Castillo de Edimburgo es un lugar reputado como embrujado en Edinburgh, GB. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Castillo de Edimburgo?
Ubicación
Edinburgh, GB
Tipo
Castillo
Coordenadas
55.949, -3.2
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Castillo de Edimburgo está embrujado?
Asentado sobre la roca volcánica que sostiene Edimburgo desde al menos la Edad del Hierro, el Castillo de Edimburgo ha vivido tantos asedios, ejecuciones y encarcelamientos que un estudio paranormal a gran escala de 2001 lo situó entre los enclaves más embrujados de Europa. La leyenda más conocida es la del gaitero fantasma, enviado a explorar un túnel que supuestamente conecta el castillo con Holyroodhouse; se dice que su gaita enmudeció a mitad de camino y que nunca volvió a aparecer, aunque algunos aseguran oír su melodía ascender débilmente desde el subsuelo. Guardias y visitantes también han descrito a un tamborilero sin cabeza en las murallas, cuya aparición se interpretaba como presagio de un ataque, con avistamientos previos al asedio de Cromwell en 1650. Se dice que los prisioneros napoleónicos que grababan grafitis en la piedra aún rondan las mazmorras donde estuvieron retenidos.
La parte del castillo de Edimburgo que genera sus historias de fantasmas no son los aposentos reales ni el Gran Salón. Es lo que hay debajo: las bóvedas bajo Crown Square, que corren por debajo del Gran Salón y del edificio de la Reina Ana.
Durante casi sesenta años esas bóvedas fueron una prisión de guerra. Entre 1757 y 1814 se recluyó allí a bastante más de mil hombres. Los primeros en llegar fueron corsarios franceses capturados en 1758, poco después de comenzar la Guerra de los Siete Años; en las décadas siguientes se les sumaron prisioneros de la Guerra de Independencia estadounidense y de las guerras napoleónicas. En el momento de máxima ocupación, en 1812, hubo más de mil hombres a la vez bajo la plaza.
Venían de Francia, América, España, los Países Bajos, Irlanda, Italia, Dinamarca y Polonia. La mayoría eran marineros. Muchos eran estadounidenses que combatían en la Guerra de Independencia, y por eso una de las puertas conserva una representación temprana de la bandera de las barras y estrellas rayada en la madera por un hombre encarcelado bajo una roca en Escocia.
Esto es lo que hace insólitas a estas bóvedas como lugar «embrujado»: sabemos quién estuvo ahí abajo. Sus nombres se conservan en los registros históricos y sus grafitis siguen en puertas y paredes: nombres, barcos, fechas, banderas, tallados por gente que no tenía otra cosa que hacer ni certeza alguna de salir.
El castillo se asienta sobre Castle Rock, un tapón volcánico, y las bóvedas están excavadas en el espacio bajo los edificios que lo coronan. Son frías, bajas, sin ninguna luz natural, y la piedra transmite el sonido de formas difíciles de prever: condiciones que importan mucho para lo que los visitantes dicen experimentar allí.
Cronología: los hechos documentados de Castillo de Edimburgo
1758Llegan a las bóvedas los primeros prisioneros: corsarios franceses capturados poco después del inicio de la Guerra de los Siete Años. Empiezan casi sesenta años de uso como prisión de guerra.
Años setenta y ochenta del XVIIILlegan prisioneros de la Guerra de Independencia estadounidense. Uno de ellos raya en una puerta una representación temprana de la bandera de las barras y estrellas, que se conserva.
1812Máxima ocupación: más de mil hombres retenidos a la vez en las bóvedas bajo Crown Square, procedentes de ocho países. Sus nombres constan en los registros históricos.
1814Termina el uso de las bóvedas como prisión de guerra, tras haber pasado por ellas bastante más de mil hombres en cincuenta y siete años.
2001Richard Wiseman realiza en el castillo un experimento de diez días con 240 voluntarios sin conocimiento previo, comparando salas con historial de fenómenos y salas señuelo. Un 51 % reporta experiencias inexplicadas, más numerosas en las salas con reputación.
¿Hay una explicación racional para Castillo de Edimburgo?
Edimburgo tiene algo que casi ningún lugar embrujado tiene: un experimento controlado, hecho en el propio recinto y publicado.
En 2001, dentro del Festival Internacional de Ciencia de Edimburgo, el psicólogo Richard Wiseman trabajó durante diez días con 240 voluntarios. El diseño era el correcto: los participantes eran visitantes de todo el mundo seleccionados por no tener ningún conocimiento previo de las supuestas apariciones del castillo. Se los conducía en grupos pequeños por las bóvedas, sótanos y calabozos, y —esto es la clave— algunas salas tenían historial de fenómenos y otras eran señuelos, elegidas precisamente por no tener ninguna leyenda asociada.
El resultado no fue el que esperaría un escéptico ingenuo. Cerca de la mitad de los participantes —un 51 %— informó de experiencias que no supo explicar: caídas bruscas de temperatura, sensación de ser observados, figuras en sombra, la impresión de que algo les tocaba la cara o les tiraba de la ropa, ardor en la piel. Y el mayor número de experiencias se registró precisamente en las salas con reputación de embrujadas.
Es un dato real y hay que tomarlo en serio. Lo que no es, es una prueba de fantasmas. Wiseman, que es escéptico, concluyó que gran parte de lo reportado corresponde a reacciones psicológicas comunes ante un entorno desconocido e inquietante, y el propio diseño del experimento apunta a por qué las salas «embrujadas» puntúan más alto: no fueron elegidas al azar por la tradición. Son las que son más frías, más bajas, más oscuras, más resonantes o más opresivas. Un lugar adquiere fama de embrujado porque produce sensaciones raras, no al revés. La leyenda es la consecuencia de la arquitectura, no su causa.
Y conviene no perder de vista lo que sí ocurrió ahí abajo. No hace falta ninguna entidad para explicar por qué una bóveda donde se hacinaron mil prisioneros de guerra resulta desagradable. La historia real ya es bastante.
¿Se puede visitar Castillo de Edimburgo?
El castillo abre todos los días y es la atracción de pago más visitada de Escocia, así que la reserva anticipada no es opcional en temporada alta.
La entrada de adulto (16-59 años) cuesta 21,50 £ comprándola por internet y 24 £ en taquilla; la infantil (5-15 años), 13 £ online y 14,50 £ en puerta. La diferencia de precio es deliberada: el recinto trabaja con franjas horarias reservadas y comprar online además garantiza el hueco.
Para lo que interesa aquí, la visita clave son las Prisons of War, las bóvedas bajo Crown Square, recreadas como estaban en la época con hamacas, enseres y las puertas originales. Es donde están los grafitis tallados, incluida la temprana bandera de las barras y estrellas. Van incluidas en la entrada general y suelen estar mucho menos concurridas que las Joyas de la Corona o la Piedra del Destino, que absorben la mayor parte de las colas.
Un consejo de ritmo: hay que contar dos horas y media o tres. El castillo está en lo alto de Castle Rock y se sube andando desde la Royal Mile por una cuesta considerable; hay servicio de acceso adaptado, pero conviene consultarlo antes. El disparo del cañón de la una se hace todos los días excepto domingos, Viernes Santo y Navidad, y congrega a mucha gente justo antes de las 13:00.
Y una recomendación honesta: si se va buscando la parte inquietante, la manera de encontrarla no es una ruta nocturna de pago, sino bajar a las bóvedas a media tarde, cuando se vacían, y leer los nombres tallados en las puertas.
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