👻 LUGAR EMBRUJADO · EXP. Nº9476 ACTIVO

Castillo de Meggernie

Castillo de Meggernie es un lugar reputado como embrujado en Perth and Kinross, Scotland, GB. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.

¿Dónde está Castillo de Meggernie?

Ubicación
Perth and Kinross, Scotland, GB
Tipo
Castillo
Coordenadas
56.584, -4.356
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Por qué se dice que Castillo de Meggernie está embrujado?

El castillo de Meggernie se alza cerca de la cabecera de Glen Lyon, a treinta y cinco kilómetros al oeste de Aberfeldy: una torre cuadrada de cinco plantas con torretas en las esquinas, una mansión victoriana injertada en ella y una avenida de tilos que corre casi un kilómetro y medio junto al río. Su leyenda es de las más extrañas de Escocia. La tradición cuenta que un Menzies de Culdares mató a su joven esposa en un arrebato de celos, partió el cuerpo en dos y enterró solo una mitad, y que desde entonces el fantasma se aparece en mitades separadas: la parte superior en un ala de la casa y la inferior en otro sitio. Todas las versiones fechan los hechos en 1862 y en una cacería del arrendatario Herbert Wood, pero el relato no aparece impreso hasta los años cincuenta del siglo XX. El testimonio local más antiguo, de un hombre de Glen Lyon que trabajó en la finca, describe algo muy distinto: un fantasma con cota de malla cuya fama venía del reinado de la reina Ana y al que el maestro de Innerwick apaciguó con una Biblia y una pistola. Meggernie es una casa privada y no se visita.
Castillo de Meggernie, Perth and Kinross, Scotland, Reino Unido
Imagen: John Preston Neale (engraved by J. Hinchliffe) · Public domain

¿Cuál es la historia de Castillo de Meggernie?

El castillo de Meggernie se alza cerca de la cabecera de Glen Lyon, unos treinta y cinco kilómetros al oeste de Aberfeldy, en el largo valle de carretera de un solo carril que sube desde Fortingall hacia la frontera de Argyll. La parte más antigua de la casa es una torre cuadrada de cinco plantas con torretas en las esquinas y buhardillas ornamentales. Cuando David MacGibbon y Thomas Ross la levantaron para «The Castellated and Domestic Architecture of Scotland» (1889) la describieron como «una torre antigua, con una mansión moderna añadida», a la que se llega «por una hermosa avenida de tilos», y escribieron que Glen Lyon «fue durante mucho tiempo propiedad de los Campbell, por quienes esta torre fue probablemente erigida a principios del siglo XVII». Las guías populares suelen dar una fecha más rotunda —hacia 1585— y atribuir la obra a «Colin el Loco» Campbell de Glenlyon; los dos inspectores victorianos, que trabajaban sobre la fábrica misma, no llegaron a tanto. A finales del siglo XVII el castillo y la mayor parte de Glen Lyon pertenecían a los Menzies de Culdares, una rama de los Menzies de Weem. En octubre de 1689, con el levantamiento jacobita todavía vivo en las montañas, el gobierno convirtió Meggernie en cuartel. El general Hugh Mackay escribió al joven laird de Weem el 7 de octubre pidiéndole «establecer una guarnición suficiente en la casa de Miggernie, en Glenlyon, si dicha casa es capaz de asegurarla, para mejor protección del país frente a los rebeldes». Cinco días después Mackay volvió a escribir, despachando la queja del laird vecino: «Poco importa lo que diga Glenlyon sobre la aptitud de la casa de Miggernie como guarnición… Glenlyon refunfuñaba porque no se le puso a él al cargo de la casa». Ambas cartas se imprimieron en 1894 a partir del archivo de Castle Menzies. Aquel vecino era Robert Campbell de Glenlyon, que en febrero de 1692 mandó a los soldados acuartelados entre los MacDonald de Glencoe. El vínculo con Glencoe que se repite a propósito de Meggernie es real, pero es este: una disputa documentada sobre quién debía custodiar la casa, no una residencia ni una matanza urdida bajo su techo. Los lairds Menzies dejaron también una huella más amable. James Menzies de Culdares, «el viejo Culdares», trajo plantones de alerce del Tirol hacia 1737 y los plantó junto al castillo de Meggernie: estuvieron entre los primeros alerces cultivados en las Tierras Altas. Fue además un jacobita que sobrevivió jugando a dos barajas. Tras Culloden hizo reunir y enterrar en secreto cerca del castillo todas las armas de fuego del valle por si había otro alzamiento, y durante el verano de 1746 un «fugitivo importante» de la batalla estuvo escondido en el barranco del arroyo Gallin mientras las patrullas del gobierno de Weem, Fortingall y la cabecera del lago Lyon «visitaban con frecuencia el castillo de Meggernie», donde el viejo Culdares las recibía «con muestras de leal bienvenida y hospitalidad montañesa». El relato procede de Duncan Campbell, nacido en Glen Lyon en 1828, cuyo propio bisabuelo se vio arrastrado una noche al asunto y fue despachado a casa sin miramientos antes de que pudiera ver demasiado. El viejo Culdares murió en 1775 y su hijo, el comisario Archibald Menzies, en 1776; el contenido del castillo se vendió entonces en almoneda. Campbell, que de niño rebuscaba en las granjas del valle, creía que los raros libros de época de la Reforma que encontraba allí procedían de aquella venta. El carácter moderno del castillo se fijó en el siglo XIX, cuando los lairds descubrieron que alquilar la casa rendía más que habitarla. En 1851 Herbert Byng Hall publicó una descripción larga en «Scottish Sports and Pastimes»: muros «de espesor inmenso», puertas «defendidas por rejas de hierro de tamaño y peso prodigiosos», una mazmorra «adornada con ganchos» en los que, según le contaron, se habían ejecutado sentencias, y una posición a veintitantos kilómetros de la casa de cualquier otro laird «y aproximadamente a la misma distancia de un médico o una oficina de correos». El propietario, anotó Byng Hall, había «alcanzado la mayoría de edad hacía muy poco» y prefería con buen criterio arrendar el castillo y sus cotos a deportistas ingleses. Duncan Campbell, que ayudó a plantar el bosque del cerro de Meggernie y pasó varias temporadas de gillie del conde de Sefton —que tuvo los cotos de Meggernie durante quince años—, recordaba el banquete de mayoría de edad del joven laird y el baile que lo siguió en la turbera techada de la finca. Hacia 1860 el arrendatario de caza era Herbert Wood, un inglés de Bitteswell Hall que más tarde compró la isla de Raasay. El escritor cinegético Augustus Grimble cazó urogallos con él y lo recordó con precisión: «durante una visita al difunto señor Herbert Wood, en la época en que tenía alquilado el castillo de Meggernie “junto a” Aberfeldy; ese “junto a” quiere decir treinta y cinco kilómetros de la estación de tren». Treinta años después Grimble seguía escribiendo sobre «los días felices pasados en Meggernie con el difunto señor Herbert Wood, antes de que comprara la isla de Raasay». Es de una de las cacerías de Wood de donde cuelga la célebre historia de fantasmas. En 1883 la finca salió a subasta. La venta se contó hasta en Carolina del Norte como «la mayor propiedad jamás vendida en Escocia en un solo lote en subasta pública»: más de 32.000 acres en un área de cincuenta millas cuadradas, con una pesquería de salmón que alcanzaba «la longitud casi sin precedentes de más de 40 millas», adjudicada al señor John Bullough por 515.000 dólares, con la madera aparte. Bullough era el fabricante de maquinaria textil de Lancashire cuya familia levantaría después el castillo de Kinloch en Rùm; murió en 1891. En el siglo XX Meggernie pasó a la familia Wills de Bristol —Sir Ernest Wills la tuvo desde 1920— y hoy sigue siendo una finca privada en explotación.

Cronología: los hechos documentados de Castillo de Meggernie

  1. h. 1600 MacGibbon y Ross, que inspeccionaron el edificio en la década de 1880, sitúan la torre cuadrada de cinco plantas como obra de los Campbell «a principios del siglo XVII». No respaldan la fecha popular de hacia 1585.
  2. 7 de octubre de 1689 El general Hugh Mackay ordena al joven laird de Weem establecer «una guarnición suficiente en la casa de Miggernie, en Glenlyon… para mejor protección del país frente a los rebeldes». La orden se conserva en el archivo de Castle Menzies.
  3. 12 de octubre de 1689 Mackay vuelve a escribir: «Poco importa lo que diga Glenlyon sobre la aptitud de la casa de Miggernie como guarnición… Glenlyon refunfuñaba porque no se le puso a él al cargo de la casa». El quejoso es Robert Campbell de Glenlyon, que en febrero de 1692 mandaría en Glencoe.
  4. h. 1737 James Menzies de Culdares trae plantones de alerce del Tirol y los hace plantar junto al castillo de Meggernie: están entre los primeros alerces cultivados en las Tierras Altas.
  5. Verano de 1746 Tras Culloden, el viejo Culdares hace enterrar cerca del castillo las armas del valle por si hay otro alzamiento y esconde a un «fugitivo importante» sin nombre en el barranco del arroyo Gallin, mientras las patrullas del gobierno visitan Meggernie y son recibidas «con muestras de leal bienvenida». Lo registra Duncan Campbell, cuyo bisabuelo hizo de vigía.
  6. 1776 El comisario Archibald Menzies muere un año después que su padre; el mobiliario y la biblioteca del castillo de Meggernie se venden en almoneda. Duncan Campbell, de niño, atribuyó a esa venta los libros antiguos dispersos por las granjas del valle.
  7. 1851 Herbert Byng Hall publica la descripción temprana más completa de la casa: muros inmensos, puertas con rejas de hierro y una mazmorra «adornada con ganchos» en los que, según le contaron, se ejecutaban sentencias. Anota que el propietario acababa de cumplir la mayoría de edad y prefería alquilar el castillo a deportistas ingleses. No menciona ningún fantasma.
  8. 1862 Año al que todos los recopiladores del siglo XX fechan el encantamiento de Meggernie, y una cacería del arrendatario Herbert Wood. No se ha localizado para esta ficha ningún documento de 1862.
  9. 19 de octubre de 1883 La prensa estadounidense informa de la subasta de la finca de Meggernie —«la mayor propiedad jamás vendida en Escocia en un solo lote en subasta pública», más de 32.000 acres con una pesquería de salmón de más de cuarenta millas— adjudicada a John Bullough por 515.000 dólares, con la madera aparte.
  10. 1892 Augustus Grimble, que había cazado urogallos allí, publica su recuerdo de «una visita al difunto señor Herbert Wood, en la época en que tenía alquilado el castillo de Meggernie “junto a” Aberfeldy»: confirmación de primera mano de que Wood era arrendatario y no propietario.
  11. 1910 Duncan Campbell, nacido en Glen Lyon en 1828, publica sus memorias. El único encantamiento de Meggernie que conoce data del reinado de la reina Ana, lleva cota de malla y cadenas tintineantes, y lo apaciguó el maestro de Innerwick con una Biblia y una pistola. No registra ni esposa asesinada ni fantasma partido en dos.
  12. 1957 A. M. W. Stirling dedica varias páginas de «Ghosts Vivisected» a Meggernie, describiendo una visita a «su amigo el señor Herbert Wood en el castillo de Meggernie, Perthshire» y un espectro que, a diferencia de otros de su libro, «se aparecía en mitades separadas». Es la versión impresa más antigua localizada para esta ficha.
  13. 1973 El catálogo escocés de Peter Underwood da nombre al encantamiento —«el fantasma de Meggernie»— y cita a una corresponsal que creyó ver «el fantasma de una antigua señora de Meggernie», y que añadía en su carta que el cementerio de Meggernie era un lugar apartado.

¿Hay una explicación racional para Castillo de Meggernie?

El testimonio escrito más antiguo sobre un fantasma de Meggernie que ha podido localizarse para esta ficha no describe en absoluto a una dama partida en dos. Duncan Campbell nació en Glen Lyon en 1828, trabajó con sus manos en la finca de Meggernie y llegó a dirigir el Northern Chronicle. En sus memorias de 1910 despachó la fama del castillo en una sola frase seca: «Aunque en el reinado de la reina Ana el castillo de Meggernie se ganó fama de estar encantado, hasta que un audaz maestro de escuela, con Biblia y pistola, se propuso apaciguar al espíritu atormentado con su cota de malla y sus cadenas tintineantes —y lo consiguió—, los muertos de Glenlyon dieron tan poca guerra a los vivos que no había otra historia sobre ellos en mis primeros años». De ahí se siguen tres cosas. El fantasma con el que él creció iba armado y arrastraba cadenas: no era una mujer partida en dos. Su fama pertenecía al reinado de Ana, es decir, a 1702-1714. Y se acabó cuando el maestro de Innerwick se presentó con una Biblia en una mano y una pistola en la otra, detalle que en la tradición de las Tierras Altas suele significar que alguien fue pillado disfrazándose. Campbell fue igual de franco sobre el origen de su propio escepticismo. Con doce o trece años, enviado una noche de escarcha más allá del cementerio a buscar ayuda para su abuela moribunda, se vio seguido por «la cabeza fantasmal de una anciana que no iba unida a ninguna apariencia de cuerpo», que mantenía la posición junto a su mejilla derecha por mucho que corriera o se girase. Desesperado, levantó la mano «y ¡he aquí que atrapé a mi fantasma!»: la cinta de su gorro Glengarry se le había desplazado por detrás de la oreja y su extremo mellado, blanqueado por la escarcha de su propio aliento, había tomado «la apariencia de esa cabeza fantasmal de anciana con un hueco raro entre una nariz grande y un mentón prominente». Años después reunió un buen montón de historias sobrenaturales por todo el Perthshire montañoso, las clasificó y concluyó que las de muertos que vuelven estaban «ni de lejos tan bien avaladas» como las de wraiths y segunda visión. La dama partida en dos no puede rastrearse impresa ni de lejos tan atrás como la noche que describe. Todas las versiones fechan los hechos en 1862 y en una cacería de Herbert Wood; la más antigua localizada aquí es «Ghosts Vivisected» de A. M. W. Stirling (1957), seguida de «Phantom Footsteps» de Alasdair Alpin MacGregor (1959), el catálogo escocés de Peter Underwood (1973) y «Perthshire in History and Legend» de Archie McKerracher (1988). Son unos noventa y cinco años entre la noche supuesta y la primera publicación conocida, y ninguno de los relatos consultados da el nombre de los dos invitados ni remite a una carta, un diario o una crónica de prensa de la época. Tampoco hay esposa asesinada alguna en el registro impreso de la propia familia: el «Red and White» Book of Menzies (1894), obra nada tímida en lo dramático, no dice nada. Las versiones ni siquiera coinciden en lo básico. McKerracher llama al arrendatario «Herbert Woods»; una antología popular afirma que era el dueño del castillo. Augustus Grimble, que estuvo allí y conocía al hombre, escribió sin rodeos que lo tenía alquilado. Nada de esto demuestra que la historia sea falsa. Una anécdota doméstica auténtica puede circular un siglo antes de que alguien la escriba, y la versión de Underwood se apoya en la carta de una corresponsal que describe su propia experiencia. Lo que sí significa es que lo que sobrevive es una leyenda y no una prueba, y que el escenario la favorece. Una torre de cinco plantas con dormitorios diminutos en las torretas y muros de espesor inmenso, a treinta y cinco kilómetros de la estación de tren más cercana y llena cada otoño de invitados que llevaban desde el amanecer en el monte, es una máquina eficiente de producir cosas vistas de noche.

¿Se puede visitar Castillo de Meggernie?

El castillo de Meggernie no se puede visitar. Es una casa privada, habitada, en el centro de una finca cinegética en explotación: no hay visitas guiadas, ni jornadas de puertas abiertas, ni acceso al interior, ni derecho de paso por los jardines ni por la avenida de tilos. Las guías arquitectónicas que lo recogen —referencia de cuadrícula NN 554 460— lo describen sin más como de ocupación privada. No suba por el camino de entrada ni llame a la puerta. Lo que sí es público es el valle. Una carretera de un solo carril sube hacia el oeste desde Fortingall por Glen Lyon; la casa-portería del castillo está en Bridge of Balgie, unos treinta y cinco kilómetros al oeste de Aberfeldy, donde una carretera secundaria trepa hacia el sur por los cerros hasta el lago Tay. Los apartaderos de esa carretera son para cruzarse, no para aparcar; se avanza despacio y en invierno el sitio es genuinamente remoto. La queja de Byng Hall en 1851 —que el castillo estaba a unos veinte kilómetros de un médico o de una oficina de correos— sigue dando una idea justa de las distancias. Las alternativas honestas merecen el viaje por sí solas. Fortingall, a la entrada del valle, tiene un cementerio parroquial de acceso libre donde crece el tejo de Fortingall, un árbol al que Forestry and Land Scotland atribuye hasta 5.000 años, aunque otras autoridades lo rebajan a entre 2.000 y 3.000; ya era tan famoso que en 1769 se midió su perímetro en casi dieciséis metros, y en 1785 se levantó un muro para protegerlo. Trátelo con cuidado: ha sufrido daños por visitantes que se llevan esquejes. Los cerros de ambos lados del valle están abiertos al amparo del derecho de acceso escocés, pero Glen Lyon es terreno de caza mayor: la guía estándar de montañismo escocés indica la oficina de la finca de Meggernie, en Bridge of Balgie, como contacto durante la temporada del ciervo, y una llamada antes de una caminata de septiembre u octubre es cortesía normal, no una imposición. No hay centro de visitantes, ni un solo cartel que hable del fantasma, ni nadie en el valle vendiendo la historia. Esa ausencia forma parte del asunto: la leyenda de Meggernie ha sobrevivido siglo y medio sin una tienda de recuerdos al lado.

Fuentes consultadas

  1. Herbert Byng Hall, «Scottish Sports and Pastimes» — John and Daniel A. Darling, London, 1851 libro
  2. David MacGibbon and Thomas Ross, «The Castellated and Domestic Architecture of Scotland, vol. III (Meggernie Castle, p. 457)» — David Douglas, Edinburgh, 1889 libro
  3. David Prentice Menzies, «The "Red and White" Book of Menzies: The History of Clan Menzies and its Chiefs» — Glasgow (printing the Castle Menzies charter room papers, nos. 141 and 143), 1894 libro
  4. Augustus Grimble, «Shooting and Salmon Fishing: Hints and Recollections» — Chapman and Hall, London, 1892 libro
  5. Unsigned news item, «"The largest estate ever sold in Scotland in one lot at public auction…" (report of the Meggernie sale to John Bullough)» — Charlotte Home and Democrat (Charlotte, North Carolina), 19 October 1883, p. 2, 1883 hemeroteca
  6. Duncan Campbell, «Reminiscences and Reflections of an Octogenarian Highlander» — Northern Counties Newspaper and Printing and Publishing Co., Inverness, 1910 libro
  7. A. M. W. Stirling, «Ghosts Vivisected: An Impartial Inquiry into their Manners, Habits, Mentality, Motives and Physical Construction (Meggernie Castle, p. 56 ff.)» — Robert Hale, London, 1957 libro
  8. Alasdair Alpin MacGregor, «Phantom Footsteps: A Second Ghost Book (chapter "Haunted Meggernie", pp. 57-63)» — Robert Hale, London, 1959 libro
  9. Peter Underwood, «A Gazetteer of Scottish and Irish Ghosts» — Souvenir Press, London, 1973 libro
  10. Archie McKerracher, «Perthshire in History and Legend ("The Haunting of Meggernie Castle", p. 58)» — John Donald, Edinburgh, 1988 libro
  11. Augustus Grimble, «The Salmon Rivers of Scotland (the Lyon and the Meggernie water)» — Kegan Paul, Trench, Trubner and Co., London, 1899 libro
  12. L. J. Macgregor, «Atholl and Gowrie, North Perthshire: A Historical Guide (Meggernie, NN 554 460, "privately occupied")» — Birlinn, Edinburgh, 2000 libro

Ficha revisada por V. Serrano el 11/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

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