📜 LEYENDA · EXP. Nº0270 ACTIVO

Iara, la madre del agua

Iara, la madre del agua es una leyenda de Río Amazonas, Manaus (Amazonas), BR —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.

¿De dónde viene la leyenda de Iara, la madre del agua?

Ubicación
Río Amazonas, Manaus (Amazonas), BR
Tipo de leyenda
Leyenda de criatura
Coordenadas
-3.119, -60.022
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de Iara, la madre del agua?

La Iara es la sirena de Brasil: una mujer hermosa de los ríos que arrastra a los hombres al fondo, y uno de los casos mejor documentados de leyenda que todo el mundo llama antiquísima y que nadie encuentra antes del siglo XIX. Lo que sí registran los cronistas coloniales, de Gândavo en 1576 a Cardim y Barlaeus, es el ipupiara: un ser de agua que ahogaba pescadores y les comía los ojos, la nariz y las puntas de los dedos. De sus hembras se decía que parecían mujeres hermosas de largos cabellos, pero en ningún papel de la época cantan, seducen ni encantan a nadie. El canto, el pelo negro con flores de jacinto de agua y el ahogarse de buena gana los anotó en el Amazonas el naturalista Herbert Smith en 1879, que en la misma página añadió que creía que los habían traído los portugueses; Bates había dicho lo mismo en 1863 y Barbosa Rodrigues lo diría en 1881. En 1947 Câmara Cascudo lo zanjó: la Iara es europea y el indio no la conoció antaño. El pelo verde sale de una novela de 1871, donde es limo del río. Y la historia de Iara guerrera arrojada al Solimões por su padre no tiene fuente más antigua que un blog.
Iara, la madre del agua, Río Amazonas, Manaus (Amazonas), Brasil
Sello de Correios de 2,50 cruzeiros, serie «Lendas Brasileiras», febrero de 1974, grabado por Newton Cavalcanti en la Casa da Moeda do Brasil. Imagen: Newton Cavalcanti · Public domain

¿Cuál es la historia de Iara, la madre del agua?

La Iara se presenta siempre como folclore tupí antiquísimo. El archivo colonial sí guarda un ser de agua que mata gente —documentado desde los años sesenta del siglo XVI e impreso desde 1576—, pero no es ella. En 1564, en la capitanía de São Vicente, algo salió del mar de noche. Una india esclava del capitán lo vio moverse en la vega pegada al mar y fue a despertar al hijo del capitán, Baltesar Ferreira; él no la creyó, la mandó salir otra vez a asegurarse, y ella volvió «mais espantada, affirmandolhe & repetindolhe hũa vez & outra, que andaua ali hũa couſa tam fea, que nam podia ſer ſenam o demonio». Ferreira salió en camisa con una espada, peleó con el animal y lo mató. Pero de Magalhães Gândavo imprimió el relato en Lisboa en 1576, en el capítulo 9 de su História da província Sancta Cruz, y lo imprimió con un grabado del bicho: quince palmos de largo, sembrado de pelos por todo el cuerpo y, en el hocico, «hũas ſedas muy grãdes como bigodes». «Os Indios da terra lhe chamão em ſua lingoa Hipupiára, que quer dizer demonio dagoa.» Y el capítulo abre advirtiendo que la mayoría de los retratos que corrían «andam errados» y que la muerte del monstruo «conta-ſe por differentes maneiras»: la versión impresa más antigua de esta criatura ya se está quejando de las versiones con las que compite. Gabriel Soares de Sousa, señor de ingenio, dedicó a esto un capítulo entero de su Tratado descritivo do Brasil (1587), titulado «Que trata dos homens marinhos». Sus upupiara suben por los ríos de agua dulce en verano, arrancan de las jangadas a pescadores y mariscadores, los ahogan, y los cuerpos aparecen con la marea vaciante «mordidos na boca, narizes e na sua natura». Está contando pérdidas propias: «as quaes fantasmas ou homens marinhos mataram por vezes cinco indios meus». Un maestro de azúcar de su ingenio vio una noche, desde la ventana, un bulto mayor que un hombre a la orilla mientras unas esclavas africanas lavaban formas de azúcar; ellas le dijeron que era el homem marinho y quedaron asombradas muchos días. Aquí no hay canto, ni peine, ni belleza, ni hembra. La hermosa aparece en el tercer cronista. Fernão Cardim, jesuita, escribió entre 1583 y 1601: «Estes homens marinhos se chamão na lingua Igpupiára… parecem-se com homens propriamente de bôa estatura, mas têm os olhos muito encovados. As femeas parecem mulheres, têm cabellos compridos, e são formosas». Se encuentran en las barras de los ríos dulces. Matan abrazando y besando a la persona con tanta fuerza que la dejan hecha pedazos por dentro y entera por fuera, y entonces «dão alguns gemidos como de sentimento» y huyen; de los que se llevan comen solo los ojos, la nariz, las puntas de los dedos y las genitales. Fecha en 1582 dos muertes en Jaguaripe. O sea que la mujer de agua hermosa y de largos cabellos está en el archivo hacia 1601 —como la hembra de un devorador de hombres—. Caspar Barlaeus lo repitió en latín en Ámsterdam en 1647: los tritones de los indígenas, ypupiaprae, cuyas hembras —en la frase que transcribe el editor de Cardim de 1925— muestran cabellera fluida y un rostro más elegante. Lo que va de ahí a nuestra sirena ocurre en el siglo XIX y ocurre en libros. En Últimos Cantos (1851) Gonçalves Dias publicó «A Mãe d'Agua», y el poema conviene leerlo contra el resumen que todo el mundo repite. Su pelo es de oro, ni verde ni negro —«São d'ouro os longos cabellos»—, se trenza con peine de marfil, tiene un arpa dorada, un palacio de cristal y un séquito real de sereias; no canta, habla; y su víctima no es un pescador sino un niño pequeño, con la madre al lado llamándola «a mãe d'agua traidora, que illude os faceis meninos» y «huma bruxa malvada». El poema acaba con el niño tirándose al agua y el grito de la madre sin respuesta. Es un aviso de cocina sobre el agua honda, y no está situado en ninguna parte. El pelo verde, que nuestra propia ficha daba por tupí, llega veinte años después y viene con su explicación puesta. En la novela O Tronco do Ipê (1871), de José de Alencar, una narradora doméstica la describe: «Os cabelos verdes, tão verdes, chegavam até os pés e ainda arrastavam; nhanhã não tem visto aqueles fios muito compridos, que às vezes andam boiando em cima d'água? A gente chama de limo; são as tranças dela». Es lenteja de agua. Sousândrade metió la misma imagen en O Guesa —«Contemplo os limos verdes, bela trança d'Uiara»— y Melo Morais Filho, en «As Uiaras», subtitulado lenda do Rio Negro, las hizo «mais alvas que dentes das antas, mais louras que a pele das onças». Olavo Bilac, dando una conferencia sobre leyendas brasileñas, lo dijo sin rodeos: «A Iara é aquela mesma Sereia dos primeiros gregos… e é aquela mesma Lorelei, fada da Germânia, que Heine descreveu». Y sin embargo la versión que contaba nuestra ficha no salió sin más de esos poetas, que es la parte más fácil de equivocar. En 1879 el naturalista estadounidense Herbert H. Smith imprimió, bajo el epígrafe «Oiara, the water-maidens», lo que le habían contado en el bajo Amazonas: «Los relatos de doncellas del agua son corrientes en el bajo Amazonas. Dicen los indios que son extraordinariamente hermosas; tienen el pelo largo y negro y en él entretejen las flores de…» —el nombre de la planta está dañado en la copia digitalizada, pero su propia nota al pie la identifica como una Pontederia, el jacinto de agua que tapiza las orillas— «atraen a los jóvenes con su belleza y con la dulzura de sus cantos; una vez en su abrazo, los arrastran al fondo del agua y nunca más se sabe de ellos». Eso es el pelo negro de nuestra ficha, el canto de nuestra ficha y el ahogamiento de nuestra ficha, recogidos en el río hace ciento cuarenta y siete años. Y a continuación Smith hace lo que lo vuelve citable: «Aunque estos relatos corren entre los indios, me inclino a pensar que los introdujeron los portugueses. Pero existía, sin duda, un mito aborigen que guardaba un parecido considerable con las historias del Viejo Mundo que se le han enganchado». Y lo imprime al lado, en el texto de Couto de Magalhães de 1876, donde el Oiara o Uauyara es macho, se transforma en el delfín de río, deja hijos a las mujeres que se bañan y, en las noches de luna, ilumina los lagos con el ruido de sus danzas. Las flores del pelo, por cierto, son el único detalle amazónico concreto que nuestra ficha corta había perdido. El origen moderno —Iara guerrera, emboscada por sus hermanos envidiosos, que los mata defendiéndose, condenada por su padre pajé y arrojada al Solimões, salvada por los peces y la luna— es la única parte de nuestra ficha vieja que no tiene antepasado decimonónico alguno. El investigador Andriolli Costa salió a buscarlo en 2022 y dejó escrito que no lo encontró «nem dos cronistas antigos, nem entre as comunidades interpretativas dos antropólogos e pesquisadores contemporâneos. Seu único registro é um blog do início dos anos 2000».

Cronología: los hechos documentados de Iara, la madre del agua

  1. 1564 En São Vicente, una india esclava del capitán ve una criatura moviéndose en la vega junto al mar y sale dos veces a mirarla antes de que el hijo del capitán, Baltesar Ferreira, la crea. Él sale en camisa con una espada y la mata. La testigo que forzó la identificación no tiene nombre en la fuente.
  2. 1576 Pero de Magalhães Gândavo imprime en Lisboa el caso de São Vicente con un grabado del animal: quince palmos de largo, peludo, con cerdas como bigotes en el hocico. «Os Indios da terra lhe chamão em ſua lingoa Hipupiára, que quer dizer demonio dagoa.» En el mismo capítulo advierte de que los retratos que circulan están equivocados y de que la muerte se cuenta de maneras distintas.
  3. 1582 Fernão Cardim fecha en este año dos muertes en Jaguaripe, a siete u ocho leguas de Bahía: un pescador indígena es perseguido por un igpupiára y se refugia en su jangada; su señor sale a ver el monstruo, deja una mano fuera de la canoa y se lo llevan. Otro indígena, de Francisco Lourenço Caeiro, muere ese mismo año.
  4. 1587 Gabriel Soares de Sousa dedica el capítulo CXXVII de su Tratado descritivo do Brasil a los homens marinhos de Bahía. Ahogan a pescadores y mariscadores y los cuerpos salen a tierra mordidos en la boca, la nariz y las genitales. Está contando muertos suyos: «estas fantasmas u hombres marinos mataron por veces cinco indios míos». No hay hembra en su relato, ni canto.
  5. 1601 El barco que lleva a Fernão Cardim es apresado por corsarios ingleses y sus manuscritos son confiscados y revendidos. Samuel Purchas los imprime en Londres en 1625, atribuidos al autor equivocado, Manuel Tristão. El texto portugués no aparece hasta 1881, y la edición anotada que aquí se usa hasta 1925: o sea que el pasaje de las hembras hermosas de largos cabellos circuló en inglés dos siglos y medio antes que en portugués.
  6. 1647 Caspar Barlaeus, en Rerum per octennium in Brasilia (Ámsterdam), registra los tritones que los indígenas llaman ypupiaprae, cuyas hembras muestran cabellera fluida y un rostro más elegante. La mujer de agua hermosa y de largos cabellos está, pues, en el archivo europeo más de dos siglos antes que los románticos brasileños, pero siempre como hembra de un devorador de hombres.
  7. 1851 Gonçalves Dias publica «A Mãe d'Agua» en Últimos Cantos. Su pelo es de oro, se peina con peine de marfil, toca un arpa dorada y mantiene un séquito de sereias en un palacio de cristal; habla en vez de cantar; su víctima es un niño pequeño y la madre la llama madre del agua traidora y bruja malvada que roba niños. Nada en el poema es amazónico y nada en él es verde.
  8. 1863 Henry Walter Bates publica The Naturalist on the River Amazons. En Ega recoge una criatura que tomaba forma de mujer hermosa con el pelo suelto hasta los talones y salía de noche a atraer a los jóvenes al agua —contado del Bouto, el delfín de río, no de la Iara— y añade que «es probable que no se originaran entre los indios, sino entre los colonos portugueses».
  9. 1871 La novela O Tronco do Ipê, de José de Alencar, da al pelo verde su aparición fechable más antigua, en boca de una narradora doméstica y con su explicación incorporada: los hilos verdes y largos que flotan en el agua, «la gente los llama limo; son sus trenzas». Sousândrade usa la misma imagen en O Guesa. El color viene de la lenteja de agua y del Romanticismo brasileño, no de la tradición tupí.
  10. 1879 Herbert H. Smith imprime «Oiara, the water-maidens» en Brazil, the Amazons and the Coast: doncellas hermosas de largo pelo negro, con flores de jacinto de agua entretejidas, que atraen a los jóvenes con su belleza y la dulzura de su canto y los arrastran al fondo. Es el texto más antiguo que hemos encontrado que coincide con el relato que contaba nuestra propia ficha. Smith añade que cree que esos relatos los introdujeron los portugueses, e imprime al lado el Uauyara de Couto de Magalhães (1876), que es macho y se transforma en el delfín de río.
  11. 1881 En la Revista Brazileira, el botánico y etnógrafo João Barbosa Rodrigues escribe que «la Iara es la sirena de los antiguos con todos sus atributos, modificados por la naturaleza y por el clima», morena y de pelo negro donde la del norte es rubia y de ojos verdes. El escepticismo sobre esta leyenda tiene ciento cuarenta y cinco años y viene de un naturalista de campo del Amazonas.
  12. 1947 Luís da Câmara Cascudo publica Geografia dos mitos brasileiros: «La Iara es europea. El indio no la conoció antaño… Lo que existía en Brasil era el Ipupiara, informe y malo». Su Dicionário do Folclore Brasileiro lo afila: ningún cronista del Brasil colonial registra a la mãe-d'água como sirena que atrae con el canto; «es siempre el Ipupiara, feroz, hambriento y bruto».
  13. febrero de 1974 Correos de Brasil emite una serie conmemorativa, Lendas Brasileiras, con un sello de 2,50 cruzeiros rotulado IARA, grabado por Newton Cavalcanti en la Casa da Moeda do Brasil. Es la imagen de esta página, y marca el punto en que la leyenda se hace oficial.
  14. 29 de enero de 2022 El investigador Andriolli Costa publica una nota sobre la versión en que Iara es una guerrera emboscada por sus hermanos envidiosos y arrojada al Solimões por su padre. Deja escrito que no pudo encontrar su fuente ni en los cronistas antiguos ni entre los antropólogos contemporáneos, y que su único registro es un blog de comienzos de los años dos mil.

¿Hay una explicación racional para Iara, la madre del agua?

La duda sobre esta leyenda no es moderna, ni extranjera, ni anónima. El más antiguo de los tres testigos estaba en la Amazonia cuando la escribió. Henry Walter Bates, que recolectó en el río entre 1848 y 1859, anotó en Ega la versión amazónica fechable más antigua del relato que contaba nuestra ficha: una criatura que «tenía la costumbre de tomar la forma de una mujer hermosa, con el pelo suelto hasta los talones, y de andar de noche por las calles de Ega para atraer a los jóvenes hasta el agua», que agarraba a su víctima por la cintura y se hundía con ella «con un grito triunfal». Dos cosas importan de ese pasaje. Se cuenta del Bouto, el delfín de río, no de la Iara; y Bates añade, en la misma frase, que «es probable que no se originaran entre los indios, sino entre los colonos portugueses». En 1881, en la Revista Brazileira, el botánico y etnógrafo João Barbosa Rodrigues —que había pasado años en el Amazonas— escribió: «A Iara é a sereia dos antigos com todos os seus atributos, modificados pela natureza e pelo clima». En 1947 Luís da Câmara Cascudo lo dejó dicho sin matices en Geografia dos mitos brasileiros: «a Iara, mulher tentadora, é lenda estranha à mítica ameraba. O que possuímos é a europeia… Verdadeiramente o mito brasileiro é o da Boiúna e dos Ipupiaras vorazes». Y su entrada del Dicionário do Folclore Brasileiro es la forma más afilada de la tesis: «Nenhum cronista do Brasil colonial registra a Mãe-d'água como sereia, atraindo pelo canto ou simplesmente transformada em mulher. É sempre o Ipupiara, feroz, faminto e bruto». Cascudo acierta en el papel y se pasa un poco en el cuerpo, y conviene decirlo, porque corregir en una sola dirección tiraría lo más viejo del expediente. Cardim, escribiendo antes de 1601, sí describe a las hembras como mujeres de largos cabellos y hermosas, y Barlaeus lo repite en 1647. Lo que falta en todos los cronistas coloniales no es una mujer de agua hermosa: es el canto, la seducción, el encantamiento y el ahogarse de buena gana. Esas son las piezas que la convierten en sirena. Y hay que decir también la cautela simétrica, porque el primer borrador de esta ficha se equivocó en la dirección contraria. El canto y el pelo negro no son invenciones literarias de salón: Herbert Smith se los anotó a informantes amazónicos y los imprimió en 1879, y Barbosa Rodrigues, que trabajaba esos mismos ríos, describía en 1881 una Iara morena y de pelo negro. Son moneda oral de verdad. Lo que no se sostiene es la palabra que usaba nuestra ficha corta: que eso fuera lo que el «folclore indígena tupí» tenía antes del contacto. Todos los que lo recogieron sobre el terreno en el siglo XIX dijeron lo contrario sobre su origen, y el mito indígena que imprimen al lado es macho y es el delfín. La ausencia también puede medirse fuera de Brasil, en un corpus que no tenía nada que ganar en la discusión. Consultado el 16 de agosto de 2026, el Motif-Index of Folk-Literature de Stith Thompson —2.497 páginas, el índice internacional de referencia de elementos narrativos— contiene las cadenas «Iara», «Uiara» e «Ipupiara» cero veces. Los dos aciertos aparentes de «iara» son el aymara y Anfiarao, que es exactamente como falla esta clase de prueba. Los controles hechos en la misma pasada y sobre el mismo fichero: «mermaid» 53 apariciones, «Brazil» 54, «Amazon» 42. Así que el índice se lee bien y sí cubre Brasil. El motivo B81, Mermaid, y sus cuarenta subdivisiones citan fuentes bretonas, islandesas, estonias, irlandesas, livonias, lapones, danesas, judías, indias, inglesas, escocesas, de Carolina del Norte e italianas, y ni una sudamericana. El motivo F420.5.2.1.1, «Water-maiden enamors man and draws him under water» —nuestra trama exacta—, está atestiguado en Estados Unidos, Alemania, Islandia, Francia, Grecia y la India. El F420.5.2.1.2, «Water-spirits lure children into water, offering objects» —el poema de Gonçalves Dias exacto—, es austríaco, francés e inglés. Las entradas sudamericanas que sí existen bajo espíritus del agua (warrau, toba, tiatinagua, cashinawa) son otros relatos, y las citas brasileñas que Thompson sí trae —Ehrenreich, Lowie, Métraux, Nimuendajú, Oberg— están bajo mitos de creación y de origen. Lo que mataba a los hombres es menos misterioso que lo que creían ver. Las explicaciones racionalistas del ipupiara son también decimonónicas y están impresas en las notas de Rodolfo Garcia a Cardim, de 1925: el editor de la traducción francesa de Gândavo en la colección Ternaux propuso «alguma phoca de tamanho extraordinario», y Varnhagen, anotando a Gabriel Soares, contestó que serían tiburones o caimanes, «uma vez que não consta haver phócas no litoral brasileiro». Ninguna de las dos es un hallazgo; las dos son conjeturas con firma, y la segunda es la mejor. Lo seguro es que los ríos ahogan gente y que una causa hermosa y culpable se lleva mejor que un accidente. Dos cosas dejamos fuera a propósito. No podemos fechar el primer uso impreso del nombre. Las formas más antiguas que hemos leído con nuestros ojos son el Uauyara de Couto de Magalhães, citado de 1876, y el Oiara de Smith en 1879; el «Iara» a secas más antiguo que hemos leído es el de Barbosa Rodrigues en 1881, y la Uiara de Sousândrade viene de un poema publicado por entregas entre 1867 y 1902 que no hemos podido fijar a un año. La datación general del nombre en el siglo XIX es de Cascudo y de Costa, no un recuento nuestro. Y no afirmamos nada sobre lo que dicen hoy las comunidades ribereñas: la antropóloga Deborah de Magalhães Lima ha sostenido que empaquetar la iara, el curupira y el boto como «leyendas» ordenaditas es en sí una manera de componer «un retrato exótico y salvaje de la región», y esta ficha es una historia del relato impreso, no una etnografía.

¿Se puede visitar Iara, la madre del agua?

No hay nada que visitar, y decir dónde no está la chincheta forma parte de la ficha. Nuestro marcador cae sobre Manaos, en el encuentro del Negro y el Solimões, por convención: la versión moderna de la guerrera nombra el Solimões, y Manaos es lo más parecido a una dirección que tiene el relato. No es un lugar donde se cuente que pase nada. El corpus literario la reparte a propósito: Melo Morais Filho subtituló sus «As Uiaras» lenda do Rio Negro y su «O palácio da mãe d'água» lenda do Pará; Alencar la situó en el valle del Paraíba, en el sureste; Juvenal Galeno en el litoral del nordeste; Gonçalves Dias en ninguna parte. Los documentos, en cambio, están libres y abiertos, y leerlos es de lo que va esta ficha. La História da província Sancta Cruz de Gândavo (1576) con su grabado del Hipupiára, el Tratado descritivo do Brasil em 1587 de Gabriel Soares de Sousa, los Tratados da terra e gente do Brasil de Fernão Cardim con las notas de Rodolfo Garcia de 1925 y «A Mãe d'Agua» de Gonçalves Dias, en Últimos Cantos, están transcritos página a página, contra facsímil, en Wikisource en portugués. La tesis de máster de Sandra Ramos Casemiro sobre la leyenda, 181 páginas presentadas en la Universidad de São Paulo en 2012, es un PDF gratuito en teses.usp.br y es lo más útil que se ha escrito del asunto. El folclorista que zanjó la cuestión tiene casa. Ludovicus – Instituto Câmara Cascudo, en la Avenida Câmara Cascudo 377, Cidade Alta, Natal, Rio Grande do Norte, conserva su biblioteca y sus papeles y abre de lunes a viernes de 9.00 a 17.00. La entrada cuesta 14 reales, 7 la reducida, gratis para mayores de 60 y menores de 7, y gratis para grupos escolares con reserva previa. Ojo al horario: cierra el fin de semana, que es cuando la mayoría de los viajeros están en Natal. La imagen de esta página merece una segunda mirada, porque no es tanto una ilustración de la leyenda como un documento de su adopción oficial. Es un sello de correos brasileño de 2,50 cruzeiros, grabado por Newton Cavalcanti en la Casa da Moeda do Brasil y emitido por Correios en febrero de 1974 dentro de una serie conmemorativa llamada Lendas Brasileiras. La palabra IARA va impresa en el borde inferior. Dicho de otro modo: ciento diez años después de que Bates sospechara que la historia había llegado con los portugueses, y veintisiete después de que Cascudo escribiera que el indio no la había conocido, el servicio postal del Estado la puso en un sello como leyenda brasileña.

Fuentes consultadas

  1. Pero de Magalhães Gândavo, «História da província Sancta Cruz a que vulgarmente chamamos Brasil, cap. 9, 'Do monstro marinho que se matou na capitania de Sam Vicente no anno de 1564', fls. 31-32, with the engraving of the Hipupiára» — Lisbon, 1576. Read page by page against the facsimile on Portuguese Wikisource, 1576 libro
  2. Gabriel Soares de Sousa, «Tratado descritivo do Brasil em 1587, cap. CXXVII, 'Que trata dos homens marinhos'» — Written 1587; edition Rio de Janeiro, 1879, p. 256. Read on Portuguese Wikisource, 1587 libro
  3. Fernão Cardim, «Tratados da terra e gente do Brasil, cap. XVI, 'Homens marinhos, e monstros do mar'» — Written between 1583 and 1601; first printed in English by Samuel Purchas in 1625; Portuguese edition with notes by Baptista Caetano, Capistrano de Abreu and Rodolfo Garcia, Rio de Janeiro, J. Leite & Cia., 1925, pp. 88-90, 1601 libro
  4. Rodolfo Garcia (ed.), «Editorial note to chapter XVI of Cardim's Tratados — quotes Gândavo (1576), Gabriel Soares (1587) and Barlaeus, Rerum per octennium in Brasilia (Amsterdam, 1647), p. 134; gives Baptista Caetano's etymology y-pypiára, 'that which is inside the water'; and records the seal and shark/caiman rationalisations» — In Fernão Cardim, Tratados da terra e gente do Brasil, Rio de Janeiro, J. Leite & Cia., 1925, pp. 139-140, 1925 libro
  5. Antônio Gonçalves Dias, «A Mãe d'Agua, in Últimos Cantos, pp. 47-57» — Rio de Janeiro, 1851. Full text read page by page on Portuguese Wikisource, 1851 libro
  6. João Barbosa Rodrigues, «Lendas, crenças e superstições, Revista Brazileira, tomo X, p. 37 — 'A Iara é a sereia dos antigos com todos os seus atributos, modificados pela natureza e pelo clima'» — Rio de Janeiro, Typographia Nacional, 1881. Quoted verbatim, with page, in Casemiro (2012), p. 19; the original issue was not consulted, 1881 académico
  7. Luís da Câmara Cascudo, «Geografia dos mitos brasileiros, pp. 172-181 — 'A Iara é europeia. O índio não a conheceu outrora'» — Rio de Janeiro, José Olympio, 1947. Quoted with page numbers in Casemiro (2012), notes 149, 274 and 277; the original volume was not consulted, 1947 libro
  8. Luís da Câmara Cascudo, «Dicionário do Folclore Brasileiro, entry 'Iara' — 'Nenhum cronista do Brasil colonial registra a Mãe-d'água como sereia, atraindo pelo canto ou simplesmente transformada em mulher. É sempre o Ipupiara, feroz, faminto e bruto'» — São Paulo, Global. Quoted verbatim by Costa (2022); the volume itself was not consulted, 1954 libro
  9. Sandra Ramos Casemiro, «A lenda da Iara: nacionalismo literário e folclore — master's dissertation, 181 pp., on the Iara in Gonçalves Dias, Alencar, Juvenal Galeno, Melo Morais Filho, Sousândrade, Bilac and Mário de Andrade» — Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Universidade de São Paulo, 2012 (supervisor Vagner Camilo). Read in full, 2012 académico
  10. Henry Walter Bates, «The Naturalist on the River Amazons, chapter on Ega — the Bouto that came ashore as a beautiful woman, and the remark that the fables 'did not originate with the Indians, but with the Portuguese colonists'» — London, John Murray, 1863. Full text read at Project Gutenberg, 1863 libro
  11. Stith Thompson, «Motif-Index of Folk-Literature, motifs B81 (Mermaid) and F420.5.2.1.1 (Water-maiden enamors man and draws him under water) — searched 16 August 2026 for 'Iara', 'Uiara' and 'Ipupiara' (zero hits) with controls 'mermaid' 53, 'Brazil' 54, 'Amazon' 42» — Revised edition, 6 vols., digitised in a single 2,497-page file at the Internet Archive, 1958 libro
  12. Andriolli Costa, «Iara — on the origin of the legend, the Cascudo verdict, and the warrior version whose only record is an early-2000s blog» — Cartas de Cultura, Estúdio Ampla Arena, São Paulo, 29 January 2022, 2022 web
  13. Wikimedia Commons file page, «File:01 - Divulgação de Lendas Brasileiras - Iara.jpg — Brazilian Correios commemorative issue of February 1974 for the Lendas Brasileiras series, engraved by Newton Cavalcanti» — commons.wikimedia.org, licence PD-BrazilGov, 1974 web
  14. Biblioteca Brasiliana Guita e José Mindlin, «Fernão Cardim (1540-1625) — the manuscripts written 1583-1601, seized by English corsairs in 1601, sold to Samuel Purchas, printed in London in 1625 under the wrong author's name, and published in Portuguese from 1881» — Universidade de São Paulo, bbm.usp.br, 2026 web
  15. Instituto Câmara Cascudo, «Ludovicus – Instituto Câmara Cascudo — address, opening hours and admission prices» — cascudo.org.br, consulted 16 August 2026, 2026 web
  16. Herbert H. Smith, «Brazil, the Amazons and the Coast, chapter 'Myths and folk-lore of the Amazonian Indians', section 'Oiara, the water-maidens', p. 572, with Couto de Magalhães's male Uauyara translated from O Selvagem (1876), part II, p. 139» — New York, Charles Scribner's Sons, 1879. Full text read at the Internet Archive, 1879 libro

Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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