fotografiado a unos 9.800 km del punto del mapa, y nos llegó porque una búsqueda automática de imágenes casó con el título de la ficha. La imagen se retiró el 16 de agosto de 2026, al rehacer esta ficha; la entrada se conserva porque cómo llegó hasta aquí forma parte del asunto.

¿Hay una explicación racional para La Espada en la Piedra?

Nadie ha sostenido jamás que lo de la espada en la piedra ocurriera, así que la pregunta escéptica útil es otra: ¿por qué esta ficha la situaba en 51.1441, −2.7142, que es la abadía de Glastonbury? Ninguno de los textos que cuentan la historia la pone ni cerca. El francés habla solo de un templo con un descampado delante. Malory dice «la mayor iglesia de Londres» y acto seguido se niega a nombrarla: «si era la de San Pablo o no, el libro francés no lo dice». Un narrador que se niega a identificar la iglesia no está describiendo un sitio. La reclamación artúrica de Glastonbury es otra historia distinta y, a diferencia de la espada, tiene un rastro documental — y por eso conviene leerla despacio, porque ese rastro enseña cómo se fabrica una prueba. El cronista de la propia casa, Adam de Domerham, que escribe hacia 1290, registra primero el desastre: «De incendio Glastoniae». En verano, el día de san Urbano, 25 de mayo, el fuego consumió el monasterio entero salvo una cámara con su capilla y el campanario, y se llevó las reliquias y el tesoro «tam in auro et argento, quam in pannis, sericis, libris»: oro, plata, paños, sedas y libros. Y registra después lo que el abad hizo con Arturo: «quadam die locum cortinis circumdans, fodere praecepit», un día rodeó el lugar con cortinas y mandó cavar. La crónica de la propia abadía dice sin rodeos que la excavación se hizo a cubierto de las miradas. Giraldo de Gales, que escribe pocos años después del hecho, añade la parte que más importa. Los monjes sabían lo que iban a encontrar antes de empezar. Se lo había dicho el rey Enrique II, «sicut ab historico cantore Britone audierat antiquo», según lo había oído de un antiguo bardo británico: el cuerpo yacía entre las dos pirámides de piedra, a dieciséis pies de profundidad por lo menos, «non in lapideo tumulo sed in quercu cavata», no en tumba de piedra sino en un roble ahuecado, y la cruz con las letras estaría vuelta boca abajo contra la losa. Todos y cada uno de esos detalles aparecieron después. Enrique II había muerto en julio de 1189, antes de las excavaciones; a quien había dictado las especificaciones ya no se le podía preguntar. Y los testigos no coinciden en un solo rasgo físico de la prueba. Rodolfo de Coggeshall, que anota el hallazgo en su Chronicon Anglicanum bajo el año 1191, dice que fue un accidente: los monjes cavaban la sepultura de un hermano que había deseado mucho yacer en ese punto y dieron con «quoddam vetustissimo sarcophago», un sarcófago de piedra antiquísimo, con la cruz de plomo «superposita», puesta encima. Giraldo dice que la excavación fue dirigida, que el ataúd era un roble vaciado y que la cruz iba fijada en la cara inferior con las letras hacia dentro, y aporta un motivo para el ocultamiento: esconder a Arturo de los sajones. Accidental o dirigida; piedra o madera; cruz encima o cruz debajo. Dos relatos separados por un par de años, y nada en común salvo el resultado. El texto de la cruz también se movió. Giraldo lo da como «Hic jacet sepultus inclitus rex Arthurus cum Wenneuereia uxore sua secunda in insula Auallonia»: con Ginebra, su segunda esposa. La versión de Coggeshall no tiene reina ninguna: «Hic jacet inclitus rex Arturius, in insula Avallonis sepultus». Adam de Domerham, al dar la lectura en su propio relato, tampoco la incluye — y unas páginas más adelante copia literalmente la versión larga de Giraldo, con ella dentro. La crónica de la abadía lleva las dos. Giraldo tampoco es estable consigo mismo. En el De principis instructione escribe de la cruz «quam nos quoque vidimus, namque tractavimus»: que también nosotros vimos, pues de hecho la manejamos. Al volver a contar el episodio hacia 1216 en el Speculum Ecclesiae, dice que la cruz, ya extraída de la losa, se la mostró el abad Enrique, que «prospeximus, et literas has legimus», la contemplamos y leímos estas letras — y las cláusulas de la inscripción le salen en otro orden. Veintitantos años después está citando de memoria, no de una copia. Lo que la abadía sacó de todo aquello consta por escrito. El 19 de abril de 1278 —un martes en el calendario juliano, que es justo el día de la semana que da Adam de Domerham— Eduardo I y Leonor de Castilla hicieron abrir la tumba al anochecer, sellaron los huesos en dos arcas con sus propios sellos y mandaron colocar el sepulcro nuevo ante el altar mayor dejando las cabezas y las rodillas a la vista por fuera, «propter populi devocionem», para devoción del pueblo. Un relicario pensado para ser mirado. Y por último, la frase con la que esta ficha se cerraba. «No sobreviven piedra ni espada» suena a resultado arqueológico y no lo es: en el relato conservado más antiguo, la desaparición de la piedra es el final. Nunca hubo un objeto que perder. Aunque objetos que compiten sí los hay. En la capilla redonda de Montesiepi, en Chiusdino, cerca de Siena, hay una hoja clavada en la roca en la ermita de Galgano Guidotti, nacido hacia 1148 y muerto el 3 de diciembre de 1181. Un examen de 2001 coordinado por el químico Luigi Garlaschelli, de la Universidad de Pavía, informó de una composición y una tipología de hoja compatibles con finales del siglo XII; de ese trabajo solo he podido leer reseñas de prensa, no el informe, y ninguna establece qué mano puso allí la espada. Lo que sí establece la fecha es la cronología: Galgano llevaba unos veinte años muerto cuando escribió Robert de Boron. El objeto toscano es más antiguo que el texto más antiguo que se conserva de la historia británica.

¿Se puede visitar La Espada en la Piedra?

No hay sitio. Esa es la primera línea honesta de cualquier nota práctica sobre esta leyenda, y es la razón de que el punto del mapa de esta ficha deba leerse como una comodidad y no como una localización. El romance francés pone la piedra delante de un templo sin nombre; Malory la pone en «la mayor iglesia de Londres» y a continuación se niega a decir cuál. Ninguna iglesia, ruina ni museo del mundo guarda la espada ni la piedra de esta historia, y cualquier lugar que diga lo contrario está vendiendo algo. El punto cae sobre la abadía de Glastonbury, Magdalene Street, Glastonbury, Somerset BA6 9EL, que es el escenario de otra reclamación artúrica distinta: la tumba de 1191 y el sepulcro de 1278 de los que se habla más arriba. Las ruinas las gestiona una entidad benéfica registrada (n.º 1129263) y están abiertas al público. Cuando se escribe esto, el recinto abre todos los días de 10:00 a 18:00, con última entrada a las 17:15, y los menores de 16 años entran gratis; no he podido confirmar el precio de la entrada de adulto en la propia página de visitas de la abadía, así que conviene comprobarlo antes de viajar. La abadía se presenta abiertamente como el lugar de enterramiento de Arturo; cómo está señalado el punto sobre el terreno no lo he verificado en persona. Lo que sí es seguro es que la iglesia es una ruina sin techo: el sepulcro que Eduardo I mandó colocar ante el altar mayor en 1278 hoy no está allí en pie. La catedral de San Pablo de Londres es el único edificio al que alguno de los dos textos hace siquiera un gesto, y el gesto es un encogimiento de hombros. Conviene saber que la iglesia en la que Malory pudo pensar era la antigua San Pablo, la catedral medieval que ardió en el Gran Incendio de Londres de 1666; el edificio que hoy ocupa el solar es el que levantó Christopher Wren. No hay nada artúrico que ver. La Rotonda de Montesiepi, en Chiusdino, provincia de Siena, es el único lugar donde de verdad se puede mirar una espada clavada en la roca. Es una capillita redonda del siglo XII sobre la abadía en ruinas de San Galgano, está en pleno campo y no tiene nada que ver con Arturo: es la ermita de Galgano Guidotti, que murió allí en 1181. Conviene consultar los horarios en destino; el paraje es rural y los dos edificios, capilla y abadía, tienen horarios distintos.

Fuentes consultadas

  1. Geoffrey of Monmouth; trans. J. A. Giles, «British History (Historia Regum Britanniae), Book IX cap. 1 and Book IX cap. 4, in Six Old English Chronicles» — London, Henry G. Bohn, 1848 libro
  2. trans. Eugene Mason; introduction by Lucy Allen Paton, «Arthurian Chronicles represented by Wace and Layamon (Roman de Brut, completed 1155, and Layamon's Brut)» — London, J. M. Dent (Everyman's Library), 1912 libro
  3. ed. H. Oskar Sommer, «The Vulgate Version of the Arthurian Romances, vol. II: Lestoire de Merlin, edited from manuscripts in the British Museum (sword in the perron, pp. 81-82; coronation and the vanishing of the stone, pp. 87-88; Robert de Boron's signature in BnF fr. 747 and BM Add. 32,125)» — Washington, The Carnegie Institution of Washington, 1908 libro
  4. Sir Thomas Malory; printed by William Caxton, «Le Morte Darthur, Book I chapters V-IX and XXIII-XXV, and the Caxton colophon of 31 July 1485» — Westminster (text via Project Gutenberg), 1485 libro
  5. Giraldus Cambrensis (Gerald of Wales); ed. George F. Warner, «De principis instructione, Distinctio I ('De rege Arthuro nostris diebus invento'), in Giraldi Cambrensis Opera, vol. VIII, pp. 126-129» — London, Rolls Series (Rerum Britannicarum Medii Aevi Scriptores), 1891 archivo
  6. Radulphus de Coggeshall (Ralph of Coggeshall); ed. Joseph Stevenson, «Chronicon Anglicanum, 'Quomodo ossa regis Arturi reperta sunt', under the year 1191, p. 36» — London, Rolls Series, 1875 archivo
  7. Adam of Domerham; ed. Thomas Hearne, «Historia de rebus gestis Glastoniensibus, vol. II ('De incendio Glastoniae'; 'De translacione Arturi'; the 1278 reinterment inscription)» — Oxford, 1727 archivo
  8. Giraldus Cambrensis (Gerald of Wales); ed. J. S. Brewer, «Speculum Ecclesiae, Distinctio II capp. IX-X, in Giraldi Cambrensis Opera, vol. IV, pp. 49-51» — London, Rolls Series, 1873 archivo
  9. Alfred, Lord Tennyson, «Idylls of the King (collected edition; the poems appeared between 1859 and 1885)» — London (text via Project Gutenberg), 1885 libro
  10. T. H. White, «The Sword in the Stone - catalogue record, first published 1938» — Open Library / Internet Archive catalogue, 1938 libro
  11. photograph by Dave Q (Flickr user goodspeed); uploaded by Commons user Username9, «File:Disneyland Sword in the Stone by Dave Q.jpg - file description, EXIF date 24 February 2006, upload 13 January 2007, categories including 'Fantasyland at Hong Kong Disneyland' and 'The Sword in the Stone (1963 film)'» — Wikimedia Commons, 2007 archivo
  12. Glastonbury Abbey, «Plan Your Visit - opening hours, address and charity registration» — glastonburyabbey.com, 2026 web
  13. Finestre sull'Arte, «St. Galgano and the Sword in the Stone: history of the Hermitage of Montesiepi» — finestresullarte.info, 2023 web

Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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