Minhocão es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Santa Catarina, BR. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Minhocão?
Ubicación
Santa Catarina, BR
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-27.29, -50.578
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Minhocão?
Minhocão es el aumentativo del portugués minhoca, lombriz, y ha nombrado a dos animales distintos. En una nota leída ante la Académie des Sciences el 28 de diciembre de 1846 y reimpresa en el American Journal of Science en julio de 1847, el botánico Auguste de Saint-Hilaire describió un minhocão de las lagunas de Goiás: negro, corto, de tamaño enorme, que agarraba a caballos y reses por el vientre y los arrastraba al fondo. Concluyó que probablemente fuera un Lepidosiren gigante, un pez pulmonado. Treinta años después y mil quinientos kilómetros más al sur, Fritz Müller recogió una criatura muy distinta en los campos altos de Santa Catarina: un excavador que abría zanjas de uno a tres metros de ancho tras las lluvias largas. El 25 de marzo de 1877 escribió a Charles Darwin que la creencia se extendía de São Paulo a Rio Grande do Sul, que casi todos los relatos eran verdaderamente fabulosos y que, aun así, era muy probable que algún animal de un metro de grosor viviera en aquellos pantanos. Darwin anotó a lápiz una sola palabra al margen: Mastodon. Müller publicó ese año a sus informantes con nombre, oficio y pueblo; Nature los resumió, y los tradujo mal, el 21 de febrero de 1878.
Un dibujo digital de 2007 liberado al dominio público, no una ilustración histórica. Contrastado con los relatos de 1846-1878 acierta una cosa y falla dos: los dos cuernos móviles sí los describe un informante de Paraná, pero ningún testigo habla de una boca de dientes, y el llano rojo y seco contradice todos los testimonios, que sitúan al animal en tierra empapada tras lluvias largas.
Imagen:
Kryptid at English Wikipedia · Public domain
¿Cuál es la historia de Minhocão?
Dos animales distintos han llevado este nombre, y los separan treinta años y unos mil quinientos kilómetros.
El primero era acuático. El 28 de diciembre de 1846 el botánico francés Auguste de Saint-Hilaire, que había recorrido Brasil entre 1816 y 1822, leyó una nota ante la Academia de Ciencias de París; se reimprimió en inglés en el American Journal of Science and Arts de julio de 1847. Su minhocão vivía en las lagunas de Goiás —Padre Aranda y Feia— y en el Rio dos Pilões. Nunca lo vio. Lo tomó de dos autores brasileños, Luiz Antônio da Silva e Souza, a quien había conocido en Goiás, y el monseñor Pizarro, y del gobernador de Meiaponte, Joaquim Alves de Oliveira, que le confirmó los relatos y añadió, por boca de varios pescadores, que pese a su forma redondeada el minhocão era un pez verdadero, provisto de aletas. Se decía negro, corto, de tamaño enorme, con la boca a la vista, que nunca subía a la superficie y que agarraba a caballos, mulas y reses por el vientre y los arrastraba al fondo. Saint-Hilaire pensó primero en la anguila eléctrica Gymnotus carapo, lo descartó con los datos de Pohl y, por indicación del profesor Paul Gervais, leyó la descripción que Bischoff había hecho del Lepidosiren traído por Natterer del Madeira. Su conclusión fue que «es por tanto probable que el minhocão sea una especie enorme de Lepidosiren». La hipótesis del pez pulmonado, en otras palabras, es suya, y es treinta años anterior a la versión que todo el mundo cita.
El segundo minhocão es el excavador de los campos del sur, y ese sí es de Fritz Müller, el naturalista alemán que vivía en Blumenau, junto al Itajaí, y que se carteó con Darwin durante diecisiete años. Müller hizo dos expediciones a los Campos de Curitibanos, a finales de 1876 y entre febrero y marzo de 1877. Volvió a casa el 23 de marzo de 1877 y escribió a Darwin dos días después. Casi toda esa carta habla de orquídeas, de una Pontederia trimórfica y de unas gramíneas higroscópicas; el minhocão es el último párrafo. Le contó a Darwin que la creencia estaba extendida por São Paulo, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul; que los relatos eran «verdaderamente fabulosos» —un gusano de sesenta metros de largo y seis de grueso, con la piel acorazada como la de un tatú, capaz de apartar araucarias enormes como quien aparta briznas de hierba—; y que, aun así, había llegado a la conclusión de que era «muy probable» que algún animal muy grande, de un metro de diámetro, «probablemente algún primo de Lepidosiren y Ceratodus», siguiera viviendo en los pantanos que acompañan a los afluentes menores del Uruguay y el Paraná. Darwin leyó el párrafo y anotó a lápiz una sola palabra al margen: «(Mastodon)». Los pliegos se conservan en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge con la signatura DAR 111: A89–90.
Ese mismo año Müller publicó el expediente como «Der Minhocão» en el número cinco de Der Zoologische Garten, la revista del zoo de Fráncfort que dirigía F. C. Noll, páginas 298 a 302. Es un texto breve y casi todo él es testimonio ajeno, dado con nombres, oficios y localidades. Nature lo resumió, sin firma, el 21 de febrero de 1878, y ese resumen —no el original alemán— es el texto del que desciende casi todo lo escrito después en inglés. El 8 de agosto de 1878 Nature volvió sobre el asunto: Spencer F. Baird, de la Smithsonian Institution, le había enviado un paralelo nicaragüense, una carta larga firmada por Paulino Montenegro y publicada en la Gaceta de Nicaragua del 10 de marzo de 1866, que describía el mismo tipo de zanjas hundidas en La Cuchilla, cerca de Jinotega.
Cronología: los hechos documentados de Minhocão
Escrita en 1812Según Saint-Hilaire, que conoció a su autor viajando por Goiás, la memoria de Luiz Antônio da Silva e Souza sobre la capitanía de Goiás afirma que la laguna de Padre Aranda está habitada por minhocões, monstruos que viven en sus partes más hondas y que han arrastrado muchas veces al fondo caballos y reses. La memoria no se imprimiría hasta 1849.
28 de diciembre de 1846Auguste de Saint-Hilaire lee ante la Academia de Ciencias de París su nota sobre el minhocão de Goiás. Por indicación del profesor Paul Gervais, concluye que es probable que el minhocão sea una especie enorme de Lepidosiren. Ahí nace la hipótesis del pez pulmonado, treinta años antes que Müller.
Julio de 1847La nota se reimprime en inglés en el American Journal of Science and Arts, segunda serie, tomo IV, páginas 130 a 131. Es la aparición impresa más antigua del minhocão que he podido fechar, y describe un animal acuático de Goiás, no al excavador de los campos del sur.
1849Dos de los relatos que Müller recogería después se fechan en este año: unas tierras junto al Rio dos Papagaios, en Paraná, aparecen surcadas de zanjas de la noche a la mañana tras lluvias largas, en casa de João de Deos, y el río baja turbio catorce días; y, cerca del Arapehy, en Uruguay, a Lebino José dos Santos le cuentan que hay un minhocão muerto encajado en una grieta que se estrecha, con la piel gruesa como corteza de araucaria y formada por placas duras como las de un armadillo.
Enero de hacia 1863Antonio José Branco vuelve tras ocho días fuera y encuentra socavado y hundido el camino junto a su casa, a diez kilómetros de Curitibanos. La zanja arrancaba en el nacimiento de un arroyo, lo seguía cortándole los meandros y moría en un pantano tras 700 a 1.000 metros; medía unos tres metros de ancho, y desde entonces el arroyo va por ella. Müller oyó el caso de dos testigos presenciales: José, hijo del viejo Branco, y su yerno Crescentio Fernando da Maia.
Hacia 1869Francisco de Amaral Varella, vecino de Baguaes, ve tumbado en la orilla del Rio das Caveiras, a unos diez kilómetros de Lages, un animal desconocido para él y de tamaño enorme, de casi un metro de grosor, no muy largo y con hocico de cerdo; no llegó a ver si tenía patas. No se atrevió a atacarlo solo y, cuando llegaron los vecinos, ya no estaba: había dejado una zanja de aproximadamente un metro de ancho. Friedrich Kelling, entonces comerciante en Lages e informante de Müller, vio la zanja con sus propios ojos.
25 de marzo de 1877Dos días después de volver de su segunda excursión a los Campos de Curitibanos, Fritz Müller escribe a Charles Darwin desde Blumenau. Llama verdaderamente fabulosos a los relatos populares, pero dice que es muy probable que algún animal muy grande, de un metro de diámetro, probablemente primo de Lepidosiren y Ceratodus, viva en los pantanos de los afluentes menores del Uruguay y el Paraná. Darwin anota el párrafo a lápiz con una sola palabra: Mastodon.
1877Müller publica el expediente como Der Minhocão en el número cinco de Der Zoologische Garten, páginas 298 a 302. Afirma que el único hecho bastante seguro que puede extraerse de los relatos es que a veces se abren zanjas largas en las cabeceras del Uruguay y el Paraná, por lo general tras lluvias prolongadas, y siempre partiendo de pantanos o ríos y volviendo a ellos. Termina proponiendo que se siga la pista al animal y, a ser posible, se capture para un jardín zoológico.
21 de febrero de 1878Nature publica un resumen sin firma, A New Underground Monster, en las páginas 325 a 326. Es la versión de la que deriva casi todo lo escrito después en inglés, y mete tres errores: invierte la lluvia, que Müller daba como anterior a los avistamientos, y la convierte en un presagio de lluvia; transforma unos numerosos vecinos en cientos de personas; y degrada al yerno Crescentio Fernando da Maia a un hijastro sin nombre.
8 de agosto de 1878Nature vuelve sobre el asunto bajo el epígrafe Underground Monsters. Spencer F. Baird, de la Smithsonian Institution, le ha enviado un paralelo nicaragüense: una carta larga firmada por Paulino Montenegro, fechada en Jinotega el 21 de febrero de 1866 y publicada en la Gaceta de Nicaragua del 10 de marzo de 1866, que describe terreno que se hunde, robles descuajados y caminos agrietados en La Cuchilla, y concluye que la causa fueron dos animales con forma de peces enormes.
2021Rafael Ferreira dos Santos, Henrique José Schipanski, Alcemar Rodrigues Martello y Huilquer Francisco Vogel documentan trece paleomadrigueras y seis crotovinas en la arenisca de Porto União, en Santa Catarina, y União da Vitória, en Paraná, a unos 120 kilómetros de Curitibanos, con marcas de arañazos atribuidas con cautela a los Mylodontidae, los perezosos gigantes.
¿Hay una explicación racional para Minhocão?
El expediente sobrevive en tres versiones del mismo autor, y no coinciden entre sí.
El alemán de Müller da el gusano popular como de treinta Klafter de largo por tres de grueso. El Klafter es una braza antigua de aproximadamente 1,9 metros, de modo que eso son unos 57 por 5,7 metros. En la carta a Darwin, escrita semanas antes, la misma cifra es «sesenta metros de largo» y «seis metros de diámetro». Nature lo convirtió en «unas cincuenta yardas de largo y cinco de ancho». Nadie midió nunca nada: la cifra es un rumor que se va redondeando en tres idiomas.
Y Nature hizo algo más que redondear. Müller escribió que a la aparición del minhocão la había precedido un periodo largo de lluvias. Nature imprimió que su aparición «se supone que presagia siempre un periodo de tiempo lluvioso», invirtiendo la causa y el efecto y, con ellos, el único patrón comprobable de todo el expediente. Los «numerosos vecinos, sobre todo los habitantes de Curitibanos» de Müller pasaron a ser «cientos de personas». Y Müller escuchó a dos testigos presenciales del caso de Curitibanos: José, hijo del viejo Branco, y Crescentio Fernando da Maia, un yerno que vivía entonces en la casa. Nature degradó al segundo a «un hijastro» y le quitó el nombre. Un barrido del número entero de Nature no devuelve ninguna aparición de «Crescentio» ni de «Baguaes», el pueblo del testigo de Lages; en ese mismo fichero «Lebino» sale cuatro veces, «Odebrecht» dos, y «Kelling» y «Varella» una cada uno: los nombres que Nature decidió conservar. Como casi todo lo escrito en inglés desciende de esa página, Crescentio Fernando da Maia lleva casi ciento cincuenta años fuera de la historia.
No es el único que falta. La frase más citada de toda la leyenda —un animal «tan grande como una casa»— es de una mujer a la que Müller registra solo como eine Schwarze, una mujer negra, que salió una mañana de hacia 1850, en Paraná, a coger agua y encontró la charca destrozada. Todas las versiones llevan su frase; ninguna lleva su nombre.
Conviene además leer el resto a su escala real. El famoso animal «no más largo que un lazo» suena modesto hasta que uno se fija en que el propio Müller glosa el lazo, entre paréntesis, en unos veinticinco metros.
Quitadas las cifras queda una sola afirmación física, y Müller lo dijo así: a veces, en las cabeceras del Uruguay y el Paraná, se abren zanjas largas. Su propio resumen de cómo se comportan es la descripción exacta de algo que un geólogo reconocería. Aparecen solo tras lluvias prolongadas. Empiezan en un manantial o en un pantano y terminan en otro. Miden entre uno y tres metros de ancho y recorren de setecientos a mil metros. Siguen un curso de agua cortando sus meandros, y desde entonces el arroyo se queda con el trazado nuevo. Eso es erosión en túnel, lo que en inglés se llama piping: el agua encuentra una vía bajo la superficie, se lleva las partículas finas, ahueca un conducto y el techo se desploma en una cadena de hundimientos que en superficie se lee como un surco arado de la noche a la mañana. Un conducto así es invisible hasta que se hunde, y por eso mismo en ninguno de estos relatos nadie vio excavar nada: siempre aparece la zanja hecha, siempre a la mañana siguiente.
En este paisaje hay además túneles de verdad, y no es una metáfora. Desde principios de los años dos mil, Heinrich Frank y sus colegas de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul han cartografiado cientos de paleomadrigueras en Rio Grande do Sul y Santa Catarina: galerías ramificadas de sección elíptica con marcas de garras en las paredes, atribuidas a perezosos gigantes del Pleistoceno. En 2021 Rafael Ferreira dos Santos y sus coautores describieron trece de ellas, más seis crotovinas rellenas de sedimento, en Porto União (Santa Catarina) y União da Vitória (Paraná), a unos 120 kilómetros de Curitibanos, con arañazos que asignan con cautela a los Mylodontidae. Tienen decenas de miles de años, están excavadas en arenisca y no se abren después de un enero lluvioso. Explican mucho mejor de dónde sale en esta región la idea de un animal excavador gigantesco que las zanjas concretas de Müller.
¿Se puede visitar Minhocão?
No hay ningún sitio que visitar. Aquí nunca se construyó nada, no hay señalización y ninguna de las zanjas que le contaron a Müller ha vuelto a localizarse sobre el terreno.
Lo que existe es la región. Curitibanos está en el centro geográfico de Santa Catarina, en el Planalto Serrano, sobre la BR-470 y a unos dieciséis kilómetros de la BR-116. La zanja de los Branco, de hacia 1863, quedaba a unos diez kilómetros del pueblo, junto a un arroyo que desagua en el Rio dos Cachorros. Lages, donde Francisco de Amaral Varella vio su animal en la orilla del Rio das Caveiras hacia 1869, está a unos sesenta y cinco kilómetros al sureste, donde la BR-116 se cruza con la BR-282. La BR-470, que hoy une Itajaí y Blumenau con Curitibanos, cubre la misma conexión que Emil Odebrecht estaba levantando, como trazado de camino desde Itajaí hacia el altiplano, cuando se topó con el pantano surcado de zanjas del Marombas.
El único lugar con algo que ver es Blumenau, donde Müller vivía y escribió la carta. La Casa Fritz Müller —durante noventa años Museu de Ecologia Fritz Müller— está en Rua Itajaí 2195, barrio de Vorstadt. Estuvo cerrada al público desde 2022 por problemas estructurales y reabrió el 25 de junio de 2026 con un montaje nuevo, coincidiendo con el noventa aniversario de la institución. La entrada es gratuita; abre de martes a viernes de 10:00 a 16:00 y los sábados de 9:00 a 13:00, y los grupos se conciertan en el (47) 3381-6374. Comprobado el 14 de agosto de 2026; el horario de este museo ha cambiado más de una vez, así que conviene confirmarlo antes de ir.
Los documentos son mejor visita, y los cuatro están gratis en internet. El artículo de Müller está en el escaneo de Der Zoologische Garten, XVIII. Jahrgang, páginas 298 a 302. El resumen de Nature, en el número del 21 de febrero de 1878, páginas 325 a 326, y la continuación nicaragüense en el del 8 de agosto de 1878, página 389. La nota de Saint-Hilaire está en el American Journal of Science and Arts de julio de 1847, páginas 130 a 131. Y la carta a Darwin, con las anotaciones a lápiz de Darwin recogidas en el aparato crítico, la transcribe entera el Darwin Correspondence Project con el número 10911; el manuscrito está en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, DAR 111: A89–90.
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