📜 LEYENDA · EXP. Nº0270 ACTIVO

Boitatá, la serpiente de fuego

Boitatá, la serpiente de fuego es una leyenda de São Vicente (São Paulo), BR —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.

¿De dónde viene la leyenda de Boitatá, la serpiente de fuego?

Ubicación
São Vicente (São Paulo), BR
Tipo de leyenda
Leyenda de criatura
Coordenadas
-23.966, -46.386
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de Boitatá, la serpiente de fuego?

El Boitatá es el fuego que corre de noche por el campo, y es una de las cosas más antiguas que se pusieron por escrito sobre Brasil. A finales de mayo de 1560, en una carta latina enviada desde São Vicente, el jesuita José de Anchieta informó de que en las playas, cerca del mar y de los ríos, había seres a los que los brasiles llamaban Baêtatâ: res ignis, cosa de fuego. De noche, escribió, no se ve otra cosa que un fuego centelleante que corre de aquí para allá; acomete a los indios y los mata, igual que el Corupira, «y qué sea esto, todavía no consta». En ese párrafo no hay serpiente, y no se está protegiendo nada. La culebra llega tres siglos después, y llega por los libros: un novelista le puso ojos de fuego en 1874, y en 1876 un general la convirtió en cobra de fogo, el genio que guarda el pastizal de quienes le prenden fuego. La versión que hoy se enseña en las escuelas brasileñas —la noche interminable, los ojos de los animales muertos, la luz presa en el cuerpo— la escribió un autor con nombre y apellidos en Río Grande del Sur en 1913, y termina con el Boitatá muerto.
Boitatá, la serpiente de fuego, São Vicente (São Paulo), Brasil
Ilustración digital subida a Wikimedia Commons por su propio autor en 2019. No es un documento histórico ni una pieza de arte popular. Imagen: The ponta cabeça · CC BY-SA 4.0

¿Cuál es la historia de Boitatá, la serpiente de fuego?

Del Boitatá se puede fechar casi todo, cosa rara en folclore, y las fechas no van en el orden en que la leyenda las cuenta. El registro más antiguo es una carta. A finales de mayo de 1560, el jesuita José de Anchieta escribió desde São Vicente —«la última población de los portugueses en la India Brasílica mirando al sur», según firma— un largo informe de naturalista a su superior: hormigas, manatíes, osos hormigueros, piedras, una tempestad en el mar. La escribió en latín y se quedó manuscrita durante dos siglos y medio. Al final aparece una sección breve sobre «los espectros nocturnos, o más bien demonios, con que suelen aterrarse los indios», y dentro de ella tres seres seguidos: el Corupira de los montes, el Igpupiara de los ríos y, después, esto, en la impresión lisboeta de 1812, normalizada la ese larga: «Sunt et alii in litoribus maxime, secus mare et flumina versantes, qui Baêtatâ, hoc est res ignis appellantur, quod idem est, ac si dicas, aliquid quod totum est ignis. Apparet noctu nihil aliud, quam ignis scintillans huc illuc discurrens, celerrime invadit Indos, et necat, sicut et Corupira: quid hoc sit, adhuc non constat.» Hay también otros, sobre todo en las playas, que andan junto al mar y a los ríos, y se llaman Baêtatâ, esto es, cosa de fuego, que es lo mismo que si dijeras algo que es todo fuego. De noche no se ve otra cosa que un fuego centelleante que corre de aquí para allá; acomete velocísimo a los indios y los mata, igual que el Corupira: qué sea esto, todavía no consta. Conviene leer la frase por lo que no tiene. No hay serpiente. No hay campo ni bosque ni nada guardado: la cosa mata, y eso es cuanto hace. Y quien escribe, que traduce todos los demás nombres tupíes que usa, termina diciendo que no sabe qué es este. El nombre lleva dentro el argumento, y se puede comprobar sin salir de la carta. Anchieta lo glosa él mismo —res ignis, cosa de fuego— y es escrupuloso con estos compuestos. Diecisiete páginas impresas antes repasa las serpientes de la provincia y traduce todos los nombres: Bóicininga, «id est coluber tinniens», la culebra que suena; Bóiquatiára, «id est colubri picti»; Bóipéba, «hoc est colubri plani»; Bóiroiçanga, «id est colubri frigidi»; y más adelante Bóiquíba, «hoc est colubri pediculos», piojos de culebra. Cinco veces boi, cinco veces coluber. Su anotador dejó la regla escrita en 1812: «Boi, seu Boia inter Brasiliae Indigenas nomen est appellativum Serpentium», entre los indígenas de Brasil boi o boia es el nombre común de las serpientes. Para el fuego de la playa, Anchieta no lo usa. En 1560 la palabra es baê. El latín llegó a la imprenta en Lisboa en 1812, en el primer tomo de la Collecção de noticias para a historia e geografia das nações ultramarinas de la Academia Real das Sciencias, con notas de Diogo de Toledo Lara Ordonez: la misma edición con la que trabaja nuestra ficha del Curupira. Los lectores en portugués esperaron bastante más. La traducción que todo el mundo cita, hecha por Teixeira de Melo con Martinho Corrêa de Sá, salió primero en el primer volumen de los Anais da Biblioteca Nacional, páginas 275-305, y después, corregida, en el Diário Oficial de Río de Janeiro los días 22, 24 y 26 de diciembre de 1887 y 2 y 7 de enero de 1888. Esa cadena viene de la nota editorial 1 de la edición de Río de 1933, que no fecha la salida en los Anais; la aparición fechada es la del Diário Oficial. Para entonces la serpiente ya había llegado, y llegó por la literatura. En 1872 la palabra está en una payada gaucha dentro de la novela O Vaqueano, de Apolinário Porto-Alegre, usada como imagen de un hombre consumido hasta quedar en nada. En 1874 José de Alencar, en Ubirajara, hace que un anciano bautice a un huésped como Boitatá «porque tiene los ojos de la gran serpiente de fuego, que vuela como el rayo de Tupã». Dos años después, en 1876, el general Couto de Magalhães imprimió en O Selvagem, página 138, la frase que el país entero repite desde entonces: «O Mboitatá é o gênio que protege os campos contra aquelles que os incendeiam; como a palavra o diz mboitatá é: cobra de fogo; as tradições figuram-n'a como uma pequena serpente de fogo que de ordinário reside n'agua. Às vezes transforma-se em um grosso madeiro em brasa, denominado méuan, que faz morrer por combustão aquelle que incendeia inutilmente os campos.» Fíjese dónde se detiene. Los campos, el pastizal abierto, no el bosque. Siete líneas más abajo, en esa misma página, Couto le entrega el bosque a otro: «O Curupira é o deus que protege as florestas», el que castiga a quien tala o estropea árboles sin necesidad. Los dos párrafos están en una página de un libro. En casi todas las versiones modernas, la nuestra incluida, entre ellos no hay nada, y el Boitatá ha heredado en silencio el oficio del Curupira. Fíjese también en el tamaño: la serpiente de fuego de Couto es pequena, pequeña, y vive en el agua. La gigante de los libros infantiles es la de Alencar. La versión que casi cualquier brasileño sabe recitar es todavía más joven y tiene autor. En 1913, en Pelotas, João Simões Lopes Neto abrió sus Lendas do Sul con «A M'boi-tátá». No es un relato de diluvio: empieza con una noche tan larga que parecía que no volvería a amanecer, y el aguacero que viene después solo inunda la cueva de la boiguaçu, la culebra grande, y la obliga a salir. Come los ojos de las carroñas y nada más. Como no tiene pelo, ni escamas, ni plumas, ni caparazón, ni cuero grueso, se le vuelve el cuerpo transparente, alumbrado por dentro con el último día que los animales muertos guardaban en los ojos; los hombres que la ven no la reconocen y le cambian el nombre: boitatá, cobra de fogo. Y entonces llega el final que no repite nadie. La boitatá se muere de flaqueza —la luz no alimenta—, se pudre entre las osamentas, la luz presa se suelta por el campo y vuelve el sol. Lo que corre después por el pastizal en verano, frío y amarillo azulado, no es la culebra: es lo que la culebra llevaba dentro.

Cronología: los hechos documentados de Boitatá, la serpiente de fuego

  1. finales de mayo de 1560 El jesuita José de Anchieta firma en São Vicente una carta latina que describe las cosas naturales de la provincia. En su última sección, la de los espectros nocturnos, registra unos seres llamados Baêtatâ, «res ignis», cosa de fuego, vistos en las playas cerca del mar y los ríos: de noche no se ve más que un fuego centelleante que corre de un lado a otro y que acomete y mata a los indios igual que el Corupira. Añade que qué sea eso todavía no consta. Es el registro más antiguo del nombre, y en él no hay serpiente.
  2. 1812 La Academia Real das Sciencias imprime la carta por primera vez, en Lisboa, en el primer tomo de la Collecção de noticias para a historia e geografia das nações ultramarinas, con notas de Diogo de Toledo Lara Ordonez. Su nota 86 despacha al Baêtatâ como fenómeno atmosférico —«estos meteoros ígneos, cuya naturaleza explican los físicos, hoy solo espantan a los iletrados»— y una segunda nota sostiene que el propio Anchieta no estaba del todo persuadido de que fueran demonios. El escepticismo sobre el Boitatá tiene dos siglos y está firmado.
  3. 1872 Apolinário Porto-Alegre publica O Vaqueano por entregas en la Revista do Partenon Literário de Porto Alegre. En el capítulo XXIII, una payada usa la palabra como figura: un hombre tan consumido que su moza juraría que se ha vuelto boitatá. El nombre ya es moneda corriente en Río Grande del Sur cuarenta y un años antes de que allí mismo se escribiera el relato que hoy cuenta todo el mundo.
  4. 1874 José de Alencar publica la novela Ubirajara. En el capítulo IV un anciano propone nombre para un huésped: «Chama ao hóspede Boitatá, porque ele tem os olhos da grande serpente de fogo, que voa como o raio de Tupã». La gran serpiente de fuego, y sus ojos, están en una obra de ficción romántica dos años antes de aparecer en un libro de folclore.
  5. 1876 El general Couto de Magalhães imprime en O Selvagem, página 138, la frase que el país repite desde entonces: el Mboitatá es el genio que protege los campos contra los que los incendian; la palabra significa cobra de fogo; la tradición lo representa como una pequeña serpiente de fuego que suele vivir en el agua y que a veces se transforma en un grueso madero al rojo, el méuan, que hace morir por combustión a quien quema los campos sin necesidad. Siete líneas más abajo, en esa misma página, los bosques son de otro: «O Curupira é o deus que protege as florestas».
  6. 22 de diciembre de 1887 – 7 de enero de 1888 La carta de Anchieta se imprime en portugués, en la versión de Teixeira de Melo con Martinho Corrêa de Sá, repartida en cinco números del Diário Oficial de Río de Janeiro. Es la aparición fechada más antigua de la «cousa de fogo» en portugués que hemos podido fijar; nuestra fuente registra una salida anterior en los Anais da Biblioteca Nacional, pero no la fecha. A partir de aquí la glosa erudita, cosa de fuego, y la popular, cobra de fogo, corren en paralelo.
  7. 1913 João Simões Lopes Neto abre sus Lendas do Sul, publicadas en Pelotas, con «A M'boi-tátá»: la noche que no acababa, la crecida que saca a la boiguaçu de su cueva, los ojos de las carroñas, el cuerpo vuelto transparente por el día que guardaban esos ojos y los hombres que no reconocen a la culebra y le cambian el nombre. Es la versión impresa más antigua de la trama que contaba nuestra propia ficha, y termina con la boitatá muerta de hambre y podrida, dejando su luz suelta por el campo.

¿Hay una explicación racional para Boitatá, la serpiente de fuego?

El escéptico de esta ficha no es moderno ni es anónimo: es el hombre que llevó la carta a la imprenta. En la edición lisboeta de 1812, Diogo de Toledo Lara Ordonez colgó del párrafo del Baêtatâ la nota 86 y escribió: «Haec ignea Meteora, quorum naturam Physici explicant, hodie tantummodo illiteratos, ac superstitione imbutos perterrent» —estos meteoros ígneos, cuya naturaleza explican los físicos, hoy solo espantan a los iletrados y a los imbuidos de superstición—. Y añade a continuación el mecanismo, que es el que se sigue usando: «Indis terrore atque metu affectis, non propriis viribus, non nunquam Baêtatá interitum afferret», estando los indios sobrecogidos de terror y de miedo, más de una vez el Baêtatá les causó la muerte sin fuerzas propias. Una segunda nota, en la misma página y numerada también 86, va más lejos y defiende a Anchieta de sus propios lectores: «Ex his tamen verbis, credo, facile concluditur Anchietam haec Meteora esse daemones non omnino sibi persuasisse», de estas palabras se concluye fácilmente, creo, que Anchieta no se había persuadido del todo de que estos meteoros fuesen demonios. El editor puso hasta el epígrafe en pasado: en el tiempo en que esto se escribió, se creía que los demonios causaban muerte y heridas. La mejor descripción física de la cosa, sin embargo, está dentro de la leyenda, y la escribió alguien que no estaba discutiendo nada. El boitatá de Lopes Neto es «un fuego amarillo azulado que no quema la maleza seca ni calienta el agua de los manantiales»; en invierno desaparece y duerme «entanguida», acurrucada; sale en verano, después de los bochornos; se ceba donde hubo más carroña; y para librarse de él hay que quedarse quieto, con los ojos cerrados y sin respirar, o tirarle el lazo y salir al galope arrastrándolo. Una luz fría, estacional, sobre materia en descomposición en suelo húmedo, que se deshace cuando algo mueve el aire. Eso es un fuego fatuo descrito de cerca por alguien que se lo tomaba en serio. Qué química hay detrás de esas luces sigue discutiéndose, y esta ficha no va a fingir lo contrario ni a repartir la explicación entre unos científicos sin nombre. La confianza de Lara Ordonez en 1812 en que «los físicos explican su naturaleza» iba por delante de las pruebas, y sigue yendo. La pregunta que sí tiene respuesta es otra. Buscado el 16 de agosto de 2026, el corpus digitalizado en portugués de pt.wikisource devuelve la cadena «boitatá» en exactamente tres páginas: O Vaqueano (1872), Ubirajara (1874) y el cuento de Lopes Neto; «mboitatá», en dos, las dos de Lopes Neto. De esas cinco, solo una lleva la trama que contábamos —el agua, los ojos, la luz— y es la firmada y fechada en 1913. Los controles, en la misma búsqueda y el mismo día: «curupira» devuelve dos páginas y «batatão» devuelve una, que resulta ser un principal potiguar que Frei Vicente do Salvador enumera entre los que marcharon al Jaguaribe en 1603; un falso positivo, que es exactamente el aspecto que tiene una búsqueda a texto completo que funciona. No demuestra que nadie contara la historia antes de 1913. Sí significa que la versión impresa más antigua que alguien nos ha puesto delante es una composición literaria de autor conocido, y que la frase del Boitatá que guarda los campos de los incendiarios es anterior a ella, está impresa en 1876, y nunca dijo bosque.

¿Se puede visitar Boitatá, la serpiente de fuego?

No hay nada que visitar. El Boitatá es una luz sobre terreno mojado, de noche, y no tiene cueva, ni ruina, ni ermita; la chincheta de nuestro mapa es una convención, no un sitio donde ocurra la historia. Los documentos, en cambio, están todos gratis, y casi todo el trabajo de esta ficha se hizo con un navegador. El original latino está en el primer tomo de la Collecção de noticias para a historia e geografia das nações ultramarinas (Lisboa, 1812), que la Biblioteca Digital da Câmara dos Deputados de Brasilia sirve en un único PDF de unos 105 MB; el párrafo del Baêtatâ está al final del §XLVI, página impresa 162, y las notas de Lara Ordonez están en la página impresa 178, donde hay dos notas seguidas y contradictorias numeradas las dos con el 86. Aviso por experiencia propia: la capa de texto automática de ese escaneo transcribe la ese larga como f, de modo que buscar «sunt» no da nada y buscar «funt» lo da todo. Hay que leer las imágenes de página, o buscar con la ortografía del XVIII. Una traducción portuguesa fiel, y con notas útiles, es el Caderno nº 7 de la Série Documentos Históricos del Conselho Nacional da Reserva da Biosfera da Mata Atlântica, «Carta de São Vicente 1560», publicado en la primavera de 1997 y descargable libremente; reproduce el texto de 1933 de la Civilização Brasileira al cuidado de Afrânio Peixoto, y su nota 78 es la del Baetatá. O Selvagem de Couto de Magalhães (Río de Janeiro, 1876) es un PDF libre de unos 123 MB en la Biblioteca Brasiliana Guita e José Mindlin de la Universidad de São Paulo; la página 138 lleva al Mboitatá y al Curupira, uno encima del otro. O Vaqueano y Ubirajara están transcritos en Wikisource en portugués, y las Lendas do Sul de Lopes Neto circulan libremente en una digitalización de la edición de Globo. Si hace falta un edificio, el más honrado que hay cerca es el Museu Anchieta del Pateo do Collegio, plaza del Pátio do Colégio nº 2, en el centro histórico de São Paulo: la casa jesuita del hombre que puso la palabra por escrito. Abre de martes a sábado, de 09:00 a 16:45; la entrada cuesta 26 reales, 13 para estudiantes y profesores, 6 para alumnos de escuela pública, jubilados y mayores, y es gratis para menores de siete años y para personas con discapacidad. Allí no hay nada del Boitatá, y São Vicente, que es donde se firmó la carta, es otra ciudad, abajo en la costa. La cosa en sí, si sigue estando, está donde la puso Lopes Neto: pastizal llano y húmedo, después del anochecer, en verano, sobre suelo donde han muerto animales. No conviene ir a buscarla de noche y en solitario por un bañado desconocido. El peligro histórico del Boitatá ha sido siempre la zanja, no la serpiente.

Fuentes consultadas

  1. José de Anchieta; notes by Diogo de Toledo Lara Ordonez, «Epistola quamplurimarum rerum naturalium, quae S. Vincentii (nunc S. Pauli) provinciam incolunt, sistens descriptionem — the Baêtatâ paragraph at the end of §XLVI, printed p. 162, with the annotator's two contradictory notes, both numbered 86, on printed p. 178» — Collecção de noticias para a historia e geografia das nações ultramarinas, tomo I, num. III. Lisbon: Academia Real das Sciencias. Read in the Biblioteca Digital da Câmara dos Deputados scan (vol. 1 PDF, c. 105 MB); the automatic text layer renders the long s as f, 1812 libro
  2. José de Anchieta; edition of the Conselho Nacional da Reserva da Biosfera da Mata Atlântica, reprinting the 1933 Civilização Brasileira text edited by Afrânio Peixoto, «Carta de São Vicente 1560 — Portuguese translation, with note 78 on the Baetatá and note 1 on the transmission of the text (Venice, 1812/1799, Diário Oficial 1887-88, São Paulo 1900, Rio 1933)» — Caderno nº 7, Série Documentos Históricos, Conselho Nacional da Reserva da Biosfera da Mata Atlântica / UNESCO MaB, spring 1997, 1997 libro
  3. José Vieira Couto de Magalhães, «O Selvagem, part II ('Origens, costumes, região selvagem'), p. 138: the Mboitatá and, seven lines below, the Curupira» — Rio de Janeiro: Typographia da Reforma. Read in the Biblioteca Brasiliana Guita e José Mindlin (USP) digitisation, 1876 libro
  4. João Simões Lopes Neto, «'A M'boi-tátá', in Lendas do Sul» — First published Pelotas, 1913. Read in the digitisation of Contos gauchescos e lendas do sul, 3rd ed., Porto Alegre: Globo, 1965, made by the Biblioteca Virtual do Estudante Brasileiro (USP), 1913 libro
  5. José de Alencar, «Ubirajara: lenda tupi, chapter IV» — Rio de Janeiro, 1874. Read in the Portuguese Wikisource transcription, 1874 libro
  6. Apolinário Porto-Alegre, «O Vaqueano, chapter XXIII ('A cabeça de um anjo')» — Revista do Partenon Literário, Porto Alegre, 1872. Read in the Portuguese Wikisource transcription, 1872 libro
  7. Frei Vicente do Salvador, «História do Brasil, book IV, ch. XXXIII — 'Batatão' as the name of a Potiguar leader on the 1603 march to the Jaguaribe (the false positive of our corpus search)» — Written 1627. Read in the Portuguese Wikisource transcription, 1627 libro
  8. Enigma Atlas, «Full-text search of the Portuguese Wikisource corpus for insource:"boitatá", "mboitatá", "batatão", "baetatá" and "curupira", run on 16 August 2026» — pt.wikisource.org search API (action=query&list=search), 2026 web
  9. Pateo do Collegio, «Museu Anchieta — Pateo do Collegio: address, opening hours and admission prices» — pateodocollegio.com.br, consulted 16 August 2026, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

Tu veredicto, agente: Yo también lo vi 0 Creíble 0 Dudoso 0

💬 Testimonios de campo (0)

Aún no hay testimonios. Añade el primero.

Añade tu testimonio

🔒 Entra para dejar un testimonio