🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº6501 ACTIVO

El Coco

El Coco es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de España/Latinoamérica, ES. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a El Coco?

Ubicación
España/Latinoamérica, ES
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
42.878, -8.545
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es El Coco?

El Coco no es una criatura de la que nadie haya informado: es una palabra que los adultos hispanohablantes llevan cinco siglos usando para asustar a los niños. Su primera definición fechada no está en un libro de folclore sino en una crónica de la India portuguesa: hacia 1553, João de Barros explica que sus paisanos bautizaron la nuez de la palmera como coco porque así llamaban las mujeres a cualquier cosa con la que querían asustar a los niños. El fruto tomó el nombre del espantajo, y no al revés. Un año después, en 1554, la palabra asoma en el Lazarillo de Tormes en una escena de una crudeza inesperada: el hermanito de Lázaro señala con el dedo a su propio padre, que es negro, y grita «¡Madre, coco!». Cuando Goya grabó Que viene el Coco en 1799, lámina tres de Los Caprichos, la fórmula llevaba dos siglos y medio impresa, y los comentaristas de la época no vieron en la estampa un fantasma, sino una denuncia: «el abuso funesto de la primera educación… obligarle a temer lo que no existe».
El Coco — ilustración
Imagen: Francisco de Goya · CC0

¿Cuál es la historia de El Coco?

El Coco no es una criatura: es una palabra. Y de esa palabra hay constancia escrita mucho antes de 1799. La definición fechada más antigua que he podido localizar no está en un libro de folclore, sino en una crónica de la expansión portuguesa por Asia. Hacia 1553, João de Barros explica en su Década III por qué la nuez de la palmera india se llama coco entre los suyos. Cito por la versión inglesa que Henry Yule y A. C. Burnell dieron del pasaje en su Hobson-Jobson (1886), porque no he podido consultar el original portugués: los portugueses le dieron «el nombre de coco, palabra que las mujeres aplican a cualquier cosa con la que quieren asustar a los niños», y el nombre cuajó porque nadie conocía otro —el propio era tenga entre los malabares y narle entre los canarines—. El mismo repertorio reúne a los otros dos testigos del bautizo: Garcia de Orta, desde Goa, escribe en 1563 que «le hemos dado el nombre de coco porque parece la cara de un mono», y Cristóvão da Costa añade en 1578 que se llama así «por esos tres agujeros que tiene». El orden, por tanto, es el contrario del que suele contarse: el fruto se llamó coco por el espantajo, y no al revés. «¡Madre, coco!» Un año después de Barros, la palabra entra en la literatura castellana, y entra por una puerta incómoda. En el Lazarillo de Tormes, impreso en 1554, el niño que Lázaro tiene por hermano —hijo de su madre y de Zaide, un mozo de cuadra negro— ve a su padre y echa a correr: «como el niño vía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía dél con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decía: "¡Madre, coco!"». El padre se ríe. Y Lázaro, que tenía pocos años, anota la frase que convierte el chiste en otra cosa: «¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mesmos!». Ese es el Coco más antiguo que se puede leer en castellano: no un monstruo del armario, sino lo que un niño llama a la cara que no reconoce. Los diccionarios lo fijan Sebastián de Covarrubias le dedica tres entradas distintas en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611). Una es la fruta, y ahí repite el argumento portugués: «El nombre de coco se le dieron los Españoles, por el gestillo que se figura con los tres agujeros, que parecen ojos y boca». Otra es la grana de la coscoja. Y la tercera es la que nos ocupa: «Coco, en lenguaje de los niños vale figura que causa espanto, y ninguna tanto como las que están a lo oscuro, o muestran color negro». Covarrubias remata con una etimología bíblica —lo hace derivar de Cus, descendiente de Cam «que reinó en la Etiopía, tierra de los negros»— que hoy no sostiene ningún lingüista y que conviene leer por lo que es: la prueba de que en 1611 la palabra ya arrastraba la asociación racial que el Lazarillo había puesto en escena medio siglo antes. El Diccionario de Autoridades (tomo II, 1729) lo define ya por su función, no por su forma: «Figura espantosa y fea, o grito semejante al de la mona, que se hace para espantar y contener a los niños». Y como autoridad elige, precisamente, el pasaje del Lazarillo. Registra además la frase hecha «Guarda el coco», ilustrada con La Dorotea de Lope de Vega, y un entremés de Quevedo donde un ladrón amenaza cantando: «Dame la bolsa. ¡Coco, coco, coco!». Goya, 1799 Cuando Francisco de Goya graba Que viene el Coco, lámina tres de Los Caprichos, la fórmula llevaba dos siglos y medio impresa. La estampa —aguafuerte y aguatinta bruñida, 219 × 154 mm— lleva el título grabado al pie y la marca «P.3.» en el ángulo superior derecho. En ella, quienes gritan son los niños: uno alza los brazos para huir y el otro se agarra a la madre, que permanece sentada, los sujeta a los dos y levanta la vista hacia un bulto de pie enteramente cubierto por una tela, sin cara. Lo excepcional del caso es que se conservan los comentarios manuscritos de época que explicaban cada lámina, y los tres hablan de esta. El del Museo Nacional del Prado dice que la estampa «representa el abuso funesto de la primera educación. Hacer que un niño tenga más miedo al Coco que a su padre y obligarle a temer lo que no existe». El de Ayala es más mordaz: las madres «meten miedo a sus hijos con el Coco para hablar con sus amantes». Y el de la Biblioteca Nacional junta las dos lecturas: «las madres tontas hacen medrosos a los niños figurando el Coco; y otras peores se valen de este artificio para estar con sus amantes a solas cuando no pueden apartar de sí a sus hijos». Lorca, 1928 La mejor descripción de cómo funciona el Coco la escribió un poeta. En su conferencia Las nanas infantiles, García Lorca observó: «La fuerza mágica del "coco" es precisamente su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos». Y añadió una corrección que casi nadie cita: «Pero no es España aficionada al "coco". Prefiere asustar con seres reales. En el Sur, el "toro" y la "reina mora" son las amenazas; en Castilla, la "loba" y la "gitana"». Galicia, Portugal y América La idea de que el Coco «se originó en Galicia y en el norte de Portugal» circula mucho y no he encontrado ninguna fuente que la sostenga. Lo que sí está documentado en el noroeste peninsular es otra cosa, emparentada pero distinta: la Coca, que el Dicionario da Real Academia Galega define como «figura lendaria que representa unha serpe monstruosa e que se saca nalgunhas procesións e festas populares», con la coca de Redondela como ejemplo y tarasca como sinónimo. El coco espantaniños también sigue vivo en gallego, y la Academia lo recoge con un ejemplo de uso doméstico: «Se non comes todo, vaiche vir o coco». De la difusión americana puedo documentar el hecho, no la cadena. Eloy Martos Núñez, de la Universidad de Extremadura, describe el caso iberoamericano como un sincretismo: bajo el mismo nombre —Coco, Cuco, Cucuy— «pueden latir imágenes muy distintas», contaminadas con figuras del acervo indígena y africano, y solapadas con el hombre del saco y el sacamantecas. No he podido fechar con fuentes de primera mano la primera aparición americana del Coco, y prefiero decirlo a rellenarlo.

Cronología: los hechos documentados de El Coco

  1. Hacia 1553 En su Década III, el cronista portugués João de Barros explica que sus paisanos bautizaron la nuez de la palmera india como coco por la palabra que —en la traducción inglesa de Yule y Burnell— «las mujeres aplican a cualquier cosa con la que quieren asustar a los niños». Es la definición fechada más antigua del Coco que he podido rastrear, y fija la dirección del préstamo: el fruto se llama así por el espantajo.
  2. 1554 Se imprime el Lazarillo de Tormes. En el tratado primero, el hermanito del narrador señala a su propio padre, el mozo de cuadra negro Zaide, y grita «¡Madre, coco!»: la aparición más antigua de la palabra en la literatura castellana que he podido fechar. El comentario de Lázaro le da la vuelta al chiste: «¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mesmos!».
  3. 1563 Desde Goa, el médico Garcia de Orta aporta la otra mitad del bautizo: «le hemos dado el nombre de coco porque parece la cara de un mono, o la de algún otro animal». En 1578, Cristóvão da Costa añade el detalle que fijó la imagen para siempre: los portugueses lo llaman coco «por esos tres agujeros que tiene».
  4. Siglo XVII Según Eloy Martos Núñez, la nana más antigua que se conoce con el Coco aparece en una obra dramática, el Auto de los desposorios de la Virgen de Juan Caxés: «Ea, niña de mis ojos, / duerma y sosiegue, / que a la fe venga el coco / si no se duerme». No he podido consultar el auto directamente, así que la atribución descansa en Martos.
  5. 1611 Sebastián de Covarrubias dedica al coco tres entradas distintas en su Tesoro de la lengua castellana o española. La tercera dice: «Coco, en lenguaje de los niños vale figura que causa espanto, y ninguna tanto como las que están a lo oscuro, o muestran color negro». Y lo hace derivar de Cus, «que reinó en la Etiopía, tierra de los negros»: una etimología que ningún lingüista sostiene, pero un registro nítido de la carga racial que la palabra ya arrastraba.
  6. 1729 La Real Academia Española publica el tomo II del Diccionario de Autoridades y define el Coco por su función, no por su aspecto: «Figura espantosa y fea, o grito semejante al de la mona, que se hace para espantar y contener a los niños». Como autoridad elige el pasaje del Lazarillo de 1554, y registra la fórmula de amenaza «Guarda el coco» como entrada aparte, ilustrada con La Dorotea de Lope de Vega.
  7. 1729 (tomo III) Ese mismo año, fray Benito Jerónimo Feijóo dedica el discurso IV del tomo III de su Teatro crítico universal a los «Duendes y espíritus familiares», y advierte de cuántos hurtos y adulterios se cometieron «cubriéndose, o los agresores, o los medianeros, con la capa de Duendes», y de que el embuste solo triunfaba «donde toda la familia se compone de gente fácilmente crédula».
  8. 1799 Goya publica Los Caprichos. Que viene el Coco es la lámina tres: aguafuerte y aguatinta bruñida, 219 × 154 mm, con la marca «P.3.» en el ángulo superior derecho. Los tres manuscritos de época conservados la leen como una acusación pedagógica. El del Prado: «el abuso funesto de la primera educación. Hacer que un niño tenga más miedo al Coco que a su padre y obligarle a temer lo que no existe».
  9. Hacia 1830 Eugène Delacroix copia la estampa con la técnica del aguatinta; su versión está en la Bibliothèque nationale de France. La plancha de cobre original se queda en España y sigue custodiada en la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, con el número 174.
  10. 1928 En su conferencia Las nanas infantiles, Federico García Lorca explica el mecanismo: «La fuerza mágica del "coco" es precisamente su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones». Y añade la corrección que casi nadie cita: «Pero no es España aficionada al "coco". Prefiere asustar con seres reales».
  11. Hoy El Dicionario da Real Academia Galega sigue registrando coco como «fantasma ou figura imaxinaria con que se lles mete medo aos nenos», con el ejemplo cotidiano «Se non comes todo, vaiche vir o coco», y mantiene coca como entrada aparte para la «figura lendaria que representa unha serpe monstruosa» que sale en Redondela. Son parientes, no la misma cosa.

¿Hay una explicación racional para El Coco?

No hay nada que verificar, y eso no es una carencia de la investigación: es la definición del objeto. Nadie ha declarado nunca haber visto al Coco. No existe un avistamiento del Coco como existen los de un monstruo de lago, porque el Coco no se aparece a nadie: se nombra. Es un acto de habla, y la propia tradición lo sabía. Lo dicen las fuentes, y todas por su nombre. En 1553, João de Barros define coco como «la palabra que las mujeres aplican a cualquier cosa con la que quieren asustar a los niños» — no como un ser, sino como un recurso. En 1729 el Diccionario de Autoridades hace lo mismo desde la lexicografía: lo define por su uso, «que se hace para espantar y contener a los niños», y añade la frase de amenaza «Guarda el coco» como entrada aparte. La crítica al procedimiento es igual de antigua. En 1799 los tres manuscritos que glosaban Los Caprichos leyeron la lámina de Goya como una denuncia pedagógica, no como una estampa de terror: para el manuscrito del Prado, lo que la imagen retrata es «el abuso funesto de la primera educación… obligarle a temer lo que no existe». Es, que yo sepa, la formulación más limpia del problema, y tiene más de dos siglos. Setenta años antes, fray Benito Jerónimo Feijóo había atacado el mismo terreno por otro flanco en su Teatro crítico universal (tomo III, discurso IV, «Duendes y espíritus familiares», 1729), donde recordaba cuántos delitos se cometieron «cubriéndose, o los agresores, o los medianeros, con la capa de Duendes», y que el embuste solo triunfaba «donde toda la familia se compone de gente fácilmente crédula». En 1928 García Lorca explicó por qué el mecanismo funciona: el Coco no puede aparecer nunca, y por eso el miedo que produce «es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner sus límites salvadores». Una figura que jamás se materializa no puede ser desmentida por la experiencia. Pero también observó lo contrario, y merece la pena citarlo porque desarma el tópico: «no es España aficionada al "coco". Prefiere asustar con seres reales». Y la propia tradición se ríe de su eficacia. Entre las nanas que el profesor Pedro Cerrillo recogió en Sisante (Cuenca) y que cita Eloy Martos hay esta, que es una observación de manual sobre la habituación al miedo: «Con decirle a mi niño / que viene el coco, / le va perdiendo el miedo / poquito a poco».

¿Se puede visitar El Coco?

El Coco no tiene sitio. No hay cueva, ni lago, ni casa que visitar: lo único físico que ha dejado esta tradición es la estampa de Goya, y esa sí se puede ver. La estampa. Que viene el Coco es la lámina 3 de Los Caprichos, aguafuerte y aguatinta bruñida de 219 × 154 mm. El catálogo razonado en línea de la Fundación Goya en Aragón (Gobierno de Aragón) publica su ficha completa —inventario 225— con imagen, inscripciones, historial, exposiciones y bibliografía, y es gratuito y sin registro; es la fuente que se ha usado para esta página. La imagen de la ficha procede del ejemplar de la National Gallery of Art de Washington, liberado como CC0, de modo que se puede descargar e imprimir sin restricciones. El dibujo preparatorio (lápiz negro y lápiz rojo sobre papel verjurado, 198 × 140 mm) se conserva en el Museo Nacional del Prado con el número de inventario D. 4208. Como toda obra sobre papel, no está en exposición permanente: se muestra por rotaciones y en exposiciones temporales, así que conviene consultar antes de ir a buscarlo. La plancha de cobre original se conserva en la Calcografía Nacional, dentro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con el número 174. La Academia está en la calle de Alcalá 13, Madrid 28014, en pleno centro y a un paso de Sol; su museo se visita con entrada de pago, que se compra en su tienda en línea (rabasf.shop), y su catálogo de colecciones está en abierto en academiacolecciones.com. La Academia no publica horarios ni tarifas en su página de presentación, así que hay que consultarlos en su web antes de ir. La Calcografía sigue estampando y vendiendo ediciones tiradas de las planchas históricas de Goya. Lo vivo. Si lo que se busca es una figura de la familia del Coco que todavía salga a la calle, hay que ir a la Coca: el Dicionario da Real Academia Galega la define como una serpiente monstruosa que se saca en algunas procesiones y fiestas populares, y pone como ejemplo la coca de Redondela (Pontevedra), que sale por el Corpus Christi. Ojo: la Coca no es el Coco. Comparten raíz y comparten el oficio de dar miedo, pero son figuras distintas, y quien vaya buscando al espantaniños de las nanas encontrará un dragón procesional. La web municipal de Redondela tenía el certificado de seguridad caducado cuando se escribió esta ficha, así que las fechas exactas conviene confirmarlas por teléfono con la oficina de turismo.

Fuentes consultadas

  1. Henry Yule y A. C. Burnell, «Hobson-Jobson: being a glossary of Anglo-Indian colloquial words and phrases — entrada «Coco-nut» (cita a João de Barros, Década III, libro III, cap. 7, 1553; a Garcia de Orta, 1563; y a Cristóvão da Costa, 1578)» — John Murray, Londres, 1886 libro
  2. Anónimo, «La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades — tratado primero («¡Madre, coco!»)» — Burgos / Alcalá de Henares / Amberes, 1554 libro
  3. Sebastián de Covarrubias Orozco, «Tesoro de la lengua castellana o española — tres entradas «Coco» (la fruta, la grana y «en lenguaje de los niños vale figura que causa espanto»)» — Luis Sánchez, Madrid, 1611 libro
  4. Real Academia Española, «Diccionario de la lengua castellana (Diccionario de Autoridades), tomo segundo, letra C — entradas «Coco» y «Guarda el coco»» — Imprenta de Francisco del Hierro, Madrid, 1729 libro
  5. Fray Benito Jerónimo Feijóo, «Teatro crítico universal, tomo III, discurso IV: «Duendes y espíritus familiares», sección III» — Madrid (ed. digital del Proyecto Filosofía en español), 1729 libro
  6. Fundación Goya en Aragón, «Catálogo razonado en línea, ficha de la estampa «Que viene el coco», Caprichos 3/85, inv. 225 (con los comentarios manuscritos del Prado, de Ayala y de la Biblioteca Nacional)» — Gobierno de Aragón, 2024 informe
  7. Federico García Lorca, ««Las nanas infantiles» (conferencia)» — Conferencias (ed. digital en Wikisource), 1928 libro
  8. Eloy Martos Núñez, ««La imagen del joven a través de las ficciones de terror y sus fuentes folklórico-literarias. El caso iberoamericano»» — Universidad de Extremadura, 2004 académico
  9. Real Academia Galega, «Dicionario da Real Academia Galega — entradas «coco» («fantasma ou figura imaxinaria con que se lles mete medo aos nenos») y «coca» («figura lendaria que representa unha serpe monstruosa»)» — Real Academia Galega, 2026 web
  10. Fundación Goya en Aragón, «Ficha de la estampa «Que viene el coco» (dibujo preparatorio, inv. D. 4208) y de la plancha de cobre nº 174 de la Calcografía Nacional» — Gobierno de Aragón, 2024 informe

Ficha revisada por V. Serrano el 11/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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