📜 LEYENDA · EXP. Nº0270 ACTIVO

Los Niños Verdes de Woolpit

Los Niños Verdes de Woolpit es una leyenda de Woolpit, Suffolk, GB —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.

¿De dónde viene la leyenda de Los Niños Verdes de Woolpit?

Ubicación
Woolpit, Suffolk, GB
Tipo de leyenda
Cuento popular
Coordenadas
52.226, 0.892
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de Los Niños Verdes de Woolpit?

Un día de cosecha del siglo XII, los aldeanos de Woolpit, en Suffolk, hallaron a dos niños, un varón y una niña, de pie y desconcertados al borde de los fosos para lobos que dan nombre al lugar. Eran extraños más allá de toda medida: su piel era enteramente verde, sus ropas de hechura desconocida, y hablaban una lengua que nadie entendía. Hambrientos pero rechazando todo alimento, durante meses solo comieron habas verdes crudas, hasta que poco a poco aceptaron el pan común y su color verde se desvaneció. El niño enfermó y murió, pero la niña vivió, fue bautizada, aprendió inglés y, con el tiempo, se casó. Contó una historia curiosa: venían de una tierra crepuscular llamada Tierra de San Martín, donde el sol nunca brillaba de veras, y habían seguido el sonido de unas campanas a través de la oscuridad antes de emerger, deslumbrados, en los campos ingleses. Dos cronistas medievales, Ralph de Coggeshall y Guillermo de Newburgh, registraron el relato como un hecho. Las explicaciones van de huérfanos flamencos a la desnutrición o al puro folclore, pero los niños verdes siguen siendo uno de los enigmas sin resolver más inquietantes de Inglaterra.
Los Niños Verdes de Woolpit, Woolpit, Suffolk, Reino Unido
Imagen: Rod Bacon · CC BY-SA 2.0

¿Cuál es la historia de Los Niños Verdes de Woolpit?

Todo lo que se sabe de los niños verdes de Woolpit procede de dos libros. Ni de una tradición oral del pueblo, ni de un registro parroquial, ni de un documento de archivo: dos crónicas escritas con décadas de diferencia por dos clérigos que nunca vieron a los niños y que, además, no coinciden entre sí. El primero es Guillermo de Newburgh, canónigo agustino en Yorkshire, que redactó su Historia rerum Anglicarum en la última década de su vida y murió hacia 1198. El relato ocupa el capítulo 27 del libro I y lleva un título escueto: «De los niños verdes». Lo extraordinario del capítulo es que Guillermo lo abre discutiendo consigo mismo: «Aunque muchos lo aseguran, largo tiempo he dudado del asunto, y me parecía ridículo dar crédito a una circunstancia sin fundamento racional alguno, o cuando menos de carácter muy misterioso; pero al final me vi tan abrumado por el peso de tantos y tan competentes testigos, que me he visto forzado a creer, y a asombrarme, ante algo que no soy capaz de comprender ni de desentrañar con ninguna fuerza del intelecto». La frase pesa por quién la escribe. En el prefacio de ese mismo libro, Guillermo despedaza a Godofredo de Monmouth. Dice que «inventó las ficciones más ridículas» sobre los britanos y que «divulgó sin escrúpulo las predicciones mendaces de un tal Merlín como si fueran profecías genuinas»; cuanto Godofredo publicó «de Arturo y de Merlín son ficciones mendaces, inventadas para satisfacer la curiosidad de los incautos». Su argumento contra Godofredo es una prueba de evidencia: los historiadores antiguos anotaban hasta lo trivial, de modo que su silencio sobre Arturo lo condena. Veintisiete capítulos después, esa misma prueba —¿hay testimonio, y cuánto?— es la que derrota a Guillermo en Woolpit. No cree porque la historia le guste. Cree porque no consigue esquivar a los testigos. Su versión es sobria. En Anglia Oriental, a cuatro o cinco millas del monasterio de San Edmundo, hay unas cavidades antiquísimas «llamadas Wolfpittes, esto es, en inglés, fosas para lobos, que dan nombre a la aldea contigua». Durante la siega, dos niños, un varón y una niña, «enteramente verdes de cuerpo, y vestidos con ropas de color extraño y materiales desconocidos», salieron de aquellas excavaciones y fueron apresados por los segadores. Pasaron días sin comer nada. Hasta que del campo trajeron habas: los niños abrieron los tallos buscando el grano, no lo hallaron y rompieron a llorar, hasta que alguien les abrió las vainas. Vivieron meses solo de habas antes de aprender a comer pan. El color se les fue «por efecto natural de nuestra comida», aprendieron inglés y fueron bautizados. El niño, el menor, murió poco después. La niña «se casó en Lynne, y vivía aún hace pocos años, o eso dicen». Solo entonces cuenta Guillermo el interrogatorio. Preguntados quiénes eran, respondieron: «Somos habitantes de la tierra de San Martín, a quien se venera de manera particular en el país que nos vio nacer». Preguntados cómo habían llegado, únicamente recordaban que, apacentando los rebaños de su padre, oyeron «un gran sonido, como el que ahora estamos acostumbrados a oír en San Edmundo cuando repican las campanas», y quedaron «como en trance». Su país era cristiano y tenía iglesias, pero «el sol no sale para nuestros compatriotas; nuestra tierra apenas recibe sus rayos; nos contentamos con ese crepúsculo que entre vosotros precede al amanecer o sigue a la puesta de sol». Y había «cierto país luminoso» no lejos, «separado del nuestro por un río muy considerable». Guillermo se aparta entonces: «Diga cada cual lo que quiera y razone sobre estas cosas según su capacidad; no me arrepiento de haber registrado un suceso tan prodigioso y milagroso». Al final del capítulo siguiente se rinde del todo: la naturaleza de aquellos niños verdes «es demasiado abstrusa para la debilidad de nuestras facultades». La segunda fuente es Ralph de Coggeshall, abad cisterciense de una casa de Essex, que escribe en la década de 1220 sobre hechos que arrancan hacia 1187. Su capítulo se titula De quodam puero et puella de terra emergentibus —«de cierto niño y cierta niña que emergieron de la tierra»— y sitúa el suceso en Suffolk apud Sanctam Mariam de Wulpetes, en Santa María de las Fosas de Lobos, usando la advocación de la parroquia como parte del topónimo. Y hace algo que Guillermo nunca hace: da un nombre. A los niños los llevaron a casa de un caballero, sir Richard de Calne, en Wikes, y del testimonio de la muchacha Ralph escribe sicut ab eodem milite et ejus familia frequenter audivimus: «según se lo hemos oído muchas veces a ese mismo caballero y a los suyos». Las dos versiones divergen de un modo difícil de explicar por una copia descuidada. Ralph no menciona la tierra de San Martín ni a ningún rey. Sus niños llegan por una cueva: siguiendo el ganado entraron en ella, oyeron quendam delectabilem sonum campanarum, anduvieron largo rato tras la dulzura de aquel sonido y salieron a una luz y a un aire templado que los dejó tendidos y aturdidos; cuando la gente se les echó encima quisieron volver adentro y no encontraron la entrada. En Guillermo, en cambio, las campanas se oyen en el otro país, antes de una especie de arrobamiento. La muchacha de Ralph dice que allá de donde venía todo y todos eran verdes y que no veían el sol, sino «una claridad como la que hay tras la puesta». Y no se casa: sirve años en casa del caballero, y Ralph la describe como nimium lasciva et petulans; en el inglés de Thomas Keightley de 1850, «más bien suelta y desenvuelta en su conducta». Guillermo, que no tiene ese detalle, la casa en Lynn y la deja marchar. También se separan en la fecha. Guillermo afirma sin rodeos que ocurrió en el reinado de Esteban, entre 1135 y 1154. Ralph no nombra reinado alguno y encaja el relato entre historias situadas bajo Enrique II y Ricardo I. En la comparación moderna más completa de ambos textos, Michał Madej sostiene que el reinado de Esteban sigue siendo la fecha más defendible, precisamente porque Guillermo dice que la mujer vivía todavía poco antes de que él escribiera. Madej concluye además que ninguno de los dos cronistas usó al otro —el latín y el estilo difieren demasiado—, aunque el contenido se parece lo bastante como para suponer un origen común. La hipótesis del medievalista John Clark, tal como la recoge Madej, es que Guillermo también tuvo la historia de Richard de Calne, transmitida por los canónigos agustinos de Thetford, casa próxima tanto a Wikes como a Woolpit. Sobre por qué dos hombres serios se molestaron en anotarlo, la respuesta de Madej es no leer el capítulo aislado. En Guillermo, los niños verdes encabezan un grupo de cuatro prodigios que comparten un motivo: algo que sale de debajo de la tierra —dos perros lampiños hallados sellados dentro de una roca, un sapo con una cadena de oro dentro de otra, un borracho que roba una copa en un banquete celebrado dentro de una colina—, y todos van justo después de su relato de la Anarquía. En Ralph conviven con un hombre salvaje sacado del mar, unos dientes de gigante que el abad dice haber tocado él mismo en Coggeshall y un espíritu doméstico llamado Malekin. Madej lee la serie de Guillermo como el desasosiego de alguien que se llamaba a sí mismo inglés viviendo en una sociedad anglonormanda, y la de Ralph como una lección sobre el extraño.

Cronología: los hechos documentados de Los Niños Verdes de Woolpit

  1. 1005 Primera mención documental del lugar, como Wlfpet, cuando Ulfketel lo entrega al santuario de San Edmundo. El ayuntamiento de Woolpit señala que es más probable que el topónimo venga del propio nombre de Ulfketel que de una fosa para lobos, lo que desmiente la etimología que Guillermo de Newburgh daría luego por segura.
  2. Reinado de Esteban, 1135-1154 La única fecha que se da del suceso. Guillermo de Newburgh sitúa la aparición de los niños «durante el reinado del rey Esteban»; Ralph de Coggeshall no menciona reinado alguno y encaja el relato entre historias de los reinados de Enrique II y Ricardo I.
  3. 17 de octubre de 1173 La infantería mayoritariamente flamenca del conde de Leicester es aniquilada en el valle del Lark, al norte de Bury St Edmunds, junto a Fornham St Genevieve, por un ejército real al mando de Richard de Lucy y Humphrey de Bohun: «de los flamencos la mayor parte murieron y algunos se ahogaron». Fornham St Martin es el pueblo contiguo: sobre esa coincidencia se sostiene la hipótesis flamenca.
  4. c. 1189-1198 Guillermo de Newburgh escribe el capítulo 27 del libro I de la Historia rerum Anglicarum y lo abre con su propia resistencia: le parecía «ridículo dar crédito a una circunstancia sin fundamento racional alguno» hasta verse «abrumado por el peso de tantos y tan competentes testigos». Muere hacia 1198.
  5. Década de 1220 Ralph de Coggeshall escribe su versión en el Chronicon Anglicanum, bajo el epígrafe «de cierto niño y cierta niña que emergieron de la tierra». Es el único de los dos que nombra una fuente: sir Richard de Calne, de Wikes, «según se lo hemos oído muchas veces a ese mismo caballero y a los suyos».
  6. 1586 William Camden, en su Britannia, se convierte en el primer escéptico identificado: da toda la historia por un engaño.
  7. 1621 Robert Burton, en la Anatomía de la melancolía, concluye que los niños habían caído sobre Woolpit desde la Luna. Francis Godwin, obispo de Hereford, repite la idea en The Man in the Moone: podría decirse que es la primera aparición de la historia en la ciencia ficción.
  8. 1850 Thomas Keightley imprime por primera vez en inglés la versión de Ralph de Coggeshall, en su Fairy Mythology, bajo el título «The Green Children», y los clasifica como hadas. Es la versión con la que trabajarían la mayoría de los autores posteriores.
  9. 1935 Herbert Read publica The Green Child, su única novela, construida a partir de la leyenda de Woolpit, un relato que ya había calificado en English Prose Style (1931) como «la norma a la que debería ajustarse todo tipo de fantasía».
  10. 1977 Woolpit instala su cartel de hierro forjado con motivo del Jubileo de Plata de Isabel II: un lobo, la iglesia y los dos niños verdes. La leyenda pasa a ser la imagen oficial que el pueblo da de sí mismo.
  11. 1990 Se compone The Green Children, ópera de Nicola LeFanu con libreto de Kevin Crossley-Holland, por encargo del St George's Guildhall de King's Lynn junto al Baylis Programme de la English National Opera y Gemini. En ella la muchacha recibe un nombre, Ehra, que ninguna fuente medieval aporta.
  12. 1998 Paul Harris publica su hipótesis flamenca en Fortean Studies: los niños como huérfanos de la matanza de 1173, hablando flamenco y procedentes de Fornham St Martin. Sigue siendo la explicación racional más citada y, a la vez, la que peor encaja con la fecha que da Guillermo.
  13. 2020 Michał Madej publica en Res Historica una comparación completa de las dos crónicas y concluye que ninguno de los cronistas copió al otro, que ambos debieron de partir de una fuente común y que el relato cumplió funciones completamente distintas en cada obra.
  14. 2026 El Woolpit and District Museum amplía su exposición sobre los niños verdes «porque son muchísimos los visitantes que se interesan por la leyenda» y añade otra sobre lobos. La temporada abre el sábado 4 de abril; la entrada es gratuita.

¿Hay una explicación racional para Los Niños Verdes de Woolpit?

Lo primero que hay que decir con honestidad es que ninguno de los dos textos es un testimonio directo. Guillermo no cita a un solo informante: la historia «la aseguran muchos». Ralph cita exactamente a uno, un caballero que repite décadas después lo que le contó una mujer de su casa. Más allá de esos dos capítulos no queda nada. Ni una carta, ni un registro señorial, ni una tercera crónica, ni un enterramiento. Todo lo demás que se ha escrito sobre los niños verdes es comentario sobre ochocientas o novecientas palabras de latín. La explicación racional más conocida es que los niños fueran flamencos. Paul Harris la formuló en Fortean Studies en 1998 y, según la resume Michał Madej, el razonamiento es este: serían huérfanos de inmigrantes flamencos, desamparados al ser aniquilada una fuerza flamenca cerca de Bury St Edmunds en 1173; la lengua que nadie entendía sería el flamenco; y «la tierra de San Martín» sería Fornham St Martin. La matanza no está en discusión. El 17 de octubre de 1173, la infantería mayoritariamente flamenca del conde de Leicester fue sorprendida en el valle del Lark, al norte de Bury St Edmunds, junto a Fornham St Genevieve, por un ejército real al mando de Richard de Lucy y Humphrey de Bohun; el relato del Battlefields Trust recoge que «de los flamencos la mayor parte murieron y algunos se ahogaron», con más de tres mil muertos entre la batalla y la desbandada. Fornham St Martin es el pueblo de al lado. El problema es aritmético. Guillermo fecha a los niños sin ambigüedad en el reinado de Esteban, que terminó en 1154, diecinueve años antes de la batalla; y Guillermo estaba vivo y escribiendo sobre el periodo en que la batalla ocurrió. Madej se niega a despacharlo como un desliz del cronista, y la objeción sigue sin respuesta. La segunda explicación es médica. La clorosis, la «enfermedad verde», recibió ese nombre de Jean Varandal en Montpellier en 1615 y se identificó definitivamente como anemia hipocrómica por falta de hierro tras los trabajos de Patek y Heath en Harvard en 1937, después de lo cual desapareció discretamente de los manuales. Aquí resulta tentadora: es un color que viene de la desnutrición y se va cuando mejora la dieta, que es justo lo único en lo que coinciden los dos cronistas. Una criatura alimentada solo con habas encaja bien. La objeción de Madej es contundente. Si el hambre corriente pusiera a los niños de ese color, unos niños verdes no habrían sido un prodigio en la Inglaterra del siglo XII: toda la fuerza de ambos relatos está en que nadie de los presentes había visto jamás nada ni remotamente parecido. La tercera lectura ni siquiera busca niños reales. La cueva que se abre a otro país era un relato de repertorio en esa misma generación y —lo que es más llamativo— en ese mismo círculo. Gervasio de Tilbury, uno de los informantes del propio Ralph de Coggeshall, cuenta la historia de un porquero de Derbyshire que entró en Peak Cavern siguiendo a un cerdo perdido y salió a una tierra donde las estaciones estaban invertidas. Walter Map lleva al rey Herla al país de los enanos a través de una cueva. Giraldo de Gales, en el Itinerarium Cambriae, cuenta cómo un muchacho llamado Elidor fue conducido ante un pueblo subterráneo cuya tierra apenas tenía luz y cuya lengua se parecía al griego. La sugerencia de Anne Witte, recogida por John Clark y por Madej, conecta «la tierra de San Martín» con los muertos: San Martín cae el 11 de noviembre, justo después de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Y las habas, el único alimento que los niños tocaban, arrastraban desde la Antigüedad su propia asociación con los muertos. Nada de esto demuestra que la historia se inventara. Sí significa que llegó ya moldeada, en una forma que su público sabía escuchar de antemano. Hay una afirmación que puede contrastarse directamente con las fuentes, y que no resiste. La muchacha no tiene nombre. Se leen los dos capítulos enteros y no se la llama de ninguna manera: Guillermo solo dice que se casó en Lynn, Ralph que permaneció al servicio del caballero. La muy repetida «Agnes Barre», supuestamente casada con el juez real Richard Barre, no aparece en ninguno de los dos textos medievales: es un añadido moderno. Incluso la etimología que Guillermo da por segura está discutida. Él glosa las fosas como «Wolfpittes, esto es, en inglés, fosas para lobos», pero el ayuntamiento de Woolpit señala que el nombre está documentado como Wlfpet ya en 1005 y considera más probable que derive del nombre personal Ulfketel que de una trampa de lobos literal. Lo que enseña la historia de la recepción es que cada época ha leído a estos niños como su propia clase de extranjero. Madej lo rastrea: la Britannia de William Camden (1586) tomó el relato por un engaño; Robert Burton, en la Anatomía de la melancolía (1621), decidió que los niños habían caído de la Luna, y el obispo Francis Godwin lo repitió en The Man in the Moone. En 1850, Thomas Keightley imprimió por primera vez en inglés la versión de Ralph, en su Fairy Mythology, y clasificó a los niños como hadas. El siglo XX los convirtió en extraterrestres. Las ochocientas palabras de latín no han cambiado ni una vez; lo único que ha cambiado es la explicación disponible.

¿Se puede visitar Los Niños Verdes de Woolpit?

Woolpit está en el centro de Suffolk, a un paso de la A14 entre Bury St Edmunds y Stowmarket. Conviene saberlo antes de ir: no hay lugar que visitar. Las fosas que describe Guillermo de Newburgh no están identificadas sobre el terreno y nada está señalizado como su emplazamiento. Lo que sí tiene el pueblo son tres cosas, todas a pocos minutos a pie unas de otras. El cartel del pueblo hace de monumento a la leyenda. Es de hierro forjado, se instaló en 1977 con motivo del Jubileo de Plata de Isabel II y representa un lobo, la iglesia y los dos niños verdes: la historia funciona, de hecho, como emblema del municipio. El Woolpit and District Museum ocupa la planta alta de una casita de principios del siglo XVI y se entra por el Woolpit Institute. Nació en 1983, cuando el ayuntamiento cedió al grupo local de historia un cuarto trastero para guardar lo que iban encontrando en sus prospecciones a pie por los campos de la parroquia. Abre sábados, domingos y lunes festivos de abril a finales de octubre, de 14:00 a 16:30, y además los miércoles de agosto de 13:00 a 15:30; la temporada de 2026 arrancó el sábado 4 de abril. La entrada es gratuita y los voluntarios abren en otros horarios con cita previa ([email protected]). Para 2026 han ampliado la exposición sobre los niños verdes «porque son muchísimos los visitantes que se interesan por la leyenda» y han añadido otra sobre lobos, junto a la maqueta permanente de la fábrica de ladrillos, la cocina victoriana y los hallazgos de las prospecciones. La iglesia de Santa María, en The Street (IP30 9QP), es el edificio que da nombre al lugar en la propia crónica de Ralph de Coggeshall: Santa María de las Fosas de Lobos. Conserva un pórtico de dos alturas de mediados del siglo XV con decoración de sílex, un techo de ángeles de doble viga martillo y un facistol de bronce en forma de águila de hacia 1520; la aguja es victoriana, levantada después de que un rayo derribara la torre en 1852. Está abierta a diario para la oración en silencio, es accesible en silla de ruedas y tiene aseo. Llegar sin coche exige planificación. No hay estación en el pueblo: las más cercanas son Elmswell y Thurston, a unas pocas millas, en la línea entre Ipswich y Bury St Edmunds, y algo más lejos quedan Stowmarket y la propia Bury St Edmunds. El servicio de autobuses rurales es escaso, así que conviene consultar los horarios vigentes en las páginas de transporte del ayuntamiento y no dar por hecha ninguna conexión. Hay aparcamiento en el pueblo, y la iglesia, el cartel y el museo se ven de sobra en una sola visita corta.

Fuentes consultadas

  1. William of Newburgh, «Historia rerum Anglicarum, Book I, ch. 27: 'Of the Green Children' (with the preface against Geoffrey of Monmouth)» — Trans. Joseph Stevenson, The Church Historians of England, vol. IV pt. 2 (Seeleys, 1856); digitised in the Internet Medieval Sourcebook, Fordham University, 1198 libro
  2. Radulphus de Coggeshall (Ralph of Coggeshall), «Chronicon Anglicanum: 'De quodam puero et puella de terra emergentibus', pp. 118–120 (Latin text)» — Ed. Joseph Stevenson, Rolls Series 66, Longman, London — digitised by the Internet Archive, 1875 libro
  3. Michał Madej (Jagiellonian University, Kraków), «The Story About the Green Children of Woolpit According to the Medieval Chronicles of William of Newburgh and Ralph of Coggeshall (pp. 117–132, DOI 10.17951/rh.2020.49.117-132)» — Res Historica, 49, 2020 académico
  4. Thomas Keightley, «The Fairy Mythology: 'The Green Children' (pp. 281–283) — the first English printing of Ralph of Coggeshall's version» — George Bell & Sons, London — digitised by the Internet Archive, 1878 libro
  5. The Battlefields Trust, «The Battle of Fornham St Genevieve, 17 October 1173» — UK Battlefields Resource Centre, 2026 informe
  6. Woolpit Parish Council, «A short history of Woolpit — the place-name, Ulfketel and the 1005 grant» — Woolpit village website, 2026 archivo
  7. Woolpit Parish Council, «Green Children — the village's own account and the village sign» — Woolpit village website, 2026 archivo
  8. Woolpit and District Museum / Woolpit Parish Council, «Woolpit Museum — opening times and displays for 2026» — Woolpit village website, 2026 archivo
  9. Novello & Co., «The Green Children — opera by Nicola LeFanu, libretto by Kevin Crossley-Holland» — Wise Music Classical catalogue, 1990 web
  10. Rob Maslen (University of Glasgow), «The Surrealist Fantasy of Herbert Read, Part 2: The Green Child (1935)» — The City of Lost Books, 2018 web
  11. Church of England, «Woolpit, St Mary — visitor information, opening and access» — A Church Near You, 2026 web
  12. Suffolk Village Signs, «Woolpit — the village sign of 1977» — Suffolk Village Signs, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 29/07/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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