Ben Macdui es un lugar reputado como embrujado en Scotland, GB. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Ben Macdui?
Ubicación
Scotland, GB
Tipo
Montaña / cumbre
Coordenadas
57.071, -3.667
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Ben Macdui está embrujado?
El Ben Macdui, 1.309 metros de granito en el corazón de la meseta de los Cairngorms, es la cima más alta de esa sierra y la segunda de Escocia por detrás del Ben Nevis. Es también la casa de Am Fear Liath Mòr, el Gran Hombre Gris, y el caso está documentado con una precisión rara, porque esta montaña tiene club propio y el club levantaba acta. El sábado 28 de noviembre de 1925, en la cena anual del Cairngorm Club en Aberdeen, su presidente honorario, el químico y alpinista J. Norman Collie, contó ante más de cien socios que en 1891, bajando entre la niebla desde el hito de la cumbre, oyó a su espalda un crujido de zancada tres o cuatro veces más larga que la suya y corrió aterrorizado seis o siete kilómetros, casi hasta el bosque de Rothiemurchus. «Hay algo muy raro en lo alto del Ben Macdhui —terminó—, y yo no volveré allí solo, eso lo tengo claro». Describió sonidos, no una figura. Suele contarse como un secreto guardado treinta y cuatro años; no lo fue. El nombre ya estaba impreso en la revista del propio club en 1922, y el episodio mismo, sin firma, en un libro de montañismo de 1923.
El Ben Macdui es el punto culminante de la meseta de los Cairngorms: 1.309 metros, o 4.295 pies. Es la cima más alta de los Cairngorms y la segunda de Escocia, por detrás únicamente del Ben Nevis, y antes de que el Ordnance Survey zanjara la cuestión se la tuvo por la montaña más alta de Gran Bretaña. Su nombre gaélico, beinn mac dhuibh, suele leerse como «monte del hijo del moreno», es decir, de los Duff, la familia que dominó estas tierras durante siglos; el mapa militar del general Roy, de hacia 1750, ya escribe «Ben Machdhui».
El fantasma de esta montaña pertenece, en sentido bastante literal, a un club. Seis hombres subieron al Ben Macdui en junio de 1887 para quemar fuegos artificiales por el jubileo de oro de la reina Victoria, bajaron de madrugada al Loch Avon el día 23 y allí acordaron fundar el Cairngorm Club, constituido en 1889 con Alexander Copland como primer presidente. La gran obra del club en 1925 fue un indicador de piedra en la cumbre, diseñado y levantado bajo la dirección del ingeniero James A. Parker. Aquel julio unos ponis subieron desde el Glen Derry alrededor de trescientos kilos de granito, y Robert Clarke dejó constancia de la inauguración en la revista del club: sábado 1 de agosto de 1925, ante un gentío que le pareció tan numeroso que «quizá sorprenda que nadie se cayera y tuviera un accidente».
Cuatro meses después, el sábado 28 de noviembre de 1925, el club celebró en Aberdeen su 37.ª asamblea anual, presidida por el abogado William Garden, y más de cien socios e invitados se sentaron a la cena que vino a continuación. Al responder al brindis por el club se levantó su presidente honorario. Era John Norman Collie, F.R.S., natural de Aberdeenshire, primer catedrático de Química Orgánica de la Universidad de Londres y uno de los grandes alpinistas de su generación, y contó a la sala algo que le había ocurrido en la montaña que llevaban un año engalanando.
Bajaba del hito de la cumbre entre la niebla, más de treinta y cinco años antes: él lo situó en 1891. Cada pocos pasos oía a su espalda un crujido, como si alguien lo siguiera con una zancada tres o cuatro veces más larga que la suya. Se dijo a sí mismo, contó, «esto es una tontería»; escuchó; volvió a oírlo y no vio nada. Entonces lo dominó el terror y echó a correr, dando tumbos entre los bloques de granito seis o siete kilómetros, casi hasta el bosque de Rothiemurchus. La revista del club imprimió sus palabras finales en julio siguiente, y la crónica de prensa del 30 de noviembre de 1925 coincide con ellas: «Lo que ustedes saquen de esto no lo sé, pero hay algo muy raro en lo alto del Ben Macdhui, y yo no volveré allí solo, eso lo tengo claro».
Collie describió sonidos y la sensación de algo cercano. No dijo haber visto ninguna figura, y Affleck Gray, que dedicó una vida a reunir el caso, consideraba ese punto irrefutable. Unos doce años después de lo sucedido —hacia 1903— Collie le contó la historia al doctor Alexander Mitchell Kellas, el pionero himalayista nacido en Aberdeen que moriría en 1921 en el primer reconocimiento del Everest, y se llevó la sorpresa de que Kellas tenía la suya. Una noche de junio, en la cumbre, dijo Kellas, vio a un hombre subir desde el Lairig Ghru, rodear el hito y volver a bajar al puerto; lo que le chocó fue que la figura medía casi lo mismo que el hito, de al menos tres metros. Su hermano, sentado junto al mismo hito, no había visto a nadie. Una versión distinta, más cercana a la familia, llegó a la prensa de Aberdeen en diciembre de 1925 de la mano de W. G. Robertson, que la tenía del hermano, Henry Kellas: en ella los dos hombres vieron una figura gigantesca que bajaba hacia ellos, huyeron por el Coire Etchachan y jamás hablaron de crujido alguno.
La versión más repetida de todo esto dice que Collie guardó el secreto treinta y cuatro años. No es cierto, y lo desmiente el propio archivo del club. Tres años antes de la cena, en la revista de 1922, Robert Clarke relató una durísima travesía del Lairig Ghru hecha el 1 de enero de 1922 y soltó el nombre de pasada, sin explicarlo y sin que aparentemente hiciera falta: lo único que faltaba para completar el cuadro, escribió, «era la presencia del propio y fabuloso Ferla Mhor». Y en 1923 el alpinista y bibliotecario Ernest A. Baker imprimió el episodio mismo, sin nombres, en The Highlands with Rope and Rucksack: «Un hombre nada impresionable a quien conozco me ha dicho que nada en el mundo le haría estar solo en lo alto del Ben Muich Dhui, ni siquiera a plena luz del día; y cuenta que una vez corrió cinco millas sin parar hasta el bosque de Rothiemurchus, presa de un pánico mortal. De qué huía, no lo quiere decir». Cinco millas, el bosque de Rothiemurchus, el pánico y la negativa a explicar la causa: es Collie, dos años antes y sin su nombre. Robert Clark, entrevistado por la prensa de Aberdeen el 3 de diciembre de 1925, ya había localizado el pasaje y señalaba ese libro como el primer sitio donde había leído la historia impresa. (Las fuentes lo escriben «Clark» en la entrevista de prensa y «Clarke» en la revista; con toda probabilidad es el mismo socio del Cairngorm Club, pero mantenemos cada grafía donde la trae su fuente.)
A partir de 1925 los relatos se multiplicaron. El mejor documentado es el de Alexander Tewnion. En octubre de 1943, de permiso del ejército y caminando solo, lo pilló una tormenta cerca de la cumbre; oyó por encima del viento pisadas lentas y sonoras en el sendero próximo al Loch Etchachan, vio una forma alzarse y venir hacia él, le vació tres tiros de un revólver del 38 y bajó corriendo al Glen Derry. Lo publicó en The Scots Magazine en junio de 1958. Affleck Gray reunió todo —recortes de prensa, correspondencia desde las Shetland hasta Los Ángeles, los poemas, los chiflados— en The Big Grey Man of Ben MacDhui, publicado en 1970, que sigue siendo la única monografía seria del asunto.
Cronología: los hechos documentados de Ben Macdui
1831Sir Thomas Dick Lauder publica en el Edinburgh New Philosophical Journal el relato de una ascensión al Ben Macdui con el señor Grant de Ballindalloch en la que vieron el espectro de Brocken: el registro fechable más antiguo del efecto óptico en esta cumbre, sesenta años antes de la experiencia de Collie.
1891La fecha que el propio Collie dio en 1925 para su experiencia: bajando solo del hito de la cumbre entre la niebla, oyó a su espalda un crujido de zancada tres o cuatro veces más larga que la suya y corrió seis o siete kilómetros, casi hasta el bosque de Rothiemurchus. Relató sonidos y sensación de presencia, no una figura.
Hacia 1903Unos doce años después del suceso, Collie cuenta la historia en privado al himalayista A. M. Kellas, que le responde que él y su hermano vivieron lo suyo en la cumbre: una figura tan alta como el hito de tres metros, vista por un hermano y no por el otro. Kellas murió en 1921 en el primer reconocimiento del Everest y nunca dejó su relato por escrito.
1922Robert Clarke, al relatar una travesía del Lairig Ghru hecha el 1 de enero de 1922, menciona de pasada «el fabuloso Ferla Mhor» en el Cairngorm Club Journal, sin explicarlo. Es la aparición más antigua del nombre que hemos podido fechar, y es tres años anterior a la intervención de Collie.
1923Ernest A. Baker imprime el episodio, sin atribuirlo, en The Highlands with Rope and Rucksack: un conocido nada impresionable que no estaría solo en el Ben Muich Dhui ni de día y que una vez corrió cinco millas hasta el bosque de Rothiemurchus preso de pánico, sin querer decir de qué huía. Es la historia de Collie dos años antes de que él la contara en público.
1 de agosto de 1925El Cairngorm Club inaugura en la cumbre del Ben Macdui el indicador de piedra, diseñado y construido bajo la dirección de James A. Parker después de que unos ponis subieran el granito desde el Glen Derry. Robert Clarke describe la ceremonia en la revista del club.
Sábado 28 de noviembre de 1925En la 37.ª asamblea anual del Cairngorm Club y la cena posterior, en Aberdeen, ante más de cien personas y con William Garden en la presidencia, el presidente honorario J. Norman Collie cuenta su historia públicamente por primera vez en Gran Bretaña. La prensa de Aberdeen la publicó el 30 de noviembre y la revista del club en julio de 1926.
28 de marzo de 1941William Garden, el presidente del club que había calificado al Gran Hombre Gris de «perfecta tontería», escribe a The Scotsman explicando que él mismo se había convencido más de una vez de oír pisadas crujiendo en la nieve a su espalda en una carretera de Aberdeenshire bajo la luna, y que al volverse comprobó que era «pura imaginación».
Octubre de 1943Alexander Tewnion, solo y de permiso del ejército, se ve sorprendido por la tormenta cerca de la cumbre, oye pisadas lentas por encima del viento junto al Loch Etchachan, ve una forma que lo embiste y dispara tres tiros con un revólver del 38 antes de bajar corriendo al Glen Derry. Publicó el relato en The Scots Magazine en junio de 1958.
21 de noviembre de 1971El desastre del Feith Buidhe: un grupo escolar que se dirigía al refugio de Corrour por el Lochan Buidhe y el Ben Macdui se da por retrasado a las 19.25 y queda dos noches a la intemperie en la meseta. Mueren de hipotermia cinco chicos y la instructora en prácticas, de dieciocho años; sobreviven dos. Sigue siendo el peor desastre del montañismo escocés.
1999Tewnion vuelve al caso en el Cairngorm Club Journal y desmonta su propio relato: las pisadas serían con toda probabilidad una piedra desprendida por los ciervos o el viento entre las pedreras, y la forma que lo embistió, un jirón de nube. Cuenta además que en el verano de 1972, cerca del Feith Buidhe, tres montañeros asustados lo confundieron a él con el Gran Hombre Gris.
9 de agosto de 2025Un siglo después de la inauguración del original, el Cairngorm Club realiza en una sola jornada la sustitución del indicador de la cumbre, con una ceremonia conmemorativa arriba a la una de la tarde.
¿Hay una explicación racional para Ben Macdui?
Los escépticos más útiles del Gran Hombre Gris han sido siempre quienes mejor conocen la montaña, y casi todos están fichados con nombre y apellidos.
Empecemos por la óptica, porque está documentada en esta cumbre y es sesenta años anterior a Collie. En 1831, según Affleck Gray —que lo toma de The Cairngorm Mountains de John Hill Burton y que en sus dos menciones da el título de la revista de forma algo distinta, así que lo damos como dato de segunda mano—, sir Thomas Dick Lauder publicó en el Edinburgh New Philosophical Journal el relato de una ascensión al Ben Macdui con el señor Grant de Ballindalloch en la que vieron el fenómeno llamado espectro de Brocken: la propia sombra del observador proyectada por un sol bajo sobre un muro de niebla, agrandada fuera de escala y deformada por cada movimiento del aire y del propio observador. Cuando la cabeza de esa sombra aparece rodeada de arcos de colores el efecto se llama gloria, y la física que lo produce es la difracción de la luz en el borde de las gotas de agua, no la refracción. No es una curiosidad marginal: en lo alto del Ben Nevis, a finales del verano de 1894, el físico C. T. R. Wilson quedó tan impresionado por las coronas y las glorias que se propuso reproducirlas en el laboratorio, y el aparato que construyó por el camino acabó siendo la cámara de niebla que le valió el Premio Nobel de Física en 1927.
Las pisadas tienen una explicación más llana y un defensor con nombre. William Garden, presidente del Cairngorm Club la noche en que habló Collie, calificó la idea de un Gran Hombre Gris de «perfecta tontería», y en una carta a The Scotsman del 28 de marzo de 1941 explicó por qué en primera persona: más de una vez, caminando de noche por una carretera de Aberdeenshire bajo la luna en invierno, se había convencido de oír pisadas crujiendo en la nieve a su espalda, casi no se había atrevido a volverse y, al hacerlo, comprobó que era «pura imaginación». La propia revista del club, al dar cuenta de la avalancha de cartas que siguió a la cena, anotó que varios lectores habían escrito sobre una música misteriosa oída en los Cairngorms «que resultó deberse al sonido del viento subiendo y bajando por los barrancos». La nieve bajo las botas, el viento en las gargantas de granito y el propio caminante sobre un caos de bloques bastan para producir un crujido a destiempo.
La tasa base también cuenta. Robert Clark, entrevistado en diciembre de 1925 tras casi cuarenta años en los Cairngorms, declaró que había estado solo junto al hito del Ben Macdui en ocho meses del año y que había cruzado la meseta más de cien veces sin un solo incidente extraño: nada, dijo, salvo el espectro de Brocken. Sir George Adam Smith, antiguo rector de la Universidad de Aberdeen, jamás había oído en toda su vida el más leve rumor de un espectro en esa montaña.
Hasta el testigo más espectacular acabó en este bando. Alexander Tewnion, el hombre que disparó al Hombre Gris en 1943, dedicó las últimas páginas de su artículo de The Scots Magazine en 1958, y un texto largo en el Cairngorm Club Journal en 1999, a desmontar su propia historia. Su conclusión fue que las pisadas eran con toda probabilidad una piedra desprendida por los ciervos o un capricho del viento entre las pedreras, y que la forma que lo embistió era un jirón de nube agrandado por la niebla y por una imaginación que ya conocía el relato. La lección la había aprendido en 1939, cuando un gigante encapuchado de seis metros sobre los pinos de Luibeg resultó ser el humo de una hoguera de campamento, y volvió a aprenderla del revés en el verano de 1972: cruzando la meseta cerca del Feith Buidhe con niebla, con pantalón gris, chubasquero gris y una estatura por encima de la media, descubrió que lo seguían a distancia prudente tres montañeros que lo habían tomado por el Gran Hombre Gris. Los sacó del monte sanos y salvos y les dijo: «A lo mejor así se acuerdan de su Ferla Mor: un fantasma benévolo, no un ogro».
¿Y los infrasonidos? La idea de que el sonido de muy baja frecuencia produce inquietud y sensación de presencia es real y suele atribuirse a Vic Tandy, que en 1998 y en 2000 publicó en el Journal of the Society for Psychical Research sobre una onda estacionaria de unos 19 Hz en un taller cerrado y en un sótano. Hay que decir dos cosas. Primera: no existe ninguna medición de infrasonidos publicada para la meseta del Ben Macdui, de modo que trasladar el mecanismo de una sala hermética a una cima abierta es una suposición y no un hallazgo; eso es cierto hasta donde hemos podido comprobar en agosto de 2026, y por eso esta ficha ya no repite que el Hombre Gris se deba a infrasonidos generados por el viento. Segunda: la hipótesis se ha criticado y se ha puesto a prueba con nombres. Jason Braithwaite sostuvo en 2006 que aún estaba por demostrar empíricamente un efecto específico del infrasonido en las experiencias anómalas, y en 2009 Christopher French y sus colegas construyeron una cámara y sometieron a 79 personas a cincuenta minutos de infrasonidos, campos electromagnéticos complejos, ambas cosas o ninguna. Muchos participantes relataron sensaciones extrañas; el número de relatos no guardó ninguna relación con la condición que les había tocado. Su conclusión, publicada en Cortex, fue que la explicación más económica era la sugestión.
Queda el nombre. Am Fear Liath Mòr suena a tradición gaélica profunda, y puede que lo sea, pero el rastro documental es más fino que la frase. Affleck Gray, que quería que la tradición fuese antigua y fue quien más la buscó, concluyó que las pruebas de una leyenda anterior a Collie son «escasas, y a duras penas suficientes para satisfacer a una mente crítica»: pudo enumerar una larga serie de guardas de Derry y Luibeg y de vigilantes del refugio de Corrour desde mediados del siglo XIX que nunca mencionaron al Hombre Gris, hacer constar que el laird de Rothiemurchus no sabía de él más que lo leído en la prensa y señalar que el poeta gaélico de la comarca, William Smith de Rynuie, no lo nombra en ninguna de sus canciones. El uso más antiguo del nombre gaélico dentro del propio caso es habla referida a dos saltos: Collie repitiendo en 1925 lo que a Colin Phillip le había dicho un anciano al borde del bosque de Rothiemurchus: «Ah, sí, eso sería el Ferla Mhor lo que estaría viendo». Y Alexander Tewnion, que no era precisamente un testigo hostil, escribió en 1999 que antes de que Collie hablara había «poco más que unos pocos indicios magros en la leyenda y el folclore locales» a favor de un espectro en el Ben Macdui.
Lo hemos contrastado con el corpus que debería saberlo. El Cairngorm Club Journal se publica desde 1893 y toda su colección se digitalizó y se hizo buscable por texto en 2019. Consultado en agosto de 2026, «Fear Liath» devuelve 2 resultados, el más antiguo de 1977; «Ferla Mhor» devuelve 8, y el más antiguo es la frase de pasada de Robert Clarke en 1922; «Grey Man» devuelve 16. Los controles en el mismo índice descartan que la búsqueda esté rota: «Lairig Ghru» devuelve 69 resultados y «Bodach» devuelve 10, entre ellos el estudio de toponimia gaélica de Kirkmichael, en Banffshire, que John Milne publicó en la misma revista en 1906 y que recoge bodach como la palabra local para fantasma o espectro. La misma revista que imprimió a Collie en 1926 apuntaba, en ese mismo artículo, que los Cairngorms tenían otras dos leyendas «de este carácter» —el espectro de la mano ensangrentada del Glen More y un fantasma del Bynack al que mataron de un flechazo—, sin atribuirle al Hombre Gris idéntico arraigo. El nombre gaélico está documentado desde 1922. Más atrás, es oral, de segunda mano y no está fijado.
¿Se puede visitar Ben Macdui?
El Ben Macdui es una montaña seria y arriba no hay nada: ni centro de visitantes, ni refugio con el que se pueda contar, ni cobertura con la que se pueda contar, ni entrada que comprar. Está dentro del Parque Nacional de los Cairngorms, creado en 2003 al amparo de la Ley de Parques Nacionales (Escocia) de 2000, que abarca 4.528 kilómetros cuadrados —alrededor del 6 % de la superficie de Escocia— y es el parque nacional más extenso del Reino Unido. La autoridad del parque describe la meseta de los Cairngorms como parte de la mayor superficie por encima de los 1.000 metros del Reino Unido, y la sierra como la zona «ártica» más extensa del país en términos climáticos, geomorfológicos y biológicos. Ese es el marco honesto para una visita: se trata de un pedazo pequeño de Ártico en el que el tiempo puede cambiar por completo en una hora.
Hay dos maneras habituales de subir. Por el norte se parte del aparcamiento de Coire Cas, en la estación de esquí de Cairngorm Mountain, sobre Aviemore, y se cruza la meseta por el Lochan Buidhe: es la opción más expuesta y la más exigente en navegación si la visibilidad falla, porque la meseta es una cúpula sin referencias y el rumbo de brújula no es opcional. Por el sur, la ruta clásica sale del Linn of Dee, cerca de Braemar, hacia Derry Lodge y sube por el Glen Luibeg y el Sròn Riach, o bien por el Coire Etchachan; es más larga, pero va resguardada durante más trecho. En cualquiera de los dos casos es una jornada completa de montaña de unas ocho a once horas sin servicio alguno por el camino.
En la cumbre hay tres cosas que merece la pena buscar: el vértice geodésico del Ordnance Survey; las paredes en ruinas del Sappers' Bothy, que el propio Ordnance Survey levantó en 1847 como base de sus trabajos trigonométricos y que todavía ofrece algo de abrigo; y el indicador de piedra. El indicador que se ve hoy es nuevo. El original lo diseñó James A. Parker y se inauguró el 1 de agosto de 1925, y el Cairngorm Club lo sustituyó en una operación conmemorativa el sábado 9 de agosto de 2025.
Los avisos de seguridad son el meollo de este apartado, no la letra pequeña. La meseta del Ben Macdui mata. Un monumento situado unos 500 metros al noroeste de la cumbre marca el punto donde en agosto de 1942 se estrelló un avión de entrenamiento Avro Anson de la RAF de Kinloss, con la muerte de sus cinco tripulantes; en marzo de 2001 dos cazas F-15 estadounidenses cayeron en la cabecera del Garbh Uisge Mòr y murieron los dos pilotos. Y sobre todo está el desastre del Feith Buidhe. A las 19.25 del domingo 21 de noviembre de 1971 se comunicó a la comisaría de Aviemore que un grupo de seis escolares de Edimburgo con una instructora y una instructora en prácticas no había regresado de una expedición con pernocta; su itinerario previsto iba del aparcamiento de Cairngorm al Lochan Buidhe y al Ben Macdui, para acabar en el refugio de Corrour. Quedaron atrapados a la intemperie en la meseta durante dos noches de ventisca. Murieron de hipotermia cinco de los chicos y la instructora en prácticas, Sheelagh Sunderland, de dieciocho años. Dos sobrevivieron, con congelaciones graves. Sigue siendo el peor desastre del montañismo escocés y es la razón por la que después se retiraron, en lugar de repararse, el refugio del Curran y otros abrigos de altura.
Así que: equipo invernal completo en invierno, mapa y brújula y saber usarlos con niebla cerrada, boletín de aludes del Scottish Avalanche Information Service en temporada, y una hora de retorno que se respete de verdad. En una emergencia hay que llamar al 999, pedir policía y después rescate de montaña, y tener a mano una referencia de cuadrícula de seis cifras o una ubicación de What3Words; el 101 es el número para lo que no es urgente. Una restricción vigente que pilla a muchos visitantes: una ordenanza de gestión del fuego prohíbe hogueras y barbacoas en todo el parque nacional entre el 1 de abril y el 30 de septiembre de cada año, con multas de hasta 500 libras, y la autoridad del parque pide que no se enciendan fuegos en ninguna época; para cocinar, hornillo. Conviene mirar los avisos del parque antes de viajar: en agosto de 2026 había un incendio forestal activo en Glenmore y Strath Nethy, justo en la aproximación norte.
💬 Testimonios de campo (0)
Aún no hay testimonios. Añade el primero.
Añade tu testimonio
🔒 Entra para dejar un testimonio