Manananggal es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Capiz, Panay, PH. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Manananggal?
Ubicación
Capiz, Panay, PH
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
11.56, 122.76
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Manananggal?
El manananggal del folclore filipino es una mujer que al anochecer se separa por la cintura, echa alas de murciélago y sale a alimentarse dejando las piernas de pie donde estaban; se dice que la sal sobre la juntura expuesta impide que las dos mitades vuelvan a unirse y que el amanecer la mata. Casi todos los elementos de esa descripción se pueden fechar. El franciscano Juan de Plasencia anotó un magtatangal en 1589, pero su criatura se desmontaba por el cuello, se llevaba la cabeza consigo y vivía en Catanduanes, no en las Visayas; y el propio Plasencia añadió que «me parece una fábula». La versión del medio cuerpo ya estaba en un diccionario tagalo hacia 1703, con aquel nombre antiguo. La forma manananggal aparece impresa más tarde: falta en el Vocabulario de la lengua tagala de 1754 y está en su reimpresión manileña de 1860. El paquete moderno completo —la mitad inferior dejada en un rincón de la casa, la sal en la juntura, el apetito por los no nacidos— lo puso por escrito en 1889 el folclorista filipino Isabelo de los Reyes, que lo llamaba asuang. En esas mismas páginas dejó constancia de lo que la acusación les costaba a las personas sobre las que caía.
Una ilustración digital de 2009, envejecida a propósito: las manchas de humedad, el punteado y el tono de pergamino son efectos aplicados al fichero, no el estado de una estampa antigua. Conviene decirlo en esta ficha, porque toda su tesis es de fechas — la palabra no está atestiguada hasta la reimpresión de 1860 de un diccionario que en 1754 no la traía.
Imagen:
Gian Bernal · CC0
¿Cuál es la historia de Manananggal?
Empecemos por la palabra, porque la palabra es más joven que la criatura y las dos no viajaron siempre juntas.
El texto más antiguo que cita todo el mundo es la relación que el franciscano Juan de Plasencia firmó en Nagcarlán el 21 de octubre de 1589. Enumera doce clases de lo que él llama sacerdotes del demonio, y la séptima es el magtatangal, cuyo oficio «era mostrarse de noche a muchas personas, sin cabeza ni entrañas», de modo que «el demonio andaba por ahí y llevaba, o fingía llevar, su cabeza a distintos lugares; y por la mañana la devolvía a su cuerpo, quedando vivo como antes». Dos detalles de esa frase casi nunca sobreviven al recuento. La criatura de Plasencia se desmonta por el cuello, no por la cintura, y se lleva la cabeza consigo. Y el fraile añade, en voz propia: «Esto me parece una fábula, aunque los naturales afirman haberlo visto». Además la sitúa en Catanduanes, una isla del nordeste de Luzón, a unos 500 km de Panay. El osuang —el aswang— es la octava entrada de la misma lista, y Plasencia precisa que era cosa «de las islas Visayas; entre los tagalos no los había».
La cintura aparece en el diccionario siguiente. Domingo de los Santos, cuyo Vocabulario de la lengua tagala se fecha por convención en 1703 y que he leído en la reimpresión manileña de 1835, define así la entrada «Brujo. Magtatangal»: «dicen que vuela, y come carne humana; pero cuando levanta el vuelo no lleva mas que el medio cuerpo; y por eso se llama así, porque és metáf. de tangal que es desencajar; y el tal desencaja la mitad del cuerpo, y ese lleva consigo; dejándose en casa el otro medio». La etimología la da el propio fraile, y es palabra de carpintería: tangal, desencajar, sacar una pieza de su juntura. Incluso registra la frase que diría un tagalo: «¿Magtatangal ca baga? ¿Eres brujo?».
Y entonces la entrada desaparece. El Vocabulario de la lengua tagala de Juan José de Noceda y Pedro de Sanlúcar, impreso en Manila en 1754, es el gran diccionario tagalo del siglo, y no contiene ningún medio cuerpo volador. Su índice hispano-tagalo da seis voces bajo «Brujo» —alasip, hocloban, icqui, asbang, asuang, silagan— y una línea aparte: «Bruja, que dize el vulgo, que buela de noche: Osuang». Bajo «Tanggal» solo ofrece «desclavar, desencajar». La palabra manananggal no está en el libro: rastreando el escaneo entero no aparece ni una vez, mientras que «brujo», «buela» y «tangal» sí dan resultados en la misma pasada.
Sí está en la reimpresión manileña de 1860 de ese mismo diccionario. En el mismo índice, justo debajo de la línea de «Brujo», hay una entrada que en 1754 no existía: «Brujo que vuela dexando medio cuerpo. magtatangal. pc. manananggal. pc.». Es la aparición impresa más antigua del nombre moderno que he podido fechar. Y llega en segundo lugar, como sinónimo de la voz vieja.
Entre una fecha y otra la historia pasó al inglés, y cambió por el camino. Sir John Bowring, gobernador de Hong Kong, publicó en 1859 A Visit to the Philippine Islands. Al resumir la lista de Plasencia para un lector británico escribió: «El Magtatangal depositaba su cabeza y sus entrañas al anochecer en algún lugar secreto, vagaba haciendo daño durante la noche y recuperaba su "depósito" al romper el día». La criatura de Plasencia llevaba la cabeza encima; la de Bowring la deja escondida. Esa es la versión que hoy conoce todo el mundo, y la mitad abandonada es exactamente aquello sobre lo que se puede echar sal. Bowring, además, suprime Catanduanes, suprime la duda del propio Plasencia y atribuye el apetito por embarazadas y recién nacidos no al magtatangal, sino al Osuang.
Treinta años después, un filipino lo puso todo por escrito de golpe. Isabelo de los Reyes, que entonces rondaba los veinticinco, publicó El folk-lore filipino en Manila en 1889. Del asuang visaya escribe: «A media noche deja en un rincón de la casa la mitad de su cuerpo a partir de la cintura a los pies, y la otra mitad vuela en busca del sustento diario. Si uno sorprende la ausencia del aswang y logra salar la mitad abandonada en la parte de unión, al volver éste ya no podrá unir las dos mitades». En esas mismas páginas están la lengua dilatada, el lamer el vientre de la embarazada para llegar al feto, el pájaro liktik que anuncia su cercanía y el marido apostado con el bolo durante el parto. Todos los ingredientes del manananggal moderno están ahí: con el nombre de asuang, en las Visayas, en 1889.
Soldar la palabra tagala a la criatura visaya fue tarea del siglo XX. Una película muda titulada Ang Manananggal, dirigida por José Nepomuceno, se fecha en 1927; no he encontrado ninguna copia conservada ni nada comprobable sobre lo que mostraba. El vocabulario acabó de fijarlo el folclorista Maximo Ramos, cuya división del campo aswang en cinco tipos —vampiro, chupador de vísceras, teriántropo, ogro y hechicero— todavía usa Kentaro Azuma en 2012. El manananggal ocupa la casilla del chupador de vísceras.
Cronología: los hechos documentados de Manananggal
21 de octubre de 1589En Nagcarlán, el franciscano Juan de Plasencia enumera doce clases de «sacerdotes del demonio». La séptima, el magtatangal, se muestra «sin cabeza ni entrañas» y pasea su cabeza para devolverla al amanecer. Se desmonta por el cuello, se sitúa en Catanduanes y Plasencia añade que «me parece una fábula».
1703El Vocabulario de la lengua tagala de Domingo de los Santos (leído aquí en la reimpresión manileña de 1835, p. 191) trae ya la versión del medio cuerpo y su etimología: el magtatangal «desencaja la mitad del cuerpo, y ese lleva consigo; dejándose en casa el otro medio», de tangal, desencajar.
1754Se imprime en Manila el Vocabulario de la lengua tagala de Noceda y Sanlúcar, sin ningún medio cuerpo volador. Su índice hispano da seis voces bajo «Brujo» y una línea para el Osuang; tanggal significa solo «desclavar, desencajar». Buscar manananggal en el escaneo no devuelve nada, mientras que «brujo», «buela» y «tangal» sí devuelven aciertos.
1859Sir John Bowring publica A Visit to the Philippine Islands. En su versión de Plasencia, el Magtatangal «deposita» cabeza y entrañas «en algún lugar secreto» y las recupera al alba. El original se llevaba la cabeza; desde Bowring la deja atrás, que es justo lo que convierte a la mitad abandonada en algo sobre lo que echar sal.
1860La reimpresión manileña de Noceda y Sanlúcar añade una entrada que en 1754 no existía: «Brujo que vuela dexando medio cuerpo. magtatangal. pc. manananggal. pc.». Es la aparición impresa más antigua del nombre moderno que se ha podido fechar para esta ficha.
1889Isabelo de los Reyes publica en Manila El folk-lore filipino. Describe al asuang visaya dejando «en un rincón de la casa la mitad de su cuerpo a partir de la cintura a los pies» y el salar la juntura para que no vuelva a unirse; y, en esas mismas páginas, que los visayas señalan «a los deformes, feos y de aspecto fenomenal» y que «se citan asesinatos de personas inocentes».
1927Se fecha en este año la película muda filipina Ang Manananggal, dirigida por José Nepomuceno, a la que suele llamarse el primer filme de terror del país. Para esta ficha no se ha localizado ninguna copia conservada ni nada comprobable sobre lo que mostraba.
1990La edición de The Aswang Complex in Philippine Folklore, de Maximo Ramos, que cita Azuma ordena el campo en cinco tipos: vampiro, chupador de vísceras, teriántropo, ogro y hechicero. El manananggal pasa a ser el nombre de la segunda casilla, y la voz tagala queda fijada a una criatura que los viejos diccionarios tagalos situaban en otra parte.
1999Se estrena en todo el país la película Sa Piling ng Aswang, que usa el nombre de Panitan, municipio real de Capiz. El ayuntamiento aprueba una resolución en contra. Azuma, repasando la colección del semanario provincial, encuentra la discusión sobre la etiqueta de «patria del aswang» cada pocos meses desde mediados de los noventa.
Halloween de 2004Dugo Capiznon Inc., con artistas jóvenes, celebra en Roxas City el primer Festival del Aswang como acto de Halloween, intentando convertir la etiqueta en reclamo turístico. La idea había nacido como propuesta de una agencia de viajes de Manila y se había debatido en la asamblea provincial durante los años noventa.
Octubre de 2006Se celebra el tercer y último Festival del Aswang. La archidiócesis de Capiz lo llama «anti-Dios» y «anticristiano» y sostiene que hace parecer atractivos e inocentes a personajes malvados; los organizadores responden que «solo quieren cambiar la idea negativa de Capiz como guarida de brujas». Con la Iglesia en contra y sin respaldo municipal, el festival se detiene.
Septiembre de 2012Kentaro Azuma publica su relato del trabajo de campo iniciado hacia 2000 en Roxas City. De dos vecinos se rumoreaba que eran aswang: una viuda que vivía de la pesca menuda, sin parientes ni amigos que la ayudaran, y un viudo con discapacidad tras un accidente. Azuma no afirma que la exclusión causara el rumor, solo que el chismorreo y el folclore juntos crean «un consentimiento implícito que justifica discriminaciones prácticas».
5 de abril de 2025Roxas City presenta una carroza con tema de aswang en el desfile Maragtas de la Capiztahan. Hay vecinos que protestan en internet diciendo que la ciudad debería promocionar su marisco; el responsable municipal de turismo defiende la carroza como metáfora del dungan, y un consultor histórico provincial señala que un colegio de la archidiócesis de Capiz también representó un cuento de aswang.
¿Hay una explicación racional para Manananggal?
La pregunta interesante sobre el manananggal no es si una mujer se parte por la cintura. Es qué le ocurre a la persona a la que un pueblo decide señalar, y de eso hay constancia documental más antigua que casi todo el folclore.
Isabelo de los Reyes, en las mismas páginas de El folk-lore filipino donde describe el salar la mitad abandonada, escribe: «Los visayas suelen designar como tales a los deformes, feos y de aspecto fenomenal. ¡Y pobre del que la opinión señale como tal! Se citan asesinatos de personas inocentes. Los parientes del difunto, cuya muerte se atribuye a un asuang, suelen por la noche ir a asesinar al presunto». Unas páginas antes es aún más directo: al supuesto mangkukulam, en las provincias tagalas y en la Pampanga, «a lo mejor le desorejan, le atan en un lugar donde abundan hormigas feroces como el hantik, o le asesinan; en las islas Visayas y aun en las mismas provincias tagalas, el presunto aswang está expuesto a que, cuando menos lo piensa, sea apaleado o asesinado». Y registra también la muerte social que llega antes: nadie querrá casarse con él ni con sus hijos, todos huyen horrorizados y se le recibe con agasajo «por puro temor».
Ciento once años después, un antropólogo encontró la misma figura. Kentaro Azuma, de la Universidad de Nagoya, se instaló hacia el año 2000 en Roxas City, capital de Capiz, porque sus amigos de Manila le repetían que «Capiz es la patria del aswang». En el barrio de las afueras donde vivió se rumoreaba de dos personas. Una era «una viuda que se ganaba la vida con la pesca menuda» y que «no tenía ni parientes ni amigos que le prestasen la colaboración» que en circunstancias normales habría tenido al pescar. La otra era «un hombre mayor que había perdido a su mujer» y que, «a causa de un accidente, era una persona con discapacidad que tenía dificultades para andar», sin ayuda suficiente de parientes ni amigos. Azuma es prudente, y su prudencia merece reproducirse en vez de mejorarse: esas exclusiones, escribe, «no tienen necesariamente una relación causal directa con el rumor de que son aswang». Lo que sí sostiene es más estrecho y peor: «Ese simple chismorreo, combinado con las creencias y el folclore del aswang, puede crear un consentimiento implícito que justifica discriminaciones y exclusiones prácticas contra personas concretas».
Dos correcciones menores. La primera fuente que cita todo el mundo no se lo creía: Plasencia escribió en 1589 que el magtatangal «me parece una fábula». Y anclar la criatura en Capiz es reciente. No aparece en ninguno de los textos viejos. Bowring nombra Capiz treinta y dos veces en su libro —estuvo allí— y ni una sola vez a propósito de la criatura; Isabelo de los Reyes, que describe la creencia con detalle, no usa la palabra en ningún momento: habla solo de «los visayas». Azuma fecha la discusión pública a mediados de los años noventa, cuando el semanario provincial empezó a publicar cada pocos meses artículos sobre si aceptar o rechazar la etiqueta de «patria del aswang», y en 1999, cuando el ayuntamiento aprobó una resolución contra la película Sa Piling ng Aswang, estrenada en todo el país, por usar el nombre de Panitan, un municipio real de la provincia.
En cuanto a los remedios: la sal está en De los Reyes en 1889, aplicada a la juntura, y añade que el asuang «tiene horror a la sal». El ajo machacado aparece en esas mismas páginas, pero como emplasto de curandero frotado sobre el enfermo, no como arma. Las listas más largas que circulan hoy —ceniza, vinagre, especias, agua bendita, un látigo hecho con cola de raya— no he podido rastrearlas hasta ninguna fuente fechable, así que aquí no se repiten.
¿Se puede visitar Manananggal?
No hay sitio. El manananggal es algo que se dice de una persona, no un lugar en el que uno pueda plantarse, y cualquier itinerario es en realidad un itinerario de Capiz.
Capiz está en la costa norte de Panay, en las Visayas Occidentales. Su capital, Roxas City, tiene aeropuerto con vuelos diarios a Manila y queda a unas dos horas por carretera de Iloílo. La ciudad se llama a sí misma «capital del marisco» de Filipinas; su gran fiesta cívica es la Capiztahan, a principios de abril.
El Festival del Aswang se acabó. Dugo Capiznon Inc. lo lanzó junto a artistas jóvenes como acto de Halloween en 2004, con la idea de convertir el estigma en turismo. Duró tres ediciones. La archidiócesis de Capiz lo tachó de «anti-Dios» y «anticristiano» y objetó que hacía parecer atractivos e inocentes a personajes malvados; GMA News cubrió la tercera y última edición en octubre de 2006. Azuma añade el mecanismo: la desaprobación sostenida de la Iglesia más un ayuntamiento que dejó de respaldarlo. No ha vuelto. La discusión sí. Cuando Roxas City presentó una carroza con tema de aswang en el desfile de la Capiztahan del 5 de abril de 2025, hubo vecinos que protestaron en internet diciendo que la ciudad debería promocionar su marisco, y el Manila Bulletin contó la polémica al día siguiente; el responsable municipal de turismo, Bryan Mari Argos, defendió la carroza como metáfora del dungan, la noción visaya de espíritu.
Nada de esto exige un billete de avión. Todos los libros antiguos citados aquí son gratuitos y se leen desde casa: la relación de Plasencia en Wikisource, el Visit de Bowring y las dos ediciones del Vocabulario de Noceda y Sanlúcar en Internet Archive, De los Santos en Google Books e Isabelo de los Reyes en Internet Archive. El artículo de Azuma es de acceso abierto en el Kyoto Review of Southeast Asia. Todo ello comprobado en agosto de 2026.
Una petición, y no es decorativa. Si va usted, no pida que le enseñen un aswang ni fotografíe a una persona mayor o visiblemente enferma como color local. A Azuma le respondieron con hostilidad abierta por preguntar. Las dos personas de las que habla esta ficha eran una viuda que vivía de la pesca menuda y un viudo con discapacidad: reales, pobres y ya solos.
💬 Testimonios de campo (0)
Aún no hay testimonios. Añade el primero.
Añade tu testimonio
🔒 Entra para dejar un testimonio