Sigbin es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Visayas, PH. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Sigbin?
Ubicación
Visayas, PH
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
10.316, 123.885
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Sigbin?
El sigbin es un espíritu familiar bisaya, y casi todo lo que se dice de él es más joven que su nombre. La mención fechada más antigua que hemos podido rastrear está en la historia que el jesuita Juan José Delgado empezó en Guiuan, en Samar, en 1751 y terminó el 6 de junio de 1754: allí el sigbinan es un hechicero humano que lleva demonios encerrados en una cajuela y los suelta en figura de caimán, culebra o perro. Ni cabra, ni sombras, ni andar hacia atrás. El diccionario cebuano de Encarnación de 1885 sigue definiendo sigbin solo como los demonios familiares que se pegan a una persona; el diccionario de Sámar y Leyte de 1914 es el primero que hemos leído que lo llama animal, y lo compara con un perro pequeño. La cabra sin cuernos con orejas que aplauden y cola de látigo, la dirección de Capiz y el vínculo con un cat-fox fotografiado en Borneo llegan después: lo último, un día concreto, en una edición anónima de Wikipedia del 22 de mayo de 2006 que no citaba nada y que la propia Wikipedia borró trece años más tarde. El diccionario de Panay, la isla en la que está Capiz, no contiene sigbin por ninguna parte.
¿Cuál es la historia de Sigbin?
El sigbin no es una criatura de Capiz y, durante los dos primeros siglos en que se le puede seguir la pista por escrito, no fue siquiera una criatura.
El testimonio fechado más antiguo que hemos podido localizar es un manuscrito que el jesuita Juan José Delgado empezó en Guiuan, en Samar, en 1751 y cerró en Palapag el 6 de junio de 1754. Tardó hasta 1892 en imprimirse, en Manila, como primer volumen de la Biblioteca Histórica Filipina. La biografía de Delgado es el mapa de la palabra: el prólogo de esa edición cuenta que «vivió muchos años en Cebú», que fue ministro de doctrina en Palompon y Poro, rector de Guiuan y de Carigara, en Leyte, y que dio misiones en Inabanga y Talibon, en Bohol. Enumerando las clases de hechicero de las que había oído hablar, escribe: «En Visayas hay otros que llaman sigbinan: éstos unas veces se transforman en caimanes, y matan mucha gente: otros en culebras ó perros, que muerden y matan á muchos. De otros he oído decir que llevan consigo estos animales encerrados ó mejor, demonios, en alguna cajuela, y sueltan ya el uno ya el otro».
En ese párrafo hay dos cosas ante las que conviene detenerse. El sigbinan es la persona; el sigbin es lo que la persona guarda. Y ahí no hay ninguna cabra: las figuras son caimán, culebra y perro. Delgado registra además, en sus capítulos de plantas, una hierba llamada panigbin, cuyo «nombre indica que es antídoto contra el hechicero sigbinan y su hechizo sigbin» y que, añade, «se da en todas partes aquí en Visayas». Una planta bautizada por aquello de lo que protege es casi el rastro más material que deja una creencia.
Los diccionarios documentan después el desplazamiento, palabra a palabra. El Diccionario bisaya-español cebuano de Juan Félix de la Encarnación, tercera edición, Manila, 1885, sigue sin tener animal alguno: «SIGBIN. Tener alguno familiares, demonios, que el vulgo cree que acompañan á alguna persona, que tienen trato con ella y la sirven constantemente, y los tales familiares». Tener familiares —demonios que, según cree el vulgo, acompañan a alguien, tratan con él y le sirven sin descanso— y esos mismos familiares. En el diccionario waray de Sámar y Leyte del franciscano Antonio Sánchez de la Rosa, reeditado en 1914, el sigbin ya tiene cuerpo, y esa entrada es la primera que hemos leído que se lo dé: «Sigbin. s. Animal quimérico», que anda por selvas y montes y se parece a un perro pequeño. Sigue siendo un perro. Sigue sin ser una cabra.
Cuando el antropólogo Richard W. Lieban publicó Cebuano Sorcery en 1967, tras su trabajo de campo en la ciudad y la provincia de Cebú, el sigbin ya ocupaba el puesto que ocupa hoy. «Un aswang puede tener animales especiales, llamados sigbin, como mascotas», escribe; «los sigbin también pueden provocar enfermedad».
Y ahora Capiz. La provincia es territorio aswang de verdad, y la confusión es fácil, pero no parece ser territorio sigbin. El Diccionario de la lengua bisaya, hiligueina y haraya de la isla de Panay de Alonso de Méntrida, Manila, 1841 —el diccionario de la isla misma en la que está Capiz—, no tiene sigbin. Y no por pudor del compilador: en esos mismos 2,5 MB de texto digitalizado, asuang sale diez veces; ungo, veintisiete; onglo, veintiocho; demonio, catorce, y el escueto «Hechizero» castellano, diecisiete. El vocabulario de la brujería está ahí, y abundante. La palabra sigbin no, en ninguna grafía. Tampoco está en el Vocabulario de la lengua Bisaya de Mateo Sánchez, compuesto en Samar hacia 1616 e impreso en Manila en 1711, donde la misma prueba devuelve ungo dieciséis veces, demonio veintiuna, y cincuenta y siete la raíz hechi- de la brujería, y sigbin —incluidas todas las lecturas erróneas de la ese larga— cero.
De dónde salió la cabra no lo podemos fechar con nada que hayamos leído. La cabra sin cuernos con orejas que aplaude y cola de látigo suele atribuirse a Máximo D. Ramos, The Creatures of Philippine Lower Mythology, University of the Philippines Press, 1971, que no hemos podido consultar: no está en ningún archivo de texto completo al que tengamos acceso, y no vamos a citar un libro que no hemos abierto.
Cronología: los hechos documentados de Sigbin
1616-1711El Vocabulario de la lengua Bisaya de Mateo Sánchez, compuesto en Samar hacia 1616 e impreso en Manila en 1711, no registra sigbin en ninguna grafía. Su vocabulario de brujería, en cambio, está completo: en el texto digitalizado ungo aparece dieciséis veces; demonio, veintiuna, y la raíz hechi- de la brujería, cincuenta y siete.
6 de junio de 1754El jesuita Juan José Delgado termina en Palapag la historia que había empezado en Guiuan en 1751. En ella el sigbinan es un hechicero humano de Visayas que lleva demonios encerrados en una cajuela y los suelta en figura de caimán, culebra o perro; una planta llamada panigbin es el antídoto contra él. Es la mención fechada más antigua de la palabra que hemos podido rastrear. El texto no se imprime hasta 1892.
1841Se imprime en Manila el diccionario de la lengua de Panay —la isla en la que está Capiz— de Alonso de Méntrida. No contiene sigbin. En el mismo fichero, asuang sale diez veces; ungo, veintisiete, y onglo, veintiocho. Capiz tiene el vocabulario de la brujería; lo que no tiene es esta palabra.
1885Aparece en Manila la tercera edición del Diccionario bisaya-español cebuano de Juan Félix de la Encarnación. Su entrada define sigbin como tener demonios familiares que acompañan y sirven a una persona, y como esos mismos familiares. En la definición no hay animal ninguno.
1914Se reedita el diccionario de Sámar y Leyte del franciscano Antonio Sánchez de la Rosa. Su entrada —«Sigbin. s. Animal quimérico»— es la primera que hemos leído en la que el sigbin es un cuerpo y no un espíritu: un animal quimérico de selvas y montes parecido a un perro pequeño.
1967Richard W. Lieban publica Cebuano Sorcery: Malign Magic in the Philippines tras su trabajo de campo en Cebú. Registra la relación que desde entonces se ha vuelto la habitual: un aswang puede tener animales especiales, llamados sigbin, como mascotas, y los sigbin también pueden causar enfermedad.
2003En Invented Eden, Robin Hemley cuenta que un informante de Mindanao le enseña un tinggalung —la civeta de Malasia, Viverra tangalunga—, le describe su costumbre de defecar siempre en el mismo sitio y lo llama sigbin, «la mascota del diablo». Es el caso documentado más claro de un animal real que lleva el nombre.
5 de diciembre de 2005WWF anuncia que una cámara trampa del Parque Nacional de Kayan Mentarang, en el Borneo indonesio, ha fotografiado dos veces de noche a un mamífero sin identificar. Stephan Wulffraat declara que la gente de la zona no lo había visto nunca y que la mayoría de los especialistas consultados lo tenían por un carnívoro nuevo. La prensa lo bautiza cat-fox.
22 de mayo de 2006A las 17:13 UTC, un editor sin firma desde la dirección 210.5.85.106 añade al artículo del sigbin en la Wikipedia en inglés el párrafo que lo vincula al cat-fox de Borneo, con el resumen «added paragraph on sightings claims and to cat-fox». El párrafo no cita nada e invierte las proporciones de las patas del animal. Sobrevive en Wikipedia hasta 2019 y en las wikis de criptozoología hasta hoy.
2006Erik Meijaard, Andrew C. Kitchener y Chris Smeenk publican en Mammal Review la conclusión de que el animal de Kayan Mentarang es con toda probabilidad la ardilla voladora de Thomas, Aeromys thomasi, con la que coincide en doce de trece caracteres. El cat-fox nunca fue un carnívoro.
19 de diciembre de 2019El editor Dlthewave borra el párrafo del cat-fox del artículo de la Wikipedia en inglés con la nota «unsourced/not mentioned in source», trece años y siete meses después de que se insertara. Las wikis de criptozoología derivadas no le siguen.
¿Hay una explicación racional para Sigbin?
En el expediente del sigbin hay un episodio moderno y comprobable, y no acaba como suele contarse.
El 5 de diciembre de 2005 WWF anunció que una cámara trampa del Parque Nacional de Kayan Mentarang, en el Borneo indonesio, había fotografiado dos veces de noche a un mamífero sin identificar: algo mayor que un gato doméstico, rojo oscuro, cola larga y espesa, orejas pequeñas, patas traseras grandes. Stephan Wulffraat, el biólogo que coordinaba el trabajo, declaró que «enseñamos las fotos del animal a gente de la zona que conoce su fauna, y nadie había visto nunca a esa criatura», y que la mayoría de los especialistas consultados «estaban convencidos de que era una nueva especie de carnívoro». La prensa lo llamó cat-fox, gato-zorro. Habría sido el primer carnívoro nuevo hallado en Borneo desde 1895.
No era un carnívoro. En 2006, Erik Meijaard, Andrew C. Kitchener y Chris Smeenk publicaron en Mammal Review «New Bornean carnivore is most likely a little known flying squirrel», donde hacen coincidir al animal fotografiado con la ardilla voladora de Thomas, Aeromys thomasi, en doce de trece caracteres: la vegetación del encuadre tapaba el hocico de roedor y a nadie se le ocurría buscar una ardilla voladora en el suelo. Guillaume Chapron y sus colegas ya habían defendido en Oryx que se trataba de la civeta de Hose, Diplogale hosei. Ninguna de las dos lecturas deja en pie un animal nuevo, y esa es justamente la mitad de la historia que las páginas sobre el sigbin casi nunca cuentan.
El vínculo entre aquella fotografía y el sigbin nunca tuvo fuente alguna, y se puede fechar al minuto. Entró en la Wikipedia en inglés el 22 de mayo de 2006 a las 17:13 UTC, añadido por un editor sin firma desde la dirección 210.5.85.106 con el resumen «added paragraph on sightings claims and to cat-fox». El párrafo empezaba «There are speculation that…» y de paso invertía la anatomía: describía unas patas traseras «más bajas que las delanteras» donde WWF había dicho más grandes. Wikipedia lo borró el 19 de diciembre de 2019, y el editor Dlthewave anotó sin más «unsourced/not mentioned in source»: trece años y siete meses de vida útil. Las wikis de criptozoología que lo copiaron entretanto lo siguen sirviendo, y por eso sigue siendo lo primero que devuelve casi cualquier búsqueda.
Para los avistamientos hay un mecanismo corriente disponible, y no lo ponemos nosotros: lo pone un testigo. En Invented Eden (2003), Robin Hemley cuenta que un informante de Mindanao le enseñó un tinggalung —la civeta de Malasia, Viverra tangalunga, un animal real, esquivo y poco frecuente allí— y lo llamó sigbin, «la mascota del diablo». Las civetas son nocturnas, huidizas, huelen fuerte y vuelven siempre al mismo sitio a defecar, costumbre que el propio informante de Hemley subrayó. La glosa de Sánchez de la Rosa de 1914, un animal quimérico parecido a un perro pequeño, le encaja bastante mejor a una civeta que a una cabra. Y en cuanto a las molestias domésticas que se le achacan —despertarse cansado, despertarse con moratones—, son cosas que hacen los cuerpos, y tener un nombre para ellas no prueba que exista lo nombrado.
La capa más antigua explica la más nueva. Delgado, en 1754, no describía un animal: describía una acusación, y funciona igual que las acusaciones de aswang documentadas en Panay, señalando a un vecino. Para que a alguien lo llamen sigbinan nunca ha hecho falta que exista un sigbin.
¿Se puede visitar Sigbin?
No hay nada que visitar. El sigbin no tiene santuario, ni cueva, ni fiesta, ni monumento. Es algo que se dice dentro de las casas, y la única fiesta filipina levantada sobre una creencia comparable —el Festival Aswang de Roxas City— era del aswang, era de Capiz y se detuvo después de 2006.
Lo que sí se puede visitar, en el sentido más literal, es el archivo, y por una vez en un críptido está entero, gratis y en línea. La historia de Delgado, el texto más antiguo de esta ficha, está en Internet Archive como volumen I de la Biblioteca Histórica Filipina (1892). También están el diccionario cebuano de Encarnación de 1885, el de Sámar y Leyte de Sánchez de la Rosa de 1914, el de Panay de Méntrida de 1841 y el Vocabulario de Mateo Sánchez de 1711. Cualquiera con un navegador puede repetir en una tarde todas las comprobaciones de esta página: los enlaces están abajo, en las referencias, y el Cebuano Sorcery de Lieban también se presta allí.
Si lo que se busca es la tradición viva y no la de papel, el terreno son las provincias de habla cebuana, boholana y waray —Cebú, Bohol, Sámar, Leyte, Negros Oriental— y el Mindanao rural. No Capiz. En la ciudad de Cebú, el Museo Sugbo, museo provincial, ocupa el antiguo Centro Provincial de Detención y Rehabilitación de Cebú, en la avenida M. J. Cuenco, barangay Tejero; es un museo de historia provincial y no tiene ninguna sala dedicada al sigbin, pero es el punto de partida razonable para la cultura material bisaya. Aquí no imprimimos horarios ni precio de entrada porque no los hemos confirmado con el museo: los que se publican no coinciden entre sí. Consúltalos antes de ir.
Una advertencia, la misma que lleva la ficha del aswang. Sigbinan no es un disfraz. Es una acusación, dirigida históricamente contra casas concretas: unas veces prósperas, y entonces explicaba de dónde salía su fortuna; otras veces aisladas, y entonces explicaba su desgracia. Pedir que te enseñen un sigbin, o preguntar qué familia tiene uno, es pedirle a un desconocido que señale a un vecino. No lo hagas.
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