La Mula sin cabeza es una leyenda de Minas Gerais, BR —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.
¿De dónde viene la leyenda de La Mula sin cabeza?
Ubicación
Minas Gerais, BR
Tipo de leyenda
Leyenda de criatura
Coordenadas
-19.917, -43.935
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Cuál es la leyenda de La Mula sin cabeza?
La Mula sin cabeza se cuenta por todo Brasil como el castigo de una mujer que amó a un cura, y siempre se presenta como antiquísima. Su vida documentada es más corta y más interesante que eso. La aparición impresa más antigua localizada aquí es un poema de 1865 en el que la mula es una condesa decapitada que amó a un obispo y se comió a su marido. En la novela O Seminarista, de Bernardo Guimarães (1872), una muchacha de pueblo enuncia la creencia con sus propias palabras y describe un animal de tres patas que ronda los callejones las noches de viernes, sin fuego y sin freno. El fuego aparece en 1913, y va en la cola; las siete parroquias, la encrucijada y la noche del jueves llegan aún más tarde. Dos recopiladores de folclore colocan a la mula justo detrás del lobisomem, que es la misma idea contada para el otro sexo. Este artículo sigue esa cadena obra por obra y pasaje fechado por pasaje fechado, dice de dónde salía nuestra versión anterior y explica por qué al origen ibérico que todo el mundo repite no se le ha podido poner un texto.
Montaje digital subido a Wikimedia Commons en 2013, hecho combinando dos imágenes de dominio público: un jinete a caballo y una llama. No es una fotografía ni arte popular.
Imagen:
OrsettoGommoso2 · Public domain
¿Cuál es la historia de La Mula sin cabeza?
La Mula sin cabeza se presenta siempre como algo antiquísimo: una creencia ibérica medieval que los colonos trajeron cruzando el Atlántico. Su vida documentada, hasta donde he podido seguirla en textos que he podido leer de verdad, es brasileña, y empieza en un libro de poemas impreso en Río de Janeiro en 1865.
Ese año B. L. Garnier publicó las Poesias de Bernardo Guimarães, y en las páginas 269-283 está «A orgia dos duendes», una francachela de cementerio en la que cada monstruo entra en el corro y se confiesa. Cuando la mula irrumpe rebuznando, la cuadrilla aplaude y grita: «Viva, viva a Sra. condessa!». Y entonces ella cuenta lo suyo. Amó a un obispo, y su marido, «fervendo em furores de ciumes», lo mató; luego se hartó del matrimonio, descuartizó al marido y se lo comió «aos bocados», a bocados; y acabó, «bella e nobre condessa», perdiendo la cabeza sobre un tajo «entre as mãos do carrasco», en manos del verdugo. En la aparición impresa más antigua que he localizado, la mula no tiene cabeza porque se la quitó la justicia, y el eclesiástico al que amó es un obispo.
Siete años después el mismo autor metió la creencia misma en una novela. O Seminarista (Río de Janeiro, B. L. Garnier, 1872) cuenta la historia de Eugênio, empujado por sus padres al seminario de Congonhas do Campo, y de Margarida, la muchacha con la que se crió. En el capítulo IX ella se niega a ser el motivo de que él se ordene: «de mais a mais não quero ser mula sem cabeça, não... cruz! Deus me defenda». Él se ríe, y ella se lo explica: «pois não sabe que toda a mulher que quer bem a um padre, vira mula sem cabeça?». Su madre ha visto una en el pueblo. Es «um bicho muito feio, do feitio de uma besta, que tem só três pés, dois atrás e um adiante, e não tem cabeça» —tres patas, dos detrás y una delante— y «todas as noites de sexta-feira para sábado anda rondando os becos, correndo o seu fadário e assombrando a gente»: ronda los callejones y los cementerios las noches de viernes, «batendo a ferragem», haciendo sonar las herraduras. Eugênio objeta que un animal sin cabeza no puede tener orejas; Margarida contesta que las tendrá en el pescuezo. En esta mula no hay fuego, ni siete parroquias, ni freno, ni jueves. (Cito por la edición crítica que preparó Luana Batista de Souza en la Universidad de São Paulo en 2017, que moderniza la ortografía y coteja las trece ediciones impresas entre 1872 y 1949.)
Lo que hace la escena se pasa por alto con facilidad. Guimarães escribió una novela contra el celibato obligatorio, y la criatura que aparece en ella no es un monstruo que se pida temer al lector: es la creencia que castiga a la mujer que quiere a un cura, contada por esa misma mujer mientras el seminarista se ríe de ella. En el capítulo X, sirviendo en el altar y notando los ojos de Margarida sobre él, Eugênio se acuerda de la historia y aquello le causa «a mais desagradável e horripilante impressão».
A partir de ahí la mula entra en las colecciones de folclore, y por el camino cambia. Los Cantos populares do Brasil de Sílvio Romero (1883) le dedican una línea en una lista de creencias campesinas —«acreditam no lobisomem, na mula sem cabeça e na mãe d'água, animais encantados»—, sin cura y sin descripción. Las Lendas do Sul de João Simões Lopes Neto (Pelotas, Echenique & C., 1913) le dedican el número 14: «diziam também que as mulheres de má vida, relacionadas com padres, se transformavam, tarde da noite, em mula, sem cabeça, e conduzindo na cauda um facho de fogo, que nenhum vento ou chuva apagava antes de romperem as barras do dia». Aquí el fuego existe, y va en la cola. El número 13, justo antes, es el lobisomem: hombres que habían tenido «relações impuras com as suas comadres» y salían los viernes por la noche convertidos en perro o en cerdo. Las dos bestias son entradas consecutivas porque son la misma idea dos veces, una por sexo.
Monteiro Lobato repite ese emparejamiento. En el O Saci de treinta y tres capítulos —la versión que rehízo en 1932 a partir del O Sacy de nueve capítulos de 1921, leída aquí en la octava edición, São Paulo, Companhia Editora Nacional, 1941— el capítulo 24 es «Lobishomem» y el 25, «A mula sem cabeça». Y el origen que da Lobato no tiene cura ninguno: una reina que solía pasear de noche por el cementerio fue sorprendida por su marido comiéndose el cadáver de un niño, gritó y se convirtió allí mismo en la mula. El niño Pedrinho hace entonces la única pregunta sensata —«mas como será que vomita fogo pelas ventas, se as ventas estão na cabeça e ela não tem cabeça?»—, que es el chiste de Eugênio sobre las orejas sesenta años más tarde.
La versión que contaba nuestra propia ficha —siete parroquias cada noche, la transformación en una encrucijada con luna llena la noche del jueves al viernes, el freno de hierro, el pinchazo que saca sangre y levanta la maldición— no aparece en ninguno de estos textos. Es la síntesis del siglo XX, y su autoridad habitual es el Dicionário do Folclore Brasileiro de Luís da Câmara Cascudo (Río de Janeiro, Instituto Nacional do Livro, 1954). No he podido consultar ese libro, y lo digo en lugar de citarlo.
Cronología: los hechos documentados de La Mula sin cabeza
1865B. L. Garnier publica en Río de Janeiro las Poesias de Bernardo Guimarães. En las páginas 269-283, el poema «A orgia dos duendes» saca a escena a la Mula sin cabeza como personaje que habla, en una francachela de cementerio: amó a un obispo, su marido celoso lo mató, ella descuartizó al marido y se lo comió a bocados, y perdió la cabeza en el tajo del verdugo. Es la aparición impresa más antigua de la criatura que he podido localizar, y en ella la falta de cabeza es obra de la justicia, no de una maldición.
1872Guimarães publica la novela O Seminarista (Río de Janeiro, B. L. Garnier). En el capítulo IX la muchacha Margarida enuncia la creencia con sus propias palabras —toda mujer que quiere bien a un cura se vuelve mula sin cabeza— y describe al animal: tres patas, dos detrás y una delante, sin cabeza, rondando callejones y cementerios las noches de viernes a sábado y haciendo sonar las herraduras. No hay fuego, ni freno, ni siete parroquias. El seminarista se ríe y pregunta cómo puede tener orejas una bestia sin cabeza.
1883Los Cantos populares do Brasil de Sílvio Romero registran la mula en una sola línea de su introducción, entre creencias campesinas: la gente cree en el lobisomem, en la mula sin cabeza y en la madre del agua, «animais encantados». Sin cura, sin descripción y sin lugar: la primera vez que la criatura aparece en una colección de folclore y no en literatura, aparece como un nombre pelado.
1913João Simões Lopes Neto publica las Lendas do Sul en Pelotas, Rio Grande do Sul. El número 14 es la mula: las mujeres de mala vida relacionadas con curas se transforman de madrugada en una mula sin cabeza que lleva en la cola una antorcha de fuego que ningún viento ni lluvia apaga antes de romper el día. El fuego está, y va en la cola. El número 13, justo antes, es el lobisomem: hombres que pecaron con sus comadres y salían los viernes por la noche hechos perro o cerdo.
1932 (leído en la 8.ª edición, 1941)Monteiro Lobato rehace O Saci y amplía a treinta y tres los nueve capítulos del O Sacy de 1921. El capítulo 24 es el lobisomem y el 25 la mula sin cabeza: el mismo emparejamiento que había usado Lopes Neto. El origen que da Lobato no contiene cura alguno: una reina sorprendida por su marido comiéndose a un niño muerto en un cementerio grita y se convierte en la mula. El niño Pedrinho pregunta cómo puede echar fuego por unos ollares que no tiene.
1954El Instituto Nacional do Livro publica en Río de Janeiro el Dicionário do Folclore Brasileiro de Luís da Câmara Cascudo. Es la obra que las versiones posteriores, incluidos los dos artículos de Wikipedia sobre la criatura, citan para la versión canónica moderna: las siete parroquias, el freno, la sangre. No he podido consultarla, así que nada de este artículo se apoya en ella.
12 de diciembre de 2013Un colaborador de Wikimedia Commons que firma OrsettoGommoso2 sube la imagen que ilustra esta página. No es una fotografía ni una pieza de arte popular: es un collage digital hecho combinando dos imágenes de dominio público que ya estaban en Commons, un jinete a caballo y una llama. Se liberó al dominio público el mismo día en que se hizo.
2017Luana Batista de Souza defiende en la Universidad de São Paulo una edición crítica de O Seminarista que coteja las trece ediciones impresas entre 1872 y 1949. Fija la primera edición (B. L. Garnier, Río de Janeiro, impresa por la Typographia Franco-Americana, segundo semestre de 1872) y registra que Guimarães vendió los derechos el 27 de julio de 1872, tras lo cual ya no pudo tocar el texto.
16 de agosto de 2026Buscar en la copia archivada del Arquivo Português de Lendas —unas 1.500 leyendas portuguesas catalogadas por la Universidad del Algarve— a través del índice de texto completo de Arquivo.pt no devuelve ninguna mula sin cabeza, mientras que el término de control de su homólogo masculino, «lobisomem», devuelve unos 142 aciertos y una categoría propia de subgénero. Al origen ibérico de la leyenda no se le ha podido poner obra, pasaje ni fecha.
¿Hay una explicación racional para La Mula sin cabeza?
Aquí no hay nada que desmentir en el sentido corriente: nadie sostiene que se haya fotografiado una mula sin cabeza. Lo que sí se puede comprobar es la frase con la que abría nuestra página —que la leyenda nació del imaginario católico colonial y vino de la península—, y esa comprobación se puede medir en vez de afirmarse.
El Arquivo Português de Lendas, un catálogo de unas 1.500 leyendas portuguesas levantado en el Centro de Estudos Ataíde Oliveira de la Universidad del Algarve y publicado como base de datos Lendarium, clasifica su material por subgéneros: leyendas sagradas, históricas, urbanas, etiológicas y del sobrenatural. Su sitio no respondía por HTTPS el 16 de agosto de 2026 (certificado caducado), así que busqué en las copias que Arquivo.pt archivó en 2020, a través del índice de texto completo de ese archivo. Buscando «mula sem cabeça» dentro del sitio salen ocho páginas y ninguna es la criatura: casan por «cabeça» en «Cobra com cabeça de homem» y similares. Buscando «mula» salen quince resultados, unas ocho páginas distintas, y tampoco hay criatura: «A fraga da mula» es una peña, otra es la mina de los caballos de oro, otra es la mula del Nacimiento. El control hecho en el mismo índice y el mismo día es el homólogo masculino exacto de la mula: «lobisomem» devuelve unos 142 aciertos, con una categoría entera de licántropos y registros con nombre propio —«O Lobisomem», «A mulher lobisomem», «Bruxas e Lobisomem», «O lobisomem e o caseiro», «Histórias sobre Lobisomens»—. Ciento cuarenta y dos contra cero, dentro del mismo archivo, para las dos mitades de la misma idea. El corpus literario portugués se comporta igual: en Wikisource en portugués los nombres hermanos «mula ruça», «muladona» y «mula ânima» no devuelven nada, y «burra ruça» devuelve exactamente un texto, el Auto de Mofina Mendes de Gil Vicente (1534), donde es una burra parda literal y no hay leyenda ninguna.
Eso no demuestra que en Portugal no se contara. Significa que no puedo ponerle obra, pasaje y fecha al origen ibérico, así que la afirmación sale de la página. Y conviene dejar escrito que dos ceros míos fueron falsos antes de que estos fueran ciertos: el operador insource de Wikisource, unido con OR, devolvió cero incluso para «lobisomem», donde la búsqueda normal devuelve 38 textos; y una búsqueda restringida con prefix: devolvió cero para la propia palabra de control. Un cero que no has probado contra una palabra que sabes que está ahí no es una prueba.
Lo segundo que se puede medir es que los detalles no concuerdan entre sí. Cuenta las patas: tres en 1872, cuatro en todo lo posterior. Cuenta las noches: de viernes a sábado en 1872, ningún día de la semana en 1913, de jueves a viernes en las versiones modernas. Busca el fuego: no está en 1872, va en la cola en 1913 y sale por unos ollares inexistentes en Lobato. Pregunta quién es ella: una condesa decapitada que amó a un obispo en 1865; una vecina viva a la que la madre de la muchacha conoce de vista en 1872; «mulheres de má vida» en 1913; una reina comedora de cadáveres sin cura ninguno en Lobato. Hasta los diccionarios discrepan sobre si está viva: la entrada de Aulete, que marca el término como brasileñismo, transforma a la mujer «depois de morta», después de muerta. Y esa misma entrada da una segunda acepción que explica bastante: la acepción 2 de mula-sem-cabeça es sencillamente «concubina de padre». La expresión es un insulto antes que un animal.
Por último, el origen de nuestro propio error no cuesta encontrarlo, y es reciente. Todos los elementos de la descripción que llevaba esta página se leen hoy en los artículos de Wikipedia en español e inglés sobre la criatura: las siete parroquias, la transformación en una encrucijada la noche del jueves al viernes, el fuego donde debería estar la cabeza, el freno, la sangre, Minas Gerais. Los dos artículos llevan una sola línea de bibliografía, el diccionario de Cascudo en la reimpresión de Tecnoprint de 1972, sin página. El inglés añade, con una web de diccionario por fuente, que el término «se registró por primera vez en los años cuarenta», y, con una enciclopedia de monstruos de 2016 por fuente, que el mito es de hacia el siglo XII. Lo primero lo desmienten 1865, 1872, 1883 y 1913; lo segundo no lleva ningún texto detrás en ninguno de los dos artículos, y yo tampoco he encontrado ninguno. Nuestra página heredó a la vez la forma y el silencio.
¿Se puede visitar La Mula sin cabeza?
No hay ningún lugar que visitar, y la chincheta de nuestro mapa solo lo dice con honradez si lo decimos en voz alta: está sobre Belo Horizonte, la capital de Minas Gerais, una ciudad que ninguna de las fuentes usadas en este artículo relaciona con la leyenda. Señala un estado, por convención, porque la leyenda pertenece a un país y no a un punto. Los dos testimonios más antiguos ni siquiera son de la misma mitad de Brasil: Bernardo Guimarães escribía sobre Minas Gerais, y Lopes Neto recogió su versión en el otro extremo del mapa, en Pelotas, Rio Grande do Sul.
Lo que sí se puede visitar es la lectura. Los cinco textos que sostienen este artículo están libres, completos y son buscables en Wikisource en portugués, que es donde los he leído: las Poesias de Guimarães de 1865 (el poema «A orgia dos duendes»), O Seminarista de 1872 (capítulos IX y X), los Cantos populares do Brasil de Sílvio Romero de 1883, las Lendas do Sul de Lopes Neto de 1913 (número 14, con el lobisomem en el 13) y O Saci de Monteiro Lobato en la octava edición de 1941 (capítulos 24 y 25). La edición crítica de O Seminarista que preparó Luana Batista de Souza en 2017, que coteja las trece ediciones impresas entre 1872 y 1949, es un PDF gratuito en el repositorio de tesis de la Universidad de São Paulo. Nada de esto exige carnet de biblioteca.
El día en que se escribió esto había dos puertas de investigación cerradas, y conviene decir cuáles, porque una atestiguación anterior a 1865 saldrá con toda probabilidad por una de ellas. La Hemeroteca Digital Brasileira de la Biblioteca Nacional, el archivo de texto completo de la prensa brasileña, no respondía; ahí es donde aparecería una mención en un periódico de los años treinta o cincuenta del siglo XIX. La base Lendarium de leyendas portuguesas tampoco respondía por HTTPS y hubo que leerla a través del archivo web Arquivo.pt.
Si se quiere un lugar con vínculo documentado, es Congonhas do Campo, en Minas Gerais: el pueblo cuyo seminario eligió Guimarães para su novela y que el libro nombra cinco veces. Congonhas es una localidad corriente con un santuario barroco extraordinario en lo alto, y se visita todo el año; allí no hay nada que conmemore a la mula, y no he podido confirmar horarios ni precios de entrada actuales, así que conviene comprobarlos antes de viajar. La mula, en todo caso, no está en Congonhas. Está en un poema, una novela, dos colecciones de folclore y un libro infantil, y los cinco están a un clic.
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