Peoria State Hospital es un lugar reputado como embrujado en Illinois, US. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Peoria State Hospital?
Ubicación
Illinois, US
Tipo
Hospital / manicomio
Coordenadas
40.639, -89.662
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Peoria State Hospital está embrujado?
El Peoria State Hospital abrió sobre Bartonville, Illinois, en 1902 con el nombre de Illinois Asylum for the Incurable Insane, y el doctor George A. Zeller tomó posesión el 1 de noviembre de ese año. En tres años había vaciado los pabellones de sujeciones: el informe bienal de 1908 reivindicaba un bienio completo en el que se atendió a dos mil pacientes sin sujeción mecánica, sin rejas en las ventanas y «sin girar ni una sola vez la llave sobre un paciente». Cerró en 1973. Lo que lo hizo famoso, sin embargo, fue un fantasma: «Old Book», un paciente anotado en el registro como A. Bookbinder porque nadie sabía su nombre, del que se cuenta que lloraba en cada entierro y que fue visto llorando en su propio funeral junto a un olmo que se secó poco después. El relato es del propio Zeller, pero lo publicó como «The Graveyard Elm», uno de una serie de cuentos que él llamó romances de manicomio y que los bibliógrafos catalogan desde entonces como ficción. De los edificios ya casi no queda nada. De los cuatro cementerios, con más de 4.000 tumbas y muchas señaladas solo con un número, sí.
El Bowen Building, bloque de administración y residencia de enfermeras, fotografiado antes de su demolición en 2017. De los 63 edificios originales quedaban 13 en pie en 2023.
Imagen:
Willjay · CC BY 3.0
¿Cuál es la historia de Peoria State Hospital?
El hospital que se hizo célebre por un fantasma dejó su propio testimonio escrito, y ese testimonio es más raro que el fantasma.
La institución abrió en 1902 en una loma sobre Bartonville, Illinois, con el nombre de Illinois Asylum for the Incurable Insane —«asilo de Illinois para dementes incurables»—, un rótulo que, escribió su director, «no transmitía ni ánimo ni esperanza». El gobernador John R. Tanner había nombrado cuatro años antes, en 1898, a George Anthony Zeller para dirigirlo; Zeller pasó esos cuatro años como cirujano militar en Filipinas y no cobró un solo dólar del sueldo. Tomó posesión el 1 de noviembre de 1902 y se encontró con 690 pacientes ya ingresados, todos trasladados desde el exceso de población de los demás manicomios estatales durante lo que él llamó su larga demora en volver a casa. «Ni uno solo venía de una casa de pobres —escribió—. En ningún caso había respondido la institución a la situación que precisamente se le había encargado remediar».
La situación era esta: un recuento de la junta estatal de beneficencia había contabilizado 2.983 dementes internados en los 101 asilos de pobres de Illinois. Zeller se puso a vaciarlos. En el otoño de 1904 abrieron ocho pabellones nuevos, de cien camas cada uno, y salió una circular a los jueces de condado ofreciéndose a acoger a veinte mujeres de cada casa de pobres; en tres meses llegaron unas setecientas personas.
Una de ellas fue Rhoda Derry, a la que subieron la cuesta desde la estación en un cesto de la ropa. Zeller reprodujo la descripción que de ella hizo el fiscal del condado de Adams en el informe estatal de 1908, bajo el epígrafe «Brujería del siglo XX»: una mujer de unos sesenta y seis años, cuarenta y tres de ellos en la casa del condado, ciega porque «se destrozó los ojos ella misma», guardada en un cajón cuya paja había que cambiar varias veces al día y con una identidad «prácticamente desconocida». Sus vecinos, decía la carta, atribuían su mal a la brujería. Murió el 19 de octubre de 1906 y Zeller anotó exactamente dónde fue a parar: «enterrada en la tumba número 217 del cementerio del asilo».
Con ese telón de fondo, su reforma se parece menos a una teoría progresista que a un rescate. El 1 de noviembre de 1905 —«exactamente tres años desde el día en que nos hicimos cargo»— el hospital tenía dos mil pacientes «sin una reja en ninguna ventana, sin un cuarto cerrado con llave, sin el menor vestigio de sujeción mecánica ni medicinal, y con una celadora o enfermera al frente de cada pabellón de hombres». El informe oficial de 1906 enumeraba las innovaciones como un programa: no sujeción, no encierro, jornada de ocho horas, mujeres cuidando a hombres dementes, separación de tuberculosos, colonización de epilépticos y fototerapia. El informe bienal de 1908 se abría reivindicando dos años completos en los que dos mil de «los dementes más violentos, destructivos y peligrosos del mundo» habían sido atendidos sin sujeción mecánica, sin narcóticos fuera de la enfermería, sin mampara ni reja en ninguna puerta o ventana y «sin girar ni una sola vez la llave sobre un paciente». En 1909 Illinois rebautizó todo el sistema: los asilos pasaron a ser hospitales estatales; los internos, pacientes; y las casas de pobres, hogares del condado.
Zeller dirigió el centro hasta 1913, fue alienista del estado de Illinois hasta 1917, regresó a la loma en 1921 y siguió allí hasta mediados de los años treinta. Murió en 1938, y el periódico que imprimían pacientes y empleados, Asylum Light, le dedicó su número del 29 de junio de aquel año. El hospital cerró en 1973.
Y el fantasma. En el relato que hizo famoso el lugar, un paciente registrado en el libro como A. Bookbinder —el oficio anotado como apellido porque nadie sabía su nombre— trabajaba en la cuadrilla de enterradores y lloraba en cada sepelio, lo que le valió el apodo de Old Book, «viejo Libro». En su propio funeral, cuentan las versiones, cientos de empleados y pacientes oyeron un llanto que salía de un olmo junto al cementerio y vieron su figura apoyada en el tronco; el árbol se secó poco después. De dónde salió ese relato es una pregunta con respuesta documentada.
Cronología: los hechos documentados de Peoria State Hospital
1898El gobernador John R. Tanner nombra a George Anthony Zeller director del inacabado Illinois Asylum for the Incurable Insane. Zeller pasa los cuatro años siguientes como cirujano militar en Filipinas y, según él mismo cuenta, no cobra un dólar del sueldo.
1 de noviembre de 1902Zeller toma por fin posesión en Bartonville. Encuentra 690 pacientes, todos trasladados desde el exceso de población de otros manicomios estatales y ninguno procedente de una casa de pobres, que era justo la población que la institución se había creado para aliviar.
Otoño de 1904Abren ocho pabellones nuevos de cien camas cada uno y sale una circular a los jueces de condado ofreciéndose a acoger a veinte mujeres de cada casa de pobres. En tres meses llegan unas setecientas personas, entre ellas Rhoda Derry, a la que suben la cuesta en un cesto de la ropa.
1 de noviembre de 1905Tres años justos después de tomar posesión, Zeller informa de dos mil pacientes atendidos «sin una reja en ninguna ventana, sin un cuarto cerrado con llave, sin el menor vestigio de sujeción mecánica ni medicinal». Ese mismo día el hospital publica su reglamento interno.
19 de octubre de 1906Rhoda Derry muere en el hospital. Zeller anota su entierro «en la tumba número 217 del cementerio del asilo» y reproduce en el informe estatal de 1908 la carta que describía sus cuarenta y tres años en la casa de pobres del condado de Adams, ciega, con una identidad «prácticamente desconocida» y un mal que sus vecinos atribuían a la brujería.
1908El informe bienal reivindica un bienio completo en el que dos mil de «los dementes más violentos, destructivos y peligrosos del mundo» fueron atendidos sin sujeción mecánica, sin narcóticos fuera de la enfermería y «sin girar ni una sola vez la llave sobre un paciente».
1909Illinois rebautiza el sistema: los asilos pasan a ser hospitales estatales; los internos, pacientes; y las casas de pobres, hogares del condado. Zeller anota el cambio en sus memorias como un acto deliberado sobre el lenguaje.
Hacia 1910El funeral del paciente conocido como «Old Book», inscrito en el registro como A. Bookbinder porque se ignoraba su nombre, es el escenario de la aparición que Zeller publicaría como «The Graveyard Elm». Ningún documento que haya podido consultar fija el año, y las tumbas llevan número en lugar de nombre, así que no hay contra qué contrastarlo.
1926-1927El Departamento de Bienestar Público de Illinois reedita los cuentos de Zeller aparecidos en su Welfare Magazine y publica la colección The Bereft: A Series of Asylum Romances, cuyo índice incluye «The Graveyard Elm». El American Fiction, 1901-1925 de Geoffrey D. Smith cataloga el libro como ficción.
Hacia 1930Zeller termina el mecanoscrito de su autobiografía, Befriending the Bereft. Nunca se publica: en el propio texto se queja de andar «buscando el modo de publicar estas memorias, ya que el Estado no ha tenido a bien hacerlo». La Alpha Park Public Library conserva el original y dos copias mecanografiadas.
29 de junio de 1938Muere Zeller. Asylum Light, el periódico que imprimían los pacientes y empleados del Peoria State Hospital, le dedica su número de esa fecha bajo el título «médico y amigo muy querido».
1973El Peoria State Hospital cierra tras setenta y un años de actividad.
25 de julio de 1980The Reardon Company, de Bartonville, presenta la solicitud para inscribir el Peoria State Hospital Historic District en el Registro Nacional de Lugares Históricos, con una memoria de significación de Tom Edwards y descripciones arquitectónicas de Anderson, Notter, Finegold, de Boston. La carta de remisión ya anuncia el plan de reservar un edificio para un museo. El distrito queda inscrito en 1982 con la referencia 82002590.
2017Se derriba el Bowen Building, un año después de que Bartonville aprobara un préstamo de 400.000 dólares para la demolición y de que el coste de retirar el amianto tumbara los últimos planes de rescate. En 2023 solo quedan en pie 13 de los 63 edificios originales.
¿Hay una explicación racional para Peoria State Hospital?
La historia de fantasmas del Peoria State Hospital no es un rumor crecido a oscuras. Tiene autor, y el autor la firmó.
Zeller la escribió con el título «The Graveyard Elm» («el olmo del cementerio»). Es uno de los nueve títulos de un libro suyo llamado The Bereft: A Series of Asylum Romances, publicado por el Departamento de Bienestar de Illinois, el mismo sello que reeditó sus cuentos «No Gentleman» (abril de 1926), «The Rajah's Return» (febrero de 1927) y «Treasure Cab» (mayo de 1927) aparecidos en su Welfare Magazine. Lo acompañan en el volumen «Fainting Fanny», «The Genealogist», «The Lucid Interval», «The Missing Meissonier», «The Necrophile», «The Port of Missing Identities», «The Post Mortem Finding» y «The Pyromaniac». Hay un ejemplar en la colección Peoria State Hospital de la Alpha Park Public Library de Bartonville, cuyo inventario público detalla el contenido cuento a cuento. Y la obra de referencia American Fiction, 1901-1925: A Bibliography, de Geoffrey D. Smith, recoge la ficha: «Zeller, George Anthony, 1858-1938. The bereft: a series of asylum romances». Su autor lo sacó como una colección de relatos y los bibliógrafos lo catalogan desde entonces como ficción.
El libro al que suele atribuirse el episodio es otro: la autobiografía de Zeller, Befriending the Bereft. Esa autobiografía nunca llegó a publicarse. La historia del hospital de Gary L. Lisman la cita como autobiografía inédita de hacia 1930; el inventario de la Alpha Park registra el original y dos copias mecanografiadas sueltas; y en el propio mecanoscrito lo dice Zeller con todas las letras, quejándose de que anda «buscando el modo de publicar estas memorias, ya que el Estado no ha tenido a bien hacerlo». Leyendo las 118 páginas del mecanoscrito que la biblioteca ha digitalizado, no he encontrado el episodio en ninguna parte. Los capítulos dedicados a Peoria son una campaña contra la sujeción mecánica, con reglamentos, informes y cartas citados; no una historia de fantasmas.
Nada del relato puede contrastarse con un documento, y eso es estructural más que sospechoso. El apellido del libro de registro era un oficio porque no se conocía el nombre del hombre; las tumbas de los cuatro cementerios del hospital están señaladas, por millares, con números en lugar de nombres; y el árbol ya no existe. Las versiones ni siquiera coinciden en qué le pasó: el Weird Illinois de Troy Taylor sitúa el inicio del deterioro pocos días después del funeral y su muerte antes de que acabara el año, mientras que Sylvia Shults lo fecha en unas semanas.
Lo que sí es verificable es el motivo, y Zeller nunca lo ocultó. Se pasó treinta años defendiendo por escrito que un público convencido de que los manicomios eran almacenes mirase a las personas que había dentro. En sus informes y sus memorias lo hace con nombres, fechas y referencias de página: Rhoda Derry en la tumba 217; Martha, de Spring Bay, que de otro modo habría sido «un simple número de expediente en nuestros registros». En The Bereft lo hace con relatos. Ambas cosas eran defensa de una causa; solo una de ellas era información.
¿Se puede visitar Peoria State Hospital?
Aquí no hay ningún manicomio abandonado que explorar, y el edificio que aparece en casi todas las fotografías del lugar ya no existe.
De los 63 edificios del recinto original, el Peoria Journal Star contaba 13 en pie en octubre de 2023. El Bowen Building —el bloque de piedra caliza de cuatro alturas con torreones en las esquinas que ilustra prácticamente todos los artículos sobre el sitio, incluida la fotografía de esta ficha— fue demolido en 2017, después de que el municipio de Bartonville aprobara en enero de 2016 un préstamo de 400.000 dólares para derribarlo y de que el coste de retirar el amianto tumbara todos los intentos de salvarlo.
Lo que sí se puede visitar es el Peoria State Hospital Museum, creado en 2013, que ha adquirido tres de los edificios supervivientes. Está en 4400 Industry Road, Bartonville, Illinois 61607, teléfono (309) 232-8794, y abre con cita previa durante la temporada de invierno. Entre sus piezas hay una vitrina personal del doctor Zeller y lo que describe como la única cuna de Utica del Peoria State Hospital que se conserva: una cama de sujeción exactamente del tipo que Zeller desterró.
Según anunciaba el museo en agosto de 2026, hay tres modalidades de visita. La visita histórica privada, los viernes de 18:00 a 21:00, cuesta 175 dólares por hasta cinco personas y dura tres horas a pie; recorre los cuatro cementerios del asilo, las construcciones que quedan, la exposición de objetos del pabellón B1 y termina con un turno de preguntas. Las veladas públicas de historia y paranormal se celebran cuatro sábados del calendario de 2026, a 20 dólares el programa histórico y 50 dólares con investigación incluida. Las reservas paranormales privadas van de 300 a 450 dólares según temporada y día, con seis horas incluidas y una señal de 200 a 250 dólares. Conviene confirmar las fechas en la web del museo antes de viajar: el calendario es corto y cambia cada año.
Y una petición que no cuesta nada. En esos cuatro cementerios están enterradas más de 4.000 personas, muchísimas de ellas bajo un número en lugar de un nombre. Son tumbas, no un decorado.
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