Castillo de Chillingham es un lugar reputado como embrujado en Northumberland, England, GB. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Castillo de Chillingham?
Ubicación
Northumberland, England, GB
Tipo
Castillo
Coordenadas
55.526, -1.905
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Castillo de Chillingham está embrujado?
El castillo de Chillingham, en Northumberland, se anuncia como «el más embrujado de Gran Bretaña», pero esa fama no viene de siglos: los primeros relatos registrados son de lady Leonora Tankerville, que llegó a la casa en 1895 y los recogió en un folleto de 1925. La historia sólida es otra. Eduardo I estuvo aquí el 1 y el 2 de julio de 1298, y de nuevo en octubre —lo fechan sus propios rollos de cancillería—, y en 1344 Thomas of Heton obtuvo licencia para almenar la casa. El castillo quedó vacío desde 1933 y estuvo casi medio siglo camino de la ruina hasta que los Wakefield lo compraron en 1981 y lo abrieron al público: de esa época son el negocio de visitas, la cámara de tortura que se enseña —que el propio castillo no afirma que sea suya— y la etiqueta de «más embrujado». Entre sus fantasmas se cita a la Dama Blanca, identificada con lady Mary Berkeley, cuyo marido protagonizó en 1682 un escándalo real y juzgado: se fugó con su hermana.
Chillingham se vende como el castillo más embrujado de Gran Bretaña. Lo curioso de esa frase es que casi todo lo sólido y documentado del lugar no tiene nada que ver con fantasmas, y que los fantasmas tienen un rastro documental más corto que el propio edificio.
Empecemos por los papeles. El 27 de enero de 1344, un tal Thomas de Heton pidió a Eduardo III licencia para fortificar y almenar su casa solariega de Chevelyngham con piedra y cal y convertirla en castillo o fortaleza, para tenerla él y sus herederos sin impedimento. La cita la recoge John Goodall, editor de arquitectura de Country Life, que añade que el original de esa licencia real sigue guardado en el castillo. La Chillingham Wild Cattle Association, propietaria del parque contiguo, apunta que el mismo permiso amparaba el cercado de un coto de ciervos y sugiere que quizá fuera entonces cuando se acorraló por primera vez la manada que todavía vive allí.
Pero el rey ya había estado en Chillingham antes de la licencia, y esta es la parte que resulta ser firme. El Itinerary of King Edward the First de Henry Gough, compilado a partir de los registros públicos de Inglaterra y publicado en 1900, sitúa a Eduardo I en Chillingham el 1 y el 2 de julio de 1298, fechando allí documentos de cinco series distintas: Close Rolls, Fine Rolls, inquisiciones, Patent Rolls y Scotch Rolls. El día 3 se traslada a Roxburgh, donde se concentra su ejército; el 22 de julio gana la batalla de Falkirk. Y vuelve. Tras fechar desde Jedburgh durante la primera quincena de octubre, cruza a Wark los días 18 y 19, regresa a Jedburgh el 19 y al día siguiente está en Chillingham: 20 de octubre de 1298. En treinta y cinco años de reinado, el índice de Gough registra Chillingham exactamente dos veces, ambas en 1298. Que Eduardo I condujo una campaña escocesa pasando por este castillo no es un adorno de guía turístico: está en los rollos de cancillería.
La fábrica del edificio es menos romántica que el folleto y más interesante. La ficha oficial de protección —Grado I, catalogado el 21 de septiembre de 1951— lo describe sin lirismo: Castillo. Siglo XIV con reformas de los siglos XVII, XVIII y XIX. John Patterson y sir Jeffry Wyatville trabajaron aquí a principios del XIX. Planta cuadrangular, cuatro torres de esquina y crujías de enlace en torno a un patio central; un cuerpo central de comienzos del XVII con columnas toscanas pareadas en los tres pisos; seis estatuas de los Nueve de la Fama sobre ménsulas en el patio; sótanos abovedados de cañón, escaleras de husillo en las torres, un techo de comienzos del XVII con pinjantes y una buena chimenea de mármol blanco de principios del XVIII con cabezas de sátiro. Y, en ese mismo texto oficial, cuatro palabras que resumen el último siglo de Chillingham: interior en mal estado.
Lo tuvieron los Grey, que regularizaron el edificio en cuadrángulo a comienzos del siglo XVII, y es un Grey quien le da a Chillingham su único escándalo verdaderamente documentado. El 23 de noviembre de 1682, ante el tribunal del King's Bench, Ford, lord Grey de Werke fue juzgado junto a otros cinco por una acusación presentada por el fiscal general del rey. El cargo: que el 20 de agosto de 1682, en Epsom, habían conspirado para la ruina de lady Henrietta Berkeley, hija menor de George, conde de Berkeley, entonces menor de dieciocho años y bajo la custodia de su padre, y la habían sacado de la casa paterna sin su permiso. El texto impreso detalla la circunstancia agravante en una sola cláusula: el dicho Ford lord Grey era entonces, y desde mucho antes, y todavía, el marido de lady Mary, otra hija del muy honorable George, conde de Berkeley, y hermana de la dicha lady Henrietta. Cinco de los acusados fueron declarados culpables.
Esa es, entera, la historia previa de la Dama Blanca de Chillingham, y no es folclore: es un auto de acusación. Ford Grey fue creado conde de Tankerville en 1695, y Country Life fecha en ese mismo año el paso del castillo a los condes de Tankerville por vía matrimonial.
Después vino la larga caída. Goodall documenta que desde 1933, tras la muerte del VII conde de Tankerville y la venta de todo el contenido, Chillingham quedó vacío durante casi medio siglo; fracasó un intento de cederlo al National Trust y el castillo parecía condenado a la ruina. La finca se deshizo a su alrededor: lord Tankerville legó el ganado salvaje a la Chillingham Wild Cattle Association —constituida en 1939— en 1971; su hijo, el IX conde, murió en 1980 y se vendió el resto de la propiedad; el parque lo adquirió el Sir James Knott Trust tras la intervención del X duque de Northumberland, y la asociación no pudo recomprarlo hasta 2005.
El rescate del castillo llegó en 1981, cuando sir Humphry Wakefield y la Hon. lady Wakefield —descendiente de los Grey— lo compraron y empezaron a reparar la fábrica. Country Life lo llama un logro extraordinario, haber asumido esta tarea enorme y haberla empujado con semejante determinación, y la palabra que conviene retener es la de Goodall: el castillo fue rescatado. Entre el último Tankerville y la taquilla hay casi cincuenta años de habitaciones vacías y plomo arrancado del tejado.
¿Y los fantasmas? La página Ghosts del propio castillo nombra cuatro: una figura pálida vestida de blanco que pidió agua a un lacayo en la despensa interior y se desvaneció cuando él recordó que la puerta estaba cerrada con llave; una presencia que no se ve, solo se siente, en la cámara; las voces de dos hombres conversando en la capilla, nunca inteligibles, que callan si uno intenta localizarlas; y las sombras del patio a la luz de la luna. La página abre con unos versos de Longfellow y cita a Tennyson. No menciona en ningún momento al Niño Azul, ni al Radiant Boy, ni a lady Mary Berkeley, ni a ningún torturador del castillo.
Cronología: los hechos documentados de Castillo de Chillingham
1 y 2 de julio de 1298Eduardo I está en Chillingham y fecha allí documentos de cinco series distintas —Close Rolls, Fine Rolls, inquisiciones, Patent Rolls y Scotch Rolls—, según el Itinerary of King Edward the First de Henry Gough, compilado a partir de los registros públicos de Inglaterra. El 3 de julio se traslada a Roxburgh, donde se concentra su ejército; el 22 de julio gana la batalla de Falkirk.
20 de octubre de 1298De regreso al sur tras la campaña, el rey cruza de Jedburgh a Wark los días 18 y 19 de octubre y está en Chillingham el día 20, antes de seguir por Chester-le-Street y Durham. El índice de Gough registra Chillingham exactamente dos veces en los treinta y cinco años de reinado de Eduardo I, ambas en 1298.
27 de enero de 1344Thomas de Heton obtiene de Eduardo III licencia para «fortificar y almenar su casa solariega de Chevelyngham con piedra y cal y convertirla en castillo o fortaleza». John Goodall informa en Country Life de que el original de la licencia sigue guardado en el castillo. La Chillingham Wild Cattle Association señala que ese mismo permiso amparaba el cercado de un coto de ciervos.
23 de noviembre de 1682Ford, lord Grey de Werke, es juzgado en el King's Bench junto a otros cinco por haber conspirado, el 20 de agosto de 1682 en Epsom, para sacar a lady Henrietta Berkeley —menor de dieciocho años y bajo custodia paterna— de casa de su padre. La acusación consigna que Grey era el marido de lady Mary, otra hija del conde de Berkeley y hermana de Henrietta. Cinco acusados son declarados culpables. Este es el origen documentado de la historia que se atribuye a la «Dama Blanca» de Chillingham.
1695Ford Grey es creado conde de Tankerville. Country Life fecha en ese mismo año el paso del castillo a los condes de Tankerville por vía matrimonial; los Grey ya habían regularizado el edificio en cuadrángulo a comienzos del siglo XVII.
8 de septiembre de 1803Se ve el «niño radiante» inglés mejor documentado, y es en el castillo de Corby, en Cumberland, no en Chillingham. El reverendo Henry A., párroco de Greystoke, relata una luz en mitad de su cuarto que se resuelve en «un niño hermoso, vestido de blanco, con bucles brillantes semejantes al oro», y abandona la casa a la mañana siguiente sin dar explicaciones. El relato, anotado en un diario de la época y copiado en el castillo el 22 de diciembre de 1824, lo publica Catherine Crowe en 1848.
1895Leonora llega a Chillingham desde Estados Unidos al casarse con el conde de Tankerville. La historiadora Eleanor Janega identifica sus escritos como los primeros relatos registrados de los fantasmas de Chillingham y los sitúa en el renacer espiritista victoriano y eduardiano.
1933Tras la muerte del VII conde de Tankerville y la venta de todo el contenido, Chillingham queda vacío durante casi medio siglo. Fracasa un intento de cederlo al National Trust y el castillo parece condenado a la ruina.
21 de septiembre de 1951El castillo de Chillingham es catalogado en Grado I (ficha 1042387). La descripción oficial —«siglo XIV con reformas de los siglos XVII, XVIII y XIX», con obras de John Patterson y sir Jeffry Wyatville a principios del XIX— termina con la frase «interior en mal estado».
1971Lord Tankerville lega el ganado salvaje a la Chillingham Wild Cattle Association, constituida en 1939. Su hijo, el IX conde, muere en 1980 y se vende el resto de la finca; el parque lo adquiere el Sir James Knott Trust tras la intervención del X duque de Northumberland.
1981Sir Humphry Wakefield y la Hon. lady Wakefield, descendiente de los Grey, compran Chillingham y empiezan a reparar la fábrica. Country Life califica el resultado de «logro extraordinario» y describe el castillo como rescatado. La explotación turística, la exhibición de la cámara de tortura y las visitas nocturnas de todo el año datan de esta época.
2005La Chillingham Wild Cattle Association, con ayuda de fundaciones benéficas y donantes locales, recompra el parque al Sir James Knott Trust y reúne por primera vez la manada y su hábitat bajo una sola propiedad desde el desmembramiento de la finca.
30 de octubre de 2024En un artículo de History Hit, sir Humphry Wakefield describe la figura azul como un problema heredado: los huesos de un niño hallados entre los muros «resolvieron aquel problema» y, sin embargo, los invitados alojados en la habitación restaurada le insistían en que debía de haber una avería eléctrica que provocaba un destello azul en el borde de la puerta: «Bueno, es que ahí no hay electricidad ninguna. Se nos habrá quedado suelto algún huesecillo del pie». El cazafantasmas residente del castillo, Richard Craig, cifra en cincuenta los espíritus del edificio.
Temporada 2026El castillo y los jardines abren del 30 de marzo al 1 de noviembre, de 11:00 a 17:00, con entrada de adulto a 13,12 libras hasta el 1 de septiembre. Las visitas de fantasmas (25 libras, mayores de 16) y las cacerías nocturnas (desde 50 libras, mayores de 18) funcionan todo el año y se agotan con meses de antelación.
¿Hay una explicación racional para Castillo de Chillingham?
La hipótesis de partida era que la fama de Chillingham es moderna y comercial: que un castillo medio arruinado, restaurado desde 1981, se inventó los fantasmas junto con la taquilla. Es verdad a medias, y conviene empezar por la mitad falsa, que es la más interesante.
Los fantasmas no los inventó Wakefield. Son eduardianos. En el artículo que History Hit publicó el 30 de octubre de 2024, la historiadora medievalista Eleanor Janega lo dice sin rodeos: a diferencia de otras historias de fantasmas medievales, los primeros relatos registrados de los fantasmas de Chillingham son mucho más recientes, y los escribió lady Leonora Tankerville, que llegó al castillo desde Estados Unidos tras casarse con el conde de Tankerville en 1895. Janega la sitúa en su contexto: las décadas victoriana y eduardiana fueron una especie de edad de oro del relato de fantasmas, un renacer espiritista que corría en paralelo al racionalismo de la época. Y ese contexto es la explicación de fondo. Chillingham no consiguió sus fantasmas por ser antiguo. Los consiguió porque una condesa estadounidense con inclinaciones literarias y ocultistas se instaló allí justo cuando las casas señoriales británicas competían por tener apariciones. La tradición tiene unos 130 años, no 700.
El Niño Azul es heredado, y lo dice el propio dueño. En ese mismo artículo, sir Humphry Wakefield describe la figura como un problema que se encontró, no como uno que fabricara: en el siglo XVIII había una figura que se pasaba el tiempo gimiendo y lamentándose y reluciendo en azul, y añade que unas excavaciones entre los muros del castillo sacaron los huesos de un niño, lo que resolvió aquel problema. Y entonces viene la frase que ninguna historia inventada incluiría jamás: Pero cuando restauré esa habitación, mis invitados no paraban de decirme: «Debe de tener usted una avería eléctrica, hay un destello azul en el borde de la puerta». Bueno, es que ahí no hay electricidad ninguna. Se nos habrá quedado suelto algún huesecillo del pie. Es un chiste, contado a su propia costa, por el hombre que vende las visitas. Y es también lo más parecido a admitir que los destellos azules que se ven en esa habitación les parecen, a quienes los ven, una avería eléctrica.
El niño luminoso es un motivo inglés prestado, y su casa documentada está en otro sitio. El clásico Radiant Boy británico no es el de Chillingham: es el del castillo de Corby, en Cumberland, y tiene fecha y testigo. Catherine Crowe publicó el relato en The Night Side of Nature en 1848, copiado —dice ella— de un manuscrito firmado C. M. H. y fechado en el castillo el 22 de diciembre de 1824, que a su vez transcribe una anotación de diario hecha en su momento. El 8 de septiembre de 1803, el reverendo Henry A., párroco de Greystoke, estaba invitado allí; a la mañana siguiente hizo venir un coche de posta con tal urgencia que el vehículo derribó parte de la valla del jardín, y se marchó sin dar explicaciones. La razón, contada después con sus propias palabras, fue que entre la una y las dos de la madrugada vio un resplandor en mitad del cuarto que creció hasta convertirse en llama y se resolvió en un niño hermoso, vestido de blanco, con bucles brillantes semejantes al oro, que lo miró y se deslizó hacia la chimenea. Cerró su declaración así: afirmo que este es un relato veraz de lo que vi en el castillo de C —, bajo mi palabra de clérigo. Así es como se ve una tradición de niño radiante genuinamente antigua: casa identificada, testigo con nombre, diario fechado, declaración firmada. Chillingham no tiene nada de ese aparato. Tiene una figura parecida, puesta por escrito un siglo más tarde, por una condesa.
El agravio de la Dama Blanca es real; su aparición no está documentada. El juicio de 1682 establece sin discusión que Ford, lord Grey de Werke, estaba casado con lady Mary Berkeley y fue condenado por llevarse a su hermana menor. Pero el rapto ocurrió en Epsom, en Surrey, y el juicio en Westminster. Nada en el expediente sitúa a lady Mary en Chillingham, y menos aún penando por un pasillo. La página de fantasmas del propio castillo no la incluye; el artículo de History Hit atribuye su presencia en el Gran Salón —con olor a rosas y una corriente fría— a Richard Craig, presentado como el cazafantasmas residente del castillo, que calcula cincuenta espíritus en el edificio. Una humillación real del siglo XVII ha sido realojada, tres siglos después, en el edificio que la familia daba la casualidad de poseer.
La cámara de tortura no dice ser de Chillingham: hay que leer la redacción. El texto sala por sala del castillo abre esa sección con una observación general, no local: todos los castillos pueden haber tenido salas así. Lo que sigue es una lista de objetos —potro de estiramiento, jaulas, cama de clavos, barril con clavos, silla de púas, tajos de verdugo, empulgueras, cadenas, grilletes, cepos y hierros de marcar— sin procedencia para ninguno y sin afirmar en ningún momento que alguno se usara en este edificio. Entre ellos hay una Doncella de Hierro, y esa pieza es diagnóstica. Como resume el medievalista Lorris Chevalier, las primeras referencias conocidas a doncellas de hierro no aparecen hasta el siglo XIX: los museos y coleccionistas, ansiosos por atraer la atención del público, exhibían con frecuencia objetos fabricados o muy modificados como «instrumentos medievales de tortura», y los ejemplares conservados suelen ser sarcófagos o cajas posteriores a los que se añadieron púas. Una doncella de hierro en un castillo medieval no prueba que allí se torturara en la Edad Media. Prueba que existió un mercado decimonónico de tortura medieval y que un coleccionista del siglo XX compró en él. Sir Humphry Wakefield hizo su carrera en el comercio de antigüedades; el castillo está amueblado de arriba abajo con adquisiciones de coleccionista, y así lo cuenta él mismo.
Los huesos del niño no tienen informe de excavación. El castillo afirma que una trampilla en el suelo de la mazmorra deja ver los huesos, muy auténticos, de un niño en la bóveda inferior, y, por separado, que bajo el entarimado de la capilla aparecieron dos esqueletos sonrientes que hoy están en un osario. El relato del propio Wakefield habla de huesos hallados entre los muros. Tres ubicaciones, ningún informe arqueológico, ninguna datación, ningún inventario consultable. No decimos que no haya huesos. Decimos que una afirmación así, en Inglaterra, suele dejar rastro documental, y no hemos sabido encontrarlo.
Y por último, la etiqueta. La web del castillo titula su portada el castillo histórico más embrujado de Gran Bretaña mientras su texto de pie se modera y dice uno de los castillos más embrujados de Inglaterra; la vecina Wild Cattle Association lo llama el castillo más embrujado de Inglaterra; el titular de History Hit se pregunta por qué se le conoce como el castillo más embrujado de Gran Bretaña. Nadie concede ese título, y no hay dos fuentes que lo formulen igual. En la misma línea, el castillo se describe a sí mismo como Grade 1 Star-listed, una categoría que no existe en Inglaterra: la designación oficial es Grado I. Las visitas nocturnas funcionan todo el año y, cuando se escribió esta ficha, se agotaban con meses de antelación a 25 y 50 libras por persona. Nada de esto es motivo para descreer de lo que alguien sienta en un edificio de piedra fría a medianoche. Sí lo es para advertir que el superlativo es un producto, y que los dos hechos más firmes del lugar —una cancillería real trabajando aquí en julio de 1298 y un par del reino condenado en 1682 por seducir a la hermana de su mujer— son precisamente los que nadie pone en el cartel.
¿Se puede visitar Castillo de Chillingham?
El castillo de Chillingham está en Chillingham, Alnwick, Northumberland NE66 5NJ, teléfono 01668 215359; el propio castillo facilita la referencia what3words ///configure.sunbeam.headsets. No hay transporte público útil: hay que ir en coche. Está señalizado desde la A1 entre Alnwick y Berwick, pero el castillo advierte de que hay que ignorar el primer cartel de Chillingham/North Charlton y tomar la carretera de Chatton/Wooler unos cientos de metros al norte del desvío de Purdy Lodge/Bamburgh; también está señalizado desde la A697, cerca de Wooler. Se entra por la verja principal, con aparcamiento gratuito y plazas para personas con discapacidad junto al castillo. El aeropuerto de Newcastle queda a 75 km y el de Edimburgo a 120. Con mal tiempo conviene comprobar la ruta antes de salir —es zona de inundaciones y cortes de carretera— y el castillo recomienda la B6346 hacia Alnwick.
Temporada y horarios. En 2026 el castillo y los jardines abren del lunes 30 de marzo al domingo 1 de noviembre, de 11:00 a 17:00, con último acceso a las 16:00; el salón de té Minstrels mantiene el mismo horario. Las visitas nocturnas de fantasmas, en cambio, funcionan todo el año.
Entradas. Las tarifas publicadas para 2026 figuran como válidas hasta el 1 de septiembre: adultos 13,12 libras; mayores de 65, 12,25; menores de 16, 7,00; menores de 5, gratis; y entrada familiar (dos adultos y hasta tres niños), 36,75. Un acompañante entra gratis con un visitante de pago presentando la tarjeta de cuidador. Los socios de CPRE pagan la mitad y los de Historic Houses entran gratis. La guía sala por sala escrita por el propio sir Humphry Wakefield cuesta 3,25 libras en taquilla y merece la pena: la interpretación del castillo es muy personal y es ahí donde está. Las visitas guiadas privadas van de Semana Santa a finales de octubre, hay que reservarlas, exigen un mínimo de diez personas y cuestan 50 libras por guía además de la entrada de grupo reducida; un guía lleva hasta veinte personas.
Visitas y cacerías de fantasmas. La Ghost Tour cuesta 25 libras por persona y es solo para mayores de 16 años; la Ghost Hunt arranca en 50 libras por persona, es solo para mayores de 18, va aproximadamente de 22:00 a 02:00 y prohíbe beber alcohol antes. Las visitas familiares, a 25 libras, se programan en vacaciones escolares y no tienen límite de edad. Ninguna admite devolución, y las fechas se agotan con meses de antelación: al escribir esta ficha, casi todo el verano estaba vendido. Los grupos de diez o más pueden reservar en privado, y los equipos de investigación paranormal pueden alquilar el recinto. Lleve linterna, ropa de abrigo y calzado adecuado: el castillo avisa sin rodeos de que hace mucho frío y está muy oscuro, y de que el recorrido incluye los jardines además de las salas.
Accesibilidad. Conviene ser realista. El castillo declara que el acceso para personas con discapacidad es muy limitado y que puede no ser adecuado para quien tenga dificultades de movilidad: suelos irregulares, escaleras de caracol muy empinadas y peldaños de piedra en espiral con solo una cuerda como pasamanos incluso para llegar a los aseos y al salón de té. Las visitas nocturnas se declaran expresamente no aptas para quien tenga problemas de movilidad, por los escalones y el terreno desigual. Si necesita algo especial, llame o escriba antes. No se admiten perros en el castillo ni en los jardines, salvo perros de asistencia, y no hay guardería para ellos.
No se salte el ganado. El ganado salvaje de Chillingham es una atracción aparte y de otra propiedad —la Chillingham Wild Cattle Association, en Chillingham, Alnwick NE66 5NP— y probablemente sea la mitad más extraordinaria del día. La manada nunca ha sido tocada por mano humana, no recibe tratamiento veterinario y vive suelta en el parque todo el año; la asociación lleva registro metódico de nacimientos y muertes desde que Charles Darwin lo recomendó, y hoy la manada ronda los 120 animales. Los visitantes se reúnen en el Pabellón del Ganado Salvaje (abierto de 9:30 a 15:30 cuando el parque está abierto), les recibe el guarda y les lleva por una pista en un remolque enganchado a un Land Rover; después hay un tramo corto a pie hasta ver la manada. Hay cuatro visitas al día, siete días por semana; el remolque, avisa la asociación con humor, no va muy bien suspendido.
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