Kuchisake-onna es un críptido —una criatura cuya existencia no está confirmada por la ciencia— del que se han reportado avistamientos cerca de Gifu Prefecture, Japan, JP. Este expediente reúne los relatos y el folclore que lo rodean.
¿Dónde y cuándo se ha avistado a Kuchisake-onna?
Ubicación
Gifu Prefecture, Japan, JP
Fecha del avistamiento
Desconocido
Coordenadas
35.391, 136.722
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Qué es Kuchisake-onna?
Kuchisake-onna, «la mujer de la boca rasgada», no es folclore antiguo sino un rumor con fecha de arranque rastreable. Una mujer con mascarilla aborda a alguien, normalmente a un niño que vuelve a casa, y le pregunta «¿soy guapa?»; al bajarse la mascarilla enseña la boca abierta a tajo hasta las orejas. El rumor empezó a circular por la prefectura de Gifu hacia finales de 1978 —se han propuesto como origen Minokamo, Yaotsu y la propia ciudad de Gifu— y la Biblioteca Nacional de la Dieta, revisando su microfilm, confirmó que su aparición impresa más antigua conocida es una columna de redacción en la página uno del Gifu Nichinichi Shimbun del 26 de enero de 1979. En unos seis meses había llegado a Aomori, en el norte, y a Kagoshima, en el sur, transportado por niños que se cruzaban entre distritos escolares en las academias de tarde. Coches patrulla recorrieron los barrios pidiendo a los niños que volvieran pronto y varios ayuntamientos organizaron regresos escolares en grupo; el 15 de junio de 1979 el propio periódico de Gifu informaba de que el revuelo remitía, y se apagó al empezar las vacaciones de verano. Los niños intercambiaban contramedidas: odia la pomada del pelo y te deja escapar si le ofreces caramelos duros bekko.
Casi todas las fichas de este atlas empiezan por una leyenda y caminan hacia atrás con la esperanza de encontrar una fecha. Kuchisake-onna es el caso contrario: la fecha es tan reciente que una bibliotecaria puede poner el periódico en un lector de microfilm y comprobarla. Y alguien lo hizo.
Un rumor con dirección postal. Hacia finales de 1978 empezó a circular por la prefectura de Gifu que se había visto a una mujer con la boca abierta a tajo hasta las orejas. El folclorista Iikura Yoshiyuki, de la Universidad Kokugakuin, da la versión que considera más probable —una anciana de una familia campesina del pueblo de Yaotsu la vio de pie en un rincón del huerto— y advierte de que hay otras versiones sobre dónde empezó. La Biblioteca Prefectural de Gifu, que custodia el índice de prensa local, deja constancia de la misma indeterminación en su propio expediente: los candidatos que anota como punto de partida son Minokamo, Yaotsu y la propia ciudad de Gifu. Lo que no está en duda es la prefectura ni la estación del año.
La primera línea impresa. La fecha que se repite para la llegada del rumor a la prensa es el 26 de enero de 1979, en el Gifu Nichinichi Shimbun. En 2018 un lector pidió a la Biblioteca Nacional de la Dieta que comprobara si era cierto. La biblioteca fue a su microfilm —signatura YB-255— y lo confirmó, con un detalle que cambia el cuadro: el texto está en la edición de la mañana del 26 de enero de 1979, en la página uno, dentro de la columna Henshū yoki, «Notas de redacción». La biblioteca revisó además del 23 al 29 de enero y no encontró ninguna otra pieza sobre el asunto en ese periódico. Dicho de otro modo: la mujer de la boca rasgada no entró en letra impresa como noticia de una agresión, sino como comentario al margen de un redactor sobre algo que decían los niños.
Cómo viajó. En cosa de medio año el rumor había pasado de Gifu a Aomori, en el extremo norte, y a Kagoshima, en el extremo sur. La explicación de Iikura es estructural antes que psicológica, y es la parte más interesante del expediente. Hasta entonces, sostiene, un rumor infantil rara vez cruzaba la frontera de un distrito escolar: no había por dónde. Lo que abrió el camino fue el juku, la academia privada de tarde-noche, que a finales de los setenta empezaba a absorber a muchísimos más alumnos y que juntaba en una misma aula a niños de varios distritos. Un niño oía en la academia lo que se contaba en otro colegio, se lo llevaba al suyo y de ahí seguía por teléfono a los parientes, hasta que otros periódicos y las televisiones lo recogieron e hicieron el resto.
Y la misma institución pone el miedo. Las academias empezaban al caer la tarde, así que al terminar los niños salían en grupo a una calle nocturna que no habían visto nunca, llena de adultos que tampoco habían visto: mujeres que iban a trabajar al ocio nocturno, borrachos saliendo de los bares. La inquietud sobre cuál de ellos podría hacerte daño es, para Iikura, la materia de la que está hecha la mujer de la boca rasgada.
Qué decían exactamente los niños. El mejor corpus conservado lo reunió el folclorista Nomura Jun'ichi, que recogió respuestas escritas directas de estudiantes universitarias desde 1981 y durante unos tres años —unas mil doscientas— y publicó catorce como ejemplos; Tsunemitsu Tōru, repasando en 2021 la obra de Nomura, señala que el primer capítulo de su Nihon no sekenbanashi (1995) está dedicado por entero a ella, bajo el epígrafe «La mujer de la boca rasgada: adónde va una historia». Leídas hoy en la transcripción de Itō Ryūhei, sorprende lo prácticas que son:
De Naha, Okinawa: lleva una mascarilla blanca grande que le llega a las orejas, está de espaldas al viandante, se vuelve de golpe y pregunta «¿soy guapa?»; si no contestas te amenaza con un cuchillo; corre cien metros en tres segundos; odia la pomada que la gente se pone en el pelo. De Chiba: sale entre el atardecer y la noche, y «como a la mujer de la boca rasgada le gustan los caramelos bekkō, si le das te perdona».
Qué hicieron los adultos. Dos de las respuestas de Nomura no describen a la aparecida, sino la reacción. De Hiratsuka, Kanagawa: «cuando corría el rumor, un coche patrulla recorría el barrio avisando: “aparece la mujer de la boca rasgada, volved pronto a casa”». De Kushiro, Hokkaidō, una mujer que entonces iba al instituto desde Akan: la aparecida llegó a Sapporo dos o tres días después de salir en Tokio, entró en Kushiro dos o tres días más tarde y se dejaba ver en los barrios de Shirakabadai y Sakuragaoka entre las cuatro y las cinco; «por eso se advirtió a los alumnos que volvían por esa zona». Itō anota que varios ayuntamientos organizaron regresos escolares en grupo por culpa del rumor, y que Kushiro fue uno de ellos. Iikura lo resume igual: los maestros y los padres también estaban preocupados, patrullaron y organizaron las vueltas a casa en grupo.
El final, y lo que vino después. Se apagó deprisa. El 15 de junio de 1979 el Gifu Nichinichi Shimbun publicó en su edición de tarde una pieza titulada «La mujer de la boca rasgada, nacida en Gifu: el revuelo por fin remite», ilustrada con un dibujo de cómo se la imaginaban; la Biblioteca Prefectural de Gifu la localizó mientras corregía su propio índice, que tenía la fecha desviada un día. Iikura sitúa el desplome al empezar las vacaciones de verano, cuando el aula dejó de ser un aula. Itō, que estaba en primero de primaria y oyó el rumor en Chitose, en Hokkaidō, fecha sus conversaciones de clase a primeros de julio como muy tarde, y recuerda a su madre diciendo que ya no podía ponerse mascarilla sin pensar en aquello. La versión comercial llegó justo cuando el rumor moría: el número de septiembre de Corocoro Comic, con fecha de 15 de agosto de 1979, traía un manga titulado «¡Terror! La mujer de la boca rasgada», de Hosoi Yūji.
Cronología: los hechos documentados de Kuchisake-onna
Finales de 1978Empieza a circular por la prefectura de Gifu el rumor de una mujer con la boca rasgada hasta las orejas. La Biblioteca Prefectural de Gifu anota en su expediente tres candidatos en competencia como punto de partida: Minokamo, Yaotsu y la ciudad de Gifu.
26 de enero de 1979Aparición impresa más antigua conocida. Consultada en 2018 para verificar la fecha, la Biblioteca Nacional de la Dieta revisó su microfilm del Gifu Nichinichi Shimbun (signatura YB-255) y localizó el texto en la edición de la mañana de ese día, en la página uno, dentro de la columna Henshu yoki, «Notas de redacción». Revisó del 23 al 29 de enero y no halló nada más sobre el asunto.
Primavera de 1979El rumor llega a Aomori, en el norte, y a Kagoshima, en el sur, en unos seis meses. Iikura Yoshiyuki atribuye el salto a la expansión de las academias de tarde, que por primera vez juntaban en un aula a niños de distintos distritos escolares, y después al teléfono, a otros periódicos y a la televisión.
1979 — Hiratsuka, KanagawaUn coche patrulla recorre el barrio anunciando que aparece la mujer de la boca rasgada y que los niños vuelvan pronto a casa. El testimonio lo dio a Nomura Jun'ichi Andō Yukiyo y se publicó entre sus catorce casos de muestra.
1979 — Kushiro, HokkaidōSe advierte a los alumnos que vuelven hacia los barrios de Shirakabadai y Sakuragaoka que tengan cuidado. Itō Ryūhei anota que varios ayuntamientos organizaron regresos escolares en grupo por el rumor y que Kushiro fue uno de ellos.
15 de junio de 1979El Gifu Nichinichi Shimbun publica en su edición de tarde un artículo titulado «La mujer de la boca rasgada, nacida en Gifu: el revuelo por fin remite», ilustrado con un dibujo de cómo se la imaginaban. La Biblioteca Prefectural de Gifu lo localizó al corregir su propio índice de prensa, que lo fechaba un día más tarde.
Primeros de julio de 1979Itō Ryūhei, entonces alumno de primero de primaria en Chitose, Hokkaidō, fecha sus propias conversaciones de clase sobre la aparecida antes de las vacaciones de verano como muy tarde. Recuerda a su madre diciendo que ya no podía ponerse mascarilla sin pensar en ello.
Verano de 1979El rumor se apaga hacia el comienzo de las vacaciones de verano. Iikura Yoshiyuki deja constancia de que hasta entonces maestros y padres habían hecho patrullas y organizado los regresos a casa en grupo.
15 de agosto de 1979El número de septiembre de Corocoro Comic, con esta fecha de publicación, trae un manga de Hosoi Yūji titulado «¡Terror! La mujer de la boca rasgada». La explotación comercial arranca justo cuando el rumor se está acabando.
1984Nomura Jun'ichi publica «La mujer de la boca rasgada y otras cosas» en Estudios comparados de tradición oral I, el trabajo que abre la investigación académica del caso. Sus catorce ejemplos se apoyan en respuestas escritas directas de estudiantes recogidas desde 1981 durante unos tres años, unas mil doscientas en total. Una versión ampliada aparece en Nihon no sekenbanashi en 1995.
1993Tsunemitsu Tōru reúne en Gakkō no kaidan su trabajo sobre las leyendas escolares, iniciado en 1986: el estudio que establece el rumor infantil de colegio como campo folclórico en Japón.
Septiembre de 2019Cierra la casa del miedo dedicada a la kuchisake-onna en la galería de Yanagase, en la ciudad de Gifu, tras cinco temporadas desde 2012.
2021Itō Ryūhei sostiene que lo que circuló en 1979 era en su mayor parte creencia popular y no relato —redactado en presente, sin personajes ni trama— y que ahí, y no en ningún estado de ánimo nacional, está la razón de que un niño de primero de primaria pudiera transmitirlo y de que cubriera Japón en seis meses.
¿Hay una explicación racional para Kuchisake-onna?
La pregunta útil no es si existió. Nadie en aquel momento creyó estar ante un fantasma, y ninguna de las fuentes que hemos leído documenta una agresión atribuible a ella. La pregunta útil es qué clase de cosa era esto, y sobre eso hay una respuesta académica reciente y sólida.
No era un relato. En 2021, cuatro décadas después de los hechos, Itō Ryūhei volvió al corpus de Nomura Jun'ichi y reparó en algo que nadie había subrayado: casi todos los testimonios están escritos en presente, no en pasado. No «tenía la boca rasgada hasta las orejas», sino «tiene la boca rasgada»; no «estaba allí de pie», sino «está allí de pie». Ese es el tiempo verbal de las reglas generales, el de «por la mañana sale el sol». Los testimonios no tienen personajes, ni escenario, ni principio, ni final: solo una lista de rasgos —lleva mascarilla, lleva una hoz, lleva abrigo, pregunta «¿soy guapa?», corre mucho—. La comparación de Itō es demoledora y exacta: es la misma forma que decir que el kappa tiene un plato en la cabeza y un caparazón en la espalda. No es una narración. Es, en el vocabulario técnico del folclore japonés, creencia popular (zokushin) y no relato (setsuwa). Y su conclusión es que ahí, y no en la psique del Japón de los setenta, está la razón de la propagación: «que la mujer de la boca rasgada se extendiera por todo el país se debe, según parece, a que esto no era un relato sino una creencia popular».
El mecanismo se entiende en cuanto se enuncia. Un relato hay que contarlo de principio a fin: si se cae un motivo, se derrumba en un sinsentido. Una lista no. Un niño de primero de primaria, sin ninguna destreza narrativa, puede transmitir una lista, y cualquiera puede añadirle un elemento sin reconstruir nada. Es exactamente lo que pasó: las «tres hermanas», la cirugía estética fallida, el accidente de tráfico, la fuga de un hospital psiquiátrico son añadidos posteriores, cada uno contestando a la pregunta infantil de por qué hace lo que hace. Itō lee esas adiciones como una racionalización y un empequeñecimiento de lo insólito. Conviene decir con todas las letras que la versión psiquiátrica fue un estigma corriente y dañino contra personas reales que nada tenían que ver.
Las contramedidas son la clave. La lectura del propio Nomura, que Itō recoge, era que el rumor llevaba dentro la maquinaria del cuento tradicional: la hoz procede de la costumbre popular, el relato de huida (tōsōtan) es un tipo reconocido —la misma forma que Kuwazu nyōbō, Ushikata yamauba o Sanmai no ofuda— y, sobre todo, la «pomada» funciona como jugon, palabra de conjuro. Un rumor que llega con su propio antídoto es un rumor que un niño puede usar. Di «pomada», o llévala puesta; ten a mano caramelos bekkō. Miedo más defensa utilizable es un paquete mucho más contagioso que el miedo solo, y convierte a quien escucha en participante en lugar de en público.
No era un monstruo, y por eso se lo creyeron los adultos. Itō señala que los niños de 1979 no la clasificaban como yōkai: la idea popular de yōkai, moldeada por Mizuki Shigeru, era algo con ropaje premoderno. Quítese el único detalle imposible —la velocidad, «más rápida que una moto»— y todos los demás rasgos podrían ser los de una persona. El novelista Kyōgoku Natsuhiko, entonces estudiante de bachillerato, lo dijo sin rodeos: «la primera vez que lo oí, el contexto era que una mujer con un trastorno mental estaba haciendo daño a niños, así que me lo creí de verdad. No había nada de yōkai ni de ocultismo». Itō añade el dato que debería frenar a cualquiera que trate esto como una historieta: por todo el país estaban ocurriendo de verdad agresiones dolorosas contra menores, los adultos leyeron el rumor en ese marco y por eso salió la policía y se organizaron los regresos en grupo. La reacción no fue credulidad: fue una respuesta razonable a un aviso de seguridad infantil que sonaba irrazonable.
Lo que las fuentes no sostienen. La afirmación que circula en inglés —que los folcloristas remontan su origen a relatos del periodo Edo sobre mujeres despechadas o mutiladas— no es lo que dicen los folcloristas que han trabajado el caso. Itō la sitúa en una genealogía moderna de espantajos robaniños conocidos por el rumor infantil: Kamasu-shoi, Kakurezatō, Fukurokatsugi, Aburatori, Aka-manto. Y propone para ellos la categoría de kaijin: ni humanos, ni fantasmas, ni zorros transformados, pero recibidos por los niños con el peso de un monstruo. En ninguna de las obras especializadas que hemos leído hay un argumento que derive el rumor de 1979 de un texto de Edo. Tampoco hemos podido verificar la simetría moderna según la cual ambas respuestas condenan a la víctima, ni la instrucción de gritar «pomada» tres veces: ninguna de las dos está en el corpus más antiguo.
Las lecturas psicológicas existen y conviene etiquetarlas como tales. Akiyama Satoko interpretó en 1988 la boca como un «útero dentado» y la figura como la ternura y la crueldad maternas a la vez; Itō, que es cortés al respecto, dice que el trabajo psicológico sobre este caso le parece un ajuste de las pruebas a una conclusión ya elegida, aunque resulte interesante como espejo de su época. El sociólogo Misumi Jōji, en 1991, clasificó a la mujer de la boca rasgada entre las leyendas urbanas que mutan según lo que hace buena una narración y no según lo que se puede comprobar: sitúa su velocidad punta en 60 km/h junto a los 80 del tsuchinoko y los 150 del perro de cara humana, y sostiene que sería un error leer esas cifras como testigos que exageran: lo que moldea una leyenda urbana es el doble criterio de resultar interesante como relato y mantenerse dentro de lo verosímil.
¿Se puede visitar Kuchisake-onna?
No hay nada que visitar, y fingir lo contrario sería deshonesto. La mujer de la boca rasgada no tiene casa, ni cruce, ni santuario, ni tumba. El pueblo de Yaotsu, el candidato más firme a lugar de origen del rumor, no tiene ningún hito ni ningún sitio asociado, y los vecinos de un pueblo agrícola pequeño tienen todo el derecho a no ser tratados como una atracción. Lo que sí existe es el rastro de papel, y está insólitamente a mano.
Biblioteca Prefectural de Gifu: la biblioteca que resolvió una de las consultas de referencia sobre las que se apoya esta ficha. Conserva el Gifu Nichinichi Shimbun y el índice provincial de artículos de prensa local, y su personal localizó la pieza de la edición de tarde del 15 de junio de 1979 revisando el papel cuando el índice resultó estar mal. Dirección: Usa 4-2-1, Gifu 500-8368 (tel. 058-275-5111). Abre de martes a viernes de 9:00 a 20:00, y sábados, domingos y festivos de 9:00 a 18:00; al vestíbulo se puede entrar desde las 8:45. Cierra los lunes (el martes siguiente si el lunes es festivo), el último viernes de cada mes por recuento de fondos, y del 28 de diciembre al 4 de enero. Desde la estación JR de Nishi-Gifu son catorce minutos a pie, o el autobús comunitario Nishi-gifu hasta la parada «Ken Toshokan / Bijutsukan»; desde las estaciones de JR o Meitetsu Gifu, la línea Kagashima-Ichihashi de Gifu Bus hasta «Ken Bijutsukan» y tres minutos andando. Hay siete aparcamientos compartidos con el museo de arte provincial contiguo, 446 plazas, todos gratuitos.
La Biblioteca Nacional de la Dieta, en Tokio, guarda el mismo periódico en microfilm con la signatura YB-255: el rollo que zanjó la cuestión del 26 de enero de 1979. Los dos expedientes de referencia están publicados enteros y son de lectura libre en la base de datos cooperativa de referencia de la propia biblioteca, enlazada más abajo, y los dos artículos de folclore japonés que se citan aquí son PDF gratuitos en la web de la sociedad japonesa de literatura oral (Society for Folk Narrative Research of Japan). Esta ficha se puede comprobar sin levantarse de la silla.
No busque el pasaje del terror. La galería comercial de Yanagase, en la ciudad de Gifu, montó una casa del miedo dedicada a la kuchisake-onna, Kyōfu no hosomichi («el estrecho sendero del terror»), con cinco temporadas entre 2012 y 2019. Cerró en septiembre de 2019.Si lo que quiere es ver yōkai en una vitrina, lo más cercano es el Museo Japonés del Yōkai Memorial Yumoto Kōichi (Miyoshi Mononoke Museum), Miyoshi-chō 1691-4, Miyoshi, Hiroshima (tel. 0824-69-0111). Abre de 9:30 a 17:00, con última entrada a las 16:30; cierra los miércoles por norma (el día siguiente si el miércoles es festivo) y en Año Nuevo. Entrada: 1.000 ¥ adultos, 600 ¥ estudiantes de bachillerato y universidad, 300 ¥ primaria y secundaria, con tarifas reducidas para grupos de veinte o más; menores en edad preescolar, gratis; gratuito también para titulares de certificado de discapacidad y un acompañante. El pase anual cuesta 4.000 ¥ (3.000 ¥ estudiantes). En recepción prestan gratis dos sillas de ruedas, un carrito de bebé y un bastón, y el aseo adaptado está en el edificio de usos comunitarios anexo. Se puede fotografiar en casi todas las salas, pero sin flash, sin trípode, sin palo selfi y sin vídeo. En tren, de Hiroshima a Miyoshi hay una hora y veinte minutos en el rápido de la línea JR Geibi, y de la estación al museo cinco minutos en coche o unos diez en autobús urbano; también hay un autobús de línea directo al museo desde la estación de autobuses de Hiroshima, hora y media. Conviene saber qué se va a ver: la colección es el fondo Yumoto Kōichi de material premoderno, articulado en torno a los libros y rollos del Inō Monogatari, de época Edo. No hay ninguna mujer de la boca rasgada en él. Esa ausencia es, a su manera, la tesis de esta ficha.
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