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Incendio del Edificio Joelma

Incendio del Edificio Joelma es un lugar reputado como embrujado en São Paulo, BR. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.

¿Dónde está Incendio del Edificio Joelma?

Ubicación
São Paulo, BR
Tipo
Memorial / lugar de catástrofe
Coordenadas
-23.549, -46.641
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Por qué se dice que Incendio del Edificio Joelma está embrujado?

La mañana lluviosa del viernes 1 de febrero de 1974, un aparato de aire acondicionado de la duodécima planta del edificio Joelma, en la Avenida 9 de Julho 225 del centro de São Paulo, se incendió. El bloque de veinticinco plantas tenía una estructura de hormigón que aguantó y un interior de madera, moqueta y placas de techo combustibles que no. Tenía una sola escalera común, sin alarma, sin rociadores, sin alumbrado de emergencia y sin helipuerto: todo ello legal bajo un código de obras de 1934. El fuego se apagó solo a media mañana. Los periódicos hablaban de unos setenta muertos a las cinco de aquella tarde; en la edición del domingo, el recuento del depósito judicial iba por 187, la cifra que usa desde entonces la prensa brasileña, aunque los relatos en inglés dicen 179 y los archivos de Rede Globo, 189. Lo que vino después importa más que la discusión sobre las cifras: un nuevo código de edificación en 1975 que por fin exigió escaleras protegidas, rociadores, alarmas y cubiertas accesibles. El edificio sigue en pie y en uso diario, con otro nombre. Su fama de lugar encantado llegó más tarde, y se puede fechar.
Incendio del Edificio Joelma, São Paulo, Brasil
Imagen: Eivind Molberg/Folhapress · Public domain

¿Cuál es la historia de Incendio del Edificio Joelma?

El Joelma era casi nuevo. Terminado en 1971 en la Avenida 9 de Julho 225, en el centro de São Paulo, lo construyó Joelma S/A Importadora, Comercial e Construtora y se alquiló casi de inmediato al Banco Crefisul de Investimentos. Tenía veinticinco plantas: archivo en el sótano y en la planta baja, diez plantas de aparcamiento encima y oficinas de la undécima a la vigesimoquinta, repartidas en dos bloques, uno hacia la avenida y otro hacia la Rua Santo Antônio, en la parte trasera. La estructura de hormigón armado era buena y sobrevivió al incendio: los ingenieros no encontraron daño estructural después. Casi todo lo que había dentro de esa estructura era combustible. Los tabiques y los muebles eran de madera. Los techos eran placas de fibra combustible clavadas sobre listones de madera. Había moqueta en el suelo y cortinas de tela en las ventanas. Para todo el edificio existía una sola escalera común —no una escalera protegida— y no había sistema de alarma, ni manual ni automático, ni rociadores, ni alumbrado de emergencia, ni señalización de salida, ni helipuerto. La normativa de edificación vigente en São Paulo era la consolidación aprobada por el Ato nº 663 de 10 de agosto de 1934, redactada para una ciudad de unos 700.000 habitantes y edificios de pocas alturas. Dos años antes, el 24 de febrero de 1972, había ardido el Edificio Andraus, en la Avenida São João. Allí murieron dieciséis personas y los helicópteros sacaron a centenares desde el helipuerto de su azotea. Ese rescate seguía fresco en la memoria de la ciudad la mañana lluviosa del viernes 1 de febrero de 1974, cuando un aparato de aire acondicionado de la duodécima planta del Joelma se incendió poco antes de las nueve. Un empleado que fue a mirar encontró el aparato ardiendo, cortó la corriente en el cuadro de la planta y al volver se encontró el fuego corriendo ya por el cableado a la vista; prendieron las cortinas y después las placas del techo. Subió a la decimotercera planta a avisar a la gente y ya no pudo bajar. Los bomberos registraron el primer aviso a las 09:03, mandaron vehículos desde los parques más cercanos a las 09:05 y llegaron a las 09:10, retrasados por el tráfico. Las escalas Magirus de 40 metros no alcanzaban las plantas altas. Las bocas de incendio del propio edificio fallaron. Quien no pudo bajar subió, esperando el desenlace del Andraus; la cubierta del Joelma era de placas de fibrocemento sobre estructura de madera, llena de obstáculos y ardiendo, y ningún helicóptero pudo posarse en ella. Hacia las 10:30 el fuego había consumido el material combustible entre las plantas doce y veinticinco y empezó a apagarse solo. La undécima planta no sufrió daños. Los últimos supervivientes salieron alrededor de las 13:30. Después vino el recuento, y merece la pena seguirlo con precisión, porque la discrepancia que sobrevive hoy empezó ahí. La propia edición de Folha de S.Paulo del 1 de febrero, cerrada esa misma tarde, hablaba de unos setenta cadáveres en el Instituto Médico Legal a las cinco y de 83 heridos atendidos. Su edición del 3 de febrero informó de que el sábado habían llegado dos cuerpos más al IML, con lo que la cifra pasaba de 185 a 187, de los cuales 135 estaban identificados. El vicepresidente de Crefisul, Garrett Bouton, declaró que en el edificio trabajaban 1.016 personas, 861 de ellas por encima de las plantas de garaje, y que unas 600 habían llegado ya cuando empezó el fuego. El informe pericial del Instituto de Polícia Técnica se concluyó en marzo de 1974 y reabrió la discusión sobre el código de 1934. El 20 de junio de 1975 el alcalde, Olavo Egydio Setubal, promulgó la Lei nº 8.266, el nuevo Código de Edificações, salido de un proyecto de ley presentado en la cámara municipal en 1974. Su texto deroga decenas de artículos de la consolidación de 1934 y escribe los dos incendios en la ley casi línea a línea. El artículo 34 define la escalera de seguridad como aquella a prueba de fuego y humo, a la que solo se accede por una antecámara ventilada. El artículo 92 exige que la estructura y esa escalera resistan al fuego cuatro horas como mínimo. El artículo 113 obliga a red de bocas de incendio con depósito propio, rociadores, detectores de humo, señalización de alarma y de salida, alumbrado de emergencia y extintores. El artículo 41 impone herrajes antipánico en las puertas de locales con más de 200 personas. Y el artículo 45 obliga a que todo edificio de más de 35 metros tenga una cubierta unida a la escalera común, dimensionada tanto para proteger a las personas del calor que sube de las plantas inferiores como para soportar el aterrizaje de un helicóptero en caso de emergencia extrema, y libre de anuncios, antenas y chimeneas que puedan estorbarlo. Ese artículo es el Joelma y el Andraus en una sola frase. El edificio estuvo cerrado unos cuatro años en obras, ganó la escalera de emergencia que nunca había tenido y más tarde pasó a llamarse Edifício Praça da Bandeira. En febrero de 2013 Folha de S.Paulo encargó al consultor en prevención de incendios Sérgio Ceccarelli que inspeccionara los dos edificios frente a las normas que los incendios habían generado. El Andraus suspendió, por la señalización y por puertas cortafuegos calzadas abiertas. El antiguo Joelma aprobó, y por encima de lo exigido: bocas de incendio, extintores y rutas de evacuación señalizados en sus quince plantas de oficinas, dos entradas, partes de mantenimiento fijados a los extintores y pavimento táctil para personas ciegas en la escalera de emergencia, que no es obligatorio.

Cronología: los hechos documentados de Incendio del Edificio Joelma

  1. 10 de agosto de 1934 São Paulo consolida su código de obras mediante el Ato nº 663, redactado para una ciudad de unos 700.000 habitantes. Sigue siendo la norma vigente cuarenta años después y no exige ni equipos contra incendios ni escaleras de emergencia.
  2. 4-23 de noviembre de 1948 Paulo Ferreira de Camargo mata a su madre, Benedita, y a sus hermanas Maria Antonieta y Cordélia en la casa familiar de la Rua Santo Antônio y las esconde en un pozo. La policía lo destapa el 23 de noviembre; él se quita la vida mientras excavan. Que la casa estuviera en el solar posterior del Joelma está en discusión.
  3. 1971 Se termina el Joelma en la Avenida 9 de Julho 225 y se alquila al Banco Crefisul de Investimentos: veinticinco plantas, diez de ellas de aparcamiento, una sola escalera común, sin alarma, sin rociadores y sin helipuerto.
  4. 24 de febrero de 1972 Arde el Edificio Andraus, en la Avenida São João. Mueren dieciséis personas y los helicópteros sacan a centenares desde el helipuerto de su azotea: el rescate que dos años después esperarán los ocupantes del Joelma.
  5. 1 de febrero de 1974 Un aparato de aire acondicionado de la duodécima planta se incendia poco antes de las nueve de un viernes lluvioso. Se avisa a los bomberos a las 09:03 y llegan a las 09:10; las escalas de 40 metros no alcanzan las plantas altas y las bocas de incendio del edificio fallan. El fuego se apaga solo hacia las 10:30 y los últimos supervivientes bajan sobre las 13:30.
  6. 1 de febrero de 1974, edición de tarde Folha de S.Paulo, cerrando esa misma tarde, informa de unos setenta cadáveres en el Instituto Médico Legal a las cinco y de 83 heridos atendidos, y da la dirección: Avenida Nove de Julho 225, con la parte trasera en la Rua Santo Antônio 184.
  7. 3 de febrero de 1974 Folha informa de que el sábado llegaron dos cuerpos más al IML, con lo que la cifra pasa de 185 a 187, de los cuales 135 están identificados. 187 se convierte en la cifra que usa desde entonces la prensa brasileña.
  8. Marzo de 1974 Se concluye el informe pericial del Instituto de Polícia Técnica, que reabre la discusión pública sobre el código de obras de 1934, nunca revisado para adaptarlo a la ciudad que había crecido a su alrededor.
  9. 20 de junio de 1975 El alcalde Olavo Egydio Setubal promulga la Lei nº 8.266, el nuevo código de edificación, salido de un proyecto de 1974. Exige escaleras protegidas con antecámara ventilada, cuatro horas de resistencia al fuego, bocas de incendio, rociadores, detectores de humo, alarmas, señalización de salida y alumbrado de emergencia; y, en su artículo 45, cubiertas de más de 35 metros capaces de proteger del calor inferior y de recibir un helicóptero.
  10. 12 de abril de 1980 Se estrena la película Joelma 23º Andar, dirigida por Clery Cunha y basada en Somos seis, libro de cartas atribuidas por el médium Chico Xavier a los muertos. La Cinemateca Brasileira recoge sus rótulos iniciales: los personajes «son ficticios y cualquier parecido con personas vivas o muertas es mera coincidencia».
  11. 14 de octubre de 2005 Folha de S.Paulo, al informar sobre una discoteca abierta en la planta baja, recoge que los «sitios de leyendas urbanas» dicen que el terreno albergó un pelourinho y que hay fantasmas en los pasillos. El dueño dice que el misterio le da publicidad y que él no cree en almas errantes.
  12. 29 de febrero de 2008 En G1, el antiguo jefe del aparcamiento José Roberto Viestel, entonces de 71 años, califica de tonterías las apariciones y admite que tiraba desde una planta alta los ataúdes que habían dejado los bomberos para asustar a los curiosos que iban a ver el edificio.
  13. 17 de febrero de 2013 A petición de Folha, el consultor en prevención de incendios Sérgio Ceccarelli inspecciona los dos edificios. El Andraus suspende por señalización y puertas cortafuegos calzadas; el antiguo Joelma aprueba y supera lo exigido, con pavimento táctil en la escalera de emergencia construida tras el incendio.
  14. 1 de noviembre de 2018 Folha informa sobre la devoción ante las tumbas de los trece muertos sin identificar de Vila Alpina. El investigador de la ESPM Fábio Mariano Borges explica que, cuando el registro histórico calla sobre esos muertos, «la fe popular se encarga de crear sus propios relatos».

¿Hay una explicación racional para Incendio del Edificio Joelma?

Empecemos por el número de muertos, porque es la medida más clara de cómo viaja esta historia. El recuento que publicó la prensa en los días siguientes al incendio, tomado del Instituto Médico Legal, fue de 187; es la cifra que dio Folha de S.Paulo el 3 de febrero de 1974 y la que sigue usando el archivo de Estadão. Los manuales de seguridad contra incendios en inglés dan 179 —aparece, por ejemplo, en A Guide to Fire Safety Management, de William Dailey—. La ficha del caso de Linha Direta, de Rede Globo, da 189 muertos y 345 heridos. Un pie de foto de Folha en 2005 decía 188. En 2008 G1 escribía «casi 200», y en 2018 Folha usaba la misma fórmula redonda. En ninguna de las fuentes consultadas aquí aparece un total oficial conciliado, y todas las cifras anteriores se ofrecen como lo que dice una fuente con nombre, no como un hecho. Donde nuestra ficha anterior imprimía un único número seguro, la respuesta honesta es una horquilla con nombres pegados a ella. La historia de la maldición tiene dos ingredientes, y no son de la misma calidad. El primero es un pelourinho: la afirmación de que en ese suelo hubo una picota donde se castigaba a personas esclavizadas y a condenados. Folha de S.Paulo lo recogió en 2005, pero lo recogió precisamente como algo que dicen los «sitios de leyendas urbanas», y ninguna fuente histórica consultada aquí sitúa una picota en esta manzana. Se queda en esta ficha como afirmación atribuida y nada más. El segundo ingrediente es real, y merece algo mejor que su uso como maldición. El 4 de noviembre de 1948, Paulo Ferreira de Camargo, profesor y ayudante de química de la Universidad de São Paulo, de 26 años, mató a su madre, Benedita Ferreira de Camargo, de 56, y a sus hermanas Maria Antonieta, de 23, y Cordélia, de 19, y escondió los cuerpos en un pozo del patio de la casa familiar, en la Rua Santo Antônio. La policía destapó el pozo el 23 de noviembre; él se quitó la vida mientras excavaban. Se conoció como el Crime do Poço. Tres mujeres con nombre fueron asesinadas por un familiar: eso es un crimen, no un presagio, y convertirlas en el primer acto de una casa encantada es el punto en el que este tipo de relato deja de ser inofensivo. Que aquella casa estuviera en el solar que después ocupó el Joelma está genuinamente en discusión, y la discusión es instructiva. Linha Direta, de Rede Globo, afirma sin matices que «en 1948 existía una casa donde hoy está el Edificio Joelma», y añade que la numeración de la calle se cambió después, una afirmación que despacha cómodamente cualquier dirección que no encaje. Esa misma página de Linha Direta dice también que el Joelma era un edificio de veinte plantas levantado en 1972; tenía veinticinco y se terminó en 1971. Los relatos del caso sitúan la casa en la Rua Santo Antônio 104 y citan para ello los periódicos paulistanos de noviembre de 1948; los originales digitalizados están en la Biblioteca Nacional y no se han podido abrir para esta ficha, así que ese número se recoge aquí de segunda mano. Folha de S.Paulo, al describir el edificio en llamas el 1 de febrero de 1974, situó la fachada trasera del Joelma en la Rua Santo Antônio 184. Son números distintos de la misma calle, lo que encaja con la versión de que la casa estaba una manzana más allá; no es una prueba, y esta ficha no la presenta como tal. Sobre los fantasmas en sí hay algo mejor que un desmentido: un hombre con nombre y apellidos explicando de dónde salió parte del miedo. José Roberto Viestel dirigía el aparcamiento del Joelma y fue una de las personas que combatieron el fuego con las mangueras del garaje cuando fallaron las de los bomberos. Entrevistado por Carolina Iskandarian para G1 en 2008, a los 71 años, dijo que le parecían tonterías y a continuación admitió su propia parte en ellas: después del incendio seguían llegando curiosos a mirar el edificio y, como los bomberos se habían dejado allí algunos ataúdes, él los tiraba desde una planta alta para ver correr a la gente. Le hacía gracia. También se puede fechar la lectura sobrenatural del Joelma, y no empieza en 1974. El punto fijo más antiguo que se ha podido rastrear aquí es Somos seis, un libro de cartas atribuidas por el médium Chico Xavier a los muertos, publicado por el Grupo Espírita Emmanuel a mediados de los años setenta, y dos de cuyos remitentes se presentan como jóvenes fallecidos en el incendio. De ahí salió la película Joelma 23º Andar, producida en 1980 y estrenada el 12 de abril de ese año; según la ficha de la Cinemateca Brasileira, el primer largometraje brasileño de temática espírita, con el propio Chico Xavier apareciendo en él. La transcripción que hace la Cinemateca de los rótulos iniciales de la película es el documento escéptico más útil de todo el expediente: «Partiendo de un hecho real (el incendio), esta película presenta una historia basada en un libro. Los personajes de la película son ficticios y cualquier parecido con personas vivas o muertas es mera coincidencia». La obra fundacional de la historia de fantasmas del Joelma declara en pantalla que su gente está inventada. Lo demás llega después y por vía comercial. Una ruta de pago por el São Paulo insólito, «São Paulo de Outro Mundo», funciona una vez al mes desde 1999 y pasa por delante del edificio; su organizador, el guía Carlos Roberto Silvério, contó a G1 que se había dado cuenta de que la ciudad «tenía ese atractivo de leyendas y mitos». En 2005, el dueño de una discoteca abierta en la planta baja le dijo a Folha que el misterio venía bien al negocio —«nunca he tenido tanta publicidad gratuita»— mientras aclaraba que él no creía en almas errantes. Hay un hilo distinto, y esta ficha lo trata distinto. Trece personas murieron en un ascensor y nunca fueron identificadas; están enterradas una al lado de otra en el Cemitério São Pedro, en Vila Alpina, y en torno a esas tumbas creció una devoción popular, con agua derramada para aliviar las quemaduras y leche para aliviar el humo. Folha de S.Paulo contó en 2018 el caso de Rosemere Alencar, jardinera del cementerio, que cuida las tumbas todos los domingos desde una promesa hecha cuando no se esperaba que su hija sobreviviera. El investigador Fábio Mariano Borges, de la ESPM, explicó el mecanismo al mismo periódico: la mayoría de esos santuarios guardan «personas sencillas, desconocidas, cuya muerte por alguna razón quedó revestida de misterio», y donde el registro histórico calla «la fe popular se encarga de crear sus propios relatos». Esa es una explicación de cómo el Joelma se volvió un lugar encantado tan buena como cualquiera que pudiera ofrecer esta ficha, y viene de alguien que lo estudia.

¿Se puede visitar Incendio del Edificio Joelma?

El edificio sigue ahí, está en uso y no es un monumento. Se levanta en la Avenida 9 de Julho 225, en el centro de São Paulo, y se llama Edifício Praça da Bandeira desde que se le cambió el nombre unos años después de la reconstrucción; mucha gente en la ciudad lo sigue llamando el Joelma. Es propiedad privada de uso comercial, con unas quince plantas de oficinas sobre diez de aparcamiento, y hay personas que van a trabajar allí todos los días laborables. No hay museo, ni sala conmemorativa, ni visita guiada, ni acceso público. Nada del interior está abierto a visitantes, y las entradas son para los inquilinos y sus asuntos. Le pedimos que no vaya allí como turista. El incendio ocurrió dentro de la memoria viva: hay supervivientes vivos, y también familias de las personas que murieron, y un desconocido fotografiando el portal de su lugar de trabajo o de la última dirección de sus parientes no es una presencia neutral. Si está por la zona, lo honesto es mirar hacia arriba desde la acera, si es que mira, y dejarle el edificio a quien lo usa. Las tumbas de los trece muertos sin identificar están en el Cemitério São Pedro, en Vila Alpina, al este de la ciudad. Es un cementerio en funcionamiento y un lugar activo de devoción popular, al que acude gente que lleva flores, velas, agua y leche, y también familiares de otras personas enterradas allí. Se puede visitar dentro del horario normal del cementerio, pero conviene tratarlo por lo que es —una sepultura ante la que se reza— y no como una atracción. Si quiere llevarse algo de este lugar, llévese la lección de seguridad contra incendios, que es portátil y gratuita. El Joelma tenía una sola escalera sin proteger, ninguna alarma, ningún rociador, ningún alumbrado de emergencia, ninguna señal de salida y una cubierta que ningún helicóptero podía usar. Las normas que vinieron después en São Paulo, y otras equivalentes en otros sitios, existen por lo que pasó cuando faltaba todo eso. Saber dónde están las escaleras del edificio en el que usted esté hoy es un recuerdo más útil que una fotografía de este.

Fuentes consultadas

  1. Folha de S.Paulo, «De novo, e muito pior — Até 17h: 70 mortos» — Folha de S.Paulo (edición del 1 de febrero de 1974, reproducida en el Almanaque Folha), 1974 hemeroteca
  2. Folha de S.Paulo, «1974: Número de mortes no incêndio do edifício Joelma sobe a 187» — Folha de S.Paulo, Banco de Dados (reproducción de la edición del 3 de febrero de 1974), 1974 hemeroteca
  3. Liz Batista, «Joelma e Andraus: fogo e tragédia em SP» — O Estado de S. Paulo / Acervo Estadão (página sin fecha; primera captura archivada en mayo de 2018) hemeroteca
  4. Prefeitura do Município de São Paulo, «Lei nº 8.266 de 20 de junho de 1975 — Aprova o Código de Edificações» — Catálogo de Legislação Municipal de São Paulo, 1975 archivo
  5. Luiz Caversan, «Tragédia do Joelma foi a pior da cidade» — Folha de S.Paulo, 2003 hemeroteca
  6. Folha de S.Paulo, «Após 41 anos, edifício Andraus falha em segurança contra fogo» — Folha de S.Paulo, Cotidiano, 2013 hemeroteca
  7. Carolina Iskandarian, «Lugares 'mal-assombrados' viram lenda em SP» — G1, Edição São Paulo, 2008 hemeroteca
  8. Sérgio Ripardo, «Boate do Joelma vai 'espantar' superstição com forró e axé» — Folha Online, Ilustrada, 2005 hemeroteca
  9. Folha de S.Paulo, «Túmulos de anônimos ganham devoção popular e são reverenciados em SP» — Folha de S.Paulo, Cotidiano, 2018 hemeroteca
  10. Cinemateca Brasileira, «Joelma 23º Andar — ficha de la Filmografia Brasileira» — Base de datos Filmografia Brasileira, Cinemateca Brasileira, 1980 archivo
  11. Rede Globo, «O Enigma do Edifício Joelma» — Linha Direta — Mistério, Rede Globo, 2005 web
  12. William Dailey, «A Guide to Fire Safety Management» — Perpetuity Press (pasaje localizado mediante la búsqueda de texto completo de Open Library), 2000 libro
  13. Bombeiros Emergência, «Incêndio Edifício Joelma — resumen técnico del siniestro» — bombeirosemergencia.com.br (copia archivada de 2010 en la Wayback Machine), 2010 web

Ficha revisada por V. Serrano el 12/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

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