Tokeland Hotel es un lugar reputado como embrujado en Washington, US. Su fama procede de apariciones, fenómenos inexplicables y testimonios recogidos a lo largo del tiempo.
¿Dónde está Tokeland Hotel?
Ubicación
Washington, US
Tipo
Hotel / posada
Coordenadas
46.708, -123.985
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Por qué se dice que Tokeland Hotel está embrujado?
El hotel más antiguo del estado de Washington, según lo llaman sus dueños, empezó en 1885 como una casa de labranza en una península entre el Pacífico y la bahía de Willapa, y no abrió a los viajeros como Kindred Inn hasta 1899. Su historia de fantasmas es célebre y su documentación es nula. Charley, en la versión que el hotel cuenta desde 1993 por lo menos, era un chino desembarcado de contrabando en los años de la Exclusion Act y escondido en el hueco de detrás de la chimenea del salón; en la versión que su gerente contó a un periodista de radio en 2019, era un sirviente por contrato fugado que murió allí por monóxido de carbono al encenderse el fuego. Ni apellido, ni fecha, ni acta de defunción, ni una línea en el expediente patrimonial de 1977, que en cambio sí menciona los burdeles de Aberdeen. Lo que sí se puede fechar es el relato: el escondrijo de la chimenea aparece en The Seattle Times en 1993 sin fantasma ninguno, las apariciones asoman en un directorio aficionado en 2002 y el nombre de Charley sale por primera vez en la web del propio hotel en 2003, dentro de un paréntesis que dice: pregúntele a su posadero por Charley.
El Tokeland Hotel desde el césped, en 2009. El expediente del Registro Nacional describe una casa de labranza de 1885 que abrió a los viajeros como Kindred Inn en 1899; el «1889» que el propio hotel imprimió durante quince años no está en ningún documento.
Imagen:
Joe Mabel · CC BY-SA 3.0
¿Cuál es la historia de Tokeland Hotel?
La tierra es anterior al hotel, y ya venía con nombre puesto.
En 1858 George Brown se estableció en Toke Point, una península baja en la orilla norte de lo que entonces se llamaba Shoalwater Bay. La punta estaba llena de ostras y, según la ficha del Registro Nacional, «habitada solo por nativos de la tribu willapa»; uno de ellos, el jefe Toke, le dio nombre al lugar. La hija de Brown, Elizabeth —Lizzie para todo el mundo—, nació en Bruceport en 1862 y creció sin más compañeros de juego que los niños de aquella comunidad. La colección de cestería y objetos que salió de esa amistad estuvo expuesta en el hotel hasta su muerte, en 1931. Tokeland sigue siendo territorio tribal: aquí está la reserva de Shoalwater Bay, 135 hectáreas apartadas por orden ejecutiva del presidente Andrew Johnson el 22 de septiembre de 1866, y el centro tribal atiende al pueblo entero.
William Stingly Kindred nació en el condado de Clatsop, Oregón, en 1857, en una familia que había llegado por tierra al Territorio de Oregón en 1844 y que al año siguiente subió al Puget Sound con el grupo que fundó Tumwater; su padre, B. C. Kindred, fue uno de los primeros prácticos del río Columbia. William llegó a Toke Point en 1880 desde la casa paterna de Portland, trabajando en la construcción de la estación de salvamento de North Cove. Allí conoció a Lizzie Brown y se casaron ese mismo año.
En diciembre de 1884 compró a su suegro las 364 hectáreas del homestead, con la lechería y el negocio de ostras incluidos. Al año siguiente el matrimonio levantó la casa de labranza que sigue siendo el ala sur del hotel: dos plantas de entramado de madera, unos 12 por 20 metros, cubierta a dos aguas, una chimenea de ladrillo embutida en el muro norte y un porche cubierto de metro y medio en la fachada este, la que mira a la bahía. La madera llegó en barca desde un aserradero de South Bend. Por fuera se forró con tabla solapada de quince centímetros; por dentro, tablones verticales aserrados en bruto, cubiertos de arpillera y luego empapelados.
Eso es 1885, y lo que salió de allí fue una casa. El hotel llegó catorce años después. En 1899, con cada vez más viajeros bajando por la bahía, los Kindred añadieron un segundo cuerpo de dos plantas y abrieron su casa al público como Kindred Inn; poco después el nombre pasó a ser Tokeland Hotel. Entre 1898 y 1915 William fue el jefe de correos de Tokeland y el hotel hizo de oficina postal del pueblo. Un ala más, en 1910, dejó el edificio en forma de C, trajo el alumbrado de gas y una segunda chimenea grande, y fijó la silueta que el sitio conserva.
La modernización la dirigió su hija Maude. A lo largo de los años veinte y treinta metió fontanería, cambió el gas por electricidad y sacó el comedor hasta el borde de los porches del este —por eso la fachada que se construyó como principal funciona hoy como trasera—. Un anuncio en el Southwest Washington Labor Press del 29 de agosto de 1924 enseña lo que vendía la casa en la última década de Lizzie, bajo el título «Aquí se baña uno en el oleaje sin temer la resaca»: «Tokeland Hotel. Sra. de W. S. Kindred, propietaria. Marisqueo de almeja. Pesca de cangrejo. Comedor ampliado. Entorno precioso. El rincón más agradable del balneario. Precios especiales por semana. Reserve por telegrama o por carta». Los huéspedes llegaban en los vapores Reliable y Shamrock al muelle de Toke Point, hasta que las carreteras construidas durante la Depresión desde Aberdeen y luego desde Raymond los sustituyeron. La ficha patrimonial no disimula con la Ley Seca: aislada y cerca de Canadá, la bahía de Willapa apenas se vigilaba, y el hotel «supuestamente ofrecía a sus huéspedes atractivos que iban más allá de la buena mesa y el alojamiento cómodo». Al levantarse la prohibición en 1933, Maude hizo trasladar la casa club del balneario al solar de al lado y la convirtió en taberna y salón de baile.
Lizzie murió en 1931 y William en 1943, y con él se acabó la propiedad familiar. Desde 1950 la familia Hawthorne explotó el edificio sobre todo como restaurante; estuvo parado a finales de los sesenta y principios de los setenta. En 1974 lo pintaron del rojo teja que llevó durante años. Halfred y Betty Smith lo estaban rehabilitando habitación a habitación, sirviendo comidas solo los fines de semana, cuando Michael Sullivan, de la Western Washington University, presentó la propuesta para el Registro Nacional el 25 de mayo de 1977. El estado la firmó el 15 de diciembre de 1977 y el Tokeland Hotel quedó inscrito el 11 de abril de 1978 con el número de expediente 78002766. Está en el Registro Nacional; no es un National Historic Landmark, ascenso que le regaló impreso el Seattle Times en 1993 y que se viene copiando desde entonces.
A finales de los ochenta el edificio estaba otra vez cerrado a cal y canto y en ruina. Scott y Katherine White, un matrimonio de Seattle que había veraneado en esta costa mientras crecían sus hijos, lo compraron en 1989, se pasaron siete meses fregando, pintando y reparando —un puercoespín en un cuarto trasero, una mofeta en el sótano, setas brotando de un colchón del piso de arriba— y reabrieron el Día de la Madre de 1990 con tres habitaciones habitables. En 1993 había quince, y diecisiete en 2001. Lo llevaron bajando desde Seattle todos los viernes hasta 2018, cuando se lo vendieron a Heather Earnhardt y Zac Young. Earnhardt trasladó al comedor The Wandering Goose, su café de Capitol Hill abierto en Seattle desde 2012; la familia vive hoy en Tokeland con cinco hijos y una granja detrás del hotel.
Una corrección, porque esta ficha arrastró el error un año: el hotel no se construyó en 1889. Esa fecha es del propio hotel y es un lapsus por 1899. Jean Godden la imprimió en The Seattle Times el 7 de marzo de 1993 —«en 1889 los Kindred ampliaron su casa de labranza y abrieron el Kindred Inn»— y la web del hotel la repitió casi palabra por palabra desde 2003 por lo menos hasta que el sitio se rehizo en 2018. La ficha patrimonial, redactada con registros del condado y entrevistas a la presidenta de la sociedad histórica del condado de Pacific, dice 1899, y los propietarios actuales también: «No fue hasta 1899 cuando lo abrieron a los viajeros como Kindred Inn».
Cronología: los hechos documentados de Tokeland Hotel
1858George Brown se establece en Toke Point, una península de la orilla norte de Shoalwater Bay bautizada por el jefe Toke, de los willapa. Su hija Elizabeth, nacida en Bruceport en 1862, crece con los niños de esa comunidad; la colección de cestería que reunió con esa amistad sigue expuesta en el hotel hasta su muerte, en 1931.
1885Tras comprar en diciembre de 1884 el homestead de 364 hectáreas de su suegro, con la lechería y el negocio de ostras, William S. Kindred y Elizabeth levantan una casa de labranza de dos plantas y entramado de madera, de unos 12 por 20 metros, con una chimenea de ladrillo en el muro norte. Es una vivienda familiar, no una posada; sobrevive como ala sur del hotel actual.
1899Los Kindred añaden un segundo cuerpo de dos plantas y abren la casa al público como Kindred Inn, rebautizado Tokeland Hotel poco después. Este, y no 1885 ni el muy repetido 1889, es el año en que empieza el hotel. Un tercer cuerpo en 1910 deja el edificio en forma de C y añade alumbrado de gas y una segunda chimenea grande.
29 de agosto de 1924El Southwest Washington Labor Press, de Hoquiam, publica un anuncio encabezado «Aquí se baña uno en el oleaje sin temer la resaca»: «Tokeland Hotel. Sra. de W. S. Kindred, propietaria. Marisqueo de almeja. Pesca de cangrejo. Comedor ampliado… Precios especiales por semana. Reserve por telegrama o por carta». Es un balneario costero que vende marisco y tranquilidad, sin folclore de ningún tipo.
11 de abril de 1978El Tokeland Hotel se inscribe en el Registro Nacional de Lugares Históricos con el número 78002766, a partir de una propuesta redactada por Michael Sullivan, de la Western Washington University, presentada el 25 de mayo de 1977. En unas 1.900 palabras sacadas de registros del condado, del Aberdeen World y de la sociedad histórica del condado, las palabras chino, fantasma, embrujado y Charley no aparecen ni una vez.
Día de la Madre de 1990Scott y Katherine White, que compraron el edificio en ruinas en 1989, lo reabren tras siete meses de obras con tres habitaciones habitables en el piso de arriba. En 1993 son quince y en 2001 diecisiete. Llevan el hotel hasta 2018.
7 de marzo de 1993El reportaje de viajes de Jean Godden en The Seattle Times se cierra con la versión fechable más antigua de la historia, y no tiene fantasma: «Los Scott cuentan que en su día se introdujo de contrabando en la zona a inmigrantes chinos para trabajar en el ferrocarril. Uno de los escondites favoritos era un hueco grande disimulado tras la chimenea. Si lo pide, le enseñarán encantados el escondrijo histórico». Las palabras fantasma, embrujado, Charley y espíritu aparecen cero veces en el artículo.
13 de diciembre de 2001Un segundo reportaje del Seattle Times, de Connie McDougall, se pasa cuatro párrafos dentro de la sala de la chimenea con los White y describe el hogar de ladrillo, la cabeza de alce y la ausencia de televisores. No hay fantasma, ni Charley, ni escondrijo chino.
Junio de 2002El Shadowlands Haunted Places Index, el directorio aficionado de referencia en aquellos años, incluye el sitio por primera vez: «Tokeland - Tokeland Inn - Se informa de apariciones (un perro, un gato y un hombre chino) y ruidos extraños». No se da ningún nombre. Las capturas de esa misma página del 1 de octubre de 1999 y del 1 de abril de 2001 no mencionan Tokeland en absoluto, y en cambio citan Seattle trece y quince veces.
30 de octubre de 2003La copia archivada más antigua de la página «About» del propio hotel lleva la frase que pone nombre al fantasma, y es un reclamo comercial: «(¡Pregúntele a su posadero por Charley!)». El párrafo se mantiene idéntico palabra por palabra en todas las capturas hasta que la web se rehace tras la venta de 2018.
23 de octubre de 2019Feliks Banel entrevista al gerente Nic Krause para la KIRO Radio. Krause da la versión más completa hasta la fecha —Charley como sirviente por contrato fugado que murió por monóxido de carbono en el hueco de detrás de la chimenea, hoy leñera— y de paso desmonta la leyenda de la Habitación 7: «no hay ninguna razón clara de por qué es así; es decir, no se conoce ninguna historia previa de que pasara nada terrible en esa habitación». Fecha el cuaderno de sucesos raros del hotel en los treinta o cuarenta años anteriores.
¿Hay una explicación racional para Tokeland Hotel?
Detrás de Charley no hay ningún documento. Detrás del relato de Charley sí hay un rastro fechable, y es corto.
Empecemos por el texto más antiguo que cuenta el edificio entero: la ficha del Registro Nacional, presentada en 1977. Son unas 1.900 palabras, no es un texto pudoroso —menciona los burdeles de Aberdeen y dice que durante la Ley Seca el hotel ofrecía a sus huéspedes algo más que comida y cama— y en él las palabras chino, fantasma, embrujado y Charley aparecen cero veces cada una. Los controles en esas mismas 1.900 palabras: Kindred diecinueve veces, Toke veinticuatro, ostra tres, Ley Seca dos. Se redactó con registros del condado, con el Aberdeen World y con entrevistas a la presidenta de la sociedad histórica del condado de Pacific: es exactamente el documento donde habría aflorado el folclore local si el folclore local hubiera existido.
Siga por The Seattle Times, dos veces. El reportaje de viajes de Jean Godden del 7 de marzo de 1993 dedica su último párrafo justo al material con el que está hecha la leyenda: «Un último apunte del folclore de Tokeland tiene que ver con la sala de la chimenea. Los Scott cuentan que en su día se introdujo de contrabando en la zona a inmigrantes chinos para trabajar en el ferrocarril. Uno de los escondites favoritos era un hueco grande disimulado tras la chimenea. Si lo pide, le enseñarán encantados el escondrijo histórico». Ni fantasma, ni muerte, ni nombre: las palabras fantasma, embrujado, Charley y espíritu aparecen cero veces en el artículo. El reportaje de Connie McDougall del 13 de diciembre de 2001 se pasa cuatro párrafos dentro de esa misma sala de la chimenea, con la cabeza de alce sobre la repisa incluida, y saca el mismo cero.
La primera aparición fechada que he podido localizar es de junio de 2002, en el Shadowlands Haunted Places Index, el gran directorio aficionado de la época: «Tokeland - Tokeland Inn - Se informa de apariciones (un perro, un gato y un hombre chino) y ruidos extraños». Todavía sin nombre. Esa misma página, archivada el 1 de octubre de 1999 y otra vez el 1 de abril de 2001, no menciona Tokeland en absoluto; el control es que esas dos capturas citan Seattle trece y quince veces, o sea que la página estaba viva y llena.
El nombre aparece en la web del propio hotel. Desde la captura del 30 de octubre de 2003 hasta la última anterior a la venta de 2018 —quince años, sin cambiar una letra—, la página «About» llevaba este párrafo: «Un apunte del folclore de Tokeland: al principio de la historia del hotel, se introducía de contrabando por el vecino Raymond a inmigrantes chinos traídos para trabajar en el ferrocarril, y el escondite preferido era un hueco grande detrás de la chimenea. (¡Pregúntele a su posadero por Charley!)». Ese paréntesis es todo el mecanismo. El fantasma nunca se publicó: era una invitación a preguntar en recepción. Quince años de huéspedes fueron enviados a oír la historia de viva voz, que es la manera en que un relato gana variantes y pierde fuentes.
Para 2019 ya había ganado también una muerte. Nic Krause, entonces gerente, contó a Feliks Banel, de la KIRO Radio, que Charley era «un sirviente por contrato» que huyó, que el hotel lo escondió en el cuartito de detrás de la chimenea —«sigue siendo un cuarto pequeño… ahora es donde guardamos la leña»— y que «acabaron encendiendo el fuego, y murió dentro de los muros del hotel por envenenamiento con monóxido de carbono». Conviene fijarse: no es la historia que el hotel llevaba publicando. Servidumbre por deudas en vez de peonaje ferroviario, sin traficantes, sin barco y sin nadie que llegue a nado.
Las fechas tampoco aguantan. La versión que el hotel publicó durante quince años habla de peones chinos del ferrocarril introducidos «por el vecino Raymond». La sociedad inmobiliaria de Raymond se constituyó en 1903 y el pueblo se incorporó en 1907; el ramal del Northern Pacific hasta South Bend se había abierto en el otoño de 1891. La inmigración de mano de obra china era ilegal desde la Exclusion Act de 1882, y a los residentes chinos de Washington los habían expulsado turbas en Tacoma en noviembre de 1885 y en Seattle en febrero de 1886. Lo que sí está documentado en este condado es más discreto y más antiguo: el censo federal de 1880 registra a nueve hombres chinos, la mayoría de veintitantos y treinta y tantos años, compartiendo una casa en South Bend y trabajando en el aserradero.
Dos detalles que arrastraba nuestra ficha anterior no debieron estar nunca ahí. De la Habitación 7 se decía que estaba ligada a una muerte antigua sin resolver; preguntado por ella en 2019, el gerente del propio hotel dijo lo contrario: que la 7 es donde más cosas se reportan y que «no hay ninguna razón clara de por qué es así; es decir, no se conoce ninguna historia previa de que pasara nada terrible en esa habitación». Y las anécdotas atribuidas a la hotelera Katherine White —una figura blanca y difusa en el segundo piso, un pestillo echado sobre ella en un almacén— solo circulan por webs de turismo embrujado, sin fecha, sin entrevistador y sin publicación; las dos entrevistas fechadas con los White, de 1993 y de 2001, no contienen un solo fantasma, y además vendieron el hotel en 2018. El gato fantasma, al menos, tiene un nombre detrás: Elisa Law, en el mismo reportaje radiofónico de 2019, que según ese reportaje es también quien escribió la entrada del hotel en Wikipedia; o sea que la enciclopedia y la anécdota son la misma persona.
Los propietarios actuales son los testigos más tibios que cabe imaginar. Un barrido de su web en agosto de 2026 encontró «haunted» una vez, como redacción de una pregunta frecuente, y «ghost» una vez, dentro del título de un recorte de prensa; «paranormal» y «Charley» no aparecen, frente a once de Kindred y treinta y tres de habitación. Su respuesta es toda su postura: «Bueno, eso lo decide usted, pero los fantasmas que tenemos aquí son sin ninguna duda de los juguetones y simpáticos».
Un elemento de la historia sí es físico y comprobable, y lleva ahí todo el tiempo: hay un hueco detrás de la chimenea del salón. Hoy es la leñera, y la escalera que sube a las habitaciones pasa por detrás de esa sala. Un escondite disimulado en una casa costera y aislada durante los años de la Exclusion Act no es algo inverosímil. Que muriera dentro un hombre con nombre es otra afirmación distinta, y no hay nada en el archivo que la sostenga.
¿Se puede visitar Tokeland Hotel?
El Tokeland Hotel está abierto y en funcionamiento; no es una ruina. La dirección es 2964 Kindred Avenue, Tokeland, Washington 98590, y la recepción atiende en el (360) 267-7006. Heather Earnhardt y Zac Young son los propietarios desde 2018.
Las diecisiete habitaciones ocupan la segunda planta, a la que se sube por una escalera escondida detrás de la sala de la chimenea, y hay además dos cabañas a un kilómetro escaso por la carretera (Walter's, de un dormitorio, solo adultos; Penelope's, de dos dormitorios, hasta cuatro personas). Conviene reservar sabiendo lo que se reserva. Respetando la distribución de 1885, no hay baños privados, ni televisores, ni neveras, ni aire acondicionado; cuatro baños compartidos sirven a toda la planta, dos con ducha y dos con bañeras de patas. Hay estancia mínima de dos noches todo el año. La entrada es a las 16:00 y la salida a las 11:00, con salida a mediodía pagando un suplemento si hay hueco. Se admiten perros con suplemento en habitaciones señaladas; fumar o vapear en cualquier punto del edificio cuesta 400 dólares de limpieza. Entre los extras reservables hay una tinaja de agua caliente a leña con baño frío en sesiones privadas de 45 minutos para mayores de 18 años, carga de coche eléctrico y un kit de malvaviscos para la hoguera.
La accesibilidad es mala y el hotel lo dice sin rodeos: a la planta de habitaciones se sube por escaleras, no hay ascensor y los baños compartidos no están adaptados. Las cabañas tienen algún escalón y umbrales, pero no escalera.
Se come en el comedor del hotel, en manos de The Wandering Goose: desayuno y comida de 8:00 a 14:00, cocina cerrada de 14:00 a 16:00 y cena de 16:00 a 20:00. Se recomienda reservar y se admite gente sin reserva. En invierno el horario se encoge: el restaurante cierra martes y miércoles de enero a mayo, y hotel y restaurante cierran del 23 de noviembre al 26 de diciembre, para reabrir ese día 26 a las 16:00. Llame antes de conducir hasta allí fuera de temporada, porque el hotel también cierra días o semanas en invierno por obras. Las ostras de la carta, las Toke Points, se sacan del estuario que hay justo detrás del edificio.
Llegar exige compromiso: el hotel calcula dos horas y media desde Seattle, tres desde Portland, hora y media desde Olympia y otro tanto desde Astoria, y recomienda entrar por la carretera de Raymond. El edificio no está sobre la playa —mira al sur y al este, sobre la bahía de Willapa—, pero las playas oceánicas quedan a unos minutos, y el lado de la bahía es bueno para aves, almejas y cangrejo, como ya sabía la publicidad de 1924.
Dos cosas que conviene saber sobre el terreno. A cinco kilómetros al oeste, en North Cove, está Washaway Beach, descrita como la costa que más deprisa se erosiona de todo el litoral oeste de Estados Unidos: se come más de treinta metros de tierra al año y para 2016 se había llevado al mar unas sesenta viviendas y más de 800 hectáreas. El hotel tiene su propio capítulo de esa historia. Nic Krause, entonces gerente, contó a la KIRO Radio en 2019 que una tormenta de los años setenta se llevó un pequeño cementerio que estaba en terreno del hotel; unos cazadores de patos recuperaron tres lápidas, dos de ellas de parientes de los dueños de la casa —Leonidas Norris, muerto con veintipocos años en un accidente de caza, y Albert Brown, muerto a los nueve tras quedarse atrapado en el fango con la marea subiendo— y, como los restos se habían ido con la playa, las piedras hacen hoy de decoración en el hotel y en la taberna de al lado. La tercera es sobria y solo lleva las iniciales CLL. Krause dejó caer que quizá fuera la de Charley. Y si viene por el fantasma, no espere que se lo vendan en recepción: los propietarios actuales contestan la pregunta una sola vez, en su página de preguntas frecuentes, y ahí la dejan.
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