Saltair (Utah) es un lugar reputado como embrujado en Utah, US. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Saltair (Utah)?
Ubicación
Utah, US
Tipo
Edificio público
Coordenadas
40.747, -112.188
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Saltair (Utah) está embrujado?
Tres edificios han llevado el nombre de Saltair en la orilla sur del Gran Lago Salado, y la historia de fantasmas que se les asocia no pertenece exactamente a ninguno. El primero, un pabellón morisco sobre pilotes diseñado por Richard K. A. Kletting, lo levantó la Iglesia mormona en 1893 como «un lugar sano de recreo» bajo control eclesiástico y como «Coney Island del Oeste»; en su mejor momento recibía cerca de medio millón de personas al año. Ardió el 22 de abril de 1925. Un segundo pabellón abrió en 1926, cerró definitivamente tras la temporada de 1958 y quedó vacío hasta que un incendio lo destruyó en noviembre de 1970. Por medio, en 1962, su salón de baile abandonado fue el escenario del desenlace de Carnival of Souls, la película de culto de Herk Harvey, y de ahí viene casi toda la fama fantasmal de Saltair. Harvey había pasado junto al balneario en ruinas en 1961, de vuelta a Kansas: «Era el sitio más raro que había visto nunca», contó después. Un tercer Saltair, construido en 1981 a kilómetro y medio del emplazamiento original, funciona hoy como sala de conciertos. Circulan relatos de música de tiovivo traída por el viento al atardecer, pero no hemos podido rastrear ni un testigo, ni una fecha, ni una fuente.
Saltair son tres edificios, y casi todo lo que se cuenta de él pertenece al segundo.
El primero lo levantó la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en 1893, en la orilla sur del Gran Lago Salado, a unos veinticinco kilómetros del centro de Salt Lake City. La propia Iglesia construyó también el ferrocarril que llevaba hasta allí. El arquitecto fue Richard K. A. Kletting, que años después firmaría el Capitolio del estado de Utah, y lo que puso sobre el agua fue un pabellón morisco de cúpulas bulbosas asentado sobre pilotes. La Iglesia perseguía dos objetivos y tiraban en direcciones contrarias. En palabras del apóstol Abraham H. Cannon, debía ser «un lugar sano de recreo» bajo control eclesiástico; y debía ser además el «Coney Island del Oeste», la prueba de que Utah no era, según la fórmula del historiador John S. McCormick, «un lugar extraño de gentes y costumbres ajenas». En menos de una década el segundo objetivo había ganado a costa del primero.
Saltair abrió el Memorial Day de 1893 y se dedicó oficialmente el 8 de junio. La gente iba a bañarse, porque la sal permitía flotar como corchos, y a bailar, sobre una pista anunciada como la mayor del mundo, reclamo que Coney Island hacía por su cuenta al mismo tiempo. Había montaña rusa, tiovivo, noria, casetas de feria, carreras de bicicletas, compañías de vodevil en gira, rodeos, corridas, paseos en barca, fuegos artificiales y globos aerostáticos. El bañador y la toalla se alquilaban por diez centavos. Los trenes del Salt Lake, Garfield & Western salían cada cuarenta y cinco minutos desde las nueve y media de la mañana, y Wallace Stegner, citado en la historia del balneario escrita por los McCormick, recordaba que «trenes enteros rompían a cantar de golpe». Un volumen promocional del Deseret News de 1902 enumeraba entre los activos de Salt Lake City «Saltair, el balneario de interior más famoso del mundo». A comienzos de los años veinte recibía cerca de medio millón de visitantes al año.
Un incendio acabó con todo el 22 de abril de 1925 y se llevó el pabellón y el Hippodrome, una sala construida en el extremo sur en 1910 para patinaje y cine. El Hippodrome no se reconstruyó. El pabellón sí: Raymond J. Ashton y Raymond L. Evans diseñaron un segundo Saltair siguiendo las líneas generales del primero y se levantó al año siguiente. Nunca recuperó el público de antes, y el resto de su vida se lee como una lista de heridas. Un incendio de cien mil dólares en 1931. La Depresión. El viento y el salitre comiéndose la pintura y la madera, de modo que había que repintar el tejado cada año. En 1933 el lago retrocedió y dejó el balneario a ochocientos metros del agua para la que existía. Cerró durante la Segunda Guerra Mundial, reabrió, fue tirando y el 30 de agosto de 1957 perdió su montaña rusa, el giant racer, cuando rachas de 120 km/h derribaron la estructura en tres minutos: «fue como cerillas gigantes desmoronándose», le contó un operario a los McCormick. Saltair cerró definitivamente después de la temporada de 1958 y pasó a manos del estado en 1959.
Después estuvo doce años vacío, y es ese segundo Saltair abandonado —no el edificio de 1893, que era ceniza desde 1925— el que todo el mundo imagina. En octubre de 1964 el ferrocarril organizó una excursión nostálgica hasta allí, y el Deseret News contó el resultado: «Se acabaron los días de los siete mil pagando entrada. Solo se presentaron una docena de personas para el viaje». En noviembre de 1970 un incendio lo destruyó.
Un tercer Saltair, un edificio distinto sobre una parcela distinta a cosa de kilómetro y medio del original, se construyó en 1981 y abrió en julio de 1982. El lago subió acto seguido y dejó su planta principal bajo metro y medio de agua. En el otoño de 1992 lo compró la Great Salt Lake Land Company, dedicó seis meses a restaurarlo y a añadirle un escenario de conciertos, y lo reabrió el 8 de junio de 1993: cien años justos después de la dedicación del primer Saltair. Sigue funcionando hoy como sala de conciertos.
Cronología: los hechos documentados de Saltair (Utah)
30 de mayo y 8 de junio de 1893El primer Saltair, un pabellón morisco sobre pilotes diseñado por Richard K. A. Kletting, abre el Memorial Day y se dedica oficialmente el 8 de junio. Lo construye y lo posee la Iglesia mormona, que levanta además el ferrocarril de acceso y que vende el balneario a empresarios mormones privados en 1906.
1902Un volumen promocional del Deseret News enumera entre los activos de Salt Lake City «Saltair, el balneario de interior más famoso del mundo». El mismo libro recoge que Anthon H. Lund, para entonces segundo consejero de la Primera Presidencia de la Iglesia, figuraba en el consejo de la Saltair Beach Company.
12 de mayo de 1910Una escalera provisional se derrumba bajo el público que sale de un combate de boxeo y precipita al lago a casi cien personas. Esa noche corre por Salt Lake City el rumor de que hay miles de muertos; por la mañana el balance son contusiones y huesos rotos por los maderos, y el gerente del balneario culpa al peso del público y no a la obra.
22 de abril de 1925Un incendio destruye el pabellón de 1893 junto con el Hippodrome, una sala añadida en el extremo sur en 1910 para patinaje y cine. El Hippodrome no se reconstruye nunca.
1926Se construye en el mismo emplazamiento un segundo Saltair, diseñado por Raymond J. Ashton y Raymond L. Evans siguiendo las líneas generales del primero. Nunca recupera la popularidad anterior.
1933El descenso del nivel del lago deja el balneario a ochocientos metros del agua, uno de varios retrocesos que dejaron en seco un pabellón de baños levantado sobre pilotes dentro del lago.
30 de agosto de 1957Rachas de 120 km/h derriban la montaña rusa giant racer en tres minutos. «Fue como cerillas gigantes desmoronándose», le contó un operario a los historiadores Nancy D. y John S. McCormick.
1958-1959Saltair cierra definitivamente tras la temporada de 1958 y pasa al estado de Utah en 1959. Los intentos de salvarlo a lo largo de los años sesenta fracasan y queda abandonado.
1961De vuelta a Kansas desde un rodaje en California, el director de cine industrial Herk Harvey pasa junto al pabellón abandonado. «Era el sitio más raro que había visto nunca», contó después; ya en casa le llevó la idea a su compañero de la Centron, el guionista John Clifford.
1962Carnival of Souls se rueda en unas tres semanas por unos treinta mil dólares, y su secuencia culminante en el salón de baile se filma dentro del segundo Saltair, cerrado desde hacía cuatro años. La vida posterior de la película como objeto de culto es la principal fuente de la fama fantasmal del pabellón.
21 de octubre de 1964El Deseret News informa sobre una excursión nostálgica organizada hasta el balneario en ruinas por el ferrocarril Salt Lake, Garfield & Western: «Se acabaron los días de los siete mil pagando entrada. Solo se presentaron una docena de personas para el viaje».
Noviembre de 1970Un incendio destruye el segundo Saltair, el edificio filmado en Carnival of Souls. Por encima del suelo no sobrevive nada de él salvo postes carbonizados y pilotes sobre las llanuras.
Julio de 1982Abre un tercer Saltair, un edificio completamente distinto a kilómetro y medio del emplazamiento original, construido en 1981. La subida del lago deja pronto su planta principal bajo metro y medio de agua.
8 de junio de 1993Tras seis meses de restauración a cargo de la Great Salt Lake Land Company, que compró el edificio en el otoño de 1992 y le añadió un escenario de conciertos, el tercer Saltair reabre en el centenario exacto de la dedicación del primero. Hoy funciona como sala de conciertos.
¿Hay una explicación racional para Saltair (Utah)?
Aquí hay que separar dos cosas: lo que pasó en Saltair y lo que se dice que lo embruja.
No hemos encontrado ni un solo testimonio fechado, con nombre y de primera mano de nada paranormal en Saltair. Ni uno. Y no ha sido por buscar en el estante equivocado: Lost Landscapes: Utah's Ghosts, Mysterious Creatures, and Aliens (2007), una recopilación dedicada exactamente a esta clase de material, le dedica a Saltair varias páginas y las emplea en la historia del balneario y en el argumento de una película. La historia tan repetida de una música de tiovivo que el viento trae al atardecer no tiene testigo, ni fecha, ni fuente que hayamos podido rastrear, lo que significa que no hay en ella nada que comprobar ni nada que refutar.
Lo que sí tiene Saltair es una película. En 1961 Herk Harvey, director de cortos industriales y educativos para la Centron Corporation de Lawrence (Kansas), volvía a casa de un rodaje en California y pasó junto al pabellón abandonado. «Era el sitio más raro que había visto nunca», contó después. «Cuando volví a Kansas», explicó en el comentario del DVD de la película, «hablé de Saltair con mi amigo, compañero de trabajo y guionista John Clifford». Clifford construyó un guion alrededor de la localización. Carnival of Souls se rodó en unas tres semanas de 1962 por unos treinta mil dólares, y los espectros que valsean en su salón de baile eran personas maquilladas, filmadas en un edificio que llevaba cuatro años cerrado y que ardería ocho años más tarde.
Esa es la secuencia entera: el balneario cerró, una película tomó prestado su vacío, la película se convirtió en objeto de culto y la atmósfera que la película fabricó volvió pegada al lugar. Los folcloristas tienen nombre para las leyendas generadas o remodeladas por el cine en vez de por la tradición local, y Saltair es casi un caso de manual, porque la ruina que describe la leyenda no existe desde 1970 y el edificio que hoy está allí es de 1981.
Conviene decir también lo que sí ocurrió. La noche del 12 de mayo de 1910 una escalera provisional se vino abajo bajo el peso del público que salía de un combate de boxeo entre Pete Sullivan y «Cyclone» Johnny Thompson, y dejó caer al lago a cerca de cien personas. Por Salt Lake City corrió el rumor de que había miles de muertos y de que el balneario entero se estaba hundiendo. A la mañana siguiente estaba claro que el agua llegaba a la altura de las axilas, que el daño fueron contusiones y huesos rotos por los maderos que volaron —el relato de la Sociedad Histórica de Utah registra heridos, no muertos— y que el pánico había sido bastante peor que el accidente. Una emergencia real produjo un rumor que murió en una noche; una película produjo otro que ya ha sobrevivido dos veces al edificio.
¿Se puede visitar Saltair (Utah)?
Saltair no es una ruina visitable, y ese es el malentendido más frecuente. Del pabellón de 1893 no queda nada en pie desde 1925 y del de 1926 nada desde noviembre de 1970. El emplazamiento no figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos: no hay placa, ni museo, ni resto conservado. Wallace Stegner, al describir aquellas llanuras en su novela Recapitulation (1979), las pinta «sembradas de los tocones de los pilotes sobre los que el pabellón de Saltair se alzaba por encima de un agua que llegaba a la cintura»; Terry Tempest Williams, recorriendo el mismo terreno para Refuge, encontró «unos cuantos postes carbonizados». Según dónde esté el lago cada año, eso sigue siendo más o menos lo que hay.
Lo que sí se puede visitar es el tercer Saltair, que está abierto, muy activo y es fácil de alcanzar. The Great Saltair está en 12408 West Saltair Drive, Magna, Utah 84044, señalizado desde la Interestatal 80 en dirección oeste, salida 104, a unos veinte minutos del centro de Salt Lake City. Es una sala de conciertos, no un espacio patrimonial: no hay visitas diurnas y la manera de entrar es comprando entrada. Funciona con escenarios interior, anfiteatro y playa, y programa tanto grandes festivales de música electrónica como bandas de gira; muchos eventos son solo para mayores de 18 años. Las entradas se venden por Tixr y los pases de aparcamiento (unos 20 dólares) por Afton Tickets; la taquilla atiende en el (801) 857-4722 y en [email protected].
Por la misma salida se llega al parque estatal del Gran Lago Salado, que es adonde hay que ir si lo que se busca es el lago y no un concierto. El parque abre de amanecer a anochecer; el centro de visitantes, de lunes a jueves de 11:00 a 19:00 y de viernes a domingo de 9:00 a 20:00. El uso diurno cuesta 10 dólares por vehículo con hasta ocho ocupantes, 5 si conduce alguien de 65 años o más y 2 por ciclista o peatón, con pase anual de 50. Acampar va de 20 dólares la parcela sin servicios a 40 con agua y electricidad y 60 con conexiones completas. Conviene consultar el estado antes de contar con el puerto deportivo: el nivel del lago lleva años bajo y los accesos cambian con él.
Dos avisos prácticos. Lo que parece playa suele ser fondo del lago al descubierto, y es barro blando: mejor calzado que no importe perder. Y en verano las moscas de la salmuera se acumulan en la orilla en cantidades asombrosas, aunque no pican. En el lago no hay socorristas en ninguna parte.
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