Ogopogo es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Okanagan Lake, British Columbia, CA. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Ogopogo?
Ubicación
Okanagan Lake, British Columbia, CA
Fecha del avistamiento
11/08/1980
Coordenadas
49.8, -119.5
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Ogopogo?
Ogopogo es el nombre de un monstruo lacustre de cuerpo largo y serpentino que, según la tradición, vive en el lago Okanagan, en la Columbia Británica; se le describe como una criatura oscura y de varias jorobas que ondula por el agua. La leyenda bebe de relatos más antiguos del pueblo syilx (okanagan), que hablaban de un poderoso espíritu del lago, N'ha-a-itk, ligado a un peñasco concreto y respetado, incluso temido, por quienes cruzaban las aguas. Los colonos empezaron a reportar sus propios avistamientos a comienzos del siglo XX; el primero del que hay constancia es el de Susan Allison, en 1872. El nombre desenfadado de "Ogopogo" viene de una canción de music-hall británica de 1924 interpretada en un almuerzo en Vernon el 23 de agosto de 1926: a partir de ahí el nombre se fijó y los avistamientos aumentaron bruscamente. Después llegaron fotografías y películas ocasionales —Folden en 1968, Thal en 1980 ante medio centenar de turistas en Kelowna, Chaplin en 1989—, ninguna concluyente. Los escépticos apuntan a troncos flotantes, olas por el viento, nutrias o castores nadando en fila, esturiones y pareidolia como explicación más probable. Ogopogo es hoy un icono regional muy querido del valle de Okanagan, que alimenta el turismo y el orgullo local sin verificación científica.
Antes de que existiera «Ogopogo» existía nx̌aʔx̌ʔitkʷ, y no eran la misma cosa.
El pueblo syilx (okanagan) llama así al ser del lago Okanagan, en la Columbia Británica. La traducción no es única: se ha vertido como «espíritu del lago», «demonio del agua», «dios del agua» y «criatura sagrada de las aguas», y el propio abanico es significativo, porque cada autor ha tendido a quedarse con la versión que le convenía para su tesis. Lo que sí es constante en los relatos es la relación práctica con él: se hacían ofrendas al cruzar el lago por las inmediaciones de Rattlesnake Island, donde se decía que habitaba, en una cueva subterránea junto a Squally Point.
En esos relatos, el ser manda sobre el agua y sobre el aire: se decía que ninguna barca podía desembarcar en la isla porque el ser levantaba un viento fuerte para impedirlo. Un ser que convoca tormentas no es un animal que come, respira y cría en un lago frío; es una fuerza de la naturaleza, y así funcionaba dentro de un sistema de creencias vivo.
La tradición es anterior en siglos a cualquier avistamiento reportado en inglés. El primero del que hay constancia por parte de un colono es el de Susan Allison, en 1872; desde entonces los relatos de testigos no han dejado de multiplicarse.
Y llegó 1926, que es el año bajo el que se archiva este expediente, aunque no por lo que suele contarse.
En 1924 el compositor británico Cumberland Clark escribió una canción de music-hall titulada «The Ogopogo: The Funny Fox-Trot», sobre un ser acuático de nombre palindrómico cuya ascendencia atribuía, en broma, al cruce de una tijereta con una ballena. El 23 de agosto de 1926 la canción se interpretó en un almuerzo en Vernon, en la Columbia Británica. Según el relato que el investigador Joe Nickell localizó en la biblioteca de Kelowna —el informe que W. H. Brimblecombe publicó en 1930 en la memoria anual de la Okanagan Historical and Natural History Society—, «los comensales salieron del hotel Kalamalka a difundir la fama de Ogopogo a los cuatro vientos». El nombre se quedó.
Lo que vino después es lo interesante: los avistamientos se dispararon justo a partir de ahí, y la criatura cambió de carácter. Los ataques desaparecieron del registro y el ser pasó de temido a simpático, camino de convertirse en la mascota del valle.
El episodio colectivo mejor documentado no es de los años veinte, sino del 11 de agosto de 1980: unos cincuenta turistas siguieron durante unos cuarenta y cinco minutos algo que se movía frente a la playa de Kelowna, y Larry Thal, de Vancouver, lo filmó en 8 mm. De ahí en adelante el lago Okanagan se consolidó como el equivalente canadiense del lago Ness, con décadas de avistamientos, fotografías borrosas, expediciones y una industria turística construida alrededor.
Cronología: los hechos documentados de Ogopogo
Tradición syilx, anterior al contactoEl pueblo syilx conoce al ser del lago como nx̌aʔx̌ʔitkʷ. Se hacen ofrendas al cruzar cerca de Rattlesnake Island, donde se dice que habita en una cueva subterránea junto a Squally Point. En los relatos manda también sobre el viento: ninguna barca podía desembarcar en la isla.
1872Susan Allison reporta el primer avistamiento del que hay constancia por parte de un colono. A partir de ahí los relatos de testigos se multiplican.
1924El compositor británico Cumberland Clark escribe la canción de music-hall «The Ogopogo: The Funny Fox-Trot», que atribuye en broma la ascendencia del ser al cruce de una tijereta con una ballena.
23 de agosto de 1926La canción se interpreta en un almuerzo en Vernon (Columbia Británica). Según el informe de W. H. Brimblecombe de 1930, «los comensales salieron del hotel Kalamalka a difundir la fama de Ogopogo a los cuatro vientos». El nombre se fija, y los avistamientos aumentan bruscamente justo después.
Agosto de 1968Art Folden filma en 8 mm, desde la autopista 97, un objeto que se mueve en el agua. Es la película más citada del caso. En 2005 Nickell y Radford repiten la escena en el mismo punto con topógrafos: la distancia real a la orilla era mucho menor de la que Folden calculó, así que el tamaño y la velocidad del objeto hay que reducirlos en la misma proporción.
11 de agosto de 1980Unos cincuenta turistas siguen durante unos cuarenta y cinco minutos algo que se mueve frente a la playa de Kelowna. Larry Thal lo filma en 8 mm. Es el episodio colectivo mejor documentado del caso; la película dura unos diez segundos y está llena de defectos.
Febrero de 2005Joe Nickell y Benjamin Radford investigan el lago durante una semana para National Geographic Television: entrevistas a testigos, revisión del archivo fotográfico de Arlene Gaal, barrido con sonar y el experimento sobre la película de Folden. Conclusión: no hay prueba de una criatura grande desconocida, y los mejores avistamientos encajan con nutrias de río nadando en fila.
¿Hay una explicación racional para Ogopogo?
Aquí hay tres cosas que separar, y la primera no es una cuestión escéptica sino de respeto.
nx̌aʔx̌ʔitkʷ no es un críptido. En la cultura syilx es un ser espiritual que adopta forma de serpiente acuática, y forma parte de un sistema de creencias con sus propias prácticas. Tratarlo como «la versión indígena de Ogopogo» invierte la relación: convierte una cosmología en un borrador primitivo de una criatura de la cultura popular occidental. Y conviene señalar quién hace esa fusión: como observa el investigador Benjamin Radford, son casi invariablemente autores blancos, no personas syilx, quienes insisten en que nx̌aʔx̌ʔitkʷ y Ogopogo son lo mismo. El folclorista Michel Meurger llamó a ese mecanismo «la cientificación del folclore»: presentar al narrador indígena como «buen salvaje» cuyo relato valdría como prueba zoológica.
Celeste Ganassin, entonces conservadora de educación del Museo de Kelowna, lo resumió sin rodeos: «la gente escoge partes de los mitos de las Primeras Naciones que le encajan, para apoyar el argumento que quiere defender». Sobre los petroglifos que a veces se presentan como retratos antiguos del animal, su respuesta es la que corresponde: «no hay ninguna evidencia académica real de que los pueblos de las Primeras Naciones plasmaran la forma de nx̌aʔx̌ʔitkʷ en petroglifos. Las imágenes no venían con pie de foto». Añádase que prácticamente todo grupo de las Primeras Naciones tiene tradiciones de un ser al que respetar o temer en su lago; si eso valiera como prueba, habría que explicar por qué en todos esos otros lagos no ha aparecido nunca nada.
Segunda cosa: el avistamiento colectivo de 1926. Es el dato que más se repite en internet —unas treinta personas, o treinta coches, en la playa de Okanagan Mission, todas viendo lo mismo a la vez— y no hemos podido rastrearlo hasta ninguna fuente autorizada. No aparece en la investigación de Nickell, ni en la de Radford, ni en la historia que publica Tourism Kelowna, ni en las crónicas periodísticas serias del caso; las pistas mueren en obras de divulgación criptozoológica de los años setenta y noventa que no son consultables. Por eso esta ficha no lo da por hecho: lo que sí está documentado en 1926 es el bautizo, y el episodio multitudinario que sí tiene registro y película es el de 1980.
Tercera: el críptido occidental, donde sí cabe el análisis empírico.
La explicación natural que más se cita es el esturión, y no se sostiene. Nickell fue explícito: en el Okanagan su presencia nunca se ha establecido, y recompensas de hasta 10.000 dólares no han producido ni un solo ejemplar.
Lo que sí vive en ese lago es la nutria de río norteamericana, y ahí aparece la mejor candidata. Nickell compuso un dibujo con los rasgos más repetidos por los testigos y lo comparó con nutrias nadando en fila: la coincidencia con las «jorobas» oscuras avanzando en línea es notable, y las nutrias están además entre los nadadores más rápidos del reino animal, lo que explica las velocidades imposibles que se les atribuyen. Las películas más famosas apuntan al mismo sitio: el vídeo de Chaplin (1989) fue descartado por especialistas en fauna como «lo más probable, una nutria grande o un castor»; el de DeMara (1992) es compatible con varias nutrias —y, para un especialista en vídeo del FBI, con restos de un árbol caído meciéndose—; y con la película de Folden (1968) el equipo hizo lo que casi nadie hace: volver al sitio con topógrafos. Midiendo la distancia real a la orilla, el objeto resultó estar mucho más cerca de lo que Folden creía, de modo que su tamaño y su velocidad había que reducirlos en la misma proporción.
Y queda el propio lago, que explica mucho. El Okanagan es largo, profundo, estrecho y ventoso —el topónimo Squally Point, «punta de las rachas», lo dice—, con corrientes y una superficie que genera olas de interferencia persistentes. En un cuerpo de agua así, una estela, un tronco a la deriva o una fila de ondas producen con enorme fiabilidad la ilusión de jorobas oscuras avanzando en línea.
Queda por último el detalle que más incomoda a la hipótesis animal: el carácter del bicho cambió cuando cambió la publicidad, no cuando cambió el lago. Los ataques cesaron y el monstruo se volvió simpático justo después de que una canción cómica le pusiera nombre en 1926. Ningún animal real hace eso.
¿Se puede visitar Ogopogo?
El lago Okanagan está en el interior sur de la Columbia Británica, en un valle que es a la vez la principal región vitivinícola de Canadá y su destino de vacaciones de verano por excelencia. Mide unos ciento treinta kilómetros de largo.
Kelowna es la base natural, con playa urbana, paseo y —en el parque de la ribera— la escultura de Ogopogo que es la foto obligada del lago. Desde allí se organizan cruceros, alquiler de embarcaciones y deportes acuáticos. Penticton, Vernon y Peachland completan el circuito por la orilla.
Rattlesnake Island y Squally Point, los lugares del relato tradicional, están en la orilla oeste, en el entorno del Okanagan Mountain Provincial Park. Se ven desde el agua y desde la carretera panorámica, y el parque tiene senderos y acampada. El nombre del punto no es decorativo: allí sopla de verdad.
La temporada es de junio a septiembre, cuando el lago está templado y el valle en pleno. Es una de las zonas más cálidas y secas de Canadá en verano.
Y un apunte que conviene llevar puesto. El valle es territorio tradicional de la Nación Syilx Okanagan, y hay centros culturales gestionados por la propia nación —como el Sncewips Heritage Museum en Westbank— donde se explica su cultura desde dentro, incluida su relación con el lago. Visitar eso antes que la escultura de Ogopogo cambia el orden de las cosas, y es el orden correcto: la tradición syilx es anterior en siglos al críptido, y no es una versión temprana de él.
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