Monstruo del pantano de Honey Island es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Honey Island Swamp, Louisiana, US. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Monstruo del pantano de Honey Island?
Ubicación
Honey Island Swamp, Louisiana, US
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
30.23, -89.68
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Monstruo del pantano de Honey Island?
El Monstruo del pantano de Honey Island es un animal peludo y erguido, de unos dos metros y ojos ambarinos grandes, del que se informa en el bosque inundado que separa los ríos East Pearl y West Pearl, en la parroquia de St. Tammany (Luisiana). Toda la tradición descansa sobre dos controladores aéreos, Harlan E. Ford y Billy Mills, que en 1974 salieron del pantano con moldes de escayola de unas huellas palmeadas y sólo entonces contaron que también se habían topado con la criatura once años antes, en 1963. Un episodio de In Search of… emitido el 4 de marzo de 1978 llevó el caso a todo el país. Ford murió en 1980 y entre sus cosas apareció un rollo de película casera; su nieta, Dana Holyfield, publica el caso desde entonces y donó uno de los moldes a un museo de Abita Springs. Los moldes tienen cuatro dedos, no los tres que suelen citarse. Joe Nickell examinó uno y concluyó que era un fraude; la folclorista Frances Leary dedicó una tesis a por qué esta historia se cuenta, y se vende.
¿Cuál es la historia de Monstruo del pantano de Honey Island?
El pantano de Honey Island está en la parroquia de St. Tammany, Luisiana, en la maraña de brazos muertos que separa los ríos East Pearl y West Pearl, en la raya de Misisipi. Joe Nickell, que lo recorrió en diciembre de 2000, calculó unas 70.000 acres; el Área de Gestión de Fauna de Pearl River, que cubre buena parte de él, tiene 35.619 acres de tierra baja, llana, mal drenada y con inundación anual.
La historia que lo hizo famoso no empieza en el pantano, sino en una torre de control. Harlan E. Ford y su amigo Billy Mills eran controladores aéreos, no guías de caza profesionales, como se repite tantas veces. Ford cazaba y pescaba en el pantano en su tiempo libre y, según cuenta su familia, entraba en él con la cámara tan a menudo como con la escopeta.
En 1974 los dos salieron de una zona remota de aguas quietas con moldes de escayola de unas huellas que decían haber encontrado junto a un jabalí degollado. Sólo entonces añadieron que once años antes, en 1963, habían visto al animal: algo de más de dos metros, de pelo gris, que estaba a cuatro patas en un claro, se irguió sobre dos piernas para mirarlos y huyó a la espesura. Una tormenta de tarde, dijeron, había borrado aquellas primeras huellas. El encuentro de 1963 no se denunció nunca en su momento: salió a la luz en 1974, pegado a los moldes, y de ahí desciende todo lo que se ha contado después.
Ford llevó los moldes a Frank Davis, de la Comisión de Fauna y Pesca de Luisiana, que los examinó y lo puso en contacto con zoólogos de la Universidad Estatal de Luisiana; la Abita Mystery House, que hoy conserva uno de los moldes, cuenta que aquellos zoólogos se reunieron con Ford en 1974 para estudiarlos. El 4 de marzo de 1978 la serie sindicada In Search of… le dedicó un episodio, «The Swamp Monster», y entrevistó a Ford. Su nieta, Dana Holyfield, escribió después que tras la emisión «esto fue una locura de monstruos por aquí. Llamaba gente de todas partes».
Ford siguió buscando a la criatura hasta su muerte, en 1980: una vez ató una cabra como cebo y esperó en un puesto sobre un árbol con la escopeta y la cámara, sin resultado. Al morir, entre sus cosas apareció un rollo de película casera en el que se ve algo caminando erguido. Holyfield, criada en Slidell a la orilla del West Pearl, sostiene el relato desde entonces: el libro Encounters with the Honey Island Swamp Monster (1999), un documental con el mismo título, Honey Island Swamp Monster Documentations (2012) y otro libro anunciado en su web. También donó uno de los moldes de su abuelo al museo de Abita Springs. Casi todo lo que circula hoy sobre esta criatura nos llega a través de ella.
En diciembre de 2003 la folclorista Frances Leary presentó en la Memorial University of Newfoundland una tesis de máster sobre el caso, levantada sobre treinta y dos relatos recogidos en campo. Su tesis es que aquí no hay una tradición, sino dos: la folclórica, que cuentan pescadores y cazadores, y la mercantilizada, que venden las barcas de excursión, los museos y las camisetas. En la zona casi nadie lo llama «monstruo del pantano de Honey Island»: los pescadores dicen the Thing, «la cosa», y el ecólogo que lleva la excursión más conocida lo llama Wookie.
Cronología: los hechos documentados de Monstruo del pantano de Honey Island
1963 — contado en 1974Harlan E. Ford y Billy Mills, ambos controladores aéreos, dicen haberse topado en un claro con un animal de más de dos metros y pelo gris: estaba a cuatro patas, se irguió sobre dos piernas para encararlos y huyó. Una tormenta borró las huellas. Se lo cuentan a sus familias esa noche, pero no lo denuncian. El relato no llega impreso hasta el libro de Dana Holyfield de 1999.
1974 — los moldesFord y Mills salen de las aguas quietas con moldes de escayola de unas huellas palmeadas halladas, dicen, junto a un jabalí degollado. Es la primera denuncia pública, y sólo entonces añaden el encuentro de 1963. Ford enseña los moldes a Frank Davis, de la Comisión de Fauna y Pesca de Luisiana, que contacta con zoólogos de la Universidad Estatal de Luisiana.
4 de marzo de 1978La serie sindicada In Search of… emite «The Swamp Monster» (temporada 2, episodio 16), con entrevista a Ford. Holyfield escribió después sobre el efecto: «Cuando emitieron el documental, esto fue una locura de monstruos por aquí. Llamaba gente de todas partes».
1980 — aparece la películaMuere Harlan Ford. Entre sus cosas aparece un rollo de película casera en el que se ve algo caminando erguido. Su nieta Dana Holyfield es desde entonces la custodia y la difusora del relato.
7 de enero de 1992El Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de EE. UU. declara amenazado al oso negro de Luisiana (Ursus americanus luteolus). La norma consigna la presencia conocida de osos negros en la cuenca baja del East Pearl, en el sur de Misisipi: este mismo pantano.
1999Dana Holyfield publica Encounters with the Honey Island Swamp Monster (Honey Island Swamp Books, Pearl River, Luisiana). Es el texto fuente: tanto Nickell como Leary citan por él las palabras de Ford, que no dejó otro testimonio escrito.
4 de diciembre de 2000Joe Nickell recorre el pantano con el ecólogo Paul Wagner y el guía cajún Robbie Charbonnet, y entrevista a ambos. Charbonnet, cuarenta y cinco años en Honey Island y dieciocho como guía, le dice que nunca ha visto ni oído nada que no pudiera identificar.
julio-agosto de 2001Nickell publica «Tracking the Swamp Monsters» en Skeptical Inquirer. Mide un molde que le envió Holyfield: unos 25 centímetros de largo y cuatro dedos, no los tres que le asignan las guías criptozoológicas.
diciembre de 2003Frances Leary presenta su tesis de máster sobre el caso en la Memorial University of Newfoundland, con treinta y dos relatos recogidos en campo. Informa de que antes de julio de 2003 M. K. Davis y Jay Michael habían concluido que se fabricó un zapato para producir huellas falsas — «todavía en investigación», escribe. También recoge que la explicación local habla de un mono escapado de un tren de circo en los años cuarenta.
11 de marzo de 2016El Servicio de Pesca y Fauna Silvestre retira al oso negro de Luisiana de la lista federal de especies amenazadas (81 FR 13124), con efecto desde el 11 de abril. La subespecie que más se invoca para explicar los avistamientos es, para entonces, un éxito de recuperación y no una rareza.
2026 — quién lo sigue contandoDana Holyfield sigue llevando el caso desde su propia web, anuncia otro libro y vende el documental; Paul Wagner sigue sacando sus barcas de Slidell y mantiene una página dedicada a la criatura; y el molde sigue expuesto en la Abita Mystery House. La tradición sobrevive, como predijo Leary, en dos formas a la vez: la que se cuenta y la que se vende.
¿Hay una explicación racional para Monstruo del pantano de Honey Island?
Dos investigadores con nombre y apellidos han entrado a fondo en este caso, y ninguno de los dos dice lo que decía nuestro texto anterior.
Joe Nickell publicó su trabajo de campo en Skeptical Inquirer en julio de 2001. Contrató la excursión, entrevistó a los guías y pidió a Dana Holyfield una copia de uno de los moldes, que ella le envió. Sus objeciones son concretas. Ford y Mills son lo que los investigadores llaman «repetidores»: los mismos dos hombres aportan el avistamiento, las huellas, más huellas de tamaños distintos y un segundo avistamiento. El molde es pequeño — unos 25 centímetros, frente a los 35-40 habituales en los relatos de Bigfoot. Y las huellas no casan con la criatura descrita: un homínido peludo y erguido debería dejar una pisada más o menos humana, y los moldes de Ford son palmeados. Nickell añade la cuestión de las fechas: la reclamación de 1974 llega dos años después del taquillazo de The Legend of Boggy Creek (1972) y de la aparición del cómic Swamp Thing. Su conclusión es que las pruebas «apuntan a un fraude de los corrientes».
En el número de dedos nuestro texto anterior estaba sencillamente equivocado, y el error se puede rastrear. El museo que guarda el molde habla de huellas de cuatro dedos; Nickell contó cuatro en la copia que le mandó Holyfield. Frances Leary explica cómo se impuso el tres: a primera vista la huella parece de tres dedos, pero «un bulto romo, un poco más bajo que los dedos» sugiere un cuarto. Nickell completa el cuadro: los divulgadores archivan a la criatura entre los «merbeings de agua dulce», una categoría criptozoológica definida por huellas de tres dedos, «aunque los moldes de Ford exhiben en realidad cuatro». Una clasificación le prestó un pie que el animal nunca tuvo, y nosotros copiamos la clasificación.
El molde de madera tallado que atribuíamos a los escépticos no tiene autor. Nickell no lo sostiene en ningún momento sobre Ford; los pies tallados de su artículo pertenecen a otros fraudes, esos sí documentados: el leñador jubilado que confesó las huellas de 1930 en el monte Santa Elena y Ray Pickens, de Chehalis (Washington), que a principios de los setenta talló unos pies de dieciocho pulgadas, se los ató a las botas y dijo que lo hacía «no para engañar a los científicos, sino para engañar a los cazadores de monstruos». La única afirmación concreta sobre estos moldes que hemos podido localizar con nombres detrás está en la tesis de Leary: antes de julio de 2003, M. K. Davis y Jay Michael informaron de que se había fabricado un zapato para producir huellas falsas, un hallazgo que ella describe como todavía en investigación. No parece haberse publicado desde entonces.
En cuanto a la fauna: el oso negro de Luisiana, Ursus americanus luteolus, es una subespecie real, una de las dieciséis del oso negro americano. Entró en la lista federal de especies amenazadas el 7 de enero de 1992 y salió de ella el 11 de marzo de 2016, con efecto desde el 11 de abril. La propia norma de retirada dice que había osos negros en la cuenca baja del East Pearl, en el sur de Misisipi, que es este pantano. Un oso a cuatro patas que se yergue sobre las traseras para mirar a alguien está haciendo lo que hacen los osos, y es exactamente el movimiento que describió Ford en 1963. Eso no resuelve qué vio, y desde luego no explica los moldes: un oso deja cinco dedos y ninguna membrana. El avistamiento y las huellas tiran para lados distintos.
El circo no sobrevive al archivo. La versión que circula en Luisiana dice que un descarrilamiento soltó chimpancés de circo en el pantano a principios del siglo XX; en el trabajo de campo de Leary es un mono escapado de un tren de circo en los años cuarenta, y el cruce con caimanes es otra idea distinta, tomada de la forma de las huellas, que un científico describió como «un cruce entre un primate y un caimán grande». Hemos barrido el periódico de la propia parroquia, el St. Tammany Farmer de Covington, digitalizado en Chronicling America desde 1874. Páginas con «circus train» y «Honey Island» a la vez: cero. Páginas con «chimpanzee» y «Honey Island» a la vez: cero. Los controles en ese mismo periódico: «Honey Island» 355 páginas, «circus» 292 páginas, y una palabra inventada de control, 0. El periódico cubrió de sobra tanto el lugar como los circos ambulantes; nunca los juntó.
Quienes mejor conocen el pantano no están impresionados. Robbie Charbonnet, guía cajún con cuarenta y cinco años en Honey Island, le dijo a Nickell en diciembre de 2000 que nunca había visto ni oído nada que no pudiera identificar, y apuntó que estas historias pudieron servir para mantener a los forasteros lejos de los buenos cotos o de las destilerías clandestinas, o para que los niños no se metieran solos en la ciénaga. El naturalista John V. Dennis escribió en 1988 que «Honey Island, según mi experiencia, no está a la altura de su fama de sitio siniestro». Paul Wagner, el ecólogo de humedales que lleva la excursión más conocida, es más abierto: su propia web lo cita diciendo «tengo la mente abierta al respecto; no digo que exista ni que no exista».
Una última cosa, dicha con respeto hacia una autora viva que nunca ha ocultado su parte en el relato: la escena de 1963 se ha ido moviendo. En el libro de 1999, Holyfield sitúa a los dos hombres a pie en lo hondo del pantano, buscando un campamento abandonado que habían visto desde una avioneta bimotor. En su web de hoy van llevando provisiones a su campamento. Sesenta años después, la versión más antigua de la escena fundacional es un libro escrito treinta y seis años más tarde por alguien que no estaba allí.
¿Se puede visitar Monstruo del pantano de Honey Island?
No hay monumento, ni punto señalizado, ni «lugar del monstruo». Lo que se puede visitar es el pantano y un molde de escayola.
Área de Gestión de Fauna de Pearl River (Departamento de Fauna y Pesca de Luisiana): 35.619 acres del pantano, en la parroquia de St. Tammany. Dirección del acceso principal: 41446 Crawford Landing Rd, Slidell, LA 70461, unos diez kilómetros al este de Slidell y uno y medio al este del pueblo de Pearl River. Se entra en coche por la Old Highway 11 y en barca: hay rampas a lo largo de la U.S. 90, rampas de hormigón con aparcamiento en Davis Landing y Crawford Landing, y una rampa comercial en Old Indian Village. Se permite acampada rústica en Crawford Landing; para camping con servicios, el Fontainebleau State Park. Senderismo, observación de aves y fotografía están permitidos, y hay un campo de tiro público (Pearl River-Honey Island).
Avisos reales, todos de la propia página del LDWF. El terreno es llano, drena mal y se inunda cada año: cuando la escala del río en el pueblo de Pearl River alcanza los 16,5 pies, se cierran la Old Highway 11 y toda la caza salvo la de aves acuáticas, y el LDWF publica los niveles de agua en internet. El área es coto de caza en activo — ciervo de cola blanca, ardilla, conejo, aves acuáticas, agachadiza, chocha, sorteos de pavo, trampeo y caza de caimán —, así que conviene mirar las temporadas antes de entrar a pie y llevar naranja de seguridad en temporada de ciervo. Los caimanes aquí no son leyenda. Contacto del área: Forest Burks, 985-543-4777.
En barca y con guía es como lo ve casi todo el mundo. Dr. Wagner's Honey Island Swamp Tours, 55345 US-90, Slidell, LA 70461, tel. 985-641-1769 o 504-242-5877, lo lleva el ecólogo de humedales Paul Wagner: el mismo operador que contrató Joe Nickell en diciembre de 2000 para su investigación, y sigue abierto. Cajun Encounters también organiza salidas a Honey Island desde Nueva Orleans. Ojo: Pearl River Eco-Tours, que otras webs siguen citando como fuente, ya no tiene sitio operativo; no cuentes con ellos.
El molde está en la Abita Mystery House (antes UCM Museum), 22275 Highway 36, Abita Springs, LA 70420, tel. 985-892-2624, una atracción de carretera de arte popular a unas 25 millas del pantano según el propio museo. Su web anuncia apertura todos los días de 10:00 a 17:00 y entrada de 5 dólares para mayores de cinco años; conviene confirmarlo antes de ir, porque esas cifras llevan años en la página. El molde expuesto lo donó Dana Holyfield, nieta de Harlan Ford, y el cartel del museo describe la huella como de cuatro dedos.
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