Faro de St. Augustine es un lugar reputado como embrujado en Florida, US. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Faro de St. Augustine?
Ubicación
Florida, US
Tipo
Faro
Coordenadas
29.885, -81.289
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Faro de St. Augustine está embrujado?
La torre de cincuenta metros de la isla Anastasia se construyó entre 1871 y 1874 para sustituir a una vieja torre de vigía de piedra que el mar acabó derribando en 1880. Su historia de fantasmas nace en la obra. El jueves 10 de julio de 1873, cuando solo estaban levantados doce metros de torre, la vagoneta que bajaba sobre raíles hasta el muelle de suministros volcó al agua porque faltaba la tabla de tope. Se ahogaron tres niñas: Mary Pittee, de quince años, y Eliza Pittee, de trece, hijas del superintendente de construcción Hezekiah Pittee, y una niña afroamericana de unos diez años cuyo nombre el museo nunca ha conseguido establecer. Un joven trabajador negro, Dan Sessions, levantó el vagón que las aplastaba. Desde entonces, visitantes y antiguos empleados han relatado risas infantiles en la torre y una niña pequeña que está y deja de estar. Lo insólito es la institución: el St. Augustine Lighthouse & Maritime Museum vende las visitas de fantasmas y publica además, por escrito, la lista de las muertes que puede documentar y la de las que no.
La torre terminada en 1874, con su marca diurna en espiral blanca y negra, la linterna roja y la casa de los fareros a sus pies. Hezekiah Pittee, cuyas hijas se ahogaron aquí en julio de 1873, no fue nunca farero: era el superintendente que la construyó. El día del accidente, la torre de la imagen apenas levantaba unos doce metros.
Imagen:
Jon Zander (digon3) · CC BY-SA 3.0
¿Cuál es la historia de Faro de St. Augustine?
La torre de bandas blancas y negras de la isla Anastasia no es la primera luz que ha habido en este suelo, y el hombre al que suele señalarse como padre de las niñas fantasma nunca fue farero aquí.
La vigilancia empieza con la corona española. La propia cronología del museo fecha la primera referencia de archivo documentada a una torre de vigía de madera en el extremo norte de la isla en el mapa que Giovanni Battista Boazio publicó en 1589 sobre el asalto de Francis Drake a San Agustín en 1586. Hacia 1737 los españoles la habían sustituido por una torre de coquina —la roca de conchas local— de unos nueve metros, con una canoa amarrada en el puesto de centinela y una verga con drizas para señalar por dónde venían los barcos. Los británicos, que tuvieron Florida desde 1763, le añadieron nueve metros de madera encima, y cartas náuticas de 1764, 1780 y 1794 marcan en Anastasia una «balise» o directamente un «lighthouse». El expediente que llevó la estación al Registro Nacional resume el capítulo estadounidense citando el hito conmemorativo del condado: la torre de piedra «se convirtió en faro en 1823 y se usó hasta que se la llevó el mar». La recrecieron tres metros en 1852, le pusieron una lente Fresnel de cuarto orden en 1853, quedó a oscuras durante la Guerra Civil cuando simpatizantes confederados escondieron la lente y el mecanismo, y volvió a encenderse en 1867.
Después ganó el mar. Con la torre vieja descalzada por el oleaje, el Congreso financió una nueva: el 10 de octubre de 1871 el Lighthouse Board firmó un contrato de 11.900 dólares con Paulding, Kemble and Company, de Cold Spring (Nueva York), para la obra metálica; el gobernador Harrison Reed cedió la jurisdicción estatal sobre las cinco acres compradas el 16 de mayo de 1872; y la torre terminada, de 50 metros, costó unos 105.000 dólares, con el plano focal a 31 metros sobre el mar y una luz visible a diecinueve millas.
El encargado de construirla fue Hezekiah H. Pittee (1826–1918), natural de Maine y superintendente de construcción de faros de la costa atlántica. Era el constructor, no el farero: el formulario del Registro Nacional lo consigna en la casilla de «constructor/arquitecto», y quien encendió por primera vez la lente de primer orden, el 15 de octubre de 1874, fue el farero William R. Russell. Pittee se había traído a su familia desde Cape Elizabeth (Maine) para vivir en la propia obra mientras esta se alargaba.
En el verano de 1873 solo estaban levantados los cimientos y doce metros y medio de los cincuenta de la torre. Una vagoneta sobre raíles subía los materiales desde los barcos que descargaban en Salt Run hasta el tajo, y los niños se dejaban caer con ella hasta el agua por diversión; una tabla de madera al final del carril era lo único que impedía que el vagón volcara en la bahía. El jueves 10 de julio de 1873 la tabla no estaba puesta.
Quién murió aquel día es justo donde casi todas las versiones —incluida la que tenía esta ficha— pierden a una niña por el camino. El museo ha publicado dos relatos. Su página de 2010 dice que cayeron cinco niños al agua, que los obreros salvaron a un niño y a una niña, y que los muertos fueron «dos de las hijas de Pittee, Mary (15) y Eliza (13), y una niña negra, o sirvienta o hija de un trabajador». Su versión de 2020, firmada por la responsable de programas especiales Kelcie Lloyd, pone cuatro niñas en la vagoneta —Mary (15), Eliza (13), Carrie (4) y una niña afroamericana sin nombre de unos diez años cuyo padre pudo trabajar en la obra—, cuenta que un joven trabajador afroamericano llamado Dan Sessions levantó el vagón que las aplastaba y que la única superviviente fue Carrie, la de cuatro años. Las dos versiones coinciden en lo que importa: una de las tres muertas era una niña negra y el museo no ha logrado ponerle nombre. Los Pittee se llevaron a sus hijas a Maine para enterrarlas. «Nuestros investigadores no han conseguido todavía encontrar el lugar donde descansa la niña afroamericana», escribió el museo en 2020.
El resto de la historia de la estación es corriente y está bien documentado. La torre vieja, descalzada por el mar, se derrumbó en 1880; a finales de esa década los turistas de Flagler merendaban sobre sus escombros con la marea baja, y en 2001 los arqueólogos del museo levantaron el plano de sus cimientos. La casa de los fareros, un dúplex de ladrillo, estuvo lista en 1876 y ganó dos cocinas exteriores en 1888. La luz se electrificó en 1936, se rebajó de 20.000 a 5.000 candelas durante la guerra submarina y se automatizó en 1955, cuando se marchó James Pippin, el último farero residente. Un incendio sospechoso vació la casa en 1970; dieciséis mujeres de la Junior Service League de San Agustín se hicieron cargo en 1980, reunieron más de 1,2 millones de dólares y restauraron casa, torre y la lente original fabricada en París. El conjunto entró en el Registro Nacional el 19 de marzo de 1981 y quedó abierto por completo al público en 1994; la Guardia Costera entregó torre y lente al museo en 2002.
Cronología: los hechos documentados de Faro de St. Augustine
1589Giovanni Battista Boazio publica su mapa del asalto de Francis Drake a San Agustín en 1586. El museo lo considera la primera referencia de archivo documentada de una torre de vigía de madera en el extremo norte de la isla Anastasia, el antepasado de la estación de luz.
1823La vieja torre de vigía española de piedra se convierte en faro ya bajo administración estadounidense. El hito conmemorativo de Lighthouse Park, citado en el expediente del Registro Nacional, dice que «se convirtió en faro en 1823 y se usó hasta que se la llevó el mar».
Diciembre de 1859El farero Joseph Andreu muere al caer mientras encalaba la torre vieja. Su viuda, Maria Andreu, se hace cargo de la luz en enero de 1860; la Guardia Costera estadounidense la reconoce como la primera mujer hispanoamericana al mando de una instalación federal en tierra.
10 de octubre de 1871El Lighthouse Board contrata con Paulding, Kemble and Company, de Cold Spring (Nueva York), 11.900 dólares de obra metálica para un faro de primer orden en San Agustín. Dirige los trabajos Hezekiah H. Pittee, superintendente de construcción de faros y natural de Maine.
Jueves 10 de julio de 1873Con solo los cimientos y doce metros de torre levantados, la vagoneta de materiales se sale del carril y cae al agua porque falta la tabla de tope. Mueren ahogadas Mary Pittee (15), Eliza Pittee (13) y una niña afroamericana sin nombre. Dan Sessions, un joven trabajador negro, levanta el vagón que las aplasta; la versión del museo de 2010 dice que se salvaron un niño y una niña, y la de 2020 que la única superviviente fue Carrie Pittee, de cuatro años.
15 de octubre de 1874El farero William R. Russell enciende por primera vez la lámpara de aceite dentro de la nueva lente Fresnel de primer orden, fabricada en París por Sauter & Lemonier. La torre, de 50 metros, ha costado unos 105.000 dólares.
1880La torre vieja, construida demasiado cerca de la orilla y descalzada por el mar, se derrumba. Sus cimientos fueron documentados por los arqueólogos del museo en 2001.
1955La luz se automatiza y se marcha James Pippin, farero desde 1953 y el último que vivió en la estación. El museo cuenta que ya se había mudado al pequeño edificio de vigilancia de 1941 diciendo que «la casa grande estaba embrujada y no pasaría en ella ni una noche más».
1970Un incendio sospechoso vacía la casa de fareros, deshabitada, y deja en pie el sótano de coquina y unas vigas quemadas. El condado de St. Johns se plantea demolerla; la Junior Service League de San Agustín se hace cargo en 1980 y reúne más de 1,2 millones de dólares para restaurar la estación.
19 de marzo de 1981El faro y la casa del farero entran en el Registro Nacional de Lugares Históricos con un expediente firmado por Roila L. Queen en diciembre de 1980, que los llama las estructuras de ladrillo más antiguas que se conservan en la ciudad y consigna a Pittee como constructor, no como farero.
3 de mayo de 2006El Sci Fi Channel emite el episodio de Ghost Hunters rodado en la estación, la aparición más antigua ante gran público que se puede fechar de estas historias. Según el resumen publicado por Syfy, el equipo reprodujo el famoso ruido del cubo que cae dando un portazo a una ventana cercana.
29 de noviembre de 2010La Wayback Machine captura la página del museo «Los hechos detrás de las historias de fantasmas», que enumera las muertes documentadas en el recinto, niega que ningún farero cayera de la torre actual y afirma que no hay prueba del ahorcamiento que tanto se repite. En esa fecha los actos nocturnos aún se describen como invitaciones para donantes.
2 de marzo de 2020La responsable de programas especiales Kelcie Lloyd publica el relato más completo del museo sobre las niñas Pittee: los nombres y las edades, Dan Sessions, la tumba nunca localizada de la niña negra y la afirmación sin verificar de una vidente de que se llamaba Ellie o Eleanor.
¿Hay una explicación racional para Faro de St. Augustine?
Este es uno de esos casos raros en que el negocio que vende el fantasma es también el mejor escéptico disponible, y ha dejado las dos posturas por escrito.
El negocio existe y no se oculta. El museo vende al menos cuatro productos paranormales —la Dark of the Moon Ghost Experience, una noche solo de investigación, las Lighthouse Ghost Tales y las investigaciones privadas fuera de horario— y los anuncia con reclamos como «All Ghosts No Gimmicks!» («todo fantasmas, sin trucos») o «compruébelo usted mismo: estamos siempre entre los sitios más embrujados de San Agustín». La visita no es nueva: una página archivada el 23 de mayo de 2011 ya ofrecía Dark of the Moon viernes, sábados y domingos a 25 dólares por adulto y 20 por niño. El museo dice además a qué va ese dinero: las visitas «ayudan a financiar programas del museo, entre ellos la arqueología marítima y la investigación histórica». Hablamos de una institución acreditada con su propia unidad de arqueología, LAMP, fundada en 1999.
Y, aun así, esa misma institución publica desmentidos que ningún operador de tours de fantasmas se molestaría en escribir. Su página de 2010, titulada «Los hechos detrás de las historias de fantasmas», enumera todas las muertes que puede documentar en el recinto y a continuación tumba las favoritas: «Ningún farero se cayó nunca de la torre actual» (Joseph Andreu se cayó de la vieja y murió en 1859; John Carrera murió en 1853; el farero jefe William Harn murió de tuberculosis el 1 de abril de 1889) y, sobre el ahorcado de tantas versiones, «que sepamos, aquí no se ahorcó nadie nunca. Hay una historia de un marinero de paso que se habría ahorcado en la casa en los años treinta. No tenemos ninguna prueba de que ocurriera». La misma página reproduce, con evidente gusto, un suelto de The St. Augustine Star del 4 de enero de 1872 sobre un fantasma fallido en el fuerte: «No nos impresionan estos fantasmas de pega». En 2020 Kelcie Lloyd trató los relatos igual —«puede leer algunos y decidir usted mismo si son ciertos o no»— y cerró con un «obviamente, no podemos explicar los sucesos que nos cuentan en nuestras visitas, pero le invitamos a comprobarlo usted mismo». Cuando una vidente aportó un nombre para la niña negra ahogada, el museo publicó a la vez la afirmación y su propia cautela: «hace poco una nos dijo que la niña afroamericana se llamaba Ellie o Eleanor. Seguimos con la investigación de archivo y esperamos encontrar algún día pruebas históricas que lo confirmen». El nombre es de una vidente, no de un documento.
Los relatos son eso, relatos, y el museo los atribuye: un farero suplente de los años cincuenta que oyó pasos arriba y no encontró a nadie; James Pippin, farero entre 1953 y 1955, que se mudó al pequeño edificio de vigilancia costera de 1941 jurando que «la casa grande estaba embrujada y no pasaría en ella ni una noche más»; un artesano del cuero que alquiló la vivienda en los sesenta y se despertó con una niña pequeña junto a la cama; guías y visitantes que hablan de risitas en la torre y de picos en los medidores de campo electromagnético que alquila el propio museo. Todos llegan a través del museo y décadas después.
Dos cosas no acompañan a la leyenda. La primera, las fechas: nada ata la historia de fantasmas a 1873. Las apariciones públicas más antiguas que se pueden fechar son recientes: el episodio de Ghost Hunters rodado para el Sci Fi Channel en 2006 (el museo confirma rodajes en 2006 y 2008, y un regreso emitido por A&E el 4 de septiembre de 2019), la propia página de fantasmas del museo archivada en noviembre de 2010 y la página de la visita archivada en mayo de 2011. La segunda, el archivo: el accidente no se puede contrastar desde aquí en la prensa de la época, porque Chronicling America, la hemeroteca de la Biblioteca del Congreso, no conserva ni una sola página de periódico de Florida entre 1870 y 1875. El control es lo que da valor a ese cero: la misma colección devuelve 297 resultados de «Augustine» en prensa de Florida entre 1876 y 1880 y 1.846 entre 1885 y 1889, y «Pittee» en todo el corpus de 1873, con todos los estados, da seis páginas, ninguna sobre un ahogamiento. Las muertes de 1873 se sostienen en la investigación de archivo del museo, y los fantasmas en lo que han relatado visitantes y antiguos empleados.
Las explicaciones mundanas son las de siempre, y una la encontró el propio programa: en la investigación de 2006, según el resumen publicado por Syfy, el equipo reprodujo el famoso ruido del cubo que cae en el descansillo dando un portazo a una ventana cercana. Súmese una chimenea de ladrillo de cincuenta metros con 219 escalones de hierro, el viento marino, una casa de madera y visitantes que la suben a oscuras con una barrita luminosa después de una hora de historias sobre niñas ahogadas.
¿Se puede visitar Faro de St. Augustine?
El St. Augustine Lighthouse & Maritime Museum abre todos los días y no hace falta apuntarse a ninguna visita de fantasmas para entrar. La dirección para el GPS es 100 Red Cox Drive, St. Augustine, FL 32080 (la postal, 81 Lighthouse Avenue, no es la entrada) y el aparcamiento es gratuito.
Horarios comprobados el 13 de agosto de 2026: de 9.00 a 18.00 todos los días entre el 1 de octubre y el 28 de febrero, con la última entrada a las 17.30; de 9.00 a 18.30 entre el 1 de marzo y el 30 de septiembre, última entrada a las 18.00. Cierra el día de Acción de Gracias y el de Navidad, y en Nochebuena a las 15.00. Además publica una lista de jornadas con cierre anticipado, así que conviene mirar el calendario antes de ir.
La entrada general incluye la subida: 219 escalones de hierro hasta la galería, más la casa de fareros de 1876, el barracón y el garaje de la Segunda Guerra Mundial, el laboratorio de conservación, los senderos del bosque costero y el parque infantil. La torre tiene normas duras y se aplican: los niños deben medir al menos 1,12 m (44 pulgadas) y subir por su propio pie, está prohibido subirlos en brazos y no se admiten animales en la torre, tampoco los de asistencia. La torre puede cerrar sin aviso por mal tiempo. No dé por buenos los precios que lea en ningún sitio, tampoco aquí: la entrada se vende por internet y cambia; en agosto de 2026 el museo anunciaba un código de descuento del 15 % para compras en línea y la exclusiva visita a la sala de la lente, antes del amanecer, costaba 500 dólares por persona.
Los programas nocturnos de fantasmas se pagan aparte, se reservan con antelación y se agotan a menudo: la Dark of the Moon Ghost Experience (relatos, tiempo de investigación y subida a la torre con una barrita luminosa), una noche solo de investigación con grupos reducidos, las Lighthouse Ghost Tales —aptas para familias— y las investigaciones privadas fuera de horario. Los socios del museo tienen descuento en la Dark of the Moon.
La accesibilidad es parcial y el museo la describe con honradez: aparcamiento accesible con rampa al centro de visitantes y la tienda, aseos públicos accesibles, rampa a la planta principal de la casa de fareros y acceso completo al garaje de la Segunda Guerra Mundial y al centro educativo marítimo. La torre es una estructura histórica y no tiene ascensor. El recinto es zona libre de armas, no se pueden volar drones sobre él en horario de apertura y grabar con fines que no sean personales exige firmar antes un acuerdo de uso.
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