Castillo Dundurn es un lugar reputado como embrujado en Ontario, CA. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Castillo Dundurn?
Ubicación
Ontario, CA
Tipo
Casa / mansión
Coordenadas
43.269, -79.885
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Castillo Dundurn está embrujado?
El castillo de Dundurn se alza en Burlington Heights, en Hamilton (Ontario), sobre un terreno que el ejército británico fortificó en 1813 y donde en julio de 1814 fueron ahorcados ocho hombres condenados en el «Bloody Assize» de Ancaster. Sir Allan Napier MacNab levantó allí su villa italianizante entre 1834 y 1835, y el museo devuelve las salas a 1855: no a un año de decadencia, como suele escribirse, sino al año en que era primer ministro de las Canadás Unidas y añadió el gran pórtico para la boda de su hija Sophia con el vizconde Bury. La ruina vino después: dimitió en 1856 y murió en Dundurn en agosto de 1862 sin un céntimo y cargado de deudas, horas después de una conversión en el lecho de muerte que puso a dos iglesias a discutir por su cuerpo en la prensa. El ayuntamiento, dueño de la casa desde 1899, no menciona ningún fantasma; las visitas comerciales llevan vendiéndolo dentro desde 1999 aproximadamente. Y lo que cuentan —un frío junto al cuarto donde murió lady MacNab en 1846, una mujer que canta donde no canta nadie— no tiene ni un testigo con nombre anterior a la llegada de ese negocio.
Dundurn no se levantó sobre un solar vacío. Está en Burlington Heights, el istmo de dos kilómetros y medio que separa el puerto de Hamilton de la ciénaga de Cootes Paradise y que el ejército británico fortificó en 1813 como depósito de suministros para la defensa de la península del Niágara; el paraje fue declarado sitio histórico nacional por derecho propio el 17 de mayo de 1929, y en el parque que rodea la casa todavía se ven los terraplenes defensivos y un polvorín. El 20 de julio de 1814, tras los juicios por traición conocidos como el «Bloody Assize» de Ancaster, ocho hombres —Dayton Lindsey, Noah Payne Hopkins, John Dunham, Aaron Stevens, Benjamin Simmons, George Peacock hijo, Isaiah Brink y Adam Crysler— fueron ahorcados en Burlington Heights y enterrados junto al patíbulo. En esta loma se enterraba gente veinte años antes de que hubiera una casa.
Allan Napier MacNab, nacido en Newark (hoy Niagara-on-the-Lake) el 19 de febrero de 1798, compró la finca a J. S. Cartwright en noviembre de 1832 por 2.500 libras: quinientas más de las que pensaba pagar, según la biografía que le dedicó Peter Baskerville en el Dictionary of Canadian Biography. Robert Charles Wetherell diseñó la villa italianizante que se alzó entre 1834 y 1835 sobre los cimientos de una casa de ladrillo anterior. Parks Canada la describe como «un ejemplo raro y superviviente de finca pintoresca en Canadá, con un grado notable de integridad»: no solo la villa, sino una escenografía completa con palomar, casa del jardinero, portería llamada Battery Lodge, cuadras y un pabellón de dos plantas construido para peleas de gallos, el Cockpit. El número de habitaciones no está acordado: el museo y la mayoría de las reseñas dicen cuarenta; Baskerville y el estudio ilustrado de Edward Smith sobre la casa dicen setenta y dos.
MacNab se casó dos veces. Elizabeth Brooke murió en enero de 1825 al dar a luz a su segundo hijo; Mary Stuart, con quien se casó en septiembre de 1831, murió en Dundurn en 1846 tras una larga enfermedad. La hija mayor de ambos, Sophia, que tenía trece años, llevó ese año un diario en el que casi todas las entradas giran en torno a la salud de «mi queridísima mamá»; se publicó en Hamilton en 1968 y es lo más parecido a una voz contemporánea de puertas adentro que conserva la casa. En 1855 se añadieron las columnas y el pórtico que dominan la fachada sur, con motivo de la boda de Sophia con William Coutts Keppel, vizconde Bury, celebrada en Dundurn el 15 de noviembre de aquel año. Por eso el museo devuelve las salas a 1855: el año en que MacNab era primer ministro de las Canadás Unidas, casaba a su hija con un condado inglés y rehacía su propia fachada para hacerlo.
La caída vino después, y fue empinada. Baskerville anota que el control político de MacNab «empezó a resbalar en 1855 y 1856», que la gota lo mantenía fuera de la cámara y que dimitió en mayo de 1856, tras lo cual John A. Macdonald formó un ministerio nuevo con casi todos los antiguos miembros y sin él. Volvió a la vida pública en 1860 y sacó 20.000 dólares de una venta de tierras, «pero no bastó para contentar a sus muchos acreedores». «En agosto de 1862 el señor de Dundurn murió, deudor sin un céntimo.»
Su muerte produjo el episodio documentado más extraño de la historia de la casa. El jueves 7 de agosto de 1862, entre las diez y el mediodía, el obispo John Farrell recibió a MacNab en la Iglesia católica en el propio Dundurn; MacNab murió allí la tarde siguiente, a las cuatro. El rector anglicano de Hamilton, el reverendo J. Gamble Geddes, discutió públicamente la conversión —su carta salió en el Globe de Toronto el 15 de agosto de 1862— y Farrell respondió en el Hamilton Evening Times el 16. El hermano Alfred (Dooner) reconstruyó la disputa a partir de la prensa para la Canadian Catholic Historical Association en 1942-43 y consigna que en el funeral varios amigos protestantes ilustres, entre ellos los presidentes de tribunal Draper y McLean, se retiraron al saber que el rito sería católico, y no quedaron portadores suficientes para el féretro.
Después de MacNab, la casa se llenó de niños. John Barrett McGann, maestro nacido en Irlanda que había abierto en Toronto en 1858 la primera escuela canadiense para alumnos sordos, trasladó su institución a Hamilton en 1864; según la placa que el ayuntamiento de Hamilton y la Ontario Deaf Foundation descubrieron en el sitio en 2024, en 1867 ochenta y un alumnos sordos y diez ciegos se instalaron en la mansión, McGann pagaba 600 dólares anuales de alquiler y fueron los propios estudiantes sordos quienes pintaron, hicieron la carpintería y acristalaron para dejar la casa habitable. Sophia, ya vizcondesa Bury, recompró Dundurn en 1868 y se lo arrendó a la escuela hasta que lo vendió al comerciante y senador Donald McInnes en 1872. La escuela provincial abrió en Belleville el 20 de octubre de 1870.
McInnes vendió al ayuntamiento de Hamilton en 1899 por 50.000 dólares, después de pedir 75.000; la historia de Dundurn Park publicada por el proyecto Canadian Parks Movement y archivada por la Biblioteca y Archivos de Canadá recoge que los contribuyentes aprobaron la compra por 2.016 votos contra 914 el 8 de septiembre de 1899, que el pleno la ratificó el 2 de octubre y que el parque se abrió al público el día de Victoria, 24 de mayo de 1900. En 1908 la familia cedió a la junta de parques el cementerio privado amurallado que había al este de la casa, llamado Inchbuie, y en 1909 se levantaron las tumbas: según ese mismo relato, siete fueron al cementerio protestante de Hamilton, al otro lado de York Boulevard, y ocho —entre ellas la de MacNab— a una fosa sin lápida del cementerio católico de Holy Sepulchre. La disputa de 1862 se zanjó, cuarenta y siete años más tarde, partiendo a la familia en dos. La tumba de MacNab siguió sin marcar hasta 1967, cuando el Canadian Club de Hamilton le puso una lápida y un banco. Ese mismo año reabrió la casa, restaurada entre 1964 y 1967 como proyecto del centenario de la Confederación por un coste que el ayuntamiento cifra cerca de los tres millones de dólares. Dundurn Castle fue declarado sitio histórico nacional el 13 de junio de 1984. Camila, reina de Canadá, desciende de Sophia y es patrona real del sitio; visitó la casa el 5 de noviembre de 2009 durante la gira real de aquel año.
Cronología: los hechos documentados de Castillo Dundurn
20 de julio de 1814Tras los juicios por traición conocidos como el «Bloody Assize» de Ancaster, ocho hombres son ahorcados en Burlington Heights y enterrados junto al patíbulo, en un terreno que después será el parque de Dundurn.
Noviembre de 1832Allan Napier MacNab compra la finca de Burlington Heights a J. S. Cartwright por 2.500 libras, quinientas más de las que pensaba pagar.
1835Se termina la villa italianizante diseñada por Robert Charles Wetherell, levantada sobre los cimientos de una casa de ladrillo anterior tras unos tres años de obras.
1846Mary Stuart, lady MacNab, muere en Dundurn tras una larga enfermedad. Su hija Sophia, de trece años, lleva ese año un diario en el que casi todas las entradas tratan de la salud de su madre; se publica en Hamilton en 1968.
15 de noviembre de 1855Sophia MacNab se casa en Dundurn con William Coutts Keppel, vizconde Bury. Las columnas y el pórtico de la fachada sur se añadieron ese año para la boda; MacNab es primer ministro de las Canadás Unidas, y 1855 es el año al que el museo devuelve la casa.
7-8 de agosto de 1862El obispo John Farrell recibe a MacNab en la Iglesia católica en Dundurn la mañana del jueves; MacNab muere allí a las cuatro de la tarde del viernes. El rector anglicano J. Gamble Geddes discute la conversión en el Globe de Toronto del 15 de agosto y Farrell le responde en el Hamilton Evening Times del 16; en el funeral se retiran varios notables protestantes y no quedan portadores suficientes para el féretro.
1867Ochenta y un alumnos sordos y diez ciegos se instalan en la mansión, que John Barrett McGann alquila por 600 dólares al año para su institución; según la placa conmemorativa, fueron los propios estudiantes sordos quienes pintaron, hicieron la carpintería y acristalaron para dejar la casa habitable.
20 de octubre de 1870La institución provincial de Ontario para la educación de los sordos abre en Belleville y pone fin a la escuela de Hamilton; Sophia, vizcondesa Bury, que había recomprado Dundurn en 1868 y se lo arrendaba a McGann, se lo vende a Donald McInnes en 1872.
8 de septiembre de 1899Los contribuyentes de Hamilton aprueban la compra de Dundurn por 2.016 votos contra 914; McInnes pedía 75.000 dólares y acepta 50.000, el pleno lo ratifica el 2 de octubre y el parque se abre al público el día de Victoria, 24 de mayo de 1900.
1909Se desmantela Inchbuie, el cementerio familiar de los MacNab al este de la casa, un año después de haberlo cedido a la junta de parques. Según ese relato, siete tumbas van al cementerio protestante de Hamilton y ocho —entre ellas la de MacNab— a una fosa sin lápida del cementerio católico de Holy Sepulchre.
Junio de 1967Dundurn reabre tras una restauración hecha entre 1964 y 1967 como proyecto del centenario de la Confederación. Ese mismo año el Canadian Club de Hamilton pone por fin una lápida y un banco en la tumba de MacNab, sin marcar desde 1909.
13 de junio de 1984Dundurn Castle es declarado sitio histórico nacional de Canadá como «ejemplo raro y superviviente de finca pintoresca»; Burlington Heights, dentro del mismo parque, ya lo había sido por separado el 17 de mayo de 1929.
1999Empieza a operar Haunted Hamilton; sus fundadores llevan también Ghost Walks, que hoy vende una velada dentro del castillo por unos 34 dólares en temporada de Halloween. No se ha localizado ningún testigo con nombre ni informe fechado de fenómenos en Dundurn anterior a este negocio.
2024El ayuntamiento de Hamilton y la Ontario Deaf Foundation descubren en el recinto una placa, «Deaf Education at Dundurn Castle», que recupera la historia de los alumnos que vivieron en la casa entre 1867 y 1870.
¿Hay una explicación racional para Castillo Dundurn?
Empecemos por lo que dice el dueño. El castillo es propiedad del ayuntamiento de Hamilton y lo gestiona Hamilton Civic Museums, y ni la página del sitio ni la información para visitantes mencionan fantasma, encantamiento ni nada paranormal: la casa se presenta como la historia de «la familia MacNab y el servicio que vivía y trabajaba en ella». El mismo edificio abre de noche para un Dundurn Castle & Ghost Bus Tour anunciado a 34 dólares, que solo funciona en temporada de Halloween y pone las entradas a la venta en junio; el operador, Ghost Walks, lo llevan los fundadores de Haunted Hamilton, un grupo paranormal activo desde 1999. El libro del gremio, Haunted Hamilton: The Ghosts of Dundurn Castle and Other Steeltown Shivers, de Mark Leslie, salió en 2012. Ese es el patrón de las dos voces: la institución deja al fantasma fuera de su propia historia y le alquila el edificio de noche.
Fechar el relato importa más que comprobarlo. Aquí no he localizado ni un testigo con nombre ni un informe fechado anterior al negocio de las visitas de fantasmas. La propia página de historia local de la Biblioteca Pública de Hamilton repite el repertorio de siempre —un frío y una corriente que apaga las velas junto al cuarto donde murió la segunda mujer de MacNab, objetos que se mueven, música y cantos— sin un solo nombre ni una sola fecha. El testimonio publicado más concreto y con nombre es de segunda mano y reciente: Chris Friesen, intérprete del castillo, contó al periódico del Mohawk College, Ignite News, el 8 de noviembre de 2024, que «una de las trabajadoras» oyó a una mujer cantar un villancico raro. Y la historia estrella de Ghost Walks, el «fantasma de la boda», es una anécdota de fotografía que sus propios autores atan a una sesión fotográfica del Hamilton Spectator de 1967 y sitúan unos treinta años después.
Los fenómenos, además, son lo que el edificio es. Corrientes, zonas frías y puertas que se mueven es el comportamiento corriente de una casa de piedra de los años treinta del siglo XIX con decenas de habitaciones, chimeneas abiertas, escalera de servicio y sin calefacción central, recorrida a diario por personal de época cuyo trabajo consiste precisamente en subir y bajar esa escalera. Y los «túneles» de la leyenda local tienen bajo los pies una explicación más gris y mejor documentada: los terraplenes y el polvorín británicos de 1813 de Burlington Heights, un sitio histórico nacional distinto dentro del mismo parque.
Hay además una afirmación que se puede comprobar, y no aguanta. Eso de que MacNab se resiste a abandonar su casa va justo al revés de lo documentado: lo enterraron en su propia finca en 1862, en 1909 desmontaron su tumba y sus restos fueron a parar a una fosa sin lápida de un cementerio del otro extremo de la ciudad, donde siguieron sin nombre hasta 1967. No es que no quisiera irse de Dundurn: es que lo sacaron, y hubo que esperar un siglo para que alguien escribiera su nombre donde acabó. Lo verdaderamente inquietante de esta casa está sobre papel: dos iglesias discutiendo en la prensa por un moribundo del piso de arriba, y unos portadores dejando el féretro en el suelo.
¿Se puede visitar Castillo Dundurn?
El sitio histórico nacional de Dundurn está en el 610 de York Boulevard, en Hamilton (Ontario), al oeste del centro, y lo gestiona Hamilton Civic Museums. Al comprobarlo en agosto de 2026, el castillo abría de martes a domingo de 12.00 a 16.00, cerraba los lunes y algunos festivos, y la entrada costaba 16,75 dólares canadienses para adultos de 18 a 54 años, 14,25 para mayores de 55 y jóvenes de 13 a 17, 10,00 para niños de 6 a 12, gratis para menores de seis años y 45,75 la entrada familiar de dos adultos y hasta cuatro niños. El mismo billete incluye el Museo Militar de Hamilton, que está en la misma finca. A la casa solo se entra en visita guiada, con intérpretes vestidos de época, y se recorren las dos mitades: las estancias de la familia arriba y la cocina, la trascocina y las dependencias del servicio abajo.
La casa es solo parcialmente accesible en silla de ruedas: a la planta de servicio y a los pisos altos se sube por escaleras históricas. No se admiten carritos de bebé en la visita, aunque hay dónde dejarlos, y el recinto tiene aparcamiento. Los horarios, los precios y la disponibilidad de visitas cambian según la temporada y las reservas escolares, así que conviene confirmarlo en hamilton.ca antes de ir.
El parque de Dundurn es gratuito y está abierto, y para quien le interese el terreno más que los muebles es la mitad buena de la visita. Dentro están el huerto histórico de casi una hectárea, donde el personal cultiva más de doscientas variedades tradicionales para la cocina del castillo; el Cockpit, el palomar y Battery Lodge; y los terraplenes y el polvorín que quedan de la posición británica de 1813 en Burlington Heights, que es sitio histórico nacional por sí mismo. El cementerio de Hamilton, el camposanto público más antiguo de la ciudad y el primer cementerio de titularidad municipal de Canadá, está justo enfrente, al otro lado de York Boulevard.
Las visitas de fantasmas del castillo no las organiza el museo. Las venden operadores privados por su cuenta —Ghost Walks combina un recorrido en autobús por la ciudad con una velada dentro de la casa por unos 34 dólares— y solo funcionan en torno a Halloween, con las entradas a la venta meses antes. Si lo que se busca es la historia documentada y no el fantasma, conviene ir de día y preguntar a los intérpretes por la escuela para sordos: la placa de 2024 que cuenta esa historia está en el propio recinto.
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