Caras de Bélmez es un lugar reputado como embrujado en Jaén, Andalucía, ES. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Caras de Bélmez?
Ubicación
Jaén, Andalucía, ES
Tipo
Casa / mansión
Coordenadas
37.724, -3.381
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Caras de Bélmez está embrujado?
El 23 de agosto de 1971, María Gómez Cámara reparó en una mancha con forma de rostro en el suelo de cemento de la cocina de su casa, en Bélmez de la Moraleda, un pequeño pueblo jiennense dedicado al olivar. Cuando su hijo picó y volvió a hormigonar el suelo, la imagen reapareció en pocos días, y la curiosidad local se convirtió en asunto nacional cuando el diario Pueblo la llevó a portada el 31 de enero de 1972. Parapsicólogos como Hans Bender defendieron que los rostros eran «teleplastias» producidas por la mente de la dueña, mientras los escépticos señalaron que la sospecha de fraude surgió en seis meses: el diario granadino Ideal publicó unos análisis según los cuales las caras se habían pintado con nitrato y cloruro de plata. La prensa española se partió desde el principio: Pueblo defendía la autenticidad e Ideal lo daba por fraude. El caso se reavivó al compás de los medios durante décadas, y tras la muerte de María en 2004 una segunda oleada de «caras» en otras casas acabó en los tribunales. Hoy la casa original sigue siendo propiedad familiar, y el pueblo cuenta con un centro de interpretación financiado con fondos públicos.
El 23 de agosto de 1971, María Gómez Cámara reparó en una mancha del suelo de cemento de su cocina, en el número 5 de la calle Real de Bélmez de la Moraleda, que parecía dibujar un rostro. Más de cincuenta años después, lo verdaderamente enigmático del caso no es la mancha: es la maquinaria que se puso en marcha a su alrededor.
Bélmez era, y sigue siendo, un pueblo pequeño de la Sierra Mágina jiennense —alrededor de 1.500 habitantes, 825 metros de altitud, 69 kilómetros hasta la capital— que vivía del olivar. Según el relato de la familia, su hijo Miguel picó el suelo y lo volvió a hormigonar, y a los pocos días la imagen había vuelto. El alcalde prohibió destruir la siguiente. Primero llegaron los vecinos; después, gente de la comarca; después, visitantes que pagaban por entrar.
El salto lo dio la prensa nacional. El 31 de enero de 1972 el diario Pueblo llevó las caras a portada, y una curiosidad local se convirtió en asunto de país. Las crónicas que revisaron el episodio en su cincuentenario señalan a su director, Emilio Romero, como quien «monta realmente» el caso: sin aquella portada cuesta imaginar que hubiera habido caso. Detrás llegaron los parapsicólogos. Germán de Argumosa, que aseguró haber grabado voces dentro de la casa, y el alemán Hans Bender, del instituto de Friburgo, defendieron que los rostros eran «teleplastias»: imágenes impresas en la materia por la mente de María, sin intención ni conciencia. Fernando Jiménez del Oso y Joaquín Grau llevaron la lectura sobrenatural a las revistas y a la televisión.
La familia fue bautizando los rostros: La Pava, El Pelao, El Fraile, La Familia. Miguel Pereira ha contado que se excavó bajo la vivienda hasta los 2,80 metros y que aparecieron huesos, lo que alimentó la idea —repetida desde entonces en guías y reportajes— de que la casa se levantó sobre un cementerio antiguo.
El caso se apagó y se reencendió varias veces durante tres décadas, siempre al compás de los medios: revistas esotéricas en los ochenta, un resurgir divulgativo en los noventa y, ya en el siglo XXI, las horas de radio y televisión que le dedicó Iker Jiménez.
María Gómez murió en 2004, a los 85 años. Casi de inmediato aparecieron caras nuevas —primero en otra vivienda, después en más de una decena de casas del pueblo—, anunciadas por la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas. Aquella secuencia terminó en los tribunales y en un centro de interpretación pagado con fondos europeos. La calle Real se llama hoy calle María Gómez Cámara.
Cronología: los hechos documentados de Caras de Bélmez
23 de agosto de 1971María Gómez Cámara ve una mancha con forma de rostro en el suelo de cemento de la cocina de su casa, en el número 5 de la calle Real. Según el relato de la familia, se pica el suelo y se vuelve a hormigonar, y a los pocos días la imagen reaparece.
31 de enero de 1972El diario Pueblo lleva las caras a su portada. Los cronistas que revisaron el caso cincuenta años después señalan a su director, Emilio Romero, como quien convirtió una curiosidad de pueblo en fenómeno nacional.
2004Muere María Gómez Cámara a los 85 años. Su hijo Miguel Pereira contaría después que las manifestaciones decayeron acusadamente tras su muerte.
Otoño de 2004La Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas, encabezada por Pedro Amorós, anuncia caras nuevas en otra casa del pueblo. A finales de noviembre, El Mundo publica los reportajes de Javier Cavanilles que sostienen que las nuevas caras se falsificaron con conocimiento del ayuntamiento.
11 de septiembre de 2006El Juzgado de Primera Instancia número 3 de San Vicente del Raspeig (Alicante) desestima la demanda de 60.000 euros de Pedro Amorós contra Cavanilles y El Mundo, considera veraces y de interés público los reportajes y le impone más de 14.000 euros de costas.
10 de febrero de 2013Se inaugura el Centro de Interpretación de las Caras en el edificio de la antigua escuela, levantado con 587.000 euros de fondos europeos e impulsado por el ayuntamiento y la Diputación de Jaén.
8 de septiembre de 2014El programa Cuarto Milenio emite un análisis del doctor en Ciencias Químicas José Javier Gracenea, que concluye que las muestras examinadas no están hechas con pintura ni presentan manipulación externa.
2016Cuarenta y cinco años después, Miguel Pereira mantiene la casa original abierta a las visitas y reconoce un fraude probado en el pueblo: las caras pintadas en una segunda vivienda hacia 2004.
2018Los investigadores José Luis Anta Félez y José Manuel Crespo Guerrero publican un estudio académico sobre Bélmez como destino de turismo oscuro, basado en el libro de visitas del centro de interpretación y en 38 cuestionarios semiestructurados.
¿Hay una explicación racional para Caras de Bélmez?
Este es, con toda probabilidad, uno de los casos peor sostenidos del misterio español.
La primera pega es la cronología: la sospecha de fraude no tardó décadas, tardó seis meses. A los seis meses de las primeras apariciones, el diario granadino Ideal publicó unos análisis según los cuales los rostros se habían pintado con nitrato y cloruro de plata, compuestos fotosensibles que explicarían las supuestas «mudanzas de expresión» entre visitas. La prensa se partió desde el principio: Pueblo defendía la autenticidad del caso e Ideal lo daba por fraude. El repositorio documental de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico recoge además que un análisis del CSIC de 1975 sobre la cara llamada «la Pelona» concluyó que era una huella de zapato, y que las muestras tomadas en 1990 por el equipo del jesuita José María Pilón dieron zinc, cromo, plomo, cobre y bario, elementos que los técnicos asociaron a pinturas y esmaltes.
Hay una explicación aún más barata para el arranque: la pareidolia. Un suelo de cemento con manchas de grasa y humedad es justo el tipo de superficie irregular en la que la vista humana encuentra caras sin remedio. Y retocarlo con agua o aceite basta para «mejorar» un rostro: el periodista Francisco Máñez lo demostró en el propio pueblo en septiembre de 2004, semanas antes de que se anunciaran las caras nuevas.
Y está el incentivo. Bélmez no tenía más industria que el olivar, y las caras traían visitantes: en 2013 el municipio inauguró un centro de interpretación de 587.000 euros de fondos europeos.
En descargo del misterio: en 2014, un análisis emitido por Cuarto Milenio y firmado por el químico José Javier Gracenea concluyó que las muestras examinadas no estaban hechas con pintura ni presentaban manipulación externa. Es el argumento más sólido del otro lado, aunque se refiere a unas muestras concretas cuarenta años después, no a cómo empezó todo.
¿Se puede visitar Caras de Bélmez?
Bélmez de la Moraleda está en plena Sierra Mágina, a 69 kilómetros de Jaén y a algo más de hora y media en coche desde Granada. No hay tren: se llega por carretera comarcal —la A-401 pasa por el pueblo— y conviene ir en coche. Hay aparcamiento libre a la entrada.
Hoy hay dos cosas que ver, y no son la misma.
El Centro de Interpretación de las Caras ocupa la antigua escuela, en la calle Alonso Vega, 2. Los listados de museos consultados en 2026 dan entrada de 3 € (gratis para menores de 10 años) y apertura solo sábados y domingos, mañana y tarde. Los horarios son irregulares y más de un visitante se lo ha encontrado cerrado, así que lo prudente es llamar antes al ayuntamiento, que lo gestiona, en el 953 394 002. Dentro hay prensa de la época, fotografías y audiovisuales.
La casa original está en la que fue calle Real, número 5, hoy rebautizada calle María Gómez Cámara. No es un museo municipal: sigue siendo propiedad de la familia, que en los últimos años ha venido abriendo la puerta a quien lo pide, explica el caso en media hora y no cobra entrada, solo una aportación voluntaria. La visita depende, por tanto, de que haya alguien disponible: es entrar en casa de unos particulares.
Dos avisos: los rostros están hoy mucho más desvaídos que en las fotos de los setenta, y el pueblo se ve en una mañana; cunde más combinado con el Parque Natural de Sierra Mágina.
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