🦶 AVISTAMIENTO · EXP. Nº6501 ACTIVO

Nuberu

Nuberu es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Asturias, ES. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.

¿Dónde y cuándo se ha avistado a Nuberu?

Ubicación
Asturias, ES
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
43.188, -6.919
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Qué es Nuberu?

El Nuberu —también nubeiru, renubeiru o ñuberu, y «el Escolar» en San Martín de Luiña, Pola de Allande y Grandas de Salime— es el ser que dirige las tormentas en el folclore asturiano. Quien lo fijó por escrito fue Aurelio de Llano Roza de Ampudia en «Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres» (Madrid, 1922), libro prologado por Ramón Menéndez Pidal; el Nuberu lo abre, en las páginas 6 a 15. Llano lo describe maligno, feo, de estatura elevada y de una fuerza colosal, con traje de pieles, barba, sombrero de anchas alas y cabalgando sobre una nube. En las ocho leyendas que recogió se llama Juan Cabrito y vive con su mujer y sus hijos en una ciudad levantada en la cumbre de una montaña de Egipto cubierta de niebla, desde donde sale a facer truena y a verter la nube donde le place. Contra él se tocaban las campanas, se encendían velas benditas y se ponía en el tejado un hacha con el filo hacia arriba. En Grandas de Salime, el 9 de noviembre de 1921, Llano anotó el conjuro que se decía que las campanas lanzaban a la nube: «Detente, nube y nublado, que Dios puede más que el diablo». Pese a su carácter maligno, esas mismas leyendas dicen que protege a quien lo trata bien.
Nuberu — ilustración
Imagen: Mrc1986 · CC BY-SA 4.0

¿Cuál es la historia de Nuberu?

El Nuberu no llegó a la letra impresa porque alguien oyera una historia bonita. Llegó porque un hombre se recorrió Asturias anotando quién le contaba qué, en qué pueblo y qué día. Ese hombre es Aurelio de Llano Roza de Ampudia, y el libro es Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres (Madrid, Talleres de Voluntad, 1922). El prólogo lo firmó Ramón Menéndez Pidal en Zumaya (Guipúzcoa) el 24 de julio de 1922, y elogiaba en Llano «el entusiasmo tenaz». En «A los lectores», Llano cuenta que nació en Caravia, que pasó allí sus primeros diecisiete años y que en 1918 se decidió a terminar la recolección «sin subvención de nadie». En el índice, el Nuberu abre la primera parte del libro: páginas 6 a 15, y las ocho leyendas, de la 16 a la 27. Todos los testimonios fechados de ese capítulo son de 1921. El capítulo empieza donde nadie lo espera: en la Galia carolingia. Llano abre hablando de los tempestarios, hechiceros que, «según creencia del vulgo», podían provocar el trueno y el granizo, y que «recibían de los particulares cierta cantidad de frutos por impedir que las tormentas causaran daños en sus cosechas»; algunos fueron condenados a pena capital. Lo toma —y lo cita— de Feijóo y de Menéndez Pelayo. Y acto seguido rechaza la comparación: que el Nuberu se parezca a aquellos tempestarios, escribe, «carece de fundamento porque el Nuberu es un ser sobrenatural cuyo origen, quizá habrá que buscarlo entre los dioses del antiguo continente líbico o asiático». Las páginas siguientes desarrollan esa idea: Egipto, las Casitérides, los navegantes fenicios del estaño, el dios Votan. Es el difusionismo de su década y no se sostiene. Conviene retener el detalle, porque Llano tenía en su primera página el mecanismo entero y lo apartó. El retrato está en la página 9: «El Nuberu astur es el director de las tormentas. Es un ser maligno, feo, de estatura elevada y de una fuerza colosal. Viste traje de pieles, usa barba, cubre su cabeza con un sombrero de anchas alas y viaja cabalgando sobre una nube». En nota, dos cosas: que en Asturias, de quien carece de belleza, se dice que «es más fea que el Nuberu»; y que el 13 de noviembre de 1921, en Bao (concejo de Ibias), varios vecinos —entre ellos el párroco Ramón Rodríguez González y la joven Luisa Rodríguez— le dijeron que una vez «cayó allí el Nuberu y tenía una barba muy grande». Los nombres los da otra nota, en la página 10: nubeiru en Quirós, Teverga y pueblos colindantes con Galicia; renubeiru en Somiedo, Cangas de Tineo y San Antolín de Ibias; y el Escolar en San Martín de Luiña, Pola de Allande y Grandas de Salime, donde unos pocos lo hacen además de pequeña estatura. Llano discute esa versión con un argumento suyo: quien imaginó al Nuberu no pudo concebir un personaje raquítico, porque los truenos son esferas enormes que él tiene que transportar y hacer chocar para que se rompan y caiga el agua y el granizo que llevan dentro. La defensa ocupa las páginas 10 a 13, y es sorprendentemente material. Se tocaban las campanas y el cura salía a esconxurar. Un cura de Villanueva de Teverga muerto hacia 1856 se rodeaba de escolinos, porque su inocencia favorecía el conxuru, y un día le tiró un zapato a la nube (lo contó José López, de 80 años, desde su cama, el 24 de marzo de 1921). A veces dos hombres tenían que sujetar al sacerdote «para que no le llevara el Nubeiru» (Hermenegildo Rodríguez, de 74 años, San Martín de Luiña, 12 de marzo de 1921). En Brañaseca se encendía una vela bendita y se ponía en el tejado la pala de enfornar con un hacha al lado, el filo hacia arriba, para cortar el rayo. En Allande se volcaba el carro. En Sistema (Ibias) se dejaba en el alféizar una servilleta con una hogaza y un cuchillo. Y con el ara de la capilla se «cruzaba la nube» hacia los cuatro vientos. En la página 13 Llano escribe que la costumbre de tocar las campanas contra las nubes, «antaño general», quedaba ya reducida a Celón, Taladrid, Aguinos, Saliencia, La Pinera, Murias, Llueves «y a algunos otros pueblos, muy pocos». Y allí mismo anota lo que las campanas le lanzaban a la nube, recogido en Grandas de Salime el 9 de noviembre de 1921: «Detente, nube y nublado que Dios puede más que el diablo. Detente, nube. Detente, tú; que Dios puede más que tú». Son seis versos, no dos. Junto al conjuro, Llano apunta otras prácticas: encender velas tenebrarias —las del oficio de Tinieblas de Semana Santa— y quemar romero y laurel el Domingo de Ramos. Las ocho leyendas (pp. 16-27) repiten un mismo esqueleto. Al Nuberu se le escapan las nubes y cae a tierra; el labrador rico lo echa por mendigo y el pobre le da posada; al despedirse deja el aviso que da título al relato: «Si vas a tierra de Egito, pregunta por Juan Cabrito». Años después el anfitrión acaba cautivo en una guerra o perdido en un viaje, llega a Egipto, pregunta por Juan Cabrito y es recibido con honores; el Nuberu le anuncia que su mujer, creyéndolo muerto, va a casarse de nuevo, y lo devuelve a casa por el aire montado en un macho cabrío, a tiempo de impedir la boda. Menéndez Pidal ya avisaba en el prólogo de que en estas leyendas había «temas de novelística popular no recogidos hasta ahora en España». Y el desenlace de todas ellas es agrícola: lo que arruina al labrador desagradecido no es la lluvia, es el pedral.

Cronología: los hechos documentados de Nuberu

  1. 1728 Benito Jerónimo Feijóo publica el tomo II del «Teatro crítico universal». En el Discurso V, párrafo 56 (pp. 152-153), describe a los tempestarios de tiempos de Ludovico Pío: hombres que cobraban «determinada porción de frutos» por impedir las tempestades y que fueron ajusticiados «sin otra culpa que la fatua persuasión en que estaban de que la tenían». Es la fuente que Llano citará dos siglos después para abrir su capítulo del Nuberu.
  2. 1733 En el tomo V del mismo «Teatro crítico» (Discurso V, §§34-37, pp. 122-124), Feijóo documenta la tormenta del Viernes Santo de 1718 en la costa de Bretaña: los rayos cayeron precisamente en las iglesias donde se tocaron las campanas. Concluye que el sonido «obró como causa física en el descenso de los rayos» y recoge la observación del padre Regnault de que los campaneros «frecuentemente son heridos de los rayos».
  3. hacia 1856 Muere, hacia esta fecha, el cura de Villanueva de Teverga que se rodeaba de escolinos para esconxurar al Nuberu, porque la inocencia de los niños favorecía el conxuru, y que un día, viendo que no le hacía caso, le tiró un zapato. Lo contó José López, de 80 años, natural del pueblo, desde su cama, el 24 de marzo de 1921. Es el suceso asturiano fechado más antiguo del capítulo.
  4. 1918 Aurelio de Llano Roza de Ampudia se decide a terminar «sin subvención de nadie» la recolección de folclore asturiano que llevaba tiempo comenzada. Lo cuenta él mismo en «A los lectores», donde recuerda que nació en Caravia y que oyó de niño los cuentos mitológicos junto al llar.
  5. 12 de marzo de 1921 En San Martín de Luiña (concejo de Cudillero), Hermenegildo Rodríguez, de 74 años, le dice a Llano que durante la ceremonia había que sujetar al sacerdote entre dos hombres «para que no le llevara el Nubeiru». Llano añade que eso se decía «en todo el Occidente». El mismo día recoge en Brañaseca la vela bendita, la pala de enfornar en el tejado y el hacha con el filo hacia arriba para cortar el rayo.
  6. 21 de julio de 1921 José Patallo, de 60 años, natural de Llamosu (concejo de Belmonte), le cuenta a Llano el único avistamiento en primera persona del capítulo: de rapaz, cuidando ovejas en el Agüeiral con dos pastoras —una de ellas es hoy su mujer—, empezó a tronar y una de las chicas echó a correr monte abajo llorando y gritando que acababa de meterse debajo de una encina «el Nubeiru con el sombreirón».
  7. 7 de noviembre de 1921 En su casa de Celón (concejo de Allande), Ramón Rubio, de 81 años, le da a Llano la variante que deja al descubierto de qué trata todo esto. El Nuberu vuelve a casa agotado y le dice a su mujer: «apedreé siete parroquias, y si no hubiera sido un traviesu que me puso el carro de aviesu, apedreaba otras siete». El daño del mito es el granizo, no la lluvia.
  8. 9 de noviembre de 1921 En Grandas de Salime, uno de los tres concejos donde al Nuberu se le llama «el Escolar», Llano recoge el conjuro que se decía que las campanas lanzaban a la nube: «Detente, nube y nublado / que Dios puede más que el diablo. / Detente, nube. / Detente, tú; / que Dios puede / más que tú». Son seis versos y quedan impresos en la página 13 del libro, con la fecha y el lugar al pie.
  9. 13 de noviembre de 1921 En Bao (concejo de Ibias), varios vecinos —entre ellos el párroco Ramón Rodríguez González y la joven Luisa Rodríguez— le cuentan a Llano que una vez «cayó allí el Nuberu y tenía una barba muy grande». Es la única seña física del retrato que Llano documenta con testigos con nombre; el resto, dice él mismo, «las facilitan las leyendas».
  10. 1922 Sale en Madrid, en los Talleres de Voluntad, «Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres». Ramón Menéndez Pidal firma el prólogo en Zumaya (Guipúzcoa) el 24 de julio de 1922 y avisa de que en las leyendas del Nuberu hay «temas de novelística popular no recogidos hasta ahora en España». Es la aparición impresa más antigua del Nuberu que he podido leer directamente.
  11. 1925-1928 Constantino Cabal publica en Madrid los tres volúmenes de «La mitología asturiana»: «Los dioses de la vida» y «Los dioses de la muerte», ambos en 1925, y «El sacerdocio del diablo» en 1928. La lista aparece con esos títulos y esos años en la voz «Cabal, Constantino» de «Escritores y artistas asturianos» de Constantino Suárez (1936), escrita en vida del autor.
  12. 28 de diciembre de 1978 La Ley 87/1978, de Seguros Agrarios Combinados, publicada en el BOE del 12 de enero de 1979, crea el sistema español de seguro agrario. Su artículo tercero enumera los riesgos cubiertos, y el primero de la lista es «Pedrisco». La amenaza contra la que se tocaban las campanas pasa a tener póliza.

¿Hay una explicación racional para Nuberu?

El mejor escéptico del Nuberu escribía en español doscientos años antes que los informantes de Llano, y Llano lo cita dos veces sin seguirlo. En el tomo II del Teatro crítico universal (1728), Discurso V, párrafo 56, páginas 152-153, Benito Jerónimo Feijóo cuenta lo de los tempestarios en tiempo de Ludovico Pío: hombres que decían tener poder para impedir las tempestades y que «recibían de los particulares determinada porción de frutos» por ello. Algunos confesaron el sortilegio en juicio y fueron ajusticiados «sin otra culpa que la fatua persuasión en que estaban de que la tenían». La explicación que da Feijóo es psicológica y sigue siendo la buena: unos estaban ya trastornados sin que jueces ni testigos lo notaran; a otros los enloqueció el miedo a la pena y a la infamia; y a otros, de imaginación viva y ánimo apocado, «del miedo de caer en la culpa» les pasó la imaginación «a aprehenderla como cometida». Llano copia el episodio en su primera página y, a diferencia de su fuente, llama a aquellos hombres «embaucadores». Y el contraritual era peligroso de verdad. En el tomo V (1733), Discurso V, párrafos 34 a 37, páginas 122-124, Feijóo relata la tormenta del Viernes Santo de 1718 en parte de la costa de Bretaña: los rayos cayeron precisamente en las iglesias donde se tocaron las campanas y en ninguna de las muchas donde se respetó el rito de no tocarlas ese día. Concluye que el sonido «obró como causa física en el descenso de los rayos», recuerda que Bayle ya había conjeturado que las torres de campanas son heridas por el rayo con más frecuencia que las demás, y añade la observación del padre Regnault de que los campaneros que están mucho tiempo tocando con nublado «frecuentemente son heridos de los rayos». Llano reproduce el pasaje en nota a pie de la página 13 —y escribe «25 iglesias» donde la edición consultada dice «Veinticuatro»—. Dicho sin adorno: la gente que tocaba contra el Nuberu estaba sujetando una cuerda mojada atada al objeto metálico más alto de la parroquia. El nombre tampoco pide un dios. El Dicionario da Real Academia Galega define nubeiro primero como «nube baixa e escura» y solo en segunda acepción como el espíritu de las tempestades. El Diccionario General de la Lengua Asturiana de Xosé Lluis García Arias registra la misma doble vida: nuberu es «nubarrón» y «nublado» antes que genio, y significa además persona enojada, persona fea o niño travieso. La palabra es nube más un sufijo de agente, y su reparto es el de la fonética asturiana: nuberu en el centro, nubeiru, nubleiru y nubeiros en el occidente y en la raya de Galicia — exactamente los concejos que Llano enumera. El Nuberu es el nubarrón con sombrero. Lo interesante es lo que Llano descartó. En los tres concejos occidentales más pegados a Galicia —San Martín de Luiña, Pola de Allande y Grandas de Salime— el ser se llama el Escolar. Al otro lado de la raya, la entrada escoler de la Real Academia Galega tiene dos acepciones: la mitológica, sinónima de nubeiro y tronante; y, en segundo lugar, «home que practica a maxia ou a nigromancia», ilustrada con esta frase: «O escoler cobrounos media ola de viño por tornarnos os tronos» — el escoler nos cobró media olla de vino por apartarnos los truenos. Eso es un tempestario, palabra por palabra: un hombre, pagado en especie, por retirar la tormenta. El propio Llano anotó al pie que «en Galicia hay Nubeiros y Tronantes»; el diccionario gallego actual conserva los tres nombres y también el pago. El paralelo que él llamó infundado sigue vivo en el léxico de los concejos donde recogió el conjuro. No demuestra que el mito asturiano descienda de los hechiceros carolingios —nada de lo que hay aquí puede demostrar eso—, pero sí que las dos ideas comparten frontera y vocabulario. Sobre la antigüedad hay que ser estricto. La aparición impresa más antigua que he podido leer directamente es la de Llano, 1922; después vienen los volúmenes de La mitología asturiana de Constantino Cabal (1925 y 1928). La memoria viva que documenta Llano llega hasta donde llegan sus informantes: tenían entre 59 y 87 años en 1921, y el hecho fechado más antiguo del capítulo es aquel cura de Villanueva de Teverga muerto hacia 1856. Más atrás no hay nada datable. Lo honesto es decir «la primera aparición impresa que puedo fechar es de 1922», no «el mito nació en». Y debajo de todo hay un problema real, que es el granizo. En las leyendas de Llano el daño nunca es la lluvia: es el pedral, que en Belmonte arrastra la tierra vegetal de un paraje que desde entonces se llama Barrublancu y deja de dar hierba; que en Grado se amontona en la huerta del cura y tarda más de quince días en derretirse; y del que el Nuberu presume al volver a casa: «apedreé siete parroquias». La respuesta institucional llegó en 1978. La Ley 87/1978, de 28 de diciembre, de Seguros Agrarios Combinados enumera en su artículo tercero los riesgos que cubriría el nuevo seguro, y la primera palabra de la lista es «Pedrisco». Campana, conjuro y póliza son tres respuestas al mismo problema.

¿Se puede visitar Nuberu?

El Nuberu no tiene dirección: es una creencia, no un sitio. Pero sí hay dos museos donde se entiende, y uno de ellos está en el concejo donde se recogió el conjuro. Museo Etnográfico de Grandas de Salime «Pepe el Ferreiro». Avda. Ferreiro 17, 33730 Grandas de Salime (Asturias). Teléfono 985 627 243. Según su propia web, consultada el 11 de agosto de 2026: de enero a abril y de octubre a diciembre, de martes a viernes de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:30, sábados de 11:00 a 14:30 y de 16:00 a 18:30, domingos y festivos de 11:00 a 15:00; de mayo a septiembre, de martes a sábado de 11:00 a 14:30 y de 16:00 a 19:30, domingos y festivos de 11:00 a 15:00. Cierra los lunes. Entrada general 1,50 €; niños de 6 a 12 años, 0,30 €; reducida 0,75 €; gratis para menores de 6 años y gratis todos los martes. Se fundó en 1984 sobre la colección de José María Naveiras Escanlar, «Pepe el Ferreiro», y desde 1989 ocupa la antigua casa rectoral de la villa, con más de 3.000 m². Se visita por lo mismo que hace al mito comprensible: el hórreo, la panera, el cabazo, el molino, la era, el cortín. Es decir, todo lo que el granizo podía arruinar en una tarde. Grandas está en el extremo occidental de Asturias y es etapa del Camino Primitivo. Muséu del Pueblu d'Asturies, Xixón/Gijón. Paseo del Doctor Fleming 877, La Güelga, 33203 Gijón. Teléfonos 985 182 960 y 985 182 963. Entrada gratuita. Según la ficha de Turismo Asturias consultada el 11 de agosto de 2026: de octubre a marzo, de martes a viernes de 9:30 a 18:30 y sábados, domingos y festivos de 10:00 a 18:30; de abril a septiembre, de martes a viernes de 10:00 a 19:00 y sábados, domingos y festivos de 10:30 a 19:00; cerrado los lunes, el 1 y el 6 de enero, el martes de Carnaval, el 15 de agosto y el 24, 25 y 31 de diciembre. Los horarios de museos cambian: conviene confirmarlos por teléfono antes de ir. Un aviso sobre la fotografía de esta ficha: no es una pieza histórica. Es una talla de madera moderna del Nuberu instalada en la ruta del Camín Encantáu, en el valle de Ardisana (concejo de Llanes), fotografiada el 23 de abril de 2021. La identificación es la que dio el propio autor de la imagen al subirla a Wikimedia Commons. Quien vaya a Ardisana verá una escultura, no un documento. Y lo que ya no se puede ver: tocar las campanas contra la nube. Cuando Llano escribía, en 1921, la costumbre sobrevivía en siete pueblos y «algunos otros, muy pocos». No hay que ir a buscarla. Lo que sí se puede tener hoy mismo, gratis y completo, es el libro: Del folklore asturiano está digitalizado en archive.org, con el capítulo del Nuberu en las páginas 6 a 27.

Fuentes consultadas

  1. Aurelio de Llano Roza de Ampudia, «Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres (capítulo «El Nuberu», pp. 6-15; «Leyendas del Nuberu», pp. 16-27; conjuro y nota de Grandas de Salime, p. 13). Prólogo de R. Menéndez Pidal» — Madrid, Talleres de Voluntad, 1922 libro
  2. Benito Jerónimo Feijóo, «Teatro crítico universal, tomo II, Discurso V «Uso de la Mágica», §56 (pp. 152-153): los tempestarios, el pago en frutos y las ejecuciones» — Madrid (ed. digital de filosofia.org sobre la impresión de Joaquín Ibarra, 1779), 1728 libro
  3. Benito Jerónimo Feijóo, «Teatro crítico universal, tomo V, Discurso V «Observaciones comunes», §§34-37 (pp. 122-124): la tormenta de Bretaña de 1718 y los campaneros heridos por el rayo» — Madrid (ed. digital de filosofia.org sobre la impresión de Joaquín Ibarra, 1779), 1733 libro
  4. Xosé Lluis García Arias, «Diccionario General de la Lengua Asturiana (DGLA), entrada «nuberu, el»: variantes nubeiru, nubero, nubiru, ñuberu, nubleiru, nubeiros y sus acepciones no míticas» — Editorial Prensa Asturiana, edición en línea, 2002 académico
  5. Seminario de Lexicografía da Real Academia Galega, «Dicionario da Real Academia Galega, entradas «nubeiro» («nube baixa e escura»; espírito das tempestades) e «escoler» («home que practica a maxia ou a nigromancia»)» — Real Academia Galega, dicionario en liña, 2026 académico
  6. Jefatura del Estado, «Ley 87/1978, de 28 de diciembre, de Seguros Agrarios Combinados (artículo tercero: «Pedrisco, incendio, sequía, heladas, inundaciones y viento huracanado o cálido»), BOE núm. 11, 12 de enero de 1979, pp. 766-767» — Boletín Oficial del Estado, 1979 informe
  7. Constantino Suárez, «Escritores y artistas asturianos, tomo II, voz «Cabal, Constantino»: relación de sus libros, con «La mitología asturiana: Los dioses de la vida» (Madrid, 1925), «Los dioses de la muerte» (1925) y «El sacerdocio del diablo» (1928)» — Madrid, 1936 libro
  8. Museo Etnográfico de Grandas de Salime, «Museo Etnográfico de Grandas de Salime «Pepe el Ferreiro»: horarios, tarifas y contacto (consultado el 11 de agosto de 2026)» — museodegrandas.es, 2026 web
  9. Turismo Asturias, «Muséu del Pueblu d'Asturies (Xixón): dirección, teléfonos, horarios y entrada gratuita (consultado el 11 de agosto de 2026)» — turismoasturias.es, 2026 web
  10. Mrc1986, «File:Nuberufig.jpg — talla de madera del Nuberu en la ruta del Camín Encantáu, valle de Ardisana (Llanes), fotografiada el 23 de abril de 2021; descripción del propio autor» — Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0, 2021 web

Ficha revisada por V. Serrano el 11/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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