El encantado no es un animal por descubrir. El animal es Inia geoffrensis, el delfín rosado del Amazonas, descrito por la ciencia mucho antes de que nadie en Europa lo llamara encantado, y clasificado En Peligro por la UICN en 2018 y por Brasil en 2022.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Encantado?
Ubicación
Middle Solimões (Tefé), Amazonas, Brasil
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
-3.349, -64.71
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Encantado?
Lo verdaderamente notable es lo que cuentan de él las comunidades ribereñas: que un boto puede salir del río convertido en un forastero de blanco que no se quita el sombrero, bailar toda la noche en una fiesta de la orilla y desaparecer antes del amanecer. Los relatos son antiguos. Henry Walter Bates anotó uno en Ega y lo publicó en 1863, con los sexos cambiados; Couto de Magalhães imprimió la versión masculina en 1876. Y se siguen contando, pero no como folclore: como cosas que le pasaron a gente con nombre en sitios que se pueden señalar. La antropóloga Deborah de Magalhães Lima sostiene que la «leyenda del boto» ordenadita es una traducción simplificada de aquellos relatos en primera persona, montada por páginas de turismo y webs escolares. Ningún naturalista propuso jamás al encantado como especie por describir: la palabra críptido se rastrea hasta una sola edición anónima en una wiki de aficionados, en 2012. Mientras tanto, el delfín se reduce a la mitad cada diez años.
Esto no es la fotografía de nada misterioso. Es una figura de un artículo taxonómico: el mapa de distribución del género Inia que Hrbek, da Silva, Dutra, Gravena, Martin y Farias publicaron en PLOS ONE el 22 de enero de 2014, el trabajo en el que describieron Inia araguaiaensis como especie nueva. La imagen se conserva a propósito, porque ilustra el hallazgo mejor que cualquier estampa fluvial: una ficha archivada como avistamiento de críptido lleva desde 2014 ilustrada con la lámina de una descripción formal de especie. El animal estaba descrito por la ciencia mucho antes de que nadie en Europa lo llamara encantado, y el encantado del medio Solimões nunca fue una especie por descubrir. Mapa reproducido bajo CC BY 2.5.
Imagen:
Hrbek, da Silva, Dutra, Gravena, Martin & Farias (PLOS ONE, 2014) · CC BY 2.5
¿Cuál es la historia de Encantado?
El animal del que trata esta ficha nunca estuvo desaparecido. Henry Walter Bates, que recolectó en el Amazonas entre 1848 y 1859, ya lo tenía fichado con nombre binomial —«llamado Bouto o marsopa por los nativos (Inia Geoffroyi de Desmarest)»— y describió cómo rompía la superficie, que solía ir en parejas y dónde abundaba más. Lo que Bates no pudo fichar fue lo que la gente le contaba de él.
En Ega, el pueblo del Tefé que hoy lleva el nombre del río, anotó la versión más antigua del relato que hemos podido fechar. «Se contaban muchas historias misteriosas sobre el Bouto», escribió: una decía que un bouto «tenía la costumbre de adoptar la forma de una mujer hermosa, con el pelo suelto hasta los talones, y salir a tierra de noche por las calles de Ega para atraer a los jóvenes hacia el agua». Cogía a su víctima por la cintura y se sumergía «con un grito triunfal». En la versión de 1863 quien seduce es una mujer y la presa es un hombre: justo al revés de lo que hoy se repite en todas partes. Bates añadió el detalle que más importa para el animal: «nadie mata a estos animales voluntariamente». Tardó años en encontrar un pescador dispuesto a arponearle uno para su colección. Se llamaba Carepira; aceptó la recompensa cuando andaba mal de dinero y «se arrepintió de su acto para siempre, declarando que la suerte lo había abandonado desde aquel día».
Trece años después llegó a la imprenta la versión masculina. En O Selvagem (1876), Couto de Magalhães escribió que «la suerte de los peces fue confiada a Uauyará. El animal en el que se transforma es el boto»; que ningún ser sobrenatural de los indígenas había dado tantas leyendas; y que «muchas de ellas atribuyen su primer hijo a alguna astucia de ese dios, que unas veces las sorprendió en el baño, otras se transformó en la figura de un mortal para seducirlas». Y añadió que el pueblo de Pará cuenta que en las noches de luna los lagos del Amazonas se iluminan muchas veces y se oyen las cantigas de las fiestas y el zapateado de los bailes con que Uauyará se divierte. Herbert Smith tradujo ese pasaje en 1879 y lo puso junto a los relatos de sirenas del bajo Amazonas con una cautela que ha envejecido bien: sospechaba que aquellos los habían «introducido los portugueses», pero sostenía que debajo había «sin duda un mito aborígen» al que se le habían «encajado» historias del Viejo Mundo.
João Barbosa Rodrigues fue más lejos. Había publicado las leyendas del boto y de la uyara en la Revista Brazileira en 1881 y, en la introducción de Poranduba Amazonense (1890), las clasificó entre los «restos de las viejas creencias romanas inculcadas a los portugueses», traídas junto con las brujas montadas en escobas. El mismo volumen conserva, en su vocabulario, el nombre del animal en ñeengatú: pirá-yauara, jaguar-pez.
Aquella discusión decimonónica —mito indígena, importación ibérica o ambas cosas— nunca se cerró, y el siglo XX cambió la pregunta en lugar de responderla. Santos e Visagens de Eduardo Galvão (1955), los trabajos de Raymundo Heraldo Maués desde 1990, Dance of the Dolphin de Candace Slater (1994), la tesis doctoral de Edna Alencar (2002) y el trabajo de campo de Deborah de Magalhães Lima en el medio Solimões registran todos lo mismo: esto no se cuenta como folclore. Se cuenta como algo que pasó, a quien habla o a alguien a quien conoce el que escucha, en sitios con nombre: en el tramo del Solimões que estudió Lima, la desembocadura del Japurá es conocida como el lugar de una ciudad de los encantados.
Cronología: los hechos documentados de Encantado
1863Henry Walter Bates publica The Naturalist on the River Amazons. En el capítulo sobre Ega recoge la versión más antigua que puede fecharse: un bouto que salía a tierra de noche «en forma de mujer hermosa» para atraer a los jóvenes al agua. Anota además que nadie mata al animal voluntariamente, y da el nombre de Carepira, el pescador que acabó arponeándole uno y se arrepintió el resto de su vida.
1876Couto de Magalhães imprime en O Selvagem la versión masculina: Uauyará, a quien se confió la suerte de los peces, se transforma en boto, y «muchas de ellas atribuyen su primer hijo a alguna astucia de ese dios». Es la aparición impresa más antigua del motivo de la paternidad que hemos podido fijar.
1879Herbert Smith traduce el pasaje al inglés en Brazil, the Amazons and the Coast y añade una cautela: cree que los relatos de sirenas los «introdujeron los portugueses», pero que debajo había «sin duda un mito aborígen» al que se le encajaron historias del Viejo Mundo.
1890João Barbosa Rodrigues, que había publicado las leyendas del boto y de la uyara en la Revista Brazileira en 1881, las clasifica en Poranduba Amazonense entre los «restos de las viejas creencias romanas inculcadas a los portugueses». El vocabulario del mismo libro da el nombre del animal en ñeengatú: pirá-yauara, jaguar-pez.
1994Candace Slater publica Dance of the Dolphin, apoyado en trabajo de campo en Parintins, Carauari, Macapá y Porto Velho y sus alrededores y en más de 200 horas de grabaciones. Su conclusión no es zoológica: quienes cuentan estas historias las usan, y no otras, como marco para comentar los cambios en curso en la Amazonia.
3 de noviembre de 2012A las 12:09 UTC, una dirección anónima crea la página «Encantado» en la Cryptid Wiki con el resumen de edición «Encantado are crypids». Su texto, leído el 4 de octubre de 2026 y editado por última vez el 20 de agosto de 2026, trae el candidato zoológico: «es posible que sean una nueva especie de delfín».
22 de enero de 2014Hrbek, da Silva, Dutra, Gravena, Martin y Farias describen Inia araguaiaensis en PLOS ONE. Su mapa de distribución del género lo sube al día siguiente a Wikimedia Commons el usuario WolfmanSF con licencia CC BY 2.5, y es la imagen que lleva esta ficha desde entonces.
2014 (en vigor desde el 1 de enero de 2015)Brasil suspende durante cinco años la pesca de la piracatinga mediante instrucción conjunta MPA/MMA, porque se estaba matando botos y caimanes para usarlos de cebo. En 2018, da Silva y sus colegas escriben que la prohibición «debe reevaluarse a los cinco años, aunque hay cada vez más indicios de que se está incumpliendo de forma generalizada». Se renovó en julio de 2023 por la Portaria Interministerial MPA/MMA n.º 4, de 30 de junio de 2023, sin plazo fijo; el 15 de agosto de 2026 no hemos podido abrir la página del ministerio y no nos consta su revocación.
2018Veintidós años de conteos normalizados en Mamirauá —363 recorridos entre noviembre de 1994 y enero de 2017— muestran que la población de botos se reduce a la mitad cada diez años, un 6,7 % anual desde el año 2000. Los autores no encuentran «ninguna razón evidente distinta de la mortalidad asociada a la pesca». Ese mismo año la UICN clasifica a Inia geoffrensis como En Peligro.
7 de junio de 2022La Portaria n.º 148 del Ministerio de Medio Ambiente de Brasil actualiza la lista nacional de especies amenazadas. La entrada 760 dice: Cetartiodactyla, Iniidae, Inia geoffrensis, EN —En Peligro. Inia araguaiaensis, la especie del mapa de esta ficha, figura como Vulnerable.
Julio de 2026Mocajuba, en Pará, mantiene cerrada la escalera de su Mirante do Boto y refuerza la vigilancia al amparo de un decreto municipal de 2025 dictado siguiendo recomendaciones del IBAMA y del ICMBio: no se puede alimentar, tocar ni acercarse a los delfines.
¿Hay una explicación racional para Encantado?
Qué son estos relatos se ha estudiado sobre el terreno. Deborah de Magalhães Lima, antropóloga de la Universidad Federal de Minas Gerais que trabajó en las comunidades de Vila Alencar y Caburini, en el medio Solimões, en 2005 y 2009, abre su estudio nombrando esa práctica: «es común encontrar referencias a la “lenda do boto” en artículos sobre la cultura popular amazónica para componer —con el curupira, la matinta pereira, la iara, el mapinguari— un retrato exótico y salvaje de la región». Su tesis es que la «leyenda» ordenadita es una traducción simplificada de relatos particulares, en primera persona, de encuentros vividos; y reproduce enteras sus pruebas: la página turística del gobierno de Pará, la página infantil del IBGE y el artículo de la Wikipedia en portugués. El texto del gobierno que reproduce trae al joven elegante que baila toda la noche, el sombrero que lleva siempre porque de su cabeza «exhala un fuerte olor a pescado», la marcha «antes de que amanezca» y al boto como padre atribuido de «todos los hijos de madres solteras». En los relatos que ella recogió, quien habla tiene nombre: el señor Antenor, de 65 años, que señaló el agua y dijo «esta agua que vemos es solo una tapa; debajo es todo ciudad»; su cuñado Afonso; doña Nila, de 102, que solo pudo volver porque rechazó un anacardo; Lázaro, llevado a los 17 años y curandero después.
En un punto los relatos van justo al revés. En la versión ordenadita los hijos existen. En los relatos, no: a las crías atribuidas a un boto se las llama botinhos y nunca sobreviven. Lima recoge abortos espontáneos y recién nacidos que mueren enseguida, y anota que en todo su trabajo de campo Slater no llegó a conocer a nadie que fuera hijo de boto (Slater 1994: 99).
La etiqueta de «críptido» se puede contrastar con el historial de la página de la Wikipedia en inglés. El 15 de agosto de 2026 se pasaron por la API de MediaWiki las 124 revisiones de la página Encantado de la Wikipedia en inglés, del 11 de abril de 2005 al 31 de octubre de 2022, buscando la cadena crypt, y ninguna la contenía. La página albergó el artículo sobre la leyenda del delfín hasta octubre de 2015, cuando se fusionó con River dolphin, y desde diciembre de 2016 es una página de desambiguación cuya entrada Encantado (mythology) redirige a River dolphin. La List of cryptids de la Wikipedia en inglés no lo menciona (revisión del 27 de septiembre de 2026). Control positivo en el mismo endpoint, con la misma expresión regular y el mismo día: el artículo Mapinguari tenía 519 revisiones, 450 de ellas con crypt, la primera del 5 de noviembre de 2005, y la List of cryptids lo nombra dos veces. Donde sí existe la etiqueta, se puede fechar al minuto. En la Cryptid Wiki, la página Encantado se creó a las 12:09 UTC del 3 de noviembre de 2012 desde una dirección anónima cuyo resumen de edición dice, falta de ortografía incluida, «Encantado are crypids». Su texto, leído el 4 de octubre de 2026 y editado por última vez el 20 de agosto de 2026 para añadir categorías, aporta el candidato zoológico que ningún etnógrafo pidió jamás —«es posible que sean una nueva especie de delfín», «puede ser una especie de delfín híbrido, aunque la reproducción entre humano y delfín no es posible»— y añade que «también ha aparecido en Filipinas». Esa es toda la conversión: una frase, un editor anónimo, ningún naturalista.
Hay una ironía dentro de nuestro propio fichero. La imagen de esta ficha no es la fotografía de nada misterioso: es una figura de un artículo taxonómico, el mapa de distribución del género Inia que publicaron Hrbek, da Silva, Dutra, Gravena, Martin y Farias en PLOS ONE el 22 de enero de 2014, cuando describieron Inia araguaiaensis como especie nueva. Una página archivada como avistamiento de críptido lleva ilustrándose desde 2014 con el mapa de una descripción formal de especie.
Dos cautelas para cerrar. Los amuletos: Siciliano y sus colegas (2018) compraron 131 «amuletos de amor de delfín» en 34 tiendas y mercados y secuenciaron 38: tres eran de delfín de la Guayana, Sotalia guianensis, diez de cerdo doméstico —«en Río de Janeiro se usa cerdo para falsificar los amuletos de amor»— y diez no contenían material animal. Y la lectura publicada más dura, que entra aquí porque omitirla sería halagador: Borges Junior, Gonçalves y Ceccarelli (2021) sostienen que un relato capaz de nombrar a un padre al que no se puede llevar a juicio ha servido también para tapar incestos, infidelidades y violencia sexual. Nada de esto convierte en crédula a la gente que cuenta estas historias. Lo que deja mal es la etiqueta que les colgamos nosotros. Un límite se declara en vez de esconderse: el libro de Slater está en préstamo restringido en Internet Archive y su búsqueda interna devolvió «Item not available» el 15 de agosto de 2026, así que sus pasajes se leen aquí a través de las citas literales de Lima, con las páginas que Lima da.
¿Se puede visitar Encantado?
Aquí no hay un lugar que visitar, porque el animal no está escondido y los relatos no están atados a ningún mirador. Lo que sí se puede visitar es el río del que salen y las instituciones que estudian al delfín.
Manaos es la base habitual. El Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (INPA) lleva décadas investigando al boto desde la ciudad bajo la dirección de Vera M. F. da Silva, la investigadora cuyo ayudante de campo, el señor João Pena, pescador de 66 años, le contó a Lima su propio encuentro con una mulher-bota y, a continuación, el reproche de su sobrino por ir a la televisión «a contar mentiras». El Bosque da Ciência del INPA, en Manaos, está abierto al público. El encuentro de las aguas, donde el Río Negro corre junto al Solimões sin mezclarse, es la excursión clásica de media jornada desde la ciudad, y por allí se ven botos con normalidad.
Tefé, en el alto Solimões, es la puerta de la Reserva de Desarrollo Sostenible Mamirauá: el bosque inundado donde trabajaron Lima y Edna Alencar y donde se hizo el conteo de delfines de veintidós años en que se basan las estimaciones de extinción. A la Pousada Uacari, gestionada por las comunidades de la reserva, se llega volando de Manaos a Tefé y luego hora y media río arriba en lancha rápida, con días fijos de entrada (martes y viernes); hay que reservar con la posada, no presentarse.
Un aviso, y no es decorativo. Dar de comer a los botos silvestres o tocarlos no es un recuerdo inofensivo: les cambia el comportamiento y se ha regulado o suspendido allí donde creció sin control. En el Parque Nacional de Anavilhanas, junto a Novo Airão, el contacto está sujeto a normas del ICMBio desde principios de la década de 2010; la página del propio parque nos devolvió un HTTP 403 el 15 de agosto de 2026, así que conviene comprobar las condiciones vigentes antes de reservar y no fiarse del folleto de una agencia. En Mocajuba, en Pará, el ayuntamiento actuó siguiendo recomendaciones del IBAMA y del ICMBio con un decreto de 2025 y, a fecha de julio de 2026, mantiene cerrada con señalización y vigilancia la escalera del Mirante do Boto: no se puede alimentar, tocar ni acercarse a los animales. Cuando una plataforma anuncia bañarse con delfines, esa es justamente la práctica que estas medidas existen para frenar.
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